NOTITIAE
IL CENTRO
CULTURALE JOHN PAUL II DI WASHINGTON
Hanno
assistito in migliaia, il 22 marzo 2001, ad un evento che, sicuramente, darà
un notevole contributo al futuro cammino della Chiesa negli Stati Uniti
d’America: l’inaugurazione del John Paul II Cultural Center.
Dopo
il saluto inaugurale del Vescovo di Winona, Bernard Joseph Harrington, del
Comitato organizzatore, hanno parlato i cardinali Theodor McCarrick,
Arcivescovo di Washington e Adam Joseph Maida, Arcivescovo di Detroit, i quali
hanno ringraziato il Presidente Bush per la sua partecipazione all’evento e
per l’incontro svoltosi alla Casa Bianca.
Il
Cardinale Maida ha ricordato con passione l’attività apostolica di Giovanni
Paolo II, che questo centro culturale cattolico vuole custodire e trasmettere
alle generazioni di oggi e a quelle future. Infatti, il Santo Padre ha
insistentemente voluto che fosse costruito nella capitale degli Stati Uniti
questo museo, affiancato da un centro di ricerca.
Nel
suo intervento, applauditissimo, il Presidente Bush ha ripercorso gli anni di
Pontificato di Giovanni Paolo II e le sue visite nei vari continenti. Ha
rilevato, quanto questo Papa, apostolo instancabile della riconciliazione tra
i popoli e promotore della giustizia tra le nazioni, segni la storia del
nostro tempo, quindi merita amore e riconoscenza da parte di tutti gli uomini
per la sua opera quotidiana.
Il
cardinale Edmund Casimir Szoka, Delegato del Santo Padre, dopo aver salutato i
presenti, ha dato lettura del Messaggio Pontificio e ha consegnato al
cardinale Maida il dono del Papa: un calice dorato per la cappella del Centro.
È
stato il cardinale Bernard Francis Law, Arcivescovo di Boston, a concludere la
cerimonia con una preghiera per il Santo Padre, per tutta la nazione americana
e per la missione del nuovo Centro. Sono stati il cardinale Maida e il
Presidente Bush a tagliare il nastro rosso alla presenza di un ristretto
numero di invitati.
La
giornata è stata aperta con la solenne concelebrazione Eucaristica presieduta
dal cardinale Szoka, allietata dal coro dell’Università Cattolica
d’America. Nella sua omelia, il cardinale Maida ha ricordato che gli
obiettivi del Centro culturale e il Magistero di Giovanni Paolo II
s’identificano.
Al
di là della monumentale architettura, il John Paul II Cultural Center vuole
offrire, a cattolici e non, un’occasione per riflettere sul ruolo unico
della fede nella vita dell’individuo e della società. Si pensa che il
Centro potrà richiamare circa 700.000 visitatori l’anno.
Il
Centro desidera essere un luogo di fede, di cultura e di studio per il cammino
futuro della Chiesa americana, come ha ricordato il Santo Padre nel suo
Messaggio: “il nuovo Centro è stato progettato come mezzo per introdurre i
suoi visitatori alla vita culturale e come luogo di studio e di riflessione su
temi legati alla missione religiosa e umanitaria che la Chiesa è chiamata a
portare avanti all’alba del Terzo Millennio”.
Cfr.: Radiogiornale,
23-3-2001, p. 8, L’Osservatore Romano, 24-3-2001, p. 8.
EXPOSICIONES EN ESPAÑA
El
Papa escribió en Tertio Millennio Adveniente que “cada uno es
invitado a hacer cuanto esté en su mano para que no se desaproveche el gran
reto del Año 2000, al que está seguramente unida una particular gracia del
Señor para la Iglesia y para la humanidad entera”. Entre las muchas
iniciativas nacidas de la invitación pontificia, merecen sin duda un capítulo
especial las exposiciones que diversas diócesis españolas han organizado a
lo largo del año 2000. Se trata de una verdadera “sobreexposición” de
arte sacro, que está permitiendo contemplar los tesoros de arte y de fe,
habitualmente ocultos a las miradas indiscretas, celosamente custodiados por
monasterios de clausura o humildes parroquias rurales.
Las
edades del hombre, ha
llegado a su VIII edición, con sede en Astorga. Se trata del último capítulo
de la serie iniciada en 1987 con la primera exposición en Valladolid, que, a
lo largo de estos años ha ido ofreciendo diversos itinerarios culturales
organizados temáticamente, tomando como sede una de las diócesis
castellano-leonesas. El modelo de Las
Edades del Hombre ha sido, sin duda, fuente de inspiración para las
restantes exposiciones que se han ido sucediendo y el modelo que, más o menos
conscientemente, han copiado las demás diócesis.
El
año 2000 se han inaugurado nada menos que cuatro interesantísimas muestras.
