|
Directorio Catequístico General
- 1971 -
INTRODUCCION
Se publica el presente Directorio Catequístico General
según las normas del Decreto "Christus Dominus" N 44.
No poco tiempo ha llevado la preparación de este documento,
por las dificultades inherentes a la obra misma y por el método que se ha
seguido.
Efectivamente, después de constituir una comisión especial
de auténticos expertos en catequesis, de varias nacionalidades y escogidos tras
consultar con algunos Episcopados, se recabaron los consejos y las opiniones de
varios Episcopados. Teniendo en consideración tales consejos y opiniones, se
elaboró un primer esquema de Directorio, sólo en sus líneas generales, que se
presentó, para ser estudiado, a la Congregación Plenaria extraordinaria de la
Sagrada Congregación del Clero. Luego se elaboró un esquema más amplio, sobre
el cual también se han consultado las Conferencias Episcopales. Con las
opiniones y propuestas obtenidas de los Obispos en esta segunda consulta, se
preparó el esquema definitivo del Directorio, que antes de ser publicado, fue
examinado por una especial Comisión teológica y por la Sgda. Congregación
para la Doctrina de la Fe.
Este Directorio presenta los principios fundamentales
teológico-pastorales del Magisterio de la Iglesia y especialmente del Concilio
Ecuménico Vaticano II, con los cuales se puede dirigir y ordenar mejor la
acción pastoral del ministerio de la palabra. De aquí se comprende el porqué
en este Directorio prevalece el aspecto teórico, aunque, como se puede ver, no
falta el aspecto práctico. Se ha empleado este criterio especialmente por el
siguiente motivo: se evitarán los defectos y errores que no pocas veces se
detectan en la catequesis moderna, únicamente si se parte de la recta manera de
entender la naturaleza y los fines de la catequesis, como también las verdades
que se enseñan con la misma, teniendo en la debida cuenta los destinatarios de
la catequesis y sus condiciones. La aplicación concreta de los principios y de
las enunciaciones contenidas en el Directorio, es incumbencia especifica de los
Episcopados, que publicarán Directorios nacionales y regionales, como también
catecismos y otras publicaciones aptas para promover con eficacia la obra del
ministerio de la palabra.
Es claro que no todas las partes del Directorio tienen la
misma importancia. Debe ser aceptado por todos lo que se dice de la Revelación
divina, de la naturaleza de la catequesis, de los criterios con los cuales
exponer el mensaje cristiano y de sus elementos más importantes. Tienen más
bien valor de sugerencia y de indicación lo que se refiere a la condición
presente, a la metodología, a los textos de catequesis según las edades, pues
muchos de esos datos se toman necesariamente de las ciencias humanas, teóricas
o prácticas, que pueden evolucionar.
El Directorio está destinado a los Obispos, a las
Conferencias Episcopales y en general a cuantos, colaborando con ellos, tienen
una responsabilidad en el campo de la catequesis. El fin inmediato del
Directorio es prestar una ayuda para preparar los Directorios catequísticos y
los catecismos. Por eso mismo, es decir para ayudar a la preparación de estos
instrumentos, se han propuesto unas líneas fundamentales de las actuales
condiciones, para que en las distintas partes de la Iglesia se susciten
investigaciones, — con estudio atento y diligente— acerca de las condiciones
y de las necesidades pastorales de los lugares; se han indicado además unos
principios generales de metodología y de catequesis según las varias edades,
para poner de manifiesto cuánto es necesario aprender el arte y la ciencia de
la educación; un cuidado especial se puso en redactar la tercera parte en la
cual se exponen los criterios con los cuales se tendrán que proponer las
verdades mediante la catequesis, y a la vez se da un compendio de los elementos
esenciales de la fe cristiana, para que quede bien clara la meta que la
catequesis debe necesariamente tener: proponer el mensaje cristiano en su
integridad.
Como el Directorio está destinado a Naciones que tienen
condiciones y necesidades pastorales muy diferentes, es claro que sólo se han
podido tener en cuenta las condiciones comunes. Hay que tener presente esta
índole peculiar y esta estructura para juzgar y comprender el Directorio. Lo
mismo dígase de la descripción de la labor pastoral que figura en la sexta
parte. Se trata de la promoción de la acción pastoral, de la que sólo se dan
las líneas principales: insuficientes, tal vez para las regiones muy
adelantadas en la catequesis, y excesivas para aquellas que no lo son tanto.
Mientras se publica este Documento, por el cual la Iglesia
demuestra una vez más su interés por un ministerio absolutamente necesario
para cumplir cabalmente su misión en el mundo, es de desear que sea bien
recibido y con toda diligencia estudiado y meditado, teniendo presentes las
necesidades pastorales de las comunidades eclesiales. Igualmente se desea que
sirva de estímulo para ulteriores e incansables investigaciones que respondan
fielmente a las necesidades del ministerio de la palabra y a las normas del
Magisterio eclesiástico.
PARTE PRIMERA
LA ACTUALIDAD DEL PROBLEMA
SENTIDO Y FINALIDAD DE ESTA PARTE.
1. Puesto que la preocupación fundamental de la Iglesia es
la de anunciar y promover la fe en la sociedad de nuestro tiempo, sometido a
profundas transformaciones socio-culturales, es conveniente —teniendo presente
cuanto ha expuesto el Concilio Vaticano II— describir algunos rasgos
específicos de la situación actual, indicando las repercusiones espirituales y
los nuevos compromisos que esta situación pone ante la Iglesia.
Con esto no se quiere de ninguna manera agotar un asunto que
en las varias partes de la Iglesia presenta aspectos particulares y muchas veces
profundamente diferentes. Será tarea de los Directorios Nacionales completar
estas indicaciones y adaptarlas a las exigencias de cada nación o región.
LA SITUACION ACTUAL DEL MUNDO
LA EPOCA CONTEMPORÁNEA EN CONTINUA TRANSFORMACION.
2. "El género humano se halla hoy en un período nuevo
de su historia, caracterizado por cambios profundos y acelerados, que
progresivamente se extienden al Universo entero... Se puede ya hablar de una
verdadera transformación social y cultural que se refleja también en la vida
religiosa" (GS. 4).
A manera de ejemplo se pueden indicar dos repercusiones que
afectan la vida de la fe e interesan mas de cerca a la catequesis.
a) En el pasado la tradición cultural era más favorable que
hoy a la transmisión de la fe; hoy esa tradición ha cambiado no poco, de
manera que cada vez se hace menos posible apoyarse en su continuidad. Por eso
para poder transmitir la fe a las nuevas generaciones, es necesario una
evangelización renovada.
b) Conviene tener presente que la fe cristiana, si quiere
arraigarse en las nuevas culturas que se suceden, necesita desarrollo y nuevas
formas de expresión.
Aunque las aspiraciones y los deseos profundos del hombre y
de su condición humana permanecen profundamente idénticos, sin embargo, los
hombres de hoy se hacen nuevas preguntas acerca del sentido y la importancia de
la vida.
El hombre creyente de hoy no es totalmente igual al hombre
creyente de ayer. De aquí nace la necesidad de asegurar la continuidad de la
fe, pero también de proponer de un modo nuevo el mensaje de la salvación.
Hoy es necesario tener presente la grandísima difusión de
los medios de comunicación social; su eficacia sobrepasa los confines de las
naciones y hace a los individuos como ciudadanos de todo el consorcio humano
(Cfr. IM. 22).
Estos medios actúan con gran fuerza en la vida de los
fieles, tanto por lo que enseñan como por la mentalidad y modos de comportarse
que fomentan en ellos. Todo esto hay que tenerlo en cuenta con la debida
atención.
EL PLURALISMO DE HOY.
3. "Por todo ello, son cada día más profundos los
cambios que experimentan las comunidades locales tradicionales, como la familia
patriarcal, el clan, la tribu, la aldea, otros diferentes grupos y las mismas
relaciones de la convivencia social" (GS. 6).
En las antiguas cristiandades la religión era considerada
como el mejor principio de unidad de los pueblos. Hoy las cosas han cambiado: la
cohesión de los pueblos, que trae su origen en el fenómeno de la
democratización, promueve la concordia de las diversas familias espirituales;
el "pluralismo" no es ya considerado como un mal que hay que combatir,
sino como un hecho digno de consideración; cada uno puede tomar sus decisiones,
sin que por eso sea considerado como extraño a la sociedad.
Por tanto los que se encargan del Ministerio de la Palabra,
no deben nunca olvidar que la fe es la libre respuesta del hombre a la gracia de
Dios que se revela. Y deben proponer, más que en el pasado, el buen mensaje de
Cristo en su admirable condición de clave misteriosa que explica toda la
condición humana, y de don gratuito de Dios que se recibe de su gracia en la
confesión de la propia insuficiencia (Cfr. GS. 10).
EL DINAMISMO DE NUESTRA EPOCA
4. La construcción de la sociedad humana, el progreso y la
gradual realización de los proyectos humanos, movilizan las energías de los
hombres de nuestro tiempo (GS. 4). La fe no puede permanecer extraña a estos
progresos que por otra parte pueden ir unidos a graves desviaciones. El mensaje
evangélico debe aportar su juicio sobre este estado de casos y manifestar a los
hombres el sentido de estos acontecimientos.
El ministerio de la palabra, por medio de una más profunda
exploración de la vocación humana y divina del hombre, debe dejar que el
Evangelio derrame sus fermentos de auténtica libertad y progreso (Cfr. AG.
8,12), haga nacer el deseo de la promoción de la persona humana y de la lucha
contra el modo de hacer y pensar que se entrega al fatalismo.
Estas indicaciones quieren solamente mostrar cómo el
ministerio de la palabra debe dirigir su acción al mundo de hoy:
"...se pide a la Iglesia que inyecte en las venas de la
comunidad humana la fuerza perenne, vital y divina del Evangelio". (Juan
XXIII, Constituc. Apost. Humanas Salutis, AAS, 1962, p. 6).
LA CONDICION DEL SENTIDO RELIGIOSO
5. La civilización científica, técnica, industrial y
urbana no pocas veces aparta el interés del hombre por las cosas divinas y le
hace más difícil la preocupación interior por la vida religiosa.
Para no pocos, Dios se ha hecho como menos presente, menos
necesario, menos válido para dar una explicación a la vida personal y social:
de este estado de cosas surge fácilmente una crisis religiosa (Cfr. GS. 5,7).
La fe cristiana experimenta en sus seguidores esta crisis lo
mismo que en las otras confesiones religiosas. Frente a una cultura
desacralizada y secularizada, la fe tiene el deber urgente de afirmar su
naturaleza que trasciende a todo progreso cultural y manifestar su originalidad.
Toca al ministerio de la palabra descubrir y desarrollar,
liberándolos de los elementos ambiguos, los valores auténticos que se
encuentran en el patrimonio espiritual de aquellas culturas humanas en las que
el sentido religioso se conserva todavía vivo y operante, influyendo en toda la
existencia de la vida humana.
En otro tiempo las opiniones desviadas y los errores acerca
de la fe y la manera cristiana de vivir alcanzaban a un número pequeño de
personas, limitándose, más que hoy, a los ambientes intelectuales.
Hoy, en cambio, el progreso humano y los medios de
comunicación social hacen que estas opiniones se divulguen con mayor rapidez y
tengan un influjo cada vez más grande en los fieles, especialmente en los
jóvenes que sufren una mayor crisis y son empujados a adoptar modos de pensar y
de actuar contrarios a la religión. Esta situación requiere adecuados remedios
pastorales.
LA SITUACION ACTUAL DE LA IGLESIA
Estas notas que caracterizan la situación religiosa del
mundo, tienen profundas repercusiones en la vida de la Iglesia.
LA FE "TRADICIONAL"
6. La fe cristiana en muchos fieles corre graves peligros,
especialmente en aquellos lugares donde la religión era considerada como
prerrogativa de algunas clases sociales, o donde esa fe confiaba demasiado en
las antiguas costumbres y en la unanimidad de la profesión religiosa.
Masas enteras se van haciendo al indiferentismo o corren al
peligro de conservar una fe privada del necesario dinamismo y de un influjo real
en la vida. Más que conservar las costumbres religiosas, conviene hoy afrontar
el problema de una reevangelización de las masas, de una renovada conversión
de las mismas y de una más profunda y madura educación de la fe.
Esto sin embargo no debe entenderse en el sentido de que se
deba descuidar el sentimiento religioso popular, o que se deba hacer poco caso
de la fe genuina conservada en ambientes transidos de cultura cristiana. El
sentido religioso, no obstante el progreso de la secularización, sigue vigente
en muchas partos de la Iglesia. No se puede hacer caso omiso de él pues muchas
veces se expresa en el estilo de vida sincero y auténtico de multitud de
hombres.
- Más aún el sentido’ religioso popular brinda una
ocasión para el anuncio de la fe. Naturalmente hay que purificarlo y
jerarquizar sus elementos válidos para que nadie se contente con formas de
acción pastoral inadecuadas a nuestros tiempos y menos adaptadas a la realidad
de hoy.
EL INDIFERENTISMO RELIGIOSO Y EL ATEISMO
7. Muchos bautizados se han apartado de la religión de tal
manera que llegan a profesar en cierto indiferentismo y disfrace que hasta el
ateísmo. "Muchos son, sin embargo, los que hoy día se desentienden del
‘iodo de esta íntima y vital unión con Dios lo niegan en forma explícita.
Es esto ateísmo uno de los fenómenos más graves de nuestro tiempo. Y debe ser
examinado con toda atención" (GS. 19).
El Concilio Vaticano II ha examinado con detención este
fenómeno (GS. 19,20), y ha procurado encontrarlé remedio. "El remedio del
ateísmo hay que buscarlo en la exposición adecuada de la doctrina y en la
integridad de vida de la Iglesia y de sus miembros. A la Iglesia toca hacer
presentes y como visibles a DIOS Padre y a su Hijo encarnado, con la continua
renovación y purificación propias bajo la dirección del Espíritu Santo. Esto
se logra principalmente con el testimonio de una fe viva y adulta, educada para
poder percibir con lucidez las dificultades y poderlas vencer" (GS. 21).
Se da también el caso de una fe cristiana mezclada con una
especie de neopaganismo aunque quede un cierto sentido religioso y una cierta
creencia en un ser supremo. La mentalidad religiosa puede andar lejos del
influjo de la Palabra de Dios y de la vida sacramental y de buscar su alimento
en prácticas supersticiosas y mágicas; y la vida moral, por su parte, puede
regresar a una ética precristiana. Es posible a veces que en la religiosidad
cristiana se introduzcan elementos de cultos naturistas y animistas, de
prácticas adivinatorias con peligro de caer en formas sincretistas. Y pueden
también difundirse sectas religiosas que mezclan los misterios cristianos con
antiguas visiones míticas.
En estos casos principalmente se necesita que el ministerio
de la Palabra, sobre todo la evangelización y la catequesis, sean renovadas
según lo indicado en el Decreto Ad Gentes divinitus nn. 13, 14, 21 y 22.
LA FE Y LAS DIFERENTES CULTURAS
8. Tampoco faltan cristianos, especialmente entre aquellos
que han recibido una formación cultural más elevada, que experimentan cierto
descontento frente al lenguaje de la fe que ellos juzgan demasiado apegado a
fórmulas superadas y a la cultura occidental.
Ellos van a la búsqueda de un nuevo lenguaje religioso más
de acuerdo con la vida moderna y que permita a la fe difundir su luz sobre las
realidades que angustian al hombre de hoy, dejando que el Evangelio pueda
encarnarse en las diversas culturas.
Sin duda es deber de la Iglesia considerar con la mayor
atención esta aspiración del hombre.
Lo que el Decreto Ad Gentes dice a propósito de las Iglesias
jóvenes, vale también para todos los que trabajan en el ministerio de la
palabra: ". . . de las costumbres y tradiciones, de la sabiduría - y
doctrina, de las artes e instituciones de sus pueblos, reciben todo lo que puede
servir para confesar la gloria del Creador, para ensalzar la gracia del Salvador
y para ordenar debidamente la vida cristiana". (n. 22; cf.: n. 21; Paulus
VI, Alloc. 6 agosto 1969).
Por lo tanto "el ministerio de la palabra presentado de
una manera renovada el mensaje evangélico, debe manifestar la unidad del plan
de Dios. Sin caer en confusiones e identificaciones simplistas, debe manifestar
la unidad profunda que existe entre el plan salvífico de Dios, realizado en
Cristo, y las aspiraciones del hombre; entre la historia de la salvación y la
historia humana; entre la Iglesia, Pueblo de Dios, y las comunidades temporales;
entre la acción reveladora de Dios y la experiencia del hombre; entre los dones
y carismas sobrenaturales y los valores humanos". (II Conf. Gen. Episc.
Lat. Amer. 1968 VIII, 2,1).
LA RENOVACION
9. En esta situación de tan profundos cambios cualquiera
podría pensar que es inútil el esfuerzo apostólico que la Iglesia pretende
desplegar. En realidad no se puede acusar al celo de los pastores ni el de los
fieles, que en verdad es grande. Los impedimentos para una acción más eficaz
parecen provenir o de la falta de una preparación adecuada a los nuevos y
difíciles compromisos que se ofrecen al ministerio de la palabra o de una
reflexión todavía imperfecta que se expresa en teorías que lejos de favorecer
obstaculizan la iniciativa evangélica.
Es por esto por lo que el Concilio Vaticano II ha
multiplicado sus llamadas a una profunda renovación del ministerio de la
palabra. Pero esta renovación parece correr peligro principalmente:
—Por parte de aquellos que no logran ver la profundidad de
la renovación propuesta, como si sólo se tratara de poner un remedio a la
ignorancia religiosa. Según éstos, bastaría incrementar la instrucción
catequística. Es evidente que este remedio no responde a la verdadera realidad.
Lo que hay que renovar es el mismo lenguaje catequístico, pues se trata de una
renovación no sólo en lo que respecta a la catequesis de los niños sino a la
educación permanente de los adultos en la fe.
—Por parte de aquellos que quieren reducir El mensaje
evangélico a sus consecuencias temporales en la vida de los hombres.
El Evangelio y su. ley de amor requieren, sin duda, que los
cristianos colaboren con ‘todas sus fuerzas —comprometiéndose en
actividades de orden temporal— a fin de promover cada día más la justicia y
la fraternidad entre los hombres. Esto sin embargo no es suficiente para dar
testimonio de Jesucristo, hijo de Dios y Salvador nuestro cuyo misterio, muestra
inefable del amor de Dios (1 Jn 4,9) debe ser explícita e integralmente
anunciado a los evangelizados y aceptado por ellos.
Las enseñanzas de la Constitución GS y de la Declaración
DH no están por el "minimismo" en cuanto al servicio directo de la fe
por el ministerio de la Palabra. Ambos documentos muestran su inquietud porque
se ponga remedio a las situaciones de estos tiempos. En todo caso la renovación
del ministerio de la Palabra no puede ir separada de la renovación general de
la Pastoral.
Habrá que realizar tareas graves y decisivas: habrá que
promover la evolución de las formas tradicionales del ministerio de la palabra,
y suscitar nuevas; evangelizar y catequizar a aquellos que solo han alcanzado
niveles culturales bajos; responder a las instancias de la
"inteligencia" y salir al encuentro de sus exigencias; mejorar las
formas tradicionales de presencia cristiana y encontrar otras más válidas;
utilizar todos los recursos actuales de la Iglesia y al mismo tiempo renunciar a
aquellas formas que aparezcan menos conformes al Evangelio.
Para lograr estos propósitos, la Iglesia confía en todos
los miembros del pueblo de Dios Cada uno —obispos, sacerdotes, religiosos,
religiosas, laicos— según la propia responsabilidad, tiene
el deber de desempeñar su misión teniendo presente la
situación del mundo que influye tan profundamente en la vida de fe.
La renovación catequística, para que pueda dar una ayuda
eficaz a estos obreros del Evangelio, deberá valerse del. apoyo de las ciencias
sagradas, de la teología, de los estudios bíblicos, de la reflexión pastoral
y de las ciencias humanas y de otros medios —sobre todo de los medios de
comunicación social— a través de los cuales se difunden hoy las opiniones y
las ideas.
PARTE II
EL MINISTERIO DE LA PALABRA
CAPITULO 1
EL MINISTERIO ‘DE LA PALABRA Y LA REVELACION
LA REVELACION DON DE DIOS
10. En la Constitución DV., el Concilio Ecuménico considera
la revelación como un acto mediante el cual Dios entra en comunión con
nosotros personalmente: "Quiso Dios, en su bondad y sabiduría revelarse a
si mismo y manifestar el misterio de voluntad.., para invitarlos y recibirlos en
su compañía (a todos los hombres)" (DV. 2). Así aparece Dios como quien
quiere comunicarse a sí mismo, realizando un proyecto inspirado en el amor.
Este amor de Dios es el punto de partida de la catequesis. La
fe es la aceptación y la fructificación de este don divino en nosotros. Esta
característica, por la cual la fe debe considerarse como un don, toca
íntimamente todo el contenido del ministerio de la Palabra.
LA REVELACION: HECHOS Y PALABRAS
11. Dios, para hacer conocer a los hombres su plan obra por
medio de los acontecimientos de la historia de la salvación y por medio de
palabras inspiradas que acompañan y esclarecen estos acontecimientos: "La
revelación se realiza con hechos y palabras intrínsecamente ligadas; las obras
que Dios realiza en la historia de la salvación manifiestan y confirman la
doctrina y las realidades que las palabras significan; a su vez, las palabras
proclaman las obras y explican su misterio" (DV. 2).
La revelación es, por tanto, un conjunto de hechos y
palabras que se iluminan recíprocamente. El ministerio de la palabra debe
anunciar tales hechos y palabras de tal manera que esclarezcan y comuniquen los
profundos misterios contenidos en ellos. Así el ministerio de la palabra,
además de recordar. las obras admirables realizadas - por Dios en. el pasado
..y. qué encuentran. én Cristo .su cumplimiento, interpreta. también ..a la
luz de esta revelación, la vida humana de nuestro tiempo, los signos de los
tiempos y las realidades de este mundo, en cuanto en ellos se actualiza el pian
de Dios para la salvación del hombre.
