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XLVIII CONGRESO EUCARÍSTICO INTERNACIONAL

LA SITUACIÓN DE LA FE EN LA EUCARISTÍA:
LUCES Y SOMBRAS EN ÁFRICA

Intervención de S. E. Mons. Jean Baptiste Kpiele Somé,
Obispo de Diébougou (Burquina Faso)

Lunes 11 de octubre de 2004

 

INTRODUCCIÓN

Es de buena costumbre en África saludar a las personas antes de dirigirles la palabra, sobre todo cuando uno viene de lejos.

Viniendo de Burkina Faso, en el corazón de África Occidental, donde, desde hace 36 años, soy Obispo de Diébougou, una diócesis rural en un país económicamente pobre, me gustaría saludar paso por paso:

  • Nuestras Eminencias, Señores Cardenales,

  • Nuestras Excelencias, Arzobispos y Obispos,

  • Nuestros queridos sacerdotes, religiosos y religiosas.

  • Sin olvidar a nuestros queridos fieles laicos, sobre todo de la gran ciudad de Guadalajara, que se convierte por unos días en la capital espiritual de la Iglesia Universal gracias al Congreso Eucarístico Internacional que se tiene en su seno por petición de su Santidad el Papa Juan Pablo II.

I – “¡ESTE ES EL MISTERIO DE NUESTRA FE!”

Esta afirmación doctrinal, que se sitúa en el corazón de la Plegaria Eucarística consagratoria, es el acto de fe solemne, compartido por toda la Iglesia repartida en el mundo a través de los cinco continentes. En África, es esta misma afirmación la que se proclama, como en todos lados, en cada celebración eucarística. Nosotros no tenemos otra fe en el misterio de la Eucaristía que aquella de la Iglesia católica universal. Es esta única y misma fe que hemos venido a proclamar desde todas partes del mundo al gran encuentro eucarístico internacional de Guadalajara. Yo expreso aquí mi alegría, junto con los Arzobispos, Obispos y todo el pueblo cristiano de Burkina Faso, por este 48º Congreso Eucarístico Internacional que representa abundantes gracias y bendiciones divinas sobre el mundo de nuestro tiempo.

La pequeña delegación de mi país, Burkina Faso, que ha logrado una hazaña viniendo a participar a este congreso, se une a su servidor, para agradecer de todo corazón a nuestro Santo Padre el Papa Juan Pablo II, por la audaz persistencia en los Congresos Eucarísticos Internacionales que dan la vuelta al mundo y consecuentemente son parte de la tradición y de los tesoros espirituales de la Iglesia Católica.

Gran agradecimiento a los organizadores de este 48º Congreso Eucarístico Internacional. Nombro a su Eminencia el Cardenal Joseph Tomko y todos sus colaboradores. He nombrado igualmente a su Eminencia el Cardenal Juan Sandoval Íñiguez, Arzobispo de Guadalajara, quien me ha invitado a tomar palabra en esta circunstancia solemne en honor del sacramento de la Eucaristía, “origen y cumbre de toda la vida cristiana”[1].

II – “POR EL, CON EL Y EN EL”

(Per ipsum, et cum ipso et in ipso)

Al inicio de mi episcopado, yo elegí como divisa episcopal las primeras palabras de la doxología que concluye la Plegaria Eucarística de la misa. Era entonces, para mí y para mi diócesis, todo un programa espiritual de mi cargo pastoral que debía arraigarse en el culto eucarístico. Con el paso del tiempo, hoy me doy cuenta que es esta divisa episcopal eucarística la que ha conducido a toda mi diócesis a la Orientación Pastoral de base titulada: “Parole et pain pour tous et par tous”[2] (Palabra y pan para todos y por todos) en una Iglesia percibida y vista como “Familia de Dios”. Este arraigo eucarístico de mi cargo pastoral, permitió a mi diócesis organizar, del 22 al 29 de abril del 2001 su primer Congreso Eucarístico diocesano para permitirnos “volver a partir de Cristo”, es decir de Jesús-Eucaristía para la nueva evangelización de la cual el Papa Juan Pablo II nos dio el tono en su carta apostólica “Novo Millennio Ineunte”[3]. Es entonces para mí una fuente de alegría y de acción de gracias a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo; a quién le doy junto con la Iglesia entera, todo honor y toda gloria en la fe en el misterio de la Eucaristía.

