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XLVIII CONGRESO EUCARÍSTICO INTERNACIONAL
PROFUNDAMENTE EN CRISTO
Recepción
de las delegaciones de Estados Unidos y Canadá
Intervención del cardenal
Bernard Francis Law, arzobispo
de Boston
Auditorio de la Expo, Guadalajara (México)
Lunes 11 de octubre de 2004
“La Iglesia vive de la Eucaristía” (EdE 1). El testimonio personal del Papa Juan
Pablo II ilustra esta verdad fundamental de la doctrina Católica en una manera
que anima a los católicos por todo el mundo a imitar su devoción al Santísimo
Sacramento. Escuchen la recolección del Santo Padre que se encuentra en su más
reciente encíclica Ecclesia de Eucharistia: “Desde hace mas de medio
siglo, cada día, a partir de aquel 2 de Noviembre de 1946 en el que celebré mi
primera misa en la cripta de San Leonardo de la catedral del Wawel en Cracovia,
mis ojos se han fijado en la hostia y el cáliz en los que, en cierto modo, el
tiempo y el espacio se han “concentrado” y se ha representado de manera viviente
el drama del Gólgota, desvelando su misteriosa “contemporaneidad”” (EdE 59).
Hoy, nosotros que somos privilegiados a estar presente en Guadalajara nos
detenemos a este mismo misterioso “contemporaneidad” cuando cada uno de nosotros
nos arrodillamos en adoración ante el Señor Eucaristía, descubrimos que estamos
profundamente juntos en la vida y misión de la Iglesia. En otras palabras, nos
encontramos unidos “profundamente en Cristo.”
Los congresos eucarísticos dan a todos los católicos en el mundo una oportunidad
extraordinaria a desarrollar su amor común por la eucaristía. Esta celebración
del Congreso Eucarístico en México excepcionalmente marca el comienzo de una
época que el Santo Padre ha dedicado expresivamente como “Año de la Eucaristía.”
Durante los meses después de octubre, la Iglesia entera sacara renovada fuerzas
del regalo que Cristo les dio primero a los Apóstoles en la noche antes de
sufrir. El Santo Padre quiere que cada uno de nosotros retome de nuevo el
llamado dado al comienzo del nuevo Milenio: “Comienza de nuevo desde Cristo.” En
Octubre del 2005, la Asamblea Ordinaria del Sínodo de Obispos triará en este año
de gracia y devoción a su conclusión. Al mismo tiempo, obispos de todo el mundo
se reunirán de nuevo en Roma para considerar el especifico tema propuesto por el
Santo Padre: “La Eucaristía, fuente y cumbre de la vida y misión de la Iglesia.”
La Eucaristía ocupa el centro de la vida de la Iglesia. En cada misa, oímos al
sacerdote proclamar, “¡Mysterium Fidei! ¡El Misterio de la Fe!” Esta misma
Santísima Eucaristía es el centro de la realidad sacramental de la Iglesia.
Desde el momento que la sangre y el agua broto del costado de Cristo, comenzó a
existir en el mundo una fuente de vida divina que permanece sin igualdad. Por
siglos, artistas cristianos han retratado la preciosa sangre y el agua que broto
de las heridas de Cristo siendo detenidos por medio del ministro de ángeles y
hombres que soportan la copa. Ninguna gota debe ser desperdiciada. Estas
imágenes retratan la fuente de la vida sacramental en la Iglesia, se atiene como
la fuente de salvación para cada persona en el planeta. El agua: un bautismo. La
sangre: una Eucaristía. De la Eucaristía, viene la comunión de la Iglesia.
Me han pedido que represente la sección del norte del continente americano,
concretamente Canadá y Estados Unidos, y me han requerido que comente sobre la
situación actual de la practica y devoción Eucarística de estas dos naciones.
Para poder reflexionar adecuadamente las circunstancias de esta lingüística
diversidad y enorme región geográfica de nuestro continente, les escribí a
varios obispos de Canadá y los Estados Unidos, y les pregunte que me
proporcionaran un corto relato de las brillantes y menos que brillantes puntos
de la practica de la Eucarística en sus diócesis y regiones. Era mi intención
aprender a primera mano, de los pastores de la Iglesia, como la misión de la
Iglesia de hacer la Eucaristía “la fuerza generadora de la unidad del Cuerpo de
Cristo” (EdE 24) esta progresando en la parte norte del continente americano.