JESUCRISTO MEDIADOR Y PLENITUD DE TODA LA REVELACION
12. "La verdad profunda de Dios y de la salvación del
hombre que trasmite dicha revelación.., resplandece en Cristo, mediador y
plenitud de toda la revelación" (DV. 2).
Cristo no es sólo el más grande de los profetas, el que con
su doctrina completó lo que Dios había dicho y hecho con anterioridad. El es
el Hijo eterno de Dios hecho hombre, el acontecimiento último al cual tienden
todos los anteriores que constituyen la historia de la salvación; el que cumple
y manifiesta las supremas intenciones de Dios. "El . . .cumple y completa
la revelación. . ." (DV. 4; LG. 9),
El ministerio de la palabra debe poner en luz este admirable
carácter de la economía de la revelación. El Hijo de Dios se integra en la
historia de los hombres, asume la vida y la muerte del hombre, y cumple en esta
historia su plan de alianza definitiva.
Como el Evangelista Lucas, el ministerio de la Palabra tiene
como primera tarea recordar a los creyentes el acontecimiento — Cristo,
manifestar su significado, indagando siempre más profundamente este hecho
único e irreversible: "Dado que muchos han emprendido la narración bien
ordenada de los sucesos que se han verificado entre nosotros . . . he
determinado yo también después de haberlo investigado todo diligentemente
desde los orígenes, escribírtelo ordenadamente" (Lc. 1, 1-3).
El ministerio de la Palabra, por tanto, debe apoyarse en el
comentario divinamente inspirado que han hecho de la Encarnación Redentora el
mismo Jesús, los primeros discípulos y sobre todo los apóstoles, testigos de
los acontecimientos. "Todos saben que entre los escritos . . .sobresalen
los Evangelios por ser el testimonio principal de la vida y doctrina de la
Palabra hecha carne, nuestro Salvador" (DV 18)
Recuérdese además que Jesús, Mesías y Señor, está
siempre presente en su Iglesia por medio de su Espíritu (Cfr. J. 14, 26; 15,26;
16,13; Ap.. 2,7); El ministro de la palabra por tanto . debe presentarlo no solo
como objeto de estudio, sino también como el que abre los corazones de los
oyentes para recibir y comprender el mensaje que viene de Dios (Cfr. Act.
16,14).
EL MINISTERIO DE LA PALABRA O PREDICACION DE LA PALABRA DE
DIOS: ACTO DE LA TRADICION VIVA
13. "Por eso los Apóstoles, al trasmitir lo que
escribieron, avisan a los fieles que conserven las tradiciones aprendidas de
palabra o por carta. Lo que los apóstoles trasmitieron comprende todo lo
necesario para una vida santa y para una fe creciente del pueblo de Dios; así
la Iglesia con su enseñanza, su vida, su culto, conserva y ‘trasmite a todas
las edades lo que es y lo que cree" (DV. 8),
Esta tradición está vinculada a formulaciones, pero es más
vasta y más profunda que estas formulaciones. Es una tradición viva, porque en
ella Dios continúa su diálogo con nosotros: "Así Dios que habló en
otros tiempos, sigue conversando siempre con la Esposa de su Hijo amado; así el
Espíritu Santo, por quien la voz viva del Evangelio resuena en la Iglesia, y
por ella en el mundo entero, va introduciendo a los fieles en la verdad plena y
hace que habite en ellos intensamente la Palabra de Cristo" (DV. 8).
De aquí que el ministerio de la Palabra puede considerar.se
como el portavoz de esta tradición viva, en el ámbito de toda la tradición.
"Esta tradición apostólica va creciendo en la Iglesia con la ayuda del
Espíritu Santo; es decir, crece la comprensión de las palabras e instituciones
trasmitidas cuando los fieles las contemplan y estudian repasándolas en su
corazón, cuando comprenden internamente los misterios que viven, cuando las
proclaman los obispos, sucesores de los Apóstoles en el carisma de la
verdad" (DV. 8).
Por una parte es necesario distinguir claramente la
revelación divina que constituye el objeto de la fe católica y que se cerró
con el tiempo de los apóstoles, de la gracia del Espíritu Santo, sin cuya
inspiración e iluminación nadie puede creer. Por otra parte Dios, que un
tiempo había hablado a los hombres revelándose a sí mismo a través de los
acontecimientos salvíf1co y el mensaje de los profetas, de Cristo y de los
Apóstoles, todavía hoy guía misteriosamente la Iglesia, su esposa, y habla
con ella, mediante el Espíritu Santo, en la sagrada tradición, con la luz y el
sentido de la fe, para que el pueblo de Dios, bajo la dirección del magisterio,
adquiera una comprensión siempre más profunda de la revelación. -
Los pastores de la Iglesia tienen la obligación, no sólo de
proclamar y explicar directamente al Pueblo de Dios el depósito de la fe que
les ha sido confiado, sino también de discernir con autenticidad las
formulaciones y las explicaciones propuestas por los fieles, de suerte que
"en el conservar, practicar y profesar la fe trasmitida haya concordia
entre pastores y fieles". (D/V. 10). .
De aquí se sigue que el ministerio de la Palabra debe
presentar la revelación divina como la enseña el Magisterio y como la expresa
en su conciencia y en su fe el Pueblo de Dios bajo la vigilancia del Magisterio.
De esta. manera el ministerio, de la Palabra no es la pura y simple repetición
de una antigua doctrina, sino una reproducción fiel de ésta, adaptada a los
nuevos problemas y comprendida cada vez más profundamente.
LA SAGRADA ESCRITURA
14. La revelación divina, por especial inspiración del
Espíritu Santo, ha sido expresada también en forma escrita, es decir en los
Libros Sagrados del Antiguo y Nuevo Testamento, que contienen y presentan la
verdad revelada por Dios (Cfr. DV. 11).
La Iglesia, custodia e intérprete de la Sagrada Escritura,
es por ella amaestrada, meditando asiduamente y penetrando cada vez más su
doctrina. Fiel a la tradición, el ministerio de la palabra encuentra en la
Sagrada Escritura el alimento y su norma (Cfr. DV. 21, 24, 25). En efecto, en
los libros sagrados el Padre que está en los cielos viene amorosamente al
encuentro de sus hijos y dialoga con ellos (Cfr. DV. 21).
La Iglesia, sin embargo, aunque toma de la Sagrada Escritura
la norma de su pensamiento, tiene también el poder de interpretarla en virtud
del Espíritu de que ella está animada:
"En ella las Sagradas Escrituras son más profundamente
comprendidas a la vez que más constantemente activas" (DV. 8).
El ministerio de la palabra, por tanto, tiene su punto de
partida en la Sagrada Escritura y en la predicación de los Apóstoles, de la
manera como son entendidas, explicadas y aplicadas a las situaciones concretas
en la Iglesia.
LA . FE: RESPUESTA A LA PALABRA DE DIOS
15. Con la fe el hombre acoge la revelación y por medio de
ella participa del don de Dios de manera consciente.
A Dios que se revela debemos la obediencia de la fe por la
cual el hombre se adhiere libremente al Evangelio de la gracia de Dios, (Cfr.
Act. 20, 24) con pleno asentimiento de la inteligencia y de la voluntad. Guiado
por la fe y por el don del Espíritu Santo el hombre llega a contemplar y a
gustar el Dios del amor que en Cristo ha revelado la riqueza de su gloria (Cfr.
Col. 1,26); más aún la fe viva constituye en nosotros un comienzo de la vida
eterna, en la cual finalmente se podrán conocer sin velos las profundidades de
Dios (1 Cor. 2,10). La fe que conoce el plan de salvación de Dios, nos gula al
discernimiento de la voluntad de Dios con respecto a nosotros en este mundo y a
la cooperación con su gracia. "La fe todo lo ilumina con nueva luz y
manifiesta el plan divino sobre la entera vocación del hombre. Por ello orienta
la mente hacia soluciones plenamente humanas" (GS. 11).
TAREA DEL MINISTERIO DE LA PALABRA
16. El ministerio de la Palabra, para decirlo brevemente,
debe estar consciente del cometido que se le ha confiado, es decir suscitar una
fe viva que convierta la mente a Dios, impulse a asentir a su acción y lleve a
un vivo conocimiento de los contenidos de la tradición y revele y manifieste el
verdadero significado del mundo y de la existencia humana.
El ministerio de la Palabra es la proclamación del mensaje
de salvación: lleva a los hombres al Evangelio. El misterio anunciado y
enseñado toca profundamente aquella voluntad de vivir, aquel profundo deseo de
plenitud, aquella viva espera de ]a felicidad futura que Dios ha sembrado en el
corazón de todo hombre y ha elevado con su gracia al orden sobrenatural.
Las verdades de la fe llevan consigo el amor a Dios, que ha
creado todas las cosas por Cristo y en Cristo’ nos ha resucitado. Los diversos
aspectos del misterio cristiano deben ser presentados de ‘tal modo que el
acontecimiento central, Jesús —el don más grande de Dios a los hombres—
aparezca en primer plano, y que las otras verdades de la doctrina católica se
ordenen y se jerarquicen pedagógicamente en torno a El (cf. nn. 43, 39).
CAPITULO II
LA CATEQUESIS EN LA MISION PASTORAL
DE LA IGLESIA
(Significado, fin, eficacia)
EL MINISTERIO DE LA PALABRA EN LA IGLESIA
17. El ministerio de la palabra toma diversas formas, según
las diversas maneras de ejercerlo y los fines que se persiguen, entre ellas ‘está
la catequesis.
Hay en primer lugar una forma que es la evangelización o
predicación misionera que se propone suscitar aquel primer acto de fe con el
cual los hombres se adhieren a la palabra de Dios.
(Cfr. CD. 11, 13; AG. 6, 13, 14).
Sigue la forma catequística "cuyo fin es que la fe,
ilustrada por la doctrina se torne viva, explícita y activa" (CD, 14).
Luego viene la forma litúrgica en el ámbito de la
celebración litúrgica, especialmente eucarística (homilía) (SC. 33, 52;
Inter oecum. 54).
Y hay, por último, la forma teológica, es decir, el estudio
sistemático y la investigación científica de las verdades de la fe.
Para nuestro propósito es importante distinguir estas
formas, cada una de las cuales obedece sus propias leyes, aún cuando en
realidad guardan entre sí una íntima conexión.
Por lo ‘tanto, lo que hasta ahora hemos dicho del
ministerio de la palabra de una manera general se aplica también a la
catequesis.
CATEQUESIS Y EVANGELIZACION
18. La catequesis de suyo supone una adhesión global al
Evangelio de Cristo, propuesto por la Iglesia. Sin embargo a veces se dirige a
hombres que, aunque pertenecen a la Iglesia, de hecho nunca tuvieron una
verdadera adhesión personal al mensaje revelado.
Esto significa que la evangelización puede preceder o
acompañar a la catequesis propiamente dicha, según las circunstancias. Pero en
todo caso hay que tener en cuenta que la conversión es un elemento necesario en
el dinamismo de la fe, y por lo tanto la catequesis, cualquiera sea su forma,
debe incluir de alguna manera la evangelización.
FORMAS DE LA CATEQUESIS
19. La catequesis adopta necesariamente varias formas según
las circunstancias y las necesidades del caso.
En los países tradicionalmente cristianos la catequesis se
presenta a manera de enseñanza religiosa que se imparte a los niños y
adolescentes en el ámbito escolar o fuera de él. Hay allí
- ordinariamente organizaciones para catequizar a los adultos
o catecumenados para los que se preparan a recibir el bautismo, o para los que
—aún ya bautizados— carecen de la debida iniciación cristiana. Lo cierto
es que la situación real en que se encuentra un gran número de fieles, pide
alguna forma de evangelización antes de la catequesis.
En las Iglesias recién establecidas se le da especial
importancia a la evangelización en el sentido estricto, y se organiza el
catecumenado para los que se inician en la fe y se preparan para recibir el
bautismo (AG. 4).
En pocas palabras, la labor catequística toma formas y
estructuras muy diversas: sistemáticas y ocasionales; organizadas y
espontáneas, etc.
20. Recuerden los pastores el deber que les incumbe de
promover y asegurar la ilustración de la vida cristiana por la palabra de Dios,
de acuerdo con la edad y las circunstancias (CD,
14) de tal manera que todos, así el individuo como la
comunidad, puedan ser promovidos teniendo en cuenta el estado espiritual en que
se encuentran.
Recuerden también que la catequesis de adultos, como
dirigida a hombres capaces de una adhesión plenamente responsable, debe
considerarse como la forma de catequesis principal a la cual deben encaminarse
todas las otras formas, siempre necesarias. Procuren de igual manera, atendiendo
a las normas del Conc. Vat. II, "que se restablezca o se adapte mejor la
instrucción de los caitecúmenos adultos" (CD. 14; AG. 14).
MISION DE LA CATEQUESIS
21. En la actividad pastoral, la catequesis es una forma de
acción eclesial que trata de llevar a la madurez de la fe tanto a las
comunidades como a los individuos.
Por la catequesis las comunidades cristianas logran un
conocimiento más profundo y más vivo de Dios y de su plan salvífico cuyo
centro está en Cristo, Verbo de Dios Encamado, y se consolidan alcanzando una
fe madura e ilustrada, haciendo a la vez partícipes de esa fe a los hombres que
desean abrazarla.
Para cualquier hombre cuya alma se abra al mensaje
evangélico, la catequesis es el medio más apto para captar el plan de Dios en
su propia vida y descubrir el significado último de la existencia y de la
historia, de suerte que tanto la vida de los individuos como la de la sociedad
se ilumine con la luz del Reino de Dios, se adapte a sus exigencias y pueda
conocer el misterio de la Iglesia como la comunidad de los que creen en el
Evangelio. Todos estos aspectos determinan las tareas específicas de la
catequesis.
LA CATEQUESIS Y LA GRACIA DE LA FE
22. La fe es un don de Dios que provoca la conversión del
hombre. "Para dar esta respuesta de la fe es necesaria la gracia de Dios,
que se adelanta y nos ayuda, junto con el auxilio del Espíritu Santo, que mueve
el corazón, lo dirige a Dios, abre los ojos del Espíritu y concede a todos
gusto en aceptar y creer la verdad" (DV, 5).
La comunidad cristiana vive una fe madura, si oye
religiosamente la palabra de Dios, tiende mediante el estudio constante a su
conversión y renovación y está a la escucha de lo que el Espíritu dice a la
Iglesia.
La catequesis (por la palabra acompañada del testimonio y la
oración) tiene como misión disponer a los hombres a recibir la acción del
Espíritu Santo y convertirse más profundamente.
CATEQUESIS Y COMPROMISO DE LA FE
23, El hombre maduro en 1-a fe adhiere plenamente a la
invitación que contiene el mensaje evangélico, en virtud del cual es él
llamado a la comunión con Dios y con los hermanos, y traduce en su vida los
deberes que derivan de esta invitación (AG.
12).
La catequesis tiene los siguientes objetivos: ayudar a los
hombres a hacer realidad esta comunión con Dios y proponer el mensaje cristiano
de manera que aparezca como garantía del valor supremo de la vida humana. Esto
supone que la catequesis tendrá siempre presente las legítimas aspiraciones
del hombre así como el progreso y la realización de los valores que ellas
involucran.
La comunión con Dios y la adhesión a El conllevan como
efecto necesario el cumplimiento de los deberes humanos y la obligación de 1-a
solidaridad, por que todo esto responde a la voluntad salvadora de Dios (GS, 4).
Por lo tanto la catequesis debe favorecer e ilustrar el
incremento de la caridad teologal tanto en cada uno de los fieles como en las
comunidades eclesiales, lo mismo que las obras que de esa virtud dimanan en los
deberes de cada uno y de la comunidad.
CATEQUESIS Y CONOCIMIENTO DE LA FE
24. El hombre maduro en la fe conoce el misterio de la
salvación revelado en Cristo y los milagros y hechos divinos que prueban que
este misterio se realiza en la historia humana. Por tanto, no basta que la
catequesis excite solo una experiencia religiosa, aunque sea verdadera, sino que
debe llevar a percibir poco a poco toda la verdad del plan divino, enseñando a
los fieles a leer las Sagradas Escrituras y a conocer la tradición.
CATEQUESIS Y VIDA DE ORACION LITURGICA Y PRIVADA
25. "Toda celebración litúrgica, por obra de Cristo
Sacerdote y de su cuerpo, que es la Iglesia, es acción sagrada por excelencia
cuya eficacia con el mismo título y en el mismo grado, no la iguala ninguna
otra acción de la Iglesia" (SC, 7). Pero la comunidad cristiana, cuanto
más madura en la fe, vive el culto en espíritu y en verdad principalmente en
las celebraciones litúrgicas eucarísticas (Jn, 4,23).
La catequesis por tanto, debe ayudar a una participación
activa, consciente y genuina de la liturgia de la Iglesia, no solamente
explicando la significación de los ritos sino educando a los fieles en la
oración, la acción de gracias, la penitencia, la petición confiada, el
sentido comunitario y el sentido de los simbolos: cosas todas necesarias para
que haya una verdadera vida litúrgica.
"Con todo, la participación en la sagrada liturgia no
abarca toda la vida espiritual. En efecto, el cristiano, llamado a orar en
común, debe no obstante, entrar también en su cuarto para orar al Padre en
secreto (Mt. 6,6) más aún, debe orar sin tregua, según enseña el Apóstol,
(1 Tes. 5,17) orad sin interrupción" (SC. 12).
Por tanto la catequesis debe educar a los cristianos a
meditar la palabra de Dios y a rezar en privado.
LA CATEQUESIS Y LA ILUMINACION CRISTIANA DE LA EXISTENCIA
HUMANA
26. El hombre ya maduro en 1-a fe puede reconocer en las
distintas circunstancias y encuentros con el prójimo la invitación de Dios que
lo llama a acogerse a su plan de salvación.
A la catequesis toca, pues, aclarar esta idea, enseñando a
los cristianos la cristiana interpretación de las cosas humanas, principalmente
los signos de los tiempos, de manera que todos "se capaciten para examinar
e interpretar todas las cosas con integro sentido cristiano" (GS. 62).
LA CATEQUESIS Y LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS
27. Las comunidades de los fieles, según las circunstancias,
deben participar en el diálogo ecuménico y en los demás proyectos referentes
a la restauración de la unidad cristiana (tJR. 5).
Por eso conviene que la catequesis preste su ayuda a esta
causa, (UR. 6) exponiendo con claridad toda la doctrina de la Iglesia, (UR. 11)
procurando un conocimiento adecuado de las otras confesiones tanto en los puntos
que coinciden con la fe católica como en los que difieren; pero en este asunto
hay que evitar las palabras y los modos de exponer la doctrina "que puedan
inducir a los hermanos separados o a cualesquiera otras personas a algún error
acerca de la verdadera doctrina de la Iglesia" (LG. 67); guárdese el orden
y la jerarquía de las verdades de la doctrina católica; pero propónganse los
argumentos en favor de la doctrina católica con caridad a la vez que con
firmeza. (UR. 11; AG. 15; Ad Ecclesiam totam, 14 mayo 1967, AAS. 1967, p.
574-592).
LA CATEQUESIS Y LA MISION DE LA IGLESIA EN EL MUNDO
28. La Iglesia en ‘Cristo es como el sacramento o el signo
y el instrumento de salvación y de unidad de la humanidad entera (LG. 1). Y en
este sentido es ‘tanto más visible cuanto más maduras en la fe aparecen las
comunidades de los fieles,
La catequesis debe ayudar a estas comunidades a propagar la
luz del Evangelio y a entablar diálogo fructífero con los hombres y las
culturas no cristianas dentro de 1-a libertad religiosa bien entendida (DH; AG.
22).
LA CATEQUESIS Y LA ESPERANZA ESCATOLOGICA
29. El hombre maduro en la fe dirige sus pensamientos y
deseos a la plena consumación del Reino en la vida eterna.
De aquí que la catequesis deba dirigir la esperanza de los
hombres hacia los bienes futuros que nos reserva la Jerusalén Celestial, pero
invitándolos a la vez a colaborar con el prójimo en las tareas que tienen- al
mejoramiento de la sociedad (GS.
39, 40-43).
LA CATEQUESIS Y EL PROGRÈSO DE LA VIDA DE FE
30. En los fieles la fe se presenta más o menos desarrollada
según- la gracia que el Espíritu Santo da a cada uno y que hay que obtener
mediante la oración constante, y según la respuesta que cada quien da a esa
gracia (Mr. 9,23).
Además la vida de la fe reviste diversas formas según
evoluciona la existencia del individuo, a medida que alcanza la madurez y va
asumiendo responsabilidades. Por tanto la vida de fe admite varios grados sea
que se considere la aceptación global de toda la palabra de Dios, sea que se
considere su explicación y aplicación a los diferentes compromisos
correspondientes a la edad y a la índole propia de cada hombre (n. 38).
Lo que significa que esas formas cambiarán según se trate
de párvulos, de niños, de adolescentes, de jóvenes o de adultos.
La catequesis debe ayudar al nacimiento y al progreso de esa
vida de fe a lo largo de toda la existencia hasta la plena explicación de la
verdad revelada y su aplicación a la vida.
RIQUEZA DE LA ACCION CATEQUISTA
31. La catequesis se dirige a la comunidad sin olvidar a los
fieles en particular. Ella se une a las otras actividades pastorales de la
Iglesia pero conserva su índole específica, y cumple a un mismo tiempo su
deber de iniciación, de educación y enseñanza.
Mucho interesa que la catequesis conserve esta riqueza de
aspectos sin que uno se desarrolle más con detrimento de otros.
EFICACIA DE LA PALABRA DE DIOS EN LA CATEQUESIS
32. Recuerde la catequesis aquella expresión de la Sagrada
Escritura: "Viva y eficaz es la palabra de Dios" (Heb. 4,12).
Esta palabra divina se hace presente en la catequesis por
medio de la palabra humana. Mas para que sea fructífera y produzca en el hombre
sentimientos capaces de descartar en él la incertidumbre y la indiferencia,
moviéndole -a abrazar la fe, la catequesis debe expresar fiel y adecuadamente
la palabra de Dios. Pero téngase siempre presente que a la eficacia de 1-a
catequesis contribuye enormemente el testimonio de vida del catequista y el de
la comunidad eclesial (n. 35).
