The Holy See
back up
Search
riga

CONSEJO PONTIFICIO
PARA LA PROMOCIÓN DE LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS

Materiales para la

SEMANA DE ORACIÓN POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS
y para el resto del año 2008

 

No ceséis de orar (1 Tes 5,17)

Preparados conjuntamente por el
Consejo Pontificio para la promoción de la unidad de los cristianos
y la Comisión Fe y Constitución del Consejo Mundial de Iglesias

 

Traducción preparada por la Comisión para las relaciones interconfesionales de la Conferencia Episcopal Española

 

A todos aquellos que organizan
la Oración por la unidad de los cristianos

 

Buscar la unidad durante todo el año

Tradicionalmente, la Semana de oración por la unidad de los cristianos se celebra del 18 al 25 de enero. Estas fechas fueron propuestas en 1908 por Paul Watson para cubrir el periodo entre la fiesta de san Pedro y la de san Pablo. Esta elección tiene un significado simbólico. En el hemisferio Sur, donde el mes de enero es tiempo de vacaciones de verano, se prefiere adoptar igualmente en otra fecha, por ejemplo en torno a Pentecostés (sugerido por el movimiento Fe y Constitución en 1926) que representa también otra fecha simbólica para la unidad de la Iglesia.

Guardando esta flexibilidad de espíritu, os animamos a considerar estos textos como una invitación para encontrar otras ocasiones, a lo largo del año, y expresar el grado de comunión que las Iglesias ya han alcanzado, y orar juntas para llegar a la plena unidad querida por Cristo.

Adaptar los textos

Estos textos que han sido propuestos, cada vez que sea posible, se procurará adaptarles a las realidades de los diferentes lugares y países. Al hacerlo, se deberá tener en cuenta las prácticas litúrgicas y devocionales locales así como el contexto social-cultural. Tal adaptación deberá comportar normalmente una colaboración ecuménica.

En muchos países, las estructuras ecuménicas existen y permiten este género de colaboración. Esperamos que la necesidad de adaptar la «Oración» a la realidad local pueda animar la creación de esas mismas estructuras allí donde éstas no existen todavía.

Utilizar los textos de la Oración por la unidad de los cristianos

Para las Iglesias y las Comunidades cristianas que celebran juntas la «Oración» durante una sola ceremonia, este folleto propone un modelo de Celebración ecuménica de la Palabra de Dios.

  • Las Iglesias y las Comunidades cristianas pueden igualmente servirse para sus celebraciones de las oraciones y de otros textos de la Celebración ecuménica de la Palabra de Dios, de los textos propuestos por el Octavario y de las oraciones presentes en el apéndice de este folleto.

  • Las Iglesias y Comunidades cristianas que celebran la «Oración por la unidad de los cristianos» cada día de la semana, pueden encontrar sugerencias en los textos propuestos para el Octavario.

  • Las personas que desean realizar estudios bíblicos sobre el tema del año 2008, pueden servir de apoyo igualmente los textos y las reflexiones bíblicas propuestas para el Octavario. Los comentarios de cada día pueden concluir con una oración de intercesión.

  • Para las personas que desean orar en privado, los textos de este folleto pueden animar sus oraciones y su llamada a la comunión con todos aquellos que oran en todo el mundo por una mayor unidad visible de la Iglesia de Cristo.

Texto bíblico

(1 Tes 5,12a.13b-18)

Os pedimos, hermanos... que la paz reine entre vosotros.

Os recomendamos también, hermanos, que corrijáis a los indisciplinados, animéis a los tímidos y sostengáis a los débiles, teniendo paciencia con todos. Mirad que nadie devuelva mal por mal; al contrario, buscad siempre haceros el bien los unos a los otros y a todos. Estad siempre alegres. No ceséis de orar. Manteneos en constante acción de gracias, porque esto es lo que Dios quiere de vosotros como cristianos.

(BTI, Biblia Traducción Interconfesional)

Introducción

La “Semana de oración para la unidad de los cristianos 2008” señala el centenario del comienzo del “Octavario por la unidad de la Iglesia”. Este cambio de terminología indica que la oración por la unidad de los cristianos evolucionó a lo largo de los años. A este respecto, se nos propone un breve panorama de su historia en la primera parte de esta introducción. En la segunda parte se presentan el texto bíblico y el tema elegido para la Semana de oración por la unidad de los cristianos 2008. Proponemos a continuación una breve reflexión sobre “el ecumenismo espiritual” que permita situar bien la oración para la unidad de los cristianos. La introducción se concluye con una breve descripción de la estructura de los ocho días del octavario por la unidad de este año.

Un aniversario importante

Hace cien años, el Padre Paul Wattson, sacerdote episcopal (anglicano) y cofundador de la Sociedad del Atonement de Graymoor (Garrisson, en el Estado de Nueva York), inauguraba un Octavario de oración por la unidad de los cristianos que se celebró por primera vez del 18 al 25 de enero de 1908. En 1968, exactamente sesenta años más tarde, las Iglesias y las parroquias del mundo entero recibían por primera vez los textos para la Semana de oración para la unidad de los cristianos, preparados conjuntamente por la Comisión Fe y Constitución del Consejo Ecuménico de las Iglesias y el Secretariado para la promoción de la unidad de los cristianos (Iglesia católica).

En la actualidad, la colaboración entre las Iglesias, las parroquias y las comunidades anglicanas, católicas, ortodoxas, y protestantes en la preparación y la celebración de la Semana de oración por la unidad es una práctica ya familiar, lo que es prueba tangible de la eficacia de la oración por la unidad. Se justifica que podemos hablar de la historia de la Semana de oración por la unidad de los cristianos como la de un éxito. Es para nosotros fuente de gran alegría y profunda gratitud.

Los antecedentes de la Semana de oración

Si estos dos aniversarios nos permiten describir la historia de la Semana de oración, es evidente que la oración por la unidad no es una invención del siglo pasado. Él mismo Jesús elevó esta oración al Padre: “Que todos sean uno”. Desde entonces, los cristianos no han dejado de orar de varias maneras para que la unidad se realice. A pesar de sus divisiones, los cristianos de todas las tradiciones han rezado juntos con la oración de Cristo por la unidad de todos sus discípulos. La antigua liturgia diaria de las Iglesias ortodoxas, por ejemplo, invita los fieles a orar por la paz y la unidad de todos.

Otras propuestas habían precedido a la Semana de oración por la unidad de los cristianos a mediados del siglo XIX. La importancia y la necesidad de la oración -y en particular de la oración por la unidad de los cristianos divididos- son puestas de relieve por un gran número de movimientos y grupos eclesiales de distintas confesiones (por ejemplo el Movimiento de Oxford, la Alianza evangélica y distintas iniciativas femeninas por la oración). En su Carta encíclica dirigida en 1902 a todas las Iglesias locales ortodoxas, el Patriarca ecuménico Joaquín III destacaba que la unidad de todos los cristianos era un “tema de oración y súplica incesantes”.

Paul Wattson y Paul Couturier

Cuando el Padre Paul Wattson concibió y llevó a la práctica el octavario de oración -que se considera como el principio de la Semana de oración por la unidad de los cristianos tal como la celebramos hoy-, para él la unidad significaba en realidad el retorno de las distintas Iglesias al seno de la Iglesia católica romana. Eso influyó en la elección de las fechas para el octavario: éste comenzaría el 18 de enero que en aquella época en el calendario católico romano era la fecha de la “Fiesta de la Cátedra de Pedro” y se concluiría el 25 de enero, Fiesta de la conversión de Pablo. Después de la entrada de la Sociedad del Atonement en la Iglesia Católica en 1909, el Papa Pío X dio su bendición oficial al  octavario por la unidad.

A mediados de los años treinta, el Abad Paúl Couturier de Lyón (Francia) dio un nuevo impulso al octavario por la unidad de la Iglesia. En esta época, la celebración del octavario había comenzado a extenderse en toda la Iglesia católica y en un pequeño número de comunidades anglicanas favorables a la reunión con el obispo de Roma. No obstante, por razones teológicas este enfoque era rechazado por un gran número de cristianos que no pertenecían a la Iglesia católica. El Abad Couturier mantuvo las fechas del 18 al 25 de enero pero modificó la terminología: el objetivo de la “Semana universal de oración por la unidad de los cristianos” que promovía era la unidad de la Iglesia “tal como Cristo la quiere”.

Fe y Constitución

Otra corriente de iniciativas de oración por la unidad de los cristianos está en el origen de la Semana de oración. En 1915, se publicó un Manual de oración para la unidad de los cristianos por la “Comisión de la Iglesia episcopal protestante en los Estados Unidos de la Conferencia mundial sobre fe y constitución”. En la breve introducción a esta obra, los autores destacaban su esperanza que cada una de las distintas comunidades rece por la unidad, no que recen necesariamente en un mismo lugar. Así mismo no se esperaba que “las Iglesias con fuerte tradición litúrgica tal como la Iglesia Católica y la Santa Iglesia oriental ortodoxa” utilizaran este material sino que lo pusieran en sus extensos recursos y en su rica herencia de oraciones por la unidad de los cristianos.

A partir de 1921, el Comité permanente para la Conferencia mundial sobre Fe y Constitución publica el material para el Octavario de oración por la unidad de los cristianos y sugerirá que se tenga durante los ocho días que preceden a Pentecostés. En 1941 la Comisión Fe y Constitución desplaza estas fechas al mes de enero, de manera que coinciden con la iniciativa católica y estas dos corrientes resultantes del COE y la Iglesia católica invitan a los cristianos a orar en el mismo período. A partir de 1958, la preparación del material propuesto por Fe y Constitución se hizo en gran parte en coordinación con la de los textos elaborados por el Centro ecuménico Unidad Cristiana (católico) de Lyón, y a partir de 1960 Fe y Constitución y la Iglesia Católica comenzaron a reflexionar juntas y de manera profunda sobre la elaboración de estos textos aunque discretamente, ya que la Iglesia Católica no fomentaba aún de manera oficial las actividades ecuménicas.

Hacia una celebración común de la Semana de oración

Es el 25 de enero de 1959, día de la conclusión del octavario de oración por la unidad, cuando el Papa Juan XXIII convoca el Concilio Vaticano II que deberá hacer entrar de manera decisiva a la Iglesia Católica en el movimiento ecuménico. El Concilio permitía también la colaboración oficial entre el Secretariado de Fe y Constitución del Consejo Ecuménico de las Iglesias y el Secretariado para la promoción de la unidad de los cristianos del Vaticano. A raíz de la consulta mixta organizada por estos dos organismos en 1966 sobre la Semana de oración por la unidad de los cristianos, se creó un grupo mixto de preparación de los textos para la Semana de oración. En 1968, el primer “producto” del grupo estaba listo para emplearse. Desde 1973 cada año hay un diferente grupo ecuménico, resultante de una región del mundo, que es invitado a preparar un primer proyecto de textos para la Semana de oración que el grupo preparatorio mixto internacional se encarga de revisar. Este “viaje” en torno al globo destaca hasta cierto punto el carácter verdaderamente ecuménico de la semana de oración. Esta larga historia de la preparación y la celebración común de la Semana de oración por la unidad de los cristianos condujo en 2004 a la coedición del material por Fe y Constitución y el Consejo pontificio para la promoción de la unidad de los cristianos.

El texto bíblico y el tema elegido para 2008

El pasaje bíblico elegido para la celebración del centenario de la Semana de oración para la unidad de los cristianos se extrae de la primera carta a los Tesalonicenses. El texto “no ceséis de orar” (1 Tes 5,17) destaca el papel esencial de la oración en la vida de la comunidad de los creyentes, ya que da a sus miembros el profundizar en su relación con Cristo y con los otros. Este paso forma parte de una serie de “imperativos”, de las declaraciones por las cuales Pablo anima a la comunidad a vivir de la unidad que Dios nos da en Cristo, a ser en la práctica lo que está en el principio: el único cuerpo de Cristo, visiblemente unido en este lugar.

