Texto bíblico propuesto para la Oración del Año
2000
Bendito sea Dios... que nos ha
bendecido en Cristo
(Efesios 1,3-14)
Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, en los
cielos, en Cristo; por cuanto nos ha elegido en Él antes de la
fundación del mundo,para ser santos e inmaculados en su presencia,
en el amor.eligiéndonos de antemano, por pura iniciativa suya, para
ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, según el beneplácito
de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la que nos
agració en el Hijo amado. En Él tenemos por medio de su
sangre la redención, el perdón de los pecados, según
la riqueza de su gracia que ha prodigado sobre nosotros en toda sabiduría
e inteligencia, dándonos a conocer el Misterio de su voluntad, según
el benévolo designio que en Él se propuso de antemano, para
realizarlo en la plenitud de los tiempos: hacer que todo tenga a Cristo
por Cabeza, lo que está en los cielos y lo que está en la
tierra. En Él también hemos sido hechos herederos habiendo
sido elegidos de antemano según el previo designio del que realiza
todo conforme a la decisión de su voluntad, para que fuéramos
alabanza de su gloria, nosotros, que ya antes esperábamos en
Cristo.
En él también vosotros, después de haber escuchado
la Palabra de la verdad, el Evangelio de vuestra salvación y de
haber creído también en él, habéis recibido el
sello del Espíritu Santo de la Promesa, que es prenda de nuestra
herencia, para redención del Pueblo de su posesión, para
alabanza de su gloria.
A todos los que organizan la Oración
por la unidad de los cristianos
Adaptar los textos
Estos textos son propuestos, partiendo del supuesto que, cada vez que
sea posible, se procure adaptarlos a la realidad concreta de los distintos
lugares y países. De esta manera, deberán ser tenidas en
cuenta las prácticas litúrgicas y devociones locales, así
como el contexto socio-cultural. Tal adaptación debería
normalmente comportar una colaboración ecuménica.
En muchos países se han puesto ya en marcha estructuras ecuménicas
que permiten este género de colaboración. Esperamos que la
necesidad de adaptar la Oración a la realidad local
pueda estimular la creación de esas mismas estructuras allí
donde todavía no existen.
Utilizar los textos
de la Oración por la unidad de los cristianos
Para las Iglesias y las comunidades cristianas que celebran juntas la Oración
en una sola ceremonia, este folleto propone un modelo de Celebración
ecuménica de la Palabra de Dios.
Las Iglesias y Comunidades cristianas pueden igualmente servirse para
sus celebraciones de las oraciones o de otros textos de la Celebración
ecuménica de la Palabra de Dios, de los textos propuestos para
el Octavario y de la selección de oraciones recogidas en el
apéndice de este folleto.
Las Iglesias y Comunidades cristianas que celebran la Oración
por la unidad de los cristianos cada día de la semana, pueden
encontrar sugerencias en los textos propuestos para el Octavario.
Si se desean realizar estudios bíblicos sobre el tema, se pueden
igualmente tomar como referencia los textos y las reflexiones bíblicas
propuestos para el Octavario. Los comentarios de cada uno
de los días pueden terminar con una plegaria de intercesión.
Para las personas que deseen orar en privado, los textos contenidos en
este folleto pueden alimentar sus oraciones y recordarles también
que ellas están en comunión con todos aquellos que, a través
del mundo, rezan por una mayor unidad visible de la Iglesia de Cristo.
Buscar la unidad durante todo el año
Tradicionalmente, la Oración por la unidad de los
cristianos continúa siendo ampliamente celebrada en todo el
hemisferio norte del 18 al 25 de enero. Sin embargo, en diferentes
países un número creciente de cristianos utilizan el folleto
en privado durante el mes de enero y se vuelven a encontrar para
importantes celebraciones en los días que preceden a Pentecostés,
en una época en que el clima es más favorable.
En el hemisferio sur, en que el mes de enero cae dentro de las
vacaciones de verano, se prefiere adoptar igualmente una fecha en torno a
Pentecostés, o bien uno o dos meses más tarde.
No obstante, la búsqueda de la unidad de los cristianos no se
limita a una semana al año. Les animamos, pues, a encontrar otras
ocasiones a lo largo del año, para expresar el grado de comunión
que han alcanzado ya las Iglesias y para orar juntos, con vistas a llegar
a la plena unidad querida por Cristo.
Preparación de la Oración por la unidad de los
cristianos del año 2000
Los textos de la Oración por la unidad de los cristianos
2000 han sido preparados por un grupo internacional nombrado por la
Comisión Fe y Constitución del Consejo Ecuménico
de Iglesias y el Consejo Pontificio para la promoción de la unidad
de los cristianos. Este grupo compuesto por trece personas se reunió
en el santuario franciscano de La Verna (Italia central) en el
mes de octubre de 1998. Fue huésped de la Diócesis de Arezzo
y de la Asociación Rondine - Ciudadela de la paz a
quienes fue confiada la organización concreta de la reunión.
Los participantes en la reunión desean expresar su profunda
gratitud a estos dos organismos por su calurosa acogida y su preciosa
colaboración.
El proyecto del texto de este año ha sido preparado por un grupo
ecuménico local compuesto por miembros de cuatro familias
de Iglesias pertenecientes al Consejo de Iglesias del Medio Oriente:
ortodoxos, orientales ortodoxos, católicos y reformados. El
Arzobispo Paul Matar, Presidente de la Comisión ecuménica de
la Asamblea de Patriarcas y de Obispos católicos del Líbano,
ha coordinado personalmente el trabajo de este grupo ecuménico
local.
Introducción para el año 2000
Bendito sea Dios... que nos ha bendecido en Cristo
(Efesios 1, 3)
Son muchos los que piensan que el 2000 es un año especial, y no
sencillamente otro año que pasa, igual en todo a los años ya
pasados. Los cristianos proclamamos su importancia particular debida únicamente
al hecho que ha dado el sentido verdadero al resto de la historia humana.
Con estupor y en alabanza contemplamos el misterio de la encarnación,
la llegada en la carne humana, igual a la nuestra, de nuestro Dios y
Salvador, Jesucristo. Los cristianos celebramos juntos este año de
gracia, de varios modos, según las tradiciones propias. Algunos de
nosotros consideran el 2000 como un año jubilar, durante el cual
serán perdonados los pecados; un tiempo también de
peregrinaciones, que pueden comportar signos de arrepentimiento y de
renovación interior. Fijándonos en los dos mil años
pasados de la historia cristiana, surge en nosotros la alegría por
los dones de gracia que hemos recibido de Dios, pero también
sentimos arrepentimiento por nuestra respuesta a estos dones, ya que a
menudo ella ha quedado marcada por la debilidad y el pecado. Aguardamos la
llegada del nuevo milenio con la esperanza de ser más abiertos al
Espíritu y más fieles a Cristo, para que todos los pueblos
puedan conocer y alabar su santo nombre.
En el 2000 deberíamos rezar con particular fervor por la unidad
de los cristianos. Los textos propuestos quieren ayudarnos a hacerlo. Los
dos milenios de historia cristiana ya pasados han visto el subseguirse,
entre los seguidores de Cristo, de desacuerdos profundos y perdurables,
cuyas consecuencias también se constatan hoy. El Evangelio ha sido
difundido hasta los extremos confines de la tierra, pero ha sido
proclamado a veces con un lenguaje no exento de contrastes y de
conflictos. El último siglo, sin embargo, se ha distinguido por la
búsqueda de la unidad entre los cristianos, y el compromiso ecuménico
de las Iglesias ha empezado a dar frutos, difíciles de imaginar en
el pasado. No nos consideramos más ni enemigos ni extraños
sino hermanos y hermanas en Cristo, compañeros en el peregrinaje
que nos conduce al Reino de Dios.
Los textos de la Oración por la unidad de los cristianos del año
2000 han sido preparados inicialmente por un grupo del Medio Oriente,
constituido con este objetivo. El mismo quedó compuesto por
representantes de cuatro familias de Iglesias, pertenecientes al Consejo
de las Iglesias del Medio Oriente, es decir: ortodoxos, ortodoxos
orientales, católicos y protestantes. Conscientes de provenir de
una región en la cual Cristo ha nacido y ha desarrollado su
ministerio, y sin olvidar que en el año 2000 los cristianos
acentuarán, sobre todo en las celebraciones, la encarnación
de Cristo, los representantes del grupo han querido estructurar su
proyecto sobre la base del himno con el que comienza la Carta a los
Efesios (1,3-14), que habla del maravilloso plan divino de salvación,
centrado en Jesús. El himno nos invita a glorificar a Dios. Está
intercalado por expresiones de agradecimiento y alabanza, que bendicen a
Dios por los muchos modos en los que Él nos ha bendecido en Cristo;
nos enseña a glorificar a la Santísima Trinidad por el
misterio de la salvación con el que hemos sido beneficiados, y del
que estamos llamados a participar, puesto que incluye a todos los hombres
y mujeres.
