SYMPOSIA
"ARTE, VIDA Y ESPECTACULO CINEMATOGRAFICO"
Roma, 17 al 19 de noviembre de 1998
¿De dónde surge el interés de la Iglesia Católica por
el cine, arte por excelencia del siglo XX? El Cardenal Paul Poupard,
Presidente del Pontificio Consejo de la Cultura, responde con toda claridad,
en la inauguración del Convenio Internacional de estudio dedicado al tema
"Arte, Vida y Espectáculo cinematográfico". "El cine"
-ha dicho el Cardenal-, "es expresión estética, exigencia espiritual e
instancia cultural". El acto se realizó del 17 al 19 de noviembre de
1998 y tuvo como sede el auditorio AGIS en Roma.
Nunca como en estos últimos años del siglo XX, afirma el
Cardenal – y en la espera del inicio del nuevo milenio, – el cine se
muestra como el arte de mayor vigor, creatividad, impacto, vitalidad; un arte
que me atrevería a llamar "fuerte" y ciertamente insustituible,
porque toca con frecuencia el bien y el mal, al grado de imponer modas y
maneras de vestir, gustos y expectativas. Arte con miles de variantes y
posibilidades, de múltiples proyectos técnicos y expresiones, porque la
infinidad de posibilidades es alimentada y enriquecida por la fantasía
humana. Por ésta y otras razones, el arte tiene cuestionamientos y mucha
potencialidad para actuar en lo externo y en el inconsciente del pueblo; puede
ser un sorprendente medio que favorezca al verdadero humanismo, pero también,
puede ser un instrumento capaz de suscitar en personas menos preparadas y
desprovistas de una libre madurez crítica, interrogativos difíciles,
angustias, tendencias peligrosas, investigaciones inútiles. La Iglesia es
consciente del reto, pues conoce la importancia de la cultura y de las
comunicaciones sociales, y sabe que ambos campos son fundamentales para una
Pastoral, que conoce la realidad social y en particular la juvenil.
En el umbral del gran milenio, es significativo el
considerar la "fuerza" del cine para el mundo de las comunicaciones
sociales, que se acompaña con la toma de conciencia de que: los tiempos de
las censuras han quedado lejos y que han nacidos otros, tejidos de
inter-relación y de propuestas concretas, de sugerencias y de proyectos.
Vienen señalados los peligros de la degradación moral y humana en la gran
pantalla, pero sopesando su importancia en la fina crítica constructiva y de
inteligencia libre orientada hacia la verdad. Las iniciativas promovidas por
dos Dicasterios de la Curia Romana y el Comité del Festival del Cine
Espiritual "Tertio Millennio" (que ha llegado a su segunda edición
gracias a la inteligente dirección artística de Claudio Siniscalchi), son
los indicios del gran interés del mundo católico, por abrir una ventana al
abigarrado y fascinante mundo del cine.
El Cardenal Paul Poupard, en la Homilía pronunciada en la
muy concurrida concelebración que presidió en la Basílica de Santa María
en Trastevere, con ocasión de la "semana del arte" y con notable
presencia de los participantes al encuentro Internacional, dijo: "La
cultura, en sus diferentes manifestaciones, cuando está inspirada y
alimentada en la Fe, se coloca al centro de los intereses Pastorales de la
Iglesia que mira hacia el nuevo milenio". Así, ella como Mater et
magistra, coloca realmente en el cine una parte importante de sus grandes
esperanzas; esperanza de contribuir a la difusión de un verdadero humanismo,
en el que las artes estén al servicio de la vida del hombre".
Hoy más que nunca, mientras la humanidad se acerca la gran
paso hacia el tercer milenio, el cine se presenta como el arte más vital,
creativo y fascinante que alcanza a fraguar y casi a imponer, – bueno o
malo, – costumbres e ideas, así como orientar gustos y expectativas. En
esta dimensión entra la actividad de la Iglesia porque muchos, como lo ha
indicado Monseñor John Foley, Presidente del Pontificio Consejo de las
Comunicaciones Sociales, en su intervención en el Convenio, señaló:
"existen aún signos de explotación del ser humano con fines únicamente
económicos": violencia, pornografía, rechazo de la vida, superstición,
materialismo que, presentes en parte en la producción cinematográfica,
manipulan al hombre y lo hacen vulnerable, orillándolo al encierro en sí
mismo, al individualismo extremo, a la ignorancia y a la esclavitud; ahí
donde debía estar libre y abierto, en la dimensión más profunda del amor y
del respeto a Dios, a sí mismo y al prójimo".
