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PONTIFICIUM OPUS A SANCTA INFANTIA
INFANCIA BOLETÍN N° 9 Julio 2001 _____________________________________________________________________________
esde la
publicación de nuestro último boletín he podido visitar varios
continentes, participando en diversos Encuentros de niños y de
animadores, visitando las instituciones que ayudamos, y por lo tanto
encontrándome con cientos, tal vez miles de niños. Por una parte, niños
sonrientes, contentos de compartir su fe y su pan con otros niños. Por
otra parte, niños necesitados: niños de la guerra, niños esclavos, niños
con SIDA, niños de la calle. A veces, la necesidad y la alegría se unen
y en medio a la carencia de lo más esencial, se ven sonrisas y se siente
la alegría. Otras veces no. Son, aquellos, lugares adonde nuestras ayudas
todavía no llegan. Son niños que sienten hambre de pan y hambre de Dios.
Y son tantos. Si
bien es hermoso ver miles de niños reunidos para manifestar al mundo su
fe y su misión, es muy
triste ver niños que no conocen a Jesús y que carecen de todo. Comparto
con Uds. una breve historia que he podido encontrar: Un
hombre ve una niña que pide limosna: es una fría noche de invierno y la
pequeña tiene poco abrigo y nada qué comer. El buen hombre le da una
limosna, pero siente rabia contra Dios: “Señor – pregunta – ¿por
qué permites estas injusticias? ¡Haz algo!”. Luego el hombre llega a
su casa, abre la puerta y oye la voz de Dios que le grita: “¡Yo he
hecho algo!: …te he hecho a ti”. Muchas
veces no nos damos cuenta de que Dios nos ha hecho para ser instrumentos
suyos en la caridad. Si queremos verdaderamente una sociedad más justa y
solidaria, debemos comenzar por los niños. Debemos enseñarles a
compartir y debemos enseñarles a recibir, viendo en ello la mano de Dios.
Necesitamos poner manos a la obra, necesitamos -con palabras del Santo
Padre- una nueva “fantasía de la caridad”. Debemos esforzarnos por
inventar nuevas formas de ayuda. Millones de niños dependen de nosotros,
de nuestro ingenio, de nuestro esfuerzo. Ninguna iniciativa es pequeña.
Uniéndolas todas, podremos mirar directamente en los ojos a miles de niños
menos favorecidos. En el fondo, es Cristo mismo quien nos mira desde los
ojos suplicantes de estos niños.
P.
Patricio
Correo
Misionero
“Queremos
solamente decirles gracias, gracias por habernos ayudado tanto en nuestra
escuela. Ésta no contaba con materiales. Uds. nos han enviado libros de
francés, de geografía, de matemáticas, de historia y otros. Ahora
podemos leer y escribir bien. No se cansen de hacer el bien. Yo me llamo
Cecilia y soy una niña refugiada. Estoy aquí con mis amigos en la
escuela y con los libros para poder leer.
Somos 32 niños refugiados en esta escuela”.
“Hemos iniciado un pequeño jardín de
infancia en el garage de la casa parroquial. Hemos tenido que limitar las
inscripciones y tenemos cerca de 70 niños que frecuentan con bastante
regularidad; 7 de ellos son musulmanes. Además del programa previsto por
el Ministerio de Educación, hemos establecido una hora de catecismo
semanal. Sobra contarles la alegría de estos niños y de su padres.
Parecen cambiados radicalmente: juegan juntos, aprenden a tener un lápiz
entre las manos, a dibujar y a portarse bien. Para Navidad hemos logrado
organizar un pequeño espectáculo con cantos, poesías y representaciones
teatrales que invitaban, con ocasión del nacimiento del Niño Jesús, a
practicar los valores de la solidariedad, de la fraternidad y del amor.
Todas las personas de los pueblos vecinos – ya sean cristianos o
musulmanes- miran con esperanza y con simpatía la obra realizada con
vuestro apoyo y contribución”. “La diócesis
de Mannar presta una atención especial a la animación de los niños para
que ayuden a otros niños que viven en condiciones más necesitadas. Por
ello cada año hacemos todo lo posible para organizar y recolectar fondos
en favor de la Santa Infancia.
“Me ha impresionado mucho ver a los niños
de las áreas rurales enfermos, descalzos, y que viven en casas poco cómodas,
entregar en la alcancía de la Infancia Misionera una moneda de 10
centavos (moneda local). Claro, no es mucho, pero, viendo estas
situaciones, he comprendido el sentir de nuestro Fundador Mons. De Forbin
Janson: “que los niños salven a los niños”, desde su riqueza
espiritual y desde su pobreza material. Con el corazón en la mano he
visto en muchas ocasiones este gesto de cooperación que es una ofrenda de
vida, como la de Jesús hecho un niño pobre desde donde inició su misión
redentora…” “La
donación recibida de la Infancia Misionera ha ayudado nuestros esfuerzos
personales. En efecto, partiendo de nuestra pobreza habíamos invitado a
todos los alumnos a preocuparse por la miseria que nos rodea,
principalmente la de los refugiados por causa de la guerra: hemos hecho un
llamamiento a la generosidad de los alumnos, quienes han dado su
contribución privándose de una bebida o de una merienda durante el
recreo, logrando así reunir una buena cantidad”. “La Santa Infancia realiza encuentros
mensuales y semanales, a través de los cuales se infunde el amor del Niño
Jesús en los corazones de los niños. Ellos reciben una formacion ética,
moral, litúrgica y cultural. Reciben formación misionera y les mostramos
la realidad de los niños de otras partes del mundo con la ayuda de
fotografías. Los niños rezan por ellos y hacen pequeños sacrificios.
Con estos sacrificios, se hace la colecta en cada grupo y se envía a la
curia junto con el dinero recolectado el día de la Infancia Misionera”. “Niños pertenecientes a otras
confesiones cristianas y sectas, a la religión tradicional africana y al
Islam se unen a los niños de la Infancia Misionera para participar en los
encuentros y en las clases de religión. Así, año tras año, niños no
cristianos se convierten en seguidores de
Jesús. Cuando el Vicario General de la Arquidiócesis de Mwanza
efectuó la visita oficial a Malya, 433 niños recibieron la Confirmación.
Doscientos de ellos eran niños de la Infancia Misionera. En la vigilia de
Navidad, 161 recibieron el Bautismo y la Primera Comunión”.
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