III – ALGUNAS PRESUPOSICIONES FUNDAMENTALES COMUNES

Reflexionando sobre la situación de la fe en la Eucaristía: luces y sombras en África, constatamos que existen convergencias doctrinales y antropológicas, de un lado a nivel de las realidades fundamentales y constitutivas de la Eucaristía, y del otro, a nivel de aquellas de la cultura africana. Estas realidades que son como presuposiciones fundamentales comunes, se articulan alrededor de la familia, de la vida, del cuerpo, de la palabra y de las relaciones con el mundo invisible por medio de sacrificios religiosos. Cada una de estas realidades parece transportar luces y sombras, o en otros términos, aspectos positivos y negativos a favor o en contra del misterio de la Eucaristía.

1. La realidad de la familia

La familia que es una realidad universal, “célula principal y vital de la sociedad”[4], tiene una importancia particular en África. “En la cultura y tradición africanas, declara Juan Pablo II en Ecclesia in Africa, el papel de la familia está considerado generalmente como fundamental”[5]. Es por eso que en el Sínodo especial para África, en 1994, los Padres sinodales, después de reflexionar y concertar, propusieron al Papa que el concepto de la familia sea retenido como la imagen preferida de la Iglesia para África; sin excluir otras imágenes. El Papa aceptó esta proposición demandando la edificación en África de la Iglesia “Familia de Dios” (“Familia Dei”, de acuerdo a la expresión de los Padres de la Iglesia, retomada por el Concilio Vaticano II), en el arraigo a su fuente principal que es la Familia Trinitaria, y excluyendo sus aspectos negativos.[6]

Del punto de vista antropológico y cultural, la familia africana es el lugar de incubación de la vida humana y social, el lugar primordial de las relaciones diversas (conyugales, paternales, entre clanes, etc.), el lugar de los aspectos positivos de las relaciones humanas (solidaridad, fraternidad, acogida mutua, reparto, etc.), y también el lugar de los aspectos negativos (tensiones, espíritu de enemistad y venganza, conflictos que pueden escalar hasta guerras tribales y étnicas).

Del punto de vista eclesiológico y doctrinal, nosotros sabemos que la Eucaristía hace a la Iglesia y que la Iglesia hace a la Eucaristía. En África, esta Iglesia que se quiere “Familia de Dios”, lugar de celebración de la Eucaristía, tiene sus fuerzas y debilidades, sus luces y sus sombras. La imagen de la “Familia de Dios” permite vivir en la Iglesia una verdadera fraternidad cristiana, una verdadera solidaridad, un espíritu de acogida mutua y de compartir. Y la Eucaristía que reúne a los fieles de horizontes diversos se convierte verdaderamente un lugar de alegría profunda, de unión y comunión. Se pueden observar estas luces en la vida de las comunidades cristianas de base (CCB) en África, a semejanza de las comunidades cristianas de la iglesia primitiva. Gran cantidad de celebraciones eucarísticas son verdaderos lugares de alegría, de paz, de fraternidad humano-divina y finalmente de santificación personal y comunitaria. Pero esta imagen de la Iglesia “Familia de Dios”, cuando es mal comprendida y mal vista, puede volverse un gueto. He aquí la observación pertinente de un autor africano en su libro sobre la Eucaristía en el contexto africano: “La Iglesia Familia de Dios de la cual sueñan los Obispos de África, como una figura eclesiológica, no puede adaptarse de una idolatría de su clan o su país, ni de una ley concluida del rechazo de otra, a causa de un espacio-tierra que sería nuestra patria. Se trata antes de todo de cultivar la atención al otro y una solidaridad protectiva, de mantener el calor de las relaciones, de promover una acogida tranquilizante y un dialogo que engendra confianza y comprensión.”[7] La formación catequética y espiritual de los cristianos es una dimensión capital a no errar.