La
diócesis de Santander ha preparado
la exposición “2000 Anno Domini”,
instalada en la evocadora ciudad de Santillana de Mar, y que presenta, a
grandes rasgos, el devenir del acontecimiento cristiano en la provincia cántabra
a través de los siglos, los esfuerzos de evangelización realizados por los
misioneros y misioneras santanderinos, la aportación de las gentes de esta
tierra al arte sacro (baste citar a Rodrigo Gil de Hontañón y a Juan de
Herrera), y la integración del Evangelio en la vida del pueblo montañés, en
sus fiestas, sus costumbres y su gastronomía. La muestra permanecerá abierta
hasta el 31 de diciembre. Más de 60.000 personas la han visitado.
Aun
en tierras del norte, llama la atención por su originalidad la muestra
organizada por la arquidiócesis compostelana junto con el Ayuntamiento de la
ciudad y diversas instituciones públicas y privadas. Lleva por título “Los
rostros de Dios”. La ciudad de Santiago
de Compostela, Capital Europea de la Cultura durante el año 2000, –un título
que comparte con otras ocho ciudades europeas– quiso reflejar con ello el
peculiar carácter de la Ciudad, meta de peregrinaciones procedentes del mundo
entero. Mons. Barrio, arzobispo de Santiago, expresó el deseo de que la
muestra “se entienda como una contribución elevada al diálogo
interreligioso propugnado por el Concilio Vaticano II”. La muestra recoge
represantaciones de la divinidad procedentes de los más variados ámbitos
culturales: objetos religiosos procedentes de culturas ya extintas, y de las
grandes tradiciones religiosas contemporáneas. Los espacios dedicados a las
religiones del pasado se dividen entre espacios sagrados, símbolos sagrados,
dioses con rostro humano (diosas, dioses supremos, dioses cercanos). Por su
parte, las religiones del presente presentan una fundamental división
tripartita en torno a las religiones abramíticas, (judaísmo, cristianismo,
islam), sin olvidar las grandes religiones de Asia y las religiones
tradicionales de Africa y Oceanía. La muestra permite conocer los intentos
del hombre a lo largo de los siglos por conocer el rostro de Dios, de cuyo
deseo se hace eco el salmo “busco tu rostro, Señor, no me escondas tu
rostro” (Sal 27,8). La alternancia histórica entre la acentuación de la
inmanencia o de la trascendencia de la divinidad, halla su plasmación gráfica
en la s representaciones visibles de la divinidad y los cultos anicónicos
respectivamente. Por encima de los pobres esbozos humanos, descuella,
Jesucristo, imagen de Dios invisible, en quien están contenidos todos los
tesoros de sabiduría y de ciencia.
Ciudad
Rodrigo,
que celebró el año 2000 el cincuentenario del restablecimiento de la sede
episcopal, ha querido también organizar una muestra titulada “Jesucristo,
imágenes del misterio” para conmemorar este acontecimiento y, sobre
todo, el bimilenario del nacimiento de Cristo. En palabras de Mons. Julián López
Martín, obispo civitatense, con esta iniciativa “la diócesis pretende
anunciar a Jesucristo sirviéndose de un patrimonio artístico y cultural que
es, para ella, expresión genuina de la fe católica y resultado de la
convicción de que la iconografía cristiana puede seguir desempeñando
actualmente su función mediadora y comunicativa del misterio”. A diferencia
de la exposición santanderina, que buscó una ordenación temática, la diócesis
salmantina ha preferido una disposición cronológica. La exposición se
articula así en tres etapas: La preparación de la llegada de Cristo, con un
capítulo muy especial dedicado a “la mujer nueva”. El cumplimiento,
distribuido en torno a dos polos: el nacimiento y la Pascua. La realización
plena, el tiempo de la Iglesia, dedicado a la Eucaristía.
En
tierras andaluzas, dos diócesis han querido sumarse a esta iniciativa. Jaen, ha escogido como título de la exposición precisamente la
reliquia custodiada en su bellísima catedral: “En tierras del Santo Rostro”, trazando así un vínculo ideal con
la muestra compostelana. La diócesis invita a conocer a Jesucristo a través
de los aspectos más significativos de su vida, con muestras procedentes de
todos los lugares de la provincia. El icono del Santo Rostro es la primera
imagen que encuentra el visitante. El recorrido se inicia con la pregunta
formulada por Jesús a sus discípulos “¿Quién dice la gente que soy
Yo?”, introducción a un diálogo personal entre el hombre y Dios. A partir
de la pregunta, al espectador se le ofrece su imagen tal y como la han visto
los hombres a lo largo del tiempo. La exposición se divide en diez salas,
destacando en cada una de ellas un momento de la vida de Cristo: “Tanto amó
Dios al mundo”, primera sala, sintetiza la Historia de Salvación, la
iniciativa de Dios por acercarse al hombre. “La palabra se hizo carne”,
está dedicada a la encarnación. “Pasó haciendo el bien”, “Se despojó
de su rango”, se centran en la vida pública de Cristo y el misterio de su
muerte salvadora. “Conmigo lo hicisteis”, sala novena, reúne obras pictóricas
contemporáneas. La sala “Quien me ve a mi, ve al Padre” clausura el
recorrido, cuyo intento no es sino el de dar a conocer a Jesucristo a través
del arte: conociéndole a Él se llega al Padre.
