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PONTIFICIUM OPUS A SANCTA INFANTIA
NUESTRA
ESPIRITUALIDAD MISIONERA
INTRODUCCION
Qué somos, cómo hemos de vivir y qué misión hemos de realizar ?. Cuáles
caminos y medios podríamos aprovechar para crecer personal y comunitariamente
según la voluntad de Dios ?.
Para encontrar respuesta a estos interrogantes, en un primer momento,
profundizamos sobre la propuesta espiritual de Jesús y la forma como la
comprendieron y la vivieron los Apóstoles y la Iglesia, desde las primeras
comunidades cristianas. Después, interiorizamos vivencialmente en la Escuela de
Amor de Jesús y el proceso que vivieron los Apóstoles en su crecimiento
espiritual. Finalmente, hacemos un discernimiento sobre los caminos y medios
para vivir nuestra espiritualidad misionera.
Así analizamos la acción de Dios Espíritu Santo en el proceso de nuestra
vida , porque en ella está la fuente de nuestra renovación personal y la
fuerza para nuestra misión.
Las fuentes para nuestra reflexión son la Palabra de Dios, la Tradición de
la Iglesia, la experiencia espiritual de los santos, los documentos misioneros
recientes ( sobre todo, el capítulo VIII de la Redemptoris Missio ) , haciendo
referencia concreta a las circunstancias concretas de la Iglesia y a las
nuestras.
1. ENVIADOS A DAR MUCHO FRUTO
Cuando Jesús explica que
El es la vid y nosotros los sarmientos (Jn 15) nos
quiere hacer comprender varias realidades importantes: Cómo ha de ser la unión
del cristiano con El, cómo ha de vivir su comunión con sus hermanos en la
Iglesia y cómo ha de colaborar con El para producir fruto.
-
Todo ha de estar centrado en El, como la rama está en el tronco y
recíbe allí la vida; todo depende de Jesús y ha de estar en función de
El; permaneciendo en su amor, viviendo con El. El es la fuente de vida.
-
Jesús muestra que todo está unido, es un solo árbol y las partes viven
en comunión. Así, los cristianos hemos de permanecer en su amor para poder
vivir unidos a los demás. Jesús pide: que nos amemos unos a otros, que
vivamos en unidad para que el mundo crea (Jn 17, 21 ss).
-
El Señor dijo que la vid está para producir uvas, y cada persona para
producir frutos: os he elegido para que vayáis y déis fruto y vuestro
fruto permanezca ( Jn 15,16 ). Cada persona, cada comunidad es para la
misión, para comunicar lo que ha recibido, para producir frutos; y con esos
frutos, hacerse semilla para que otros vivan y den frutos. Jesús es el
centro, el modelo para ese estilo que hemos de tener todos los cristianos.
El es el motor, el camino, de El depende que se consiga vivir, crecer y dar
fruto: "sin mi nada podéis hacer, permaneced en mi amor"( Jn
15,10 ).
¿Cómo entendieron
esto los Apóstoles? ¿Cómo lo vivieron las Comunidades
Cristianas?
Los Apóstoles escucharon la llamada de Jesús y la respondieron
decididamente, de manera inmediata y con una entrega completa. Comprendieron que
habían sido llamados a compartir su vida con El. Por eso, poco a poco, se
quedaron a vivir con El. Aprendieron lo que Jesús les enseñaba con su vida y
con sus palabras. En la medida en que conocían y amaban a Jesús, lograban
unirse y comprenderse con los demás Apóstoles. Fué una magnífica experiencia
de amistad y de ayuda fraterna la que vivieron ellos en torno a Jesús. Y,
conforme a la llamada, progresivamente fueron enviados como pescadores de
hombres, enviados del Señor, anunciadores de su Reino. En ello pasaron el resto
de sus años, hasta dar la vida completamente como Jesús y por El, en el
cumplimiento de su misión.