La Carta a los Tesalonicenses, que data del año 50 ó 51 después de Jesucristo y es considerada por la mayoría de los exegetas como la más antigua carta de Pablo, nos revela el vínculo muy fuerte que une a este último con la comunidad cristiana de Tesalónica. Mientras acaba exactamente de sufrir persecuciones en la ciudad de Filipos –Pablo y sus compañeros Silas y Timoteo fueron conducidos allí por la muchedumbre y puestos en prisión por orden de los magistrados de la ciudad (Hch 17,1-9)-, establece la Iglesia en Tesalónica en algunas semanas con un trabajo intenso antes de que nuevos ataques lo conduzcan de Berea a Atenas (17,10-15). Pablo alimentaba grandes esperanzas para la Iglesia de Tesalónica: la fe, la esperanza y la caridad que no dejaba de crecer en esta ciudad, la manera en que había acogido la Palabra a pesar de los sufrimientos, y la alegría que expresaba en el Espíritu Santo, todo contribuía a suscitar su admiración y sus alabanzas (1 Tes 1,2-10). No obstante estaba preocupado. Su salida precipitada no le había dejado tiempo para consolidar la obra que había emprendido y rumores inquietantes le habían llegado. Algunos retos procedían del exterior, en particular, de la persecución de la comunidad y de sus miembros (1 Tes 2,14). Otros eran de naturaleza interna: algunos miembros de la comunidad seguían teniendo comportamientos más caracterizados por la cultura ambiente que por su nueva vida en Cristo (4,1-8); otros criticaban a los responsables que ejercían la autoridad y por consiguiente del mismo Pablo (cf 2,3-7,10); otros aún desesperaban de la suerte reservada a los que morirían antes de la vuelta del Cristo. ¿Se les negaría entrar en el Reino de Dios? ¿Para ellos y quizá para otros, la promesa de la salvación sería inútil y vacía de sentido (cf  4,13)?

Temiendo haber trabajado en vano y “sin esperar más” (3,1), Pablo en la incapacidad de darse la vuelta él mismo hacia Tesalónica, decide enviar a Timoteo e informarle del testimonio de la fe y amor profundos manifestados por esta comunidad así como de su fidelidad a Pablo. En 1 Tesalonicenses leemos la respuesta de Pablo a esta buena noticia, y también a los retos que debe afrontar la Iglesia naciente. En primer lugar, escribe para agradecer a la comunidad su fortaleza ante la prueba de la persecución. Pero a pesar de su alegría y su alivio cuando Timoteo le informa, comprende que la semilla de la desunión ya está en la Iglesia; por esta razón responde a las diversas cuestiones planteadas por la comunidad sobre el comportamiento personal (4,9-12), sobre los dirigentes (5,12-13a) y sobre la esperanza en la vida eterna en Cristo (4,14-5,11).

Uno de los objetivos principales de Pablo era edificar esta comunidad en la unidad. Incluso ni la muerte puede cortar los vínculos que crean su unidad, como único cuerpo de Cristo. Jesús murió y resucitó por todos nosotros; por eso cuando venga el Señor, los que se durmieron aún están vivos, todos “viviremos entonces unidos él” (5,10). Eso conduce a Pablo a pronunciar los imperativos que figuran en 1 Tesalonicenses 5,13-18 y forman una lista de exhortaciones, de la que una se eligió como base de la Semana de oración de este año. Este pasaje comienza por la exhortación que Pablo dirige a los miembros de la comunidad: “que la paz reine entre vosotros” (5, 13b), una paz que no significa simplemente la ausencia de conflicto sino una armonía en la cual los dones de todos los miembros de la comunidad contribuyen a su prosperidad y a su crecimiento.

Es interesante tener en cuenta que Pablo no da ninguna enseñanza teológica abstracta ni hace alusión a las emociones o a los sentimientos. Como en el pasaje famoso sobre el amor en 1 Corintios 13, invita más bien a la acción, a comportamientos concretos a través de los cuales los miembros de la comunidad revelan su compromiso y la responsabilidad que tienen los unos hacia otros en el único cuerpo del Cristo. El amor debe llevarse a la práctica y ser visible.

Establece una lista de estos imperativos, de las “cosas que contribuyen a la paz”: garantizar la participación de todos y valorar a los que tienen poco; sostener a los débiles; ser pacientes con todos; no devolver mal por mal sino buscar siempre el bien, entre nosotros y con respecto a todos; estar siempre alegres; orar sin cesar; dar gracias en toda circunstancia (5,14-18). Este pasaje se concluye con la afirmación de que al actuar así, la comunidad vive según “la voluntad de Dios en [su] referencia a Cristo Jesús” (5,18b).

La llamada “no ceséis de orar” (5,17) forma parte de esta lista de imperativos. Eso nos recuerda que la vida en una comunidad cristiana sólo es posible a través de una vida de oración. Más aún, Pablo pone de manifiesto que la oración es parte integrante de la vida de los cristianos precisamente cuando pretenden manifestar la unidad que se les ha dado en Cristo -una unidad que no se limita a puntos doctrinales y a declaraciones oficiales sino que se expresa en “todo lo que contribuye a la paz”- por acciones concretas que atestiguan su unidad en Cristo y entre ellos y que la hacen aumentar.

La oración de Cristo y la unidad cristiana

A través del bautismo nos comprometemos a seguir a Cristo y a realizar su voluntad. Esta voluntad para sus discípulos, Jesús la expresa en su oración por la unidad para que otros crean que es el enviado de Dios. Algunas Iglesias consideran que la oración asociada a la oración de Jesús por la unidad es una expresión del “ecumenismo espiritual”. Esta oración es especialmente intensa durante la Semana de oración por la unidad de los cristianos, pero no debe limitarse a esta celebración y debe penetrar en nuestra vida diaria. Tenemos conciencia que la unidad no puede realizarse solo a través de nuestros esfuerzos, sino que es obra del Espíritu Santo. Como seres humanos no podemos hacerla o realizarla. No podemos sino recibirla como un don del Espíritu cuando nosotros mismos estamos dispuestos a acogerla.

El ecumenismo espiritual implica un intercambio de dones espirituales, aunque lo que falta en una tradición se completa por lo que está presente en otras. Eso nos ofrece la posibilidad de ir más allá de nuestras etiquetas confesionales para ir hacia el que es la fuente de todo bien. Lo que es sorprendente en la oración es que su eficacia se comprueba en primer lugar en nosotros mismos. Ella modela nuestro espíritu y nuestro corazón cuando pretendemos traducirla en la vida práctica, lo que es la verdadera prueba de su autenticidad. El ecumenismo espiritual nos conduce a la purificación de la memoria, animándonos a hacer frente a los graves acontecimientos del pasado que dieron lugar a interpretaciones divergentes de naturaleza y origen. Podemos superar estas dificultades que nos han mantenido en la división. Dicho de otra forma, el objetivo del ecumenismo espiritual es la unidad de los cristianos que nos hace participar en la misión para la gloria de Dios.

Si los creyentes quieren de verdad seguir los pasos de Jesús, deben trabajar y rogar por la unidad de los cristianos. No obstante, las Iglesias tienen visiones diferentes de la unidad visible por la cual rogamos. Para algunos, el objetivo es llegar a una plena unidad visible en la cual las Iglesias se reunirían en una única comunidad de fe, oración y sacramentos, de testimonio, donde las decisiones se tomarían conjuntamente y la vida sería estructurada según un mismo modelo. Otros contemplan una diversidad reconciliada en la cual las Iglesias actuales trabajarían juntas para ofrecer al mundo un testimonio coherente. Para otros aún, la unidad reside más bien en los vínculos invisibles que la unen a Cristo y entre nosotros, y depende también mucho de la manera personal de vivir su fe en el mundo.

La oración por la unidad de los cristianos es por consiguiente una oración extremadamente estimulante. Es una oración que implica cambios en nuestra identidad personal así como en nuestra identidad confesional. En definitiva, eso significa que renunciemos a nuestra visión de la unidad para pretender comprender mejor lo que Dios quiere para su pueblo. No obstante, eso no quiere decir que abandonemos nuestra unicidad ya que la unidad se expresa naturalmente en la diversidad. La unidad en la diversidad es la imagen del misterio de la comunión de amor que es la naturaleza misma de Dios.

El octavario

Las meditaciones propuestas para el octavario de oración de este año parten del principio que la oración para la unidad de los cristianos, el ecumenismo espiritual, es la base de todos los demás aspectos de la búsqueda de la unidad entre los cristianos. Ofrecen una reflexión profunda sobre el tema de la oración por la unidad, cada una llamando la atención sobre un aspecto o una preocupación de esta oración y estableciendo un vínculo con una de las exhortaciones que Pablo dirige a la comunidad cristiana de Tesalónica. La primera meditación presenta la unidad como un don y una llamada hecha a la Iglesia y reflexionar sobre lo que significa “no ceséis de orar” para la unidad. El segundo día nos invita tener confianza en Dios y darle las gracias cuando trabajamos por la unidad, ya que tenemos conciencia que es el Espíritu Santo el que dirige nuestros pasos por el camino de la unidad. La necesidad de una conversión permanente del corazón, como fieles y como Iglesias, es el centro de la reflexión del tercer día. El cuarto día titulado “orad sin cesar por la justicia” anima los cristianos a una oración siempre centrada en Cristo que nos incita a trabajar juntos para responder a la injusticia y a las necesidades de una humanidad que sufre.

En la vida cristiana la paciencia y la perseverancia van juntas. En nuestra búsqueda de la unidad querida por Cristo para sus discípulos, deberíamos estar atentos a los distintos ritmos y tiempos de nuestros hermanos y hermanas, tal como nos invita el quinto día. La meditación del sexto día anima a rezar para que se nos conceda la gracia de ser conscientemente instrumentos de la obra de la reconciliación de Dios. Al igual que aprendimos a trabajar juntos aportando una ayuda a los que están en el desamparo, nosotros podríamos aprender a progresar juntos en la oración y apreciar las distintas maneras según las cuales los cristianos se dirigen a Dios. Es lo que sugiere el séptimo día. Al apoyarse en el camino recorrido hacia la unidad, guiados por el Espíritu Santo, la meditación final de este octavario nos llama, así como a nuestras Iglesias, a comprometernos de nuevo a rezar y buscar con todas nuestras fuerzas la unidad y la paz que Dios quiere para nosotros.

Preparación de los textos para el Octavario 2008

El proyecto de textos ha sido preparado por el director del Instituto ecuménico e interreligioso de Graymoor (Nueva York, Estado de Nueva York, EE.UU.), el Padre James Loughran, SA, en colaboración con el Dr. Ann Riggs, Directora general (cf Susan Dennis, en lo sucesivo) de la Comisión Fe y Constitución del Consejo nacional de las Iglesias cristianas de EE.UU. (NCCCUSA), el Dr. Keelan Downton, investigador, el Reverendo James Mass, Director del Secretariado para los asuntos ecuménicos e interreligiosos de la Conferencia de los obispos católicos de los Estados Unidos (USCCB) y la Sra. Susan Dennis, Presidenta y Directora general del Centro interconfesional de Nueva York (EE.UU.).

Este proyecto es un buen ejemplo de las relaciones de colaboración que mantienen el Instituto ecuménico e interreligioso de Graymoor, el NCCCUSA y el Centro interconfesional en sus esfuerzos para promover cada año en los Estados Unidos la Semana de oración por la unidad de los cristianos. A través de su trabajo de redacción, los participantes han querido poner de relieve la importancia de la celebración del centenario del Octavario para la unidad de la Iglesia que por primera vez se celebró a Graymoor (Garrison, NY) del 18 al 25 de enero de 1908. Quisieron también celebrar la historia de estos cien años de oración con una llamada a dar un nuevo impulso a la Semana de oración por la unidad de los cristianos, de ahí el tema elegido: no ceséis de orar.

Estos textos han sido adaptados y aprobados definitivamente en la reunión del grupo preparatorio internacional nombrado por la Comisión Fe y Constitución del Consejo Ecuménico de las Iglesias y el Consejo Pontificio para la promoción de la Unidad de los Cristianos. Este grupo internacional que se reunió en Graymoor en septiembre de 2006 agradece sinceramente a los Hermanos y a las Hermanas franciscanos de la Reconciliación (Society of the Atonement) su calurosa hospitalidad así como a todos los que participaron en la preparación de este proyecto inicial.

 

Celebración ecuménica

Introducción a la celebración

La celebración propuesta recuerda la convicción religiosa americana, profundamente arraigada, del poder de la oración. Implica elementos de la liturgia católica y de otras características de las liturgias de las principales confesiones cristianas, así como algunos matices particulares propios del pietismo protestante y del pentecostalismo americano. Los “Negros espirituales” inspirados en el Evangelio se recomiendan para las partes cantadas. La celebración incluye tres secciones distintas en relación con el tema del octavario.

La primera sección comienza por una letanía de invocaciones al Espíritu Santo, pidiendo que el don de la unidad se conceda a los cristianos así como los dones que conducen a la unidad. La Palabra de Dios, en esta primera parte, es el elemento central. El tema general de las lecturas es la llamada a la búsqueda de la voluntad de Dios acompañada de un oración incesante (Is 55, 6-9; 1 Tes 5, 13b-18), en particular, de una oración en unión con la de Cristo para que sus discípulos sean uno (Jn 17, 6-21). El tiempo de predicación va seguido de un silencio e inmediatamente de una oración de acción de gracias, reconociendo la obra del Espíritu Santo en el corazón y en la vida de aquellos y aquellas que contribuyeron al nacimiento y al desarrollo de la Semana de oración para la unidad de los cristianos (ver la introducción).  