La
arquidiócesis de Granada, también
celebra un doble Jubileo: el del nacimiento de Cristo y el V centenario del
nacimiento de Carlos I de España, más conocido como Carlos V. Con tal motivo
ha dedicado su exposición a Jesucristo
y el emperador cristiano, que manifiesta la presencia de la figura de
Cristo a través de la historia y del arte granadinos y al mismo tiempo la
vinculación del Emperador Carlos con la ciudad de Granada, a través de los
recuerdos de su estancia en ella y, sobre todo, del monumental conjunto
catedralicio. La catedral de Granada, como justamente señalan los
expositores, no es un simple edificio de culto más. El tempo más emblemático
del renacimiento español es, al igual que El Escorial, expresión arquitectónica
e iconográfica de un programa universalista vinculado a los sueños del
Emperador. Los amantes del arte renacentista, pudieron darse un verdadero
banquete de arquitectura e imaginería religiosa del XVI, contemplando las
soberbias piezas de Juan de Mena, Alonso de Mena, Pablo de Rojas o Alonso
Cano.
A CONFERENCE ON NEW
AGE AND CHRISTIAN SPIRITUALITY
The
Chesterton Institute, at Seton Hall University in New Jersey (U.S.A.),
sponsored a conference at the University of Saint Thomas in Houston, entitled The
Light Within. The New Age and Christian Spirituality. Issue 1 & 2 of
Volume XXVI of The Chesterton Review (February/May 2000) includes several of the
talks given. Some contributors had been exposed to New Age techniques, and so were able to speak out of personal
experience. The whole approach of the conference was to offer “a sympathetic
examination of what the movement has to offer followed by a critique that
invites its adherents to move beyond its limitations into the fullness of
Christianity”, as organiser Father
Daniel Callam c.s.b. says in
his introduction. “The challenge to the Church”, he wrote, “is fully to
present its rich spirituality to enquirers who will be repelled if they
encounter what seems to be a lifeless husk of conventional religiosity”. As John
Coates wryly points out in
his article “Chesterton and the Age of Aquarius”, given the eclecticism which is the hallmark of New
Age, “a way to become wealthy quickly and legally would be to write a
book which combined ancient civilisations, the Knights Templar, Glastonbury,
Druids, Atlantis, the Ark of the Covenant, and the Holy Grail” (p. 30). He
quotes a dictionary definition of New
Age, which includes the following: “the end result will be the emergence
of a new mind: consciousness will be all in all. New Age ‘teachings’ are
characterised by an emphasis on monism, relativism, individual autonomy and
the rejection of the Judaeo-Christian emphasis on sin as the ultimate cause of
evil in the world. Instead New Age posits lack of knowledge and awareness as
the root of humanity’s problems” (p. 31). He goes on to apply
Chesterton’s writings, particularly The
Blatchford Controversies and The
Ballad of the White Horse, to “the ideological core of the New Age”,
which he thinks would have been GKC’s natural target. The talk by Harold
O.J. Brown is an imaginative
journey from Helen of Troy via Saint Helena to Helena Blavatsky, in other
words, from classical culture to Constantine’s mother, who symbolises the
submission of the classical systems to Christ, and on to the foundress of
Theosophy. “Helena Blavatsky sought to stand at the end of Christianity, of
the Judaeo-Christian world view, and even of the rationalistic-scientific
world that has arisen within its boundaries. She stood at the beginning of the
New Age” (p. 55). His question: “Which Helena will we embrace?” He
acknowledges the fascination of New Age, but reacts to it as Irenaeus did to
Gnosticism. “The New Age, like Gnosticism, is fascinating and in its
multiplicity makes the Gospel seem simple and almost arbitrary. But, unlike
the Asian religions from which it borrows, the New Age overall makes few
demands of its adepts, downplays asceticism, imposes little in the way of
strict morality”. Brown reckons New
Age really does bear out Chesterton’s celebrated maxim: “That a man
does not believe in God… means that he will believe in anything”. Philip
jenkins offers a brief, but
extremely informative, digest of the first century of New Age, showing the links between so many movements and
associations which people often perceive as totally unconnected to each other.