La catequesis, por tanto, debe trasmitir la palabra de Dios
como la Iglesia la propone y en el lenguaje de los hombres a quienes se dirige
(DV. 13; OT. 16). Cuando Dios se reveló a la humanidad se expresó en palabras
humanas y en el lenguaje propio de la cultura del tiempo. (Cfr. DV. 12).
La Iglesia a la cual Cristo confió el depósito de su
revelación, se esfuerza por trasmitirlo hasta el fin de los siglos,
explicándolo e interpretándolo de una manera viva y adaptada a los pueblos de
cualquier cultura y a los hombres de toda condición.
LA PEDAGOGIA DE DIOS QUE REVELA Y DE LA IGLESIA QUE CATE
QUIZA
33. Dios en la Historia de la Revelación usó de una
pedagogía para anunciar en el A.T. sus designios de salvación por medio de
profecías y figuras que preparan la venida de su . Hijo, autor y consumador de
la Fe en el N. T. (Hebr. 12,2).
Pero ahora, después de la consumación de la revelación, la
Iglesia debe predicar todo el misterio de nuestra salvación en Cristo. Y, sin
olvidar la pedagogía usada por Dios, debe acomodar la suya a las nuevas
exigencias que hoy confronta el mensaje, para que éste, propuesto sin
adulteración ni mutilación, se adapte a la índole de los catequizados.
Por tanto, mientras por una parte se adapta a las
mentalidades menos cultas y les expone las esas de manera simple y breve,
mediante fórmulas sumarias que puedan explicarse más tarde, por la otra
procura acomodarse a las inteligencias más desarrolladas que exigen
explicaciones más profundas.
FIDELIDAD A DIOS Y AL HOMBRE
34. La catequesis guarda fidelidad a la palabra de Dios y a
su expresión (DV. 24). Sacando la verdad de la palabra de Dios, con plena
adhesión a la expresión segura de esta palabra, la catequesis intenta enseñar
la palabra de Dios con toda fidelidad.
De todos modos su tarea no se limita a repetir las fórmulas
tradicionales, sino que exige que estas sean adecuadamente comprendidas y que,
según las necesidades se reexpresen fielmente en un lenguaje adaptado a los
oyentes.
El lenguaje, por tanto, será diferente según las edades,
las condiciones sociales, la cultura y la civilización (DV. 8; CD, 14).
NECESIDAD DEL TESTIMONIO ECLESIAL
35. La Catequesis por último pide, tanto’ a los
catequistas como a la comunidad eclesial, el testimonio de la fe acompañado del
ejemplo de una auténtica vida cristiana y de capacidad para el sacrificio (16.
12,17; NA. 2).
El encuentro del hombre con Cristo se efectúa no solo por
medio del sagrado ministerio, sino por medio de los fieles y sus comunidades
(LG. 35), que están, por tanto, obligadas a dar testimonio. Si falta este
testimonio se pone a los oyentes un obstáculo para que acepten la palabra de
Dios, ya que la catequesis puede hablar con más eficacia de las cosas que hace
visible la comunidad. El catequista es como- un intérprete de la Iglesia ante
los catequizados. El lee y enseña a leer los signos de la fe de los cuales el
principal es la misma Iglesia (Concil. Vat. 1, Const. Dei Filius, Dz. Sch.
3014).
- De todo esto se desprende cuan necesario es que la
comunidad eclesial según las enseñanzas de la Iglesia y guiada por sus
Pastores evite o corrija todo aquello que pueda deformar la imagen de la
Iglesia, convirtiéndola en obstáculo para que los hombres abracen la fe (GS.
19).
Los catequistas, por tanto, ‘tienen obligación de
trasmitir la fe, pero la tienen también de dar su aporte a la comunidad
eclesial de modo que ésta dé un genuino testimonio cristiano.
La acción catequística por tanto se encuadra en la acción
pastoral general que ordena y coordina todos los elementos de vida eclesial (GS.
4, 7, 43).
PARTE III
EL MENSAJE CRISTIANO
SENTIDO Y FINALIDAD DE ESTA PARTE
36. La fe cuya maduración busca la catequesis (n. 21), se
puede considerar de dos maneras: como la adhesión plena del hombre a Dios que
se revela, bajo el influjo de la gracia (fides qua), o como la materia de la
revelación y del mensaje cristiano (fides quae).
Estos dos aspectos no pueden separarse por razón de su misma
naturaleza, y la maduración normal de la fe supone un progreso coherente de
ambos, pero estos dos aspectos se distinguen por razones metodológicas.
En esta tercera parte se trata de la materia de la fe: en el
primer capítulo se dan las normas o criterios en que la catequesis deberá
inspirarse para la búsqueda y la formulación de sus contenidos. En el
capítulo segundo se tratará del contenido en sí mismo.
Sin embargo no se van a exponer todas y cada una de las
verdades cristianas que constituyen el objeto de la fe y la catequesis, ni se
van a enumerar los errores más salientes de nuestro tiempo ni las verdades de
la fe que hoy se niegan con más insistencia o por lo menos se ven con
indiferencia.
A estos renglones provee el magisterio ordinario de la
Iglesia por sus medios de comunicación.
Tampoco se quiere mostrar en este capítulo una manera
orgánica de ordenar las verdades de la fe en una como síntesis que responda, a
la vez, a una jerarquía objetiva y a las aspiraciones existenciales de los
hombres de nuestro tiempo. Esta es tarea de la teología y de otras disciplinas
que se ocupan de ex--poner la doctrina cristiana.
Por el contrario en este segundo capítulo —en
formulaciones globales que suponen una explicación ulterior— se expondrá lo
más saliente del mensaje de salvación, de manera orgánica en cuanto a los
lineamientos específicos que deberán presentarse de manera más clara en una
catequesis nueva que persiga con fidelidad su fin.
CAPITULO 1
NORMAS O CRITERIOS
CONTENIDO DE LA CATEQUESIS EN RELACION A
DISTINTAS FORMAS DE VIDA ECLESIAL, A LAS
DIVERSAS CULTURAS Y DIFERENTES LENGUAJES
37. La Revelación es la manifestación del misterio de Dios
y de su acción salvífica en la historia, hecha por Dios mismo al hombre por
una comunicación personal, cuyo contenido quiere El que se predique a todos los
hombres como mensaje de salvación.
De aquí que la primera y principal obligación del
ministerio profético de la Iglesia es hacer inteligible este mensaje a los
hombres de todos los tiempos, para que se conviertan a Dios por Cristo,
interpreten su vida a la luz de la fe, teniendo en cuenta la situación
histórica concreta de esa vida, y puedan vivir de acuerdo con la dignidad que
les ha traído el mensaje de salvación y que la fe les ha revelado,
Para lograr todo esto la catequesis, tiempo importantísimo
del ministerio profético de la Iglesia, no solo debe tomar contacto continuo
con las diferentes maneras de vida de la comunidad eclesial, sino que debe
procurar la más estrecha relación entre las posibles formulaciones del divino
mensaje y las diferentes culturas y maneras de hablar de los pueblos.
META DE LA CATEQUESIS ES PROPONER TODA LA MATERIA -
38. La materia del mensaje de salvación consta de partes
estrechamente unidas entre sí, aún cuando su revelación fue hecha
progresivamente por Dios, primero por los profetas y últimamente por medio de
su Hijo (H-ebr, 1.1).
Puesto que el fin de la catequesis —como se ha dicho—
consiste en llevar a la madurez de la fe a los cristianos como individuos y como
comunidades, ésta debe tener el cuidado de proponer integro el tesoro del
mensaje cristiano. Y debe hacerse de acuerdo con el ejemplo de la pedagogía
divina (n. 33), sin perder de vista la totalidad de la revelación para que el
pueblo se alimente de ella y de ella viva,
La catequesis por tanto empieza por la proposición simple de
la estructura íntegra del mensaje cristiano —valiéndose de fórmulas
sumarias y globales— y de manera adecuada a las distintas condiciones
culturales y espirituales de los catequizados. Pero de ninguna manera debe
limitarse a esa presentación inicial sino que debe proponer el mensaje de una
manera cada vez más amplia y explícita, de modo que los fieles individualmente
y la comunidad, adquieran de él un conocimiento más profundo y enfoquen los
problemas humanos bajo la luz de la revelación.
Esta tarea de la catequesis —que no es tan fácil— debe
cumplirse bajo la dirección del magisterio de la Iglesia a quien toca custodiar
la verdad de la revelación y vigilar que el ministerio de la palabra use
expresiones correctas y tome en cuenta con prudencia las investigaciones de la
teología y de la ciencia.
LA MATERIA DE LA CATEQUESIS CONSTITUYE UN CUERPO ORGANICO Y
VITAL
39. - El objeto de la fe es - por su naturaleza complejo, es
decir: Dios en su misterio y su intervención salvífica en la historia, y esto
lo sabemos por lo que el mismo Dios ha revelado de sí y de sus obras. -
Cristo es el centro principal tanto en lo relativo a la
intervención de Dios en la historia como en la manifestación de sí mismo a
los hombres.
Por lo dicho, el objeto de la catequesis son el misterio de
Dios y sus obras, es decir las obras que Dios hizo, hace y hará por nosotros
los hombres y por nuestra salvación. Todas estas cosas guardan entre sí una
vital coherencia y constituyen la economía de la salvación.
Una catequesis que descuide esta organicidad y armonía del
contenido se haría incapaz de lograr la finalidad que persigue.
CRISTOCENTRISMO DE LA CATEQUESIS
40. Cristo Jesús, el Verbo de Dios encarnado, siendo la
suprema manera como Dios interviene en el mundo y se manifiesta a los hombres,
es el centro del mensaje evangélico en la Historia de la salvación.
El es "la imagen de Dios invisible, primogénito de la
creación" (Col. 1,15). El es en verdad el único mediador por el cual Dios
se acerca a los hombres y el hombre es llevado a Dios. (Cfr
1. Tim. 2,5). En El tiene la Iglesia su fundamento. En El se
instauran todas las cosas (Ef. 1,10).
- Por eso las cosas creadas, la conciencia de los hombres,
los valores genuinos que se encuentran en otras religiones, los signos de los
‚tiempos deben tenerse como caminos y escalones aunque no de manera unívoca,
por los cuales uno puede acercar se a Dios bajo el influjo de 1-a gracia y no
sin cierta referencia a la Iglesia (Cfr. LG. 16).
Por todo esto la catequesis debe ser necesariamente
Cristocéntrica. -
EL TEOCENTRISMO TRINITARIO DE LA CATEQUESIS
41. Así como Cristo es el centro de la historia de la
salvación, así el misterio de Dios es el centro del cual parte esta historia y
hacia el cual se ordena como último fin. Cristo muerto y resucitado lleva a los
hombres al Padre enviando al Espíritu Santo al Pueblo de Dios. Por esta razón
la estructura de toda la catequesis debe ser teocéntrica — trinitaria: por
Cristo al Padre en el Espíritu.
Por Cristo: Toda la economía de la salvación toma sentido
del Verbo Encarnado, cuya venida preparó, cuyo reino en la tierra después de
su muerte y resurrección manifiesta y extiende hasta su segunda venida
gloriosa, que consumará la obra de Dios. De aquí que el misterio de Cristo
ilumine toda la materia de la catequesis. Todos los elementos —bíblicos,
evangélicos, eclesiales, humanos y aún cósmicos— que la enseñanza
catequística debe disponer y explicar, hay que referirlos al Hijo de Dios
Encarnado.
Al Padre: El fin supremo de la Encarnación del Verbo y de
toda la economía ‘de la salvación consiste en llevar a todos los hombres al
Padre. Por tanto la catequesis, que debe ayudar a entender .cada vez mejor este
designio amoroso del Padre Celestial, tiene la misión de enseñar que el
último sentido de la vida es este: conocer y glorificar a Dios haciendo su
voluntad, como Cristo nos enseñó con su palabra y su ejemplo, y así llegar a
la vida eterna.
En el Espíritu Santo: El conocimiento del misterio de Cristo
y nuestra ida hacia el Padre se hacen realidad en el Espíritu Santo. La
catequesis, por tanto, al trasmitir el mensaje cristiano, debe explicar esta
presencia del Espíritu Santo por la cual somos promovidos a la comunión con
Dios y con los hombres y al cumplimiento de nuestras responsabilidades.
Si la catequesis carece de estos tres elementos o no le da
importancia a su estrecha relación, se corre el riesgo de que el mensaje
cristiano pierda su propia índole.
POR NOSOTROS LOS HOMBRES Y POR NUESTRA SALVACION
42. El fin teocéntrico-trinitario de la economía de la
salvación no se puede separar de su objeto que consiste en que los hombres
liberados del pecado y sus consecuencias se configuren en lo posible a Cristo
(Cfr. LG. 39). Como la Encarnación del Verbo, así, toda la verdad revelada es
por nosotros los hombres y por nuestra salvación. La relación prospectiva de
todas las verdades cristianas con el último fin del hombre es una de las
condiciones para su provechosa inteligencia (Con. Vat. 1. Const. Dei Filius, Dz.
Sch., 3016).
La catequesis, por tanto, debe mostrar con claridad la
estrechísima relación del misterio de Dios y de Cristo con la existencia y el
último fin del hombre. Con esta manera de proceder de ningún modo se quiere
subestimar los fines terrenales a cuya consecución, por el esfuerzo individual
y colectivo, llama Dios a los hombres; sino que se está diciendo claramente que
el fin último del hombre no se restringe a estos fines temporales, sino que
más bien los supera con una ventaja no sospechada, y de una manera que sólo el
amor de Dios para los hombres pudo pensar.
JERARQUIA DE VERDADES QUE HAY QUE GUARDAR EN LA CATEQUESIS
43. En el mensaje de salvación hay una cierta jerarquía de
verdades (tJR. 11), que siempre reconoció la Iglesia, al- elaborar los
símbolos o compendios de las verdades de la fe. Esta
jerarquía no significa que unas verctactes pertenecen menos
que otras a la fe, sino que unas verdades se apoyan en otras como más
principales y reciben de ellas luz.
La catequesis en todos sus grados habrá de tener - en cuenta
esta jerarquía de las verdades de la fe.
Estas verdades se pueden agrupar en cuatro capítulos
fundamentales:
El misterio de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, creador
de todas las cosas;
El misterio de Cristo, Verbo Encarnado, que nació de María
la Virgen y por nuestra salvación padeció, murió y resucitó;
El misterio del Espíritu Santo, presente en la Iglesia a la
cual santifica y dirige hasta la gloriosa venida de Cristo, Salvador y juez
nuestro;
El misterio de la Iglesia, que es el cuerpo místico de
Cristo, en la cual la Virgen María ocupa un puesto eminente.
INDOLE HISTORICA DEL MISTERIO DE LA SALVACION
44. La economía de la salvación se realiza en el tiempo:
pues empezó y progresó en el pasado, actúa su fuerza en el
presente y espera su consumación en el futuro. Por eso es necesario que en la
catequesis aparezca la memoria del pasado, la conciencia del presente y la
esperanza de la vida futura.
Por eso la catequesis recuerda el acontecimiento supremo de
toda la historia de la salvación con el cual los cristianos se unen por la fe:
la Encarnación, la Pasión, la Muerte y Resurrección de Cristo.
Además la catequesis hace conocer a los cristianos cómo el
misterio salvífico de Cristo actúa hoy por el Espíritu Santo y el magisterio
de la Iglesia, así como sus obligaciones para con Dios, para consigo mismos y
para con el prójimo.
La catequesis por último dispone el corazón a la esperanza
de la vida futura —consumación de toda la historia de la salvación— y
hacia la cual los cristianos deben tender con confianza filial, pero no sin un
santo temor del juicio divino.
Por esta esperanza la comunidad de los fieles se llena de una
íntima expectación escatológica que la capacita para juzgar rectamente los
bienes terrenales estimándolos en su justa proporción sin que por ello los
menosprecie.
Estos tres aspectos principales hay que tomarlos en cuenta
asidua y eficientemente en toda catequesis.
FUENTES DE LA CATEQUESIS
45. El contenido de la catequesis se encuentra en la Palabra
de Dios escrita o en la tradición; el pueblo creyente lo entiende y lo explica
más profundamente bajo la dirección del Magisterio que es el único que
enseña auténticamente; lo celebramos era la liturgia; resplandece
en la Iglesia, principalmente en los justos y en los santos; y de alguna manera
se hace patente en los mismos valores morales que, por providencia de Dios,
existen en la sociedad humana.
Estas son las fuentes de la catequesis: unas principales,
otras subsidiarias. Por tanto no deben tomarse en sentido unívoco.
Así que al usar estas fuentes, el catequista mirará siempre
y sobretodo a la revelación escrita y a la tradición y a la autoridad del
magisterio eclesiástico en las cosas relacionadas con la fe.
Además e~ catequista, al exponer cualquier punto del
contenido de la fe, debe destacar cómo el misterio de Cristo es su centro;
cómo la Iglesia lo interpreta, lo define, lo celebra, lo actualiza y participa
en la liturgia y lo reduce a la práctica en la vida.
Por último el catequista debe pensar cómo podrán con la
ayuda del Espíritu Santo, realizarse los planes de Dios en nuestra época.
PRINCIPIO GENERAL DE LA METODOLOGIA CATEQUISTICA
46. Las normas arriba indicadas que se refieren a la
exposición de la materia de la catequesis, deben aplicarse en las varias formas
de la catequesis: es decir en la catequesis bíblica, litúrgica, en el
compendio doctrinal, en la interpretación de las condiciones concretas de la
existencia humana, etc.
De ellas, sin embargo, no puede deducirse el orden que ha de
guardarse en la exposición de la materia. Se puede partir de Dios para llegar a
Cristo y al contrario; se puede partir del hombre para llegar a Dios y al
contrario, etc. etc. El método pedagógico se escogerá de acuerdo con las
circunstancias porque atraviesa la comunidad eclesial o los fieles a quienes se
dirige. De aquí la necesidad de investigar cuidadosamente para encontrar los
caminos y las maneras que mejor respondan a las condiciones de la realidad.
Toca a las Conferencias Episcopales dar la normas más
precisas y aplicarlas mediante los directorios catequísticos, catecismos según
la edad, la cultura y los otros recursos que parezcan oportunos. (Cfr. parte
VI).
CAPITULO II
LOS PRINCIPALES ELEMENTOS DEL MENSAJE CRISTIANO
EL MISTERIO DE UN SOLO DIOS:
PADRE, HIJO, ESPIRITU SANTO
47. La historia de la salvación es lo mismo que la historia
de los medios y modos cómo Dios uno y verdadero: Padre, Hijo, Espíritu Santo,
se revela a los hombres, a quienes, apartados del pecado, reconcilia y une
consigo.
El A.T. mientras afirma de una manera clara la unidad de Dios
en un mundo politeísta, adelanta algunos indicios del misterio Trinirtario que
tendrán plena explicación en la persona, en las obras y palabras de
Jesucristo, quien al revelase como Hijo de Dios, revela al mismo tiempo al Padre
y al Espíritu Santo.
El conocimiento íntimo de Dios verdadero que llena el alma
del divino Maestro, 1-o comparte El con sus discípulos llamándolos a que se
hagan hijos de Dios por el don que él les hace de su Espíritu filial (Jn. 1.
12; Rom. 8,15).
En la catequesis, por tanto, el encuentro con Dios Uno y
Trino ocurre primero y principalmente cuando el Padre, el Hijo y el Espíritu
Santo son reconocidos como autores del plan de salvación, que llega a su
culminación con 1-a muerte y resurrección de Jesús (Irenaeum, Demonet.
praedic. apost., n-. 6, S. Chr., 62, p. 39 sq.).
De ésta manera a la Revelación del Misterio trasmitida por
la Iglesia responde una progresiva conciencia de los fieles que, en la fe,
entienden que su vida, después del bautismo, consiste en alcanzar una más
íntima familiaridad con las tres divinas Personas, por cuanto ellos han sido
llamados a participar su divina naturaleza.
Por último, los cristianos con los ojos de la fe, por un don
de Espíritu Santo, pueden, desde ya contemplar con amor filial la Santísima
Trinidad de las Personas, como es ella en la vida íntima de Dios desde la
eternidad.
EL GENUINO CULTO DE DIOS EN UN MUNDO SECULARIZADO
48. "El Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo"
(Efe. 1,3) es "un Dios vivo" (Mt. 16, 16): santo, justo,
misericordioso es un Dios autor de una alianza con los hombres, Dios que ve,
libera, salva, Dios que ama como Padre, como esposo. La catequesis anuncia este
Dios con alegría, como fuente que es de toda esperanza (1 Petr. 1, 3-4),
La catequesis, por otra parte, no puede ignorar que muchos
hombres de nuestro tiempo sienten la lejanía y la ausencia de Dios. Este hecho
que es parte del proceso de secularización, constituye sin duda un peligro para
la fe, pero también nos empuja a tener una fe más pura y a ser más humildes
ante el misterio de Dios, como conviene: "Verdaderamente tú eres un Dios
escondido, Dios salvador de Israel" (Is. 45,15).
Bajo esta luz podemos entender más fácilmente la verdadera
naturaleza del culto que Dios nos pide y que le glorifica:
es decir un culto que va unido al propósito de hacer su
voluntad en todos los campos de nuestra actividad y de multiplicar fielmente en
el amor los talentos que él nos ha dado (M:at. 25, 14 Sigs.).
En la sagrada Liturgia los fieles presentan los frutos de sus
actos de amor, de justicia y de paz para ofrecerlo humildemente a Dios y así
recibir la palabra de vida y las gracias que necesitan para profesar en el mundo
la verdad en la caridad (Efe. 4, 15), en comunión con Cristo que ofrece por los
hombres su Cuerpo y su sangre.
CONOCIMIENTO DE DIOS Y TESTIMONIO DE CARIDAD
49. Los cristianos pueden ayudar al mundo ateo para que še
acerquen a Dios, por medio del testimonio de su vida conforme al mensaje de
caridad de Cristo y de fe viva y madura que se manifieste en obras de justicia y
amor (GS. 21).
Pero no hay que desestimar el recto uso de la razón que,
como enseña la Iglesia, (Conc. Vat. 1. Const. dogm. Dei Filius, Dz.—Sch.