La segunda sección debería ser un momento donde todos se unen para compartir las intenciones de la oración, hacer la colecta e intercambiar el signo de la paz. Si el signo de la paz y la colecta, que no tiene nada de inusual, se sitúan en esta sección, es para que se destaque su valor como expresiones efectivas de nuestra comunión fraternal ya existente y de nuestra solidaridad. Himnos y cantos deben aquí reforzar la expresión de la “fe activa” y de esperanza que significan estos gestos y las intercesiones.  

La tercera sección está constituida por la confesión de la fe, la bendición y el envío. Se propone el signo de la luz. Esta sección celebra la alegría de confesar juntos la fe en Cristo resucitado, Luz de nuestras vidas (Col 1, 12-20), la alegría de renovar su compromiso comunitario y personal de orar sin cesar y de actuar para la unidad de los cristianos, y la de ser bendecidos por el Señor y enviados por él. La asamblea puede entonces salir del espacio de la celebración hacia el exterior teniendo un cirio encendido. Esto último expresa que los cristianos son llamados a la vigilancia en la oración por la unidad, donde Cristo es la fuente, y en la acción ecuménica en la presencia de Cristo resucitado.

Desarrollo de la celebración

No ceséis de orar (1 Tes 5,17)

C:  Celebrante

L:  Lectores

T:  Todos

Himno de apertura con procesión

Los celebrantes y las personas que garantizan el servicio litúrgico pueden entrar en procesión durante el canto del himno. Se aconseja que una sola de entre ellas lleve una lámpara de aceite o un cirio encendido que se depositará delante de la asamblea, por ejemplo sobre el altar o la mesa de la comunión o donde esta colocada la Biblia. Se pueden encender otros cirios colocados en este lugar mientras que el canto del himno continúa. Cada una de las personas presentes habrá recibido de antemano un cirio apagado.  

1. Acogida, invocación al Espíritu Santo y proclamación de la Palabra de Dios

Palabras de bienvenida

El celebrante o el pastor de la asamblea suele dar la bienvenida a todos en el nombre de Jesucristo nuestro único Señor, y dice: 

C         Invocamos juntos al Espíritu Santo, luz de nuestros corazones, aliento de vida y poder del Padre que se manifiesta en la muerte y resurrección de Jesús. Que prosiga en este tiempo que vivimos su obra de reconciliación y de comunión comenzada desde la predicación apostólica. Esta obra de la creación, ¿no la reconocemos más en el movimiento hacia la comunión en el amor, hacia la reconciliación y la justicia, en el movimiento ecuménico y en la Semana de oración por la unidad de los cristianos después de un siglo? 

Uno de los celebrantes presenta entonces brevemente esta celebración de 2008 situándola en el contexto del centenario de la creación por Paul Wattson, en 1908, del Octavario de oración por la unidad, precursora de la Semana de oración para la unidad de los cristianos.

C         Comenzamos esta oración invocando la unidad del Dios uno, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Acojamos a Dios en nuestros corazones, como Dios nos acoge en su corazón, por Jesucristo nuestro Señor.

T          Amén.

C         Pidamos al Padre que nos envíe los dones de su Espíritu Santo: que nuestros corazones se abren a su presencia, que le dejemos orar en nosotros y que nos conduzca en su comunión. La unidad de la Iglesia es obra del Espíritu Santo. Nunca podremos realizarla por nuestros propios medios. Roguemos para que el Espíritu Santo descienda sobre cada uno de nosotros, que bendiga a la Iglesia de Dios con su gracia y nos una en Cristo.

C         ¡Ven, Espíritu Santo! 

T          ¡Llena nuestros corazones de gracia!

C         ¡Ven, Espíritu Santo! 

T          ¡Libéranos de la duda y de la desconfianza!

C         ¡Ven, Espíritu Santo! 

T          ¡Danos la fe para avanzar!

C         ¡Ven, Espíritu Santo! 

T          ¡Cambia nuestros corazones de piedra!

C         ¡Ven, Espíritu Santo! 

T          ¡Concede la justicia de Dios a nuestro mundo!

C         ¡Ven, Espíritu Santo! 

T          ¡Ayúdanos comprender que somos hermanas y hermanos!

C         ¡Ven, Espíritu-Santo! 

T          ¡Haz caer los muros entre nosotros!

C         ¡Ven, Espíritu Santo! 

T          ¡Concédenos tus dones para que los compartamos!

C         ¡Ven, Espíritu Santo! 

T          ¡Intercede para nosotros, Espíritu del Padre, cuyos suspiros inexpresables superan nuestras palabras!

C         ¡Ven, Espíritu Santo! 

T          ¡Une a todos los cristianos en Cristo nuestro Señor!

Se canta un himno al Espíritu Santo, por ejemplo “Veni Creator Spiritus”, “Veni Sancte Spiritus” (Taizé), u otro adecuado.

C         Puede haber un nuevo y continuo Pentecostés. Que nuestras Iglesias se comprometan de nuevo a orar por la plena unidad de todos los cristianos, que nuestras oraciones se añadan a un siglo de oraciones, “para que todos sean uno”. Lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que vive y reina con el Padre y el Espíritu Santo, y es un solo Dios, por los siglos de los siglos.

T          Amén. 

La Palabra de Dios

L          Is 55,6-9. Buscad al Señor mientras se le encuentra  
Sal 34, cantado o leído con respuesta. Cuando uno grita, el Señor escucha

L          1 Tes 5, (12a) 13b-18. Orad sin cesar

Aleluya cantado

L          Jn 17, 6-21. Para que sean uno

Homilía

Silencio

Acción de gracia a Dios

Por los dones recibidos en el movimiento ecuménico y a través de la fidelidad de los cristianos se debe rogar por su unidad en Cristo. En función del contexto la asamblea puede mencionar más explícitamente los frutos del movimiento ecuménico y de la oración por la unidad a nivel local o universal.

T          Verdaderamente Dios, nuestro Padre, es bueno, 
y decirlo admirablemente desde nuestros corazones. 

C         Bendito eres tú para Jesús tu servidor
cuyo nombre es invocado por la multitud de las “naciones”. 

L1        Bendito eres tú para Cristo, tu enviado,
que reúne en la unidad a los hijos dispersos.  

L2        Bendito eres tú para tu Espíritu Santo. 
Él es nuestra comunión y nos conduce a la unidad en una misma fe.  

L1        Bendito eres tú para todos aquellos y aquellas que fueron pioneros de la búsqueda de la unidad cristiana, que son conocidos como el padre Paul Wattson y el abad Couturier, o más anónimos: fieles laicos, monjes y monjas,  servidores y servidoras de la unidad cristiana  quienes respondieron a tu llamada.

 

L2        Bendito eres tú por los frutos abundantes de esta oración incesante,
para nuestra unidad en Cristo, y que se elevan desde todos los continentes. 

L1        Durante un siglo, oíste esta oración incesante con frutos innumerables.   

L2        Que tu Espíritu nos anime a perseverar en la oración. Podemos guardar vivo el recuerdo de la fe activa de todos los santos, pioneros, teólogos y grandes figuras del movimiento ecuménico, de su amor al Evangelio y a la Iglesia.  

C         Ahora, Dios Padre nuestro, desde el fondo de nuestras memorias y de nuestros corazones nos volvemos hacia ti y te aclamamos con todos aquellos y aquellas que tu santa Palabra ilumina y convoca, que tu Espíritu Santo anima, y que tu deseas reunir en un único bautismo, una única fe y una única eucaristía para la alabanza de la gloria de tu Nombre:

Canto que expresa la alabanza, la acción de gracia, la glorificación de Dios. Por ejemplo “A ti la Gloria”; el “Trisagio”; el “Gloria a Dios”, etc. Algunos salmos convienen, pero con una breve presentación: Sal 32 (33); 33 (34); 35 (36).

II. Oraciones de intercesión y gestos simbólicos de unidad

Intercesiones

C         Rogamos al Padre, en el Hijo y por el Espíritu-Santo, por las necesidades de nuestras iglesias, de nuestro mundo y de nosotros mismos. Rogamos sin cesar por la unidad de todos los cristianos.

T          ¡Señor, ten piedad y escúchanos!

C         Rogamos sin cesar por los responsables de nuestras iglesias y comunidades de fe, para que también perseveren en el esfuerzo de la unidad de los cristianos.

T          ¡Cristo, ten piedad y escúchanos!

C         Rogamos por todos los bautizados, que sean capaces de orar sin cesar, a fin “que todos sean uno… y que el mundo crea”.

T          ¡Señor, ten piedad y escúchanos!

C         Por las Iglesias y comunidades de fe amenazadas por otras divisiones y cismas, para que sea preservada su unidad.

T          ¡Cristo, ten piedad y escúchanos!

C         Por los consejos de iglesias de todas partes del mundo, a nivel nacional y local, para que el trabajo que realizan juntos sea un testimonio del Evangelio en el mundo.

T          ¡Señor, ten piedad y escúchanos!

C         Por los diálogos ecuménicos entre nuestras iglesias, comuniones y comunidades de fe, para que lo que nos divide se supere por la sabiduría, la caridad y la verdad.

T          ¡Cristo, ten piedad y escúchanos!

C         Que todos los cristianos testifiquen el Evangelio desviándose de lo que es destructivo para vivir la justicia, la paz y la fraternidad. Por los pobres, los oprimidos, las víctimas de las guerras y de la violencia. Por los corazones rotos. Por los que son odiados y maltratados.

T          ¡Señor, ten piedad y escúchanos!

C         Que el Señor nos escuche y responda a nuestras incesantes oraciones, por Jesucristo nuestro Señor.

T          Amen

El signo de la paz

C         La paz del Señor esté siempre con vosotros. 

T          Y con tu espíritu. 

C         Pidiendo a Dios el perdón de nuestros pecados como nosotros mismos nos perdonamos unos a otros, intercambiamos ahora un signo de paz y sellamos nuestra unidad en la oración, la fe, el amor y la esperanza de la plena comunión.

Los participantes intercambian el uno con el otro un signo de paz. Se canta un himno mientras que los participantes vuelven a su lugar.

Ofrenda

III. Compromiso de vigilancia en la oración y la acción ecuménica, bendición y envío

Encendido de los cirios

(Música instrumental durante el tiempo del encendido de los cirios/velas)

A partir del santuario, los cirios/velas de las personas de la primera fila de la asamblea son encendidos y progresivamente los demás participantes hasta que la luz se extienda a toda la iglesia. Cuando todos los cirios están encendidos, toda la asamblea proclama la confesión de la fe. Si se desea, se podrá igualmente utilizar el Credo de Nicea-Constantinopla o el Símbolo de los apóstoles.

Confesión de fe en Cristo resucitado, nuestra unidad, luz de nuestras vidas

T          Con alegría, damos gracias a Dios Padre, que nos ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz. Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido, por cuya sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados. Él es imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura; porque por medio de él fueron creadas todas las cosas: celestes y terrestres, visibles e invisibles, Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades; todo fue creado por él y para él. Él es anterior a todo y todo se mantiene en él. Él es también la cabeza del cuerpo, de la Iglesia. Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, y así es el primero en todo. Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud. Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres: los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz (Col 1, 12-20). 

Padre nuestro

Se invita a los participantes a dejar su lugar y a ocupar el de enfrente o el santuario del lugar de la celebración. Si es posible, se formarán uno o más círculos concéntricos. Según los hábitos locales, los participantes podrán tenerse de las manos durante la recitación. 

C         Unimos nuestros pensamientos, nuestros corazones y nuestras voces a los de todos los cristianos del mundo entero para recitar la oración que Jesús nos enseñó. 

T          Padre nuestro…

Compromiso ecuménico
(cada participante tiene en mano su vela encendida)

T          Señor, venimos a glorificarte por la gracia que desplegaste en el movimiento ecuménico. En la alegría de ser llamados a servirte en una misma búsqueda de la unidad de los cristianos, reconociendo la acción del Espíritu Santo y la admirable diversidad de los dones y carismas destinados a ser compartidos, nos comprometemos a perseverar en la oración constante por la unidad de los cristianos y a colocar entre nosotros gestos concretos de reconciliación para la unidad perfecta en tu Hijo Jesucristo. Amén.

Bendición

C         Dejamos este lugar, felices de celebrar juntos y de ser llamados a no cesar en la oración, en la espera de este gran día en que seremos perfectamente uno en Cristo.