Las primeras comunidades cristianas
(cf. Hch 4,32) estaban centradas en
Jesús: escuchaban su Palabra, se encontraban con El y se esforzaban en
seguirlo. Ellos se esforzaban en vivir la comunión fraterna con expresiones muy
concretas, hasta el punto de que lo que buscaban era tener un solo corazón y
una sola alma (Hch 2,42); muchas de esas comunidades llegaron a tener
expresiones verdaderamente cristianas en el compartir de bienes y en la
comunión fraterna hasta convertirse en un signo evangelizador leído por otras
personas que decían de esos cristianos: mirad cómo se aman.. Esos cristianos
fueron los que hicieron que el Evangelio se extendiera desde Jerusalén y fuera
a Samaría y a muchas otras partes. Varias familias que estaban viviendo el
cristianismo salieron a dar testimonio del Evangelio. Esa comunión fraterna les
sirvió para evangelizar. Las comunidades cristianas, desde el principio,
entendieron que habían sido enviadas a evangelizar a todas las gentes y, por
eso, no se quedaron en Jerusalén sino que salieron como enviados a comunicar la
fe. Fueron perseguidos y eso mismo los impulsó a dar toda su vida por
Jesucristo , en el cumplimiento de su misión.
En la Iglesia, a través de la historia, muchísimas personas y comunidades
cristianas han vivido ese mismo estilo de vida y han cumplido su misión . Por
eso se han llamado "cristianos". Nos convendrá conocer e imitar las
"figuras misioneras" de todos los tiempos. En ellas nos sigue
interpelando Jesús a dar nuestra propia respuesta misionera con una generosidad
completa.
2. VIVIR SU ESCUELA DE AMOR
Cuáles son los pasos que Jesús nos ayuda a dar para ser auténticos
misioneros ?
Jesús , por el Espíritu Santo, en su Escuela de Amor, nos enseña y ayuda
progresivamente a:
-
Vivir con El: Lo cual implica unirse a El cada día más, vivir una
amistad más profunda todos los días con El. Es el fundamento de toda la vida
espiritual y la fuente para todo nuestro crecimiento. Para ello El nos nos dice
"ven" y nos declara sus amigos ( Jn 15,14 ).
-
Vivir como El: El " sígueme " indica el camino de
configuración con el Maestro, implica aprender de Jesús todo y asumir su
estilo de vida, hacer un contínuo proceso de configuración con El. Nos
anonadamos y asumimos su propio estilo de entrega, de servicio y de comunión
con el Padre. Asumimos sus sentimientos, sus actitudes y nos asemejamos en todo
a Jesús de tal forma que nos convertimos cada día en sus imágenes vivas.
Jesús quiere que nosotros seamos signos permanentes de su presencia y de su
amor. Esa es la condición para que podamos ser testigos suyos. El, como el más
comprensivo de los amigos, sabe ayudarnos para que asumamos su vida nueva y la
vivamos en nosotros.
-
Unirnos en El: Porque el seguimiento de Jesús se hace en Iglesia. La fe
se vive compartiéndola y proyectándola. Por ello, es en Jesús en quien nos
conocemos a nosotros mismos y conocemos mejor a nuestros hermanos. Es en El en
quien podemos amarnos, integrarnos y proyectarnos misioneramente. Los Apóstoles
y nosotros estamos llamados a unirnos en Jesús, con su amor, para ser uno y
para que el mundo crea ( Jn 17, 21 ).
-
"Ir" con El, en su nombre y con su poder. Se trata de " ir
" ( Mt 28, 19 ) como enviados suyos. El nos acompaña y nosotros a El,
somos sus colaboradores y ayudantes. Ser misionero implica dar los pasos que el
Señor quiera, en la dirección que quiera, con las personas que El quiera,
hasta donde El quiera, para lo que El quiera. Por otra parte, Jesús espera que
nosotros vayamos en su nombre, a mostrarlo a El y a llevar lo suyo a nuestros
hermanos. No se trata de mostrarnos a nosotros mismos ni de dar lo nuestro, sino
de darnos y dar a Jesús. Por ello, es muy necesario entrar en comunión con
Jesús antes de ir hacia nuestros hermanos. Así podemos ir con su poder y El
hará que nuestra palabra y nuestro servicio tenga mucho fruto.