He sees it as “a major and deeply rooted component of the North American
religious tradition” (p. 59). Here are the movements and associations he
mentions: Renaissance Hermetic and Neoplatonist thinkers, Mesmerism,
Swedenborgianism, Spiritualism (in the forms of Christian Science and New
Thought), Theosophy, The World Parliament of Religions (Chicago, 1893),
Vedanta societies, Alfred Pike’s esoteric and gnostic interpretation of
Freemasonry, the Masonic Society of the Golden Dawn (London), Katherine
Tingley’s Theosophical University and Raja Yoga College (Point Loma in
southern California), Alice Bailey’s Arcane School in New York, the Order of
Christian Mystics by the eclectic Homer Curtiss, the “New Age Bible”
published in the 1880s by John Ballou Newbrough, the Aquarian Ministry founded
in 1918 at Santa Barbara and so on. He indicates clearly the fund of ancient
lore, esoteric traditions and even Christian elements that were mixed up with
Asian religious doctrines and practices in an ensemble that was complete by
the 1930s. “Whether or not they are conscious of these roots, contemporary
New Age practitioners are tapping into an old and genuinely impressive
cultural heritage” (p. 72). Linda Woodhead
divides religion into three strands: religions of life (including New
Age), religions of humanity (like liberal Christianity) and religions of
difference (including “evangelicalism and the Catholicism of the present
magisterium” – p. 76). She tries to explore the apparent convergence
between these three forms of religion, particularly the “turn to life”,
the most amazing example of which she thinks is the teaching of Pope John Paul
II, particularly in his insistence on the themes of life, humanity and the
defence of democracy and human rights. At no time does she suggest, however,
that there is any kind of fusion between these three religious categories. A
fascinating study to which she makes reference is Patricia Wittberg’s
“Deep Structure in Community Cultures: The Revival of Religious Orders in
Roman Catholicism”, which was published in Sociology
of Religion volume 58 (1997). Wittberg finds quite a profound streak of
individualism, egalitarianism and creativity in places where they would have
been hard to find some time ago. Generally, Woodhead succeeds in her attempt
to show that there really is, in her terms, a “turn to life” in the
Catholic Church. She gives a very honest description of her (Christian) view
of New Age, and concludes that
“Christians are currently faced by an almost overwhelming task, a daunting
but also a unique opportunity. The task is that of re-imagining God and
God’s Church in ways that remain fully open and attentive to Scripture and
tradition but which also take seriously those factors which have led so many
to turn to life. The outcome cannot yet be fully envisaged” (p. 92). Joyce
Little provides a lively
reaction to the monism of Matthew Fox and creation spirituality, versus the
trinitarian theology exemplified, above all, in the responses from Cardinal
Ratzinger and the writings of Cardinal Danneels and Pope John Paul II. Stratford Caldecott
situates his talk on “The Transcendental Disunity of Religions” at
a moment of cultural decline, which, he says, challenges us to be discerning.
There have always been “attempts to assimilate Christianity to one or other
model of world religions” (p. 117). At the moment, there is the United
Religions, which could possibly include among its aims “a bland
common-factor wisdom”, and not really the “uniqueness of each religion”
mentioned in the UR Draft Charter. This is portrayed as a rather crude effort
in assimilation, compared with the ideas of Charles Upton, who claims his is
not an attempt to create a “world fusion spirituality” or a common
doctrine, but “true ecumenism” which is “the outer expression of the
‘esoteric ecumenism’ of the Transcendent Unity of Religions”. The latter
term is consciously borrowed from the works of the late Frithjof Schuon. He is
not encouraging syncretism or papering over the cracks, but unity in a war
where the enemy is an alliance between “scientism, magical materialism,
idolatry of the psyche and postmodern nihilism” (p. 122). Upton’s point of
departure is the metaphysics of the Traditionalists, who include Schuon, René
Guénon, Ananda Coomaraswamy and Seyyed Hossein Nasr. This group influenced
Eric Gill, Thomas Merton and T.S. Eliot, and contemporary writers such as Alan
Watts and Ken Wilber. Their realism, in the strict philosophical sense, may
well be a point of dialogue with Catholic tradition. The point of difference
is the seriousness with which Christianity has always taken the physical
Incarnation, the scandalous paradox that makes Jesus more than any prophet,
more than any avatar. We are not divine by nature, but are introduced into
divinity by grace. For Christians, relationship with the divine is not one of
absorption, as is the case in New Age
and Asian religions; it is one of love, which always essentially involves
distinction. Traditionalists effectively deny this unique characteristic of
Christianity, while claiming to respect religions in all their diversity.