2. La realidad de la vida

“Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”[8]

La vida que es primordial por todo el mundo, toma un relieve particular en África. ¿Por qué? Es porque para el africano, la vida es el primer don que Dios dio a los seres humanos. De donde el respeto religioso con el cual se le apoya. El Papa Juan Pablo II lo confirma en su Exhortación Apostólica post-sinodal: “Abierto a este sentido de la familia, del amor y del respeto a la vida, el africano, ama a los hijos, que son acogidos con alegría como un don de Dios. Todos los hijos e hijas de África aman la vida […] respetan la vida que es concebida y nace. Se alegran de esta vida. Rechazan la idea de que pueda ser aniquilada.”[9] Aquí esta entonces una realidad primordial de la cultura y de la mentalidad africana tradicional. Desafortunadamente esta luz no brilla siempre con la misma intensidad en el África moderna de hoy. Se observan en estos días focos de guerra y tensiones familiares y tribales que atacan y matan la vida. Los abortos dictados por el libertinaje sexual se multiplican. “Mi vientre me pertenece”, dicen sin vergüenza. Por ende, podemos abortar suprimiendo la vida. Los genocidios están presentes también, frente a nuestras narices, en África, en comunidades cristianas. La mesa es a veces triste en ciertos países.

Se ve bien, las luces y las sombras no hacen falta al respecto de la vida en África. Esto influencia positivamente o negativamente la imagen de la Iglesia y la fe en la Eucaristía en África. En efecto, toda la gran tradición cristiana nos enseña que es Dios el único que es la vida y la fuente primordial de vida. La Biblia, desde el libro del Génesis hasta el Apocalipsis, esta atravesada por la vida de Dios creador. La vida viene de Dios y regresa a Dios. Dios es el dueño y señor supremo de la vida. En la plenitud de los tiempos, el Cristo, Verbo de Dios y Dios el mismo, se encarna. El apóstol San Juan nos dice: “En el estaba la vida y la vida era la luz de los hombres.”[10] Pero en los días de su pasión, Cristo que es la vida de Dios, revelado a los hombres, fue puesto a prueba severamente por la muerte. “La muerte y la vida se enfrentan en un duelo prodigioso, el dueño y señor de la vida murió; viviendo el reina” (Mors et vita duello conflixere mirando: dux vitae mortuus, regnat vivus.) Esto es lo que la Iglesia canta el día santo de Pascua en la secuencia “Victimae pascali laudes”. Y la Eucaristía es ella misma, fuente de vida, ya que ella contiene substancialmente a Cristo, pan de vida: “Les dijo Jesús: Yo soy el pan de vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed.”[11] Ahora bien en África, esta luz de Dios creador de la vida y fuente de vida, esta luz de Cristo, pan de vida celebrada en la Eucaristía, esta a veces empañada, es decir escondida por las sombras de una fe mal vivida en la Eucaristía. Un buen número de cristianos van a misa, en realidad no para buscar la vida de Dios en el sacramento de la Eucaristía, sino por otras intenciones totalmente humanas, por razones totalmente sociales. Y en las horas sombrías de sus vidas, van hacia los sacrificios paganos o hacia la magia negra para buscar ahí la vida y la paz. Esas personas, se encuentran entonces, con el sincretismo religioso buscando la vida del lado de la muerte. Esto significa que su fe en la Eucaristía, fuente de vida, se detuvo a medio camino. Si la formación catequética, doctrinal y espiritual, la formación continua, no están bien aseguradas, es una catástrofe a nivel de la evangelización de África.