He aquí el reto a tomar, se requiere actuar de tal manera
que el cine, capaz como lo es de crear momentos de especial intensidad,
detenga en sus imágenes un instante la vida, deteniéndola con un lenguaje
que puede permitir expresiones de auténtica poesía, se deje llevar de algo
que imprima una marca, quizá dolorosa, pero capaz de hacer conocer aquello
para lo que el hombre ha sido destinado, para lo que ha sido llamado, es
decir: la VIDA. Un mensaje por tanto de VIDA y para la vida; esto debe ser el
cine.
Los mensajes surgidos en los diferentes horizontes
culturales y de origen profesional, en las intervenciones de los relatores
invitados al Convenio, fueron facilitados por la presencia de los moderadores:
El P. Ardura, secretario del Pontifico consejo del la Cultura y Mons. Enrique
Planas, responsable de la Filmoteca Vaticana. Las tres jornadas matutinas,
introducidas por las cálidas motivaciones en el saludo de Giorgio van
Straten, Presidente del "Agis", y de Andrea Piersanti, Presidente
del "Ente dello Spettacolo", han coordinado a las exposiciones y al
debate. Con mucha libertad para facilitar la creatividad cultural, han
intervenido dos reconocidas personalidades de la Literatura, como lo es la
escritora Rosetta Loy y la filóloga y especialista en historia de la
literatura: Jacqueline Risset, quien abordó el tema "Emociones,
creatividad, memoria en el cine de Steven Spielberg", esbozó un análisis
inteligente del autor que entre comercio y arte, ha sabido transportar
emociones limpias, sacadas de la historia y de la fantasía, para dejarlas en
la memoria y en la imaginación convirtiéndose en mensaje de vida y de paz
para toda la comunidad; la segunda relación versó sobre "El mundo de
Dante en la pintura y el cine", describió las relaciones inalienables
entre literatura, arte masivo y cinematografía, entre Dante, Boticelli y
Fellini.
El aspecto propiamente teológico ha sido expuesto por el
Sr. Obispo, Mons. Rino Fisichella, con el tema "Cine y Teología; una
provocación recíproca" (se publica íntegramente en esta revista).
Directores, guionistas e investigadores en el campo de la historia de la crítica
cinematográfica han tenido un espacio considerable: Giuliano Montaldo habló
de: "Impaciencia, de la imagen por la intolerancia"; Mario Brenta
"¿Cine, real o verosímil?", José María García Escudero venido
de Madrid; "Presencia del espíritu en el cine. Espiritualidad explícita
y oculta. Aprender a ver cine". Contexto ético y estético abordado
también por Armando Fumagalli, de la Universidad Católica de Milán, con el
tema: "Los valores en el cine, entre las exigencias éticas y las dinámicas
del mercado", y Jhon Wauck, estadounidense, de la Universidad de la Santa
Cruz con: "El momento cultural actual en los Estados Unidos, confrontación
entre cine, literatura y valores cristiano". El aspecto propiamente artístico
ha sido subrayado por el sector de las artes visivas, con una impactante y
fascinante relación por el profesor Luciano Caramel de la Universidad de Milán,
el cual ha impelido la atención hacia "el arte como proyecto de
vida", mientras que Eugen Leahu, venido de Rumanía, ha traído una sabia
disertación enfocada sobre la correlación entre estética y teología con:
"La creación humana frente a la creación absoluta".
Las tres tardes de verdadero y propio cine, han dejado un
gran interés también en el auditorio juvenil, lo mismo que la organización
del Convenio, es decir a las tres proyecciones cinematográficas, vistas con
atención y curiosidad. Se invitó a tres directores de reconocida fama
internacional, y tres representantes de casas cinematográficas diferentes: La
Griega, la Italiana y la Rusa. Precedidas de una breve introducción, las tres
películas elegidas fueron: L’eternità e un giorno di Theo
Angelopoulos, I giardini dell’Eden de Alessandro D’Alatri y Madre
e figlio de Aleksandr Sokurov, a saber, las tres dimensiones: Filosófica,
Bíblica y Ético–existencial, todas relacionadas con el tema de la vida. Un
recorrido de imágenes, insinuaciones, palabras y conceptos, subrayados con la
presencia de tres directores de cine, quienes finalizada la proyección han
participado en la mesa redonda.