Caldecott compares the present state of Christianity to that of believers at
the end of the Roman Empire; now, as then, it is the mystery religions which
attract, and all around is “a Gnosticism that promises secret initiations
without humility” (p. 129). Christianity cannot be assimilated because
Christ cannot be assimilated; in Him “God has done something new and
different. Yet at the same time, aesthetics, mythology, psychology, and
metaphysics are not left behind. I believe it is a task of the new millennium
to reintegrate these with Christianity” (p. 132). Philip
Zaleski writes about Sophie;
brought up as a Catholic, she has more recently “carved a spectacular zigzag
through the spiritual marketplace, sampling meditation, chanting,
crystal-gazing, yoga and just about all of the world’s great religions”
(p.135f.). One good thing about the New Age “pudding” of ideas and practices is that it keeps the
youngsters who fall under its influence vaguely within the orbit of
spirituality and religion. One needs to recognise several things in New
Age in order not to over-react: it is not monolithic; it is not a den of
demons; nor is it a den of fools. Three main currents need to be taken very
seriously, even if they reject being included in the broad term New
Age. They are René Guénon’s tariqa
or school of intellectual Sufism, Rudolf Steiner’s anthroposophy and “the
Work”, devised by Georges Ivanovitch Gurdjieff. Zaleski concentrates on
Gurdjieff, for the Work is very appealing. It is “physically,
intellectually, and emotionally demanding, and dilettantes are strongly
discouraged” (p. 140). It is a systematic awakening of people who are in a
persistent catatonic state; it borrows metaphors from chemistry, biology and
mechanics. Its main legacy in the Catholic world is the enneagram,
an “occult symbol” introduced by Gurdjieff “as a post-modern tool for
personality classification, a trendier,
para-Catholic version of a horoscope” (p. 141). The Gurdjieff Work
is a very serious and demanding formation technique. It demands a totally
silent openness to the unfolding of the present moment (curiously like what
Romano Guardini describes as the beginning of true liturgy). It takes
holiness, hierarchy and hieratic art seriously, and Zaleski thinks
contemporary Catholicism could learn a great deal from this. Indeed, the
Church could learn from this seriousness to speak to the Gurdjieff Work
and the New Age in a language they
could understand and respect. Carmelite David
Denny had first-hand
experience of Buddhism when he was an undergraduate. He tells his own story in
a moving way. He goes on: “Thich Nhat Hanh, the great contemporary Buddhist
teacher, tells his students that, in order to grow spiritually, they must
‘go home’. He means this in three ways” (p. 151), which are to return
within themselves, to go to their families if there is a need for
reconciliation, and, if they have left another spiritual tradition, to return
there “and learn that although the church or synagogue is full of sinners
who may have harmed and driven believers away, the tradition is also full of
wisdom and holy men and women” (loc.
cit.). But Denny wonders what returning Catholics will find when they seek
wisdom and holiness in an average parish. He keeps this image in mind,
in order to explore what New Age
people might want from the Church. In this light he examines four
characteristic teachings of New Age:
the unity of all life, the higher self, the power of the mind and health, and
“spiritual technologies”. He suggests a Christian response in each case:
earthy mysticism and “a strong Christian love for and commitment to the
physical environment”, a vigorous re-presentation of Christian theology’s
doctrine of the eternal significance of every person, a refusal to surrender
too easily and weakly in the face of suffering, and expertise on traditional
Christian forms of prayer and meditation. “Movements such as the New Age
spring up because the mainline tradition has forgotten part of its heritage.
In our case, we did not merely forget a
part of our heritage; we forgot its heart, the mystical fire at the centre
of the Church” (p. 157). Denny suggests that dialogue with sincere
God-seekers reveals forgotten truths.
Source:
The Chesterton Review, Vol. XXVI, No. 1 & 2, February/May 2000.
The G.K. Chesterton Institute, Seton Hall University, South Orange, New Jersey
U.S.A.
ITALIA:
RUOLO IMPORTANTE DEI CENTRI CULTURALI CATTOLICI
“I
Centri Culturali sono chiamati a prendere coscienza dei nodi da sciogliere, ad
essere fulcro pensante di aggregazione e a fungere da lievito nelle nostre
società, contribuendo a gettare le basi per una convivenza solidale” – ha
detto il cardinale Carlo Maria Martini, intervenendo al convegno dei Centri
Culturali dell’arcidiocesi di Milano, il 20 maggio, coinciso con
l’inaugurazione ufficiale del rinnovato Centro Angelicum.
“Non
è indulgendo alla tentazione di un cristianesimo facile – ha concluso il
Cardinale – ridotto a qualche forma di religione civile, che i Centri
Culturali espleteranno la loro missione, ma testimoniando l’identità
cristiana nella sua esigente integralità e comunicandola con argomentazioni
persuasive”.
