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SAGRADA CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE

CARTA AL P. E. SCHILLEBEECKX

 

Siguiendo los varios pasos previstos en el Reglamento para el examen de las doctrinas y teniendo en cuenta la publicidad dada por los medios de comunicación a las conversaciones habidas con el Rvdo. P. E. Schillebeeckx y a los supuestos resultados de la misma, la Congregación para la Doctrina de la Fe, de acuerdo con el artículo 17 del citado Reglamento, estima oportuno hacer pública la carta con su nota adjunta sobre el asunto, enviada al autor el 20 de noviembre pasado. La comunicación presente se refiere sólo a la posición del autor en relación con algunos escritos suyos en materia de cristología.

20 de noviembre de 1980

Reverendo Padre:

Hace ya algún tiempo que nuestra Congregación está en contacto con usted para esclarecer las tesis cristológicas que usted ha expuesto en su libro Jezus. Het verhaal van een levende.

Ya desde el 20 de octubre de 1976 y por medio del Cardenal Willebrands, a quien la Congregación informó del examen en curso, habiendo constatado dicha Congregación que el libro contenía proposiciones ambiguas que podían ser peligrosas para sus lectores, envió a usted una serie de cuestiones sobre el contenido de la obra y sobre el método seguido.

El 13 de abril de 1977 respondió usted a dichas cuestiones con una carta en la que daba varias explicaciones; éstas no eliminaban todas las dificultades, según se le explicó en una «evaluación de la respuesta» que nuestro Dicasterio le envió el 6 de julio de 1978.

Mientras tanto, Usted había publicado Gerechtigheid en liefde. Genade en bevrijding, segundo libro de la trilogía sobre la cristología, que había anunciado. Unos meses después hizo llegar a la Congregación su obra breve Tussentijds; verhaal over twee Jezus boeken, acompañada de una carta en que decía: «En este librito he dado explicaciones sobre pasajes un poco oscuros o discutidos de mis libros sobre Jesucristo...».

De un examen atento de esta última publicación, se dedujo que contenía muchas precisiones interesantes; pero también que su postura seguía siendo ambigua sobre puntos fundamentales de la fe católica. Así, debido a la gravedad de las cuestiones examinadas, la Congregación para la Doctrina de la Fe decidió invitarle, de acuerdo con los artículos 13-15 del Reglamento, a una conversación para aclarar las cosas. Por medio del Cardenal Willebrands, se le pidió que tuviera a bien venir el 6 de julio de 1978 a fin de esclarecer su postura cristológica en una discusión con representantes de nuestro Dicasterio. En la misma carta se indicaban los puntos esenciales sobre los que versaría dicha conversación.

Después de contactos posteriores, retrasados, entre otras causas, por la muerte sucesiva de los Papas Pablo VI y Juan Pablo I, el Cardenal Willebrands informó a la Congregación (carta del 30 de junio de 1979) que aceptaba Usted participar en el coloquio. De modo que tras el indispensable intercambio de cartas para fijar el momento y modalidades de la conversación, ésta pudo tener lugar los días 13, 14 y 15 de diciembre de 1979 en la sede de la Congregación con la participación de Mons. A. Bovone, moderador del diálogo; del Excmo. Mons. A. Descamps, y de los Padres A. Patfoort, OP, y J. Galot, SJ.

En un encuentro con las autoridades de la Congregación inmediatamente anterior a la conversación, se le advirtió a Usted que el objeto del coloquio no era el de proceder a un juicio ni tampoco tomar decisiones, sino completar las informaciones sobre su postura cristológica. Y se añadió también que al final de las conversaciones se redactaría una relación que, una vez aceptada por las dos partes, sería sometida al examen de los Cardenales Miembros de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Reunidos en Congregación Ordinaria, los Cardenales procedieron a dicho examen a la luz de las explicaciones que Usted daba en su respuesta escrita del 13 de abril de 1977 y en las conversaciones de los días 13-15 de diciembre de 1979.

Los Cardenales han constatado que el procedimiento seguido ha resultado útil, pues le ha permitido a Usted explicarse sobre la finalidad, método y género literario de sus escritos, y disipar un cierto número de ambigüedades.

En la formulación de las conclusiones, que fueron aprobadas por el Santo Padre, los Cardenales puntualizaron que aquéllas eran válidas únicamente para las tres obras citadas al comienzo de esta carta.

En consecuencia, hablando en nombre de los Cardenales, como Prefecto de esta Congregación deseo comunicarle lo siguiente:

1. La Congregación toma nota de las clarificaciones, precisiones y rectificaciones que ha aportado usted en la conversación y en su carta sobre sus obras publicadas (cf. Doc. anexo, 1-4).