3. La realidad del cuerpo

“Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida” – “Tomad, comed, éste es mi cuerpo.”[12]

En África tenemos un sentido agudo y un gran respeto al cuerpo humano. El cuerpo del niño que está acurrucado en su madre es precioso. El cuerpo de aquel que está muerto, está rodeado de profundo respeto: aseo y vestimenta bien cuidados, actitud de sumisión frente a los restos mortales, entierro con mucho respeto. En breve, vivo o muerto, el cuerpo es respetado en África. Esto representa una luz, un aspecto antropológico positivo que permite resaltar bellos gestos y actitudes corporales durante las misas solemnes. En la tradición cristiana, el cuerpo humano tiene una gran importancia ya somos criaturas de Dios, dotados de inteligencia y poseedores de un alma. Esta luz será llevada a la cumbre por Cristo, Verbo de Dios encarnado. No solamente tomó nuestro cuerpo mortal[13], sino que nos dio, sobre todo, su cuerpo como alimento, ofreciéndolo en sacrificio en la cruz por nuestra salvación. “Tomad, comed, éste es mi cuerpo.”[14] Y desde luego, el cuerpo de Cristo, es decir, su carne y su sangre, está al centro del misterio eucarístico como una gran luz en la Iglesia de los cinco continentes. Es así que el cuerpo físico de Jesús se volvió su cuerpo sagrado y eucarístico recibido en la comunión, para ser al fin su cuerpo glorioso y místico que es la Iglesia. Es por eso que san Agustín gustaba de decir a sus fieles que se acercaban a comulgar: “Recibid esto que sois: el cuerpo de Cristo, para volveros esto que habéis recibido: el cuerpo de Cristo.” Pero por un lado de estas luces, que hablan del cuerpo, hay sombras que impiden alcanzar una fe profunda en la Eucaristía. Por ejemplo, con el fenómeno de la globalización, de la modernidad, así como la facilidad de los medios de comunicación masivos, el cuerpo humano – sobre todo el femenino – es cada vez mas percibido como un objeto de placer y no como una realidad sagrada y respetable. Además, la clonación humana, que es un tema de actualidad por todo el mundo, y por medio del cual se puede manipular al cuerpo desde su origen, es un problema inaceptable y pastoralmente preocupante en África. Enseguida el cuerpo está muy frecuentemente dedicado a la miseria y expuesto a todo tipo de enfermedades, tal como el SIDA, frente al cual quedamos impotentes, del mismo modo que la falta de aseo, debida principalmente a la pobreza económica del continente africano. Durante las celebraciones eucarísticas en las grandes comunidades cristianas africanas, la comunión con el cuerpo de Cristo puede a veces parecer mas como un requisito social que espiritual. Ciertos gestos y actitudes poco respetuosos hacia la Eucaristía observados por todas partes son la prueba. ¿No podríamos, entonces, aplicar a estos cristianos de África, las palabras de San Pablo dirigidas a los cristianos de Corinto? “Quien coma el pan o beba la copa del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Examínese, pues, cada cual, y coma así el pan y beba de la copa. Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propio castigo.”[15] De cualquier modo, ahora solo queda inculcar una educación con sentido de lo sagrado y que los gestos litúrgicos se prueben necesarios.

4. La realidad de la Palabra

“Creéis en Dios, creed también en mí”[16]

La 4ª realidad importante en África y en la Eucaristía es aquella de la Palabra. Ya sea humana o divina, la palabra se tiene como sagrada, un tesoro, un objeto de atención y de escucha. En todo caso, en África, continente dominado por la tradición oral, la palabra profesada tiene importancia sobretodo cuando viene de gente importante y respetada. Las últimas palabras de un padre o de una madre son guardadas preciosamente por la familia como un testamento, y son enseguida comunicadas a los miembros de la familia que estuvieron ausentes. Este aspecto positivo de la palabra en África constituye una luz que prepara y favorece a la escucha de la palabra de Dios en la misa.