3004-3005, 3026), puede conocer a Dios principio y fin de todas las cosas. Este
conocimiento de Dios lejos de menoscabar la dignidad humana la establece y la
afirma.
Aún cuando el fin de la Iglesia es la salvación eterna de
los hombres, sin embargo la fe en Dios lleva consigo la urgente obligación de
ayudar a resolver los problemas humanos (1 Jo.
4, 20-21): en este campo los cristianos deben dar testimonio
del valor del mensaje del Señor con sus obras.
JESUCRISTO, HIJO DE DIOS, PRIMOGENITO DE TODA LA CREACION Y
SALVADOR
50. La coronación de todas las obras de Dios es la
Encarnación de su Hijo Jesucristo. Primogénito de toda la creación, El tiene
ser antes que todas las cosas y todas las cosas tienen en El su consistencia
(Col. 1, 15-17). En El, por El, y para El fueron creadas todas las cosas (Col.
1, 15 ss). -
Hecho obediente hasta la muerte, exaltado como Señor de
todos, se nos manifestó por la Resurrección el Hijo de Dios en poderío (Rom.
1, 4). Primogénito entre los muertos da vida a todos (1 -Cor. 15,22); en El
somos creados como hombres nuevos (Ef. 2, 10); por El será liberada toda la
creación de la esclavitud de la corrupción (Rom. 8, 19-21). "No hay
salvación en ninguno otro" (Act. 4, 12).
LA CREACION, PRINCIPIO DE LA ECONOMIA DE LA SALVACION
51. El mundo creado de la nada es el mundo en el cual, en
realidad, se realiza la salvación y la redención por Jesucristo.
En el A.T. la verdad de la acción creadora de Dios no se
propone como principio filosófico abstracto; sino que entra en la mente de los
Israelitas, mediante la noción de la unidad de Dios, como mensaje de la
omnipotencia y la victoria de Yavé, como el argumento que demuestra que el
Señor siempre permanece con su Pueblo (Is. 40, 27-28; 51, 9-13). La
Omnipotencia de Dios creador se manifiesta también en la Resurrección de
Cristo, en la cual se revela "la supereminente grandeza de su poder"
(Ef. 1, 19).
Por eso la verdad de la creación no hay que proponerla
simplemente como una verdad que separada de las demás tiene consistencia en sí
misma, sino como algo que de hecho se ordena a la salvación realizada por
Jesucristo. La creación de lo visible y lo invisible, del mundo y de los
ángeles, es el comienzo de la Historia de la salvación (Cfr. DV, 3); la
creación del hombre (Pío XII, Enc. Humani generis, ASS, 1950, p. 575; GS. 12,
14). Hay que tomarla como el primer don y la primera llamada que conduce a la
glorificación de Cristo (Rom. 8, 29-30).
Mientras el cristiano oye la explicación de la doctrina de
la creación, además de considerar el primer acto por el que Dios "creó
el cielo y la tierra" (Gen. 1,1), debe abrir su mente a todas las obras
salvíficas de Dios. Estas están siempre presentes en la historia del hombre y
del mundo y brilla con luz especial en la historia de Israel, encaminan al
supremo evento de la Resurrección de Cristo y alcanzan la consumación al fin
del mundo cuando tendremos los cielos nuevos y la tierra nueva (Cfr. II Pet. 3,
13).
.JESUCRISTO CENTRO DE TODA LA ECONOMIA DE LA SALVACION
52. En Jesucristo el cristiano se sabe unido a toda la
historia y en comunión con todos los hombres. En la mitad de la historia del
mundo tiene lugar la historia de la salvación en la cual Dios realiza su plan,
para que el pueblo de Dios o sea el "Cristo total" se haga en el
tiempo.
Reconozca el cristiano con sencillez y sinceridad que él
tiene parte en esta empresa cuya meta, por la virtud de Cristo, es lograr que la
creación dé la máxima gloria a Dios (Cfr 1 Cor. 15, 28).
JESUCRISTO, COMO VERDADERO DIOS Y VERDADERO HOMBRE EXISTENTE
EN LA UNIDAD DE PERSONA DIVINA
53. Este gran misterio, Cristo Cabeza y Señor de todas las
cosas "se hizo visible a los hombres encarnándose" (1 Tim. 3, 16). El
hombre Cristo Jesús que habitó entre los hombres, trabajó con manos de
hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó
con corazón de hombre, es verdaderamente el Verbo y el Hijo de Dios que por la
Encarnación se unió en cierto modo con cada uno de los hombres
(GS. 22).
El catequista debe predicar a Jesús en su existencia
concreta y en su mensaje; es decir, de tal manera debe franquear a los hombres
el camino hacia la admirable perfección de su humanidad, que puedan reconocer
el misterio de su divinidad.
En verdad, Cristo Jesús unido con el Padre por su asidua y
peculiar oración, vivió en una estrecha comunión con los hombres. Con su
bondad los abrazó a todos: justos y pecadores, pobres y ricos, compatriotas y
extranjeros; y si por algunos llegó a tener predilección fue por los enfermos,
los pobres y los humildes. Y para con la persona humana se mostró siempre tan
respetuoso y tan solícito como no lo hizo nadie antes de él.
La catequesis debe defender y fortalecer todos los días la
fe en 1-a divinidad de Jesucristo, para que los hombres lo acepten no solo por
su admirable vida humana, sino que por sus palabras y milagros le reconozcan
como Hijo- de Dios unigénito, (Jn. 1, 18), "Dios de Dios, luz de luz, Dios
verdadero de Dios verdadero, engendrado no creado, consustancial al Padre"
(Dz. Sch. 150).
La recta interpretación del misterio de la Encarnación ha
ido progresando en la tradición cristiana. Los Padres y los Concilios, en un
continuo estudio de la fe, dirigieron sus esfuerzos a lograr nociones cada vez
más exactas, a exponer con más profundidad la índole propia del misterio de
Cristo y a investigar las misteriosas relaciones que hay entre El y el Padre
celestial y entre El y los hombres,
A esto se añade el testimonio- de vida cristiana que dio la
Iglesia acerca de esta verdad en el correr de los siglos: la comunión de Dios
con los hombres que se logra en Cristo, ha sido fuente de gozo y de inexhausta
esperanza. En Cristo está toda la plenitud de la divinidad, y por El se hace
visible el amor de Dios a los hombres.
San Ignacio escribía a los Efesios: "Jesucristo nuestro
Señor es médico carnal y espiritual, engendrado e ingénito, Dios existiendo
en carne, vida verdadera en la muerte, de María y de Dios, primero impasible y
entonces pasible" (RJ. 39).
JESUCRISTO SALVADOR Y REDENTOR DEL MUNDO
54. El misterio de Cristo aparece en la historia de los
hombres del mundo, sujeta al pecado, no solo como misterio de Encarnación, sino
de Salvación y Redención.
De tal manera amó Dios a los hombres pecadores, que les dio
a su Hijo para reconciliar consigo al mundo (II Cor. 5,19). Jesús, pues, como
primogénito de muchos hermanos (Rom. 8,29), santo, inocente, inmaculado (Hebr.
7,26), obedeciendo libremente a su Padre por amor filial (Filip. 2,8), aceptó
como Mediador la muerte —estipendio del pecado— por sus hermanos pecadores
(Rom. 6,23; GS. 18).
Jesucristo, con su muerte santísima, redimió a la humanidad
de la servidumbre del pecado y del demonio y derramó sobre ella su Espíritu de
adopción creando en sí mismo una nueva humanidad.
LOS SACRAMENTOS SON ACCIONES DE CRISTO EN LA IGLESIA QUE ES
EL SACRAMENTO PRIMORDIAL
55. El misterio de Cristo se continúa en la Iglesia que goza
siempre de su presencia y le sirve, mediante los signos instituidos por el mismo
Cristo para significar y conferir la gracia, y se llaman propiamente sacramentos
(Conc. Tridentinum, Decretum de sacramentis, Dz. - Sch., 1601).
Pero la misma Iglesia, por cuanto no es sólo el pueblo de
Dios, sino que es también en Cristo "como signo e instrumento de la unión
íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano" (LG. 1), debe
considerarse en cierto modo como el sacramento primordial. -
Los sacramentos son las acciones principales y fundamentales
por las cuales Jesucristo da continuamente a los fieles su Espíritu, haciendo
de ellos el pueblo santo, que en El y con El, se ofrece en oblación, acepta al
Padre.
Los sacramentos, es claro, deben tenerse como los bienes
inestimables de la Iglesia que tiene el poder de administrarlos, pero deben
referirse siempre a Cristo de quien derivan su eficacia. En realidad Cristo es
quien bautiza. No es tanto el hombre que celebra la Eucaristía como el mismo
Cristo; es El quien por el ministerio de los sacerdotes se ofrece en el
sacrificio de. la misa. (Conc. Trid., Doctrina de sacrificio Missae, - Dz.,
Sch., 1743).
La acción sacramental es en primer lugar acción de Cristo,
de quien los ministros de la Iglesia son como instrumentos.
LOS SACRAMENTOS SEGUN SU NATURALEZA INTEGRAL
56. Cuidado de la catequesis es proponer los sacramentos
según su naturaleza integral.
Lo primero, hay que proponerlo como sacramentos de la fe.
Ellos de por sí expresan la voluntad eficaz de Cristo Salvador, y los hombres
por su parte deben manifestar su sincera voluntad de responder al amor y
misericordia de Dios. Por eso la catequesis debe procurar, como disposición,
excitar la sinceridad y la generosidad para la más digna recepción de los
sacramentos.
En segundo lugar los sacramentos hay que presentarlos según
la naturaleza y fin de cada uno, no sólo como remedios del pecado y sus
consecuencias, sino, y principalmente, como fuentes de gracia en los individuos
y en las comunidades; de tal suerte que toda dispensación de la gracia en la
vida de los fieles diga relación a la economía sacramental.
CATEQUESIS DE LOS SACRAMENTOS
57. El bautismo lava al hombre de la culpa original y de todo
pecado personal, lo hace hijo de Dios, lo incorpora a la Iglesia y lo santifica
con los dones del Espíritu Santo, y, por un carácter indeleble impreso en su
alma, lo hace partícipe de una manera inicial, de la misión profética, real y
sacerdotal del Señor Jesucristo (1 Petr. 29; LG. 31).
La Confirmación vincula al cristiano más perfectamente a la
Iglesia y lo enriquece con una fortaleza especial del Espíritu Santo, para que
viva en el mundo como testigo de Cristo.
Pero como la vida del cristiano, que es milicia sobre la
tierra, está expuesta a tentaciones y pecados, se 1-e abre el camino del
sacramento de la penitencia para que alcance el perdón de Dios misericordioso y
se reconcilie con la Iglesia.
El Orden configura de una manera especial a Cristo mediador,
a algunos de los miembros del pueblo de Dios confiriéndoles la potestad sagrada
para que apacienten la Iglesia, alimenten y santifiquen a los fieles con la
palabra de Dios, y para que en representación de Cristo ofrezca el sacrificio
de la Misa y presidan el banquete Eucarístico.
"Con la Unción de los Enfermos y la oración de los
presbíteros, toda la Iglesia encomienda a los enfermos al Señor paciente y
glorificado para que los alivie y los salve" (GL. 11. Sant. 5,14-16).
En la catequesis de los sacramentos dése importancia a la
explicación de los signos; porque la catequesis por signos visibles debe llevar
a los fieles a escrutar los misterios invisibles de Dios.
LA EUCARISTÍA CENTRO D TODA LA VIDA SACRAMENTAL
58. Sin duda la Eucaristía tiene el primado sobre todos los
sacramentos, y la mayor eficacia en la edificación de la Iglesia (LG. 11, 17;
Instr. Eucharisticum mysterium, nn 5-15).
Porque en la Eucaristía, una vez pronunciadas las palabras
de la consagración, se convierte la realidad profunda (no fenoménica) del pan
y del vino, en cuerpo y sangre de Cristo; conversión que en la Iglesia recibió
el nombre de "transubstanciación". Por eso, bajo las apariencias (la
realidad fenoménica) del pan y del vino, se oculta de manera misteriosa la
misma humanidad de Cristo, no solo por su virtud, sino por sí misma (es decir
sustancialmente) y unida a su divina Persona (Paulum VI Enc. Mysterium Fidel,
AAS, 1965, p. 766),
Pero este sacrificio no es sólo el rito conmemorativo de un
sacrificio pasado. Porque en él Cristo a través de los siglos perpetúa de una
manera incruenta, por el ministerio de los sacerdotes, el sacrificio de la cruz,
(SC, 47) a la vez que alimenta a los fieles por sí mismo como pan de vida, para
que imbuidos del amor de Dios y del prójimo se hagan el pueblo cada vez más
aceptable a Dios.
Los fieles alimentados con la Víctima del Sacrificio de la
cruz superan con amor auténtico y- activo los prejuicios que llevan a tildar de
estéril un culto que los aisla de la fraternidad y de la colaboración humana.
El banquete Eucarístico fue instituido para hacer que los
fieles por la oración frecuente unan cada día más su corazón con Dios y por
lo mismo reconozcan y amen a los hombres corno hermanos de Cristo y como hijos
de Dios,
EL SACRAMENTO DEL MATRIMONIO
59. Hoy —con el debido respeto que el mensaje cristiano
tiene por la virginidad consagrada— (1. Cor. 7,38; Concilium Tridentinum,
Canones de sacramento matrimonii, Dz. - Sch., 1810), debemos dar una peculiar
importancia a la catequesis sobre el matrimonio instituido por el mismo Creador
y enriquecido con varios bienes, fines y leyes (Gs. 48).
La catequesis apoyada en las palabras de la fe y en la ley
natural, bajo el magisterio de la Iglesia que tiene como misión su
interpretación auténtica (Enc. Hu.manae Vitae, n. 4, ASS, 1968, p. 483), y
tomando en cuenta el progreso de las ciencias antropológicas, debe poner en el
matrimonio la base de la vida familiar por cuanto se refiere a sus valores -a la
ley divina de la indisolubilidad y unidad y a los deberes del amor ordenado
naturalmente a la procreación y educación de la prole.
En cuanto al control de la natalidad hay que observar lo que
la doctrina de la Iglesia dice respecto a la castidad conyugal. (Humanae Vitae,
n. 14, AAS, 1968, p, 490).
Dado que N.S. Jesucristo —para los bautizados— elevó el
matrimonio a la dignidad de sacramento, los cónyuges, ministros del sacramento
al dar el consentimiento personal e irrevocable, viviendo en gracia imitan y de
cierta manera representan el amor del mismo Cristo para con su Iglesia (Efe.
5,25).
Los esposos cristianos son robustecidos y como consagrados
por este! sacramento para cumplir los deberes de su estado y conservar su
dignidad (GS, 48).
Por último a la vocación de la familia toca el abrirse como
comunidad a la Iglesia y al mundo.
EL HOMBRE NUEVO
60. El hombre al recibir el Espíritu de Cristo empieza una
manera completamente nueva y gratuita de vida con Dios.
El Espíritu Santo presente en el alma del cristiano, lo hace
partícipe de la naturaleza divina y lo une en comunión íntima de vida con el
Padre y con el Hijo, que no puede romper ni la muerte (Cfr. Jn. 14,23),
El Espíritu Santo sana al hombre de sus debilidades y
enfermedades espirituales; 1-o libra de la servidumbre de las pasiones- y del
inmoderado amor de sí mismo, dándole fuerza para guardar la ley divina; lo
robustece con la esperanza y la fortaleza; lo ilumina en la prosecución del
bien; y le da frutos de calidad, de alegría, paz, paciencia, benignidad,
bondad, longanimidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia y castidad
(Gal. 5,22-23). -
De aquí que el Espíritu Santo sea invocado como huésped
del alma.
La liberación del pecado y la inhabitación de Dios en el
alma es la gracia. Cuando se dice que el pecador es justificado por Dios, que es
vivificado por el Espíritu de Dios, que posee en sí la vida de Cristo O: que
tiene la gracia, estamos utilizando un lenguaje que, con distintas palabras,
significa la misma cosa, es - decir: morir al pecado, hacerse partícipe de la
divinidad del Hijo por el Espíritu de adopción y entrar en íntima comunión
dé vida con la Santísima Trinidad.
El hombre de la historia de la Salvación es el hombre
ordenado a la gracia de la adopción filial y a la vida eterna. La Antropología
cristiana encuentra su índole verdadera y propia en la gracia de Cristo
Salvador.
LA LIBERTAD HUMANA Y CRISTIANA
61. La vocación divina del hombre pide de él una respuesta
libre en Jesucristo.
El hombre no puede menos de ser libre. Es propio de su
dignidad y responsabilidad que, siendo dueño de sus acciones, guarde la ley.
natural y la ley de la gracia y adherirse a Dios que se reveló en Cristo. La
libertad del hombre caído quedó de tal manera herida, que no puede cumplir las
obligaciones de la ley natural por mucho tiempo, sin el auxilio de la gracia
divina; pero la gracia eleva y fortalece de tal manera su libertad que viviendo
en la carne, está en capacidad de vivir santamente en la fe de Jesucristo (Cfr.
Gal. 2,20).
Misión de la Iglesia es promover y defender el verdadero
sentido de la libertad y su recto uso contra cualquier coacción injusta. Ella,
además, la defiende de sus negadores que sostienen que la actividad del hombre
depende totalmente de determinismos psicológicos y de acondicionamientos
económicos, sociales, culturales y otros por el estilo.
No niega, sin embargo, la Iglesia que la libertad aún
ayudada por la divina gracia, está expuesta a graves dificultades psicológicas
y al influjo de las condiciones externas en que cada uno vive; de manera que la
responsabilidad humana no pocas veces se disminuye y, aún más, casos hay en
que casi desaparece, o desaparece totalmente.
También tiene en cuenta la Iglesia las investigaciones y el
progreso moderno de las ciencias antropológicas acerca del uso y de los
límites de la libertad humana. Por todo esto, se preocupa en educar y cultivar
la genuina libertad, 1-o mismo que procurar en el campo psicológico, social,
económico, político y religioso las condiciones convenientes para el verdadero
y justo ušo de la libertad.
Los cristianos, por tanto, deben trabajar con dedicación y
sinceridad en el orden temporal de las cosas para que en lo posible se den las
mejores condiciones para el ejercicio de la libertad. -
Es este un compromiso que ellos comparten con todos los
hombres de buena voluntad, aunque deben también saber que esta obligación les
urge a ellos por razones más válidas y apremiantes; pues no se trata de
promover solo un bien terrenal, sino el bien inestimable de la gracia y la
salvación eterna.
EL PECADO DEL HOMBRE
62. Las condiciones históricas y ambientales no son, sin
embargo, el principal obstáculo a la libertad del hombre: el más grande
obstáculo que ‘tiene el hombre para adherir libremente a la obra de la
salvación es el pecado.
"Creado por Dios en la justicia, el hombre sin embargo,
por instigación del demonio, en el propio exordio de la historia, abusó de su
libertad, levantándose contra Dios y pretendiendo alcanzar su propio fin al
margen de Dios" (GS. 13). "Por un hombre entró el pecado en el mundo
y por el pecado la muerte y así la muerte alcanzó a todos los hombres, por
cuanto todos pecaron" (Rom. 5,12). "La naturaleza humana caída,
destituida de la gracia que antes la enriquecía, herida en sus fuerzas
naturales y sometida al imperio de la muerte es trasmitida a todos los hombres,
por lo cual todo hombre nace en pecado" (Paulo VI, Profeso fidei ri. 16.
AAS. 1968, p. 439).
El pecado se ha hecho una dolorosa experiencia de los hombres
y es causa de muchos sufrimientos y ruina. Ni hay que olvidar la doctrina acerca
de la naturaleza y los efectos del pecado personal con el que el hombre viola,
consciente y libremente, la ley moral y ofende gravemente en cosas graves a
Dios.
La historia de la salvación es también historia de
liberación del pecado. Todas las intervenciones de Dios desde el Antiguo hasta
el Nuevo Testamento tienen también la finalidad de dirigir al hombre en la
lucha contra las fuerzas del mal; la misión histórica de Cristo se endereza a
la destrucción del pecado y se realiza en el misterio de la cruz.
La penetrante reflexión de S. Pablo (Rom. 5) sobre la
realidad del pecado y sobre la consiguiente "obra de justicia" de
Cristo, constituye un aspecto fundamental de la fe cristiana, que no puede ser
callado en la catequesis.
Sin embargo la salvación traída por Cristo va mucho más
allá de la redención del pecado. Ella es de hecho la realización del designio
de Dios de comunicarse en Jesucristo con una riqueza que trasciende toda
comprensión; es un designio que no se detiene ante la culpa de los hombres,
sino que les confiere una gracia sobreabundante con respecto a la muerte causada
por el pecado (Rom. 5, 15-17).
Esta iniciativa de amor, por la cual los hombres son llamados
a participar, por medio- del espíritu de Cristo, a la misma vida de Dios, es
siempre eficaz y actual en todos los tiempos. El hombre, aún pecador, queda
siempre incluido en el único orden querido por Dios es decir el de comunicare
benévolamente a nosotros en Cristo Jesús y por eso, movido de la gracia puede
obtener la salvación por la conversión.
LA VIDA MORAL DE LOS CRISTIANOS
63. Cristo confió a sus apóstoles la tarea de enseñar a
observar todas las cosas que él había enseñado (Mt. 28,20). Por eso la
catequesis no comprende solamente las verdades que hay que creer sino también
las cosas que hay que hacer.
La vida moral del cristiano, es decir el modo de vivir
conforme a su dignidad de hombre y de hijo adoptivo de Dios, es el compromiso de
vivir y crecer, bajo la gula del Espíritu Santo en la vida nueva comunicada por
Jesucristo.
La vida moral del cristiano es guiada por la gracia y los
dones del Espíritu Santo: "El amor de Dios se ha difundido en nuestros
corazones con el Espíritu Santo que nos fue dado" (Rom. 5,5).
La docilidad al Espíritu Santo conlleva la fidelidad a los
mandamientos de Dios, como también a las leyes de la Iglesia y a las leyes
civiles justas.
- La libertad cristiana tiene ‘también necesidad de ser
orientada y guiada en sus realizaciones concretas. Por eso la conciencia de los
fieles, aunque guiada por la virtud de la prudencia, debe someterse al
magisterio de la Iglesia, al cual le toca exponer auténticamente el orden moral
objetivo.