El fundamento de todas las bendiciones que hemos recibido es el don de
la fe, que nos ha revelado el misterio de la voluntad de Dios, su designio
de reunir en la plenitud de los tiempos a todas las cosas en Cristo (versículos
9-10). También hemos sido bendecidos con toda clase de bendiciones
espirituales (versículo 3). En particular, hemos sido elegidos en
Cristo, antes de la creación del mundo, para ser santos (versículo
4); hemos sido predestinados a ser hijos adoptivos de Dios (versículo
5); hemos sido redimidos por la sangre de Cristo y hemos recibido el perdón
de nuestros pecados (versículo 7); estamos entre los que pueden
poner su esperanza en Cristo y deberíamos vivir para alabanza de su
gloria (versículo 12). El himno nos anima repetidamente a
reflexionar sobre el hecho de que nuestra vida cristiana deriva del
designio misericordioso de Dios, de su elección de amor, de modo
que todo debería ser para alabanza de su gloria. Todos los
cristianos somos beneficiados con estas bendiciones. Tenemos mucho en común
y deberíamos ser, por ello, un incentivo para resolver todo aquello
que todavía nos divide.
El himno de la Carta a los Efesios es proclamado en la celebración
ecuménica de oración, propuesta en este subsidio, y en él
se basan también los ocho días de la Semana. El himno nos
invita a reflexionar sobre el punto central de nuestra fe: sobre todo lo
que compartimos, a pesar de nuestras divisiones. Día tras día
crece, en la oración, nuestra conciencia de las bendiciones que
compartimos con nuestros hermanos y hermanas cristianos y, en particular,
la conciencia de lo que el movimiento ecuménico nos ha hecho
redescubrir. Así pues, damos gracias juntos por todo esto.
Contemplando las misericordiosas bendiciones de Dios, los cristianos
tenemos mucho de qué arrepentirnos. Nuestra respuesta ha sido tibia
e incierta. Nos hemos complacido en nuestras divisiones y nos hemos
sentido orgullosos de ellas. Incluso habiendo redescubierto lo que tenemos
en común, hemos titubeado en reconocer las implicaciones que esto
comporta y en hacer juntos lo que es posible realizar juntos. Al mismo
tiempo, nos fijamos en el futuro con esperanza, porque la conversión
es posible. El Espíritu de Dios, que hemos recibido con el sello
del bautismo, actúa entre nosotros, y contribuirá a realizar
en plenitud el designio glorioso de Dios. A pesar de las divisiones de las
que somos conscientes, Dios no ha abandonado a su pueblo ni ha renunciado
a su plan. Sabemos por experiencia que nuestros pecados son perdonados y
una vez más osamos pedir a Dios en la oración que sea hecha
su voluntad. Deberíamos preparar el tercer milenio con la esperanza
de que las divisiones entre los cristianos serán superadas y el
Evangelio de la Verdad será proclamado con mayor fidelidad, al
vivirlo juntos.
Bendito sea Dios... que nos ha bendecido en Cristo.
Introducción a la Celebración ecuménica
de la oracion
La celebración ecuménica quiere ser un reflejo del tema
elegido para la Semana de oración por la unidad de los cristianos,
del año 2000: Bendito sea Dios... que nos ha bendecido en
Cristo. Quiere poner el acento en algunos aspectos de este versículo
de la Carta a los Efesios: la alabanza y la acción de gracias por
las bendiciones que Dios ha derramado sobre nosotros. Quiere subrayar
también nuestra respuesta, para que confesemos juntos nuestros
defectos en la obra por la unidad y nos empeñemos en difundir en el
mundo la luz de Dios.
Los textos principales de la celebración se basan en las versículos
3-14 del primer capítulo de la Carta a los Efesios, y su estructura
fue propuesta por el grupo ecuménico del Medio Oriente, que ha
preparado el proyecto base. La idea desarrollada en la quinta parte de la
celebración, relativa a la luz que desde el altar se difunde entre
los fieles, y que ellos llevan al mundo, se inspira en la celebración
oriental de la Pascua.
Las cinco partes en las que se divide la celebración no deben ser
consideradas aisladamente, sino como momentos de un único conjunto.
La liturgia comienza con la procesión de los concelebrantes
principales que llevan los símbolos alrededor de los cuales se
estructura la celebración: la cruz, símbolo de
Cristo, único fundamento de la Iglesia y manantial de nuestra
salvación; la Biblia, es decir su Palabra; un gran cirio,
para representar la luz que Cristo ha traído al mundo.
Contrariamente al esquema que se propone en general para este tipo de
celebración, ésta inicia con la confesión de la fe,
por la que afirmamos la base común de la unidad que Dios nos ha
dado. La doxología que sigue a dicha confesión, retoma el
tema de la Semana y responde al mismo con la alabanza a la Trinidad.
En la segunda parte, reflexionando sobre los temas del himno de la Carta
a los Efesios, se profundiza en el arrepentimiento y en el perdón
de Dios.
La tercera parte (Liturgia de la Palabra) está centrada en este
mismo himno, que también ha de inspirar el sermón u homilía.
Las intercesiones de la cuarta parte, basadas en la Liturgia de la
Palabra, ofrecen ideas para la oración por las personas
individuales, por la Iglesia y por el mundo en el nuevo milenio, teniendo
presente particularmente la obra por la unidad entre las Iglesias.
Durante la quinta y última parte de la celebración,
recitamos la Oración del Señor, conscientes de ser todos
hijos de Dios. La celebración concluye con el intercambio de una
vela encendida entre los que han rezado juntos, como signo del empeño
común de vivir en paz unos con otros. Finalmente, juntos, somos
enviados al mundo, para llevar a todos la luz de Cristo que nos ha
iluminado en el aniversario que celebramos, a dos mil años de su
llegada. Como signo tangible de nuestra solidaridad por los otros y del
compartir nuestras riquezas, se podría efectuar una colecta a la
salida de la Iglesia o en otro momento de la celebración,
explicando la finalidad a la que se destina.
Desarrollo de la celebración ecumenica
Bendito sea Dios... que nos ha bendecido en Cristo
(Efesios 1,3)
C = Celebrante
T = Todos
(A la entrada de la iglesia se distribuyen velas)
I. Introducción
Bienvenida de los participantes
(Un representante de la comunidad en la que se realiza la celebración
da la bienvenida a los participantes e introduce brevemente la liturgia).
Entrada
(El celebrante y todos los que participarán activamente en la
celebración ecuménica entran en procesión, llevando
una cruz, una Biblia y un cirio, que colocan directamente sobre el altar
(o mesa de la comunión) o junto al mismo. La procesión podrá
ser acompañada por un fondo musical apto para la circunstancia).
Credo
(Rezo o canto del Credo, o una declaración solemne de fe, según
los usos locales).
Doxología
T: Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor
Jesucristo, que nos ha bendecido con toda clase de bendiciones
espirituales, en los cielos, en Cristo.
IºC: Santa y bendita Trinidad, único Dios, ¡gloria
a Ti!
Oh Padre del universo, nos has hecho conocer tu Palabra, enseñándonos
tu amor y donándote a ti mismo para siempre.
T: Amén. Te adoramos, Señor.
IIºC: Santa y bendita Trinidad, único Dios, ¡gloria
a Ti!
Hijo eterno del Padre, en tu amor por nosotros has querido compartir
nuestra vida y vivir nuestra muerte.
T: Amén. Te adoramos, Señor.
IIIºC: Santa y bendita Trinidad, único Dios, ¡gloria
a Ti!
Espíritu Santo que has preparado y llevado a cabo nuestra destino
divino de incontaminado amor.
T: Amén. Te adoramos, Señor.
IVºC: Alabanza, gloria y acción de gracias al Padre,
al Hijo y al Espíritu Santo, en todo tiempo y lugar, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos.
T: Amén.
Oración
C: Señor Dios, estamos reunidos aquí, nosotros que
pertenecemos a distintas Iglesias, para escucharte, suplicarte y alabarte
juntos. Te pedimos que fortalezcas nuestro deseo de unidad, para que el
mundo crea.
T: Amén.
Canto de alabanza
(Se elija un canto que ensalce nuestra vida nueva en Cristo y que,
preferiblemente, pertenezca a la tradición de las Iglesias
ortodoxas o las Antiguas Iglesias de Oriente).
II. Liturgia penitencial
IºC: Señor Dios, tú nos has elegido para ser
santos e inmaculados en tu presencia.
IIºC: Confesamos, sin embargo, que vivimos de un modo que,
en verdad, no es el de tus discípulos. Buscamos nuestros intereses.
Escuchamos más otras voces que tu Palabra. (Se podrían
citar ejemplos del contexto local).
T: Señor, estamos ante ti con nuestros pecados y nuestros
defectos.
