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EL DIRECTORIO GENERAL PARA LA CATEQUESIS:
MOTIVOS Y CRITERIOS DE LA REVISIÓN
El Concilio Vaticano II
y el Directorio General de Pastoral
Catequética de 1971
El Concilio Vaticano II no dedicó un
documento expreso al problema de la catequesis. Sin embargo, si se recopilaran
de los distintos documentos conciliares todos los textos que explícita o
implícitamente atañen a la catequesis y se dispusieran siguiendo un esquema
lógico, nos sorprendería hallarnos ante una auténtica summula catequética,
una especie de directorio catequético conciliar, tanta como es la cantidad de
textos de inesperada abundancia doctrinal y que revelan una homogeneidad
fundamental.
En un párrafo harto conocido y
auténticamente programático para la renovación de la catequesis, contenido en
el decreto sobre la función pastoral de los Obispos, se definen naturaleza, fin
y tareas de la catequesis (1). En ese texto nada ha quedado olvidado: catequesis
de adultos y catecumenado, fuentes de la catequesis y necesidad de las ciencias
antropológicas para una adecuada preparación de los catequistas.
El Concilio ha entendido que una verdadera
renovación en el sector de la catequesis tenía que ser fruto de un estudio
expresamente concebido para ello, llevado a cabo en ámbito internacional por
expertos y pastores de almas, y por ello al final del Decreto sobre el oficio
pastoral de los obispos prescribió la redacción de u "Directorio para la
instrucción catequética del pueblo cristiano.
Para cumplir este mandato conciliar, la
Congregación para Clero requirió los servicios de una Comisión especial de
expertos y consultó a las Conferencias Episcopales de todo el mundo las cuales
enviaron numerosas sugerencias y observaciones respecto. El texto preparado fue
revisado por una Comisión teológica "ad hoc" y por la Congregación
para la Doctrina de la Fe El 18 de marzo de 1971 fue aprobado definitivamente
por Pablo VI y promulgado el 11 de abril de ese mismo año bajo el título de
Directorio General de Pastoral Catequética.
El posconcilio y las razones de la revisión
del Directorio General de Pastoral Catequética. Luces y sombras de la
catequesis
Los treinta años transcurridos desde la
conclusión del Concilio Vaticano II hasta los umbrales del tercer milenio,
constituye sin lugar a dudas, un tiempo muy propicio por lo que respecta
orientaciones y promoción de la catequesis. Ha sido un tiempo que, de alguna
manera, ha vuelto a proponer la vitalidad evangelizadora de la Iglesia de los
orígenes y que ha vuelto oportuna mente a promover las enseñanzas de los
Padres, fomentando u sabio regreso al catecumenado antiguo. Desde 1971, el
Directorio General de Pastoral Catequética ha ido orientando a las Iglesias
particulares en el largo camino de renovación de la catequesis, proponiéndose
como punto de referencia tanto por lo que respecta a los contenidos como por lo
que atañe a la pedagogía a los métodos que es preciso emplear.
El itinerario recorrido por la catequesis en
este período se ha caracterizado en todas partes por una dedicación generosa
por parte de muchas personas; sin embargo de ello, al mismo tiempo, no han
faltado crisis, insuficiencias doctrinales y experiencias que han empobrecido la
calidad de la catequesis, debidas en su mayor parte a la evolución o
involución del contexto cultural mundial, que ha ido descristianizándose cada
vez más, y a un escaso equilibrio a la hora de afrontar los problemas
concernientes a la catequesis.
A este respecto, el nuevo Directorio General
para la Catequesis es muy explícito. Así, se afirma en el número 30:
"...es menester examinar con especial atención algunos problemas, tratando
de individuar una solución de los mismos:
— El primero atañe a la concepción de la
catequesis como escuela de fe, como aprendizaje y práctica de toda la vida
cristiana, concepción que no ha penetrado plenamente en la conciencia de los
catequistas.
— La interrelación entre Sagrada Escritura,
Tradición y Magisterio, "cada uno conforme a su propia modalidad", no
fecunda aún armónicamente la transmisión Catequética de la fe.
— Respecto a la finalidad de la catequesis,
cuyo objetivo es promover la comunión con Jesucristo, es necesaria una
presentación más equilibrada de toda la verdad del misterio de Cristo. A
menudo se insiste sólo en su humanidad, sin referencia explícita a su
divinidad; en otras ocasiones, menos frecuentes en nuestro tiempo, se acentúa
de forma tan exclusiva su divinidad, que pierde relieve la realidad del misterio
de la Encarnación del Verbo.
— Respecto al contenido de la catequesis,
subsisten varios problemas. Existen lagunas doctrinales acerca de la verdad
sobre Dios y sobre el hombre, sobre la creación, el pecado y la gracia y sobre
los novísimos. Es precisa una formación moral más sólida; se detecta una
presentación inadecuada de la historia de la Iglesia, a veces acríticamente
culpabilizada, y una escasa relevancia de su doctrina social.
"La catequesis está intrínsecamente
relacionada con toda acción litúrgica y sacramental". A menudo, sin
embargo, praxis catequética revela un vínculo débil y fragmentario con
liturgia: limitada atención a los signos y ritos litúrgicos, falta incisividad
sobre el arte sacro en todas sus gamas, escasa valoración de las fuentes
litúrgicas, recorridos catequéticos poco o n da relacionados con el año
litúrgico, presencia marginal de celebraciones en los itinerarios catequéticos.
— Por lo que respecta a la pedagogía, tras
una excesiva acentuación del valor del método y de las técnicas por parte de
algunos, aún no se presta la debida atención a las exigencias y a la
originalidad de la pedagogía propia de la fe. Se cae con facilidad el dualismo
"contenido-método", con reduccionismos en uno otro sentido. En
relación con la dimensión pedagógica, no siempre se ha realizado el necesario
discernimiento teológico, ni tampoco se ha revalorado, como habría debido
hacerse, una justa memorización.
— Por lo que atañe a la diferencia de las
culturas respecto servicio de la fe, existe el problema de saber transmitir el
Evangelio dentro del horizonte cultural de los pueblos a los que se dirige, de
forma que pueda percibirse realmente como una gran noticia para la vida de las
personas y de la sociedad y que asegurada la integridad "in eodem semper".
— La formación al apostolado y a la misión
es una de las tareas fundamentales de la catequesis. Sin embargo, mientras crece
en la actividad catequética una nueva sensibilidad en la formación de los
fieles laicos para un claro testimonio cristiana para el diálogo
interreligioso, para el compromiso secular, parece débil e inadecuada la
educación a la misionalidad "ad gentes". A menudo, la catequesis
ordinaria reserva una atención marginal y ocasional a las misiones. A la fuente
ha de situarse justa catequesis sobre la absoluta necesidad de Cristo Redent
para todo hombre.