En la religión cristiana en general, y a nivel de la Eucaristía en particular, la palabra de Dios es más que sagrada, es divina, creadora y eterna. Dios creó todo sólo con su palabra. Y esta palabra es una persona divina, el Verbo de Dios hecho carne[17]. Ella es pura verdad: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” nos dice Jesús el Verbo de Dios[18]. Ella es eficaz y operacional. Esta eficacia de la Palabra divina no depende primeramente de las disposiciones interiores del sujeto, de su inteligencia, de su voluntad o de su corazón, sino de todo el poder de Dios. Y es definitivamente esta Palabra de Dios que es proclamada en misa, la que opera en los sacramentos, notablemente en la eucaristía, y que es una presencia real y viviente en la Iglesia en medio del pueblo cristiano. He ahí una luz, un aspecto positivo doctrinal que permite en África y también en otros lados, proclamar solemnemente esta Palabra de Dios en misa, de acoger a veces por procesiones actuadas, rítmicas e incluso bailadas, por aclamaciones y gritos de alegría en el respeto y la oración. Ella esta, entonces, en evidencia de los fieles, fuente de alegría espiritual y de santificación. Ella no debe estar guardada para si mismo, ella debe ser comunicada a aquellos que no la conocen. Sin embargo, esta palabra humana puede estar corrompida con error o mentira (omnis homo mendax), y puede arrastrarse por el camino de la magia, en el cual África tiene el triste record de ser especialista. Tal palabra enturbiada y errada, se vuelve una sombra en las celebraciones eucarísticas. Se celebra la palabra de Dios en una fe superficial e incluso con errores de juicio debidos a la percepción errónea de la palabra humana y divina, y además, frecuentemente no tienen preocupación de transmitirla a otros, esto indica una falta de espíritu misionero fuertemente lamentable. Estas luces y estas sombras son las que hacen de nuestras liturgias de la Palabra de Dios, celebraciones en claroscuro y actos de fe débiles en la Eucaristía. Nuestra solicitud pastoral propia debe llevar el remedio.

5. La realidad del mundo invisible por medio de sacrificios religiosos

“Soy yo, no temáis.”[19]

Esta última realidad toca más de cerca, me parece, la fe en la Eucaristía. En la Religión Tradicional Africana (R.T.A.), los adeptos que son por mucho los más numerosos en África sub-sahariana, tienen una fuerte creencia en Dios creador y providencia que habita en el universo inaccesible, el universo invisible de Dios creador y dueño y señor de todo. Ellos tienen además una fuerte creencia en diversos “espíritus” o fuerzas ocultas en el universo visible circundante. Ellos tienen una fuerte creencia en el mundo invisible de los ancestros en el cual sumergen a las familias y los seres humanos. Dios estando directamente inaccesible porque ser infinitamente respetable, los seres humanos, por el sistema de la mediación, deben pasar por los espectros de los ancestros y por los diferentes “espíritus” para ofrecer sacrificios de paz y de reconciliación. Ellos se reconcilian así con el mundo de los ancestros y de los “espíritus”, captan sus favores con estos sacrificios y piensan alcanzar en definitiva a Dios todo poderoso. La noción de los sacrificios es entonces muy fuerte y esta muy anclada en la mentalidad religiosa africana. Ella se presenta ya como una luz que anuncia desde lejos de una manera velada, el sacrificio eucarístico de la cruz.

Es por eso que los africanos no encuentran difícil el entrar a la celebración eucarística de la misa comprendida como sacrificio ofrecido a Dios por su Hijo Jesucristo. Ellos comprenden también fácilmente que el sacrificio eucarístico es un banquete de comunión porque ellos saben que no hay sacrificio religioso sin banquete sagrado de comunión. Ellos celebran entonces la Eucaristía con este manto de fondo luminoso.

Además, hablar de un banquete sagrado, de alimento espiritual o material, es tocar las cuerdas sensibles de los africanos. En un clima de hambre crónica, el alimento se reviste de gran importancia. Positivamente, el banquete tiene un carácter familiar y manifiesta la solidaridad, el reparto y la fraternidad. De ahí viene el papel positivo que juega en la eucaristía, lugar de comunión eclesial y de fraternidad cristiana.

En cuanto a la Eucaristía, por si sola, nosotros sabemos que es también el memorial del sacrificio de Jesucristo en la cruz y el banquete sagrado de comunión en el cuerpo y sangre de Cristo. Ella también tiene una dimensión familiar si se comprende que la Iglesia, donde se celebra, es la familia de los hijos de Dios, como lo afirma esta frase tomada de la Plegaria Eucarística III: “Escucha la oración de tu familia reunida frente a ti.”[20] En la Iglesia vivida como la familia de Dios en África, la Eucaristía es el lugar espiritual de la unidad y de la fraternidad universal. Ella recuerda cada día a los cristianos de los cinco continentes que fuera de la muerte y de la resurrección de Cristo, no hay fraternidad universal posible. La Eucaristía es entonces un llamado a volvernos hermanos universales, cada uno a partir de su país y de su cultura.

