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Prot. 803/99/L
DECRETO
concerniente a la celebración de la Fiesta de la Bienaventurada Virgen
María de Guadalupe
en todo el continente americano, el día 12 de diciembre de
cada año
María, hija de Adán, por su plena correspondencia a la palabra divina se
convirtió en Madre de Jesús y abrazando con corazón limpio de pecado y lleno
de generosidad la voluntad salvífica de Dios, se consagró a sí misma, como
Esclava del Señor, a la persona y a la obra de su Hijo, con Él y bajo su guía,
sirviendo, por la gracia de Dios todopoderoso, al misterio de la redención. Por
medio ella, la Vida misma que renueva todas las cosas, fue efundida en el mundo,
convirtiéndose, de tal suerte, en Madre nuestra en el orden de la gracia. En
fin, asunta a la gloria de los cielos, acompaña continuamente con amor materno
a la Iglesia peregrinante, que contempla en la Madre de Dios la imagen de su
propia perfección y de su misión e instruye a todas las gentes con el anuncio
salvífico del Evangelio, reuniendo a los nuevos pueblos del orbe de la tierra
bajo el influjo del Espíritu Santo. Por esta razón, el pueblo cristiano la
venera admirablemente como Madre y Reina suya, invocando su auxilio en las
dificultades y en los momentos de angustia, e impetrando, por su intercesión,
la misericordia de Dios.
Esta íntima relación entre la Madre celestial y los fieles cristianos
constituidos en América, se manifiesta de modo admirable en el cerro del
Tepeyac, donde la Madre de Dios, bajo el título de la siempre Virgen Santa
María de Guadalupe, es honrada fervientemente, desde hace más de cuatro siglos,
como Emperatriz de todas las Américas, mostrando en su propio semblante la
necesidad de proclamar en este continente la perfecta armonía de la palabra de
Dios con la sensibilidad natural de los pueblos nativos. Desde esas lejanas
fechas, ella sigue siendo un ejemplo sublime de solicitud por los pobres y
necesitados; de allí que su devoción haya continuado a extenderse y a
enraizarse firmemente hasta nuestros días. Así, llegados al umbral del tercer
milenio de la encarnación del Salvador, los miembros de Sínodo Especial de los
Obispos de América, reunidos en Roma en el año 1997, invocaron fervorosamente
a la Bienaventurada Virgen María de Guadalupe como Patrona de todas las
Américas y estrella de la primera y, también, de la nueva evangelización del
Continente.
Por este motivo, el Sumo Pontífice JUAN PABLO II, asegundando la petición
de los Padre Sinodales y accediendo pleno de gozo a sus súplicas con ocasión
del primer centenario del Concilio plenario para América Latina celebrado en
Roma, por medio de la Exhortación Apostólica post-sinodal Ecclesia in America,
promulgada en la Ciudad de México el 22 de enero de 1999, y de la homilía
pronunciada al día siguiente en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe,
benignamente establece que en todo el continente americano la conmemoración de
la Bienaventurada Virgen María de Guadalupe se celebre, de ahora en adelante,
con el grado de fiesta, implorando vehementemente, a la vez, que la Madre
Santísima, por cuya intercesión fue robustecida la fe de los primeros
discípulos, guíe con su amor maternal a la Iglesia que está en este
continente y obtenga para ella la efusión del Espíritu Santo, para que la
nueva evangelización florezca en testimonio de vida cristiana.
En consecuencia, este Dicasterio declara que sea inscrita con el grado de fiesta
en los calendarios de cada nación y territorio de América, el día 12 de
diciembre, y que se celebre cada año en todas las diócesis del Continente,
quedando invariable la concesión del grado de solemnidad otorgada por la Sede
Apostólica en favor de determinados territorios e iglesias.
En lo que respecta a los textos que deben ser utilizados para la celebración de
esta fiesta en las regiones de lengua española, adóptense en futuro los que se
adjuntan con el presente Decreto, que se declaran textus typici. Las
traducciones en otras lenguas se realicen a partir de los mismos, de acuerdo con
la norma del derecho, sometiéndolos a la aprobación de la Conferencia de los
Obispos y a la recognitio de la Santa Sede.
Sin que obste nada en contrario a cuanto aquí se decreta.
Dado en Roma, en la Sede de la Congregación para el Culto Divino y la
Disciplina de los Sacramentos, el día 25 de marzo de 1999, en la solemnidad de
la Anunciación del Señor.
Jorge A. Card. Medina Estévez
Prefecto
Mario Marini
Subsecretario
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