Il
presidente dell’Angelicum, Maria
Pia Garavaglia, ha parlato di una pressante richiesta di confronto a cui il
Centro intende “offrire occasioni di libertà intellettuale, in una sede
dove storicamente il pluralismo ha posto le sue radici”. “Un orto – ha
affermato il regista Ermanno Olmi – in cui deve tornare a soffiare la brezza
del pensiero e al quale vogliamo partecipare come artefici, apprezzando i «sapori»
e le differenti qualità di frutti che il campo della cultura sa creare,
quando questa non è «surgelata»”.
Cfr.: SIR,
25-5-2001, p. 6.
COLLOQUE ET
SALON DU LIVRE SUR LES IDENTITÉS AUTOCHTONES
Un
colloque international, intitulé
« Identités autochtones : Paroles, écrits et nouvelles
technologies », et un Salon du livre « Identités
et cultures autochtones » se sont tenus à l’UNESCO du 15 au 18 mai
2001. Organisés par l’UNESCO conjointement avec le CNRS, ces deux événements
s’inscrivent dans le cadre de la Décennie internationale des populations
autochtones du monde (1995-2004) et de l’Année des Nations Unies pour le
dialogue entre les civilisations (2001).
Le
colloque, qui a réuni des universitaires, experts, auteurs et éditeurs,
autochtones et non autochtones, a porté sur la sauvegarde, la transmission et
les mutations des cultures autochtones. Il a conduit à la présentation de
recommandations permettant d’esquisser des lignes d’action pour le développement
culturel de ces communautés et a abordé aussi les perspectives qui leur sont
offertes par les nouvelles technologies.
Les
deux premières journées ont porté sur le dit et l’écrit. Des séances
ont été consacrées aux supports de la mémoire autochtones, avec notamment
des anthropologues aborigènes et sami, à la protection de la culture et de
la mémoire autochtones, avec des écrivains maya, tchouktche et aymara, un spécialiste
de littérature touareg et un architecte maori, à la transmission des
cultures autochtones, avec un écrivain kuna, une historienne apache
jicarilla, un artiste inuit, ainsi qu’aux cultures autochtones face à la
mondialisation, séance incluant une table ronde sur la coopération pour la
protection de l’identité culturelle, l’action des réseaux autochtones et
non autochtones.
La
deuxième partie, 17 et 18 mai, a été consacrée au thème « Nouvelles
technologies, anthro-pologie et savoirs autochtones ». Elle a examiné
notamment l’impact de ces nouvelles technologies - multimédia, internet - sur
la recherche et l’enseignement en anthropologie, la muséologie et les
nouveaux protocoles relatifs à la réappropriation de la culture matérielle
et intellectuelle par les populations autochtones. Une table ronde sur le thème
« Transmission des savoirs traditionnels et questions éthiques »
s’est inscrite dans ce cadre. Des auteurs de CD-Rom, de sites internet de
musée ou autochtones figuraient parmi les intervenants.
Le
Salon du livre a mis en évidence l’évolution de la représentation de ces
cultures et la force des nouvelles voix autochtones s’exprimant à travers
la recherche, l’essai, le roman ou la poésie. Les œuvres présentées ont
couvert un large éventail de publications, du livre d’art au roman.
Cf :
Centre Catholique International pour l’UNESCO, 9, rue Cler, F-75007 PARIS.
REACCIONES AL JUBILEO DE
LOS CIENTÍFICOS
La
revista Vita Pastorale, editada en
Italia por la Sociedad San Pablo, publicó, en el segundo número del año en
curso, un extenso reportaje sobre el Jubileo a modo de balance, que incluía
también diversas visiones Jubileo desde fuera de la Iglesia. Así, junto a la
voz de un protestante, de un ortodoxo, y de un judío, Piergiorgio Odifreddi,
un no creyente, ha escrito su personal visión del Jubileo, con el título “La
curiosità insoddisfatta dello scienziato”. Odifreddi
se declara a sí mismo laico, –en el sentido con se usa esta palabra en
Italia, es decir opuesto a cristiano–, interesado en la relación entre la
ciencia y la fe, a la que ha dedicado un libro (Il
Vangelo secondo la scienza,
1999). El artículo, bastante crítico, rozando en algunos puntos la falta de
respeto, señala dos momentos del Año Santo que, en su opinión, sintetizan
todo lo que éste ha representado: el Jubileo de los científicos (25 mayo) y
el de los jóvenes (20 agosto).