La profundización catequética del Magisterio
de la Iglesia
El Magisterio de la Iglesia, sin embargo,
nunca ha dejado de ejercer con perseverancia su preocupación pastoral por la
catequesis mediante numerosas intervenciones. Sin dejar de lado el fructífero
compromiso de muchos obispos y Conferencias Episcopales, resulta obligado
recordar el ministerio pastoral del pontífice que guió a la Iglesia durante el
primer período del posconcilio. Su Santidad Juan Pablo II se expresó así:
"Mi venerado Predecesor Pablo VI sirvió a la catequesis de la iglesia de
manera especialmente ejemplar con sus gestos, su predicación, su
interpretación autorizada del Concilio Vaticano II, que él consideraba como la
gran catequesis de los tiempos modernos, con su vida entera" (2). Bajo su
autoridad y por inspiración suya tuvieron lugar acontecimientos y se publicaron
indicaciones de extraordinario relieve en favor de la catequesis.
Desde un punto de vista cronológico, resulta
oportuno hacer referencia en primer lugar al Ritual de la Iniciación cristiana
de adultos, promulgado el 6 de enero de 1972, que encierra una especial riqueza
para el servicio de la renovación catequética.
Un hito decisivo para la catequesis fue la
reflexión iniciada con ocasión de la Asamblea general del Sínodo de los
Obispos sobre la evangelización en el mundo contemporáneo, que se celebró en
octubre de 1974. Las propuestas de dicha reunión fueron presentadas al Papa
Pablo VI, quien promulgó la Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, de 8
de diciembre de 1975. Este documento presenta, entre otras cosas, un principio
de especial relieve: la catequesis como acción evangelizadora en el ámbito de
la gran misión de la Iglesia. La actividad de la Iglesia deberá consìderarse
de ahora en adelante como permanentemente partícipe de las urgencias y de las
ansias propias del mandato misionero para nuestro tiempo.
También la última Asamblea sinodal convocada
por Pablo VI en octubre de 1977 escogió la catequesis como tema de análisis y
de reflexión episcopal. Este Sínodo vio "en la renovación catequética
un precioso don del Espíritu Santo a la Iglesia contemporánea".
Juan Pablo II asumió este legado en 1978 y
formuló sus primeras orientaciones en la Exhortación apostólica Catechesi
tradendæ, que lleva la fecha del 16 de octubre de 1979. Esta Exhortación forma
una unidad coherente con la Exhortación Evangelii nuntiandi, y vuelve a colocar
la catequesis en el marco de la evangelización.
Durante su pontificado, Juan Pablo II ha
ofrecido un magisterio constante de altísimo valor catequético. Entre los
discursos, las cartas y las enseñanzas escritas sobresalen las doce Encíclicas:
desde Redemptor hominis hasta Ut unum sint. Estas Encíclicas constituyen en sí
mismas un corpus doctrinal sintético y orgánico, con vistas a la aplicación
de la renovación de la vida eclesial postulada por el Concilio Vaticano II.
Por lo que se refiere al valor catequético de
estos documentos del magisterio de Juan Pablo II, destacan: Redemptor hominis (4
de marzo de 1979), Dives in misericordia (30 de noviembre de 1980), Dominum et
vivificantem (18 de mayo de 1986), y por la reafirmación de la validez
permanente del mandato misionero Redemptoris missio (7 de diciembre de 1990).
En otro ámbito, las Asambleas generales,
ordinarias y extraordinarias, del Sínodo de los Obispos han tenido especial
incidencia en el ámbito de la catequesis. Por su especial importancia deben
señalarse las Asambleas sinodales de 1980 y de 1987, acerca de la misión de la
familia y de la vocación de los laicos bautizados. A los trabajos sinodales les
han seguido las correspondientes Exhortaciones apostólicas de Juan Pablo II
Familiaris consortio (22 de noviembre de 1981) y Christifedeles laici (30 de
diciembre de 1988).
Relevancia del Sínodo de 1985 para la
Catequesis
En el Sínodo extraordinario de 1985 se
quería hacer algo más que una mera conmemoración del Concilio Vaticano II. No
se debía mirar tan sólo hacia atrás, sino, con mirada profética, proyectar a
la Iglesia hacia los umbrales del tercer milenio; Reflexionar aún sobre la
situación de la comunidad eclesial en relación con las intuiciones del
Concilio, preguntándose como hacer propias hoy esas directrices y hacerlas
fecundas para el futuro.
En este contexto nació la idea de un
catecismo de la Iglesia universal. Los padres se pronunciaron en los siguientes
términos:
"De modo muy común se desea que se
escriba un catecismo o compendio de toda la doctrina católica, tanto sobre fe
como sobre moral, que sea como el punto de referencia para los catecismos y
compendios que se redacten en las diversas regiones. La presentación de la
doctrina sana debe ser tal que sea bíblica y litúrgica, que ofrezca la
doctrina sana y sea, a la vez, acomodada a la vida actual de los cristianos"
(3).
De este pasaje se puede relevar cómo los
Padres sinodales deseaban proponer un texto catequético en profunda continuidad
con la reflexión iniciada por el Concilio Vaticano II. Es decir: incorporar la
riqueza doctrinal y pastoral de la asamblea ecuménica en una síntesis
orgánica de la fe presente en la tradición de la Iglesia, para transmitirla en
la formación catequética de los fieles.
Así, el Catecismo de la Iglesia Católica, al
mismo tiempo que quiere dar a conocer y aplicar de manera más profunda y
adecuada la doctrina del Vaticano II, reafirma que la predicación del Evangelio
ocupa el primer lugar entre las finalidades de la Iglesia. En especial, hoy es
necesario un mayor compromiso para presentar la doctrina católica en su
totalidad y con un método más coherente con la naturaleza del mensaje
cristiano.
El Directorio General para la Catequesis
Este acontecimiento de tan hondo significado y
el conjunto de las acciones e intervenciones magisteriales anteriormente
indicadas, imponían el deber de revisar el Directorio General de Pastoral
Catequética, con el fin de adecuar esta valiosa herramienta teológico-pastoral
a la nueva situación y a las necesidades actuales.
