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SANTA MISA EN HONOR DE LA VIRGEN DE KAZAN

HOMILÍA DEL CARDENAL WALTER KASPER

Altar de la Cátedra de la Patriarcal Basílica Vaticana
Jueves 26 de agosto de 2004

 

Queridos hermanos y hermanas: 

Ayer el Santo Padre entregó el venerado y antiguo icono de la Virgen de Kazan a una delegación de la Santa Sede para que la lleve a Moscú y la entregue, el sábado próximo, a la Iglesia ortodoxa rusa, con ocasión de la celebración de la fiesta de la Asunción de María, que los ortodoxos llaman fiesta de la Dormición de la Virgen. Hoy el ilustre icono se encuentra en esta basílica expuesto a la veneración pública. Durante esta eucaristía, celebrada en honor de la Virgen de Kazan, quisiera reflexionar con vosotros sobre el significado de este acontecimiento, querido expresamente por el Santo Padre.

1. El icono de la Virgen de Kazan está profundamente arraigado en la historia y en la religiosidad del pueblo ruso y de la Iglesia ortodoxa rusa. Desde el siglo XVI, muchas generaciones de hombres y mujeres han orado ante esta sagrada imagen, encomendándole sus necesidades personales en tiempos trágicos y oscuros para el pueblo ruso. A menudo han sido escuchados. En efecto, a este icono se le atribuyen muchos milagros. Así, ha llegado a ser un símbolo y un punto de referencia del pueblo ruso y de la Iglesia ortodoxa rusa, comparable, por ejemplo, a lo que representa la Virgen de Czestochowa para Polonia o la Virgen de Guadalupe para México y para toda América Latina.

En los ochenta años durante los cuales la noche del ateísmo envolvió a Rusia, el icono de la Virgen de Kazan había desaparecido de su tierra. Después de una compleja odisea, reapareció en Estados Unidos. Desde la Exposición mundial celebrada en Nueva York en 1964, en un tiempo en que el telón de acero separaba el Occidente y el Oriente de Europa, y durante el cual no se permitía a los ciudadanos rusos salir de su país, este icono representó en Occidente a Rusia y a la Iglesia que está en Rusia. En Nueva York, durante la Exposición mundial, y luego en Fátima, la sagrada imagen fue venerada por muchos católicos. Así la Virgen de Kazan ha llegado a ser un fulcro y un punto de referencia para ortodoxos y católicos. En cierto sentido, la Virgen nos ha precedido en la senda de nuestro compromiso ecuménico, ha anticipado nuestro camino, reuniendo en oración las dos partes de la cristiandad divididas.

Esta obra de reconciliación continuó hasta 1993, cuando la sagrada imagen fue encomendada al Santo Padre. Desde ese momento, él ha orado con frecuencia ante el icono por la renovación de Rusia en la fe y por la unidad entre la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa rusa. Desde el inicio el Santo Padre tenía la intención de donar el icono a la Iglesia ortodoxa rusa en cuanto se presentaran las circunstancias favorables y llegara el tiempo oportuno.

Hoy, cuando la divina Providencia ha abierto nuevamente los caminos entre Oriente y Occidente, la Virgen de Kazan quiere volver a su tierra y a su pueblo. Este acontecimiento no pertenece a la esfera de lo secular; es expresión de la profunda comunión de fe entre Occidente y Oriente, que existe a pesar de todas las dificultades, los equívocos y las divergencias en la fe. La Virgen de Kazan, símbolo de la Iglesia ortodoxa rusa, gracias a su viaje a través de Occidente, ha llegado a ser el símbolo de la comunión en la fe compartida por la cristiandad oriental y occidental.
Esta comunión se manifiesta en la misma veneración a la Virgen y en la fe común en su Hijo, nuestro Señor común, Jesucristo, Hijo eterno de Dios, encarnado en el seno de la Virgen María, para que se restablezcan en el mundo la reconciliación y la paz; en la fe común en Aquel que, en la víspera de su muerte, oró "para que todos sean uno".

María hizo suya la oración y el testamento de su Hijo, convirtiéndose así en nuestra Madre común y en Madre de la Iglesia. Asimismo, ha llegado a ser la Madre y la patrona de la unidad de la Iglesia. Esperamos ardientemente que este venerado icono, punto de referencia en el pasado para la Iglesia ortodoxa rusa, sea también en el futuro un fulcro de cohesión y de unidad para los fieles ortodoxos y católicos, que piden en la oración su unidad plena.

Estoy convencido de que la Virgen de Kazan, gracias a su poderosa intercesión, será nuestro apoyo y nuestra aliada en el esfuerzo por superar las reservas, las dificultades, los equívocos y las divergencias de fe, que por desgracia aún existen entre nosotros. Gracias a su intercesión ante el trono de Dios, ella reunirá perfectamente a la Iglesia católica y a la Iglesia ortodoxa rusa en la una y única Iglesia de Cristo. La entrega del icono al Patriarca Alexis II constituye un importante acontecimiento ecuménico.

2. Queridos hermanos y hermanas, quisiera añadir aún una reflexión. Jesús, en la víspera de su muerte, pidió "que todos sean uno para que el mundo crea". De ahí se sigue que la unidad de los discípulos de Cristo debe ser signo e instrumento de la unidad y de la paz en el mundo. Si consideramos el viaje de la Virgen de Kazan a Occidente, más allá de los confines de Rusia, y su vuelta al país donde había sido tan venerada, nos damos cuenta de que, después de la división del mundo en dos bloques opuestos durante el tiempo de la guerra fría, después de la caída del telón de acero y del muro de Berlín, este icono es también el símbolo de la nueva Europa y del proceso de unificación del continente, al que también Rusia pertenece cultural y religiosamente. La Madre de Dios de Kazan, con su viaje a través del mundo, ha llegado a ser la intercesora y la protectora de Europa, sobre todo de las raíces y de los valores cristianos del continente europeo.

Después de dos guerras horribles, de dos dictaduras totalitarias y ateas, que caracterizaron el siglo XX recién concluido, y ante el fenómeno dominante del secularismo, Europa necesita una profunda renovación en la fe. La Virgen representa todos los valores que conlleva esa renovación:  la dignidad de la persona humana, la santidad de vida, la salvaguardia del matrimonio y de la familia, los valores del derecho y de la justicia como pilares de la paz. La vida y la unidad de la comunidad de los pueblos europeos sólo podrán tener estabilidad si se fundan en estos valores.

Os invito a todos a acompañar con vuestras oraciones nuestro viaje a Moscú y la entrega del icono, para que esta misión sea un acontecimiento espiritual y bendecido por Dios, y un paso hacia la comunión plena con la Iglesia ortodoxa rusa y hacia la reconciliación en Europa.

Que la Madre de Dios de Kazan sea para nosotros un ejemplo de esta fe; que interceda por nosotros y nos sostenga en el camino de la fe; que sea una bendición para Rusia y para Europa entera; que obtenga un futuro pacífico para el continente europeo, en la justicia y en la libertad; que sea una ayuda para la unidad de todos los cristianos. ¡Santa María, Madre de Dios y Madre de la Iglesia, ruega por nosotros! Amén.

 

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