La película de Angelopoulos, vencedora de la Palma de Oro
en el festival de Cannes en 1998, ha sido presentada por Fernando Di
Giammatteo: "Theo Angelopoulos: la infinita Odisea", en tanto al
final han tomado la palabra Tonino Guerra, responsable de la escenografía en
la película y conocidísimo colaborador de tantos famosos directores
Italianos, Irini Statha, Angela Ales Bello, Michele Francesco Afferrante y
Norberto González Gaitano. El film de D’ Alatri, que concursó en la última
edición del festival de Venecia, fue precedida de una interesante relación
del Jesuita Lloyd Baugh, de la Universidad Gregoriana de Roma, con el tema
"El Santo viaje" (Sal 83). Jesús de viaje: Un film de D’Alatri de
los tradicionales films sobre Jesús, se ha dado a conocer cómo el
"medium" cinematográfico es muy atractivo para las nuevas
generaciones que responden con mucho interés a los mass media. Y es
absolutamente normal que se haga Teología, Catequesis, con las imágenes
cinematográficas. Posteriormente José Manuel Sánchez Caro, de la misma
Universidad Gregoriana, presentó el aspecto bíblico con "La historia de
una iniziación: perspectiva de un exegeta". Al debate final participó
el mismo director, el responsable de la escenografía de la película, Miro
Silvera, junto con Massimo Bernardini y Don Dario Viganò. El último día, el
crítico de La civiltà cattolica, Virgilio Fantuzzi, ha hecho la
introducción de la obra maestra de Sokurov con la densa relación "El
tiempo esculpido en la pelicula"; siguieron las intervenciones de Thomas
Kufus, el productor del film, la psicoanalista Carla Landi, y los Padres Tomás
Spidlík, experto en mística y espiritualidad oriental y Michel Berger,
reconocido estudioso e experto de la iconografía oriental.
Todos los participantes del Convenio, al finalizar el
tercer día de trabajo, han sido recibidos en audiencia privada por el Santo
Padre Juan Pablo II. El mismo Santo Padre ha recalcado la tarea urgente y
primaria del cine en el campo de la cultura y de la Evangelización. Ha
dirigido palabras de valor y estímulo: "La iglesia considera el cine,
como una particular expresión artística del dos mil y lo impulsa en su función
pedagógica, cultural y pastoral. En la secuencia del film, confluyen
creatividad y progreso técnico, inteligencia y reflexión, fantasía y
realidad, sueño y sentimientos" y, puede ser también instrumento
insustituible, afirma el Papa, "para transmitir el eterno mensaje de la
vida y para describir las extraordinarias maravillas. Al mismo tiempo, puede
convertirse fuerte y eficaz lenguaje para censurar la violencia y los
atropellos. Así, enseña y denuncia, conserva la memoria del pasado, se hace
conciencia viva del presente e impulsa la investigación para mejorar el
futuro".
Palabras que son el signo sensible de la renovada y más
responsable colaboración entre la Iglesia y el mundo de las artes, de las
comunicaciones sociales y del cine. No solamente espectáculo y diversión,
sino compromiso para enseñar y disfrutar la sala y la pantalla con madurez,
tomando el cine precisamente en su esencia profunda, de modo que sirva para el
crecimiento personal y de reflexión sobre la existencia. Entre los efectos
especiales y nuevas tecnologías, el mensaje que dirige la Iglesia a todos los
sectores que se dedican y viven del cine es claro y confiable: Devolver a dar
al cine las razones y los fines por los cuales nació hace cien años, crear
conciencia de que éste – continúa el Papa diciendo – "no puede
expresar completamente lo que es, sin una clara y continua referencia a los
valores morales y a los motivos por los que nació. Corresponde a quienes están
comprometidos en este campo explorar con capacidad y experiencia el sentido
positivo de la cinematografía, con la ayuda de los escenógrafos, productores
y actores, convertirse con su genialidad y fantasía en mensajeros de
civilización y de paz, de esperanza y de solidaridad; en una palabra,
heraldos de auténtica humanidad".
Aprender a ver y pensar el cine. No sólo amarlo y
frecuentarlo. No sólo escribir y discutir del cine. Que no viva sólo de
festivales que a veces son vitrinas vacías por crisis de ideas. Del cine, en
efecto, pueden surgir mensajes férvidos y creativos dirigidos a un real
progreso humano y espiritual, ideas en efecto, que son caminos maestros para
hacer crecer una verdadera búsqueda interior, en el diálogo entre todos los
hombres y la recíproca comprensión en el mutuo respeto.
Las Propuestas de personas de buena voluntad, son
promotoras de cine auténtico, son vehículo de cultura y de espiritualidad y
están llamadas a construir el Tertio Millennio Adveniente.