IºC: Tú nos has elegido de antemano para ser hijos
adoptivos por medio de Jesucristo.
IIºC: Sin embargo, reconocemos que es difícil para
nosotros aceptarnos como hermanas y hermanos. Rechazamos todo intercambio
de amor y respeto. Edificamos muros de división y levantamos
barreras. Con las palabras y con los actos negamos que, sin distinción,
has hecho de todos nosotros tus hijos, más allá de nuestras
diferencias. No somos capaces de celebrar juntos ni tu cena ni el día
de tu resurrección.
(Se podrían citar ejemplos del contexto locales).
T: Señor, estamos ante ti con nuestros pecados y nuestros
defectos.
IºC: Señor, nos has prodigado la riqueza de tu
gracia y nos has hecho conocer el Misterio de tu voluntad: hacer que todas
las cosas tengan a Cristo por Cabeza, las del cielo y las de la tierra.
IIºC: Confesamos, sin embargo, haber perdido de vista la
riqueza y la finalidad de tu gracia, y haber olvidado la inmensidad de tu
reconciliación. Olvidamos que tú eres la esperanza del
mundo. Somos cómplices de las divisiones y de los odios que
denigran al género humano, separando pueblos y culturas, y creando
conflictos entre ellos.
(Se podrían citar ejemplos del contexto local).
T: Señor, estamos ante ti con nuestros pecados y nuestros
defectos.
IºC: Señor, nos has dado tu Palabra de verdad y el
don de tu Santo Espíritu.
IIºC: Confesamos, sin embargo, haber dejado poco espacio en
nuestro interior y entre nosotros para tu Palabra y tu Espíritu.
Intentamos sacar agua de nuestros manantiales, pero se han secado. Nos
cerramos a lo que tú querrías para cambiarnos y renovarnos.
Con nuestra autosuficiencia, nuestra indiferencia, nuestra pereza,
sofocamos a tu Espíritu.
(Se podrían citar ejemplos del contexto local).
T: Señor, estamos ante ti con nuestros pecados y nuestros
defectos; danos tu misericordia y tu gracia.
C: En la sangre de Cristo hemos sido redimidos y hemos
conseguido el perdón de nuestros pecados.
T: Damos gracias a Dios. Amén.
Canto
(Gloria o Trisagion, u otro canto análogo de alabanza).
III. Liturgia de la Palabra
Lectura de la Carta a los Efesios 1,3-14.
(A esta lectura se podrían añadir uno o dos pasajes
tomados del Antiguo Testamento o de los Evangelios, elegidos de entre los
propuestos para cada día de la SEMANA. La homilía, sin
embargo, debería tener como argumentos los versículos 3-14
del primer capítulo de la Carta a los Efesios).
Respuesta: Aleluya (cantado)
Sermón u homilía
Canto
IV. Intercesiones
IºC: Roguemos por nosotros, que estamos reunidos en este
lugar.
Breve pausa de silencio
IIºC: Señor Dios, ayúdanos a cumplir tu
voluntad para que podamos ser santos en tu presencia. Abre nuestros ojos
para que veamos lo que somos: tus discípulos. Que podamos abrirnos
a la escucha de tu Palabra. Ayúdanos a amarte por encima de todo y
a amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Que podamos vivir
juntos, en paz, para alabanza de tu gloria.
T: Kyrie eleison.
Iº C: Roguemos por las Iglesias.
Breve pausa de silencio.
IIºC: Señor Dios, ayúdanos a cumplir tu
voluntad, para que los que pertenecemos a ti, seamos uno. Abre nuestros
ojos para que nos aceptemos, los unos a los otros, como hermanos y
hermanas. Que podamos abrir nuestros brazos a quienes son diferentes. Ayúdanos
a ver la obra de tu Espíritu en las otras Iglesias y aumenta en
nosotros la voluntad de trabajar juntos por la unidad, a fin de que el
mundo pueda creer, para alabanza de tu gloria.
T: Kyrie eleison.
IºC: Roguemos por el mundo.
Breve pausa de silencio.
IIºC: Señor Dios, ayúdanos a cumplir tu
voluntad, para que podamos reunir todas las cosas en Cristo. Abre nuestros
ojos para que vean la riqueza de tu gracia; abre nuestros labios para que
proclamen que la esperanza del mundo descansa en ti. Ayúdanos a
edificar un mundo en el que los pueblos de distintas religiones y culturas
puedan vivir juntos en paz, un mundo justo en el que ricos y pobres
compartan sus bienes. Ayúdanos a usar de modo responsable los dones
de tu creación, para alabanza de tu gloria.
T: Kyrie eleison.
IºC: Roguemos por el nuevo milenio.
Breve pausa de silencio.
IIºC: Señor Dios, ayúdanos a cumplir tu
voluntad, para que sepamos poner nuestra esperanza en Cristo. Abre
nuestros ojos, para que vean que tú nos has dado tu Santo Espíritu
para renovarnos y para que nos acerquemos con confianza al futuro que nos
has prometido. Ayúdanos a vivir en tu Espíritu, dispuestos a
acoger las sorpresas que nos prepara. Que podamos quedar renovados, con
nuestras Iglesias y con el mundo, a lo largo del camino que conduce a tu
Reino, para alabanza de tu gloria.
T: Kyrie eleison.
V. Despedida
Padre Nuestro
Intercambio de un signo de paz
Propagación de la luz
C: Jesús nos dice: Vosotros sois la luz del mundo.
Resplandezca vuestra luz delante de los hombres, para que ellos vean
vuestras obras buenas y den gloria al Padre suyo que está en los
cielos (Mt 5,14.16). La luz de la nueva creación, que ha
resplandecido en Cristo, quiere envolvernos como llama ardiente y, por
medio nuestro, difundir sus rayos en el mundo. Y para manifestar que Dios
ha derramado sobre nosotros la plenitud de sus bendiciones y que nos confía
la tarea de llevar su luz al mundo, encendamos ahora las velas y llevémoslas
luego con nosotros, a nuestra vida de cada día.
(Como signo de querer compartir nuestras riquezas, a la salida de la
iglesia se podrá organizar una colecta que será destinada
a...).
(Un celebrante enciende una de las velas del candelabro puesto sobre
el altar - o en proximidad del mismo - y con ella enciende las velas de
los que están más cerca, para que éstos, a su vez,
transmitan la llama recibida. Cuando ardan todas las velas, los que
participan en la celebración se ponen de pie).
Bendición
C: Señor Dios, tú nos has dado la luz de tu vida y
de tu amor:
ilumínanos en nuestro camino,
haznos arder con valentía y esperanza,
inspira nuestros pensamientos y nuestras acciones.
La gracia de nuestro Señor Jesucristo,
el amor de Dios
y la comunión del Espíritu Santo estén con todos
vosotros.
T: Amén.
Procesión final hacia la salida de la iglesia
(Los celebrantes se disponen a salir en procesión, llevando
la cruz, la Biblia y el cirio que han llevado al altar al principio de la
celebración. Detrás de ellos sigue la asamblea. La procesión
puede ser acompañada con un canto o un fondo musical que aluda al
tema de la luz).
Lecturas bíblicas, comentarios y oraciones
para cada día de la Semana
Primer día Bendito sea Dios, que nos ha bendecido en
Cristo (Ef 1,3)
Números 6, 22-27 Vosotros bendeciréis así a
los Israelitas
Salmo 103 [102], 1-5.20-22 Bendice al Señor, alma mía
1 Corintios 1, 4-9 Doy gracias continuamente a Dios por vosotros
Lucas 1, 67-79 Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado a su pueblo
Comentario
Quiénes somos nosotros para alabar a Dios? Nuestras palabras a
menudo son superficiales y no las usamos para construir puentes, sino para
levantar barreras!
Sin embargo, cuando Dios nos bendice, ¡cómo es eficaz su
bendición! ¡Qué verdad y qué fuerza surgen de
ella! Amor ilimitado que no espera nada en cambio! En efecto, la bendición
más grande de Dios para nosotros es Cristo: el Verbo, que existe desde
el principio, palabra poderosa de bendición derramada sobre
los seres humanos. Es la palabra que no vuelve al Padre vacía
de sentido. Es una bendición que nos hace acceder a la vida
divina, que nos hace recobrar la imagen divina, y nos enriquece con
la palabra y con la ciencia.
Así las palabras en nuestros labios quedarán nuevamente
llenas de Espíritu Santo, serán palabras de bendición,
no vacías de sentido, sino llenas de riqueza. Todos los cristianos
hemos recibido esta bendición en Jesucristo. Con Zacarías
podemos bendecir a Dios por su obra de salvación. Con Pablo damos
gracias por todos los caminos que conducen hacia la unidad, y que nuestras
Iglesias recorren a la espera de la llegada del Señor. Con el
salmista podemos difundir con fuerza la alabanza a Dios, con la esperanza
de reunir a todas los pueblos.