Las Luces
1. El signo mas notable es de la extensión viviente de la devoción a la
eucarística, permanece la practica de frecuente comunión. No debemos desvalorar
este desarrollo eclesial. La gracia que el Papa San Pío X, el Papa de la
Eucaristía, medio a la Iglesia al comienzo del siglo veinte sigue floreciendo en
las parroquias de Norte América. Ya no es el caso de desordenados escrúpulos
sobre el valor personal para comunicar a la gente no permitida a entrar en una
comunión Eucarística que es la Iglesia, y que solo, satisface la necesidad para
la comunión fraternal entre los hombres y mujeres. Uno recuerda los anhelos que
marco los ardientes deseos de los santos del siglo veinte como Santa Teresa de Lisieux
y bendita Imelda Lambertini al recibir la Eucaristía. Hoy estos deseos se
encuentran en niños católicos ya que obtienen la edad de discreción. Para mi,
esta actual disciplina en la Iglesia compensa por la primer luz de la practica
Eucarística.
2. Otra Luz que ocurre en las Parroquias de los Estados Unidos y Canadá es la
realización de las instrucciones del Concilio Vaticano II que cada miembro de la
celebración Eucarística participe completamente, conscientemente, y activamente
en la acción litúrgica. Miembros de la Iglesia desde luego que cumple con este
mandato de acuerdo de la estación de cada uno en la Iglesia. La unidad que la
Eucaristía significa, aparece en su propia diferencia cada vez que los varios
miembros de la asamblea cumple las funciones propias de sus varias oficinas o
roles. En el centro de la acción Eucarística esta indispensablemente el
sacerdocio que el solamente puede ofrecer con eficacia el sacrificio Eucarístico
en unión con los obispos por medio de el, con el Obispos de Roma. Alrededor del
sacerdote que se sacrifica, nosotros también observamos a los lectores,
acólitos, músicos, persona que lleva la ofrenda, y otros ministros reconocidos o
servidores que demuestran la diversidad en la que la acción Eucarística se hace
un pan, un cuerpo. La mayoría de los que asisten a la celebración eucarística
participa en reuniéndose con la intención del celebrante, y por medio de el a
adorar a Cristo mismo. (ver EdE 16). Sin esta mínima implícita intención, esos
que asisten a la misa se quedan cortos de lo que la Iglesia entiende como
completa, activa y consciente.
3. Entre los puntos brillantes que brilla adelante en la gente católica de Canadá y
de los Estados Unidos, a mi me gustaría especialmente recordar la practica de
adorar la Eucaristía fuera de la misa. Esta importante luz brilla mas radiante
cada día según como los católicos respondan a la invitación del Papa Juan Pablo
II que el da en forma de una pregunta: “¿Cómo no sentir una renovada necesidad
de estar largos ratos en conversación espiritual, en adoración silenciosa en
actitud de amor, ante Cristo presente en el Santísimo Sacramento?” (EdE 25).
Nosotros sabemos que los misioneros que vinieron al nuevo mundo a mediados del
siglo dieciséis trajeron con ellos las practicas de la Reforma Eclesial que se
recorrieron por toda la Iglesia en los umbrales del Concilio de Trento. En
México, para citar un ejemplo, las custodias de la época colonial Barroco esta
como un silencioso recordatorio de la devoción del aprecio de fe de nuestros
antepasados hacia la Eucaristía expuesta para todos adorar en los altares de las
iglesias cristianas. Aquellos depravados de la luz del Evangelio esperaron los
tiempos designados del amanecer y puesta del sol para ofrecer sus tributos al
dios sol. Cristianos se alegraron que el verdadero hijo de justificación brille
a cada momento durante el día, donde quiera que el corazón de Jesús en el
Santísimo Sacramento del altar es alabado, adorado, y glorificado.
Es una fuente de animo y alegría excepcional, entonces, para observar la
adoración Eucarística que ahora florece al curso, de la renovación pos-conciliar
del que el Papa Juan Pablo II ha presidido por mas de veinticinco años. Aunque
lo que es mas importante de anotar, es la atracción de que nos arrodillamos ante
el Señor Eucaristía parece ser mas fuerte entre la juventud norteamericana. (Y
yo estoy seguro que es lo mimo para los países de Latino América). Yo he sido
privilegiado a observar este fenómeno, que considerando todo, sugiere ninguna
otra explicación que la gracia del Espíritu Santo. Seria imposible identificar
todos los lugares donde la practica de la adoración de la Eucaristía forma el
corazón de una comunidad particular. Dejen que cite un ejemplo, la Universidad
Franciscana de Steubeville localizada en el estado de Ohio. Ahí, sobre el
periodo de varias décadas, los estudiantes han desarrollado agresivamente la
tradición de la adoración a la Eucaristía. Y otros ejemplos pudieran ser citados
en Canadá y Estados Unidos, especialmente en el ambiente parroquial. Un
sacerdote joven que conozco a comenzado a exponer al Santísimo por un corto
tiempo después de la misa parroquial de la mañana, y el permanece ahí con
aquellos que desean prolongar su “oración de adoración ante el Cristo presente
bajo las especies Eucaristía” (EdE 25). Yo personalmente encontré esto
reconfortante sobre las estadísticas que llegaron de los obispos que consulte.