La labor de reelaboración del Directorio
General para la Catequesis ha durado unos tres años, y puede considerarse
significativa expresión del vivo sentido de colaboración y de comunión en la
Iglesia. De hecho, aunque el texto haya sido publicado bajo la responsabilidad y
autoridad de la Congregación para el Clero, es sin embargo fruto de la
comunión con todos los obispos del mundo, con numerosas Conferencias
Episcopales, con varios Institutos nacionales e internacionales de catequesis,
así como con numerosos expertos representantes de culturas y situaciones
diversas, como también con los dicasterios de la curia romana interesados en la
materia.
El Directorio General para la Catequesis, aun
conservando la estructura fundamental del texto de 1971, se articula de la
siguiente manera:
— Una exposición introductoria, en la que
se ofrecen pautas para la interpretación y la comprensión de las situaciones
humanas y eclesiales. Se trata de breves diagnósticos finalizados a la misión.
— La primera parte enraíza de manera más
acentuada la catequesis en la Constitución conciliar Dei Verbum, enmarcándola
dentro de la evangelización presente en Evangelii nuntiandi y en Catechesi
tradendæ. Propone además una clarificación acerca de la naturaleza de la
catequesis.
— La segunda parte consta de dos capítulos.
En el primero se exponen las "Normas y criterios para la presentación del
mensaje evangélico en la catequesis". El capítulo segundo, completamente
lluevo, está al servicio de la presentación del Catecismo de la Iglesia
Católica como texto de referencia para la transmisión de la fe en catequesis y
para la redacción de los catecismos locales.
— La tercera parte aparece suficientemente
remozada, y en ella se formula además la sustancia de una pedagogía de la fe,
inspirada en la pedagogía divina, cuestión ésta que atañe tanto a la
teología como a las ciencias humanas.
— La cuarta parte tiene como título "Destinatarios
de la catequesis". En cinco breves capítulos se presta atención a las muy
distintas situaciones de las personas a quienes está dirigida la catequesis, a
los aspectos relacionados con la situación sociorreligiosa y, de manera
especial, a la cuestión de la inculturación.
— La quinta parte enmarca, como centro de
gravitación, a la Iglesia particular, que tiene el deber primordial de promover,
programar, vigilar y coordinar toda la actividad catequética.
— La conclusión exhorta a una
intensificación de la acción catequética con un llamamiento a confiar en la
acción del Espíritu Santo y en la eficacia de la Palabra de Dios.
Evidentemente, no todas las partes del
Directorio tienen la misma importancia. Las que tratan de la divina Revelación,
de la naturaleza de la catequesis, de los criterios que rigen el anuncio
cristiano, tienen igual valor para todos. En cambio, las partes que hacen
referencia a la situación actual, a la metodología y a la manera de adecuar la
catequesis a las diferentes situaciones de edad o contexto cultural, han de ser
acogidas más bien como indicaciones y pautas autorizadas.
Criterios de la revisión del Directorio
General para la Catequesis
¿Qué criterios teológico-pastorales han
presidido la redacción del Directorio General para la Catequesis y la
organización de sus partes?
Los principales pueden dividirse de la
siguiente manera:
— Criterios relacionados con el concepto de
catequesis, su carácter iniciático y su inspiración catecumenal;
— Criterios relacionados con el contenido de
la catequesis: principios que presiden la localización de los contenidos y su
presentación;
— Criterios relativos al método
catequético: pedagogía de Dios, fidelidad a Dios y a la persona humana e
inculturación;
— Criterio para la organización de la
pastoral catequética: la Iglesia particular como centro de gravitación.
El criterio iniciatico de la catequesis y su
inspiración catecumenal
Hay que recordar que la nueva redacción del
Directorio, respecto a la de 1971, trata de dar mayor precisión teológica al
concepto de catequesis. Manteniendo como el texto anterior el fundamento de la
catequesis en la realidad de la Revelación y respetando pues sustancialmente
Dei Verbum, integra la riqueza aportada por los documentos Evangelii nuntiandi y
Catechesi tradendæ. Estas fuentes que inspiran el concepto de catequesis no
sólo se presentan, sino que se relacionan entre sí y se comentan. De esta
manera, el nuevo Directorio presenta la catequesis como momento esencial del
proceso de evangelización.
La catequesis de iniciación es el eslabón
necesario entre la acción misionera, que llama a la fe, y la acción pastoral,
que alimenta continuamente a la comunidad cristiana. No es pues una acción
opcional, sino una acción básica y fundamental para la construcción de la
personalidad del discípulo y de la comunidad.
La catequesis está estrechamente vinculada a
los sacramentos de la iniciación, especialmente al Bautismo, "sacramento
de la fe". El eslabón que une catequesis y Bautismo es la profesión de fe,
que es al mismo tiempo el elemento interior de este sacramento, pero también
punto de partida y de llegada de la catequesis. Por ello el catecumenado
bautismal, formación específica mediante la cual los convertidos a la fe son
conducidos a la confesión de la fe bautismal, es modelo de toda catequesis.
El Directorio, haciendo referencia al Sínodo
de 1977, detalla equilibradamente en qué consiste el catecumenado bautismal
como modelo de toda catequesis.
De hecho, en los números 90 y 91 se subrayan
los elementos del catecumenado que deben inspirar la catequesis actual, así
como el significado de esta inspiración, advirtiendo sin embargo que entre
catequesis posbautismal y catequesis bautismal existe profunda diferencia.
— El catecumenado bautismal recuerda
constantemente a toda la Iglesia la importancia fundamental de la función de la
iniciación, con los factores básicos que la constituyen: la catequesis y los
sacramentos del Bautismo, de la Confirmación y de la Eucaristía. La pastoral
de iniciación cristiana es vital para toda Iglesia particular.
— El catecumenado bautismal es
responsabilidad de toda la comunidad cristiana. De hecho, "dicha
iniciación cristiana no ha de ser tan sólo obra de catequistas o sacerdotes,
sino de toda la comunidad de los fieles, y sobre todo de los padrinos". La
institución catecumenal incrementa de esta manera en la Iglesia la conciencia
de la maternidad espiritual que ésta ejerce en toda forma de educación a la fe.
— Finalmente, la concepción del
catecumenado bautismal como proceso de formación y auténtica escuela de fe
ofrece a la catequesis posbautismal una dinámica y algunos rasgos que le
imprimen carácter: la intensidad e integridad de la formación; su carácter
gradual, con etapas definidas; su relación con ritos, símbolos y signos,
especialmente bíblicos y litúrgicos; su referencia constante a la comunidad
cristiana.
La catequesis posbautismal, sin tener que
reproducir miméticamente la configuración del catecumenado bautismal, y
reconociendo a los catequizandos su realidad de bautizados, hará cosa buena si
se inspira en esta "escuela preparatoria para la vida cristiana",
dejándose fecundar por los principales elementos que la caracterizan. De aquí
la valoración hecha por el Ritual de la Iniciación cristiana de adultos como
referente fundamental para la catequesis.