Cuando bendecimos a Dios, nuestra bendición puede extenderse a
todos los que Dios quiere bendecir, y nuestra oración puede pedirle
que vuelva su rostro sobre ellos y les dé la paz.
Al principio de cada año, es una costumbre muy extendida el
intercambiarse los saludos entre amigos y parientes. Qué bendición
podríamos ofrecer para el tercer milenio, para que sea más
que un augurio de feliz año nuevo a todos los que Dios
ama? Contestar a esta pregunta también nos predispondría a
entrar en este tiempo nuevo y a vivirlo para alabanza de la gloria del
Padre.
Oración
Bendito eres tú, nuestro Dios y Padre, que has mandado a
Jesucristo para que surja en nuestra noche como la aurora de la paz, como
el sol que las tinieblas no pueden ocultar!
Haz que tu luz resplandezca sobre nosotros y tu reconciliación
nos conduzca al camino de tu amor. Que tu bendición nos haga
participar cada vez más en el Misterio de tu alianza y nos ayude a
seguir a tu Hijo, imagen perfecta de nuestra humanidad. Haz que tu bendición
nos dé la fuerza de trabajar por la unidad, según tus
proyectos.
Haz que nuestras palabras sean eficaces, que ellas sirvan fielmente a tu
voluntad y glorifiquen tu nombre, con el Hijo y el Espíritu Santo,
ahora y siempre. Amén.
Segundo día Dios nos ha elegido en Cristo para ser santos
e inmaculados (Ef 1,4)
Isaías 49, 1-7 Por amor del Señor que es fiel, por
el Santo de Israel que te ha elegido
Salmo 33[32], 12-22 Confío en tu santo nombre
1 Pedro 2, 9-10 Vosotros sois el pueblo que Dios se ha adquirido
Juan 17, 15-19 Por ellos me consagro
Comentario
En todo tiempo Dios llama a la humanidad a aceptar la alegría de
su eterna presencia, en comunión de vida y de amor. Esto es lo que
Dios quiere para la humanidad, Él que sólo es Santo. Su amor
es puesto en nosotros así como nosotros ponemos en Él
nuestra fe, nuestra confianza y nuestra esperanza.
Aunque la comunión en el amor divino se realizará
plenamente sólo al final de los tiempos, ya desde ahora alabamos a
nuestro Dios y Padre, porque Él ha inaugurado esa comunión
en este tiempo que nos pertenece.
Todos los pueblos han sido elegidos en Cristo por medio de su amor. Así
ha sido en el pasado, lo es hoy, y lo será en el futuro. Dios les
quiere ofrecer la comunión de su amor ya en este mundo, y por ello
llama continuamente a la santidad a todos los hombres y a todas las
mujeres que ya ha elegido en Cristo.
Tal llamada ha sido dirigida en un primer momento a Israel. Hizo nacer y
crecer a un pueblo, para que recibiera fuerza y santidad de su Dios y Señor.
Él se ha vuelto luz de las naciones para que la salvación
pueda extenderse hasta los extremos confines de la tierra.
Los cristianos profesamos que Jesús es Cristo -
nacido de María, muerto y resucitado -, el Mesías enviado
por el Padre, en quien todas las naciones han sido llamadas, la única
fuente de unidad y santidad. En este tiempo de nueva y eterna alianza, los
cristianos constituimos la asamblea de los pecadores santificados por la
sangre de Cristo, el pueblo que Dios se ha adquirido para proclamar su
alabanza.
Bendigamos junto al Padre que nos ha elegido. Demos gracias a Cristo,
que ha llevado a cumplimiento el designio del Padre: darse a sí
mismo para construir nuestra unidad y para que nosotros seamos
santificados.
Con un solo corazón alabemos a Dios en la comunión del Espíritu
y supliquémosle que haga crecer la comunión que ya existe
entre nosotros, para que seamos en este mundo un signo del don
extraordinario que ha sido prometido.
Oración
Señor, te alabamos con un solo corazón, porque has querido
que tu Verbo se hiciera carne en el seno de la Virgen María y que
en Él - primogénito de toda la creación, el primero
que ha resucitado de entre los muertos y el primero de una multitud de
hermanos y hermanas -, todos nosotros fuéramos salvados y llamados
a compartir tu gloria, en comunión de vida y de amor.
Haz que nos amemos los unos a los otros con aquel amor que nos une
eternamente a ti.
Nuestra santidad podrá acelerar así nuestra unidad en
Cristo, que reina contigo y con el Espíritu Santo, por los siglos
de los siglos. Amén.
Tercer día Él nos ha elegido para ser sus hijos
adoptivos por medio de Jesucristo (Ef 1, 5-6)
Génesis 17, 6-8 De ti haré naciones
Salmo 89[88], 1-4 Estableceré para siempre tu
descendencia
Romanos 8, 15-17 Habéis recibido un espíritu de
hijos adoptivos
Mateo 12, 46-50 El que hace la voluntad de mi Padre... es para mí
hermano,
hermana y madre
Comentario
¡Bendito sea Dios que nos cuenta entre los descendientes de Abraham
y nos ha destinado a ser hijos adoptivos en Jesucristo!
Todos nosotros, cristianos, recibimos el espíritu de adopción
en el bautismo en Jesucristo. Dicha elección como hijos de un mismo
Padre nos transforma en coherederos con Cristo, nuestro hermano. Por el
Hijo y el Espíritu Santo, Dios ha revelado su plan de salvación:
compartir su herencia divina con todas las naciones del mundo, para que
también ellas puedan llegar a ser miembros del mismo cuerpo, para
gloria de Dios.
Hoy más que nunca, los cristianos necesitamos reconocernos como
hermanos y hermanas en Cristo, e invocar juntos: Abba, Padre.
Jesús nos recuerda quién es su hermano, hermana y madre. Son
los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica, los que
hacen la voluntad del Padre.
En la Carta a los Romanos Pablo nos recuerda que si somos hijos también
somos herederos de Dios y coherederos con Cristo, si sufrimos con Él
para ser glorificados con Él. En un mundo de divisiones y
conflictos, somos partícipes de los sufrimientos de Cristo que, en
acto de obediencia, ha ofrecido la vida por la salvación del mundo.
Al realizar la ORACIÓN POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS al principio
del tercer milenio, reconocemos nuestro pecado de división, que
separa a la familia de Dios. Roguemos para que el Espíritu de Dios
nos una, para dar así testimonio de la libertad que caracteriza a
los hijos de Dios, que pertenecen a la única Iglesia de Cristo, para
alabanza de la gloria de Dios.
Oración
Señor, Dios de Abraham y Padre de Jesucristo, te alabamos por
habernos elegido en Cristo para ser tus hijos adoptivos.
Haznos capaces de asumir en modo más responsable nuestra libertad
de hijos e hijas que te pertenecen, tratando de vivir como una sola
familia.
Refuerza en nosotros la determinación a no poner límites
en nuestro compromiso por remover los obstáculos en el camino hacia
la unidad de los cristianos.
Envía tu Espíritu a curar nuestras divisiones y a invocar,
junto a nuestro espíritu humano: Abba, Padre, para
gloria de tu nombre, por los siglos de los siglos. Amén.
Cuarto día Por Él hemos recibido la remisión
de los pecados (Ef 1,7-8)
Isaías 43, 22-25 Yo borraré tus crímenes
Salmo 103[102], 8-14 Él aleja de nosotros nuestras culpas
Hebreos 10, 12-14 Cristo ha ofrecido un sólo sacrificio
por los pecados, una vez
para siempre
Mateo 6, 9-15 Si vosotros perdonarais a los hombres sus culpas,
vuestro Padrecelestial os perdonará también a vosotros
Comentario
En el Antiguo Testamento se lee que Dios aleja de nosotros
nuestras culpas: Él no quiere holocaustos de su pueblo, y
dice: por respeto a mí ya no recuerdo tus pecados
El perdón de nuestros pecados de parte de Dios es una de las bendiciones
en Cristo del himno de alabanza con el que empieza la Carta a los
Efesios. En la misma carta leemos también que el perdón de
nuestros pecados y la redención tienen un precio: la muerte del
Hijo único, Jesucristo. El perdón de Dios es incondicional.
Al mismo tiempo, lo que enseña Jesús sobre la oración
nos enseña claramente que nuestro Padre celestial espera que
nosotros perdonemos a los otros como Él nos perdona.
No merecemos el don de Dios en su magnificencia y generosidad, pero seríamos
muy ingratos si no nos libráramos del peso muerto de nuestro
pecado, si no aceptáramos humildemente su perdón y no diéramos
gracias a Él que nos ha perdonado. Perdón, alegría y
acción de gracias se aplican también a las Iglesias, cuando
ellas reconocen los errores cometidos en el pasado respecto a otras
comunidades cristianas; las excomuniones deben ser quitadas y las
memorias, cargadas de dolor, han de ser purificadas. ¡Este tiempo de
reconciliación puede engendrar un espíritu de fraternidad y
de amor cristiano!