Don Luca Pellegrini
Pontificio Consejo de Cultura
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[English]
Father Luca Pellegrini, of the Pontifical Council for Culture, gives an
account of the conference organized by the Council, in co-operation with the
Pontifical Council for Social Communications and the Italian Institute of the
Performing Arts (Ente dello Spettacolo) on the theme: "Art, life
and film. Sensibility, spirituality and culture", which took place in
Rome from 17 to 19 November 1998. Film can be a positive vehicle for the
expression of true humanism, but it can also arouse anxiety or unhealthy
behaviour. The Church is well aware of this challenge and encourages people in
the film industry in the pedagogical, cultural and pastoral aspects of their
work.
[Français]
L’Abbé Pellegrini du Conseil pontifical de la Culture présente le
Congrès " Art, vie et cinéma. Sens esthétique, exigences
spirituelles et défis culturels ", promu par ce Dicastère en union
avec le Conseil pontifical des Communications Sociales et en collaboration
avec l’Ente dello Spettacolo. Il s’est déroulé à Rome du 17 au
19 novembre 1998. Le cinéma peut être un facteur de promotion de
l’humanisme authentique, bien qu’il puisse susciter angoisses et tendances
dangereuses. L’Église, consciente du défi, le soutient dans sa mission pédagogique,
culturelle et pastorale.
"Cine
y Teología; una provocación recíproca"
Rino Fisichella
Obispo Auxiliar de Roma
"Los hombres son en general tanto más actores cuanto
más civilizados son: adoptan la apariencia de la simpatía, del respeto por
el otro, de la moderación, del desinterés, sin por esto desconcertar a
ninguno, porque los demás están de acuerdo en que en todo ello no hay total
sinceridad. Pero es muy bueno que suceda así en este mundo. Porque a través
de estos papeles que se recitan, al final también las virtudes, aparentes y
artificiales durante un tiempo, se van despertando poco a poco y pasan a
nuestro sentimiento constante".
La cita de I. Kant en su Anthropologie se somete a
diversas interpretaciones; y sin embargo, no desentona al comienzo de esta
breve reflexión a propósito de la relación entre cine y teología. La
provocación que se quiere crear entre ambos, de hecho, ya está arrojada con
este texto. Nadie osará disputar el grado de civilización alcanzado por el
actual contexto histórico. Si se acepta el texto de Kant se tendrá que
deducir con lógica consecuencia que nunca como hoy los hombres son actores.
Se desempeña un papel, —a decir verdad no siempre escogido libremente— y
con él nos hacemos la ilusión de habernos asegurado el logro de una
identidad madura y autónoma. La mayor parte de las veces, sin embargo,
sabemos muy bien que lo que estamos recitando es tan sólo un papel, y no
siempre el más importante, precisamente porque no lo vivimos plenamente con
sinceridad; la vida, en efecto, impone la adopción de otros papeles que
obligan a una toma de conciencia del verdadero y genuino papel que hemos sido
llamados a desempeñar en la dramaticidad del momento.
¿Por qué la teología habría de ocuparse de cine y
viceversa, por qué el cine debería prestar atención a la teología? La
pregunta no es obvia. No se puede evitar tampoco con una actitud de
suficiencia por parte de ambas, como si se tratase de atravesar un campo
minado sobre el cual no se tiene competencia, o, aun peor, como si se
invadiese una zona completamente ajena al propio ámbito científico.
Responder a la pregunta en cambio, equivale a encontrar las diversas
provocaciones que merecen ser escuchadas tanto por la teología como por el
cine, de manera que se logre, si no una escucha recíproca, al menos no un
desinterés.
La teología desempeña un doble papel. Por una parte tiene
que dirigirse al creyente para presentarle las razones de su fe (cf. 1Pe
3,15). Nunca como en este momento ha sido una ciencia completamente peculiar,
porque se dirige a quien ya cree, pero precisamente en cuanto creyente tiene
necesidad de interrogar su fe y obtener una inteligencia cada vez mayor de
ella. Por otra parte, la teología es dialógica. Se encuentra por tanto con
las diversas realidades que constituyen la vida del hombre y con ellas busca
de alcanzar la verdad última en las cuales cree, comunicando los frutos del
camino ya realizado.
El encuentro con el cine tiene lugar en este segundo ámbito.
