Cristianos y Musulmanes: Testigos del amor de
Dios y de su misericordia
Mensaje en ocasión del final del Ramadán ÎD
AL-FITR, 1419-1999
Queridos amigos musulmanes:
1. Las grandes fiestas como Îd al-Fitr, que celebráis al
final del Ramadán, son un tiempo para Dios y un tiempo para los
hombres. Un tiempo para Dios, para que recordemos, de un modo más
fuerte y de una manera comunitaria, su presencia y su acción en la
historia de la humanidad y en nuestra vida familiar y personal. Estas
fiestas son también un tiempo para los seres humanos que somos
nosotros: para descansar de los trabajos ordinarios, para dar más
espacio a la oración y a la reflexión, para encontrarnos a
nosotros mismos y, también, para mejor encontrar a nuestros
familiares, amigos y vecinos.
2. Dios ama a todos los seres humanos y no excluye a ninguno. Él
es la fuente de todo el amor en la familia, en la sociedad y en el mundo.
Es de Él que nosotros aprendemos a amarnos los unos a los otros con
un amor gratuito, que no espera recompensas aquí abajo. Dios es
misericordioso. Él está cerca de sus siervos. Él
entiende nuestras oraciones. También podemos decir que creer en
Dios nos pone en una actitud de benevolencia hacia nuestros hermanos.
3. Las manifestaciones del amor, expresiones de nuestra fidelidad hacia
el Dios Misericordioso, son numerosas: la limosna -aquella del Îd
al-Fitr reviste para vosotros una importancia especial-, la solicitud
hacia los huérfanos, los ancianos, los enfermos, los extranjeros,
al igual que el compromiso por la promoción de la dignidad y de los
derechos del hombre, para el desarrollo y para la lucha contra los muchos
males de nuestra sociedad como el analfabetismo, la droga, el abuso de los
menores y de las mujeres. El perdón, la reconciliación,
iniciar de nuevo los diálogos que se han interrumpido, la promoción
de la paz, la educación al respeto de los otros, son también
manifestaciones del amor. Existe, entre nuestras dos religiones, un gran
acuerdo sobre la misericordia efectiva hacia el prójimo. ¿No
hay allí un inmenso campo de colaboración para desarrollar
entre cristianos y musulmanes?
4. Las ofensas al amor del prójimo son igualmente numerosas: la
ignorancia de las necesidades de los otros, el rechazo de los deberes de
solidaridad, el odio, la discriminación fundada sobre el sexo, la
raza o la religión, la injusticia bajo todas sus formas. Existe una
grande convergencia entre nuestras dos religiones al condenar estas
faltas.
5. El amor de Dios por la humanidad es un amor universal, que va más
allá de las fronteras políticas, de las diversidades
raciales, culturales, religiosas, de las opciones políticas o ideológicas,
de la situación social. Estamos, pues, invitados a amarnos los unos
a los otros en el nombre de nuestras creencias. En efecto, el amor auténtico
está al centro del comportamiento del creyente.
6. Os escribo este mensaje consciente del hecho que, cristianos y
musulmanes, no siempre nos hemos amado y respetado como Dios nos lo pide.
Desafortunadamente, esta falta de amor recíproco no existe
solamente en la historia, sino también en la realidad presente.
Todavía es al mismo tiempo importante subrayar, y hacer conocer,
las numerosas situaciones en las cuales la convivencia entre cristianos y
musulmanes es pacífica y fructífera. Estos ejemplos nos
animan a poner por obra toda nuestra buena voluntad, para que la
convivencia pueda ser efectiva entre los cristianos y los musulmanes que
viven juntos. Estamos invitados a examinar nuestras relaciones en el
pasado y en el presente y, sobre todo, a tomar una decisión para
convertirnos siempre más a lo que Dios nos llama a ser: testigos de
su bondad y de su misericordia, sobre todo hacia los más débiles.
7. Al desearos abundantes bendiciones divinas, os ruego que aceptéis,
mis queridos amigos musulmanes, la expresión de mi amistad y la de
los católicos del mundo entero.
Francis Cardenal Arinze
Presidente
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