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SIMPOSIO TEOLÓGICO-PASTORAL
DEL XLVIII CONGRESO EUCARÍSTICO INTERNACIONAL

RELACIONES SOBRE
“LA VIVENCIA DE LA FE EUCARÍSTICA
EN LOS CINCO CONTINENTES

LA VIVENCIA DE LA FE EN AMÉRICA

Guadalajara, México
Miércoles 6 de octubre de 2004

I

Me han pedido que explique hoy cómo la Iglesia celebra y vive la Eucaristía en América. En el Congreso Eucarístico que se celebrará a continuación debo pronunciar una ponencia sobre este mismo tema, pero sólo en relación con Norteamérica. Mi experiencia personal me permite hablar con un buen conocimiento sobre lo que sucede en los Estados Unidos, y en menor medida, también en Canadá. Conozco menos la situación de Latinoamérica. A lo largo del verano he tenido la oportunidad de conversar con varios sacerdotes de Latinoamérica que se han ido presentando y, al mismo tiempo, he iniciado intercambios con obispos latinoamericanos sobre este tema.

Los datos con los que vengo a este coloquio son poco científicos. Espero, sin embargo, que mis impresiones sobre la situación del culto eucarístico en el continente americano sean de algún valor.

Los Estados Unidos son la primera nación del mundo que se ha desarrollado sin una historia previa a la Ilustración. La forma en que se vive la devoción eucarística en mi país debe prácticamente todo a lo que los inmigrantes católicos de los siglos dieciocho y diecinueve trajeron con ellos mismos. Las preocupaciones apologéticas prevalecieron sobre la intensidad de la piedad post-tridentina, debido al hecho de que ingresaron en una cultura protestante. Por citar un ejemplo, tuvimos muy pocas procesiones del Corpus Christi en comparación con las naciones católicas.

Las enseñanzas de Juan Pablo II han arraigado hoy profundamente en los Estados Unidos. La creciente propagación de la adoración eucarística da testimonio de esta bendición. Estos momentos de contemplación ofrecen a los católicos de los Estados Unidos un modo de huir del ajetreo de ruido y movimiento generado por la omnipresente imagen electrónica. Este tipo de distracción ha dominado la cultura en el último cuarto de siglo. También en Canadá está teniendo lugar un importante aumento de la práctica de la adoración eucarística. La lucha contra la cultura secularizada, que atrae poderosamente a los sentidos, constituye un desafío para los pastores que deben anunciar diariamente el “misterio de la fe” –me refiero al mysterium fidei de la Misa–, un misterio que escapa a los sentidos: vista, olfato, tacto y sabor.

II

En Latinoamérica existe una práctica religiosa popular arraigada y permanente que uno descubre entremezclada con las actividades ordinarias de la vida de los católicos. Esta “religión popular” (uso este término de modo descriptivo, sin la carga técnica que los sociólogos le dan), esta “religión popular” es la expresión histórica de la herencia católica anterior a la Ilustración que informa a los países católicos de Latinoamérica. A mi modo de ver, las procesiones, los festivales, los adornos y flores, las primeras comuniones, etc. ofrecen al pueblo católico la oportunidad de expresar una fe que está en continuidad con la fe de la Iglesia, no obstante la falta de formación que pueda existir en algunas personas concretas.

Sin embargo, las naciones de Latinoamérica afrontan nuevos desafíos. Me refiero en primer lugar al influjo de una cultura altamente secularizada que abusa de los medios de comunicación. Estos medios editoriales y electrónicos sirven al mismo tiempo de noticias y de entretenimiento. Esta secularización amenaza con erosionar las prácticas heredadas del catolicismo que los misioneros de la península ibérica trajeron a nuestro continente, especialmente a Latinoamérica. Algo similar sucedió en Canadá como fruto de los esfuerzos de los misioneros franceses. Incluso donde este tipo de expresión religiosa se conserva con vigor corre el riesgo de sucumbir ante la cultura de los medios de comunicación. Las fuerzas predominantes del mundo secularizado siguen siendo hostiles a la religión; podríamos describirlas con acierto como anti-religiosas. Si no promovemos la renovación de Juan Pablo II, podemos esperar una disminución de la fe y del fervor. El próximo Año de la Eucaristía nos ofrece una oportunidad para asegurarnos que esta renovación de la fe y del culto halle su centro en la Eucaristía.

Existe otra amenaza para la piedad eucarística. Deriva del carácter anti-sacramental de los grupos fundamentalistas protestantes y de las sectas que, desafortunadamente, se han abierto camino entre los pueblos de América. Mientras que algunas de ellas se adhieren únicamente a la creencia en Cristo como Señor y Salvador y a una interpretación personal de la Sagrada Escritura, otras sectas están formadas por cristianos más o menos heterodoxos o son espiritualismos completamente New Age. Sólo una profunda catequesis acerca de la Eucaristía puede ser un remedio para la erosión que estos grupos efectúan en la fe de nuestro pueblo católico.

III

En la conferencia que daré en el Congreso Eucarístico subrayaré que en los países del norte de México existen puntos de luz en las Iglesias, tendencias bien identificadas que nos animan a esperar una nueva etapa de devoción y culto eucarístico: la práctica frecuente de la comunión, una mejor comprensión de la “plena, activa y consciente participación” en la liturgia, un mayor tiempo dedicado a la devota adoración y la renovación global fruto de los pontificados del post-concilio de Pablo VI y Juan Pablo II. Damos gracias a Dios por esos signos de esperanza.

También debo observar algunas sombras que oscurecen el brillo del “disco de oro”, como describe el poeta al Santísimo Sacramento expuesto. Estas incluyen una menor participación en la Misa dominical, cierta presunción sobre el derecho de recibir la comunión sin tener en cuenta la propia dignidad y algunas catequesis deficientes en relación con el misterio de la fe. Pedimos a Dios que fortalezca al pueblo cristiano.

¿Sería demasiado sugerir que los factores negativos apenas mencionados, que estas “sombras”, se asoman ya en Latinoamérica, y que, debido al proceso sin retorno de la globalización promovido por los medios de comunicación, se van a extender cada día más entre los países del sur del Río Grande?

Espero que nuestras reflexiones en equipo sobre estos asuntos y otros problemas relacionados con el gran don que Cristo dejó a su Iglesia “la noche en que iba a ser entregado”, nos ayudarán a poner en marcha las iniciativas pastorales con el entusiasmo que se necesita para afrontar los desafíos de la generación presente de un modo tan exitoso como el de nuestros hermanos y hermanas en la fe que trajeron su rica cultura católica y eucarística al nuevo mundo. ¡Viva Cristo, Eucarístico Rey!

Card. Bernard Francis LAW
Arcipreste de la Basílica de Santa Maria la Mayor

 

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