Un pasaje del Concilio Vaticano II puede ayudar a comprender la necesidad del
encuentro de la teología con el cine. Se lee en Gaudium et spes:
"A su manera, también la literatura y las artes son de gran importancia
para la vida de la Iglesia. Estas buscan expresar la índole propia del
hombre, sus problemas y su experiencia en el esfuerzo de conocer y
perfeccionarse a sí mismo y al mundo, de descubrir su situación en la
historia y en el universo, de ilustrar sus miserias y sus alegrías, sus
necesidades y sus capacidades y de plantear una mejor condición para el
hombre. Así, pueden elevar la vida humana, expresada a través de múltiples
formas según los tiempos y los lugares" (GS 62)
He aquí una respuesta autorizada que implica directamente
también a la Iglesia: en el cine es posible verificar una peculiar actividad
artística mediante la cual la persona expresa la propia capacidad creativa y
donde el lenguaje simbólico, imaginativo y poético prevalece sobre el de la
ciencia, predominantemente técnico. Ya esta primera dimensión permite
afirmar que el lenguaje cinematográfico puede presentarse como una de las
mediaciones privilegiadas para expresar el contenido de la fe que, en su
esencia, es el misterio de la revelación. Lo que implica mutuamente al cine y
a la teología es por tanto, la representación (cine) y la inteligencia
(teología) del misterio. En torno a estos términos se desarrollan las
grandes preguntas que afectan a toda persona en el descubrimiento de su propio
destino. Por su competencia, la teología indaga el misterio y, en algunos
aspectos es experta en virtud de la revelación. Al cine, ésta le pide ayuda
para salvaguardar el misterio. Sin esta componente se destruye la existencia
personal y todo viene a encasillarse en el árido campo de la técnica. La
tarea de la humanidad, en cambio, será la de garantizar el mantenimiento del
misterio y su inviolabilidad. La teología, pues, puede ayudar al cine a
captar los rasgos del misterio entre los repliegues de la existencia, y, al
mismo tiempo, a mostrar la grandeza del misterio cuando éste se enfrenta a
Dios.
Por mucho que pueda valer, no en el orden de la técnica,
sino en el de la representación, el cine no se aleja de otras formas que
tratan de representar la existencia del hombre. Cine, teatro, literatura,...
están todos en el mismo escenario del mundo para plantear las preguntas
fundamentales de la existencia y para tratar de dar una respuesta. El cine,
por tanto, es un lenguaje mediante el cual el hombre se expresa a sí mismo,
tratando de representar del modo más coherente posible las cuestiones
epocales que animan su existencia. El cine participa con pleno derecho en la
representación de las preguntas que desde siempre han pertenecido a la vida
de la humanidad. Éstas se encuentran siempre inmutables en el corazón del
hombre. Las explicita también en la primera página de su última encíclica
Juan Pablo II: "¿Quién soy? ¿De dónde vengo y a dónde voy? ¿Por
qué la presencia del mal? ¿Qué habrá tras esta vida?... Son preguntas
que tienen su origen común en la búsqueda de sentido que desde siempre surge
en el corazón del hombre. En efecto, de la respuesta a tales preguntas
depende la orientación que se dé a la existencia" (Fides et Ratio,
1).
Mirando bien las cosas, no es justo relegar únicamente a
la literatura y al teatro el planteamiento de estas preguntas eternas. En la
dinámica de su lenguaje, el hombre ha producido otras formas igualmente útiles
y necesarias para expresarse a sí mismo, y entre estas, el cine no se puede
considerar ciertamente secundario. Aquí, en efecto, se permite representar la
vida, los sentimientos y las reacciones de las personas hasta en los mínimos
detalles, dejando traslucir la emoción, la duda, la certeza, o todo aquello
que la cámara logra captar con implacable realismo y el director logra
personificar. De este lenguaje, la teología recibe el "sentido del
hombre" y su vivir. Sin esta componente, la teología permanecería en la
oscuridad de la concretitud de la persona y su discurso sobre Dios, así como
sus respuestas a la pregunta por el sentido, correrían el riesgo de no ser
recibidas. Si su lenguaje no considera al hombre, la vida de la comunicación
se interrumpe y se vuelve estéril.