-
Dar la vida con El y como El: Hemos sido enviados a evangelizar, a hacer
discípulos ( Mt 28, 19) para Jesús. El no busca ser servido sino servir y dar
la vida en rescate por todos ( Mt 20, 28). Cada día , aprendemos a dar la vida
sirviendo a los demás en cumplimiento de nuestra misión. El ideal y la meta es
la de ayudar a Jesús para que su Reino crezca en nosotros y en el mundo. Por
eso, hemos de estar dispuestos a todo, con la fuerza del Espíritu Santo . Dar
la vida, con Jesús , como El y por El, será la garantía para que tenga fruto
nuestra misión. El grano de trigo si se siembra y muere da mucho fruto (Cf. Jn
12, 24 ), nuevas semillas misioneras.
3. CAMINOS Y MEDIOS PARA VIVIR NUESTRA ESPIRITUALIDAD MISIONERA
Cada uno de nosotros, cuáles pasos podríamos dar ahora en nuestra escuela
de amor con Jesús ? Qué estilo de vida, cuál espiritualidad asumir ? Como
realizar nuestra identidad personal en la comunidad eclesial concreta y en la
misión que realizamos ? Reflexionemos juntos para encontrar respuestas a estor
interrogantes vitales.
La "espiritualidad es el conjunto de caminos y medios propios para vivir
según el Espíritu, o sea, para colaborar a la obra de santificación que el
Espíritu se propone realizar en nosotros y en el mundo.
La espiritualidad
cristiana :
-
hace referencia a la obra del Espíritu Santo en nosotros,
-
indica "caminar según el Espíritu" (Rom 8,4.9), bajo su
acción renovadora ,
-
vivir una vida "espiritual", en la cual conseguimos una
renovación contínua.
-
Vivir el "estilo" de vida "cristiano", como El,
dejando que el Espíritu Santo nos configure progresivamente a El.
La ESPIRITUALIDAD MISIONERA es:
-
Centrar y orientar la vida a la misión, en plena docilidad al Espíritu
Santo.
-
Vivir la vida cristiana con su esencial dimensión misionera universal .
-
Vivir según el estilo "misionero" de Cristo, Buen Pastor.
-
Asumir la misión como fuente, camino y medio propio para la
santificación personal y comunitaria. Nos santificamos en la misión y por
la misión conseguimos las tres cosas que caracterizan la santidad cristiana
( cf L.G. 4 0 ) : unirnos más a Dios, perfeccionar nuestra caridad y tener
una vida más "cristiana".
Aparece claro, entonces, que la
espiritualidad auténticamente cristiana es misionera. Ella es la base de nuestra comunión con Jesús y con las demás
personas; es la fuente y motor de nuestro servicio misionero. Pensamos,
sentimos, vivimos y servimos como misioneros, al estilo del Buen Pastor, bajo la
guía del Espíritu Santo, que es el protagonista de la misión.
Así, pues, asuminos y vivimos nuestra espiritualidad misionera para ser
santos, para producir frutos en nuestra vida personal y para tener la eficacia
evangélica en nuestra misión.
Esta espiritualidad misionera tiene su fuente y su término en la Trinidad (
dimensión Trinitaria), se vive en la comunidad eclesial ( dimensión eclesial)
y encarna la Caridad pastoral en el servicio al hombre en la historia y en el
mundo ( dimensión antropológica ).
3.1 ESPIRITUALIDAD DE COMUNION CON DIOS : CON EL PADRE, POR CRISTO, EN EL
ESPIRITU
-
La espiritualidad misionera ayuda a ir hacia el Padre, por Cristo, en el
Espíritu. Configura la vida del cristiano y de la comunidad a imagen de la
Vida, Verdad y Amor que se viven en la comunión Trinitaria. Hace que el
cristiano aproveche la comunión trinitaria siempre como su fuente y modelo
de vida.
-
Lleva a vivir en una comunión íntima de vida y de servicio con El y
conforme a su estilo. La vida y la misión servirán para anunciar la
salvación universal en Jesucristo. Ayuda a ser "contemplativo" en
el discernimiento espiritual de la Voluntad de Dios.