Del
Jubileo de los científicos señala, en primer lugar, la falta de noticias y
repercusión en los medios. En su opinión el desinterés de los medios por un
acontecimiento como el Jubileo del Mundo de la Ciencia, se debe a la difusa
impresión –no dice de quién– de que hoy día en Italia no puede existir
una relación intelectual creíble entre la ciencia y el catolicismo. Y tal
relación no podrá existir mientras tenga que basarse sobre “la
decepcionante cerrazón de la Fides et
Ratio y continúe a depender de penosos portavoces de dudoso crédito como
Antonino Zichichi”. Para Odifreddi, el verdadero obstáculo para establecer
una relación intelectual creíble entre la Iglesia católica y la ciencia, no
deriva de factores coyunturales, como la presunta cerrazón mental de Juan
Pablo II, sino de la naturaleza misma del catolicismo. “Una fe basada en
revelaciones y dogmas, –escribe– de cualquier naturaleza que sean, mal se
presta, en efecto, al connubio con una ciencia fundada sobre la observación y
el razonamiento”. De aquí, mediante una pirueta lógica cercana al sofisma
que mezcla dudosas estadísticas con presuntos criterios metafísicos, el
autor concluye que son más adecuadas para establecer una relación con la
ciencia las religiones que educan, no a la aceptación acrítica de un
Magisterio, sino a la lectura crítica de un texto, lo cual explica que la
mayoría de los científicos creyentes sean protestantes o judíos.
Es
difícil saber de dónde ha obtenido los datos estadísticos acerca de la
confesión de los científicos creyentes. Lo mismo que es difícil saber de dónde
proceden las afirmaciones gratuitas que aparecen en el resto del artículo a
propósito, por ejemplo, del coste del aparcamiento del Janículo, o de los
preservativos que según él, habrían quedado sembrados en la explanada del
encuentro del Papa con los jóvenes al día siguiente.
Este
tipo de afirmaciones sin datos contrastados, le han merecido la dura réplica
de algunos lectores en el número siguiente de la revista (Vita
pastorale 3/2001). En particular, el P. Einaudi, quien siguió las obras
de construcción del aparcamiento, desmiente categóricamente a Odifreddi: no
se han gastado 3.000 millardos de liras (aproximadamente 1.500 millones de
€), sino sólo 100 millardos (50 millones €, aprox.), una cifra 30 veces
inferior. Y comenta sarcástico: “Si todo lo que Odifreddi escribe se basa
sobre una investigación científica precisa y documentada como lo que dice a
propósito del aparcamiento, su artículo no vale ni el papel en que está
escrito. Afirmaciones semejantes hechas por uno que se declara científico le
hacen venir escalofríos a uno”. Con razón, porque Odifreddi no estuvo ni
en el Jubileo de los Científicos, ni menos en el de los jóvenes. Pero
nosotros sí, y pudimos ser testigos de la excepcionalidad tanto de uno como
de otro. Y respecto a los “desechos” dejados por los jóvenes en Tor
Vergata, que, según Odifreddi, serían la expresión visible de su rechazo a
la caduca moral sexual propuesta por Juan Pablo II, además de lo que vimos
personalmente cuantos pasamos allí la noche inolvidable del 20 de agosto,
tenemos el singular testimonio de los empleados del servicio municipal de
recogida de basuras, encargados de la limpieza del área. Uno de ellos afirmó,
en el Noticiero de mayor audiencia de la televisión italiana, que, a pesar de
las toneladas de basura recogidas (principalmente botellas de plástico), y de
los millones de liras encontrados en monedas caídas por el suelo,
sorprendentemente no habían encontrado ni preservativos ni jeringuillas.
El
artículo de Odifreddi se resiente en esto de los viejos tópicos
anticlericales del cientifismo del siglo pasado, según los cuales es
incompatible el ser católico con el ser científico. Una prueba palmaria de
esta incompatibilidad sería la ausencia, entre los científicos más
destacados, de católicos, y más en general, de creyentes. Este hecho, en último
término, habría que reconducirlo al caso Galileo, responsable de haber
alejado la actividad científica de los países católicos, donde era
considerada peligrosa e incluso reprimida, a las zonas protestantes, donde el
libre pensamiento habría permitido una rápida floración científica. Esta
burda generalización simplista goza de tal arraigo que quien intente
desafiarla aportando datos fehacientes, será inmediatamente tachado de
manipulador de la historia. Odifreddi, al oponer una religión basada en la
revelación y el dogma a la ciencia, basada en la observación y el
razonamiento, en realidad excluye a
priori que pueda haber una revelación racional y que el dogma pueda ser
razonable. Olvida también que la ciencia misma necesita sus dogmas para
progresar, es decir, preconcepciones que nadie demuestra, sino que se aceptan
sencillamente. Nadie comienza a investigar desde cero, ni puede verificar
experimentalmente todo lo que los demás miembros de la comunidad científica
dicen haber demostrado. La personalidad del investigador, el lugar donde se
han realizado las investigaciones y el medio en que se han hecho públicas,
son criterios suficientes para aceptar por buenos ciertos resultados y nos
dispensan de repetir un experimento. La ciencia, como en general, todo
conocimiento humano, necesita también de una fe natural para progresar. Una
ciencia basada pura y exclusivamente en la observación empírica, opuesta a
una revelación acogida críticamente, es simplemente, un mito falso.