Mas, todos estos puntos luminosos pueden ser ensombrecidos por un cierto numero de puntos negativos que emanan de la cultura africana. Por ejemplo, puede ser que el banquete familiar se vuelva hacia el individualismo y el egoísmo, puede que la participación en la Eucaristía y la comunión con el cuerpo de Cristo lleven a los cristianos de África en el espíritu de “cada uno para si mismo y Dios para todos.” Se puede constatar que el alimento material o eucarístico crea diferencias y divisiones notorias. Tal persona, tal familia, tal región, tal país, o tal comunidad cristiana tiene que comer y se encuentra en la abundancia, mientras que otra puede estar sumida en la hambruna y la miseria. Esto arrastra, no un movimiento de solidaridad, sino de sentimientos de celos y de odio pudiendo conducir a la guerra. Además, la noción de sacrificio de paz, de comunión y de reconciliación, cuando no está purificada por la luz del evangelio y transfigurada por el sacrificio de la cruz, mantiene un buen número de cristianos de África en el sincretismo religioso. Ellos vienen a misa a celebrar el sacrificio de Cristo y regresan a sacrificar a los “espíritus” y a los “espectros” de los ancestros. Encontramos ahí también una fe en la Eucaristía que se quedó a medio camino. Ahora bien, Jesús dijo en el evangelio de San Mateo: “No penséis que he venido a abolir la Ley y los profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento.”[21] Alargando las perspectivas evangélicas, se puede decir que Jesús vino a realizar una vasta purificación-transfiguración de las culturas y costumbres religiosas de todos los países. En particular, el vino a purificar y transfigurar todos los sacrificios por su sacrificio en la cruz.

Es por eso que la Iglesia proclama en el Prefacio Pascual nº 5: “Cuando entregó su cuerpo en la cruz, todos los sacrificios de la Antigua Alianza alcanzaron su cumplimiento” Es decir que el sacrificio eucarístico es el mas grande de todos los sacrificios. Una fe sólida en la eucaristía debería hacer abandonar definitivamente los sacrificios de la Religión Tradicional Africana. Este no es el caso en el continente. Del mismo modo, la fe en el Espíritu Santo 3ª Persona de la Santísima Trinidad, quien precedió a la formación del cuerpo de Cristo en el seno de la Virgen María, y cuyo poder transforma todos los días el pan y el vino en cuerpo y sangre de Cristo, debería hacer abandonar los sacrificios a los “espíritus” y a los espectros de los ancestros y conducir a los cristianos de África al culto y a la comunión de los Santos.

Subrayemos finalmente el fenómeno del miedo en África. Muchos africanos tienen miedo del mundo invisible: Los “espíritus”, los ancestros, los genios y otras fuerzas ocultas. Ellos están frecuentemente paralizados por el miedo en su respeto a muchas circunstancias de su vida. Es eso lo que explica el número incalculable de sacrificios que ellos ofrecen para entrar en gracia. Se puede decir, entonces, que la Religión Tradicional Africana es una religión dominada por el miedo. Ahora bien, nosotros cristianos, creemos que Cristo vino a exorcizar el gran temor de los hombres. “Soy yo, No temáis”, nos dice el en la ribera de nuestras vidas. Es él otra vez quien está presente en la Eucaristía y nos dice: “Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.”[22] Estas palabras de Cristo constituyen para nosotros una gran seguridad si las acogemos en la fe.

CONCLUSIÓN

¿Qué decir en síntesis final sobre la fe en la Eucaristía en África? Sabiendo que África es un gran continente en el cual no debemos generalizar, yo quisiera testificar de algunas practicas conocidas concernientes al culto y la devoción eucarística.