Cuánto más eficaz para el hombre sería la comunicación
que proviene del cine si éste hiciese suya la esencia del tema de fe; Cuánto
más se escucharía el contenido de la fe si se transmitiese con el lenguaje
de la imagen, al cual nuestros contemporáneos son tan sensibles. Para que
esto se realice en bien del hombre, es necesario que desaparezcan las
incomprensiones, las precomprensiones y las pretensiones que a menudo empujan
a los hombres a pensar que son omnipotentes. Al final, habrá que asumir
plenamente la metáfora que viene precisamente del mundo del teatro y del cine
y llegar a la conclusión de que si es verdad que todos somos actores, también
lo es que el actor es solamente un "huésped" (Thomas Mann) en el
escenario. Antes o después tiene que dejar el estudio y retornar a la vida
cotidiana. Entonces ya no será representación de la realidad que, por muy
cercana que sea, es siempre y en todo caso una representación escénica, sino
que la realidad verdadera le saldrá al encuentro pidiendo ser acogida y
desafiada.
La teología en este momento podrá ser compañera fiel de
viaje porque podrá impedir que el drama se transforme en tragedia. Ésta, en
efecto, no sólo está capacitada para dar un mensaje de esperanza, sino que
por su naturaleza tiene que ser capaz de comunicar esperanza en la fuerza del
amor que la sostiene. Ante los grandes desafíos que la vida plantea, la
teología tendrá que mostrar el verdadero rostro de la existencia redimida e
inserta en Cristo. Aquí se salvaguarda el misterio, la libertad del hombre y
su dignidad.
En el curso de los siglos, la Iglesia ha mantenido una
reacción discontinua con el mundo del espectáculo. Desde las violentas
expresiones de Tertuliano y Agustín, ha pasado a ser artífice de lenguaje
teatral y fílmico. El cine, con su fuerza expresiva y con la capacidad
narrativa propia que le compete, puede enriquecer la investigación teológica;
como ya se aludió, puede presentarle las instancias típicas de una época y
hacerle conocer el sensus hominis que encierra en sus secuencias. El
movimiento, no obstante, tiene que ser recíproco. También el cine tiene
necesidad de confrontarse con la teología para estar en condiciones de mediar
la originalidad del mensaje cristiano y el carácter paradójico de su
contenido, dando a las preguntas existenciales del hombre la respuesta
definitiva. El espectador, entonces, se dará cuenta de que ha tenido lugar
algo grande. Quedará impresionado del lenguaje de lo real, pero sostenido por
los contenidos que dan verdaderamente sentido a la vida. Probablemente deberá
comprender que ya no basta representar un papel en la vida según un guión
que otros le han preparado. Descubrirá, en efecto, que como fundamento de su
vida tendrá que estar el descubrimiento de una misión a la que quiere
adherirse haciéndose partícipe de plenamente de un plan de salvación que
está destinado a abrazar el mundo enero.
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[English]
"Why should theology be concerned with film and, likewise, why should
films be concerned with theology?" This was the question asked by
auxiliary Bishop Rino Fisichella of Rome, in his talk during the
"Art, life and film" conference. His approach led him to conclude
that film can mediate the content of faith in a particularly effective way.
The link between these two areas is that film presents and theology
seeks to understand mystery.
[Français]
" Pourquoi la théologie devrait-elle s’occuper du cinéma ?
En sens contraire, pourquoi celui-ci devrait-il porter attention à
celle-là ? " : telle est la question abordée par Mgr
Rino Fisichella, Évêque auxiliaire de Rome, au Congrès " Art,
vie et cinéma ". Le cinéma est un instrument privilégié pour
exprimer le contenu de la foi. Le mystère réunit le cinéma et la
théologie, par la représentation (cinéma) et l’intelligence (théologie).
MARCO MARULIĆ – A CATHOLIC HUMANIST
AND A MODEL FOR EUROPE IN THE THIRD MILLENNIUM
Rome, 26-29 November 1998
The Pontifical Council for Culture, the Marulianum
Centre in Split and the Pontifical Croatian College of Saint Jerome in Rome
were the joint organisers of an international conference on Marco
Marulić, the Croatian Poet and Catholic Humanist: a Model for Europe in
the Third Millennium. The conference was held from
26 to 29 November 1998 in the "Aula Magna" of the Pontifical
Gregorian University. It is one of several events the Pontifical Council for
Culture is promoting to foster a new Christian humanism on the eve of the
third Millennium.
Marco Marulić is as significant a figure now as he
ever was, as a layman, as a Christian humanist, as a
moralist and as someone who had a profound and authentic spiritual life. His
writings were known as far afield as Asia and Latin America, largely through
Jesuit missionaries, and they reveal the perennial depth and originality of
his thought. He can be seen today as a model for the sort of person whose
breadth of learning and vision could fashion a new Christian humanism, the
most engaging and timely challenge the Church offers the men and women of the
third Millennium.