Reconfortados e inspirados por esta comunión humana, y
reconociendo el gran amor de Dios para con nosotros y la salvación
que nos es dada en Cristo, cada persona y cada Iglesia pueden dedicarse
con mayor diligencia a obedecer a los dos grandes mandamientos: amar a
Dios y amar al otro, próximo o extranjero. Así,
nuestra vida cristiana será un testimonio de la bondad de Dios, y Él
será glorificado.
Oración
Padre que estás en el cielo, sabemos de no haber estado a la
altura - ni singularmente ni como comunidades cristianas - de la esperanza
que pusiste en nosotros. Hemos sido orgullosos y arrogantes, reacios a
admitir que no poseemos toda la verdad.
Te pedimos perdón por estos pecados. Haz que, a la vez, podamos
perdonar los pecados cometidos contra nosotros mismos, en cuanto personas
individuales o comunidades, y que la acción de gracias que te
dirigimos por el perdón de nuestros pecados suscite en nosotros la
rápida conversión a tu verdad y a tu amor, para
fortificarnos en nuestra búsqueda de la unidad a través del
perdón recíproco y de la reconciliación de las
comunidades cristianas.
Bendecimos tu santo nombre ahora y por siempre. Amén.
Quinto día Nos ha hecho conocer el Misterio de su
voluntad, para realizarlo en la plenitud de los tiempos: hacer que todo
tenga a Cristo por Cabeza (Ef 1,9-10)
Proverbios 8, 22-31 El Señor ha creado la Sabiduría
Salmo 117[116] ¡Alabad al Señor, pueblos todos!
Colosenses 1, 15-20 En Él, Dios ha reconciliado consigo
todas las cosas
Lucas 10, 21-24 Ha ocultado estas cosas a los eruditos y a los
sabiosy las ha revelado a los pequeños
Comentario
Bendito sea Dios, que nos ha bendecido en Cristo, dándonos a
conocer el Misterio de su voluntad, el plan que había proyectado
realizar cuando llegase la plenitud de los tiempos: hacer que todo tenga a
Cristo por Cabeza.
La sabiduría de Dios, que ya obraba en la creación como un
gran arquitecto, ha sido ocultada a los eruditos y a los
sabios, e incluso a muchos profetas y reyes que desearon ver
lo que vieron los discípulos de Cristo. Sin embargo, el plan de
Dios de reconciliar consigo todas las cosas por medio de Cristo, las del
cielo y las de la tierra, ha sido revelado ahora a los pequeños. En
el tiempo apostólico, y por medio del Espíritu, el misterio
de Cristo ha sido revelado con intuiciones nuevas: todos los pueblos son
llamados a participar en la misma herencia, a formar el mismo cuerpo y a
ser partícipes de la promesa en Cristo Jesús a través
del Evangelio (cf. Ef 3,5-6). Por eso podemos proclamar con el salmista: alabad
al Señor, todos los pueblos.
Al alba del tercer milenio, demos gracias porque se nos ha revelado el
Misterio de la voluntad de Dios: recapitular en Cristo todas las cosas en
la plenitud de los tiempos. Demos gracias por el modo según el cual
los cristianos y las Iglesias han crecido juntos, han actuado juntos y han
encontrado la unidad recíproca, siguiendo lo que les inspiraba el
movimiento ecuménico.
Como hermanos cristianos, pertenecientes a distintas tradiciones, de
Oriente y de Occidente, del Norte y del Sur, demos gracias por los signos
visibles y las experiencias de reconciliación que podemos constatar
entre nosotros. Demos gracias también porque nuestra reconciliación
visible da a un mundo en conflicto un signo y una anticipación de
la reconciliación que Dios puede suscitar entre todos, más
allá de las barreras lingüísticas, culturales, étnicas,
de las diferencias de sexo, edad, estado social, clase, poder, riqueza,
tradición y denominación.
Tengamos firme la esperanza de que, en el Tercer milenio, por la
potencia del Espíritu Santo, las Iglesias y las Comunidades
eclesiales, como también todas las naciones, experimentarán
de modo nuevo y más profundo la reconciliación y la paz en
la justicia, para alabanza de la gloria de Dios.
Oración
Señor, tú eres nuestra Luz: te alabamos, te bendecimos y
te glorificamos por tus grandes obras. Te alabamos por la obra de la
creación, por este mundo con toda su belleza y complejidad, por sus
pueblos en su diversidad. Te alabamos por tu obra de salvación, por
habernos dado a Jesucristo, que reúne todas las cosas en Él,
para hacerlas reconciliar contigo, para tu inmensa gloria, que no tiene
fin.
Concede a nosotros y a todas las Iglesias, comunidades y naciones tu don
de reconciliación y de unidad.
Llena nuestros corazones de tu alabanza, Dios maravilloso.
A ti la gloria por siempre. Amén.
Sexto día Hemos sido elegidos de antemano, nosotros, que
ya antes esperábamos en Cristo, para ser alabanza de su gloria (Ef
1,11-12)
Isaías 61, 1-3 El feliz anuncio a los pobres
Salmo 40[39], 1-5 He esperado, he esperado
en el Señor
Romanos 5, 1-5 La esperanza no defrauda
Mateo 15, 21-28 En verdad, grande es tu fe
Comentario
Bendito sea Dios, que nos ha bendecido en Cristo, dándonos
la responsabilidad de ser los primeros en haber esperado en Cristo,
para ser la alabanza de su gloria.
Los que creen en Dios, escuchan su promesa y creen en ella, es decir en
el Espíritu de Dios, que está sobre su Siervo, enviado a
llevar el feliz anuncio a los oprimidos y a entregarles un canto de
alabanza en lugar de un corazón triste. Nosotros esperamos,
esperamos en el Señor, que presta atención a nuestro
grito. A través de Cristo, nos jactamos en la esperanza de la
gloria de Dios, y nos jactamos también en las
tribulaciones que, en la paciencia, nos hacen acceder a una esperanza
que no defrauda. Con la mujer cananea de Tiro y Sidón, que
los cristianos del Medio Oriente consideran como su antepasada, nosotros
también seguimos esperando cada vez que nuestra fe es puesta a
prueba. Nuestro Dios dirá entonces: De veras tu fe es grande.
Te suceda según lo has deseado.
En la fe en Dios y con nuestro compromiso ecuménico, los
cristianos seguimos esperando que el Señor suscite nuestra
reconciliación como cristianos y como Iglesias, a pesar de todo lo
que todavía nos divide. Que el Espíritu Santo, al alba del
tercer milenio, nos anime a esperar el cumplimiento de la voluntad de
Dios, más allá de las diferencias. Sigamos esperando que
también a nosotros se nos dé un canto de alabanza en
lugar de un corazón triste, y que cuando nuestra fe sea
puesta a prueba, también nosotros podamos jactarnos, hasta de
nuestras tribulaciones, con la certeza de que ellas renovarán
nuestra esperanza, para alabanza de la gloria de Dios.
Oración
Señor, tú eres el manantial de nuestra esperanza,
te alabamos por el don de tu Espíritu, que da la vida y es
dispensador de esperanza,
y nos libra de nuestros pecados, de nuestras dudas y de nuestra
desesperación.
Ten piedad de nuestros miedos y de la falta de imaginación, que
nos impiden progresar hacia la unidad plena.
No mereceríamos ser tratados por ti con tanta paciencia, por la
obstinación y por el orgullo que nos hacen preferir nuestras
divisiones en vez de nuestra unidad en Cristo.
Infúndenos el hambre y la sed de unidad visible. Que no tengamos
descanso hasta poder, juntos, descansar en ti. Que quedemos insatisfechos
hasta no ser uno en ti, para tu eterna gloria. Amén.
Séptimo día En Él también vosotros,
después de haber escuchado el Evangelio de vuestra salvación...
habéis recibido el sello del Espíritu Santo (Ef 1,13)
Joel 3, 1-2 Derramaré mi Espíritu
Salmo 13[12] He confiado en tu misericordia
1 Corintios 12, 12-13 Un solo Espíritu... un solo cuerpo
Lucas 4, 16-21 El Espíritu del Señor... me ha
consagrado con la unción
Comentario
El primer capítulo de la Carta a los Efesios habla de los
generosos dones que han recibido los discípulos de Jesús, el
primero de entre todos, la buena noticia de la salvación.
Jesús se ha convertido en la buena noticia de la salvación
para todos, ya que los actos que ha cumplido sobre la tierra se apoyan en
la obediencia que ha mostrado ininterrumpidamente al Padre, en la potencia
impetuosa del Espíritu Santo.