C         El Señor Jesucristo esté con vosotros.

T          Y con tu espíritu.

C         (Todos los celebrantes pueden unirse a estas palabras). Que el Señor os/nos bendiga y os/nos guarde. Que el Señor haga resplandecer su rostro sobre vosotros/nosotros y que sea benévolo con vosotros/nosotros. Que el Señor os/nos guarde con bondad y os/nos conceda su paz.

T          Amén.

C         Que el Señor os bendiga en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

T          Amén.

C         Que cada uno de nosotros vaya en paz, sin dejar nunca de rezar y alegrándose siempre en la esperanza, sin dejar nunca de agradecer a Dios.

T          Demos gracias a Dios.

Procesión final, cirio/vela encendida en la mano

Los responsables de las iglesias locales, pastores, ministros, lectores y otros protagonistas de la liturgia, forman una procesión de salida, con los cirios encendidos. Se elige un himno o un canto conveniente para la procesión de salida sobre el lugar o en la plaza, destacando el compromiso de los cristianos en la misión de la unidad.  

Significado del gesto simbólico en el marco de esta celebración:

Es como un vigilante, a la espera de la vuelta de Cristo, que cada miembro de la asamblea tiene en mano el cirio/vela encendida, signo de su compromiso de rezar sin cesar por la unidad cristiana en la esperanza y a la luz de la fe pascual. Este símbolo destaca nuestra vigilancia a la vez que debe acelerarse la llegada del Señor (tema principal de las cartas a los Tesalonicenses) y rezar y trabajar para la unidad. 

Este simbolismo de la luz recuerda la celebración pascual: Cristo, nuestra Pascua, presente y actuando a través de la efusión del Espíritu Santo, es la luz del amanecer de un nuevo día para el mundo destinado a renunciar a las tinieblas del pecado, de la división y del odio. ¿No es en el poder de Cristo resucitado, incitados por el Espíritu del Padre, luz de nuestros corazones y aliento de nuestras vidas, como debemos cooperar con los otros cristianos en la manifestación visible de la unidad de la Iglesia de Cristo?

 

Textos bíblicos, meditaciones y oraciones
para el Octavario

 

Día primero                Orad siempre

No ceséis de orar (1 Tes 5,17)

Is 55,6-9                 Buscad al Señor mientras se le encuentra

Sal 34                      Llamé al Señor y él me respondió

1 Tes 5,13b-18        No ceséis de orar

Lc 18,1-8                 Orar constantemente y sin desfallecer

Comentario

Pablo ha escrito: “Estad siempre alegres. No ceséis de orar. Manteneos en constante acción de gracias, porque esto es lo que Dios quiere de vosotros como cristianos”. Su carta va dirigida a una comunidad de fieles ansiosos ante la muerte. Muchos hermanos y hermanas, buenos y creyentes, se “durmieron” antes de que el Señor vuelva de nuevo para unirlos a todos en su resurrección. ¿Que será de estos fieles difuntos? ¿Cuál será la suerte de los vivos? Pablo los reconforta diciendo que los muertos resucitarán con los vivos y los invita “a orar sin cesar”. ¿Pero qué significa orar sin cesar? Las lecturas de hoy ofrecen algunos elementos como respuesta a esta cuestión. Toda nuestra vida debe ser una búsqueda de Dios, en la convicción que si buscamos, encontraremos. 

En pleno exilio, cuando todo parece inútil y sin esperanza, el profeta Isaías proclama: “Buscad al Señor mientras se le encuentra, invocadlo mientras está cerca”. Incluso en el exilio, el Señor está cerca de su pueblo y le exhorta a dirigirse a él en la oración, y a seguir sus órdenes para que pueda conocer su misericordia y su perdón. En el centro del salmo 34 encontramos esta convicción profética que el Señor responderá a la llamada de los que lo invocan, uniendo la alabanza a la llamada a la oración continua.

 En el evangelio de Lucas, Jesús dice la parábola de la viuda que pide justicia por un juez que no tiene temor de Dios ni respeto a los hombres. Este relato es una manera de recordar la necesidad de una oración constante, “orar siempre y sin desfallecer”, y la certeza que la oración concederá: “¿Y Dios no haría justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?”.

Como cristianos en búsqueda de la unidad, meditamos sobre estas lecturas para encontrar “la voluntad de Dios” respecto a nosotros “en Cristo Jesús”. Es Cristo aquel que vive en nosotros. La llamada de orar sin cesar se convierte en parte integral de su intercesión eterna ante el Padre: “Que todos sean uno… para que el mundo crea… ”. La unidad que buscamos es la unidad “tal como Cristo la quiere” y la celebración del “octavario” de oración por la unidad de los cristianos es el reflejo del concepto bíblico de plenitud, es decir, la esperanza que un día habrá respuesta a nuestra oración. 

La unidad es un don que Dios hace a la Iglesia. Es también la vocación de los cristianos destinados a vivir de este don. La oración por la unidad es la fuente de donde brota cualquier esfuerzo humano dedicado para manifestar la unidad plena y visible. Numerosos son los frutos producidos hace un siglo de octavarios de oración por la unidad. Con todo, numerosas también son las barreras que dividen aún los cristianos y sus Iglesias. Con el fin de no desalentarnos, debemos ser constantes en la oración y buscar al Señor y su voluntad en todo lo que emprendemos y en todo lo que somos.

Oración

Señor de la unidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te pedimos sin cesar para que todos seamos uno como tú eres uno. Padre, oye nuestra llamada cuando te buscamos. Cristo, condúcenos a la unidad que deseas para nosotros. Espíritu Santo, procura que no nos desalentemos nunca. Amén.

 

Día segundo              Orad siempre, no tengáis confianza más que en Dios

                                    Manteneos en constante acción de gracias (1 Tes 5,18)

 

1 Re 18,20-40                 El Señor es Dios

Sal 23                               El Señor es mi pastor

1 Tes 5,(12a)13b-18         Manteneos en constante acción de gracias

Jn 11,17-44                       Padre, te doy gracias porque tú me has escuchado

Comentario

La oración se fundamenta en la confianza de que Dios es poderoso y fiel. Solo él abarca todo, presente y futuro. Su palabra es creíble y verídica.  

La historia de Elías en 1 Reyes muestra de manera impresionante la unicidad de Dios. Elías amonesta a los apostatas que veneran a Baal que no responde a sus oraciones. Sin embargo cuando Elías ora al Dios de Israel, la respuesta es inmediata y milagrosa. El pueblo toma conciencia y de nuevo vuelve su corazón hacia Dios.

El Salmo 23 es una profunda confesión de confianza. Describe a una persona convencida de que Dios guía sus pasos y que lo tiene cerca de sí mismo en los momentos difíciles de la vida, cuando está presa de la desolación y de la opresión.  

Probablemente nos encontramos en circunstancias difíciles, a veces incluso de gran agitación. Probablemente atravesamos por momentos de desesperación y desaliento. A veces, nos parece que Dios se oculta. Pero no está ausente. Manifestará su poder para liberarnos en medio de nuestras luchas existenciales. Esta es la razón por la que le damos gracias en toda circunstancia. 

La resurrección de Lázaro es uno de los episodios más espectaculares narrados en el evangelio de Juan. Revela el poder de Cristo capaz de romper los vínculos de la muerte y anticipa la nueva creación. Jesús ora en voz alta en medio del pueblo y da gracias a su Padre por los potentes milagros que realizará. La obra salvadora de Dios se realiza a través de Cristo para que todos crean en él. 

El peregrinaje ecuménico nos ayuda mejor a tomar conciencia de las acciones maravillosas de Dios. Comunidades cristianas separadas unas de las otras se encuentran. Descubren su unidad en Cristo y comprenden que todas son parte de una sola y misma Iglesia, y tienen necesidad unos de los otros. 

Probablemente hay sombras que vienen a ocultar la perspectiva de la unidad, que se ponga en peligro por algunas frustraciones y tensiones, que nos preguntemos si nosotros, los cristianos, estamos realmente llamados a la unidad. Nuestra oración incesante nos sostiene cuando nos volvemos hacia Dios y tenemos confianza en él. No dudamos que realiza su obra en nosotros y nos conducirá hacia la luz de su victoria. Siempre nuestra reconciliación y nuestra unidad son el principio de su reino.  

Oración

Dios de toda la creación, escucha a tus niños en su oración. Ayúdanos a conservar nuestra fe y nuestra confianza en ti. Enséñanos a darte gracias en toda circunstancia, a tener confianza en tu misericordia. Danos la verdad y la sabiduría, para que tu Iglesia nazca a la nueva vida en la comunión. Tú solo eres nuestra esperanza. Amén.

 

Día tercero              Orad sin cesar por la conversión de los corazones

            Animad a los tímidos y sostened a los débiles (1 Tes 5,14)

 

Jon 3,1-10                   La conversión de Nínive

Sal 51,8-15                   Crea en mí un corazón puro

1 Tes 5 (12a) 13b-18      Animad a los tímidos

Mc 11,15-17                    Una casa de oración

Comentario

En el origen y en el corazón del ecumenismo, se encuentra una llamada urgente al arrepentimiento y a la conversión. Es necesario sabernos desafiar mutuamente en nuestras comunidades cristianas, como Pablo nos invita en la primera carta a los Tesalonicenses. Si uno u otro siembra división, que se corrija; si algunos tienen miedo a lo que implica una reconciliación costosa podría implicar, que se animen. 

¿Por qué ocultarlo? Si las divisiones entre cristianos permanecen, es también por falta de voluntad de comprometerse con determinación en el diálogo ecuménico e incluso simplemente en la oración por la unidad.   

La Biblia nos informa de cómo Dios envió a Jonás para interpelar a Nínive y cómo toda la ciudad se arrepintió. De la misma manera, las comunidades cristianas deben ponerse a la escucha de la Palabra de Dios y arrepentirse. Durante el último siglo, los profetas de la unidad no faltaron para recordar a los cristianos la infidelidad de su desunión y la urgencia de la reconciliación. 

A imagen de la intervención vigorosa de Jesús en el templo, la llamada a la reconciliación de los cristianos puede seriamente trastornar nuestras certezas. Necesitamos purificarnos también. Debemos saber purificar nuestro corazón de todo lo que le impide ser una auténtica casa de oración, preocupada por la unidad de todas las naciones. 

Oración

Señor, tú quieres la verdad en el fondo del ser; en el secreto de nuestro corazón; tú nos enseñas la sabiduría. Haz que nos animemos mutuamente en los caminos de la unidad. Muéstranos las conversiones necesarias para la reconciliación. Da a cada uno un corazón renovado, un corazón verdaderamente ecuménico; así te lo pedimos. Amén.

 

Día cuarto                  Orad sin cesar por la justicia

Mirad que nadie devuelva mal por mal; al contrario, buscad siempre haceros el bien los unos a los otros y a todos (1 Tes 5,15)

 

Ex 3,1-12                       El Señor oye el grito de los hijos de Israel

Sal 146                            El Señor… hace justicia a los oprimidos

1 Tes 5,(12a)13b-18         Mirad que nadie devuelva mal por mal

Mc 5,38-42                        No hagáis frente al que os hace mal

 

Comentario

Como pueblo de Dios, somos llamados a orar juntos por la justicia. Dios oye el grito de los oprimidos, de los necesitados, del huérfano y de la viuda. Dios es un Dios de justicia y responde a nuestras oraciones a través de su Hijo, Jesucristo, que nos pidió que trabajemos juntos en la unidad y la paz, y no en la violencia. Es también lo que nos recuerda Pablo cuando destaca: “Mirad que nadie devuelva mal por mal; al contrario, buscad siempre haceros el bien los unos a los otros y a todos”. 

Los cristianos rezan sin cesar por la justicia, para que toda vida humana sea tratada con dignidad y reciba lo que le corresponde. En los Estados Unidos, la injusticia de la esclavitud sólo finalizó con una guerra civil sangrienta, a la cual sucedió un siglo de racismo mantenido por el Estado. La segregación en función del color de la piel existía incluso en las Iglesias. Desgraciadamente el racismo y otras formas de sectarismo como la xenofobia aún no desaparecieron de la sociedad norteamericana. 

Sobre todo gracias a los esfuerzos de las Iglesias, en particular de las Iglesias afroamericanas y de sus socios ecuménicos, y muy especialmente gracias a la resistencia no violenta del Reverendo Martín Luther King, Jr, los derechos cívicos de todos se inscribieron en la legislación americana. Estaba convencido profundamente de que solamente el amor cristiano puede superar el odio y permitir la transformación de la sociedad; los cristianos siguen hoy alimentándose con esta certeza que los lleva a trabajar juntos en favor de la justicia. El aniversario del nacimiento de Martín Luther King es una fiesta nacional en los Estados Unidos. Cada año, cae exactamente antes o durante la Semana de oración por la unidad de los cristianos. 