Recopilación de los contenidos de la
catequesis y presentación de los mismos
La Palabra de Dios fuente de la catequesis
Consideremos ahora las normas y los criterios
en los que la catequesis debe inspirarse para recopilar, formular y exponer sus
contenidos.
El nuevo Directorio recupera sustancialmente
las normas y criterios del texto anterior, pero con una articulación nueva y
desde una perspectiva más rica.
En primer lugar fija la regla suprema: la
catequesis tomará su mensaje de la Palabra de Dios.
Sin embargo, esta única fuente, que es la
Palabra de Dios contenida en la Sagrada Tradición y en la Sagrada Escritura,
llega a nosotros por muchos caminos, que constituyen las fuentes de la
catequesis. Dicha Palabra, de hecho:
Es meditada y comprendida cada vez más
profundamente mediante el sentido de la fe de todo el Pueblo de Dios, bajo
la guía del Magisterio, que la enseña con autoridad;
— se celebra en la Liturgia, donde
constantemente se proclama, escucha, interioriza y comenta;
— resplandece en toda la vida de la Iglesia,
especialmente en el testimonio de los santos;
— se profundiza en la correcta
investigación teológica, que ayuda a los creyentes a progresar en la
inteligencia vital de los misterios de la fe;
— se manifiesta en los genuinos valores
religiosos y morales que, como semillas de la Palabra, están diseminados en la
sociedad humana y en las diferentes culturas.
Todas estas son las fuentes, principales o
subsidiarias, de la catequesis, que de ninguna manera han de entenderse en
sentido unívoco.
Tradición, Escritura y Magisterio,
íntimamente comunicados y vinculados, son "cada uno a su manera" las
fuentes principales de la catequesis.
Las "fuentes" de la catequesis
tienen cada una de ellas su lenguaje, que recibe forma a través de una rica
variedad de "documentos de la fe". La catequesis es tradición viva de
tales documentos.
Hoy no se puede prescindir de la aportación
del Catecismo de la Iglesia Católica como síntesis orgánica de la fe a nivel
universal.
El presente Directorio no dedica un capítulo
específico a la exposición de los contenidos de la fe, como se había hecho en
el texto de 1971 bajo el título "Elementos esenciales del mensaje
cristiano" (4), y ello porque el contenido del mensaje ya queda expuesto
precisamente en el Catecismo de la Iglesia Católica, del que el Directorio
quiere ser instrumento metodológico para su concreta aplicación. Sin embargo,
este dato impone aclarar con precisión la relación existente entre Directorio
y Catecismo. A este respecto resulta fundamental el n. 120, en el que se
establece una relación de distinción y de complementariedad entre los dos
documentos.
Son distintos porque:
— El Catecismo de la Iglesia Católica es
"una exposición de la fe de la Iglesia y de la doctrina católica,
atestiguadas e iluminadas por las Sagradas Escrituras, por la Tradición
apostólica y por el Magisterio de la Iglesia".
— El Directorio General para la Catequesis
es la propuesta de "fundamentales principios teológico-pastorales, tomados
del Magisterio de la Iglesia y más especialmente del Concilio Ecuménico
Vaticano II, con arreglo a los cuales puede orientarse y coordinarse más
adecuadamente" la actividad catequética de la Iglesia.
Son complementarios porque:
— El Catecismo de la Iglesia Católica es un
acto del Magisterio del Papa, con el que, en nuestro tiempo, éste sintetiza
normativamente, en virtud de la autoridad apostólica, la globalidad de la fe
católica, y la ofrece en primer lugar a las Iglesias, como punto de referencia
para la exposición auténtica del contenido de la fe.
— El Directorio General para la Catequesis,
por su parte, tiene el valor que la Santa Sede suele atribuir a estos
instrumentos de orientación, aprobándolos y confirmándolos. Se trata de una
herramienta oficial para la transmisión del mensaje evangélico y para la
acción catequética en su conjunto.
Los dos instrumentos, considerados cada uno en
su género y en su autoridad específica, se complementan recíprocamente.
Como se desprende del cotejo con el anterior
Directorio, se ha querido enriquecer el tema de las fuentes de la catequesis
hablando de la fuente de la catequesis, con vistas a subrayar la unicidad de la
Palabra de Dios y para reiterar con mayor amplitud en concepto de Revelación
presente en Dei Verbum. Ahora bien, la fuente viva de la Palabra de Dios y las
fuentes que de ésta se derivan proporcionan a la catequesis los criterios para
la presentación de su mensaje.
El nuevo Directorio, respecto al anterior,
aporta, también en lo que concierne a este punto, una novedad: relaciona estos
criterios unos con otros. De esta manera se muestra la fuente de la que han
brotado, así como su recíproca y dinámica relación, que impide caer en
acentuaciones unilaterales.
Por ello:
— El mensaje centrado en la persona de
Jesucristo (cristo-centrismo), por su dinámica interna, introduce en la
dimensión trinitaria del mismo mensaje.
— El anuncio de la Buena Nueva del Reino de
Dios, centrado en el don de la salvación, implica un mensaje de liberación.
— El carácter eclesial del mensaje remite a
su carácter histórico, toda vez que la catequesis, como la evangelización en
su conjunto, se realiza "en el tiempo de la Iglesia".
— El mensaje evangélico, al ser Buena Nueva
destinada a todos los pueblos, quiere ser significativo para la persona humana,
y esta capacidad de significación sólo podrá ser auténtica si el mensaje se
presenta en toda su organicidad, integridad y pureza.
Aunque estos criterios son válidos para todo
el ministerio de la Palabra, los trataremos seguidamente en relación con la
catequesis.
El cristocentrismo del mensaje evangélico
— "En el centro mismo de la catequesis
hallamos esencialmente a una persona, Jesús de Nazaret". En realidad,
tarea fundamental de la catequesis es presentar a Cristo verdadero Dios
verdadero hombre: todo lo restante lo refiere a él.
— Cristo está en el "centro de la
historia de la salvación", la catequesis presenta. El mensaje catequético
ayuda al cristiano situarse en la historia y a insertarse activamente en ella,
mostrando que Cristo es el sentido último de dicha historia. Además, todo que
transmite la catequesis es "la enseñanza de Jesucristo, la dad que él
comunica o, para ser más exactos, la Verdad que él
El cristocentrismo de la catequesis, en virtud
de su dinámica interna, lleva a la confesión de la fe en Dios: Padre, Hijo y
Espíritu Santo. Se trata de un cristocentrismo esencialmente trinitai
Las consecuencias de este cristocentrismo
trinitario pan catequesis son las siguientes:
— Toda modalidad de presentación
catequética será siempre cristocéntrico-trinitaria: "Por Cristo al Padre
en el Espíritu". Una catequesis que omitiera alguna de estas dimensiones o
que no conociera su conexión orgánica correría el peligro de traiciona
originalidad del mensaje cristiano.