Como cristianos, hijos de un mismo Padre, herederos en la relación
de parentesco que se nos ha ofrecido en Jesús, y partícipes
de un mismo Espíritu, todos nosotros podemos ingresar en el nuevo
milenio como testigos del Evangelio de la salvación, superando las
categorías que dividen a este mundo. Cristo derriba los muros de
separación; Él puede restablecer la posibilidad de
comunicación cuando los contactos parecen estar comprometidos
irremediablemente. A pesar de nuestras divisiones, los cristianos estamos
llamados, de ahora en adelante, por la potencia del Espíritu, a
recibir a Jesús por medio de la fe, y a proclamarlo, juntos, como
Salvador del mundo.
Como Jesús en la sinagoga de Nazaret, el Espíritu de Dios
puede darnos de nuevo la Palabra que ilumina, en el nuevo milenio,
perspectivas antes desconocidas.
Oración
Señor, despliega sobre nosotros las alas de tu cariñosa
compasión.
Haznos hermanos y hermanas de tu único Hijo.
No nos entregues a las dudas que nos asaltan ante lo desconocido de una
nueva época. Vuelve a confortarnos con el inagotable mar de tu
Santo Espíritu, para que podamos aprender a conocer a quien, con su
vida, da testimonio de tu Reino, reino de gloria que tiene muchas moradas
en la unidad de un reino único y santo.
A ti todo honor y toda gloria, por siempre. Amén.
Octavo día Para alabanza de la gloria de Dios (Ef 1,14)
Isaías 66,18-20 Todos los pueblos... vendrán y verán
mi gloria
Salmo 146[145],1-10 Alabaré al Señor toda mi vida
Efesios 4,1-15 Un solo cuerpo, un solo Espíritu
Juan 17,4-22 Para que sean uno, para tu gloria
Comentario
Los cristianos inauguramos un nueva época y estamos llamados a
rendir cuentas, en la historia, de los 2000 años de la encarnación
de la buena noticia de la vida y de la salvación.
Hoy, el pasaje tomado de la Carta a los Efesios nos invita a devolverle
a Dios, en la alabanza, todo lo que nos ha dado, lo que no hemos aceptado
y lo que nos será dado, para que el plan salvador de Dios se
realice en plenitud.
El Espíritu Santo viene en nuestra ayuda como prenda de la
plenitud del tiempo, que está cerca. No estamos solos cuando
actuamos en favor de los oprimidos, de los hambrientos, de los que son
abatidos por las preocupaciones. Compartiendo igualmente con ellos la
tierra, los cielos, el mar y todo lo que ellos contienen, alabamos la
gloria de Dios y la reconocemos como cumbre de la creación y como
aquello que da sentido a las cosas.
Nuestra solicitud espiritual tiene que ser ejercida con toda
humildad y mansedumbre, para unirnos a la oración de Jesús,
en el que nuestro compromiso es ofrecido como una incesante alabanza de la
gloria de Dios y se presenta como manifestación creíble de
nuestra única fe y del único bautismo.
Oración
Bendito seas tú, Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo.
Quieres que todos los seres humanos lleguen juntos a la salvación,
viviendo en la comunión que deriva del compartir la vida santa en
Cristo.
Bendito seas tú, Padre, por haber suscitado entre los cristianos
de nuestro tiempo, a través del Espíritu, el movimiento
hacia la unidad que tú deseas. En tu Espíritu proclamamos
juntos, a las nuevas generaciones, que tú eres el Dios de la
historia y el Salvador de la creación.
Bendito seas tú, Padre, porque nos has bendecido con toda clase
de bendiciones, en Cristo, confirmándonos en la fe, la esperanza y
el amor.
La vida de cada uno de nosotros y nuestra comunión puedan ser
alabanza de tu gloria. Amén.
Apéndice
Oraciones(1)
Trinidad Santa y beata, Dios uno,
Tu que estás más allá de todo lo que existe,
accesible solo a ti mismo,
te damos gracias por lo que eres,
porque nos has permitido existir y conocerte,
tener el derecho de implorarte,
tener la audacia de llamarte Padre,
tener el deber de comportarnos como hijos,
y el poder de amarte,
de estar seguros y ciertos, más allá de toda certeza, que
nos amas,
y que nos has prometido tu eterno destino.
Llegamos al tercer milenio en la confianza, iluminados por su presencia,
seguros que él permanecerá el Emanuel, con nosotros,
hasta el último tramo del camino de Emaús: interpretando
para nosotros los signos de los tiempos y la palabra de la Escritura. En
el ocaso del mundo, surge el sol. Él nos habrá convencido de
permanecer con él, porque él está con nosotros.
¡Señor, con razón te amamos!
Danos, Señor, aquella gracia que es audacia de tu Espíritu.
Nos atreveremos así a enfrentar nuestros propios obstáculos,
superar las barreras que todavía impiden el pasaje a la comunión
perfecta en el amor, aquella comunión que el Hijo tuyo, próximo
a la muerte nos ha dejado en testamento.
Pueda llegarr, sin más tardar, la hora para que la Iglesia ponga
en práctica la última voluntad de su Maestro.
Y si debemos esperar por nuestra purificación el tiempo fijado
por tu Sabiduría, por lo menos concédenos Señor, que
no admitamos nunca la validez de aquellos eventos realizados a través
de nuestros errores. Perdona nuestros padres y perdónanos por haber
roto la inconsútil túnica de nuestro Señor, y haberlo
entregado desnudo, a la humillación de las naciones.
Este precio has pagado para reunirnos. Te pedimos que nos aceptes, así
como estamos aquí reunidos, para adorarte en la gloria de tu amor
crucificado. Amén.
Señor, has que nosotros, reunidos hoy en este lugar santo,
podamos agradecerte y alabarte por todas las gracias visibles e invisibles
que nos has dado en Jesucristo tu Hijo, del cual hemos recibido la salvación
y la vida eterna.
En el umbral del tercer milenio de su encarnación, con corazón
humilde y arrepentido, te imploramos que te acuerdes de cumplir tu santa
voluntad: que todos sean uno, como tu Padre, en mi y yo en ti, que
ellos sean una cosa sola, para que el mundo crea que tu me has enviado.
Amén.
Señor, aumenta en nosotros el deseo ardiente de la unidad que has
expresado en el momento de la cena, tu última comida en la tierra.
Aquella comunión, la primera que fue celebrada en la historia, ha
marcado el inicio de tu obra de reunirnos y, todavía hoy, invitas a
los hijos de Dios a tomar parte en ella.
Estamos aquí reunidos, en tu nombre, pero estamos todavía
separados como Iglesia, y nos sentimos avergonzados.
Señor, libra nuestra vida de esta intolerable contradicción.
Que el Espíritu Santo pueda hacernos gustar y ver como sea
dulce vivir como hermanos, en la casa del Padre, hoy y por la
eternidad. Amén.
Señor aumenta en nosotros la llama que has invitado en tu Iglesia
y sobre el mundo el día de Pentecostés. Haz que este fuego
purifique la palabra de tu Iglesia de toda pretensión y renueve su
pensamiento, cada día.
Libra tu Iglesia Señor de todo prejuicio, de los rencores y de
las sospechas que obnubilan la inteligencia y endurecen el corazón,
impidiendo a unos y otros comprender y amar como deberían.
Haz que la Iglesia aprenda de nuevo el dulce y humilde lenguaje de amor
de tu Evangelio para que el mundo pueda escucharlo y comprenderlo. Haz que
ella lo guíe, con mano tierna y segura, a encontrarte, en el lugar
donde todos están reunidos en ti: Tu, que eres el único
capaz de restaurar nuestra unidad, en la cual se cumple la verdad eterna
de toda la creación.
Alabanza, gloria y gracia a ti, Señor. Amén.
Tu has unido, Señor,
tu divinidad a nuestra humanidad y
nuestra humanidad a tu divinidad,
tu vida a nuestra mortalidad,
y nuestra mortalidad a tu vida.
Tu has tomado lo que es nuestro,
y nos has dado lo que es tuyo,
para hacernos vivir y para salvarnos.
Gloria a ti, por la eternidad.
(Misal Maronita)
El ecumenismo en el Medio Oriente(2)
Para mayores informaciones acerca del ecumenismo en el medio
Oriente, se puede leer la siguiente nota del Pbro. Jean Corbon, redactor
del Courrier cumenique du Moyen-Orient
El Consejo de Iglesias del Medio Oriente
El Consejo de Iglesias del Medio Oriente (CIMO) ha sido creado en 1974 y
constituye el principal organismo para el ecumenismo en el Medio Oriente.
Reúne las Iglesias de la región comprendida entre el Irán
y la Turquía meridional hasta el Sudán y la península
Arábiga. La base constitutiva del CIMO no es la adición de
las Iglesias miembros sino su agrupación en cuatro familias
eclesiales. Este término es práctico, pues las Iglesias
miembros no tienen todas de la misma concepción de su eclesialidad,
pero se aproxima a aquel de comunión, pues las Iglesias
de cada familia están unidas en la comunión doctrinal,
sacramental y, a veces, canónica.
