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Cada niño es un ser único e irrepetible.
Cada uno
es imagen de Dios. Todos tienen derecho a crecer sanos y fuertes, a
estudiar, a jugar, a reír. Todos los niños tienen el derecho a ser
niños.
No todos pueden serlo. Ni los niños de la calle,
porque tienen que mendigar para poder comer, ni los niños de la
guerra porque tienen que asesinar para poder vivir, ni los niños con
sida porque se les ha robado el futuro, ni los niños esclavos porque
han perdido la libertad
Todos, de un modo u otro han perdido la niñez y
muchos de ellos perderán la vida.
No todos los niños tienen el don de la fe.
Millones de niños en Africa y en Asia no conocen a Jesús.
Cada vez que soy indiferente a la necesidad de
estos niños, soy cómplice de todas estas atrocidades.
La Santa Infancia tiene la función de ayudar en
nombre de la Iglesia Católica a todos los niños.
Durante el año 2000 hemos podido subsidiar 2471
proyectos distribuidos así:
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"Si verdaderamente hemos partido nuevamente de
la contemplación de Cristo, tenemos que saberlo descubrir sobre todo
en el rostro de aquellos con los que que él mismo quiso
identificarse: "Tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me
disteis de beber; fui forastero y me hospedasteis; desnudo y me
vestisteis, enfermo y me visitasteis, encarcelado y vinisteis a
verme" (Mt 25, 35-36). Esta página no es una simple invitación
a la caridad: es una página de cristología, que ilumina el misterio
de Cristo. A la luz de esta página la Iglesia comprueba su fidelidad
como Esposa de Cristo, no menos que en el ámbito de la
ortodoxia." (S.S. Juan Pablo II Carta Apostólica
Novo Millennio Ineunte, 49)
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