— Siguiendo la misma pedagogía de Jesús en
su revelación del Padre, de sí mismo como Hijo y del Espíritu Santo, la
catequesis mostrará la vida íntima de Dios a partir de las obras salvificas en
favor de la humanidad.
— La presentación del ser íntimo de Dios
revelado por Jesús uno en la esencia y trino en las personas, mostrará las
implicaciones vitales para la vida de los seres humanos. Confesar a solo Dios
significa que "el hombre no debe someter su propia libertad personal, de
manera absoluta, a ningún poder terreno Significa además que la humanidad,
creada a imagen de un D que es "comunión de personas", está llamada
a ser una sociedad fraterna, formada por hijos de un mismo Padre, iguales en
dignidad personal.
Un mensaje que anuncia la salvación
El segundo binomio de criterios para la
presentación del mensaje establece una correlación entre el don de la
salvación y el mensaje de liberación insisto en la salvación. En la
predicación de Jesús el anuncio del Reino de Dios ocupa un lugar central. La
catequesis transmite este mensaje del Reino, subrayando sus siguientes aspectos
fundamentales:
Estos son:
— Jesús, con la venida del Reino, anuncia y
revela que Dios no es un ser lejano e inaccesible, sino que está presente en
medio de sus criaturas.
— Al mismo tiempo Jesús indica que Dios,
con su Reino, ofrece el don de la salvación integral, libera del pecado,
introduce a la comunión con el Padre, concede la filiación divina y promete la
vida eterna, venciendo a la muerte.
— Al anunciar el Reino, Jesús anuncia la
justicia de Dios; programa el juicio divino y nuestra responsabilidad. El
anuncio del juicio de Dios, con su poder de formación de las conciencias, es un
contenido central del Evangelio y buena noticia para el mundo.
— Jesús manifiesta finalmente que la
historia de la humanidad no camina hacia la nada, sino que, en sus aspectos de
gracia y pecado, es, en él, asumida por Dios para ser transformada.
Un mensaje de liberación
Las bienaventuranzas de Jesús son anuncio
escatológico de la salvación que el Reino lleva consigo. Ellas reflejan esa
experiencia tan desgarradora a la que tan sensible es el Evangelio: la pobreza,
el hambre y el sufrimiento de la humanidad (5). Como dimensión importante de su
misión, la Iglesia tiene el deber de anunciar la liberación de millones de
seres humanos, muchos de los cuales son hijos suyos".
Para preparar a los cristianos con vistas a
esta tarea, la catequesis cuidará, entre otras cosas, los siguientes aspectos:
— Situará el mensaje de liberación en la
perspectiva de la "finalidad específicamente religiosa de la
evangelización", pues ésta perdería su razón de ser "si se
apartara del eje religioso que la gobierna".
— La catequesis presentará la moral social
cristiana como exigencia de la justicia de Dios y consecuencia de la "liberación
radical llevada a cabo por Cristo".
— Igualmente, en la tarea de la iniciación
a la misión, la catequesis suscitará en los catecúmenos y en los
catequizandos "la opción preferencial por los pobres", que no es
exclusiva ni excluyente, y tendrá en cuenta que la primera y radical pobreza es
la de ser pecadores.
Eclesialidad del mensaje evangélico
El auténtico sujeto de la catequesis es la
Iglesia, la cual, como continuadora de la misión de Jesús Maestro y animada
por el Espíritu, ha sido enviada para que sea maestra de la fe.
La naturaleza eclesial de la catequesis otorga
al mensaje evangélico transmitido un intrínseco carácter eclesial. La
catequesis es el proceso de transmisión del Evangelio tal y como la comunidad
cristiana lo ha recibido, lo comprende, lo celebra, lo vive y lo comunica en
diversas formas.
Por lo tanto, cuando la catequesis transmite
el misterio de Cristo, resuena en su mensaje la fe de todo el Pueblo de Dios a
lo largo de la historia. Esta fe, transmitida por la comunidad eclesial, es una
sola.
La catequesis es pues, en la Iglesia, el
servicio que introduce a los catecúmenos y a los catequizandos en la unidad de
confesión de fe.
Carácter histórico del misterio de la
salvación
La "economía de la salvación"
tiene un carácter histórico, ya que se realiza en el tiempo: "Se inició
en el pasado, se desarrolló y alcanzó su cumbre en Cristo, extiende su poder
en el presente y aguarda su consumación en el futuro". Por ello la Iglesia,
al transmitir hoy el mensaje cristiano, hace "constante memoria" de
los acontecimientos salvíficos del pasado, narrándolos. A la luz de éstos
interpreta los acontecimientos actuales de la historia humana, en la que el
Espíritu Santo renueva la faz de la tierra, y permanece en creyente espera de
la venida del Señor.
El carácter histórico del mensaje cristiano
obliga a la catequesis a cuidar los siguientes aspectos:
— Presentar la historia de la salvación por
medio de una catequesis bíblica que dé a conocer las "obras y las
palabras" con las que Dios fue progresiva y gradualmente revelándose a la
humanidad;
— Al explicar el Símbolo de la fe y el
contenido de la moral cristiana la catequesis ha de arrojar luz sobre el "hoy"
de la historia de la salvación. De hecho, "... el ministerio de la Palabra
interpreta, a la luz de la revelación, la vida humana de nuestro tiempo, los
signos de los tiempos y las realidades de este mundo";
— Situar los sacramentos dentro de la
historia de la salvación por medio de una catequesis mistagógica, que "relee
y revive todos estos grandes acontecimientos de la historia de la salvación en
el ‘hoy’ de la Liturgia".
Integridad del mensaje evangélico
El último binomio de criterios
recíprocamente relacionados para la presentación de los contenidos
catequéticos atañe a la integridad y organicidad del mensaje evangélico, en
lo que se refiere a su capacidad de significado para la persona humana.
Jesús anuncia el Evangelio en su integridad:
".. .todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer" (Jn
15,15). Cristo exige esta misma integridad a sus discípulos cuando los envía a
la misión: ". . .enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado"
(Mt 28,19). Por ello un criterio fundamental de la catequesis es la salvaguardia
de la integridad del mensaje, evitando presentaciones parciales o deformadas del
mismo.