Al inicio el CIMO fue constituido por la familia ortodoxa (calcedonense)
de los patriarcados de Alejandría, Antioquía y Jerusalén,
y por la Iglesia autocéfala de Chipre; por la familia oriental
ortodoxa del patriarcado copto de Alejandría, el catolicosato
armeno de Cilicia y el patriarcado sirio de Antioquía; y por la
familia evangélica que reúne trece Iglesias de diversas
pertenencias (episcopalianos, luteranos, presbiterianos y metodistas). En
1990 la familia católica ha sido admitida en el CIMO, o sea, las
Iglesias maronita, greco-melkita, caldea, armena, siria y latina.
Finalmente, la Iglesia asira del Oriente se convirtió en miembro
del Consejo en 1995.
El CIMO no es una super-Iglesia ni una sucursal del Consejo Ecuménico
de Iglesias sino una estructura transitoria que busca caminar hacia la
unidad querida por Cristo, en la pluralidad. Estructura indispensable de
Diálogo y de cooperación entre las Iglesias, sus finalidades
principales son:
- promover la comunión y la conciencia ecuménica entre
las Iglesias, de manera que cada Iglesia pueda, mediante la oración,
el estudio y la acción, participar en la riqueza de la tradición
y de la experiencia de las otras;
- poner por obra los medios de una búsqueda común en
vistas de una comprensión mutua de las tradiciones de las
Iglesias;
- alargar el campo de cooperación entre las Iglesias de la región
con el fin de realizar la misión esencial de la Iglesia que es
anunciar el Evangelio;
- organizar y coordinar los servicios apropiados por los cuales se
expresa la preocupación común de las Iglesias por todos
los humanos de la región;
- finalmente, ser el punto de referencia regional en la Comunión
mundial de las Iglesias cristianas, en particular, mediante las
relaciones con el Consejo Ecuménico de Iglesias, con los Consejos
de Iglesias nacionales y regionales, y con las otras organizaciones ecuménicas.
Teniendo en cuenta la problemática de las Iglesias del Medio
Oriente durante los últimos decenios, se comprende que los objetivos
prioritarios del CIMO sean los siguientes:
- antes que nada la continuidad de la presencia cristiana en la región,
especialmente remediando las causas de una emigración trágica;
- luego la renovación de la cualidad espiritual de las Iglesias
mediante, pero también más allá, de sus identidades
socio-culturales y de un confesionalismo de mentalidades que de allí
se derivan;
- a continuación, y en la medida de esta renovación, el
empeño en el servicio a la unidad de los cristianos;
- finalmente, y es el sentido último del movimiento ecuménico,
el testimonio común de los cristianos en sus sociedades
plurirreligiosas.
La Asamblea General del CIMO, que se reúne cada cuatro años
aproximadamente, está compuesta por 96 miembros (24 por cada
familia), ella elige sus cuatro presidentes, el secretario general y sus
tres secretarios adjuntos. Los presidentes y los secretarios generales
constituyen con los otros 24 miembros elegidos, el Comité
ejecutivo, que es la verdadera instancia de decisión del CIMO.
Para realizar sus diversos programas, el CIMO dispone de cuatro
departamentos o unidades:
- Fe y Unidad, para el diálogo intereclesial, el testimonio
cristiano, el diálogo interreligiosos y la formación teológica
(mediante ATIME, Association des Instituts e Theologie du
Moyen-Orient).
- Educación y Renovación, con programas específicos
para la juventud, la mujer, la familia, la colaboración en los
servicios pastorales;
- Vida y Servicio es el departamento más solicitado por las
necesidades de la coyuntura regional (como en Palestina, Irak, Líbano,
Irán o en Sudán), tanto en el aspecto humanitario como en
aquel del desarrollo (reconstrucción y agricultura) y en el de la
cultura (alfabetización).
- Comunicación e Información,. Además de las
relaciones habituales con los medios y los diversos coloquios
consagrados a la información, este departamento asegura la
publicación de tres periódicos: en árabe (Al
Montada), en inglés (MECC/News Report) y en francés
(Courrier oecumenique du Moyen-Orient).
Otros programas, tales como la edición de las obras sobre el
cristianismo en el Medio Oriente, los derechos del hombre, la justicia y
la paz, las relaciones interreligiosas, el diálogo con los
evangelistas, las relaciones exteriores, así como las oficinas
regionales del CIMO, cuya sede central está en Beirut(3), dependen
directamente de la Secretaría General.
A la vigilia del año 2000, el CIMO tiene actualmente 25 años,
Un organismo al servicio de las Iglesias, que entra en su juventud adulta
y quiere ser una estructura de corresponsabilidad. Teniendo en cuenta la
legítima disparidad de las creencias de la Iglesias o de sus familias,
los hechos muestran que su eficacia depende de la responsabilidad de cada
Iglesia. De una parte, en efecto, cada Iglesia permanece autónoma
en sus decisiones, pero, de otra parte, la eficacia deseada no puede no
traducirse en la comunión con las otras Iglesias. Estas dos
exigencias son inseparables. Existe una interacción entre el
progreso de la comunión entre las Iglesias y la renovación
de cada una de ellas. La problemática del oriente plural es tal
actualmente que es imposible, de ahora en adelante, que cada Iglesia
exista sin existir con las otras, ni que pueda obrar sin cooperar. En este
sentido, el CIMO después de un cuarto de siglo, ha dado un signo de
esperanza.
Jean Corbon
Lista de temas de la Oración por la
unidad de los cristianos
1968 - 2000
Elaborada en colaboración entre
la Comisión Fe y Constitución del Consejo
Ecuménico de Iglesias y
el Consejo Pontificio para la promoción de la unidad de
los cristianos.
1968 Para alabanza de su gloria (Efesios 1,14)
1969 Llamados a la libertad (Gálatas 5,13)
(Reunión preparatoria en Roma, Italia)
1970 Somos colaboradores de Dios (1 Corintios 3,9)
(Reunión preparatoria en el Monasterio de Niederaltaich, República
Federal de Alemania)
1971 ...y la comunión del Espíritu Santo
(2 Corintios 13,13) (Reunión preparatoria en Bari, Italia)
1972 Os doy un mandamiento nuevo (Juan 13,34) (Reunión
preparatoria en Ginebra, Suiza)
1973 Señor enséñanos a orar
(Lucas 11,1) (Reunión preparatoria en Abadía de
Montserrat, España)
1974 Que todos confiesen: Jesucristo es el Señor
(Filipenses 2,1-13)
(En abril de 1974 se dirigió una carta a las Iglesias
miembros así como a otras partes que estuvieran interesadas en
crear grupos locales que pudiesen participar en la preparación del
folleto de la Semana de Oración. El primero en comprometerse fue un
grupo australiano, que en concreto preparó en 1975 el proyecto
inicial del folleto).
1975 La voluntad del Padre es reunirlo todo bajo una sola
cabeza Cristo (Efesios 1,3-10)
(Proyecto de texto elaborado por un grupo australiano. Reunión
preparatoria en Ginebra, Suiza)
1976 Ahora somos hijos de Dios (1 Juan 3,2) (Proyecto
de texto elaborado por la Conferencia de Iglesias del Caribe. Reunión
preparatoria en Roma, Italia)
1977 La esperanza no defrauda (Romanos 5,1-51) (Proyecto
de texto elaborado en el Líbano, en plena guerra civil. Reunión
preparatoria en Ginebra, Suiza)
1978 Ya no sois extranjeros (Efesios 2,13-22)
(Proyecto de texto elaborado por un grupo ecuménico de Manchester,
Inglaterra)
1979 Ponéos al servicio de los demás para
gloria de Dios (1 Pedro 4,7-11) (Proyecto de texto elaborado en
Argentina. Reunión preparatoria en Ginebra, Suiza)
1980 Venga a nosotros tu reino (Mateo 6,10) (Proyecto
de texto elaborado por un grupo ecuménico de Berlín, República
Democrática de Alemania. Reunión preparatoria en Milán,
Italia)
1981 Un solo Espíritu, distintos carismas, un solo
cuerpo (1 Corintios 12,3b-13) (Proyecto de texto elaborado por
los Padres de Graymoor, USA. Reunión preparatoria en Ginebra,
Suiza)
1982 ¡Cuán amables son Señor tus
moradas! (Salmo 84) (Proyecto de texto elaborado en Kenia. Reunión
preparatoria en Milán, Italia)
1983 Jesucristo, vida del mundo (1 Juan 1,1-4) (Proyecto
de texto elaborado por un grupo ecuménico de Irlanda. Reunión
preparatoria en Celigny, [Bossey] Suiza)
1984 Llamados a la unidad por la cruz de nuestro Señor
(1 Corintios 2,2 y Colosenses 1,20) (Reunión preparatoria en
Venecia, Italia)
1985 De la muerte a la vida con Cristo (Efesios
2,4-7) (Proyecto de texto elaborado en Jamaica. Reunión
preparatoria en Grandchamp, Suiza)
1986 Seréis mis testigos (Hechos 1,6-8) (Textos
propuestos en Yugoslavia [Eslovenia]. Reunión preparatoria en
Yugoslavia)
1987 Unidos en Cristo una nueva creación (2
Corintios 5,17-6,4a) (Proyecto de texto elaborado en Inglaterra. Reunión
preparatoria en Taizé, Francia)
1988 El amor de Dios elimina el temor (1 Juan 4,18)
(Proyecto de texto elaborado en Italia. Reunión preparatoria en
Pinerolo, Italia)
1989 Edificar la comunidad: un solo cuerpo en Cristo
(Romanos 12,5-6a) (Proyecto de texto elaborado en Canadá. Reunión
preparatoria en Whaley, Bridge, Inglaterra)
1990 Que todos sean uno, para que el mundo crea
(Juan 17) (Proyecto de texto elaborado en España. Reunión
preparatoria en Madrid, España)
1991 Alabad al Señor todas las naciones
(Salmo 117; Romanos 15,5-13) (Proyecto de texto elaborado en Alemania.