-
Lleva a vivir la vida en plena docilidad y colaboración al Espíritu (RM
88) que obra en nosotros y a través de nosotros. Se vive y se sirve con la
vida nueva que alimenta el Espíritu, mediante su acción y sus dones. Somos
instrumentos al servicio del Espíritu.
-
Damos a Dios la respuesta contínua a través de la fe, la esperanza y la
caridad teologales.
Como hemos visto, el seguimiento de Jesucristo , en su escuela de amor,
implica vivir con El y vivir como El :
Vivir con El: cada día, acercarnos y unirnos más a El,
compenetrarnos como sus amigos, permanecer en Su Amor. Para ello es fundamental
comprender a Jesucristo como el "enviado" que nos envía Eso exige que
nosotros lo descubramos presente, actuante como Salvador hoy, mañana y siempre;
que nosotros vivamos en una íntima comunión con El. Nos reconocemos y obramos
como enviados de Jesús. y vamos acompañándolo. Somo sus enviados, sus
compañeros, sus mensajeros, los que vamos a mostrarlo en donde yá El nos esté
esperando (Cfr. RM 88). En la profundización de esta convivencia amorosa con El
nos ayuda de manera especial la Eucaristía, la escucha de la Palabra y la
oración personal.
Vivir como El, asemejarnos a El: en mentalidad, criterios; manera de
sentir y de actuar, en actitudes y en las acciones. Con humildad y obediencia
entregar nuestra vida al estilo de Jesús. Es el Espíritu Santo quien va
realizando esa transformación en nosotros para vivir como El. Esto exige
comprometernos con El cada vez más: Ser "discípulo" y
"testigo", escuchando la Palabra y poniéndola en práctica.. Poner a
disposición de Jesús toda nuestra persona, vida, corazón, mente y bienes.
El fundamento de nuestra vida, de nuestro crecimiento y de nuestra misión
está en " vivir con El" y " vivir como El " .
El camino seguro para ello es la
docilidad plena al Espíritu Santo. Como los
Apóstoles hemos de tener "docilidad", o sea una apertura y
colaboración activa a lo que el Espíritu Santo quiere obrar en nosotros. El
nos ayuda de muchas maneras pero, sobre todo, en dos formas: la primera,
dándonos el don de la fortaleza, que se manifiesta después en valentía
apostólica, en ardor misionero, en entusiasmo, en fortaleza. La segunda, con el
don del discernimiento, que es conocimiento, luz, para comprender y obrar la
voluntad de Dios; capacidad que Dios pone en nosotros para que comprendamos y
comuniquemos la sabiduría de Dios. La obra del espíritu Santo es la de ir
plasmando, forjando, en nosotros la imagen de Jesús para que la podamos
transparentar. Entonces, la docilidad es dejarse conducir por el Espíritu
Santo, dejar que El obre en uno para vivir y obrar según el estilo de Jesús.
El estilo del misionero es el de la persona humilde y dócil al Espíritu Santo.
3.2 ESPIRITUALIDAD PARA VIVIR LA COMUNION ECLESIAL MISIONERA (RM 89)
Jesús nos llama y nos ayuda a
"unirnos en El": a vivir una
creciente comunión misionera. Seguir a Jesús requiere vivir la Comunión
Fraterna. Nuestra comunión con El es la fuente y el dinamismo para la comunión
con nuestros hermanos. "Unirnos en El ", es la condición para la
misión.
Jesús ha prometido estar en medio de nosotros ( Mt 18, 19-20 ) ,
vivificando, guiando, enseñando, consolando, obrando como Buen Pastor. Nos ha
pedido vivir el amor a Dios y al prójimo como el mandamiento principal, vivirlo
en comunidad. Con la presencia y amistad de Jesús podemos conocernos, amarnos y
servirnos los unos a los otros como expresión del amor de Dios: amar con El,
como El y por El a nuestros hermanos. Esa comprensión mutua, esa unión, ese
amor, nos impulsa a crecer, nos hace ser como Jesús. Alimentos decisivos para
la vida comunitaria son el compartir de la Palabra, la fraternidad y el
servicio, con amor a la Iglesia.