Dos dimensiones, íntimamente unidas, subyacen
a este criterio. La primera:
— La integridad debe acompañarse con la
adecuación. La catequesis parte de una simple proposición de la estructura
íntegra del mensaje cristiano, y la expone de forma adecuada a la capacidad de
los destinatarios. Sin limitarse a esta exposición inicial, la catequesis,
gradualmente, irá proponiendo el mensaje de manera cada vez más amplia y
explícita, según las capacidades del catequizando y el carácter propio de la
catequesis. Estos dos niveles de exposición íntegra del mensaje se denominan
"integridad intensiva" e "integridad extensiva".
— La segunda: presentar el mensaje
evangélico auténtico, en toda su pureza, sin rebajar las exigencias por temor
a un rechazo y sin imponer pesadas cargas que en realidad dicho mensaje no
incluye, ya que el yugo de Jesús es suave. En la necesaria tarea de conjugar
integridad y adaptación siempre existe una tensión: "La evangelización
pierde mucha de su fuerza y eficacia si no toma en consideración al pueblo
concreto al que se dirige...", sin embargo, "... corre el peligro de
perder su alma y desvanecerse si su contenido es vaciado o desnaturalizado con
el pretexto de traducirlo...".
Un mensaje orgánico y jerarquizado
El mensaje que la catequesis transmite posee
un "carácter orgánico y jerarquizado" y constituye una síntesis
coherente y vital de la fe. Se organiza alrededor del misterio de la Santísima
Trinidad, desde una perspectiva cristocéntrica, ya que es "la fuente de
todos los demás misterios de la fe; es la luz que los ilumina...". El
conjunto del mensaje se dispone con arreglo a una "jerarquía de las
verdades". Pero esta jerarquía "no significa que algunas verdades
pertenezcan a la fe menos que otras, sino que algunas verdades se fundan en
otras más importantes que arrojan luz sobre ellas".
Todos los aspectos y las dimensiones del
mensaje cristiano participan de esta organicidad jerarquizada:
— La historia de la salvación se organiza
alrededor de Jesucristo, que es centro de la misma.
— El Símbolo apostólico es la síntesis y
la clave de lectura de toda la Escritura y de toda la doctrina de la Iglesia,
que se ordena jerárquicamente alrededor de él.
— También los sacramentos son un todo
orgánico de fuerzas regeneradoras que dimanan del misterio pascual de
Jesucristo, formando "un organismo en el que cada uno de ellos desempeña
un papel vital". La Eucaristía ocupa en este organismo un lugar único,
hacia el que los demás sacramentos están ordenados: se presenta como
"sacramento de sacramentos".
— El doble mandamiento del amor a Dios y al
prójimo constituye, en el mensaje moral, la jerarquía de los valores que el
mismo Jesús estableció: "Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y
los profetas" (Mt 22,40).
— El Padrenuestro, al resumir la esencia del
Evangelio, sintetiza y jerarquiza las inmensas riquezas de oración contenidas
en la Sagrada Escritura y en toda la vida de la Iglesia.
Un mensaje significativo para la persona
humana
Una presentación íntegra, orgánica y
jerarquizada del mensaje evangélico hace de éste un acontecimiento hondamente
significativo para la persona humana. La relación del mensaje cristiano con la
experiencia humana no es una mera cuestión metodológica, sino que germina de
la misma finalidad de la catequesis, que persigue hacer que la persona humana
entre en comunión con Jesucristo. La catequesis actúa con vistas a una
identidad de experiencia humana entre Jesús Maestro y el discípulo, y enseña
a pensar como él, actuar como él, amar como él. Vivir la comunión con Cristo
significa vivir la experiencia de la vida nueva de la gracia.
Concluyendo esta exposición acerca de los
criterios para la presentación de los contenidos de la catequesis, es preciso
observar que de tales criterios y normas no puede deducirse el orden que debe
observarse en la exposición del contenido. De hecho, "puede ser que, en la
presente situación de la catequesis, razones de método o de pedagogía
aconsejen organizar de una manera antes que de otra la transmisión de las
riquezas del contenido de la catequesis". Puede partirse de Dios para
llegar a Cristo y viceversa; igualmente, puede partirse de la persona humana
para llegar a Dios, y a la inversa. La adopción de un orden determinado en la
presentación del mensaje está condicionada por las circunstancias y por la
concreta situación de fe de quien recibe la catequesis.
Corresponde a los obispos impartir normas más
precisas en este campo y aplicarlas mediante directorios catequéticos,
catecismos para las distintas edades y condiciones culturales, y con otros
medios juzgados más oportunos, siempre con la más absoluta fidelidad a los
contenidos y a la integridad de los mismos.
Los criterios de la pedagogía de Dios y de la
inculturación
Consideremos ahora dos criterios que atañen
al método catequético. Parece indicado tratar en primer lugar la pedagogía de
Dios.
Dios ha hablado al hombre no sólo a través
de las obras de la creación (6), sino sobre todo como un padre al hijo, un
amigo al amigo, el esposo a la esposa, adaptándose a la capacidad de
comprensión del hombre y respetando plenamente su libertad. Esta forma de
actuar de Dios se denomina pedagogía de Dios.
Las dos funciones fundamentales de la Palabra
de Dios, la salvífica y la educadora, se hallan inseparablemente unidas en lo
que podríamos llamar el método seguido por Dios para comunicar a los hombres
su Palabra salvadora.
La catequesis, como comunicación de la divina
Revelación, se inspira radicalmente en la pedagogía de Dios, acoge los rasgos
constitutivos de ésta y, guiada por el Espíritu Santo, elabora una sabia
síntesis de la misma, favoreciendo de tal manera una auténtica experiencia de
fe, un encuentro filial con Dios.
De esta forma la catequesis:
— es una pedagogía que se inserta en el
"diálogo de salvación" entre Dios y la persona y se pone al servicio
de dicho diálogo; en lo que respecta a Dios, subraya la iniciativa divina, la
motivación amorosa, la gratuidad, el respeto a la libertad; por lo que atañe
al hombre, pone en evidencia la dignidad del don recibido y la exigencia de
crecer continuamente en dicho don;
— acepta el principio del carácter
progresivo de la Revelación, la trascendencia y naturaleza misteriosa de la
Palabra de Dios, así como su correcta adaptación a las diferentes personas y
culturas;
— reconoce la centralidad de Jesucristo,
Palabra de Dios humanada que determina la catequesis como "pedagogía de la
encarnación", conforme a la cual siempre hay que proponer el Evangelio
para la vida y en la vida de las personas;
— valora la experiencia comunitaria de la fe
como propia del Pueblo de Dios, de la Iglesia;
— arraiga en la relación interpersonal y
hace propio el proceso del diálogo;
— se hace pedagogía de los signos, en la
que se cruzan hechos y palabras, enseñanza y experiencia;
— siendo el amor de Dios la razón última
de su Revelación, la catequesis toma su fuerza de verdad y el compromiso
constante de atestiguarla del inagotable amor divino, que es el Espíritu Santo.