  • Se observa en varias diócesis de África una gran participación, libre y consciente de los cristianos en las misas dominicales, en las fiestas y solemnidades litúrgicas, sobre todo en los países con fuertes comunidades cristianas. Para la mayoría de los cristianos de África, ser cristiano es ir a misa y poder comulgar. Aquellos que son privados de la comunión por razones diversas sufren terriblemente.

  • Además se observa que muchos cristianos piden misas por diversas intenciones (por los vivos y difuntos, por la paz, por la sanación, la reconciliación o en acción de gracias a Dios, para pedir por el temporal, buenas cosechas, etc.) Del mismo modo, están presentes en estas misas demandadas.

  • Notamos también la participación masiva de cristianos en misas de peregrinajes y procesiones de Corpus Christi durante las cuales las calles de las ciudades están llenas de gente. Es la religión popular la que se expresa aquí, y la que llevan en el corazón.

  • Las adoraciones y salutaciones con el Santísimo Sacramento son organizadas en las diócesis y las parroquias a petición de los Obispos y con una buena participación de los fieles. Estas adoraciones se intensifican en ciertos tiempos fuertes del año litúrgico (en el mes del Rosario, en el mes misionero, en tiempo de cuaresma, el Jueves Santo, en peregrinaciones.) Son organizadas también por grupos constituidos (movimiento de acción católica, renovación carismática, legionarios)

  • Sin olvidar, claro está, la devoción eucarística habitual de las personas consagradas, notablemente las congregaciones religiosas contemplativas o semi contemplativas que ponen la Eucaristía celebrada y adorada como centro de su vida.

Resurge de todo lo que se ha dicho que la fe en la Eucaristía no es una palabra vana ni una ilusión en la Iglesia de África, sino más bien una realidad espiritual de vida cristiana. Las luces que hemos levantado lo muestran suficientemente. Mientras que las sombras indican que hay todavía un camino a hacer en la profundización de la de en la Eucaristía. Es eso un trabajo pastoral de primer orden, al cual deben unir los Obispos y sus colaboradores en un continente sediento de Dios-Trinidad y de Jesús-Eucaristía, Él que “ayer como hoy es el mismo y lo será siempre.”[23]

Gracias



[1] Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución Dogmática LUMEN GENTIUM 11

[2] En esta formulación, la palabra “Parole” (palabra) representa todas las realidades espirituales de la pastoral diocesana, a saber: la catequesis, la liturgia con sus sacramentos, la moral cristiana y todas las otras formas de oración y de devoción. La palabra “Pain” (pan) representa todas las realidades materiales y temporales de la pastoral diocesana, a saber: todos los esfuerzos de desarrollo y de mejoramiento de las condiciones de vida de los pueblos así como el esfuerzo de auto promoción individual y colectiva, basado en la participación de todos sin distinción de religión.

[3] Juan Pablo II, Carta Apostólica NOVO MILLENNIO INEUNTE 29. Roma 6 de Enero, 2001.

[4] Concilio Ecuménico Vaticano II, Decreto APOSTOLICAM ACTUOSITATEM 11

[5] Juan Pablo II, Exhortación apostólica post-sinodal ECCLESIA IN AFRICA 43

[6] Juan Pablo II, Exhortación apostólica post-sinodal ECCLESIA IN AFRICA 63

[7] Alphonse QUENUM, EUCHARISTIE. RENDEZ-VOUS D’AMOUR, DE VERITE ET DE PAIX. UCAOUUA Abidjan 2002, p.90

[8] Jn 10,10

[9]Juan Pablo II, Exhortación apostólica ECCLESIA IN AFRICA 43

[10]Jn 1,4

[11]Jn 6,35

[12]Jn 6,55; Mt 26,26

[13]Jn 1,14; Flp 2,7

[14]Mt 26,26

[15]1Co 11, 27-29

[16]Jn 14,1

[17]Jn 1,14

[18]Jn 14,6

[19]Jn 6,20

[20]MISAL ROMANO DE PABLO VI. Plegaria Eucarística III

[21]Mt 5,17

[22]Mt 28,20

[23]Hb 13,8

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