Dios oyó y respondió a los gritos de los hijos de Israel. Dios sigue oyendo y responde a los gritos de todos los oprimidos. Jesús nos recuerda que la justicia divina se revela en su voluntad personal de renunciar incluso a su seguridad, su potencia y su prestigio, y también a su vida con el fin de aportar al mundo la justicia y la reconciliación gracias a los cuales todos los seres humanos se considerarán iguales en valor y en dignidad. 

Sólo cuando oímos y respondemos a los gritos de los oprimidos, podemos progresar juntos en el camino de la unidad. Eso vale también para el movimiento ecuménico que nos puede exigir “dar pasos suplementarios” en nuestra voluntad de escuchar al otro, de renunciar a ser vengativos y de actuar en la caridad.  

Oración

Señor Dios, tú has creado la humanidad, hombre y mujer, a tu imagen. Concédenos orar sin cesar, con una sola alma y un único corazón, para que todos los que tienen hambre en el mundo queden satisfechos, que los oprimidos se liberen, que todo ser humano sea tratado con dignidad; haz de nosotros tus instrumentos para que este deseo se convierta en realidad. Te lo pedimos en el nombre de Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 

Día quinto                  Orad sin cesar con un corazón paciente

                                     Tened paciencia con todos (1 Tes 5,14)

 

Ex 17,1-4                        ¿Por qué?

Sal 1                                  Dar fruto a su tiempo

1 Tes 5,(12a)13b-18          Tened paciencia con todos

Lc 18,9-14                          Una humilde oración

Comentario

No podemos estar satisfechos con la división de los cristianos y en consecuencia no somos impacientes hasta que venga el día de nuestra reconciliación. Somos legítimamente impacientes a que venga por fin el día de nuestra reconciliación. Por ello, también debemos ser conscientes de que el ecumenismo no se vive por todas partes al mismo ritmo. Algunos avanzan a grandes pasos, otros son más prudentes. Como Pablo predica, debemos seguir siendo pacientes con todos.  

Como el fariseo en su oración, podemos fácilmente presentarnos ante Dios con la arrogancia de los que hacen todo muy bien: “yo no soy como el resto de los hombres”. Si a veces se intentan denunciar las lentitudes o las imprudencias de los miembros de nuestra Iglesia, o las de nuestros interlocutores ecuménicos, la invitación a la paciencia resuena como una advertencia importante. 

En ocasiones, incluso, nos mostramos impacientes para con Dios. Como el pueblo en el desierto, a veces gritamos hacia Dios: ¿por qué toda esta marcha, dolorosa, si todo se debe acabar ahora? Tengamos confianza: Dios responde a nuestras oraciones, a su manera, a su debido tiempo. Él sabrá suscitar nuevas iniciativas para la reconciliación de los cristianos, aquellas que en nuestro tiempo se necesitan. 

Oración

Señor, haz de nosotros tus discípulos, que escuchemos tu Palabra día y noche. En nuestro camino hacia la unidad, danos saber esperar los frutos a su tiempo. Cuando los prejuicios y la desconfianza triunfan, concédenos la humilde paciencia necesaria para la reconciliación. Así te lo pedimos.

 

Día sexto              Orad siempre para obtener la gracia de colaborar con Dios

                               Estad siempre alegres. No ceséis de orar (1 Tes 5,16)

 

2 Sm 7,18-29            La oración de alabanza y de alegría de David

Sal 86                         Señor, escucha

1 Tes 5,(12a)13b-18    Estad siempre alegres

Lc 10,1-24                   El envío de los setenta y dos discípulos

Comentario

En la oración modelamos nuestra voluntad según Dios y participamos así en la realización de su deseo. Tenemos necesidad que el Espíritu Santo cambie el corazón de los creyentes y nos dé la gracia de colaborar con Dios y participar en su misión y proyecto de unidad. Mientras pedimos sin cesar por eso, somos conscientes de que son necesarios más obreros para la cosecha. Con motivo de numerosos encuentros ecuménicos, y en particular del National Workshop on Christian Unity que se celebra todos los años en los Estados Unidos, se destacó la necesidad de promover la participación de los jóvenes para que el movimiento ecuménico pueda prosperar hoy y en las generaciones futuras. Es necesario que aún más obreros conozcan la alegría de la oración para contribuir a la obra de Dios. 

Las lecturas del sexto día nos ayudan a comprender mejor lo que significa trabajar en el servicio del Evangelio. David, sorprendido de ser elegido por el Señor para participar en la edificación de un espléndido templo, afirma: ¿“De verdad Dios podrá vivir sobre la tierra?” y concluye: “Quieres ahora bendecir la casa de tu criado, para que permanezca siempre en tu presencia”. 

El salmista ruega: “Señor, enséñame tu camino, para que te sea fiel, guía mi corazón para que tema tu nombre. Señor Dios mío, te daré gracias de todo corazón, daré gloria a tu nombre por siempre”.

En el envío de los setenta y dos discípulos, Jesús confirma que gracias a ellos y a todos los que creerán en él a través de su palabra, su paz y la buena noticia que declarará que “el Reino de Dios ha llegado hasta nosotros” serán anunciadas al mundo. Cuando sus discípulos vuelven contentos de nuevo, aunque también traen la experiencia del rechazo, Jesús se alegra de sus éxitos al someter los demonios: es necesario seguir extendiendo la noticia, sin detenerse. 

Dios quiere que su pueblo sea uno. Como los cristianos de Tesalónica, se nos exhorta a ser “siempre alegres” y a orar “sin cesar”, manteniendo la esperanza de que, si nos comprometemos plenamente a colaborar con Dios, se realizará por fin la unidad según su voluntad. 

Oración

Señor Dios, en la perfecta unidad de tu ser, guarda en nuestros corazones el ardiente deseo y la esperanza de la unidad para que nunca dejemos de trabajar al servicio de tu Evangelio. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Día séptimo           Orad porque tenemos necesidad

Sostened a los débiles (1 Tes 5,14)

 

 

1 Sm 1,9-20              Ana reza al Señor para que le conceda un niño

Sal 86                        Atiende a mi súplica

1 Tes 5,(12a)13b-18   Os pedimos... que sostengáis a los débiles

Lc 11,5-13                   Quien pide recibe

 

Comentario

Profundamente afligida por su esterilidad, Ana imploró de Dios que le conceda un niño: su oración fue escuchada y, pasados unos días, nació Samuel (que significa “al Señor se lo pedí”). En el evangelio de Lucas, Jesús mismo nos dice que “quien pide recibe”; así en la oración, nos dirigimos a Dios para que responda a nuestras necesidades. La respuesta puede no corresponder a lo que esperamos, pero Dios nos responde siempre.  

El poder de la oración es inmenso, sobre todo cuando está vinculado al servicio. El Evangelio nos enseña que Cristo quiere que nos amemos y que nos ayudemos unos a otros. En la carta de Pablo a los Tesalonicenses, el tema del servicio se reanuda con el imperativo: “Sostened a los débiles”. Sabemos que es posible responder de manera ecuménica, de una manera concreta, a la miseria y al desamparo. Las Iglesias de tradiciones diferentes trabajan a menudo mano a mano, pero en algunas circunstancias su testimonio es seriamente debilitado por su falta de unidad. Cuando queremos orar juntos, a veces somos profundamente desconfiados respecto de las distintas formas de oración que encontramos en otras tradiciones cristianas: las oraciones de los católicos dirigidos a Dios por la intercesión de los santos o de Maria, la madre de Jesús; las oraciones litúrgicas ortodoxas; las oraciones pentecostales; las oraciones espontáneas que los protestantes dirigen directamente a Dios. 

Se observa que la diversidad de las formas de oración es mejor apreciada. En las Iglesias americanas, la experiencia de renovación pentecostal ha conducido también a un mejor reconocimiento del poder de la oración, lo que, poco a poco, ayudó a los pentecostales a sentirse más cómodos en el movimiento ecuménico. Del mismo modo, el diálogo con las Iglesias ortodoxas en el seno del Consejo Ecuménico de las Iglesias ha permitido comprender mejor las formas de las oraciones propias de cada uno.   

Es indudable que la fe en el poder de la oración es común al conjunto de nuestras tradiciones y puede contribuir mucho a la causa de la unidad cristiana, una vez que hayamos comprendido y superado nuestras diferencias. Debemos apoyar con nuestras oraciones todos los diálogos que mantienen nuestras Iglesias sobre las divergencias que impiden aún reunirnos en torno a la mesa del Señor. Celebrar juntos el memorial de Cristo y elevar hacia él nuestra común acción de gracias nos permitirá realizar un gran paso adelante en el camino de la unidad. 

Oración

Señor, ayúdanos a ser de verdad uno cuando rogamos por la curación de nuestro mundo, de las divisiones entre nuestras Iglesias y por nuestra propia curación. Haz que no dudemos de que tú nos escuchas y que tú nos responderás. Te lo pedimos en el nombre de Jesucristo. Amén.

 

Día octavo               Orad siempre para que sean uno

Que la paz reine entre vosotros (1 Tes 5,13b)

 

Is 11,6-13                El lobo habitará con el cordero

Sal 122                     Haya paz dentro de tus muros

1 Tes 5,13b-18          Que la paz reine entre vosotros

Jn 17,6-24                  Que sean uno

 

Comentario

Dios desea que los seres humanos vivan entre ellos en paz. Esta paz no es simplemente una ausencia de guerra o de conflictos; el shalom querido por Dios nace de una humanidad reconciliada, de una familia humana que comparte y refleja en sí misma la paz que solo Dios puede dar. La imagen del lobo viviendo con el cordero, del león dormido cerca del cabrito, intenta ofrecernos una visión simbólica del futuro que Dios desea para nosotros. Puesto que no podemos establecer este shalom por nuestra sola voluntad, estamos llamados a ser instrumentos de la paz del Señor, artesanos de la obra divina de la reconciliación. La paz, como la unidad, es un don y una llamada. 

La oración de Jesús por la unidad de sus discípulos no era ni una orden ni una petición, sino una invocación dirigida al Padre en la víspera de su muerte. Es una oración que surge de lo más profundo de su corazón y de su misión, en el momento en el que prepara a sus discípulos para el tiempo futuro: Padre, que sean uno. 

Mientras celebramos el centenario de la Semana de Oración por la unidad y recordamos todas las aspiraciones, oraciones e iniciativas en la búsqueda de la unidad de los cristianos suscitadas durante siglos, es conveniente hacer balance de los pasos que hemos realizado hasta ahora, guiados por el Espíritu Santo. Para nosotros es ocasión de dar gracias por los numerosos frutos que nos ha dado la oración por la unidad. En muchos lugares, la animosidad y los malentendidos han cedido su lugar al respeto y la amistad entre los cristianos y sus distintas comunidades. Sucede a menudo que cristianos que se reúnen para rezar juntos por la unidad dan a continuación un testimonio común del Evangelio a través de acciones concretas y trabajando codo a codo al servicio de los más necesitados. El diálogo permitió construir puentes de comprensión recíproca y solucionar desacuerdos doctrinales que nos dividían. 

No obstante, el momento presente deberá ser también para nosotros un tiempo de arrepentimiento, ya que nuestras divisiones están en contradicción con la oración de Cristo por la unidad y con el mandato de Pablo de vivir en paz entre nosotros. Actualmente, los cristianos están abiertamente en desacuerdo sobre distintos temas: más allá de las diferencias doctrinales que nos separan aún, tenemos a menudo posiciones divergentes sobre cuestiones de moral y ética, sobre la guerra y la paz, sobre problemas de actualidad que necesitan un testimonio común. Debido a nuestras divisiones internas y a los conflictos entre nosotros, no estamos en condiciones de responder a la noble vocación de ser signos e instrumentos de la unidad y de la paz queridos por Dios. 

¿Qué decir entonces? Tenemos razones para alegrarnos pero también para estar tristes. Damos gracias, en este centenario, por las últimas generaciones que se consagraron generosamente al servicio de la reconciliación; renovemos hoy nuestro compromiso de ser artífices de la unidad y de la paz queridas por Cristo. Finalmente, este momento particular nos ofrece la ocasión de reflexionar de nuevo sobre lo que significa orar sin cesar, a través de nuestras palabras y nuestras acciones, a través de la vida de nuestras Iglesias. 