Es necesario también que el cristiano conozca la existencia
de normas morales absolutas que obligan siempre y a todos. Por este motivo los
santos han dado testimonio de Cristo aún con actos heroicos de virtud, y los
mártires han afrontado los tormentos y la muerte para no negarlo.
LA PERFECCION DE LA CARIDAD
64. La acción del Espíritu de Cristo se expresa bien cuando
se pone a la luz la originalidad propia de la moral cristiana, que consiste en
resumir y centrar todo compromiso ético, preceptos y consejos, en aquel
elemento que es como su alma, os decir en una fe que obra en la caridad (Gal.
5,6).
El hombre es llamado a aceptar libremente en toda
circunstancia el designio de Dios Esta es "la obediencia de la fe por la
que el hombre se entrega entera y libremente a Dios" (DV. 5). Y puesto que
Dios es amor y su designio es comunicar en Jesucristo su amor y hacer de la
humanidad una comunión en el amor recíproco, aceptar libre y perfectamente a
Dios y a su designio significa decidirse por una vida inspirada por el amor en
la observancia de los mandamientos, es decir aceptar y vivir como mandamiento
nuevo el compromiso de la caridad,
El hombre es llamado por tanto a decidirse en la fe por una
vida de caridad hacia Dios y los otros hombres: aquí está su máxima
responsabilidad y su altísima dignidad moral. La santidad del hombre,
cualquiera sea Su estado de vida a que ha sido llamado, consiste en la
perfección de la caridad (LOE 29-42).
LA IGLESIA PUEBLO DE DIOS E INSTITUCION SALVIFICA
65. La Iglesia instituida por Cristo, nació de su muerte y
Resurrección. Ella es el nuevo Pueblo de Dios, preparado en la Historia de
Israel, pueblo que Cristo vivifica y hace crecer con la efusión de su espíritu
y que continuamente renueva y dirige con sus dones jerárquicos y carismáticos;
"pueblo reunido en la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu
Santo" (LG. 4).
Por eso la Iglesia en cuanto Pueblo de Dios, sociedad de los
Pueblos, comunión de los hombres en Cristo, es obra del amor salvífico de Dios
en Cristo.
Los principios que generan y forman los fieles,
constituyéndolos en comunidad es decir el depósito de la fe, los sacramentos,
los ministerios apostólicos, pertenecen a la Iglesia Católica. A ella le han
sido encomendados y dan origen a las actividades eclesiales. En otras palabras,
la Iglesia posee todos los medios necesarios para reunirse y llevar a plena
madurez 1a comunión de los hombres en Cristo.
Esta obra no es fruto solamente de la acción trascendente de
Dios, del trabajo invisible de Cristo y de su Espíritu, sino también de
instituciones, de poderes y de acciones salvíficas propias de la Iglesia. Por
eso ella además de sociedad de los fieles es también su madre, en virtud de su
acción ministerial y salvífica.
La Iglesia es el pueblo santo de Dios que participa de la
misión profética de Cristo (Cfr. LG 12) y congregado por la palabra de Dios,
la acoge y la proclama a todo el mundo. Es un pueblo sacerdotal: "Cristo
Señor, Pontífice, tomado de entre los hombres, hizo un pueblo nuevo un reino y
sacerdotes para Dios su Padre. (Ap 1,6). Los bautizados en efecto, son
consagrados por la regeneración y la unción del Espíritu Santo como casa
espiritual y sacerdocio santo para que, por toda obra del hombre cristiano
ofrezcan sacrificios espirituales y anuncien el poder de Aquél que los llamó
de las tinieblas a su admirable luz" (LG. 10).
Pero la Iglesia es una sociedad especialmente jerárquica; es
un pueblo conducido por sus pastores unidos al sumo Pontífice, Vicario de
Cristo y sujetos a El (Cfr. LG. 22). A estos pastores miran los fieles con amor
y obsequiosa obediencia. Es un pueblo que peregrina hacia la plenitud del
misterio de Cristo.
La presencia del Espíritu Santo en la Iglesia, mientras por
una parte asegura indefectiblemente las condiciones objetivas necesarias a su
encuentro santificante con Cristo, por la otra hace que ella en sus miembros y a
causa de sus miembros y en sus estructuras contingentes tienda continuamente a
la purificación y renovación. -
LA IGLESIA COMO COMUNION
66. La Iglesia es una comunión; de esta verdad ha adquirido
ella una renovada conciencia en el Concilio Vat. II. -
La Iglesia es un pueblo congregado por Dios y estrechamente
unido por vínculos espirituales. Su estructura pide diversidad de dones y de
funciones, pero esta diversidad, aunque no sea simplemente de grado sino de
esencia —como en el caso del sacerdote ministerial y el sacerdocio común de
los fieles— no quita la radical y constitutiva igualdad de las personas.
"Uno es pues el Pueblo de Dios escogido: ‘un Señor, una sola fe un solo
bautismo’, (Ef. 4,5); común es la dignidad de los miembros por su
regeneración en Cristo, común la gracia de los hijos, común la vocación a la
perfección, una sola salvación, una sola esperanza e indivisible caridad...
Aún cuando algunos por voluntad de Cristo han sido constituidos doctores,
dispensadores de los misterios y pastores para los demás, existe una auténtica
igualdad entre todos en cuanto a la dignidad y a la acción común de todos los
fieles en orden a la edificación del Cuerpo de Cristo" (LG. 32).
En la Iglesia por tanto toda vocación es digna de honor y un
llamado a la plenitud del amor; toda persona tiene una consistencia sobrenatural
que merece respeto; toda función y todo carisma, aún, cuando algunos son
objetivamente más excelentes que otros (Cfr. 1 Cor. 12, 31; 7,38), cooperan al
bien de todos con una favorable multiformidad de expresiones que el ministerio
apostólico debe coordinar y discernir (CIr. LG. 12).
Esto vale también para toda la Iglesia particular, en cada
una de ellas, por pequeña, pobre y, dispersa que sea, "está presente
Cristo, en virtud del cual se congrega la Iglesia una, santa, católica y
apostólica" (LG. 26). -
Los fieles católicos deben ser solícitos por los cristianos
separados, que no viven en comunión plena con la Iglesia católica, orando por
ellos, hablándoles de las cosas de la Iglesia, pro moviendo con ellos los
primeros contactos. Pero, ante todo, cada uno según su propia condición, deben
los católicos considerar con sinceridad y diligencia lo que hay que renovar y
hacer en la familia católica a fin de que su vida dé un testimonio más fiel y
más claro de la doctrina y de las instituciones trasmitidas por Cristo a
través de los apóstoles (Cfr. UR. 4,5).
LA IGLESIA COMO INSTITUCIÓN DE SALVACION
67. La Iglesia se presenta no solo como comunión de hermanos
que tienen por cabeza a Cristo, sino también como institución a la cual ha
sido confiada una misión salvífica universal. El Pueblo de Dios
"instituido por Cristo para ser comunión de vida, de caridad y de verdad,
se sirve también de él como instrumento de la redención universal y lo envía
a todo el universo como luz del mundo y sal de la tierra" (LG. 9), -
Por esta razón el Vaticano II presenta a la Iglesia como
realidad que abraza a toda la Historia, asume todas sus culturas y las ordena a
Dios y está constituida por la acción del Espíritu de Cristo "Sacramento
Universal de Salvación". Pero la presenta también como Iglesia que
entabla diálogo con el mundo, que dócil a los signos del tiempo descubre los
puntos de interés y de entendimiento entre los hombres, y que además se
preocupa de hacerse inteligible y reconocible y de despojase de aquellas formas
que resultan menos evangélicas y demasiado marcadas con el sello de épocas ya
superadas.
La Iglesia no es ciertamente de este mundo, "no se mueve
por intereses terrenos" (GS. 3) será perfecta sólo en el cielo hacia
donde mira y marcha; y sin embargo es solidaria con el mundo y con su historia.
"La gran solicitud de la Iglesia, Esposa de Cristo, sigue de cerca las
necesidades de los hombres, es decir, sus alegrías y esperanzas, dolores y
trabajos, no es otra cosa sino el deseo que la impele vehementemente a estar
presente a ellos ciertamente con la voluntad de iluminar a los hombres con la
luz de Cristo, y de congregar y unir a todos en aquel que es su único Salvador.
Pero jamás debe interpretarse esta solicitud como si la Iglesia se acomodase a
las cosas de este mundo, o que disminuya el ardor con que ella espera a su
Señor y el Reino eterno" (Pablo VI, Professio Fidei n. 27, AAS, 1965, p.
444).
MARIA MADRE DE DIOS, MADRE Y MODELO DE LA IGLESIA
68. Unida inefablemente al Señor está María, siempre
Virgen, su Madre que "ocupa en la Santa Iglesia, después de Cristo, el
puesto más alto y el más cercano a nosotros" (LG. 54).
El don del Espíritu de Cristo se manifiesta en ella de
manera singularisima, porque María es la "llena de gracia" (Lc, 1,28)
y es el "modelo de la Iglesia" (LG. 63).
En ella, preservada de toda mancha de pecado original, libre
y totalmente fiel al Señor, asumida a la gloria celeste en alma y cuerpo, el
Espíritu Santo ha manifestado ya plenamente su obra. -
Ella "se asemeja de la manera más plena a su Hijo,
Señor de los Señores y vencedor del pecado y de la muerte" (LO 59). Madre
de Dios y "madre nuestra en el orden de la gracia", (LG. 61), figura
de la virginidad y maternidad de toda la Iglesia, (LG. 63-65), signo de
esperanza cierta y de consolación para el pueblo de Dios peregrinante (LOE 69),
"reúne en sí y en cierto modo refleja las supremas verdades de la
fe" y "atrae a los creyentes a su Hijo, a su sacrificio, y al amor del
Padre" (LG. 65).
Por eso la Iglesia que honra a los fieles y a los santos que
están ya cerca del Señor e interceden por nosotros (LG. 49,50), venera de modo
especialísimo a la Madre de Cristo y madre suya.
LA COMUNION FINAL CON DIOS
69. En Jesucristo y por su misterio, los creyentes esperan
con esperanza ya desde esta vida terrena "al Señor nuestro Jesucristo, que
transfigurará nuestro cuerpo humilde para conformarlo a su cuerpo
glorioso" (Fil. 3,21; 1 Cor. 15). -
Pero las últimas realidades de la Historia de la salvación
se evidenciarán y perfeccionarán solamente cuando Cristo venga con poder, juez
de vivos y muertos, a culminar la Historia y entregar su pueblo al Padre, de
manera que "Dios sea todo en todos" (1 Cor. 15,24-28).
"Hasta que el Señor no venga revestido de majestad y
acompañado de sus ángeles, y, destruida la muerte, le sean sometidas todas las
cosas, de sus discípulos unos peregrinan en la tierra, otros ya difuntos se
purifican; otros finalmente, gozan de la gloria, contemplando claramente a Dios
uno y trino, tal como es" (LG. 49).
Toda la Iglesia el día de la venida del Señor llegará a su
perfección y entrará en la plenitud de Dios: este es el objeto fundamental de
la esperanza y de la oración cristiana ("venga tu reino").
La catequesis sobre los novísimos, mientras por una parte
debe darse bajo el signo de la consolación, de la esperanza y de un saludable
temor (1 Tes. 4,18), de todo 1-o cual sienten una gran necesidad los hombres de
nuestro tiempo, por la otra debe ser completamente fiel a la verdad. Porque no
es lícito disminuir la grave responsabilidad de cada uno con respecto a su
suerte futura.
La catequesis no puede callar ni el juicio particular
después de la muerte, ni las penas expiatorias del purgatorio, ni la triste y
luctuosa realidad de- la muerte eterna, ni el juicio final. Ese día todos los
hombres alcanzarán plenamente su suerte, pues todos comparecerán "ante el
tribunal de Cristo para recibir cada uno la retribución de sus obras buenas o
malas" (2 Cor. 5,10) e "irán los que hicieron el bien -a la
resurrección de la vida y los que hicieron el mal a la resurrección de
condena". (Jn. 5, 29 LO. 48).
PARTE IV
ELEMENTOS DE METODOLOGIA
SIGNIFICADO Y FINALIDAD DE ESTA PARTE
70. En este siglo los catequistas han profundizado los
problemas metodológicos presentados por las ciencias psicológicas, didácticas
y pedagógicas. Pues en verdad se ha emprendido el estudio del método de la
lección de catecismo; se ha precisado el papel de los métodos activos en la
catequesis; se ha analizado el acto catequístico según las leyes del
aprendizaje (la experiencia, la imaginación, la memoria, la inteligencia); se
ha elaborado una metodología diferencial según las edades, los ambientes
sociales, el grado de desarrollo psíquico del sujeto.
Ahora no nos vamos -a enfrentar a todos estos problemas,
expondremos solamente algunos puntos que revisten particular importancia. Los
Directorios e instrumentos de trabajo nacionales tratarán estos problemas de
manera apropiada y específica.
EL PAPEL DEL CATEQUISTA
71. Ninguna metodología, por experimentada que sea
dispensará al catequista de un esfuerzo personal de asimilación y de
adaptación a las circunstancias concretas. Más que la elección de un buen
método, son las buenas cualidades humanas y cristianas las que aseguran el buen
éxito.
El papel de catequista es mucho más importante que el de los
textos y otros instrumentos de trabajo (Cfr. AG. 17).
Sin embargo, esta grandeza e importancia no impiden que
consideremos las limitaciones del catequista. El debe industriarse para escoger
y crear las condiciones más adecuadas para que el - mensaje cristiano sea
pedido, acogido y profundizado. Hasta aquí llega la tarea del catequista y
aquí termina. En efecto, la adhesión al mensaje cristiano por parte del
catequizando, que es fruto de la gracia y de la libertad, en último análisis
no depende del catequista; y por eso es necesario que la actividad del
catequista vaya acompañada de la oración.
Esta aclaración es obvia, pero es también útil en el
contexto contemporáneo que pide mucho del talento y del genuino celo cristiano
del catequista y al mismo tiempo exige en él el máximo respeto por la libertad
y creatividad de los catequizados.
EL METODO INDUCTIVO Y DEDUCTIVO
72, El método inductivo ofrece grandes ventajas.
Este método consiste en la presentación, en la
consideración y el examen de los hechos (acontecimientos bíblicos, actos
litúrgicos, eventos de la vida de la Iglesia y de la vida cotidiana) a fin de
descubrir el significado que ellos puedan tener en el misterio cristiano.
Este método es conforme a la economía de la revelación;
corresponde además a una de las más profundas instancias del espíritu humanó
que es la de llegar al conocimiento de las cosas inteligibles por las cosas
visibles; y es conforme también a las características del conocimiento de la
fe, que es conocimiento por medio de los signos.
El método inductivo no excluye, antes bien exige el método
deductivo, que explica y describe los hechos procediendo desde sus causas. Pero
la síntesis deductiva tendrá pleno valor sólo cuando se haya hecho el proceso
inductivo.
LAS FORMULAS
73. Las ventajas del método inductivo entre las cuales
destaca el ejercicio activo de las facultades espirituales y la referencia
continúa a la realidad concreta al explicar los conceptos difíciles, no nos
deben llevar al olvido de la necesidad y utilidad de las fórmulas.
Las fórmulas permiten expresar de una manera cuidadosa los
pensamientos y son por tanto útiles para una exposición exacta de la fe, y,
aprendidas de memoria, favorecen una posesión estable de la verdad. Y por
último, hacen posible que los fieles tengan una manera común de hablar.
Ordinariamente las fórmulas se utilizan y se explican cuando
la lectura o la investigación han llegado -a una síntesis.
Es necesario escoger aquellas fórmulas que expresen
fielmente la verdad de la fe y sean adaptadas a la capacidad de los oyentes. No
se debe olvidar que las fórmulas dogmáticas constituyen una verdadera
profesión de la doctrina católica y, por tanto, se deben acoger por los fieles
en el sentido que las ha entendido y entiende la Iglesia. (Cfr. Vat. 1, Const.
Dog. Dei Filius, Dz. 3020, 3043).
Las fórmulas tradicionales que se usan para expresar la fe y
para orar, como el Símbolo de los Apóstoles, el Padre Nuestro, y el Ave María
y otros semejantes, se deben enseñar cuidadosamente.
LA EXPERIENCIA
74. a) la experiencia hace nacer en el hombre intereses e
interrogantes, esperanzas y ansiedades, reflexiones y juicios que confluyen en
un cierto deseo de transformar el modo de vivir.
La catequesis debe por tanto preocuparse para orientar la
atención de los hombres hacia sus experiencias de mayor importancia, tanto
personales, como sociales; y debe también esforzarse por poner a la luz del
evangelio los interrogantes que surgen de tales situaciones, de manera que se
estimule en los hombres un justo deseo de transformar la propia manera de vivir.
En este aspecto la experiencia ayuda al hombre a comportarse
de una manera activa frente al don de Dios.
b) La experiencia puede favorecer la inteligibilidad del
mensaje cristiano.
El mismo Señor Jesucristo predicó el Reino de Dios
ilustrando su sentido con parábolas tomadas de la experiencia humana. Jesús
evocó ciertas situaciones humanas (el mercader que hace un buen negocio, los
sirvientes que hacen fructificar más o menos el dinero recibido en depósito,
etc.) para explicar la realidad escatológica y trascendente, y para insinuar la
actitud que se debe tomar frente a tales realidades.
Desde este punto de vista la experiencia es un instrumento
para explorar y asimilar las verdades contenidas en el depósito de la
revelación.
c) La experiencia considerada en sí misma debe ser iluminada
por la revelación, la catequesis debe ayudar a los hombres a explorar,
interpretar y juzgar sus experiencias y a darle un sentido cristiano a su
existencia poniendo de relieve la acción de Dios que opera nuestra salvación.
Bajo este respecto la experiencia se hace un objeto que el
catequista debe interpretar e iluminar. Esta tarea, que no carece de
dificultades, no puede ser descuidada.
DESARROLLO DE LA ACTIVIDAD Y DE LA CREATIVIDAD DE LOS
CATEQUIZANDOS
75. Toda enseñanza y toda verdadera comunicación humana
requieren que se haga posible y se suscite una actividad interior en aquel a
quien se dirigen. En la catequesis, por tanto, se debe suscitar la actividad de
fe (también de esperanza y caridad); puesto que la rectitud y la capacidad de
juicio que una enseñanza activa debe suscitar, están aquí al servicio de la
acogida de la Palabra de Dios. El optimismo sobre las posibilidades humanas, que
es propio de toda educación activa, no debe hacernos olvidar que el acto de fe
envuelve necesariamente la conversión de la persona.
- Esto supuesto, es claro que la dimensión activa de la
catequesis está en plena conformidad con la economía de la revelación y de la
salvación. Una pedagogía que favorece una respuesta activa de los catequizados
es conforme al estado ordinario de la vida cristiana en 1-a cual los creyentes
responden activamente al don de Dios por medio de la oración, la participación
de los sacramentos y la liturgia, el compromiso eclesial y social, y el
ejercicio de la caridad.
Los catequizandos, sobre todo cuando se trata de adultos,
pueden contribuir activamente al desarrollo de la catequesis. Por eso,
pregúnteseles cómo han entendido el mensaje cristiano y con qué palabras lo
podrían reexpresar. Compárese luego el resultado de esta pregunta con lo que
enseña el magisterio y reténgase sólo lo que es conforme a la fe.
De esta manera se podrán encontrar colaboraciones válidas
para expresar de modo eficaz el único y verdadero mensaje cristiano.
LOS GRUPOS
- 76. El grupo toma una importancia creciente en la
catequesis-
En la catequesis de los niños el grupo responde a la
función de favorecer su educación para la vida social, sea que se trate de
niños que siguen juntamente las lecciones de catecismo, sea que se trate de
pequeños grupos dedicados a la realización de alguna actividad.
Para los adolescentes y los jóvenes el grupo debe
considerarse como una necesidad vital. En el grupo el adolescente y el joven se
conocen y se sienten sostenidos y estimulados.
Entre los adultos el grupo se puede considerar hoy como
condición para una catequesis que se proponga crear un sentido de
corresponsabilidad cristiana.
En los grupos que se componen de adolescentes y adultos la
catequesis asume las características propias de una investigación común.
Esta investigación común consiste en explorar las
relaciones y los vínculos que se dan entre el contenido objetivo del mensaje
cristiano, que es siempre norma de fe y de acción, y la experiencia del grupo.
El catequista debe tomar parte en la investigación común;
pero tiene en el grupo un puesto específico que es el de ser a nombre de la
Iglesia, testigo del mensaje, es decir, hombre que sirve y comunica a los otros
los frutos de su fe madura y promueve con inteligencia la investigación común
con vistas al fin que hay que alcanzar.
Este papel de testigo del mensaje no implica que el
catequista sea dirigente del grupo.
El grupo que alcanza un buen nivel de funcionamiento puede
ofrecer a sus miembros no solamente una ocasión de instrucción religiosa, sino
también una magnífica experiencia de vida eclesial.
La catequesis en grupo podrá mostrar a los jóvenes que La
Iglesia no es algo extrínseco a su existencia, sino más bien una realidad de
la cual todos somos responsables, cada uno según su propia vocación y su
propio ministerio.
PARTE V
LA CATEQUESIS SEGUN LA EDAD
SIGNIFICADO Y FIN DE ESTA PARTE
77. Muchos son los caminos por los cuales puede la catequesis
hacer llegar el mensaje cristiano de manera adecuada a las circunstancias del
hombre. -
Si se considera la acción misionera, está el camino de la
evangelización, de la iniciación de los catecúmenos y de los neófitos.
Si se pone el acento sobre el desarrollo físico y psíquico
de los catequizandos, se tiene la catequesis según la edad.
Si se tienen presentes los ambientes socio culturales, se
tiene la catequesis según las mentalidades: (catequesis a los obreros, a los
técnico. s etc.).
Si por último, se atiende a las actitudes que los bautizados
pueden asumir frente a la fe, se tiene la catequesis para los creyentes que
quieren una mayor profundización de las verdades de la catequesis, o bien para
los que todavía andan a la búsqueda de los verdaderos fundamentos de la fe.