Estamos llamados a
amar a la Iglesia como la ama Jesús. Amar la Iglesia,
amar en la Iglesia y amar desde la Iglesia. Este amor el misionero lo expresa en
la comunión fraterna que vive con los demás y a través de la cual realiza su
misión. Vive en comunidad eclesial y ayuda a madurar otras comunidades
eclesiales. Realiza su misión en la Iglesia, en comunión con los pastores. Es
una espiritualidad comunitaria que hace crecer la apertura para compartir en
favor de la misión.
Esta comunión fraterna hay que vivirla en
comunidades eclesiales vivas,
dinámicas y misioneras. O sea, reunidos en el nombre del Señor, amándonos,
sirviéndonos; en Iglesia, compartiendo la fe y todo lo que tiene que ver con la
fe; evangelizándonos y evangelizando. Comunidades vivas, que vivan en el
Señor, que crezcan por la fuerza del Espíritu Santo y que hagan crecer a los
demás comunicando la fe: comunidades misioneras.
Una expresión del amor eclesial es hacerse "hermano universal". El
estilo de Jesús es amar y servir sin fronteras, para todos y en todo; sin
desesperarse de nadie, sin excluir a nadie. El se ha entregado a la Iglesia y
desde ella al mundo entero. El misionero que quiere tomar ese estilo de Jesús,
ha de amar a la Iglesia como la ama Jesús, querer esta familia de la Iglesia,
no andar como rueda suelta, sino estar siempre en una comunión fraterna de
familia, de parroquia, de diócesis. Nuestro camino hacia Dios pasa por la
Iglesia, como el de Dios hacia nosotros pasa tambien por ella. La Iglesia es
signo e instrumento de Dios para la salvación de las personas y de las
comunidades.
¿Cuándo se puede decir que una persona es hermano
universal? Cuando tiene
un corazón sin fronteras, cuando vive en comunión abierta, en comunión que se
proyecta a todos. Se tendrá que notar la apertura a todos, sobre todo, a los
más necesitados, a los que tienen más "hambre de Dios", sin
discriminaciones y sin excluír a nadie y con una especial solicitud por toda la
Iglesia universal.
La tarea es unirnos en
El, para que el mundo crea, (ver Juan 17, 21), unirnos
con corazón misionero universal.
3.3 ESPIRITUALIDAD PARA VIVIR LA CARIDAD APOSTOLICA AL SERVICIO DEL HOMBRE
(RM 89):
"Ir con El" , en su Nombre y con su poder. Es el
cumplimiento del mandato y la misión: vayan y evangelicen a todas las gentes (
Mt. 28, 19-20 ). "Ir con El" a "dar la vida", movidos por la
caridad pastoral de Jesucristo, conforme a nuestra propia misión.
El camino es ser santos para ser misioneros y ser misioneros para ser santos:
Para ello, se nos propone que asumamos el estilo de Jesús Buen Pastor (cf. Jn
10), que conoce las ovejas, va delante de ellas, las guía, las orienta, les da
lo que necesitan, las ayuda. Y, lo más expresivo: el Buen Pastor da la vida por
las ovejas con un amor hasta el extremo.Vivir una espiritualidad misionera exige
anonadarse con Jesús y como El, asumir esos sentimientos, su manera de actuar,
su estilo de vida. Ese estilo de vida y de servicio, esa caridad pastoral, es lo
que se llama caridad apostólica.
La caridad apostólica se describe como sentir el ardor de Cristo por las
personas, el celo apostólico por las personas, según el modelo de Jesús
incansable, entregado, obediente, no ahorra esfuerzos, se dá de todo corazón.
Esa caridad apostólica se manifiesta, por ejemplo, en ternura, como la que
tenía Jesús en el trato con la gente; atención, con dedicación a cada
persona y a cada comunidad; compasión, para no ser un juez del otro sino un
hermano, dándole la mano; acogida, disponibilidad, interés por las necesidades
de los otros.
La vida y la misión del cristiano se desarrollan en una sintonía creciente
con Cristo Pastor. Esto lo lleva a asumir su caridad o amor de Buen Pastor, con
lo cual se adquieren unas actitudes interiores especiales, que hacen más
fecunda en frutos la misión. Expresión de esta espiritualidad es la
disponibilidad misionera creciente para dar la vida con Jesús, como El y por
El, sobre todo por la misión ad gentes (primera evangelización de los no
cristianos).