Oración

Señor, haz que seamos uno: uno en nuestras palabras para que te dirijamos una oración humilde y común; uno en nuestro deseo y en nuestra búsqueda de la justicia; uno en el amor, para servirte en el más pequeño de nuestros hermanos y hermanas; uno en la espera de ver tu rostro. Señor, haz que seamos uno en ti. Amén.

 

Material suplementario: Oraciones e himnos*

 

Oraciones

Señor, condúceme allí donde quieres que dirija mis pasos; 
Haz que vaya delante de los que quieres que encuentre;
Dime lo que quieres que diga, y
Dame de no ser un obstáculo en tu camino.  

Padre Mychal Judge, OFM, 11 septiembre 2001

“Después de haber terminado la llamada, [el Rev. Dr Martin Luther King, Jr] se levantó y se preparó un café. Comenzó a inquietarse por su familia y todas las preocupaciones que nuestro movimiento suscitaba pesaban excesivamente sobre su alma. Con la cabeza entre las manos, Martín se inclinaba sobre la mesa de la cocina y rogaba a Dios en voz alta: “Señor, me comprometo en favor de lo que a mi modo de ver es justo. La gente espera de mi que los guíe y si me presento ante ellos sin fuerza y sin valor, entonces también dudarán. Estoy al límite de las fuerzas. No tengo ya nada. No tengo ya nada. He llegado a un punto donde solo no puedo afrontar más la situación”. 

Aquí lo que me confió más tarde: “En el mismo momento, experimenté la presencia de Dios como nunca la había sentido antes. Era como si una voz me decía: Defiende la justicia, defiende la verdad, y Dios estará siempre contigo”. Cuando Martín se levantó de la mesa, estaba invadido completamente por un nuevo sentimiento de confianza en él y estaba dispuesto a afrontarlo todo”.  

Coretta Scott King, Standing in the Need of Prayer

 

Señor, dame aceptar con serenidad lo que no puedo cambiar, dame el valor de cambiar lo que puede serlo, y dame de ser bastante sabio para ver la diferencia.

Haz que esté contento de vivir cada día; que goce del momento presente; que acepte las dificultades como el camino que conduce a la paz; que acepte, como tú mismo lo hiciste, este mundo pecador tal como es, no como lo querría; que me confíe en ti que harás toda cosa buena si me abandono a tu voluntad. Dame de ser feliz en esta vida y en la vida futura la felicidad suprema de estar contigo para siempre. Amén.

Reinhold Niebuhr

 

O! kou aloha no, Señor, tu blanda misericordia
Aiakia lani, Está bien alta en los cielos
Ao kou oiaia Nos habla de tu verdad
He hemolele hoi. Está llena de santidad.
   
Kou noho mihi ana Mientras medito humildemente
A paahao ia Recluido entre estas paredes
Ooe kuu lama Eres mi luz, mi puerto,
Kou nani kou koo. Tu gloria es mi apoyo.
   
Mai nana ino ino ¡Oh! No observas los defectos
Na hewa o kanaka Ni los pecados de los hombres.
Aka e huikala Perdónalos con bondad
A maemae no. Para que se puedan purificar.
   
No laila e ka Haku Imploro tu gracia,
Malalao kou eheu Concédenos tu protección
Ko makou maluhia  Entonces la paz estará con nosotros
A mau loa aku no. Amene. Ahora y para siempre. Amén.

S.M. la Reina Liliuokalani de Hawai,
durante su encarcelamiento, 1893

 

Muéstrame los sufrimientos de los más miserables;
Así, sabré que aguanta mi pueblo,

Vuélveme capaz de rezar por los otros,
Ya que estás presente en todo el ser humano. 

Ayúdame a ser responsable de mi propia vida
Para que sea libre por fin. 

Dame la honradez y la paciencia
Para que pueda trabajar con otros obreros. 

Haz que te cantemos y te alabemos
Para que el Espíritu siga estando vivo entre nosotros. 

Haz que el Espíritu viva y crezca entre nosotros
Para que nunca abandonemos la lucha. 

Haz que nos acordemos de los que murieron por la justicia
Ya que nos dieron la vida. 

Ayúdanos a amar también a los nos odian. 
Y así podremos cambiar el mundo.

César Chávez

Himnos

Himnos tradicionales de Estados Unidos

In Christ there is No East or West
William A. Dunkerley, música de Harry T. Burleigh

Amazing Grace
John Newton, melodía tradicional de Virginia

Simple Gifts
Joseph Brackett, Jr., himno “shaker”

Blessed Assurance, Jesus is Mine!
Fanny Jane Crosby, música de Phoebe Palmer Knapp

Gospel : There’s a Sweet, Sweet Spirit
Doris Akers

De la tradición pentecostal : Spirit of the Living God
Daniel Iverson

Coro de tradición carismática : He is Lord

Derechos cívicos : Lift Ev’ry Voice and Sing
James Weldon Johnsons, música de J. Rosamond Johnson

Situación ecuménica en EE.UU.*

Distintas comunidades cristianas forman parte del paisaje cultural americano desde la llegada de las misiones españolas en el siglo XVI y el principio de la colonización británica, holandesa y sueca de la costa este de Norteamérica en el siglo XVII. Muy pronto se instalan colonias anglicanas en Virginia, puritanos congregacionalistas en Massachusetts, comunidades reformadas holandesas en New Amsterdam (Estado de Nueva York), el Religious Society Friends (Cuáqueros) en Pensilvania, presbiterianos en New Jersey y católicos en Maryland, en realidad en lo que sería el núcleo original de Estados Unidos de América. A medida que los Estados Unidos se extendían a través del continente, la expresión de la fe cristiana pasaba a ser también cada vez más variada. Esta diversidad se declaró como un derecho humano y como una parte integral de la identidad nacional americana. 

Los americanos se acuerdan que mientras en sus colonias o estados de origen las personas cuya identidad no era la de la mayoría chocaban con las deplorables manifestaciones de intolerancia. Por ello se expulsó a los bautistas de Massachusetts y los católicos distaron mucho de ser bien acogidos en numerosos lugares, algunos sospechándolos de ser más leales a Roma que a América.

En la mayor parte de las Iglesias, no estaba bien visto que los esclavos venidos de África y los hombres y mujeres negros libres se mezclaran con los blancos. Los cuáqueros, los bautistas americanos, los mennonitas y los moravos eran una extraordinaria excepción, luchando por la abolición de la esclavitud y contribuyendo a la creación de comunidades de oración entre los afroamericanos cristianos. En esta atmósfera mezclada de racismo y fe en la libertad que ofrece el Evangelio, las Iglesias afroamericanas comenzaron a aparecer: la Iglesia episcopal metodista africana, la Iglesia episcopal metodista africana de Sion, la Iglesia episcopal metodista cristiana y la Iglesia bautista nacional. A partir de estas comunidades, así como de las nacidas del metodismo de Wesley, iba a desarrollarse una corriente haciendo hincapié en la santidad personal que debía aparecer al final del siglo XIX. De manera indirecta, esto dio nacimiento en el siglo XX a la tradición pentecostal. 

A principios del siglo XIX, un impulso de entusiasmo evangélico caracterizaba todavía a este joven país. Los metodistas extendían valientemente el Evangelio en las zonas rurales de esta nueva nación. Un “gran despertador” espiritual tuvo lugar alrededor en la misma época y fue fomentado por teólogos y predicadores vinculados a facultades de teología como Yale (Connecticut) y Princeton (New Jersey). Este renacimiento del cristianismo reformado poseía una particularidad típicamente americana: reanimar la fe en medio de la revolución industrial que los habitantes de las ciudades y los emigrantes americanos cada vez más numerosos que quieren establecerse al centro y al oeste del continente. Eso debía conducir en el valle del río Ohio al nacimiento de una nueva forma de cristianismo evangélico entre los protestantes americanos. Ésta se fundamentaba en una organización eclesial a base de las asambleas de los fieles y daba una gran importancia a la independencia y a la autonomía del hombre, en el duro trabajo, conversión personal y salvación. De esta nueva corriente proceden la Iglesia cristiana (Discípulos del Cristo) y los Bautistas de la América rural y del Sur; con otras comunidades, vendrían lo que llamamos hoy los cristianos “evangélicos”. Estos cristianos iban a ser también los precursores de los fundamentalistas del principio del siglo XX.  

La pequeña comunidad católica aumentó de manera notoria hacia la mitad del siglo XIX gracias a la inmigración procedente de Europa, en particular de Alemania e Irlanda, países que atravesaban entonces un período de gran hambre. En búsqueda de una tierra y de oportunidades que no habían podido encontrar en Europa debido a la guerra y a la pobreza, los inmigrantes luteranos alemanes y escandinavos así como comunidades reformadas y anabaptistas comenzaron a llegar. Para muchos americanos protestantes, el crecimiento de la población católica se consideraba como una amenaza para la originalidad del modelo americano de fe cristiana que se había desarrollado hasta entonces. Sin embargo, mientras la inmigración procedente de Italia y Europa del Este continuaba, y que las zonas francesas y españolas de Norteamérica eran conquistadas o anexadas por los Estados Unidos, la comunidad católica se convirtió en parte integral -aunque en parte “separada”– del panorama religioso cristiano de los Estados Unidos. A principios del siglo XX comenzó por fin la inmigración ortodoxa, después de que la terrible Guerra civil americana haya puesto fin a la esclavitud y haya conducido a una autocomprensión más progresista de Estados Unidos como “melting pote” de todo el pueblo.

En el siglo XX, los movimientos ecuménicos comenzaron a tener forma en los Estados Unidos como en Europa. Los protestantes americanos se reunieron para estudiar las posibilidades de trabajar juntos en el ámbito de la misión y de la evangelización. Esto condujo a la creación de instituciones sociales cristianas comunes para el apoyo a los pobres, la educación de los jóvenes y los cuidados a los enfermos. Nuevas organizaciones sociales como el YMCA (Unión cristiana de gente joven) y el Ejército de Salvación contribuyeron a esta corriente. El Octavario por la unidad de la Iglesia nació en 1908, por iniciativa de una orden religiosa episcopal de hermanos franciscanos, la Society of the Atonement, en Graymoor (Garrison, Nueva York). 

Hacia 1910, el obispo episcopal Charles Brent y Peter Ainsley de los Discípulos de Cristo unieron sus esfuerzos para abordar cuestiones de Fe y Constitución entre las Iglesias de los Estados Unidos. Los Discípulos de Cristo desde siempre profesaban la unidad cristiana como uno de sus objetivos primordiales. Por su parte, la Iglesia episcopal, guiada por William Reed Huntington de Nueva York, había trabajado veinte años antes en la redacción del Cuadrilátero de Chicago-Lambeth, una confesión de fe de las Iglesias de la Comunión anglicana; ésta ultima identificaba las condiciones mínimas requeridas para la unidad con otras comunidades cristianas.

Será necesario aún atravesar dos Guerras Mundiales y una crisis económica antes de que se reúna la primera (y única) Conferencia sobre Fe y Constitución en Norteamérica que tuvo lugar en Oberlin College (Ohio) en 1957 y desembocó en la creación de una Comisión permanente sobre Fe y Constitución en el Consejo nacional de las Iglesias en los Estados Unidos. Después del Concilio Vaticano II, la Iglesia católica de los Estados Unidos se volvió miembro de la Comisión Fe y de Constitución; no figurando ya como “Iglesia aparte” en el panorama americano, y participa en lo sucesivo de manera activa y constructiva en el movimiento ecuménico. 

Durante la primera mitad del siglo XX, las comunidades cristianas en los Estados Unidos realizaron esfuerzos para la reconciliación, conocieron nuevas evoluciones y también nuevas divisiones.  

En las escuelas, los seminarios y las iglesias de las comunidades episcopalianas y protestantes propiamente “históricas”, la exégesis bíblica científica así como nuevas maneras de concebir la naturaleza humana, el pecado, la justicia social y la igualdad comenzaron  a afirmarse.  

Numerosos protestantes americanos del Sur y de las zonas rurales que se consideran evangélicas o miembros de los nuevos movimientos pentecostales, se sintieron llamados a una vuelta a los “fundamentos”. Eso significaba la aceptación del Libro del Génesis como un relato histórico. Estos cristianos desconfiaban de un movimiento ecuménico que incluía organismos eclesiales que no se atenían a los “fundamentos” en la elaboración de su doctrina.