La catequesis es pues pedagogía en acto de la
fe. En la realización de sus tareas no puede dejarse inspirar por
consideraciones ideológicas o por intereses puramente humanos; no confunde la
acción salvífica de Dios, que es pura gracia, con la acción pedagógica del
hombre, pero tampoco las enfrenta o las separa.
La catequesis como pedagogía en acto de la fe
recibe de Jesucristo una ley fundamental: la de la fidelidad a Dios y la
fidelidad al hombre. Será pues genuina la catequesis que no sólo ayuda a
percibir la acción de Dios a lo largo de todo el camino de formación,
fomentando un clima de escucha y de oración, sino que presta atención a toda
persona humana, teniendo en cuenta la diversidad de situaciones y culturas en la
que ésta vive, con el fin de ofrecerle la única Palabra que salva en forma de
alimento sano y adecuado. Por ello la ley fundamental de la fidelidad a Dios y
al hombre está en el origen de un segundo criterio que preside el método
catequético: la sabia, prudente inculturación del mensaje.
La inculturación del mensaje evangélico
"Cristo..., mediante su encarnación, se
vinculó a determinadas condiciones sociales y culturales de los hombres con
quienes vivió". Esta es la originaria "inculturación" de la
Palabra de Dios y el modelo de referencia para toda evangelización de la
Iglesia, "llamada a llevar la fuerza del Evangelio al corazón de la
cultura y de las culturas".
Es la "inculturación" un proceso
profundo y global y un camino lento.
En esta obra de inculturacìón, sin embargo,
las comunidades cristianas deberán llevar a cabo un discernimiento: se trata de
"asumir", por una parte, las riquezas culturales compatibles con la fe;
pero se trata también, por otra parte, de ayudar a "sanar" y "transformar"
aquellos criterios, formas de pensar o estilos de vida que estén en contraste
con el Reino de Dios. Este discernimiento está regido por dos principios
básicos: "la compatibilidad con el Evangelio y la comunión con la Iglesia
universal".
En esta inculturación de la fe a la
catequesis se le presentan concretamente distintas tareas. Entre estas cabe
señalar:
— Considerar la comunidad eclesial como
principal factor de inculturación. Una expresión, y al mismo tiempo un eficaz
instrumento de esta tarea la constituye el catequista, quien, junto con un hondo
sentido religioso, debe poseer una viva sensibilidad social y estar bien
arraigado en su ambiente cultural.
— Elaborar catecismos locales que respondan
a las exigencias provenientes de las diferentes culturas.
— Realizar una oportuna inculturación en el
catecumenado y en las instituciones catequéticas, incorporando con
discernimiento el lenguaje, los símbolos y los valores de la cultura en la que
viven los catecúmenos y los catequizandos.
— Presentar el mensaje cristiano de forma
que éste haga aptos para dar "razón de la esperanza" (1 P 3,15) a
quienes deben anunciar el Evangelio en medio de culturas a menudo paganas y a
veces poscrìstianas. Una apologética bien lograda, que fomente el diálogo
fe-cultura, resulta imprescindible hoy en día.
La Iglesia particular: criterio para la
organización de la pastoral catequética
De manera más acentuada respecto al texto de
1971, el nuevo Directorio ve en la diócesis el lugar natural de desarrollo del
ministerio catequético, y identifica en la figura del obispo el eje que
sustenta la organización catequética.
El anuncio del Evangelio y la celebración de
la Eucaristía son los dos pilares sobre los cuales se edifica y en cuyo
derredor se reúne la Iglesia particular. La catequesis es una acción
evangelizadora básica de toda Iglesia particular. Por medio de ella, la
diócesis ofrece a todos sus miembros un proceso de formación que permite
conocer, celebrar, vivir y anunciar el Evangelio en el propio horizonte
cultural. De esta forma, la confesión de la fe, meta de la catequesis, puede
ser proclamada por los discípulos de Cristo "en sus lenguas", sin
dejar de ser la misma. Como en Pentecostés, también hoy la Iglesia de Cristo,
"presente y operante" en las Iglesias particulares, "habla todas
las lenguas", pues como árbol en crecimiento arraiga en todas las culturas.
La comunidad cristiana y la responsabilidad de
catequizar
La catequesis es responsabilidad de toda la
comunidad cristiana. La iniciación cristiana, en efecto, "no debe ser tan
sólo obra de los catequistas o de los sacerdotes, sino de toda la comunidad de
los fieles".
Aunque toda la comunidad cristiana es
responsable de la catequesis, y aunque todos sus miembros deben dar testimonio
de la fe, sólo algunos reciben el mandato eclesial de ser catequistas. Junto
con la misión originaria que tienen los padres respecto a sus hijos, la Iglesia
concede oficialmente a determinados miembros del Pueblo de Dios,
específicamente llamados a ello, la delicada misión de transmitir
orgánicamente la fe en el seno de la comunidad.
En la diócesis la catequesis es un servicio
único, realizado concretamente por presbíteros, diáconos, religiosos y laicos
en comunión con el obispo. Aunque sacerdotes, religiosos y laicos realicen en
común la catequesis, lo hacen de forma diferenciada, cada uno conforme a su
particular estado en la Iglesia (ministros sagrados, personas consagradas,
fieles cristianos). Si llegara a faltar alguna de estas formas de presencia, la
catequesis perdería parte de la propia riqueza y del propio significado.
Es sin embargo el obispo el primer responsable
de la catequesis en la Iglesia particular. El Concilio Vaticano II pone de
relieve la eminente importancia que en el ministerio episcopal tienen el anuncio
y la transmisión del Evangelio: "Entre las principales funciones de los
obispos destaca el anuncio del Evangelio". En el ministerio profético de
los obispos, el anuncio misionero y la catequesis constituyen dos aspectos
íntimamente unidos. Para desempeñar esta función, los obispos reciben
"un carisma cierto de verdad".
Los obispos son "los primerísimos
responsables de la catequesis, los catequistas por excelencia."
Esta preocupación por la actividad
catequética llevará al obispo a asumir "la alta dirección de la
catequesis" en la Iglesia particular, lo que implica entre otras cosas:
— Asegurar a su Iglesia la prioridad
efectiva de una catequesis activa y eficaz, "que ponga en juego las
personas, los medios y los instrumentos, así como los necesarios recursos
económicos".
