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PONTIFICIUM OPUS A SANCTA INFANTIA
Figuras
Misioneras
HABRA
SANTOS ENTRE LOS NIÑOS
S.S. Juan Pablo
II beatificó en Mayo 2000, en Fátima a 2 niños, Jacinta y Francisco,
depositarios del Mensaje de la Virgen. Algunos meses después canonizaba a 120
mártires en China, entre los cuales una niña de 14 años.
“No
debéis creer que la menor edad sea un obstáculo al camino hacia la perfección
incluso consumada, es decir la santidad”, habia dicho el Papa Pío XII, y años
antes su predecesor San Pío X, había exclamado:
“Habrá santos entre los niños”.
Quién mejor que
el Santo Padre para contarnos este camino de unión con Dios:
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“Pero
no conviene olvidar jamás que la fidelidad del evangelizador a su Señor
está en la base de la actividad misionera. Cuanto más santa sea su
vida, tanto más eficaz será su misión. La llamada a la misión es
una llamada incesante a la santidad.”
(S.S. Juan Pablo II con ocasión
del X aniversario de la Encíclica Redemptoris
Missio , 20 de enero de
2001).
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“’Yo
te bendigo, Padre, porque has ocultado estas cosas a los sabios e
inteligentes, y se las has revelado a los pequeños’.
Yo
te bendigo, Padre, por todos tus pequeños, comenzando por la Virgen
María, tu humilde sierva, hasta los pastorcitos Francisco y Jacinta.
Que
el mensaje de su vida permanezca siempre vivo para iluminar el camino
de la humanidad” (S.S.
Juan Pablo II)
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"Como
sucedió en Lourdes, también en Fátima la Virgen eligió a unos niños,
Francisco, Jacinta y Lucía, como destinatarios de su mensaje. Ellos lo
acogieron tan fielmente que no sólo merecieron ser reconocidos como testigos
creíbles de las apariciones, sino también se convirtieron ellos mismos en
ejemplo de vida evangélica.
Lucía, la
prima, algo mayor, y que vive aún, ha dado retratos significativos de los dos
nuevos beatos. Francisco era un niño bueno, reflexivo, de espíritu
contemplativo. Jacinta era viva, bastante susceptible, pero muy dulce y
amable. Sus padres los habían educado en la oración, y el Señor mismo los
atrajo más íntimamente hacia sí mediante la aparición de un ángel que,
con un cáliz y una Hostia en las manos, les enseñó a unirse al sacrificio
eucarístico para reparación de los pecados.
Esta experiencia los
preparó para los sucesivos encuentros con la Virgen, la cual los invitó a
orar asiduamente y a ofrecer sacrificios por la conversión de los pecadores.
Con los dos pastorcitos de Fátima la Iglesia ha proclamado beatos a dos
niños, porque, a pesar de que no fueron mártires, dieron muestras de vivir
en grado heroico, no obstante su tierna edad. Heroísmo de niños, pero
verdadero heroísmo.
Su santidad no
depende de las apariciones, sino de la fidelidad y del esmero con que
correspondieron al don singular que recibieron del Señor y de María
santísima. Después del encuentro con el ángel y con la hermosa Señora,
rezaban el rosario varias veces al día, ofrecían frecuentes penitencias por
el fin de la guerra y por las almas más necesitadas de la misericordia
divina, y sentían el intenso deseo de "consolar" al Corazón de
Jesús y al de María. Además, los pastorcitos tuvieron que sufrir las
fuertes presiones de los que los impulsaban, con la fuerza y con terribles
amenazas, a negarlo todo y a revelar los secretos recibidos. Pero ellos se
animaban mutuamente, confiando en el Señor y en la ayuda de "aquella
Señora", de la que Francisco decía: "Es nuestra amiga". Por
su fidelidad a Dios, constituyen un luminoso ejemplo, para niños y adultos,
de cómo conformarse de modo sencillo y generoso a la acción transformadora
de la gracia divina." (S.S. Juan Pablo II, Audiencia General del
miércoles 17 de mayo de 2000).
Queridos
niños y niñas, veo que muchos de vosotros estáis vestidos como Francisco y
Jacinta. ¡Estáis muy bien! Pero luego, o mañana, dejaréis esos vestidos y…
los pastorcitos desparecerán. ¿No os parece que no deberían desaparecer? La
Virgen tiene mucha necesidad de todos vosotros para consolar a Jesús, triste
por los pecados que se cometen; tiene necesidad de vuestras oraciones y
sacrificios por los pecadores. Pedid a vuestros padres y educadores que os
inscriban a la "escuela" de Nuestra Señora, para que os enseñe a
ser como los pastorcitos, que procuraban hacer todo lo que ella les pedía. Os
digo que "se avanza más en poco tiempo de sumisión y dependencia de
María, que en años enteros de iniciativas personales, apoyándose sólo en
sí mismos" (san Luis María Grignion de Montfort). Fue así como los
pastorcitos rápidamente alcanzaron la santidad. Una mujer que acogió a
Jacinta en Lisboa, al oír algunos consejos muy buenos y acertados que daba la
pequeña, le preguntó quién se los había enseñado: "Fue Nuestra
Señora" le respondió. Jacinta y Francisco, entregándose con total
generosidad a la dirección de tan buena Maestra, alcanzaron en poco tiempo
las cumbres de la perfección" (S.S. Juan Pablo II, Beatificación de
Francisco y Jacinta Marto, Fátima, 13 /05/ 2000)
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ANA WANG
Ana Wang nació en China
en 1886 en una familia cristiana. Huérfana de madre a los 5 años. A
los 11 años la quisieron obligar a casarse , pero ella se opuso con
energía. El 21 de julio de 1900 una banda armada entró en el pueblo
y secuestró un grupo de cristianos, amenazándolos con la muerte si
no renunciaban a su condición de cristianos. Su madrasta quería
obligarla a renunciar a su fe para salvar la vida, pero Ana se negó a
hacerlo con coraje. Con algunas compañeras pasaron toda la noche en
oración. Al día siguiente fué decapitada.
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“La Iglesia hoy da gracias a su Señor,
que la bendice y la inunda de luz con el resplandor de la santidad de
estos hijos e hijas de China. El Año santo es el momento más
oportuno para hacer que resplandezca su heroico testimonio. La
jovencita Ana Wang, de 14 años, resiste a las amenazas de su verdugo,
que la invita a apostatar, y, disponiéndose a la decapitación, con
el rostro radiante, declara: “la puerta del cielo está abierta a
todos”, y susurra tres veces ‘Jesús’”.
(Homilía
de S.S. Juan Pablo II,
Canonización de 120 mártires en China,
1 de
octubre, 2000)
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……….Þ
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