Es evidente que todas estas vías que se enlazan entre sí y
dependen la una de la otra, tienen su valor y su importancia.
Tocará a los Directorios Catequísticos nacionales y
regionales dar al respecto orientaciones específicas y precisas sobre la base
de las condiciones concretas y las necesidades locales.
- Aquí, a manera de ejemplo, se proponen solamente algunos
elementos generales, que quieren mostrar el valor y la importancia de la
catequesis según la edad.
LA INFANCIA
78. Los comienzos de la vida religiosa y moral se manifiestan
ya desde el amanecer de la vida humana. En una familia de creyentes los primeros
meses y años de la vida, que son de particular importancia para el equilibrio
del hombre futuro, pueden dar ya las condiciones para una personalidad
cristiana.
El Bautismo de los niños asume todo su significado cuando la
vida cristiana de los padres —de la madre en modo particular pero no exclusivo—
ofrece a la gracia bautismal la posibilidad de dar su fruto. El niño, en
efecto, asimila como por "ósmosis", los modos de actuar y los
sentimientos familiares. Así se va acumulando en él todo un complejo de
experiencias que
constituyen un cierto fundamento de la vida de fe que más
adelante será explicitada y se hará más evidente.
- - La disposición a la fe se apoya inicialmente sobre la
relación del amor que el niño tiene con la madre, y más adelante también con
el padre; se nutre de la participación de la alegría y de la experiencia de
una autoridad aceptada en el amor.
- De esta disposición inicial depende en parte la evolución
normal de las virtudes teologales, mientras al mismo tiempo ellas contribuyen a
consolidarla. En este período empieza a afirmarse la personalidad, es decir la
autonomía, necesaria para la adquisición de las virtudes morales y para la
integración en la vida comunitaria. Ella exige equilibrio entre la firmeza y la
tolerancia. Después vendrá la aptitud para la iniciativa espontánea base
indispensable para la vida social y para el compromiso en el servicio de Dios y
de Iglesia.
La aparición de estas actitudes debe ir acompañada de la
educación para la oración. El niño debe aprender a invocar a Dios que nos ama
y nos conserva; a Jesús Hijo de Dios y hermano nuestro que nos conduce al
Padre; al Espíritu Santo que habita en nosotros y a María, Madre de Jesús y
Madre nuestra.
Si estas bases llegan a faltar, es necesario que la
catequesis descubra si hay y cuáles son las deficiencias y cómo se podrán
remediar. Mediante una formación adecuada se ayudará a los padres cristianos a
realizar su tarea educativa de una manera más apropiada y adaptada; esta
formación aún impartida de una manera sencilla y adaptada a su cultura, debe
confiarse a educadores competentes. Esta obligación, propia de los pastores, no
debe ser considerada por ellos como de supererogación:
cuando se ayuda a los padres a cumplir bien su misión, se
edifica la Iglesia, además de que este trabajo es una magnífica ocasión para
la catequesis de adultos,
LA NIÑEZ
79. Cuando el niño empieza a frecuentar la escuela, entra a
formar parte de una sociedad más vasta que la familia, e inicia en una forma
intensa, que absorbe una parte notable de sus energías y de sus intereses, la
vida en la sociedad de los adultos. En la escuela hace él sus primeras
experiencias de trabajo (Cf. GE. 5).
Primero la relación del muchacho con el Pueblo de Dios se
realizaba por medio de la familia: ahora en cambio puede comenzar una
participación directa en la vida de la Iglesia y puede ser admitido a los
sacramentos.
El muchacho se desarrolla gradualmente en sus capacidades
intelectuales y la catequesis se debe adaptar a este progreso mental. El busca
una explicación de la vida religiosa de los adultos: y la vida genuinamente
cristiana de la comunidad de los adultos se le ofrece de una manera
verdaderamente didáctica, cuando la vida religiosa de los adultos y las
actividades del Pueblo de Dios se explican a la luz de la Historia de la
salvación.
La primera experiencia no debe considerarse como extraña a
los fines de la catequesis. La alegría de hacer y de hacer bien, la
cooperación con los otros, el sentido de la disciplina clara y razonable que de
allí nace, deben considerarse como otras tantas experiencias útiles no sólo
para la integración en la sociedad, sino también para la participación en la
vida activa de la Iglesia.
Siguiendo estos criterios, la pedagogía catequística, sea
cual sea el método que se siga, procurará suscitar la actividad del muchacho.
Si esto no se logra, la catequesis no realizaría su tarea de enseñar al
creyente a responder de una manera siempre más personal a la Palabra y al don
de Dios.
Esta Pedagogía activa no se limitará a expresiones
puramente exteriores, por útiles que estas sean, sino que procurará suscitar
la respuesta interior y el gusto de la oración.
Esta educación de la interioridad se hace hoy más difícil,
pero más necesaria por la índole de la actual civilización que favorece la
dispersión.
La colaboración entre los catequistas y los padres
(intercambio de ideas acerca del programa, los métodos, las dificultades) es
necesaria para que la educación de los chicos tenga un proceso adecuado y
concorde. Esta colaboración es útil tanto a los catequistas como a los padres,
en el sentido de ayuda al ejercicio de sus responsabilidades específicas.
LOS NIÑOS QUE NO FRECUENTAN LA ESCUELA
80. Hay también regiones extensas y a veces bastante
pobladas, donde la organización escolar es insuficiente. En estos casos es
necesario desarrollar una intensa labor pastoral hacia las familias y promover,
en cuanto sea posible, asociaciones varias, oportunamente preparadas que tomen
cuidado de los niños y respondan a las condiciones locales y a las necesidades
espirituales que ellos tienen.
LOS NIÑOS QUE PERTENECEN A FAMILIAS RELIGIOSAMENTE
INDIFERENTES
81. Cada vez se advierte más la dificultad de una catequesis
dirigida a los niños que viven en familias o ambientes donde falta la práctica
religiosa o es notablemente insuficiente. A veces se oyen dudas acerca de la
posibilidad y la conveniencia de esta catequesis.
No se trata evidentemente de renunciar a esta catequesis,
sino de concebirla y adaptarla de manera que resulte adaptada con la situación
ambiental. En estos casos es necesario establecer relaciones con la familia, que
se estudien su mentalidad y sus costumbres, para descubrir los posibles puntos
de contacto para un diálogo.
Conviene también que la catequesis presente un contenido que
sea en verdad proporcionado a las posibilidades concretas de los muchachos.
LA ADOLESCENCIA Y LA JUVENTUD
82. La etapa de la adolescencia y, más todavía el
"fenómeno de la juventud" revisten una importancia crucial (Cfr. AA.
12). En las sociedades preindustriales, escasamente dotadas de escuelas, se
pasaba casi directamente de la niñez a la integración en la comunidad de los
adultos. Hoy en cambio prevalece la práctica de extender para los adolescentes
el tiempo de la obligación escolar; esta práctica da origen en la sociedad a
una generación no integrada en un trabajo directamente productivo, la cual,
aunque se encuentre en pleno vigor físico e intelectual, no desarrolla ninguna
otra actividad fuera del estudio y el aprendizaje de la profesión futura.
Esta clase social ejerce una fuerte presión sobre la
sociedad de los adultos, lo cual comporta no pequeños problemas.
El mismo problema se presenta también en la Iglesia, y no es
menos grave, aunque se presente en formas diversas. Más que el peligro de una
desenfrenada contestación a la Iglesia, existe en estos adolescentes y jóvenes
la tentación de alejarse de la Iglesia. Este es un problema gravísimo para la
catequesis, incluso porque muchas veces los adultos no llegan a entender lo que
de válido pueden ofrecer los adolescentes y los jóvenes.
Los jóvenes serán tanto menos desconfiados cuanto más
capaces se muestren los catequistas de comprender y aceptar su verdadero aporte.
LA PREADOLESCENCIA, LA ADOLESCENCIA Y LA JUVENTUD
83. Es necesario que los Directorios Nacionales distingan la
preadolescencia, la adolescencia y la juventud.
Aquí sólo se quiere recordar que en regiones de cultura
adelantada, donde se pone la cuestión, no siempre se reconocen en la práctica
las dificultades propias de la preadolescencia o se conocen insuficientemente,
El educador puede caer en la tentación de considerar a los preadolescentes como
niños y correr el riesgo de no interesarlos; o podría considerarlos como
adolescentes y por lo mismo proponerles temas y métodos de trabajo que suponen
un desarrollo de la personalidad y una experiencia que ellos no poseen todavía.
La preadolescencia se caracteriza por la aparición laboriosa
de la subjetividad. Conviene por tanto en esta edad no seguir con la enseñanza
simple y objetiva que es propia de los niños; pero al mismo tiempo conviene
evitar que se propongan problemas y temas que son propios de la adolescencia.
Una enseñanza concreta, que ilustre la vida y la obra de los
santos y de los hombres beneméritos y el estudio de la vida actual de la
Iglesia, puede proporcionar en este período un buen alimento.
La juventud propiamente dicha, que sigue a la adolescencia,
es igualmente un período todavía poco estudiado y sus características no han
sido suficientemente reconocidas.
Algunos sostienen que en esta edad debe darse una enseñanza
teológica. Otros prefieren proponer las cuestiones humanas y sociales,
añadiendo argumentaciones teológicas simples y exhortaciones para una conducta
cristiana. La vía preferible parece la de tratar los problemas fundamentales
típicos de esta edad, con una serie de documentación teológica y humana y una
adecuada metodología de la discusión colectiva.
LA BUSQUEDA DEL SENTIDO DE LA VIDA
84. El adolescente advierte en sí mismo profundas
transformaciones físicas y psiquicas y está a la búsqueda de su papel en la
sociedad. Está insatisfecho de la religiosidad de su infancia pero no ha
alcanzado todavía la madurez de fe que es propia del adulto: por eso busca una
orientación fundamental que pueda darle unidad a su vida. Muchas veces esta
búsqueda puede traducirse en una crisis religiosa.
La tarea principal de la catequesis para adolescentes será
por tanto, hacerles descubrir el sentido genuinamente cristiano de la vida, Debe
proyectar la luz del mensaje cristiano sobre las realidades que mayormente
conmueven al adolescente, como el sentido de la existencia corporal, el amor y
la familia, la orientación de la propia vida, el trabajo y el tiempo libre, la
justicia, la paz, etc.
LA ATENCION A LOS VALORES REALES
85. El adolescente procura ordenar su visión de la vida y su
comportamiento en torno a algunos valores fundamentales y primarios. Pero nota
que está inmerso en una marea de valores contradictorios. Este hecho agudiza el
conflicto del adolescente ante los varios valores y lo impele a rechazar
aquellos que él no ve expresados con convencimiento en la manera de vivir de
los adultos.
La catequesis debe ayudar al adolescente a descubrir siempre
más claramente los valores genuinos y ordenarlos según un recto orden de
prioridad.
LA AUTONOMIA DE LA PERSONALIDAD
86, Para lograr la autonomía que desea, el adolescente
exagera muchas veces la afirmación de sí mismo y contesta el ordenamiento
aceptado por los adultos.
Los adultos deben tener en cuenta que el adolescente no
acepta la fe y no se confirma en ella a través de una identificación con
ellos, sino por una decisión personal que madura progresiva. mente.
De esta exigencia de autonomía nace lo que podíamos llamar
"tentación del naturalismo" en virtud de la cual el adolescente
tiende a actuar y conquistarse la salvación con sus propias fuerzas. Esta
tendencia es tanto más fuerte cuanto más marcada es la personalidad.
La catequesis por tanto tendrá la misión de favorecer en el
adolescente la madurez personal que le permita superar toda forma de
subjetivismo y descubrir una renovada confianza en el poder y la sabiduría
divina.
LOS GRUPOS DE ADOLESCENTES
87, Para la búsqueda de la propia autonomía a los
adoles-centes les gusta agruparse entre ellos con el preciso intento de
encontrar la propia identidad personal y defender su independencia de los
adultos. En el ámbito de estos grupos el adolescente es solicitado por los
diversos valores de la vida y es empujado a vivirlos. En la actividad cotidiana
él se entiende mejor con sus iguales que con los adultos.
La catequesis tiene la misión de influir en estas
asociaciones juveniles, que, a su vez, pueden actuar de mediación entre los
jóvenes y toda la comunidad eclesial (Cf r. AA. 12).
Las asociaciones de adolescentes no siempre son portadoras de
valores positivos. Conviene por tanto promover relaciones entre estas
asociaciones y las comunidades cristianas, de modo que los adolescentes puedan
debidamente reconocer y estimar los valores humanos y cristianos que en ellas se
encuentran. (Cfr. AA. 12).
LAS EXIGENCIAS INTELECTUALES
88. El adolescente, por sí mismo, posee el uso
"formal" del raciocinio. Sabe cómo usar rectamente el entendimiento y
descubre que la cultura que se le propone exige de él una posterior reflexión
y una aplicación concreta a la vida.
Si la catequesis quiere suscitar una experiencia de la vida
de fe, no debe descuidar la formación de un modo religioso de pensar que
muestre el nexo que existe entre todos los misterios y entre ellas: el fin
último del hombre (Cfr. Vat. 1, Const. Dei Filius, C. IV. Dz. 3015 - 1020).
Para asegurar la coherencia interior de este modo religioso de pensar, no basta
el testimonio. Hoy se exige en todas partes el rigor científico: la catequesis
por eso debe presentar con cuidado la justificación racional de la fe.
La estructuración intelectual de la fe de los adolescentes
no debe ser retenida como algo complementario, sino como una necesidad esencial
de la vida de fe. El modo de enseñar tiene una particular importancia: el
catequista en diálogo con el adolescente, debe estimular su inteligencia.
LA ACTIVIDAD
89. Para el desarrollo de la personalidad del adolescente es
necesaria la actividad. La liberación del egocentrismo y del subjetivismo pide
un contacto con la realidad bien sea con sus éxitos o con sus fracasos.
La catequesis, a la cual corresponde suscitar una experiencia
personal de fe y agilizar una reflexión ordenada sobre las cosas religiosas,
alcanza su meta cuando conduce a un compromiso cristiano concreto. La catequesis
cristiana debe educar a los adolescentes para que asuman sus propias
responsabilidades y para hacerlos progresivamente capaces de una abierta
profesión cristiana.
LOS ADOLESCENTES QUE NO FRECUENTAN LA ESCUELA
90. Los jóvenes que ejercen un menester o una profesión, y
son muchos, son llevados a un desarrollo acelerado de su personalidad. Esta
precipitada maduración puede venir de una manera ordenada o desordenada, de un
modo completo o incompleto.
De aquí la necesidad de una catequesis específica para esta
categoría de adolescentes. Ella deberá considerar atentamente los problemas
cotidianos más apremiantes, sostener a los jóvenes en el momento en que entran
en el mundo del trabajo y ayudarlos a desplegar una actividad proporcionada a
sus posibilidades, en colaboración con los movimientos católicos.
Además, en la medida en que los jóvenes aprendices
conservan las características y las exigencias propias de los adolescentes, la
catequesis deberá no solamente iluminar su actividad concreta, sino también
llevarlos a acoger todo el plan de Dios.
LOS NIÑOS Y LOS ADOLESCENTES INADAPTADOS
91. Este deber no debe ser considerado como secundario y
marginal. Los niños y adolescentes inadaptados no constituyen una parte
pequeña de la población. Las condiciones de la sociedad moderna muchas veces
hacen difícil el crecimiento equilibrado de los jóvenes y su adaptación en la
sociedad.
La catequesis debe proporcionar a estos jóvenes la
posibilidad de vivir la vida de fe según su capacidad. Este es un deber
eminentemente evangélico y un testimonio de gran relieve, que siempre ha
preocupado a la Iglesia.
La educación de estos jóvenes en la fe constituye un valor
pastoral de gran importancia, aún por el hecho de que ofrece la posibilidad de
contacto con muchas familias. -
En fin hay que considerar que la especial dificultad de esta
misión y la necesidad de presentar solo lo esencial, pueden ofrecer a la
catequesis el beneficio de servirse de los métodos y de las vías que la
investigación pedagógica descubre y pone al servicio de los inadaptados.
LA EDAD ADULTA
92. El presente Directorio General afirma con fuerza la
necesidad de una catequesis de adultos por los siguientes motivos:
a) Los compromisos de la vida social, las responsabilidades
familiares, profesionales, civiles y políticas exigen que los adultos alcancen
una apropiada e idónea formación cristiana a la luz de la palabra de Dios
(Cfr. AA. 29-32). Es necesario que se promueva una acción ordenada entre
aquellos que están comprometidos en la catequesis de los adultos y aquellos que
prestan su colaboración en las diversas formas de apostolado de los laicos.
b) Las aptitudes y la capacidad, que alcanzan su perfección
en la edad adulta, como la experiencia de la vida, la madurez personal, etc.,
deben ser cultivadas e iluminadas por la palabra de Dios.
c) El adulto, además, está llamado a superar ciertas
crisis, que, aún cuando menos ostensibles que las experimentadas - por los
adolescentes, sin embargo no deben juzgarse menos peligrosas ni menos profundas.
En tales momentos su fe debe ser continuamente iluminada, desarrollada y
protegida.
ORIENTACIONES DINAMICAS DE LA EDAD ADULTA. COMUNIÓN Y
SOLEDAD
93. El hombre adulto ordinariamente es más capaz de
comunión y de mutuas relaciones con los otros. -
Esta capacidad y esta exigencia de comunión vienen ejercidas
en el ámbito de las responsabilidades familiares y de las relaciones de la vida
social, las cuales sin embargo pueden ser a la vez instrumento y obstáculo de
comunión.
Muchas veces el hombre, especialmente en la sociedad moderna,
experimenta la soledad.
La catequesis debe mostrar cómo Dios, que es amor, es el
autor de la Iglesia, comunidad de fe, y fomentar el deseo de comunión con todos
los hombres. A los cónyuges recuerda que su unión intima en virtud del
sacramento del Matrimonio, significa y realiza el misterio de unidad y de amor
fecundo que existe entre Cristo y la Iglesia (Cfr. Ef. 5,32).
En el ámbito de las pequeñas comunidades eclesiales la
catequesis deberá ayudar a los adultos a vivir en modo concreto la caridad
cristiana, y deberá demostrar cómo en virtud de la caridad, signo de una
común experiencia, cada uno debe servir de ayuda a los otros en la fe.
EL PERFECCIONAMIENTO DE LA PERSONALIDAD
94. La edad adulta se caracteriza particularmente por la
conciencia de haber llegado a la plena madurez.
El hombre que ha superado con éxito las varias etapas de su
evolución y ha podido establecer relaciones con los otros y ejercer una
actividad creadora, llegado a la edad adulta, trata de recoger en una visión
unitaria todas las experiencias de su vida personal, social y espiritual.
Existe aquí el peligro de que el adulto, especialmente si
pertenece a una sociedad industrial, crea poder realizar esta unidad simplemente
a través de la integración en la sociedad en que vive. Pero la perfecta
madurez personal no consiste solamente en un cierto equilibrio exterior entre la
vida personal y el contexto cultural, sino sobretodo en la conquista de la
sabiduría cristiana.
la catequesis procurará conducir al hombre a respetar el
orden de los fines, o sea, a percibir plenamente el significado de la vida y de
la muerte, a la luz de la muerte y resurrección de Cristo.
DE LA VEJEZ
95. La importancia pastoral de este período de la vida no se
reconoce suficientemente.
En nuestros días aumenta siempre más el número de las
personas ancianas. Y muchas veces son descuidadas en la moderna sociedad. Por lo
que respecta a la actividad pastoral, este es un punto para tenerse muy
presente.
En realidad los ancianos pueden ofrecer grandes servicios a
la comunidad con su laboriosidad no siempre valorada justamente, y con el
testimonio de su experiencia.
Además es un deber de justicia ayudar a los ancianos a
través de la catequesis a prepararse para la muerte que está biológicamente
próxima —en una cierta medida— y socialmente está ya en acto, por el hecho
de que ya no se espera casi nada de su actividad.
La catequesis debe educar a los ancianos a la esperanza
sobrenatural, en virtud de la cual la muerte es considerada como un paso a la
verdadera vida y un ir al encuentro del divino Salvador. De esta manera 1-a
ancianidad puede convertirse en signo de la presencia de Dios, de la
inmortalidad y de la futura resurrección. Es este un testimonio escatológico,
y los viejos pueden darlo con la paciencia hacia sí mismos y hacia los otros,
con la benevolencia, con la alabanza a Dios, con el espíritu de pobreza y la
confianza en Dios.
Sería sin duda un grave daño para la Iglesia si la multitud
de las personas ancianas bautizadas no dieran pruebas de que su fe cristiana
resplandece con luz más fulgida a medida que se avecina la muerte.
FORMAS PECULIARES DE CATEQUESIS PARA ADULTOS
96. Se dan situaciones y circunstancias en las cuales se
imponen formas especiales de catequesis.
a) La catequesis de iniciación en la vida cristiana o
catecumenado de adultos. -
b) La catequesis dirigida a aquellos que están
particularmente comprometidos en el apostolado de los laicos. Es obvio que en
este caso la catequesis debe procurar un profundizamiento especial del mensaje
cristiano.
c) La catequesis que se imparte en ocasiones particularmente
significativas de la vida, como el matrimonio, el bautizo de los hijos, la
primera comunión y la confirmación, los períodos críticos para la educación
de los hijos, la enfermedad etc., son circunstancias en las cuales los hombres
están más motivados para buscar el verdadero sentido de la vida.
d) La catequesis que se imparte con ocasión de los cambios
de condición de vida, como la entrada a un empleo, el servicio militar, la
emigración, el cambio de profesión o de posición social. Estos cambios pueden
llevar consigo un enriquecimiento interior, pero pueden causar también
desorientación y de aliento. La comunidad cristiana debe en estos casos
proporcionar su ayuda fraterna. La palabra de Dios que en estos casos es acogida
con más amplitud debe ser luz y apoyo.
e) La catequesis que se refiere al uso cristiano del tiempo
libre y la que puede impartirse con ocasión de las vacaciones y de los viajes
turísticos (-Cfr. Directorio General para la Pastoral de Turismo, n. 19, 25).
f) La catequesis que se hace con motivo de acontecimiento.
tos particulares en la vida de la Iglesia y de la sociedad.