The list of distinguished participants at the conference
included the president of the Pontifical Council for Culture, Cardinal Paul
Poupard, who presided on the first day, the Council’s secretary, Father
Bernard Ardura, the under-secretary, Father Fabio Duque Jaramillo, and some of
Croatia’s bishop s: Archbishop
Josip Bozanić of Zagreb, Archbishop Ante Jurić of Split and
Makarska, Bishop Ratko Perić of Mostar and Dudno, Bishop Želimir Puljić
of Dubrovnik and Archbishop Marijan Oblak, former
archbishop of Zara. Croatia’s ambassadors to the Holy See and to Italy were
also present at the inaugural session, as well as Father Franco Imoda, the
rector of the Pontifical Gregorian University, who greeted those taking part
in the conference. The Marulianum was represented by its director,
Professor Bratislav Lučin,
and Monsignor Jure Bogdan, as rector, represented the
Pontifical Croatian College.
Cardinal Paul Poupard emphasised in his opening address
that the importance of the conference lay in "encouraging a new cultural
creativity today, in which the inspira tion
of faith and human genius would not oppose, but rather even complement each
other”. He also stressed how opportune it is to focus on the figure of Marco
Marulić, who was one of those people who have “made a mark on European
culture, and managed to reconcile human wisdom and
classical culture with the Christian view of man and reality". The Holy
Father also sent a memorable telegram to those taking part in the conference:
"On the occasion of the international conference organised by the
Pontifical Council for Culture, the Marulianum Centre in Split and the
Pontifical Croatian College on Marco
Marulić, the Croatian Poet and Catholic Humanist: a
Model for Europe in the Third Millennium, the
Supreme Pontiff offers his sincere greetings to those taking part and wishes
to express his appreciation for a timely initiative which aims to foster a new
Christian humanism on the eve of the third Millennium. He hopes this important
gathering on the noble figure of an eclectic personality who was a witness to
deep and authentic spirituality will reinforce people’s commitment to a
renewed evangelisation of culture in contemporary society, invokes heavenly
graces for the success of the symposium and bestows his Apostolic Blessing, as
requested, on your Eminence, the organisers, the speakers and all present.
Cardinal Angelo Sodano, Secretary of State".
The conference
was organised in three phases, corresponding to the three days it lasted, in
order to throw light from different angles on Marulić’s multi-faceted
and truly rich personality. The first phase was an examination of the
historical, religious and cultural
context in which Marulić lived and worked. On the morning of the first
day of the conference, there were contributions from Father Tomislav Mrkonjić
on “The historical and cultural context of the Mediterranean in the early
part of the sixteenth century”,
Father Slavko Kovačić on “The historical, civil and ecclesiastical
context of Split in Marulić’s time”, Professor Agostino Borromeo on
“The pre-Tridentine spiritual context” and Father Stjepan Krasić on
“The life and formation of Marulić”.
That after noon,
Professor Bratislav Lučin gave a talk on “Marulić’s Studium
Humanitatis” and a brief
address on “Marulić’s writings, the history of their publication and
the Editio Princeps of the Repertorium”,
which he gave instead of Professor Branimir Glavičić, who was unable
to be present. Professor Mirko Tomasović then spoke on “Marulić
and Croatian literature”.
The second day of the conference focused on Marulić as
a master of the spiritual life. The richness of his personality shines out
from his many writings, which also testify to the breadth of his cultural
vision. Professor Charles Béné dealt with this them in his talk on “Marulić
the layman, a master of the spiritual life”, and Bishop Ratko Perić of
Mostar developed the theme “Marulić’s influence on spiri tuality”.
The attention Marulić paid to Scripture and to the Fathers of the Church,
and his profound knowledge of them, was also taken into consideration. Father
Mladen Parlov spoke on “Scripture in the writings and spirituality of Marulić”,
and Father Luigi
Padovese addressed the theme of “The Fathers in Marulić”.
In the afternoon session, talks by Father Ivan Golub on
“Marulić’s anthropology” and by Father Ivan Fuček on “Marulić
and the Croatian moralists” went into his spiritual, anthropological and
moral outlook. The way he has been received in the Catholic world, in
particular in the Jesuit order, was explored in Father Jesús Lopez-Gay’s
talk entitled “The reception of Marulić in the Society of Jesus”.
“Mary in Marulić” was the title of the day’s last talk,
given by Father Gabriel Jurišić.