No obstante, mientras estas evoluciones divergentes llevaban a una división creciente entre los “conservadores” y los ”progresistas” teológicos y culturales, se asistía en algunas comunidades cristianas americanas al nacimiento de movimientos en favor de la unidad. La Iglesia unida de Cristo (1957), la Iglesia metodista unida (1968), la Iglesia presbiteriana de los EE.UU. (1983) y la Iglesia luterana evangélica en América (1987) consiguieron reunir comunidades antes separadas. Mientras tanto, por su entrada en el movimiento ecuménico, la Iglesia Católica aportó una contribución a la fértil tarea realizada en los diálogos bilaterales en los Estados Unidos así como en los diálogos conciliares de la Comisión Fe y Constitución. El diálogo católico-luterano en los Estados Unidos publicó una declaración común sobre la justificación por la fe que sirvió de base importante a la Declaración internacional conjunta católica-luterana. Por otra parte, las relaciones bilaterales entre la Iglesia Católica y los obispos ortodoxos (SCOBA) en los Estados Unidos contribuyeron también a una mejora de las relaciones católicas-ortodoxas a nivel internacional. El diálogo entre episcopalianos y luteranos condujo a la plena comunión en la celebración de la eucaristía, al reconocimiento recíproco de las estructuras eclesiales y a una distribución del ministerio entre estas Iglesias (Llamadas a la misión común). La Iglesia evangélica luterana de América (ELCA), gracias a los resultados obtenidos por los diálogos bilaterales, mantiene relaciones similares de plena comunión con los Moravos, la Iglesia reformada en América, la Iglesia presbiteriana de los EE.UU. y la Iglesia unida de Cristo.

El trabajo ecuménico a nivel bilateral, multilateral y conciliar en los Estados Unidos condujo a algunas convergencias, incluso a consensos sobre temas doctrinales previos a las fuentes de la división. Sin embargo, la cuestión de género y las cuestiones éticas y sexuales permanecen o se han convertido en puntos de conflicto en las comunidades cristianas, y entre las Iglesias y las comunidades. Los dictámenes contrarios relativos al lugar de la mujer en la Iglesia y, en particular, la ordenación de las mujeres, crearon nuevos obstáculos entre socios comprometidos desde hace mucho tiempo en el diálogo. Por lo que se refiere a la sexualidad humana, en particular por lo que se refiere a las relaciones entre personas del mismo sexo, asistimos a una polarización de las posiciones en la sociedad en general y en las Iglesias cristianas. Las Iglesias también se pronunciaron de maneras diferentes sobre las cuestiones relativas a la guerra y a la paz y abordan diferentemente las relaciones interreligiosas. Iglesias que compartían las posiciones de sus socios ecuménicos sobre algunos temas se encuentran en desacuerdo sobre nuevas cuestiones. Por el contrario Iglesias que sólo tienen pocos fundamentos eclesiológicos comunes comparten las mismas posiciones sobre importantes cuestiones éticas que tienen una gran carga emotiva.  

Otros problemas acercan de verdad a las Iglesias cristianas y hacen experimentar la necesidad de trabajar juntos más estrechamente. El racismo, incluso si no es aprobado por la ley ni abiertamente expresado antes, permanece para los Estados Unidos como una herida no curada. Los 250 años de esclavitud de los africanos en los Estados Unidos que no han finalizado hasta después de una Guerra civil sangrienta, desgraciadamente dejaron una pesada herencia pero no quitaron completamente el racismo de América; ni la atribución de los plenos derechos civiles para todos en 1965. Las Iglesias tienen no obstante mucha obra para combatir juntas el racismo en el interior y el exterior de sus propias estructuras. No obstante las tensiones raciales persisten. Al mismo tiempo, las agrupaciones étnicas/raciales de las Iglesias americanas contribuyeron con éxito a la creación de un tejido social americano cristiano así como al enriquecimiento del movimiento ecuménico a través de la variedad de sus dones y sus interpretaciones. Es también debido a este pasado de dolor y luchas que el hecho de celebrar la Jornada de la memoria de Martin Luther King durante la Semana de oración por la unidad de los cristianos adquiere una importancia particular en los Estados Unidos.

La lucha contra la pobreza es un ámbito en el que las iglesias y comunidades cristianas de los Estados Unidos parecen llegar a un acuerdo que permite la cooperación, la elaboración de programas de acción conjunta y las campañas de llamadas comunes dirigidas a los políticos. Christian Churches Together en los EE.UU. (CCT, 2006) examina actualmente el tema de la pobreza y los medios que deben aplicarse para combatirla de manera ecuménica. 

Por fin, mientras que los americanos se muestran para la mayoría como cristianos y/o creyentes, como nos lo muestran las estadísticas, una fosa cultural aumenta cada vez más a nivel político en los Estados Unidos entre la sociedad secularizada y la religión. Las Iglesias constatan que es cada vez más necesario que asocien sus esfuerzos para encauzar lo que se percibe como una secularización creciente, similar a la que ya conoce Europa. Esta preocupación parece movilizar más a los católicos, los cristianos evangélicos y los pentecostales, las Iglesias ortodoxas y las Iglesias afroamericanas históricas que a los cristianos protestantes tradicionales. Sin embargo, se puede decir que la secularización condujo a una crisis de fe en numerosas personas.

La vitalidad ecuménica en los cristianos de los Estados Unidos también se manifiesta en la proliferación de las organizaciones ecuménicas:

  • Christian Churches Together in the USA (las Iglesias cristianas conjuntas en los EE.UU., en inglés CCT) es la organización más reciente, creada con el fin de establecer un extenso consorcio ecuménico que reúne todas las Iglesias y comunidades cristianas de los Estados Unidos. Nació el 30 de marzo de 2006. Se agrupan las 36 comunidades que son miembros de cinco “familias”: evangélica/pentecostal, católica, ortodoxa, protestante y étnica). Resultó necesario constituir esta quinta familia por razones históricas de desigualdades raciales propias en el contexto americano. CCT se dio “cuatro objetivos”: 1º celebrar una misma fe en Dios Trinidad, 2º buscar la ayuda del Espíritu Santo a través de la oración y del diálogo teológico, 3º garantizarse un apoyo mutuo y fraterno, y 4º emplearse en un mejor conocimiento recíproco recordando lo que tenemos en común y comprendiendo mejor cuáles son nuestras diferencias.

  • El Consejo nacional de las Iglesias cristianas en los EE.UU. (NCCCUSA), fundado en 1950, declara en el preámbulo de su constitución que “constituye unas comunidades de comuniones cristianas que, como respuesta al Evangelio que se nos reveló en las Santas Escrituras, declaran a Jesucristo, el Verbo de Dios personificado, como su Salvador y Señor. Estas comuniones se comprometen juntas a manifestar siempre más la unidad de la Iglesia. Alegando el poder transformador del Espíritu Santo, estas comuniones se asocian en el Consejo para la realización de una misión común, poniéndose al servicio de la asamblea de la creación para la gloria de Dios”. El Consejo nacional tiene como miembros a 35 comuniones cristianas. Éstas representan a un grupo variado de Iglesias protestantes, anglicanas, ortodoxas, evangélicas, afroamericanas históricas a las cuales vienen a añadirse el Living Peace churches (Iglesias de la paz vivida). Gracias al Church World Service (Servicio eclesial internacional) y a una serie de Comités para la justicia social y los asuntos políticos, el NCCCUSA tiene un importante record histórico en los esfuerzos ecuménicos desplegados para la promoción de los derechos humanos.

  • La Comisión Fe y Constitución (USA) cuyo trabajo comenzó en 1960, es una comisión del Consejo nacional. Inspirándose en el modelo de la Comisión Fe y Constitución del Consejo Ecuménico de las Iglesias, esta comisión comprende miembros que no se adhirieron al Consejo: los católicos, algunos evangélicos y pentecostales y los Holiness Christians (movimientos de santidad)

  • Las Churches Uniting in Christ (Iglesias que se unen en Cristo, en inglés C.U.I.C.) sucedió a la Consulta sobre la unión eclesial (C.O.C.U.) en 2002. Las nuevas iglesias que constituyeron el C.O.C.U. en 1960 pasaron de una actividad de “consulta” a la voluntad de “comenzar a vivir más plenamente su unidad en Cristo” a través de un curso de aproximación progresiva que implicaba ocho “etapas” esenciales: reconocimiento mutuo de la presencia en el socio de expresiones auténticas de la Iglesia una; reconocimiento mutuo de un único bautismo; reconocimiento que cada una profesa la fe apostólica; posibilidad de celebrar juntas la Eucaristía (esta liturgia a veces se llama “C.O.C.U.” o, como es ahora el caso, liturgia “C.U.I.C.”); el compromiso común en la misión, en particular en la lucha contra el racismo; el compromiso deliberado de promover la unidad oponiéndose a toda forma de marginalización o exclusión de las personas; una forma de responsabilidad mutua y permanente y la consulta en las tomas de decisión; finalmente, un proceso continuo de diálogo teológico. Las nueve Iglesias miembros de los C.U.I.C. son: la Iglesia episcopal metodista africana, la Iglesia episcopal metodista africana de Sion, la Iglesia cristiana (Discípulos del Cristo), la Iglesia episcopal metodista cristiana, la Iglesia episcopaliana, el Consejo internacional de las Iglesias comunitarias, la Iglesia presbiteriana de USA, la Iglesia unida de Cristo y la Iglesia metodista unida.     

  • La Conferencia de los responsables cristianos del Sur, fundada al raíz del boicoteo histórico de los autobuses de Montgomery (Alabama) en 1956, y cuyo primer Presidente fue el Reverendo Dr. Martin Luther King, Jr, tuvo un papel ecuménico entre las Iglesias afroamericanas históricas así como entre las Iglesias mayoritariamente blancas que se habían reunido en un esfuerzo ecuménico de liberar la sociedad americana del racismo.

  • La Asociación nacional de evangélicos (en inglés NAE), fundada en 1942 y contando más de 60 confesiones y a comunidades tan diferentes como las Iglesias de los hermanos mennonitas, las Asambleas de Dios, el Ejército de Salvación y la Iglesia de Dios (movimiento de santidad), anima la fraternidad y es portavoz de los cristianos de los Estados Unidos que creen en la inerrancia de las Escrituras y que tienen fe en el celo misionero y los dones del Espíritu Santo. Es el más importante organismo numéricamente ecuménico y agrupa cristianos habitualmente denominados “evangélicos y pentecostales” en los Estados Unidos. El NAE declara tener la misión “de extender el Reino de Dios a través de una alianza de confesiones, Iglesias, organizaciones e individuos miembros para manifestar la unidad del cuerpo de Cristo declarando la verdad bíblica, interviniendo de una manera que sea representativa y sirviendo la comunidad evangélica a través de una acción conjunta, la colaboración en el ministerio y una programación estratégica”.

Algunas Iglesias o familias de Iglesias en los Estados Unidos crearon también oficinas para la coordinación de sus actividades ecuménicas. Una versión más completa de este texto sobre la “situación ecuménica en los Estados Unidos de América” que incluye una lista más extensa de las organizaciones comprometidas en la promoción de la unidad de los cristianos así como en la información estadística sobre las Iglesias en los Estados Unidos está disponible en internet en las siguientes páginas: http//:wcc.wcc-coe.org o http//:www.prounione.urbe.it.

Indiquemos también en el panorama americano los esfuerzos importantes de los consejos de Iglesias en las ciudades, los condados, los estados y las regiones. En numerosas comunidades locales en los Estados Unidos, casi todas las Iglesias y sus pastores o los ministros participan en estos consejos: protestantes, anglicanos, ortodoxos, afroamericanos históricos y católicos.  

Muy próximos también en este campo son los hombres y las mujeres involucrados como directores de programas ecuménicos o como “delegados de ecumenismo” para sus comunidades eclesiales a nivel de su ciudad, de su estado o a nivel nacional. Estos responsables tejieron redes dinámicas y vitales dentro de sus Iglesias nacionales y entre sus Iglesias para fomentar el diálogo ecuménico. Todos los años, organizan en una diferente ciudad el Encuentro nacional por la unidad de los cristianos y apoyan la Semana de oración por la unidad de los cristianos en sus propias ciudades. 

Por fin, reunidos en consorcios, algunos seminarios, y facultades y universidades creados por Iglesias fomentan, y a veces exigen incluso, la inscripción simultánea en varias de sus instituciones de los estudiantes que se destinan al ministerio ordenado; esta práctica quiere ser un apoyo a la recepción del trabajo realizado por el movimiento ecuménico. Todas las grandes ciudades disponen de tales consorcios. Conviene también indicar el trabajo realizado por las facultades en las universidades, en particular el Temple University de Philadelphia que publica el estudio El Diario de Estudios Ecuménicos.