2. Estima, sin embargo, que sobre ciertos puntos las explicaciones dadas no han sido suficientes para disipar las ambigüedades (cf. Doc. anexo, 4s).

Por esta razón le ruego:

1) Que dé a conocer al público que tiene acceso a sus obras, clarificaciones, precisiones y rectificaciones que resultan de las recientes explicaciones que usted ha dado a la Congregación. Pues hay que tener en cuenta, efectivamente, que el libro Jezus... es conocido por un vasto público. Además, sus explicaciones, que en puntos decisivos van más lejos que las afirmaciones contenidas en los libros publicados, son importantes no sólo para el Magisterio eclesiástico, sino también para sus lectores, que tienen el derecho de estar informados sobre indicaciones de tal envergadura.

2) Que revise a la luz de la doctrina católica los puntos sobre los que todavía queda cierta ambigüedad, y que manifieste públicamente su voluntad de ajustarse a esta petición.

Además se ha de reconocer que, no obstante la amplitud del programa, la conversación no ha podido extenderse suficientemente en las clarificaciones que hubieran requerido, por una parte, la forma en que usted considera las relaciones entre la Revelación y la experiencia, y, por otra parte, el papel que atribuye usted en teología a una manuductio de tipo apologético. Por razón de esto y de las dudas que todavía subsisten, la Congregación, que se abstiene por el momento de formar un juicio a este propósito, no puede eximirse de recalcar la necesidad de que haya una conformidad perfecta con los principios a los que debe atenerse todo trabajo teológico. En lo referente a la relación entre Revelación y experiencia (con sus consecuencias sobre el papel normativo de las enseñanzas formales de la Biblia y de los documentos del Magisterio), la Congregación le recuerda cuanto está expuesto en la declaración Mysterium Ecclesiae, 5: AAS 65 (1973) 402-404.

Le agradecería, Reverendo Padre, me indicara el medio que considera más eficaz para satisfacer las demandas que acabo de expresar. Por su parte, la Congregación piensa que usted podría preparar, de acuerdo con ella, un artículo tomando como guía el documento anexo a esta carta. Pero está dispuesta a tomar en consideración cualquier otro medio que podría Usted proponer.

Enviamos una copia de esta carta al Emmo. Cardenal J. Willebrands, que sigue este asunto como Gran Canciller de la Universidad de Nimega, y otra copia al Revmo. Maestro General la Orden de Padres Predicadores, Ordinario suyo.

En espera de una respuesta suya favorable, le ruego acepte, Venerado Padre, la expresión de mis sentimientos de afecto respetuoso.

 

FRANJO Card. ŠEPER
Prefecto

 

* * *

NOTA ANEXA

La nota presente va encaminada a explicitar la comunicación general de la Congregación, expresada en la carta adjunta. Las observaciones que contiene están fundadas esencialmente en la relación sobre la conversación de los días 13-15 de diciembre de 1979 (= Coloquio) y en la respuesta escrita del Prof. Schillebeeckx fechada el 13 de abril de 1977, a las cuestiones que la Congregación le había planteado también por escrito (= Carta).

I. Aclaraciones, precisiones y rectificaciones hechas por el Prof. Schillebeeckx

A) Aclaraciones de orden dogmático

Nota previa

El autor no pretende presentar una cristología completa, sino que quisiera acercar la persona de Jesús, a través de los resultados de la exégesis histórico-crítica, a las personas que se hallan al margen de la Iglesia y de la fe. Su trabajo quiere ser obra de manuductio, de apologética en cierto sentido, de teología fundamental (Coloquio, 4).

1) El Prof. Schillebeeckx ha «concedido» que «el teólogo, cuando se dedica a una investigación exegética o histórica, no puede pretender sinceramente que haya que abandonar las afirmaciones de fe de la Iglesia Católica», en particular «lo que ha sido definido por los Concilios Ecuménicos y las declaraciones infalibles de los Papas», y que «en sus juicios efectivos sobre la realidad de las cosas, el teólogo dogmático debe asumir, como regla suprema de su pensamiento, no su concepción personal del Jesús de la historia, sino el pensamiento de la Iglesia sobre Jesús» (Coloquio, 4-5). Por consiguiente, todas las interpretaciones deben procurar ser traducción fiel y homogénea de las fórmulas de fe que siguen siendo «verdaderas para siempre» (Coloquio, 3).

