Nota sobre la
Misión de Mons. Paul Josef Cordes
Presidente
del Pontificio Consejo COR UNUM
Enviado
por el Santo Padre a
Mozambique
con ocasión de las Inundaciones
9
- 12 Marzo 2000
Juan
Pablo II ha sido uno de los primeros en atraer la atención pública a
la situación de Mozambique tras las devastantes inundaciones del mes
pasado. Ya en el Cairo, durante su visita a Egipto el pasado 25 de
Febrero, el Santo Padre hizo una llamada con el fin de ayudar a la
población de Mozambique, uno de los países más pobres del probado
continente africano. En este país, los misioneros y los colaboradores
de Cáritas Mozambique han sido de los primeros que han reaccionado
sistemáticamente frente a la catástrofe - todavía antes que el
Gobierno - puesto que conocen la población y mantienen un contacto
directo con la gente, ayudando personalmente a cuanto sufrían las
amenazas. En el país operan al rededor de 20 Institutos Religiosos:
Vicentinas, Paulinas, Presentación de María, Sagrado Corazón de María,
Dominicas, Misioneras de la Caridad; Combonianos, Dehonianos, Padres de
la Consolata, Vicentinos - por nombrar algunos.
Actualmente
parece que todos los supervivientes de esta catástrofe se encuentran a
salvo. Mozambique ocupa un territorio que es dos veces mayor que el
italiano. Extensas áreas carecen habitualmente de medios de comunicación
(teléfono, radio, etc.) y la población reside en núcleos aislados
entre sí. Los casi dos millones de personas afectados por las
inundaciones habitan principalmente en la inmensa sabana, pero también
en las ciudades. En esta ocasión he tenido la posibilidad de visitar
los campos de refugiados en Maputo y Chibuto. Allí la gente parecía apática,
sin reacciones, como bajo estado de “shock”. Encontré una pareja
que había perdido dos hijos, mujeres que acababan de dar a luz, filas
de pacientes que buscaban medicinas para combatir enfermedades, como la
malaria, el cólera, etc.
La
fuerza devastadora del agua había sido imparable. Sor Maddalena, una
religiosa italiana, nos contó como se pudo salvar de la corriente sólo
gracias a la ayuda de unos muchachos que lograron sujetarla por los
brazos e izarla hasta el tejado del hospital donde trabajaba. El Limpopo,
río cercano a Xaixai, alcanza en aquel lugar una anchura de 12 km. El
60% de la ciudad ha sido inundada. El número de la población llega
aproximadamente a unas 40-50 mil personas. Se calculan al rededor de 100
muertos. “Estos días las inundaciones han provocado más traumas que
tantos años de guerra civil”, me decía otra religiosa.
En Chokwe (12-14 mil habitantes) pude visitar el hospital regido
por las religiosas Vicentinas, donde habitualmente están 80 enfermos de
SIDA y de tuberculosis. A la llegada de las inundaciones, las monjas habían
logrado poner a salvo todos los pacientes sobre el tejado del edificio.
Las hermanas se quedaron durante tres días con ellos, mientras el agua
seguía creciendo y en ningún momento los han abandonado.
Desde el comienzo de la tragedia, un benefactor español prestó
un helicóptero a las Hermanas Vicentinas. El mismo que había sido
utilizado durante la Guerra de Vietnam. Los dos pilotos provenían de
Sur África. Este helicóptero tan sólo disponía de siete plazas, pero
en un día lograron transportar a 45 personas ¡de un sólo viaje! De
este modo, en una semana, consiguieron salvar la vida a más de 500
personas: los medios de transporte siguen siendo una de las principales
urgencias.
Las personas responden con gratitud a la ayuda de los misioneros
y de las misioneras. En cambio, algunos responsables de la Iglesia local
mantienen una actitud llena de reservas hacia esta invasión de “extranjeros”,
aun siendo hermanos en la fe. Puede que esto sea una herencia del
colonialismo; también impera un fuerte sentido tribal y del propio
pueblo, un sentido de pertenencia a la misma familia. Este sentimiento
convierte con facilidad al “extranjero” en una amenaza. Se aprecia
también un reflejo de esta sensibilidad entre algunas personas del
gobierno. Estas reservas atañen sobre todo a Sur África, el vecino
inmediato, y a los Estado Unidos, que en el pasado apoyaron al partido
de oposición de la RENAMO (Resistencia Nacional Mozambiqueña).
En este clima tan poco favorable, el apostolado de los misioneros
y de las misioneras – un compromiso verdaderamente heróico –
resulta difícil y merece todo nuestro apoyo; como también la misión
de la “Comunidad di Sant’Egidio” que de los nuevos movimientos, es
la realidad más difundida en el País. En medio de esta calamidad, el
pueblo mozambiqueño, ha sido capaz, tal vez gracias a los testimonios
de Caridad de la Iglesia, de abrirse a los horizontes católicos y
universales, y abandonar sus propias perspectivas limitadas.
He sido bien acogido por la gente como Delegado del Santo Padre,
no sólo porque llevaba un donativo en su nombre, que expresaba un pequeño
gesto de solidaridad si lo comparamos a las otras ayudas más
substanciosas enviadas por otros gobiernos. El Papa, de hecho, es
considerado como un padre por aquellas personas, y no sólo por los
cristianos: él es una figura extranjera, pero cercana, que se sitúa más
allá de los sentimientos de miedo y de inferioridad. El Presidente del
País lo ha subrayado con fuerza durante nuestro encuentro. Entre otras
cosas el catolicismo es llamado por las poblaciones la “Religión del
Papa”, y las iglesias católicas “las Iglesias del Papa”.
Frente
a una tal miseria, toda apoteosis sentimental de la naturaleza se
redimensiona: no se pueden elevar, a través de los nuevos místicos de
la “New Age”, cantos a la “Madre Tierra”. Este romanticismo
molesta. La naturaleza en la historia de la salvación refleja la relación
entre el hombre y Dios: el
diluvio como castigo por los pecados del hombre y el arco iris como un
signo de la fidelidad de Dios. La tierra puede ser muy hostil al hombre
y, por consiguiente, un culto a la tierra no sólo es supersticioso,
también poco realístico.
El 10 de Marzo participé a una reunión con al rededor de 50
misioneros y representantes de “Cáritas Mozambique". A la
conclusión de la reunión, los presentes, entre los cuales se
encontraban Su Eminencia el Cardenal dos Santos, Arzobispo de Maputo y
el Presidente de la Cáritas Mozambiqueña, S.E. Mons. Paulo Mandlate,
han querido subrayar la urgencia de una nueva ayuda para Mozambique.
Hasta ahora se han recogido entre las diferentes agencias católicas
unos 2 millones de dólares US. Urge la adquisición de dos camiones
para transportar medicinas y víveres a los lugares más aislados, como
también la necesidad de comprar gasolina. Después tendrá que comenzar
la reconstrucción. Así propongo dar voz a un nuevo llamamiento para un
apoyo económico a las víctimas. Las ofertas en dinero podrán hacerse
a:
I.O.R.
(Istituto per le Opere di Religione)
Stato
della Città del Vaticano
A
favor del Pontificio Consejo Cor Unum
indicando
come finalidad “Aiuti al Mozambico”
o
bien a la cuenta corriente intestado a:
I.O.R.
(Istituto per le Opere di Religione)
en
BANCA DI ROMA
Filial
204
Via
della Conciliazione, 50
Roma
Con
la indicación:
A
favor del Pontificio Consejo Cor Unum para
las
poblaciones de Mozambique