Entre las recientes evoluciones del mundo cristiano en los Estados Unidos, indicamos también el “Movimiento eclesial emergente” (Emergent Church Movement) que es reservado a toda forma institucional de autoridad. En este movimiento se involucraron los jóvenes, principalmente hombres entre 25 y 35 años, que intercambian sus opiniones sobre la fe cristiana y han creado una red, una comunidad en Internet. Su reticencia a toda teología sistemática constituye un reto para la unidad visible de la Iglesia. Esta comunidad sin embargo empezó un debate sobre el valor del movimiento ecuménico.

Tanto a nivel local como nacional, los cristianos de los Estados Unidos son conscientes de la importancia de la oración común en favor de los pobres, de los enfermos, de los que están en la duda, para la nación también, incluso para la seguridad de las fuerzas armadas. Aparte de la Semana de oración por la unidad de los cristianos, numerosos cristianos de distintas confesiones se reúnen para rezar el día del Thanksgiving (noviembre), la víspera del Nuevo Año (Watch Night), el Miércoles de ceniza, el Viernes Santo, el Día mundial de la oración (marzo) y para el Día nacional de la oración (mayo). Un profundo sentimiento de fraternidad es perceptible en estas ocasiones donde el Espíritu Santo nos ayuda a dejar de lado las divisiones y la sospecha, y a vivir importantes momentos de confianza recíproca y de unidad.

 

Semana de oración por la unidad de los cristianos
Temas (1968-2008)

 

Elaborados desde 1968 por la Comisión "Fe y Constitución" del Consejo Ecuménico de las Iglesias y por el Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos.

1968  "Para alabanza de su gloria" (Ef 1,14)
1969

"Llamados a la libertad" (Gal 5,13)
Reunión preparatoria en Roma, Italia)

1970

"Somos colaboradores de Dios" (1 Cor 3,9)
(Reunión preparatoria en el Monasterio de Niederaltaich, República Federal de Alemania)

1971

 "... y la comunión del Espíritu Santo" (2 Cor 13,13)
(Reunión preparatoria en Bari, Italia)

1972

Os doy un mandamiento nuevo" (Jn 13,34)
(Reunión preparatoria en Ginebra, Suiza)

1973

"Señor, enséñanos a orar" (Lc 11,1)
(Reunión preparatoria en la Abadía de Montserrat, España)

1974

 "Que todos confiesen: Jesucristo es el Señor" (Flp 2,1-13)
(Reunión preparatoria en Ginebra, Suiza. En abril de 1974 se dirigió una carta a las Iglesias miembros, así como a otras partes que estuvieran interesadas en crear grupos locales que pudiesen participar en la preparación del folleto de la Semana de Oración. El primero en comprometerse fue el grupo australiano, que en concreto preparó en 1975 el proyecto inicial del folleto de la Semana de Oración)

1975

La voluntad del Padre: constituir a Cristo en cabeza de todas las cosas" (Ef 1,3-10
(Proyecto de texto elaborado por un grupo australiano. Reunión preparatoria en Ginebra, Suiza)

1976

"Ahora somos hijos de Dios" (1 Jn 3,2)
(Proyecto de texto elaborado por la Conferencia de Iglesias del Caribe. Reunión preparatoria en Roma, Italia)

1977

"La esperanza no defrauda" (Rom 5,1-5)
(Proyecto de testo elaborado en el Líbano, en plena guerra civil. Reunión preparatoria en Ginebra, Suiza)

1978

 "Ya no sois extranjeros" (Ef 2,13-22)
(Proyecto de texto elaborado por un grupo ecuménico de Manchester, Inglaterra)

1979

"Poneos unos al servicio de los otros para gloria de Dios" (1 Pe 4,7-11)
(Proyecto de texto elaborado en Argentina. Reunión preparatoria en Ginebra, Suiza)

1980

"Venga a nosotros tu reino" (Mt 6,10)
(Proyecto de texto elaborado por un grupo ecuménico de Berlín, República Democrática de Alemania. Reunión preparatoria en Milán, Italia)

1981

"Un solo Espíritu, distintos carismas, un solo cuerpo" (1 Cor 12, 3b-13)
(Proyecto de texto elaborado por los Padres de Graymoor, USA. Reunión preparatoria en Ginebra, Suiza)

1982

"¡Qué amables son tus moradas, Señor!" (Sal 84)
 (Proyecto de texto elaborado en Kenia. Reunión preparatoria en Milán, Italia)

1983

"Jesucristo, vida del mundo" (1 Jn 1,1-4)
(Proyecto de texto elaborado por un grupo ecuménico de Irlanda. Reunión preparatoria en Celigny-Bossey, Suiza)

1984

 "Llamados a la unidad por la cruz de nuestro Señor" (1 Cor 2,2 y Col 1,20)
(Reunión preparatoria en Venecia, Italia)

1985

 "De la muerte a la vida con Cristo" (Ef 2,4-7)
(Proyecto de texto elaborado en Jamaica. Reunión preparatoria en Grandchamp, Suiza)

1986

"Seréis mis testigos" (Hch 1,6-8)
(Textos propuestos en Yugoslavia (Eslovenia). Reunión preparatoria en Yugoslavia)

1987

"Unidos en Cristo, una nueva creación" (2 Cor 5,17-6,4a)
(Proyecto de texto elaborado en Inglaterra. Reunión preparatoria en Taizé, Francia)

1988

"El amor de Dios elimina el temor" (1 Jn 4,18)
(Proyecto de texto elaborado en Italia. Reunión preparatoria en Pinerolo, Italia)

1989

 "Edificar la comunidad: un solo cuerpo en Cristo" (Rom 12,5-6a)
(Proyecto de texto elaborado en Canadá. Reunión preparatoria en Whaley, Bridge, Inglaterra)

1990

"Que todos sean uno, para que el mundo crea" (Jn 17)
(Proyecto de texto elaborado en España. Reunión preparatoria en Madrid, España)

1991

"Alabad al Señor todas las naciones" (Sal 117; Rom 15,5-13)
(Proyecto de texto elaborado en Alemania. Reunión preparatoria en Rotenburg an der Fulda, República Federal de Alemania)

1992

"Yo estoy con vosotros... por tanto, id" (Mt 28,16-20)
(Proyecto de texto elaborado en Bélgica. Reunión preparatoria en Brujas, Bélgica)

1993

"Llevad los frutos del Espíritu para la unidad de los cristianos (Gal 2,22-23)
(Proyecto de texto elaborado en Zaire. Reunión preparatoria cerca de Zurich, Suiza)

1994

 "La casa de Dios: llamados a tener un solo corazón y una sola alma" (Hch 4,32)
(Proyecto de texto elaborado en Irlanda. Reunión preparatoria en Dublín, Irlanda)

1995

 "Koinonía: comunión en Dios y entre nosotros" (Jn 15,1-17)
(Reunión preparatoria en Bristol, Inglaterra)

1996

"Mira que estoy a la puerta y llamo" (Ap 3,14-22)
(Proyecto de texto elaborado en Portugal. Reunión preparatoria en Lisboa, Portugal)

1997

"En nombre de Cristo... dejaos reconciliar con Dios" (2 Cor 5,20)
(Proyecto de texto elaborado en Escandinavia. Reunión preparatoria en Estocolmo, Suecia)

1998

 "El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad" (Rom 8,14-27)
(Proyecto de texto elaborado en Francia. Reunión preparatoria en París, Francia)

1999 "Él habitará con ellos. Ellos serán su pueblo y el mismo Dios estará con ellos" (Ap 21,1-7)
(Proyecto de texto elaborado en Malasia. Reunión preparatoria en el Monasterio de Bose, Italia)
2000

"Bendito sea Dios que nos ha bendecido en Cristo" (Ef 1,3-14)
(Proyecto de texto elaborado por el Consejo de Iglesias del Medio Oriente. Reunión preparatoria en el Monasterio de La Verna, Italia)

2001

"Yo soy el camino, la verdad y la vida" (Jn 14,1-6)
(Proyecto de texto elaborado en Rumania. Reunión preparatoria en la "Casa de Odihna", Rumania)

2002

"En ti está la fuente de la vida" (Sal 36 [35], 10)
(Proyecto de texto elaborado por el Consejo de Conferencias Episcopales de Europa (CCEE) y la Conferencia de Iglesias de Europa (CEC). Reunión preparatoria en el Centro ecuménico de Ottmaring (Augsburgo, República Federal de Alemania)

2003

 "Este tesoro lo llevamos en vasijas de barro" (2 Cor 4, 3-18)
(Proyecto de texto elaborado en Argentina. Reunión preparatoria en el Centro ecuménico "Los Rubios" cerca de Málaga (España)

2004

“Mi paz os doy” (Jn 14,27)
(Proyecto de texto elaborado en Alepo, Siria. Reunión preparatoria en Palermo, Sicilia, Italia)

2005

“Cristo, fundamento único de la Iglesia” (1 Cor 3, 1-23)
(Proyecto de texto elaborado en Eslovaquia. Reunión preparatoria en Piestany, Eslovaquia)

2006

“Donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18,20)
(Proyecto de texto elaborado en Irlanda. Reunión preparatoria en Prosperous, County Kildare, Irlanda)

2007

“Hace oír a los sordos y hablar a los mudos” (Mc 7,37)
(Proyecto de texto elaborado en Sudáfrica. Reunión preparatoria en el Castillo de Faverges, Alta Saboya, Francia)

2008

 “No ceséis de orar” (1 Tes 5,17)
(Proyecto de texto elaborado en USA. Reunión preparatoria en Graymoor, Garrison en USA).

 

Algunas fechas importantes en la historia
del Octavario por la unidad de los cristianos

 

1740
aprox.
Escocia. Nacimiento en Escocia del movimiento pentecostal con vinculaciones en América del Norte, cuyo mensaje por la renovación de la fe llamaba a la oración por todas las Iglesias y con ellas.
1820 El Rvdo. James Haldane Stewart publica "Consejos para la unión general de los cristianos con vistas a una efusión del Espíritu" (Hins for the outpouring of the Spirit).
1840  El Rvdo. Ignatius Spencer, un convertido al catolicismo, sugiere una "Unión de oración por la unidad".
1867 La primera asamblea de obispos anglicanos en Lambeth insiste en la oración por la unidad, en la introducción a sus resoluciones.
1894 El Papa León XIII anima a la práctica del Octavario de oración por la unidad en el contexto de Pentecostés.
1908 Celebración del "Octavario por la unidad de la Iglesia" bajo la iniciativa del Rvdo. Paul Wattson.
1926 El Movimiento "Fe y Constitución" inicia la publicación de "Sugerencias para un Octavario de oración por la unidad de los cristianos".
1935 En Francia, el abad Paul Couturier se convierte en el abogado de la "Semana universal para un Octavario de oración por la unidad de los cristianos sobre la base de una oración concebida por la unidad que Cristo quiere, por los medios que El quiera".
1958 El Centro "Unidad cristiana" de Lyon (Francia) comienza a preparar el tema para la semana de oración en colaboración con la Comisión "Fe y Constitución" del Consejo Ecuménico de las Iglesias.
1964 En Jerusalén el Papa Pablo VI y el Patriarca Atenágoras I recitan juntos la oración de Cristo "que todos sean uno" (Jn 17).
1964 El Decreto sobre el ecumenismo del Concilio Vaticano II subraya que la oración es el alma del movimiento ecuménico, y anima a la práctica de la semana de oración.
1966 La Comisión "Fe y Constitución" y el Secretariado para la Unidad de los Cristianos (actualmente Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos) de la Iglesia católica deciden preparar un texto para la Semana de oración de cada año. Por primera vez, la “Oración por la unidad” se celebra con los textos elaborados en colaboración entre “Fe y Constitución” y el Secretariado para la unidad de los cristianos.
1968 Por primera vez, la “Oración por la unidad” se celebra con los textos elaborados en colaboración entre “Fe y Constitución” y el Secretariado para la unidad de los cristianos.
1975 Por primera vez, el folleto de la Semana de Oración se realiza con base en un texto preparado por un grupo ecuménico local. Un grupo australiano es el primero a realizarlo.
1988      Los materiales de la Semana de oración vienen utilizados durante la oración inaugural de la Federación Cristiana de Malasia, organismo que reúne a los mayores grupos cristianos del país.
1994 El texto de la Semana 1996 es preparado en colaboración con ACJ’s.
2004 Fe y Constitución” (Consejo Ecuménico de las Iglesias) y el Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos (Iglesia Católica) deciden que en lo sucesivo los textos en francés y en inglés de la Semana de oración por la unidad de los cristianos sean publicados conjuntamente y presentados en un mismo formato.

 
 

* Este material es publicado bajo la responsabilidad del grupo ecuménico que ha preparado el proyecto de textos.

* Este texto sobre las Iglesias de USA y la situación ecuménica de este país se publica bajo la total responsabilidad del grupo preparatorio.

 

top