Estos indicaban que el numero de capillas eucarísticas en la diócesis han
multiplicado en años recientes, y que las ocasiones cuando las devociones
eucarísticas son realizadas a aumentado en cada año que pasa.
4. Otro punto brillante revela como la Eucaristía santifica al mundo surge en la
misma persona del Santo Padre. Ya he citado de sus palabras en la reciente carta
encíclica, Ecclesia de Eucharistia. La Iglesia, el Papa nos recuerda,
nace de la Eucaristía. Pero no se nos debe olvidar las muchas y varias formas en
que el Santo Padre mismo a tratado de poner la Eucaristía en el centro de las
vidas de cada creyente cristiano. La larga serie de el Día de la Juventud
Mundial alcanza un momento espléndido de cómo el Papa Juan Pablo II atrae a la
gente joven (y otros) a Cristo por medio de su testimonio de fe y la celebración
de los sacramentos. No solamente impresionan el numero de comunicantes jóvenes,
pero también el numero de gente joven que recibe el sacramento de la
reconciliación (me gustaría aplaudir a los sacerdotes que se ponen a la
disposición de los ejercicios extraordinarios de la nueva evangelización). El
Día de la Juventud Mundial se da momentos privilegiados para la catequesis.
Veremos esto suceder de nuevo en Cologne, Alemania en 2005. En mi punto de
vista, el papado del Papa Juan Pablo II será recordado por su constante devoción
a tres misterios cristianos. La misión universal de la Iglesia, el sacramento de
la Eucaristía, y la Virgen Madre de Dios. Cada uno de estos misterios representa
una única y central misterio de mediación que los cristianos de todas partes
reconocen, esto es posible una vez y por siempre en el nacimiento, vida, pasión,
muerte y resurrección del Señor Jesucristo. Sin descansar, el Papa Juan Pablo II
nos invita a abrazar Nuestro Señor con completa devoción. Esta apertura ocurre
en un modo que sobre pasa cualquier otra forma de unión personal con el salvador
en el momento cuando cualquier miembro bautizado de la Iglesia dignamente recibe
el cuerpo, sangre, alma y divinidad de Jesucristo en la Eucaristía.
Las Sombras
El enfoque de las sombras es con la intención a iluminar esas áreas de la practica
Eucarística y utilización de la liturgia donde la Nueva Evangelización todavía
tiene que alcanzar su plena y completa exposición.
1. Generalmente reportan que aquellos que asisten a misa regularmente los domingos
y días santos de obligación han declinado en numero. Hemos perdido el sentido del Domingo como un
día dedicado al Señor, para descansar y recrear, y cuando es posible estar con
la familia. Es importante recordar la Carta Apostólica del 1998, Dies Domini,
“En observar el día del Señor”. Ahí, el Santo Padre nos recuerda que “cuando el
domingo pierdo el significado originario y se reduce a un puro “fin de semana”,
puede suceder que el hombre quede encerrado en un horizonte tan restringido que
no le permite ya ver el “cielo”. Entonces, aunque vestido de fiesta
interiormente es incapaz de “hacer fiesta” (Dies Domini 4). El Papa nos recuerda
que hay intersecciones de valores humanas y divinas en observar el día santo Sábado.
En el centro de este misterio de la creación porque hasta el Señor Dios descanso
de todo lo que había hecho – esta la celebración de la resurrección de Cristo.
El Domingo es el Día del Señor. Esto quiere decir que el Sábado Cristiano le
pertenece a Dios, y nosotros que somos sus creaturas le debemos en este día el
servicio de nuestra adoración. Cuando fracasamos en absolver esta obligación de
justicia, que pertenece no solo la ley divina revelada y eclesial, pero también
en la ley natural, la persona humana sufre un disminuir de su carácter y
dignidad. Ya no podemos ver los cielos. Imagina lo que pudiera pasar si cada
persona que esta escuchando mi voz en este momento, invitara a alguien que ya no
va a misa los Domingos para regresar a la adoración de Nuestro Señor.