— Ejercer la solicitud por la catequesis
mediante una intervención directa en la transmisión del Evangelio a los fieles,
velando al mismo tiempo por la autenticidad de la confesión de fe y por la
consiguiente adecuación de los textos y herramientas que hayan de utilizarse.
— "Suscitar y mantener una real y
auténtica pasión por la catequesis; Una pasión que se encarne, eso sí, en
una organización adecuada y eficaz", actuando con la profunda convicción
de la importancia de la catequesis para la vida cristiana de una diócesis.
— Emplearse "para que los catequistas
estén convenientemente preparados para su cargo, de forma que conozcan en
profundidad la doctrina de la Iglesia y aprendan en la teoría y en la práctica
las leyes de la psicología y las materias pedagógicas".
— Establecer en la diócesis un proyecto
global de catequesis, articulado y coherente, que responda a las verdaderas
necesidades de los fieles y tenga su oportuna ubicación en los planes
pastorales de la diócesis. Dicho proyecto puede coordinarse con los planes de
la Conferencia Episcopal.
Conclusión
Hasta aquí los principales motivos y
criterios que han presidido la reelaboración del Directorio General para la
Catequesis.
A modo de conclusión parece oportuno hacer
una breve referencia a las finalidades, destinatarios y empleo del texto.
La finalidad del presente Directorio es
naturalmente la misma que perseguía el texto de 1971. De hecho pretende
proporcionar los "fundamentales principios teológico-pastorales, tomados
del Magisterio de la Iglesia y más especialmente del Concilio Ecuménico
Vaticano II, con arreglo a los cuales puede orientarse y coordinarse más
adecuadamente la acción pastoral del ministerio de la Palabra" y,
concretamente, la catequesis. La intención fundamental era y es ofrecer
reflexiones y principios, más que aplicaciones inmediatas o directrices
prácticas. Semejante camino y método se ha adoptado sobre todo por la
siguiente razón: sólo comprendiendo rectamente desde el principio la
naturaleza y los fines de las catequesis, así como las verdades y valores que
deben transmitirse, podrán evitarse defectos y errores en materia catequétìca.
Es competencia específica de los episcopados
la aplicación más concreta de estos principios y enunciados, mediante
orientaciones y directorios nacionales, regionales o diocesanos, catecismos y
por todo otro medio estimado adecuado para promover eficazmente la catequesis.
Destinatarios del Directorio son
principalmente los obispos, las Conferencias Episcopales y en general cuantos,
bajo su mandato y presidencia, tienen responsabilidades en ámbito catequético.
Naturalmente, el Directorio puede constituir una herramienta válida para la
formación de los candidatos al sacerdocio, la formación permanente de los
presbíteros y la formación de los catequistas.
Una finalidad inmediata del Directorio es
ayudar a la redacción de los directorios catequéticos y de los catecismos
locales. Conforme a la sugerencia recibida de muchos obispos, se incluyen
numerosas notas y referencias, que pueden ser de gran utilidad para la
elaboración de los mencionados instrumentos.
Como el Directorio está destinado a las
Iglesias particulares, cuyas situaciones y necesidades pastorales son muy
variadas, resulta evidente que sólo han podido tomarse en consideración las
situaciones comunes o intermedias. Lo mismo sucede cuando se describe la
organización de la catequesis en sus distintos niveles. Al emplear el
Directorio téngase en cuenta esta observación. Como ya se indicaba en el texto
de 1971, ello resultará insuficiente en las regiones donde la catequesis ha
podido alcanzar un alto nivel de calidad y de medios, apareciendo tal vez
excesivo en aquellos lugares en los que aún no ha podido experimentar ese
progreso.
Al publicar el presente documento, nuevo
testimonio de la solicitud de la Sede Apostólica hacia el ministerio
catequético, se expresa el voto de que dicho texto sea acogido, examinado y
estudiado con gran atención, tomando en consideración las necesidades
pastorales de cada Iglesia particular; y que pueda también estimular en el
futuro estudios e investigaciones más profundos, que respondan a las
necesidades de la catequesis y a las normas y orientaciones del Magisterio
eclesiástico.
Trátase de un vehículo a través del cual se
hacen pasar esas certezas que los hombres de todo tiempo y lugar necesitan para
la vida y a las que tienen derecho como hijos de Dios.
Una metodología, una criteriología de
transmisión inteligente, a la altura de los tiempos y de las culturas,
constituye un valioso instrumento pastoral para responder a ese derecho de los
fieles. Cuantos en la Iglesia somos, por oficio o por mandato, responsables de
la catequesis y de la predicación, hemos de poder proporcionar adecuadamente
respuestas claras acerca de las verdades ciertas de la fe, y respuestas
responsables a los problemas abiertos y objeto de discusión.
Con la presente herramienta se favorece
además la oferta de los contenidos objetivos de la fe católica en la
interioridad psicológica y afectiva del "yo" de cada uno. No es
suficiente, en efecto, conocer las verdades y certezas de la fe, ya que la fe en
su esencia es también acto de seguimiento y de confianza en la persona de
Cristo, en quien creemos.
Y ya que todo fiel debe siempre estar
preparado, ante Dios y los demás, a dar razón del don de la fe en Jesucristo,
hoy igual que mañana, invito a hacer, en este último tramo de recorrido que
nos separa del gran Jubileo, un intenso camino común de catequesis, incluso
prioritario respecto a tantas otras cosas que de todas formas no podemos omitir.
Recorramos este camino en profunda comunión de intenciones y de afectos
eclesiales.
Todos hemos de llegar al tercer milenio "fuertes
en la fe". Nuestras comunidades serán fuertes en la medida en que cada uno
sabrá darse a sí mismo y ofrecer a los demás la razón del propio creer y de
su propia adhesión personal a Cristo, único Redentor de todos los hombres.
Que el ejemplo de la Madre, quien llegó a
estar realmente presente en el misterio de Cristo precisamente por "haber
creído", nos sirva de guía y apoyo. Estar presentes en el misterio de
Cristo significa dejarse determinar por este mismo misterio en nuestra forma de
vida.
NOTAS
(1) CD 14.
(2) CT 2.0
(3) ASAMBLEA EXTRAORDINARIA DEL SÍNODO DE LOS
OBISPOS, Relatio Finalis,
IIB 4
(4) DCG capítulo 2°, parte 3a.
(5) Cf. Lc 6, 20-21.
(6) Cf. Rm 1, 20-23.
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