Estas formas generales de catequesis no deben hacer perder de
vista la necesidad de promover cursos de catequesis en que se estudie de manera
sistemática todo el mensaje cristiano. Esta formación orgánica y ordenada no
puede reducirse a una simple serie de conferencias y de discursos.
LAS TAREAS PROPIAS DE LAS CATEQUESIS DE ADULTOS
97. Para responder a las necesidades más urgentes de nuestro
tiempo, la catequesis de adultos debe:
a) Educar para la apreciación justa de los cambios
sociológicos y cultura s de nuestra sociedad a la luz de la fe. El Pueblo
cristiano’ se da cuenta, cada vez más, de la necesidad de indagar a dónde
puede conducir el progreso de la sociedad actual y discernir cuales sean los
verdaderos valores y peligros de nuestra civilización. El pueblo desea ser
ayudado en la apreciación de esos cambios e ilustrado en cuanto a la actitud
que puede y debe asumir.
b) Aclarar las dudas acerca de las cosas religiosas y
morales. La catequesis debe hacer suyas estas dudas que asaltan a los hombres de
hoy. Por ejemplo: hoy se da mucha importancia a las cuestiones sociales. El
hombre desea imprimir un nuevo curso a la sociedad en que vive. Este esfuerzo de
renovación, en el cual el hombre manifiesta claramente sus responsabilidades y
sus limitaciones (Cfr. Populor. Prog. AAS. 1967, p. 257-299) no puede escapar a
la atención de la catequesis.
- c) Aclarar las relaciones entre la acción temporal y la
acción eclesial. Es tarea de la catequesis educar a los cristianos para
discernir las relaciones recíprocas que hay entre el compromiso temporal .y el
compromiso eclesial. Ella, la catequesis debe poner en evidencia que el
compromiso temporal puede tener beneficiosas repercusiones en la comunidad
eclesial, en cuanto contribuye a hacerla más consciente de su fin trascendente
y de su misión en el mundo. Y debe poner en evidencia que el compromiso
eclesial se traduce en utilidad de la misma sociedad humana. (Cfr. GS. 40-45).
d) Explicar los fundamentos racionales de la fe. La Iglesia,
contra el fideismo, ha defendido siempre los fundamentos racionales de la fe. La
catequesis debe explicar cada vez con más claridad la recta comprensión de la
fe, para demostrar que el acto de- fe y las verdades que creemos son conformes a
las exigencias de la razón humana. Debe demostrar que el Evangelio es
siempre actual y oportuno. Conviene por tanto promover una
pastoral del pensamiento y de la cultura cristiana.
PARTE VI
LA PASTORAL - DEL MINISTERIO DE LA PALABRA
LA ACCION PASTORAL
98. De 1-o que se ha dicho sobre la acción catequística y
sobre el contenido de la catequesis, nace un camino para 1-a acción pastoral
cuyas líneas fundamentales se examinarán en esta sexta parte.
Esta acción requiere órganos adaptados que deben crearse en
el nivel nacional por las Conferencias Episcopales con misión deliberativa, de
investigación y ejecución. En líneas generales estos órganos son: a) La
comisión episcopal para la catequesis, en la cual trabajan miembros elegidos de
oficio, con la colaboración de expertos; b) un órgano ejecutivo permanente
(oficio, centro, etc.).
Para desarrollar por medio de estos órganos y de manera
coherente y eficaz, la pastoral del ministerio de la palabra, es necesario que:
1) se prepare una relación sobre el estado real de la
situación local y sobre las posibilidades
que se ofrecen al - ministerio de la palabra;
2) se publique un programa concreto de acción;
3) se procure la formación y la cultura de los responsables
de esta acción pastoral;
- se preparen los convenientes instrumentos de trabajo- y se provea a su
elaboración;
-
5) se promueva una conveniente organización de la
catequesis;
- se coordine la actividad catequística con los otros sectores de la
pastoral;
-
7) se estimule la investigación;
8) se favorezca la cooperación internacional;
Las indicaciones y sugerencias hechas hasta aquí en - esta
parte no podrán encontrar inmediata y simultánea aplicación en todas las
partes de - la Iglesia. Para aquellas naciones o regiones en las que la acción
catequística no ha alcanzado todavía suficiente desarrollo, estas indicaciones
y sugerencias señalan metas que se irán alcanzando gradualmente.
CAPITULO I
EL ANALISIS DE LA SITUACION
FINALIDAD
99. Es necesario poseer en el ámbito de la Conferencia
Episcopal, una visión clara de la situación en la cual se ejerce el ministerio
de la Palabra.
La finalidad de este análisis es averiguar hasta qué punto
logra su propósito la acción evangelizadora de la Iglesia. Se requiere por
tanto un examen cuidadoso acerca de cómo se ha desarrollado el ministerio de la
Palabra y de los resultados obtenidos —cuanto esto es posible— por la
catequesis o cualquiera otra forma de presentación del mensaje cristiano.
Habrá que verificar cuáles son las iniciativas de la
Iglesia, cómo son éstas acogidas, dónde, por quiénes, y con qué frutos,
etc.
OBJETO
100. El objeto de esta investigación es complejo. Abraza el
examen de la acción pastoral y el análisis de la situación religiosa y de las
condiciones socioculturales y económicas en cuanto procesos colectivos que
pueden tener profundas repercusiones sobre la difusión del Evangelio.
MODALIDAD
101. En este trabajo que presenta notables dificultades, es
necesario ante todo apuntar dos peligros:
a) Tomar centro seguros algunos datos no suficientemente
analizados y verificados;
b) exigir un estudio de tanta perfección científica que
resulte irrealizable.
Habrá que tener también presente que las investigaciones
técnicas, hechas bajo forma de cuestionarios y encuestas, ofrecen resultados de
escaso valor si no van precedidas de una cuidadosa reflexión sobre las varias
formas de acción pastoral que pueden adoptarse. Por tanto lo que parece más
necesario a la Conferencia Episcopal es una visión integral de la situación
que
puede obtenerse consultando a personas verdaderamente
expertas en el examen de los documentos disponibles y sacando las debidas
conclusiones de la actividad pastoral ya comenzada.
Sobre este punto los estudios monográficos pueden ofrecer
una ayuda de gran utilidad.
En el estudio de la situación debe colaborar toda la
comunidad cristiana para que esté consciente de los problemas y se disponga a
la acción.
RESULTADOS
102. El análisis de la situación no es fin en si mismo,
pero debe iluminar las actividades más válidas y abrir el camino para
adoptarlas, bien sea incrementando las ‘obras e iniciativas cuya eficacia se
ha comprobado, bien sea promoviendo otras nuevas. En verdad se trata de prever y
preparar lo que es necesario para el futuro.
Esta investigación debe también convencer a los que
trabajan en el ministerio de la palabra que las situaciones humanas son
ambivalentes por lo que respecta a la acción pastoral. Es necesario por tanto
que los obreros del Evangelio aprendan a descubrir las posibilidades que se
ofrecen a su iniciativa en una situación siempre nueva y distinta.
Hay el peligro de que el descubrimiento de las dificultades
nos lleve a la conclusión de que la acción pastoral es imposible, cuando al
contrario, todos debemos estar convencidos que las realidades culturales no son
datos inertes, inmutables, unívocos, frente a los cuales la gracia y la
actividad pastoral queden reducidas a la impotencia.
Siempre es posible un proceso de transformación que abra
camino a la fe.
CAPITULO II
EL PROGRAMA DE ACCION
EL PROGRAMA DE ACCION
103. Después de haber explorado la situación conviene
proceder a la publicación de un programa de acción, cosa que puede hacerse
mediante el Directorio Catequístico. Este Programa determina los objetivos, los
medios de la pastoral catequística y las normas que la regulan, y esto en
armenia con la finalidad y las normas de la Iglesia universal y con una decidida
fidelidad a las necesidades locales.
Al presentar el programa de acción ténganse muy presentes
las funciones que pueden ejercer las instituciones específicamente eclesiales
como las Parroquias, las comunidades de base, los movimientos apostólicos, la
familia, las instituciones educativas, como la escuela tanto cristiana como
neutra, y cualquiera otra forma de agrupación social o cultural.
- Las thetas que hay que alcanzar y los medios que hay que
emplear deben considerarse como el eje de todo programa de acción.
LAS METAS
104. Las metas pastorales pueden ser distintas de acuerdo con
los lugares y las necesidades; pero todas deben mirar hacia el progreso’ de la
fe, el compromiso moral de los cristianos y hacia el desarrollo ‘de sus
relaciones con Dios y con los hombres, por ejemplo: el acceso de los adultos a
una fe madura, la inserción del pensamiento cristiano en los círculos
científicos y técnicos, el ejercicio por parte de la familia de sus
responsabilidades cristianas, la presencia activa de los cristianos en la obra
de la transformación social.
Pero como las metas son generalmente muchas es justo y
necesario prever una programación en el tiempo según la prioridad de los
distintos objetivos que hay que alcanzar.
Es bueno también que las metas pastorales establecidas en
una determinada región sean -oportunamente confrontadas con las establecidas
por las Conferencias Episcopales de las regiones más vecinas geográfica y
culturalmente.
LOS MEDIOS
105. Los medios a usar son sobretodo: los institutos de
catequética que hay que promover y sostener, los programas, los textos (Cfr.
Cap. IV de esta parte) los instrumentos de trabajo y las directivas acerca de
los métodos (-Cfr. parte IV) etc. El ámbito de la investigación sobre los
medios es prácticamente inagotable. Sin embargo es siempre necesario controlar
con cuidado que los medios propuestos sean verdaderamente adecuados a los fines
espirituales que se pretende conseguir.
LAS NORMAS
106. Las normas sobre la catequesis pueden ser múltiples,
varían según las finalidades que se quieren lograr. Entre ellas revisten
particular importancia las normas que conciernen a la catequesis de preparación
a los sacramentos: por ejemplo las normas sobre el catecumenado de los adultos;
sobre la iniciación sacramental de los niños, sobre la preparación de las
familias al Bautizo de los niños.
Para que estas normas resulten eficaces, conviene que sean
pocas y simples y que definan criterios eternos más que internos.
- Es obvio que ningún norma particular puede derogar, sin el
beneplácito de la Santa - Sede, - las leyes generales y la praxis común de la
Iglesia. -
DISTRIBUCION Y PROMOCION DE LA RESPONSABILIDAD
107. Conviene ante todo hacer una clara y eficaz
distribución de las responsabilidades y de los cometidos. Es importante, por
ejemplo, que se esclarezcan y se ponga de relieve las responsabilidades de las
familias cristianas, de las comunidades eclesiales, del clero, de los
catequistas. Sin embargo no nos podernos limitar a la pura repartición de las
fuerzas existentes sino que hay que promover un compromiso siempre mayor por
parte de todos.
De hecho se trata de hacer a la comunidad cada vez más
consciente de su misión que consiste en ser signo de la sabiduría y del amor
de Dios que se nos ha manifestado en Cristo. A este efecto es útil que ‘toda
la comunidad y los individuos, en cuanto sea posible sean informados siempre y
oportunamente de lo que se va a hacer y que todos sean invitados a tomar parte
activa en la elaboración de los proyectos, en las decisiones y en la ejecución
de lo que se ha determinado. -
Al preparar la programación de las actividades
catequísticas téngase muy presente que las distintas iniciativas pueden tal
vez crear incomodidades y conflictos. Dificultades, por ejemplo, que pueden
provenir de los cambios del lenguaje y- de las nuevas relaciones entre lo
educativo y lo apostólico. En estos casos es necesario hacer todo lo posible
para evitar lo que puede provocar indebidas perturbaciones.
Es necesario en fin que todas las actividades catequísticas
sean provistas de los oportunos medios económicos.
CAPITULO III
LA FORMACION CATEQUISTICA
LA FORMACION CATEQUISTICA
108. Cualquiera actividad pastoral- para cuyo- ejercicio no
se cuente con personas bien formadas va al fracaso. Los mismos materiales de
trabajo se hacen ineficaces si no los usan catequistas bien preparados. La
formación catequística, por tanto, tiene prioridad sobre la renovación de los
textos y el mejoramiento de la misma organización catequística.
Cuídese ante todo de la formación de aquellos que están
encargados de la actividad catequística a nivel nacional. Esto es
responsabilidad de las Conferencias Episcopales. La formación de los dirigentes
en plan nacional exige, como complemento natural, la formación de los
catequistas que trabajan a nivel regional o diocesano. Esta responsabilidad
recae sobre las Conferencias Episcopales regionales donde las hay y sobre cada
uno de los Obispos.
INSTITUTOS SUPERIORES Y ESCUELAS CATEQUISTAS
109. Se deben fomentar y crear institutos superiores de
pastoral catequística, a fin de preparar catequistas capacitados para dirigir
la catequesis en el campo diocesano o en el ámbito de las actividades que
cumplen las congregaciones religiosas. Estos institutos superiores podrán ser
de carácter nacional y aún internacional. Deben ser planeadas como los
Institutos Universitarios, en cuanto se refiere a la organización de los
estudios, la duración de los cursos y las condiciones para ser admitidos.
Establézcanse también escuelas catequísticas en el ámbito
diocesano o al menos en el ámbito de las conferencias regionales, que tengan
como finalidad, por medio de un curriculum de estudios menos ambicioso pero
igualmente válido, preparar a los catequistas de tiempo completo.
LA FORMACION PERMANENTE
110. La formación permanente comprende modalidades y grados
diversos. Es necesario que se - prolongue por todo el tiempo que los catequistas
se dedican a su misión específica. Por eso ella mira tanto a los dirigentes de
la catequesis como a los simples catequistas. -
- La formación permanente se puede pedir no solamente a los
entes centrales; deben preocupares de ella también las comunidades cristianas y
esto por el simple hecho de que las condiciones y las necesidades de la
catequesis varían de un lugar a otro. El clero, todos los que están
comprometidos en tareas directivas, tienen el deber de procurar la formación
permanente de sus colaboradores en la catequesis.
EL FIN DE LA FORMACION CATEQUISTICA
111. El fin esencial de la formación catequística es
capacitar para la --comunicación- del mensaje cristiano. Por - tanto se
requiere una formación teológico-doctrinal, antropológica y metodológica
más - o menos profunda según el nivel científico que se quiere alcanzar. La
adquisición de estos conocimientos teóricos sin embargo, no agota los
propósitos de la formación la cual puede llamarse completa - solamente cuando
el catequista se hace capaz de encontrar en la confrontación de grupos y
personas, en situaciones que son siempre peculiares, el modo más válido para.
trasmitir el mensaje evangélico. -~ - - -
LA FORMACION TEOLOGICO — DOCTRINAL, ANTROPOLOGICA,
METODOLOGICA
112. a) La doctrina. La necesidad de adquirir un patrimonio
doctrinal válido es evidente. Ello comprende un adecuado conocimiento de la
doctrina católica que en los institutos superiores debe alcanzar el nivel de la
teología científica. La Sagrada Escritura es como el alma de esta formación.
De todas maneras, la doctrina debe ser asimilada hasta el
punto de hacer al catequista no solo capaz de exponer con exactitud el mensaje
evangélico, sino de suscitar también la recepción activa del mismo mensaje
por parte de los catequizandos y de saber discernir en el itinerario espiritual
de ellos lo que es conforme a la fe. -
b) Las ciencias humanas. Nuestra época se caracteriza por el
grandioso desarrollo de las ciencias antropológicas. Estas ciencias ya no se
reservan únicamente a los especialistas; ellas penetran en la conciencia que el
hombre moderno tiene de sí mismo; afectan las relaciones sociales y constituyen
una especie de contexto cultural que es común aún a los menos cultos.
La enseñanza de las ciencias humanas, dada la enorme
extensión y diversidad de estas disciplinas pone difíciles problemas de
elección y de método. Puesto que no se ‘trata de formar especialistas en
psicología sino catequistas, el criterio a seguir es el distinguir ÿ escoger
lo que puede ayudarles directamente en la adquisición de la capacidad de
comunicación.
c) La formación metodológica. Por si misma la metodología
no es otra cosa que la reflexión sobre los medios que se han experimentado con
la práctica. Conviene por tanto dar mayor importancia al ejercicio practico que
a la enseñanza teórica de la pedagogía. Sin embargo la enseñanza teórica es
necesaria para ayudar al catequista a adaptarse a las varias situaciones, para
evitar formas empíricas de enseñanza, para percibir los cambios que se
verifican en las relaciones educativas, para orientar bien el trabajo futuro. -
Considérese que cuando se trata de la formación de-- los
catequistas de base (es decir los que enseñan la catequesis elemental), los
conocimientos antedichos se adquieren mejor si se imparten al mismo tiempo que
se realiza el trabajo (por ej. durante las reuniones en que se preparan y
critican las lecciones de catecismo).
COMO APRENDER EL ARTE DE DAR CATECISMO
113. Se requiere Una preparación- específica para que el-
catequista se haga capaz de interpretar bien las reacciones de un grupo o de una
persona, descubrir su capacidad espiritual y escoger el modo de trasmitirle el
mensaje evangélico de modo que pueda ser recibido con verdadero fruto. Los
métodos para tal aprendizaje son varios: ejercicios prácticos, trabajos en
equipo, análisis de casos, etc.
La base de todo es la reflexión sobre la fuerza comunicativa
del mensaje cristiano. La catequesis —que es la pastoral práctica de la
Iglesia— no se aprende sólo en la teoría, es con la experiencia, con la gula
de maestros competentes y con el mismo ejercicio, como se aprende el arte de
enseñar el catecismo, arte que es una síntesis de las aptitudes para el
apostolado y del conocimiento de la fe, de los hombres y de las leyes que rigen
los progresos de los individuos y de los grupos.
LA VIDA ESPIRITUAL DE LOS CATEQUISTAS
114. La misión que el catequista está llamado a desempeñar
requiere en él una intensa vida sacramental y espiritual, la familiaridad con
la oración, una profunda admiración por la grandeza del mensaje cristiano y
por su capacidad para transformar la vida. Pero requiere al mismo tiempo un
afectivo deseo de caridad, de humildad y de prudencia que permita al Espíritu
Santo cumplir en los catequizados su obra fecunda.
LA FORMACION DE LOS CATEQUISTAS
115. Es necesario que las autoridades eclesiásticas
consideren la formación de los catequistas como tarea de la máxima
importancia. -
Esta formación se dirige a todos los catequistas (Cfr. AG.
17,26), tanto laicos como religiosos y también a los padres cristianos que en
ella deben encontrar una ayuda válida para la catequesis inicial y ocasional
que es tarea suya específica.
Se dirige a los diáconos y en modo particular a los
sacerdotes que "en virtud del sacramento del orden, son consagrados, a
imagen de Cristo sumo y eterno sacerdote (Cfr. Hebr. 5,1-10;
7, 24; 9, 11-28) como verdaderos sacerdotes del N.T., para
predicar el evangelio, apacentar a los fieles y celebrar el culto divino"
(LG. 28). -
En realidad en las parroquias la predicación de la palabra
de Dios se confía sobre todo a los sacerdotes que deben descubrir a los fieles
los - tesoros de la Sagrada Escritura y presentar en las homilías, a los largo
del año litúrgico, los misterios de la fe y las normas de la vida cristiana
(Cfr. SC. 51, 52). Es de gran importancia, por tanto, que en los seminarios se
procure con seriedad la formación catequística, que deberá completarse luego
a través de la formación permanente de que se ha hablado arriba (n. 110). -
Esta formación se dirige por último a los que enseñan
religión en las escuelas públicas, bien sean de la Iglesia o del Estado. Para
una tarea de tan gran importancia solo se pueden destinar personas que se
distingan por su capacidad, doctrinal y vida espiritual (Cfr. GS. 5).
Lo ideal es que en este campo de la formación exista una
colaboración entre las diversas actividades apostólicas y la catequesis,
porque todas estas actividades, aunque desde puntos de vista distintos cumplen
una común misión la de comunicar el mensaje cristiano. -
CAPITULO IV
LOS INSTRUMENTOS DE TRABAJO
INSTRUMENTOS DE TRABAJO
116. Entre los principales instrumentos de la catequesis hay
que enumerar:
— los directorios de las Conferencias Episcopales;
— los programas;
— los catecismos;
— los textos didácticos; -
— los medios audiovisuales.
LOS DIRECTORIOS CATEQUISTICO
117. Los directorios tienen como finalidad el promover y
coordinar la acción catequística en una región o nación o también en muchas
naciones pertenecientes a la misma área sociocultural. Los directorios, antes
de ser promulgados, deben ser sometidos a la consideración de cada uno de los
Ordinarios y a [a aprobación de la Sede Apostólica (n. 134).
LOS PROGRAMAS
118. Los programas precisan, según la edad y los lugares y
lõs tiempos, las metas educativas que hay que alcanzar, los principios
metodológicos que se han de usar, y los contenidos que hay que trasmitir. Es
absolutamente indispensable que los misterios de la fe, contenidos en el credo
de los adultos, se presenten ya en los programas para los catecismos de los
niños, de los adolescentes de manera apropiada a su edad (Cfr. n. 134).
LOS CATECISMOS
119. Hay que darles gran importancia a los catecismos
publicados por la autoridad eclesiástica. Su objetivo es de entregar en forma
condensada y práctica, los documentos de la revelación y de la tradición
cristiana y los elementos fundamentales, indispensables al discurso
catequístico, es decir a la educación personal de la fe. Téngase por tanto la
debida estima de los documentos de la tradición y evítese con todo cuidado
presentar como pertenecientes a la fe interpretaciones particulares, que no son
otra cosa que hipótesis personales u opiniones de alguna escuela teológica. La
doctrina de la Iglesia debe trasmitirse fielmente.
A este respecto deben tenerse presentes las normas expuestas
en el Capítulo 1 de la III parte.
Considerando las graves dificultades de redacción y la
especial importancia de estos documentos, conviene sobre todo que:
a) se haga un trabajo en colaboración entre numerosos
expertos tanto de catequétioa como de teología;
b) que se consulten expertos en otras ciencias - así
religiosas como humanas y las otras organizaciones de pastoral;
c) se consulten particularmente a los obispos y se tengan en
consideración sus indicaciones;
d) se haga preceder la publicación definitiva de
experimentaciones particulares;
- se proceda, después de un cierto período de tiempo, a una cuidadosa
revisión de los textos.