2. Mientras el numero de aquellos que asisten a misa han disminuido, también se
pueden encontrar unas sombras entre aquellos que asisten a la Santa Iglesia los
domingos o en otras ocasiones, como funerales o bodas. Me parece que se ha
desarrollado, especialmente después del Concilio Vaticano II, la presunción del
derecho para recibir la Santa comunión. Me detendré en especular las causas de
esta perdida dramática de la obligación de prepararse uno mismo a recibir el
Cuerpo y Sangre de Cristo. Pero debemos recordar una verdad importante: La
Eucaristía intensifica el amor en el corazón de uno que ha sido convertido al
Señor. No afecta la conversión del corazón. El sacramento de la reconciliación
es la única manera para que el católico se aleje de un serio pecado y reciba el
perdón que Dios a confiado a la Iglesia por medio del ministerio de los
sacerdotes. Desgraciadamente, se a desarrollado el punto de vista que con el
solo hecho de estar presente en la misa y tienes el deseo de comulgar, entonces
el o ella disfruta el derecho de recibir la Santa Comunión. Este error no es
nuevo; hasta le llamo la atención al Apóstol, que advirtió que cualquier persona
que come la Eucaristía en pecado merece su condenación. Todos estamos obligados
a adorar a Dios, hasta aquellos que por cualquier razón se encuentra fuera de la
comunión del amor de la Eucaristía que crea entre los santos, “Así pues, si el
cristiano tiene conciencia de un pecado grave, esta obligado a seguir el
itinerario penitencial, mediante el sacramento de la Reconciliación, para
acercarse a la plena participación en el Sacrificio eucarístico.” (EdE 37).
3. Hay una tercera sombra que detiene el esplendor de la Eucaristía de brillar en
los católicos. Hay muchos católicos que todavía les faltan disfrutar plenamente
los beneficios de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica que
ha hecho posible para que ellos reciban. La instrucción en la fe permanece
deficiente entre ciertos miembros de la Iglesia. Tristemente, esta privación
afectó a los laicos y al clero. A veces la privación de una plena instrucción se
manifiesta en y es reforzada en sencillas cosas, como asumir una postura
impropia durante la misa. Por ejemplo, cuando alguien esta parado cuando debe
arrodillarse. Otras veces, la privación afecta el conocimiento que los católicos
debe poseer sobre la Eucaristía misma, el sacerdocio apostólico, y el carácter
sacrificial de la misa. Se extenderá más allá de mi propósito de este momento
para proporcionar un relato agotado de la deficiencia teologal y catequética de
la Eucaristía, o para comentar en los abusos litúrgicos, que brotan de estas
deficiencias. Es suficiente observar que la Iglesia ha proporcionado remedios
para esta privación. Me gustaría mencionar especialmente el Catecismo de la
Iglesia Católica, las “cartas” del Jueves Santo del Papa a los sacerdotes de
todo el mundo, especialmente la reciente encíclica Ecclesia de Eucharistia
con el documento que lo acompaño, Redempotionis Sacramentum, publicado
hace poco este año. Los laicos y el clero deben estudiar cuidadosamente estos
últimos dos documentos; estos completan la instrucción del Concilio Vaticano II
sobre la Eucaristía en la misma manera que Veritatis Splendor completo la
llamada del concilio a una renovación de la moral teológica. Su eterna conexión
con la nueva Instrucción General del Misal Romano también debe ser tomado
en cuenta. ¿Por qué tanta preocupación por la Eucaristía y su propio y digna
celebración? Papa Juan Pablo II nos da la respuesta. Este sacramento constituye
“lo mas precioso que la Iglesia puede tener en su caminar por la historia” (EdE
9).
Nosotros reconocemos estas sombras con tristeza, pero no sin esperanza. Este
Congreso Eucarístico Internacional y el Año de la Eucaristía que la anterior
mencionada inaugura, puede pedir a la Iglesia esa gracia que pueda deshacer las
sombras. Esta es nuestra oración. Que la luz de la Eucaristía ilumine cada
miembro de la Iglesia, para que todos puedan descubrir que están unidos
“profundamente en Cristo.” Para la persona humana, no hay ninguna otra plena
perfección o posible felicidad.
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