Reunión preparatoria en Roterburg an der Fulda, República
Federal de Alemania).
1992 Yo estoy con vosotros...por tanto, id (Mateo
28, 16-20) (Proyecto de texto elaborado en Bélgica. Reunión
preparatoria en Brujas, Bélgica. Reunión preparatoria en
Brujas, Bélgica))
1993 Llevad los frutos del Espíritu para la unidad
de los cristianos (Gálatas 2,22-23)
(Proyecto de texto elaborado en Zaire. Reunión preparatoria
cerca de Zurich, Suiza)
1994 La Casa de Dios: Llamados a tener un solo corazón
y una sola alma (Hechos 4,32)
(Proyecto de texto elaborado en Irlanda. Reunión preparatoria
en Dublín, Irlanda)
1995 Koinonía: Comunión en Dios y entre
nosotros (Juan 15,1-17) (Reunión preparatoria en Bristol,
Inglaterra)
1996 Mira que estoy a la puerta y llamo (Apocalipsis
3,14-22) (Proyecto de texto elaborado en Portugal. Reunión
preparatoria en Lisboa, Portugal)
1997 En nombre de Cristo...dejáos reconciliar con
Dios (2 Cor 5,20) (Proyecto de texto elaborado en Escandinavia.
Reunión preparatoria en Estocolmo, Suecia)
1998 El Espíritu viene en ayuda a nuestra debilidad
(Romanos 8, 14-27) (Proyecto de texto elaborado en Francia. Reunión
preparatoria en París, Francia)
1999 Él habitará con ellos. Ellos serán
su pueblo y el mismo Dios estará con ellos (Apocalipsis
21,1-7)
(Proyecto de texto elaborado en Malasia. Reunión
preparatoria en el Monasterio de Bose, Italia)
2000 Bendito sea Dios que nos ha bendecido en Cristo
(Efesios 1,3-14) (Proyecto de texto elaborado por el Consejo de
Iglesias del Medio Oriente. Reunión preparatoria en el Monasterio
de La Verna, Italia)
Algunos datos importantes en la historia de la
Oración por la unidad de los cristianos
1740(aproximadamente) Escocia
Nacimiento en Escocia del movimiento pentecostal con
vinculaciones en América del Norte, cuyo mensaje por la renovación
de la fe llamaba a la oración por todas las Iglesias y con ellas.
1820James Haldame Stewart
El Rvdo. James Haldane Stewart publica Consejos para la
unión general de los cristianos con vistas a una efusión del
Espíritu (Hinst for the outpouring of the Spirit)
1840Ignatius Spencer
El Rvdo. Ignatius Spencer, un convertido al catolicismo,
sugiere una Unión de oración por la unidad.
1867Lambeth
La primera asamblea de obispos anglicanos en Lambeth insiste en
la oración por la unidad, en la introducción a sus
resoluciones.
1894León XIII
El papa León XIII anima a la práctica del
Octavario de la Oración por la unidad en el contexto de Pentecostés.
1908Paul Watson
Celebración del Octavario por la unidad de la
Iglesia bajo la iniciativa del Revdo. Paul Watson.
1926Fe y Constitución
El Movimiento Fe y Constitución inicia la
publicación de Sugerencia para un Octavario de oración
por la unidad de los cristianos
1935Paul Couturier
En Francia, el abate Couturier se convierte en el abogado de la
Semana universal de oración por la unidad de los cristianos
sobre la base de una oración concebida por la unidad que Cristo
quiere, por los medios que El quiera
1958Unidad cristiana
El centro Unidad cristiana de Lyon (Francia)
comienza a preparar el tema para la semana de oración en colaboración
con la Comisión Fe y Constitución del Consejo
Ecuménico de Iglesias.
1964El Concilio
El Decreto sobre el Ecumenismo del Concilio Vaticano II subraya
que la oración es el alma del movimiento ecuménico, y anima
a la práctica de la semana de oración.
1966Fe y Constitución y Secretariado para la Unidad
La Comisión Fe y Constitución y el
Secretariado para la unidad de los cristianos de la Iglesia católica
deciden preparar un texto para la celebración de la Semana cada año.
1968Por primera vez la Oración por la unidad se
celebra con los textos elaborados en colaboración entre Fe y
Constitución y el Secretariado para la unidad de los
cristianos.
1994Texto preparado en colaboración con YMCA y YWCA.
El logotipo de la Oración por la
unidad de los cristianos 2000
Durante el año 2000 los cristianos están llamados a orar
con un vigor renovado y una intensidad nueva por su unidad y por la comunión
plena y visible.
El tema de la Semana de Oracióndel 2000, tomado del
himno de San Pablo en la carta que dirige a los Efesios (1, 3-14) nos pone
de frente al misterio de la salvación en la Iglesia.
Las palabras del Apóstol valen para todos los creyentes, para cada
uno de nosotros, si bien escuchando a Pablo, la mirada se vuelve sobre
todo a la Iglesia, Cuerpo de Cristo, que se dilata hasta comprender las
dimensiones del nuevo universo, que constituye la plenitud de
Aquel que se realiza totalmente en todas las cosas.
El símbolo para la Oración del 2000 reclama
fuertemente el del año 1999 en el intento de establecer una
continuidad en la comunión de espíritu que la imagen
sugiere.
La Luz puesta en el fondo se refiere, en su adaptación circular,
a aquella perfección hacia la cual tienden los cristianos. Los
rayos que emanan de la luz, se dirigen hacia las puertas de la salvación,
iluminándolas. Estas están abiertas y son pasaje, ofrecido
gratuitamente, hacia la plenitud que es la tensión a realizar, en
el espacio temporal del hombre, la Palabra de verdad, el Evangelio de
Cristo. Estas puertas, que no son simples alas, asumen la forma de tabla
donde se inscribe la ley antigua y nueva del pacto de amor de Dios con los
hombres.
Las puertas tablas sostienen ...el principio y el fin, el
alfa y la omega, que también están tan iluminadas de poder
percibir su reflejo. El color azul simboliza el Espíritu, sello que
el hombre ha recibido creyendo en el Evangelio de la salvación, el
Mediador entre la humanidad que busca la luz y la Revelación. Junto
al azul que sostiene el alfa y la omega, el rojo de las puertas simboliza
el amor, que todo sostiene, que todo nutre; el amor, el primero a ser
exaltado; el amor sobre el cual los cristianos deben fundar el propio empeño
por la unidad para decir realmente juntos: Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda
bendición espiritual en los cielos en Cristo.
El símbolo del Jubileo del año 2000 está
puesto a la base, con orientación perpendicular a la luz que es
centro ideal del conjunto. Pasaje ofrecido por la Iglesia, el Jubileo se
propone ser coral, recordar a los cristianos la riqueza de la gracia que
Cristo ha abundantemente derramado sobre ellos. Iniciativa humana, que se
inscribe en la vía del Amor gratuitamente dado, y que debería
expresar a los ojos del mundo la Esperanza que ellos serán capaces,
en el Amor al cual son predestinados, de alabar a la gloria de Dios
con una sola voz, unívoca y armoniosa.
Consejo Pontificio para la promoción de la unidad de los
cristianos
I - 00120 Ciudad del Vaticano
(1) Las oraciones de este apéndice han sido propuestas por el
mismo grupo local del Medio Oriente que ha preparado el proyecto base de
la Oración por la unidad de los cristianos del año
2000.
(2) Este texto refleja el punto de vista de su autor y es publicado bajo
su responsabilidad.
(3) La dirección de la Secretaría General del CIMO es la
siguiente: B.P. 5376, Beirut, Fax: 961.1.34.48.94; correo electrónico:
mecc@cyberia.net.lb