2) A diferencia de cuanto había hecho en sus obras, y en particular en el epílogo de Tussentijds verhaal over twee Jezus bochen, no ha eludido el reconocimiento explícito de la divinidad de Jesús en los mismos términos en que lo hace la Iglesia (Coloquio, 5 final y 6 final). Ha reconocido la preexistencia de la Persona divina del Hijo (Coloquio, 6; Carta, 5, par. 2, 1.4 por abajo) y una «identificación hipostática» del Hijo de Dios con el «modo de ser personalmente humano» de Jesús.

3) Ha declarado que en la relación de Jesús con el Padre está implicada para El la conciencia de ser el Hijo único, y ello aunque el mismo Jesús no ha empleado la expresión «el Hijo» (Coloquio, 10); y que la identificación explícita entre el Reino de Dios y Jesús es una explicitación legítima de la conciencia que ha tenido Jesús de Sí mismo, y que se puede percibir en la antigua tradición Q (Carta, 16).

4) Ha declarado que él «cree, en virtud del Magisterio de la Iglesia que se ha expresado sobre este punto», en el nacimiento virginal de Jesús (Coloquio, 14).

5) Ha reconocido que «el sacrificio de Jesús es expiación por nuestros pecados» (Coloquio, 8).

6) Ha declarado que «para (él) está claro que Jesús quiso fundar la Iglesia» (elección de los Doce como representantes de las doce tribus de Israel, Coloquio, 11).

B) Precisiones sobre el alcance de ciertas fórmulas y razonamientos

1. En lo concerniente al misterio de la Encarnación:

—La expresión «identificación hipostática» del Verbo y de la humanidad de Jesús, expresión que el autor dice que prefiere a la de unión hipostática (Jezus..., p. 543, 1.7, por abajo), no excluye para él la realidad de la unión hipostática (Coloquio, 7, 1.11: «admito la unión hipostática»); el autor se mostró convencido de admitir realmente el contenido de la misma (Carta, 14, 1.8: «según mi parecer, es la unión hipostática en su forma pura»), y de estar de acuerdo con Calcedonia cuando este Concilio habla de «unus et idem» que es a la vez verdadero Dios y verdadero hombre.

—La expresión «modo de ser personalmente humano» o «humanidad personalizada» o también «Jesús es "humanamente persona"» no significa para él que el hombre Jesús tiene una persona humana (Coloquio, 7, 1.6-9); sólo pretende subrayar la plenitud humana de Jesús en cuanto «verus homo» (Coloquio, 7, 1.14 y 16). En cuanto teólogo dogmático no dice jamás que Jesús es una persona humana (Coloquio, 6, 2, últimas líneas. Nota: está mucho mejor dicho en la Carta 13, 1. 22, 30, etc.).

2. En lo concerniente a la institución de la Eucaristía, ha precisado que los «textos de la institución (de la Eucaristía) tal como los leemos (en las) fórmulas litúrgicas son una anamnesis histórica de lo que ocurrió en la última Cena», que «el origen de estas palabras (sacramentales) y de toda la Eucaristía está en la última Cena y en lo que Jesús dijo e hizo en la última Cena» (Coloquio, 12).

C) Rectificaciones y puntualizaciones del autor

El autor ha declarado que considera necesarias las siguientes rectificaciones, en parte por la profundización en su investigación, y en parte por haber tomado conciencia de que algunos conceptos suyos no eran «felices» y se prestaban a malentendidos.

Dichas rectificaciones y puntualizaciones versan sobre los datos y proposiciones siguientes:

1) «Los títulos de honor "Hijo de Dios" y "el Hijo" '[...] son [...] identificaciones cristianas de Jesús de Nazaret (enunciaciones) posteriores a su muerte. Jamás se calificó Jesús a Sí mismo como "el Hijo" o "el Hijo de Dios"; ningún texto sinóptico (se entiende, ¡textos aceptados por la crítica!) está orientado en esta dirección» (Jezus..., 211).

Rectificación: «frase demasiado apodíctica; mitigada en Gerechtigheid...» (Coloquio, 10).

2) En Mc 14,25 (relato de la institución) «se percibe una huella post-pascual aportada por la Iglesia, a saber, en la segunda mitad del versículo: hasta el día en que la beberé de nuevo en el reino de Dios» Jezus..., 253).

Rectificación: «la expresión es desafortunada; lo que es secundario es la combinación de las dos partes del logion; considero estas dos partes como ipsissima verba; cf. Tussentijds...» (Coloquio, 12-13).