El cristiano, conforme a su propia vocación, encuentra su plenitud en la
realización auténtica de su misión. La espiritualidad misionera le ayuda a
comprender y a encarnar en su propia vida los valores evangélicos, que después
él mismo ha de promover en su comunidad y más allá de sus fronteras. Crece su
sensibilidad misionera y su compromiso de servir a los más necesitados. Por
otra parte, al tomar conciencia de la propia responsabilidad misionera, el
cristiano asume con renovado entusiasmo su vocación a la santidad. Vivir la
espiritualidad misionera es estar en el camino hacia la plena vivencia de las
Bienaventuranzas, con una alegría interior universal, que no tiene
comparación.
El Señor nos ha dado vida nueva para que nosotros la comuniquemos y
produzcamos fruto. Y la orientación fundamental de toda nuestra vida es
evangelizarnos y evangelizar. Evangelizar a todas las gentes, cada uno según su
propia vocación, según los dones que haya recibido. Tenemos que ser honrados
con Dios y ser misioneros comunicando, como buenos administradores de los bienes
de Dios, lo que el nos da para servir a los demás. Así, seremos los primeros
en recibir más dones, tanto de Dios como de los demás hermanos.
El misionero es, entonces, el hombre de la caridad, la persona que más ama
con el amor de Dios; es signo y especial instrumento del amor de Dios, dando la
vida por sus hermanos.
En cada servicio, pequeño o grande, el misionero aprende a unirse más a
Jesús, perfecciona su caridad apostólica y da pasos en su configuración con
el Buen Pastor, por obra del Espíritu Santo.
La espiritualidad misionera demuestra un amor filial a María y promueve una
contínua imitación de su caridad y de su amor materno, que comunica vida dando
a Jesús.
Así, todos nosotros podemos ir con El, en Su nombre, dar la vida con El, con
caridad pastoral, como El y por El.
4. ALGUNAS CONCLUSIONES
-
El verdadero misionero es el Santo en el sentido de que cada misionero
preocupa por crecer en la comunión con el Señor, en comunión fraterna y
en dar a Jesús y darse como Jesús. También podemos decir: el santo es
verdadero misionero, porque no se llega a ser santo sin ser verdadero
misionero. Y así destacamos que la misión es el principal medio, el
principal camino, para ser santo.
-
Son tres las claves de nuestra espiritualidad misionera: seguimiento de
Jesús( vivir con El y vivir como El ), comunión fraterna ( unirnos en El )
y misión universal ( Ir con El y Dar la vida ). Con estos pasos
conseguiremos cada día tener más el estilo de Jesús y dar el fruto que el
Señor espera de nosotros.
-
Jesucristo, por el Espíritu Santo, es el que obra la santificación en la
Iglesia, en cada persona, en cada comunidad. Lo que nosotros seamos, lo que
vivamos, los frutos que produzcamos, depende de que estemos en El, con su
estilo de vida y con una plena entrega a la misión universal. La
espiritualidad misionera nos mantiene dóciles a la acción vivifivcante y
santificadora del Espíritu Santo.
-
Viviendo auténticamente nuestra espiritualidad misionera, seremos buenos
Misioneros para ser santos.
PARA PROFUNDIZAR Y APLICAR :
-
Describir qué importancia tiene, para la realización de nuestra misión,
cada uno de los cinco pasos que se aprenden en la escuela de amor con
Jesús: Vivir con El, vivir como El, unirnos a El, ir con El, dar la vida
con El?
-
Explicar a otra persona por qué la misión es la principal fuente y el
principal medio para santificarnos. En qué sentido es cierto que el
verdadero misionero es el santo y que para ser santo se necesita ser
verdadero misionero ?
-
Describir los demás medios que más nos pueden ayudar a crecer en nuestra
espiritualidad misionera.
-
Orar con otras personas para agradecer la obra santificadora del Espíritu
Santo en nosotros y discernir pasos concretos para mejorar nuestra docilidad
, personal y comunitaria, a El.
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