The third day concentrated, finally, on Marulić’s
links with the literary and linguistic world of the time and on his special
brand of Christian humanism. In this context, Professor Darko Novaković
spoke on “The Davidiade
of Marulić and proto-medięval Latin epics”, followed by Professor
Janka Jerkov on “Sacred and profane love in Marulić’s Croatian
poems”, and, finally, by Professor Josip Bratulić on “Marulić
and Croatia’s Glagolitic tradition”. Archbishop Josip Bozanić of
Zagreb gave the concluding address on “The importance and contemporary
relevance of Marulić”.
The conference speakers came in large part from Croatia,
but there were also lecturers from the Pontifical Gregorian University and
from the La Sapienza university in Rome. They were all very competent
and highly qualified experts on Marulić,
and each was able to contribute, from his or her own area of specialisation, a
piece of the mosaic which is made up of the character and writings of Marulić.
He was a complex, multi-faceted character, well worth rediscovering and
putting forward as a model Christian humanist for the new Christian
Millennium. His importance and relevance was emphasised by Archbishop Bozanić
in his concluding address: “As we come to the end of
these days studying Marco Marulić, I am genuinely convinced that, for
many reasons, it was well worth organising this international conference.
Marulić is truly a historic person, in the sense that his importance is
not limited to a brief period, but he has
a message for us, too, on the threshold of the third Millennium. In the first
place, Marco Marulić puts forward a Christian humanism…. He bears
witness to a common European heritage, and also… to a rich variety of
linguistic, regional and national traditions. This is
particularly important in the age of so-called globalisation, when there is a
risk of making man and his culture one-sided".
An extra dimension was added to the the conference by the
visit to the "Vittorio Emanuele" Central National Library, where
Doctor Martinoli allowed the conference speakers to see and examine the only
manuscript copy of the Repertorium
and other printed texts by Marulić. What rounded off the conference was a
display in the atrium of the Gregorian university of enlarged pictures
relating to Marulić’s writings: this was provided by the Marulianum
in Split.
Other participants at the conference included students from
the Gregorian and from the "La Sapienza" university, in particular
from the department of Slavic Studies, as well as a number of Rome’s
Croatian population. Everyone was impressed by the scholarly quality of the
conference, in which new and original contributions on Maru lić
were forthcoming. The first, very positive, result was to have brought
attention to Marulić beyond the frontiers of Croatia and a circle of
enthusiastic connoisseurs of his work, and thus to put him forward as an
outstanding representative of European culture both past
and present.
On Sunday 29 November those who took part in the conference
were invited by Monsignor Jure Bogdan, the rector of the Pontifical Croatian
College of Saint Jerome, to a mass at which Cardinal Paul Poupard presided,
with a homil y delivered by
Archbishop Bozanić. A choir from Split led the singing at the mass.
A second stage of the conference is to be held in Split in
April 1999. The Marulianum Centre in Split will publish the proceedings of
both the Rome and Split sessions together in a single book later in the year.
Rev. Pasquale Iacobone
Pontifical Council for Culture
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[Français]
L’Abbé Iacobone du Conseil pontifical de la
Culture présente le Congrès international " Marco Marulić, Poète
Croate et Humaniste Catholique : une proposition pour le troisième millénaire ",
organisé sous l’égide de ce Dicastère, en collaboration avec le Centre Marulianum
de Split et le Collège Pontifical Croate de Saint-Jérôme de Rome, les 26-29
novembre dernier, à l’Université pontificale Grégorienne. Marco Marulić,
laïc, humaniste, moraliste et témoin d’une spiritualité authentique et
profonde, est un modèle d’homme accompli, artisan de cet humanisme chrétien
plénier qui est la proposition la plus actuelle et urgente que l’Église
puisse faire à l’homme du troisième millénaire.
[Español]
El Padre Pasquale Iacobone del Pontificio Consejo de la Cultura,
presentó el Convenio Internacional sobre Marco Marulić, Poeta Croata
y Humanista Católico: una propuesta para la Europa del tercer milenio,
organizado por este Dicasterio en colaboración con el Centro Marulianum
de Split y el Pontificio Colegio Croata San Jerónimo con sede en Roma. El
Convenio se realizó del 26 al 29 de noviembre de 1998 en la "Aula
Magna" de la Pontificia Universidad Gregoriana. Marco Marulić,
laico, humanista, moralista y testigo de profunda y auténtica espiritualidad,
hoy está presente como modelo de hombre completo, artífice de aquel
Humanismo Cristiano que es una propuesta muy actual y de compromiso y que la
Iglesia ofrece al hombre del tercer milenio.
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