3) «En Jezus...» (p. 284) «yo no ponía suficientemente en evidencia el nexo entre la tumba vacía y la resurrección. Posteriormente he comprobado que la vinculación era, para los autores del Nuevo Testamento, más fuerte de lo que yo había pensado en un principio. En este sentido, el descubrimiento de la tumba vacía puede ser un signo mediador de la fe (en este punto ha habido una evolución de mi pensamiento desde Jezus... a Tussentijds (Coloquio, 15).

4) «La comunidad Q no conoce las apariciones»

Rectificación: «Esta parte es sin duda alguna la más hipotética de mi libro. Aunque la tengo por algo serio, no ignoro las incertidumbres sobre esta comunidad Q. Mi intención es únicamente decir que la fe de la comunidad en la resurrección no descansa sólo en el signo de la tumba vacía y en las apariciones» (Coloquio, 16).

5) Si bien lo que el autor afirma en el coloquio sobre las apariciones no es totalmente satisfactorio (cf. más abajo II, 3), a veces se encuentran en la Carta (p. 17) precisiones y también rectificaciones de cierta importancia. Al interpretar el origen de las afirmaciones sobre las apariciones, el Padre Schillebeeckx emplea el concepto de metánoia (conversión). Este modo de expresarse tiene el peligro de no considerar suficientemente la diferencia cualitativa entre las apariciones con que Jesús quiso beneficiar a sus discípulos y una «experiencia de conversión» como tal. En este contexto es importante la siguiente afirmación: «Acaso mi uso del término "conversión" en un sentido tanto moral como, sobre todo, cristológico, se presta al equívoco. De todas formas, para mí en esta terminología de "conversión" la cristofanía es esencial, al igual que lo es en la terminología de aparición: oophté. Es Cristo vivo, el Resucitado, quien les abre los ojos».

II. Límites de los resultados obtenidos y ambigüedades que subsisten

1) La respuesta dada a la cuestión relativa a la concepción virginal de Jesucristo es correcta desde el punto de vista formal, pero parece quedarse muy corta en cuanto a su valor y alcance al declarar el autor: «Lo creo en virtud del Magisterio» (Coloquio, 14).

2) Sobre ciertos puntos importantes (cf. más arriba, p. l), el autor concede que la fe de la Iglesia tiene fuerza obligante para él en cuanto teólogo dogmático o, mejor, para la teología dogmática. Pero muy frecuentemente las afirmaciones contenidas en sus obras suenan como si esta validez se limitara al teólogo dogmático en sentido estricto. Por el contrario, tal fundamento de la fe es válido para todas las disciplinas de la teología católica, incluso si trabajan con métodos parcialmente diferentes.

3) Las afirmaciones hechas en el coloquio a propósito de la relación existente entre resurrección y apariciones no son totalmente satisfactorias (Coloquio, 16-18). Y esto mismo hay que decir sobre algunas hipótesis empleadas para explicar el origen histórico de la fe pascual (Coloquio, 16), pero también —y esto concierne especialmente al juicio de la Congregación para la Doctrina de la Fe— sobre algunas afirmaciones centrales relativas a este tema, como por ejemplo: «pero las apariciones en cuanto tales no son el fundamento formal de nuestra fe en la resurrección» (Coloquio, 16). Esta afirmación no responde a la dificultad planteada en el coloquio; y, por lo tanto, la ambigüedad subsiste (cf. no obstante, la cita de la Carta hecha más arriba).

4) El rechazo sistemático y repetido de la palabra anhipóstasis (cf. Jezus..., 534, lín. 31; 538, lín. 5 desde abajo; 540, lín. 3 desde abajo; 543, lín. 8; Coloquio, 7,1.11: «prefiero evitar la anhipóstasis, implicada en el neocalcedonismo») es fuente permanente de ambigüedades. Se sabe que el autor quiere «solamente negar (de este modo) que haya una laguna humana en la humanidad de Jesús» (Carta, p. 13, última línea); pero el término hipóstasis no es el término persona y para nuestros contemporáneos no tiene el significado de naturaleza espiritual, sino el de realidad distinta e independiente en la existencia. Por consiguiente, rechazar la anhipóstasis no implica sólo negar toda laguna en la humanidad de Jesús, sino que induce a hacer ver en ella una realidad distinta e independiente en la existencia, y lleva a imaginar «el inconcebible "vis a vis" entre el Hombre Jesús y el Hijo de Dios» que el mismo Schillebeeckx quiere descartar Jezus.., p. 543, lín. 13 desde abajo). El lector se encontrará traído y llevado entre estos dos sentidos: persona humana, no persona humana.

FRANJO Card. ŠEPER
Prefecto

 

 

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