-
Estos catecismos antes de ser promulgados, deben ser
sometidos al examen y a la aprobación de la Santa Sede (Cfr. n.134)
LOS TEXTOS DIDACTICOS -
120. Los textos - didácticos son subsidios o ayudas que se
ofrecen a la comunidad cristiana comprometida en la - catequesis. Ningún texto
puede sustituir la viva comunicación del mensaje cristiano. Los textos, sin
embargo, son muy importantes porque contribuyen a una más difusa explicación
de los documentos de la tradición cristiana y de los otros elementos que
constituyen el discurso catequístico. También para la redacción de estos
textos se requiere el trabajo en colaboración de parte de los más expertos en
catequética y - la consulta de otros especialistas. -
LAS GUIAS PARA LOS CATEQUISTAS
121 Estas guías deben contener:
—la explicación del mensaje de la salvación (con
constantes referencias a las fuentes y con la precisa indicación de lo que
forma parte de la fe y de la doctrina segura y de lo que solo es opinión de los
teólogos).
— consejos psicológicos y pedagógicos;
—sugerencias metodológicas;
Prevéanse también publicaciones para la investigación y la
actividad de los catequizandos. Estas publicaciones pueden integrarse en los
mismos textos o editarse en opúsculos distintos.
Procúrense, en fin, publicaciones para los padres, cuando se
trate de catequesis para los niños.
LOS MEDIOS AUDIOVISUALES
122. Los medios audiovisuales se utilizan principalmente:
a) como documentos que aportan elementos objetivos a la
enseñanza catequística; en este caso deben tener las cualidades de veracidad,
exactitud y claridad didáctica.
b)como símbolos para educar la sensibilidad y la
imaginación; en este caso deben presentar belleza y fuerza emotiva.
Dos tareas se imponen en el campo de los medios
audiovisuales: -
— promover estudios sobre los criterios que deberían
dirigir la creación y la selección de tales medios de acuerdo con los
peculiares aspectos del mensaje cristiano que se quieren presentar y del tipo de
personas a las cuales se va a dirigir;
— formar los catequistas para el - recto uso de estos
medios (muchas veces los catequistas ignoran la naturaleza propia del lenguaje
de las imágenes; con frecuencia el medio audiovisual conduce a la pasividad
antes que a la actividad; etc.).
LOS ‘MASS MEDÌÀ"
123. Los mas media tienen el poder, entre otros, de dar
carácter de realidad y actualidad a los hechos, a las instituciones, a las
ideas de que hablan y, al contrario, de disminuir en la opinión común el
crédito de las cosas que callan. -
El mensaje de la salvación debe por tanto encontrar puesto
en los medios de comunicación social (Cfr. IM. 3). Por tanto no basta con
perfeccionar los medios de que ya dispone la Iglesia en este campo, sino que es
necesario que se promueva la cooperación entre los productores, escritores y
artistas que trabajan en este sector. Esta cooperación requiere que tanto en el
ámbito nacional como en el internacional se organicen grupos de expertos que
puedan aportar una verdadera contribución cuando sean consultados sobre
programación de actividades referentes a la religión.
Es igualmente tarea de la catequesis educar a los cristianos
para que disciernan la naturaleza y el valor de lo que proponen los medios de
comunicación. Es evidente que esto supone un conocimiento técnico del lenguaje
de tales medios.
ENSEÑANZA PROGRAMADA
124. En el ámbito de los medios audiovisuales que la
catequesis puede y debe usar para lograr mejor sus fines, no debe olvidarse el
método didáctico conocido como "enseñanza programada", método
reciente, pero que va alcanzando cada vez mayor importancia.
- En este particular sin embargo hay que contar con las
dificultades que surgen tanto de parte de la verdad que se ha de enseñar como
del objetivo de la catequesis, y evitar la superficialidad y la improvisación.
Tanto en la preparación de los programas como en la presentación de las
verdades por medio de la imagen, búsquese 1-a colaboración de expertos en
teología, cat-equética y didáctica audiovisual.
CAPITULO V
LA ORGANIZACION DE LA CATEQUESIS
125. En el ámbito de la Conferencia Episcopal la
organización de la catequesis comprende ante todo estructuras diocesanas,
regionales y nacionales. -
Los objetivos fundamentales de estas estructuras son:
a) promover las actividades catequísticas específicas;
b) colaborar con las otras iniciativas y actividades
apostólicas (por ejemplo con la comisión litúrgica, con las organizaciones
del apostolado de los seglares, con la comisión ecuménica) por cuanto todas
estas actividades de la Iglesia participan, aunque de modo diverso, en el
ministerio de la Palabra.
LAS ESTRUCTURAS DIOCESANAS
126. Con el decreto "Provido Sane", (Cfr. ASS,
1935, p. 151 Sig.) se constituyó el Oficio Catequístico Diocesano con el
objeto de presidir toda la organización catequística. Este oficio debe estar
constituido por un grupo de personas verdaderamente expertas en la materia. La
amplitud y la diversidad de las cuestiones en que debe interesarse el Oficio
Catequístico, exigen que Las responsabilidades sean repartidas entre muchas
personas competentes.
El Oficio Catequístico Diocesano debe también promover y
guiar el trabajo ‘de organizaciones como el centro catequístico parroquial,
la confraternidad de la Doctrina Cristiana, etc. que constituyen las células de
base de la acción catequística.
Conviene también que las comunidades locales constituyan
centros permanentes para la formación de los catequistas. Así se pondrá en
evidencia ante el pueblo cristiano que la responsabilidad de anunciar y enseñar
el mensaje de la salvación recae sobre todos.
El Oficio Catequístico que forma parte de la Curia, es por
tanto el órgano por medio del cual el Obispo, cabeza de la comunidad y maestro
de la doctrina, dirige y modera todas las actividades catequísticas.
Ninguna Diócesis puede carecer del Oficio Catequístico.
LAS ESTRUCTURAS REGIONALES
127. Es provechoso que varias Diócesis unan su acción,
poniendo en común investigaciones y actividades, capacidades y recursos, de
manera4que las Diócesis más abastecidas vengan en auxilio de las
otras y se pueda elaborar un programa común de acción y carácter regional. -
LAS ESTRUCTURAS NACIONALES
128. Es indispensable que la Conferencia Episcopal, y más
directamente la Comisión Episcopal para la catequesis, sea asistida de un
órgano permanente.
Este oficio o Centro Catequístico Nacional se propone esta
doble función:
— estar al servicio de las necesidades catequísticas de
orden nacional. Caen, por tanto, dentro de sus atribuciones las publicaciones
que revisten importancia para toda la nación, los congresos nacionales, las
relaciones con los "mass media", y en general todas aquellas
actividades e iniciativas que superan la capacidad de las diócesis o regiones
en particular.
— estar al servicio de las diócesis y de las regiones para
hacer circular noticias e iniciativas catequísticas, coordinar la acción,
ayudar a las diócesis catequisticamente menos evolucionadas.
Es ‘también atribución del Oficio Catequístico Nacional
coordinar sus actividades con las de otros organismos pastorales y colaborar con
el movimiento catequístico internacional.
CAPITULO VI
COORDINACION DE LA PASTORAL CATEQUISTICA CON EL
CONJUNTO DE LA ACCION PASTORAL
CATEQUESIS Y PASTORAL
129. Supuesto que todo acto importante de la Iglesia
participa del ministerio de la palabra y la catequesis tiene siempre relación
con toda la vida eclesial, es necesario que la actividad catequística vaya
coordinada con la pastoral general. El fin de esta cooperación es el desarrollo
armonioso de la comunidad cristiana que aún dentro del contexto específico de
cada función, persigue un solo propósito fundamental.
Es necesario por tanto que la catequesis actúe en estrecha
colaboración con las otras actividades pastorales (Cfr. M.P. Ecclesiae Sanctae
n. 17), es decir con el movimiento bíblico, litúrgico, ecuménico, con el
apostolado de los seglares, con la acción social etc. -
Además, téngase presente que esta coordinación es
necesaria desde el principio, es decir desde el momento en que se estudia y se
oriente el plan de acción pastoral.
EL CATECUMENADO DE LOS ADULTOS
130. El catecumenado de los adultos, que es a la vez
catequesis, participación litúrgica y vida comunitaria, es el caso típico de
una institución que nace de la colaboración de diversas actividades
pastorales; tiene la finalidad de guiar el itinerario espiritual, el cambio de
mentalidad y de costumbres de aquellos que se preparan para el Bautismo. Es
escuela preparatoria a la vida cristiana, es introducción a la vida religiosa,
litúrgica, caritativa y apostólica del pueblo de Dios (Cfr. AG. 13-14; SC. 65;
CD. 14). Toda la comunidad cristiana, a través de los padrinos que la
representan, y no solamente los sacerdotes o los catequistas, está comprometida
en esta obra.
CAPITULO VII
LA NECESIDAD DE PROMOVER LA
INVESTIGACION CIENTIFICA
LA INVESTIGACION CIENTIFICA
131. Sin la investigación científica el movimiento
catequístico quedaría paralizado, supuesta la rápida evolución de la cultura
de nuestros tiempos.
Es indispensable por tanto que los órganos nacionales de las
Conferencias Episcopales promuevan una investigación asociada. Conviene por
otra parte que se establezca un programa de las cuestiones a investigar que ya
están en marcha y que se tomen los contactos convenientes con los expertos que
están comprometidos en eso y que se afronte el estudio de las cuestiones
todavía no investigadas procurando para ello los medios económicos necesarios.
Hay temas de investigación que revisten un interés
universal, por ejemplo relaciones entre la exégesis y la catequesis moderna,
catequesis y antropología, catequesis y los "mass thedia", etc. La
naturaleza y las dificultades de estas investigaciones aconsejan una
colaboración internacional.
CAPITULO VIII
LA COOPERACION INTERNACIONAL Y LAS RELACIONES
CON LA SANTA SEDE
LA COOPERACION INTERNACIONAL
132. El Colegio Apostólico es solidario en el ejercicio de
su misión (Cfr. LG. 22-23; AG. 38; CD 2,4). Muchas veces en esta parte del
Directorio se han indicado las consecuencias que se siguen de esta solidaridad
por cuanto mira a la catequesis (por ejemplo el Capítulo II: armonización de
las metas pastorales de las naciones vecinas; Cap. III: creación de Institutos
Superiores; Cap. IV: elaboración de instrumentos comunes de trabajo; Cap. VII:
investigación científica).
La cooperación internacional se requiere también en lo que
respecta a la predicación a los emigrantes.
La tarea que hay que cumplir es doble: Ante todo es necesario
que los emigrantes no se queden privados de la Palabra de Dios. Las diferencias
de lenguaje, de cultura, de costumbres piden un cambio de informaciones y de
personal entre la Iglesia de los países de origen y las del país que acoge.
Además es necesario que el ministerio de la palabra contribuya a tomar
conciencia en los cristianos del país hospitalario de los problemas de los
emigrantes y disponerlos fraternalmente para recibirlos.
La cooperación internacional se requiere también en la
catequesis a los turistas. Se sabe, de hecho, que el turismo toma una dimensión
cada vez más internacional (Cfr. El Directorio General para la Pastoral del
turismo).
La cooperación internacional debe respetar las
responsabilidades y las condiciones de las Iglesias locales. Conviene por tanto
que los países que se encuentran en situación mejor en cuanto al personal,
medios económicos e investigación científica, den su apoyo a los otros sin
pretender imponer sus concepciones y sus. métodos de acción.
LA SANTA SEDE
133. Como ‘Pedro fue constituido cabeza del Colegio
Apostólico y fundamento de la Iglesia, así el sucesor de Pedro, es decir, el
Romano Pontífice, (Cfr. LG, 22), es la cabeza visible del Colegio Episcopal y
de todo el pueblo de Dios. El cumple su obligación de magisterio y de gobierno
como Vicario de Cristo y Pastor de toda la Iglesia (LG, 22) siempre para el bien
espiritual del Pueblo de Dios y para el crecimiento del mismo. El puede ejercer
su función de acuerdo con las necesidades de la Iglesia con toda libertad de
diversas formas, es decir, o personalmente o colegialmente, esto es junto con
los Obispos de toda la Iglesia.
Ejerce el poder personalmente bien sea con sus propios actos
o a través de los actos ministeriales principalmente de los Dicasterios de la
Curia Romana.
LA SAGRADA CONGREGACION PARA EL CLERO
134. La responsabilidad central de la catequesis para los
territorios de derecho común está confiada a la Sagrada Congregación para el
Clero (Oficio Segundo). Ella tiene la tarea de estimular, coordinar y guiar todo
lo que respecta a la predicación de la Palabra de Dios y las obras de
apostolado; de difundir las noticias y promover, en cuanto sea posible, la
cooperación entre las diversas naciones. -
Se encarga de incrementar y moderar los oficios que están al
frente de la catequesis.
Revisa y aprueba los directorios catequísticos, los
catecisrnos y programas para la predicación de la Palabra de Dios, preparados
por las Conferencias Episcopales. Estimula los congresos catequísticos
nacionales y fomenta los internacionales (Const. Apost. Regimine Ecclesiae
universae, n. 69; Carta Secret. Est. 20. Ag. 1969. N. 143741).
APENDICE
INICIACION A LOS SACRAMENTOS DE LA PENITENCIA Y DE LA
EUCARISTIA
Entre los distintos objetivos de la catequesis tiene gran
importancia la preparación de los niños a los sacramentos de la Penitencia y
de la Eucaristía. A este respecto se juzga oportuno recordar algunos principios
y hacer algunas observaciones sobre las experiencias realizadas en estos
últimos tiempos en algunas regiones de la Iglesia.
LA EDAD DE LA DISCRECION
1. La edad más apropiada para recibir por primera vez estos
sacramentos es la que en los documentos de la Iglesia se llama edad de la razón
o de la discreción.
Esta edad "tanto para la confesión como para la
comunión es aquella en la que el niño comienza a razonar, es decir hacia los
siete años poco más o menos. Desde este momento comienza la obligación de
cumplir el uno y el otro precepto de la confesión y de la comunión"
(Decr. Quam Singulari, 1, AAS, 1910, p. 582).
Será cosa laudable que a través de investigaciones de
psicología pastoral, se estudie y describa esta edad, que se desarrolla
gradualmente bajo el influjo de varios factores y presenta en cada niño una
fisonomía propia.
Téngase cuidado, sin embargo, de que el tiempo en que de por
si empieza a obligar el precepto de la confesión y la comunión no se extienda
más allá de los límites dichos, los cuales, por lo demás no son rígidos.
LA FORMAClON DE LA CONCIENCIA MORAL DE LOS NIÑOS Y SU
DESARROLLO
2. Mientras se desarrolla en el niño la capacidad de
razonar, se afina también la conciencia moral, es decir la capacidad de juzgar
las propias acciones en relación con la norma moral. A la formación de esta
conciencia moral del niño concurren varios elementos y circunstancias: la
familia con su fisonomía y conducta que en los primeros años del niño se
destaca sobre los otros factores educativos; las relaciones con los otros y la
conducta y el testimonio de la comunidad eclesial.
A decir verdad, la catequesis al cumplir su tarea de
instrucción y de formación de la fe cristiana, coordina estos varios
elementos, los estimula y trabaja juntamente con ellos. Solamente así podrá
dirigir oportunamente a los niños al Padre Celestial y corregir eventuales
desviaciones u orientaciones de vida no correctas. -
Sin duda, a los niños de esta edad se debe hablar de la
manera más simple de Dios nuestro Señor y Padre, de su amor hacia nosotros, de
Jesucristo, Hijo de Dios, que por nosotros se hizo hombre, murió y resucitó.
Considerando el amor de Dios, el niño podrá gradualmente
percibir la malicia del pecado, que siempre ofende a Dios Padre y a Jesús, y es
contrario a la caridad con la cual debemos amar al prójimo y a nosotros mismos.
LA IMPORTANCIA. DEL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA
3. El niño que comienza a ofender a Dios con el pecado,
comienza también a sentir el deseo de alcanzar el perdón, no solamente de sus
padres y parientes sino también de Dios.
La catequesis le ayudará a cultivar saludablemente este
deseo y le inculcará una santa aversión al pecado, como también la necesidad
de enmendarse y sobre todo de amar a Dios. La tarea peculiar de la catequesis,
en este sentido, consiste en explicar de la manera más adecuada, que la
confesión sacramental es un medio para obtener el perdón ofrecido a los hijos
de la Iglesia, más aún, el medio necesario para el que ha caído en pecado
grave.
Ciertamente los padres cristianos y los educadores
religiosos, deben formar al niño de modo que él procure ante todo progresar en
el amor más íntimo del Señor Jesús y en el amor verdadero del prójimo. La
doctrina del sacramento de la penitencia debe proponerse en el vasto cuadro de
la purificación y del progreso espiritual que se alcanza con una gran confianza
en el amor y la misericordia de Dios. De esta manera los niños no sólo podrán
alcanzar gradualmente una mayor delicadeza de conciencia, sino que no caerán en
el desaliento cuando hagan alguna cosa menos recta.
La Eucaristía es la cumbre y el centro de toda la vida
cristiana. Para recibir la comunión además del estado de gracia que se
requiere, conviene una gran pureza de conciencia.
Sin embargo evítense con toda solicitud que los niños crean
necesaria la confesión antes de recibir la Eucaristía, aún cuando uno, amando
sinceramente a Dios, se ha alejado no gravemente del camino de los divinos
preceptos.
4. En algunas partes de la Iglesia, en estos últimos tiempos
se han hecho experimentos con respecto a la primera recepción del Sacramento de
la Penitencia y de la Eucaristía, que en realidad le dejan a uno dudoso y
perplejo.
Para anticipar convenientemente la comunión de los niños,
para evitar en la futura vida cristiana turbaciones psicológicas que pueden
derivar de un apresurado uso de la confesión, para favorecer, en fin, una mejor
educación del espíritu de penitencia y una más sólida preparación
catequística para la misma confesión, ha parecido bien a algunos admitir los
niños a la primera comunión sin la previa recepción del sacramento de la
penitencia.
En verdad el acceso al sacramento de la penitencia desde los
comienzos de la edad de la discreción no lastima el alma de los niños, siempre
que, naturalmente, se haga preceder de una amorosa y prudente preparación
catequística.
Por lo demás, el espíritu de penitencia podrá ser
posteriormente desarrollado a través de una instrucción catequística
continuada aún después de la primera comunión; del mismo modo podrá crecer
el conocimiento y la estima del gran don concedido por Cristo a los hombres en
el sacramento del perdón que deben recibir, y de la reconciliación con la
Iglesia (Cfr. LG.
11).
Todas estas consideraciones no han impedido que en algunos
lugares se haya introducido la práctica de distanciar, corno costumbre, algunos
años entre la primera comunión y la primera confesión.
En otras partes, en cambio, se han introducido innovaciones
más prudentes, sea porque la primera confesión no se ha diferido- tanto
tiempo, sea porque se tiene en cuenta el juicio de aquellos padres que prefieren
que los niños se acerquen al sacramento de la penitencia antes de la primera
comunión.
VALOR DE LA PRACTICA COMUN VIGENTE
5. El Sumo Pontífice Pío X ha declarado "la costumbre
de no admitir a la confesión y de no absolver a los niños llegados al uso de
la razón, es totalmente reprobable" (Decr. Quam Singulari VII. AAS, 1910,
p. 583). Apenas se salva el derecho que tienen los niños de confesar los
propios pecados, si al comienzo de la edad de la discreción no son preparados y
dulcemente encaminados al sacramento de la penitencia.
También se debe tener presente la utilidad de la confesión,
que conserva su fuerza aún en el caso de sólo pecados veniales y confiere el
aumento de la gracia y de la caridad, aumenta las nuevas disposiciones del niño
para recibir la Eucaristía y ayuda a perfeccionar la vida cristiana.
Parece, pues, que no se puede excluir la utilidad de la
confesión en nombre de aquellas formas penitenciales o del ministerio de la
palabra con que se cultiva en los niños la virtud de la penitencia; esas
formas, sin embargo, pueden ser cumplidas con fruto junto con el sacramento,
preparado por una catequesis adecuada.
La experiencia pastoral de la Iglesia, avalada por muchos
testimonios aún actuales, le enseña cuánto puede contribuir la edad de la
discreción para lograr que, mediante una recepción bien preparada de los
sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía, la - gracia bautismal de los
niños dé los primeros frutos que a continuación deberán ser acrecentados con
la continuación de una catequesis oportuna.
Considerado cuanto antecede y teniendo presente la práctica
común y general que no se puede derogar sin el beneplácito de la Sede
Apostólica, y después de oír las Conferencias Episcopales, esta misma Santa
Sede juzga que se debe conservar vigente costumbre de la Iglesia de confesarse
antes de la primera comunión; lo cual de ninguna manera impide que esta
costumbre se mejore de muchas maneras, por ejemplo con la celebración
penitencial común que preceda o siga al acceso al sacramento de la penitencia.
La Santa Sede no ignora las peculiares razones y
circunstancias de las diversas regiones, pero exhorta a los Obispos en este
asunto de no poca importancia a no apartarse del uso vigente de la Iglesia si no
después de haber consultado con ella en el espíritu de comunión jerárquica.
Así los Obispos tampoco permitirán que los Párrocos o educadores o institutos
religiosos comiencen o continúen el abandono de la costumbre vigente.
En las regiones, pues, donde ya se han introducido prácticas
que se separan notablemente de la primitiva, las Conferencias Episcopales vean
de someter tales experimentos a un nuevo examen; y, si quieren prorrogarlos, no
lo hagan sino después de haber hablado con la Santa Sede Apostólica que de
buen grado los oirá, y de acuerdo con la misma.
El Sumo Pontífice PABLO VI, con su carta de la Secretaría
de Estado N. 177335 del 18 de Marzo 1971, ha aprobado y confirmado con su
autoridad este Directorio General, con el apéndice, y ha ordenado que se
publique.
Roma 11 de Abril de 1971, Resurrección del Señor.
CARD. JUAN J. WRIGHT, Prefecto
PEDRO PALAZZINI, Secretario
|