El
mérito del artículo de Odifreddi consiste en haber llamado la atención
sobre el Jubileo de los científicos, justamente considerado por Odifreddi uno
de los hitos del Año Santo. En un año marcado por concentraciones masivas de
peregrinos, las modestas proporciones del Jubileo de los científicos hicieron
que pasara desapercibido a los ojos de la prensa. Los fenómenos históricos,
sin embargo, se miden con una escala diferente, hecha de años o de decenios.
En este sentido, el Jubileo de los científicos, ha constituido un hito en las
relaciones entre la Iglesia y la ciencia, punto de llegada y de partida, cuyos
resultados podrán apreciarse y valorarse sólo con el tiempo.
THE CATHOLIC CHURCH ON THE
WORLDWIDE WEB
Cine
& Media is published by
OCIC, the Catholic Organisation for Cinema and Audiovisual (l’Organisation
Catholique Internationale du Cinéma et de l’Audiovisuel), based in Brussels
with an office in the San Calisto complex in Rome. Issue 4 of the year 2000
mentions a meeting held early in July 2000 at Kaunas, in Lithuania, where
Catholic webmasters from many Eastern European countries met colleagues from
the United States of America, Canada and Belgium. They concluded that
“internet gave new opportunities to build Christian communities, to reach
those outside the Church and, for those countries whose language is not one of
those used most commonly, to link expatriates with their home and culture”.
They also stressed that text still dominates the medium far too much. Other
Catholic webmasters may wish to join, and can do so via electronic mail at
kaunas@hcbc.hu.
The
main article in this issue describes the overwhelming phenomenon of the
expansion of Internet pages and sites (there were already 5 million sites by
February 2000). This has made it difficult, but essential, to find and develop
efficient ways of ploughing through such a morass of data and information. The
principal users are universities, commercial companies, astute individuals,
cultural and religious organisations and, more recently, government and local
administrative bodies. All sorts of things are possible with this amazing new
medium. But there are those who feel left
out, like the older generations, who will never be “at home” with
computers in the way their children and grandchildren already are. But this is
a minor inconvenience compared with the exclusion experienced by people
who live in rural areas in less developed nations; “this disparity is
certainly linked to economic conditions, but also to infrastructures and to
political and social instability”. There are also Internet zones that will
fade rapidly, so it is far from a situation of equal access.
For
those not used to using the Internet, the writer of the article describes his
own search for Catholic films. The problem of language surfaces immediately,
inasmuch as he is surprised that “cinema” appears less often than
“films”; this is, no doubt, because “cinema” is used in English to
denote buildings, rather than the art or the industry. However, apart from
that, it is a useful example of how effective the best “search engines”
are. The end of the article concentrates on the presence of Catholic
organisations, and a very small sample list of these is offered, chiefly from
countries represented at the Kaunas meeting.
Source:
Cine & Media 4/2000, OCIC, Rue
du Saphir 15, BRUSSELS, Belgium.
UNGHERIA:
TEOLOGIA E DIALOGO CULTURALE
Non
è facile per la Chiesa d’Ungheria (i cattolici sono il 63% della
popolazione) uscire dal tunnel del periodo comunista. Il ritardo culturale
rispetto alla Chiesa universale è un dato di fatto: nel periodo comunista era
comprensibile una certa “strategia difensiva”, ma questa ha condotto
inevitabilmente la Chiesa a perdere il contatto con la società, con la
cultura.
Altrettanto
vero è che la Chiesa in Ungheria gode di un maggior prestigio rispetto alle
altre istituzioni. La sua eco, pur ritenuta positiva è, comunque, scarsa
soprattutto a motivo del disinteresse e incapacità dei mass media di
presentarla correttamente. Il campo culturale è ritenuto fondamentale per
l’azione della Chiesa.
Il
Vescovo ausiliare di Székesfehérvár,
Mons. Péter Erdő, diagnostica, oggi, dopo il
periodo comunista, un vuoto morale e culturale che minaccia la società alla
base: “Siamo di fronte alla sfida della secolarizzazione … la nostra è
una crisi culturale”. In questo clima di vuoto culturale, indica come
compiti più urgenti e necessari “riprendere un dialogo con le scienze e con
la cultura in genere, interrotto da 50 anni”.
Cfr.:
Il regno, n. 875, 15-2-2001, p.
82-86.
EXPOSITION A L’UNESCO
SUR LE PATRIMOINE AFGHAN
L’UNESCO a proposé, du 5 au 29 juin à son siège, une exposition intitulée
« Patrimoine de l’humanité –
au-delà de la destruction », occasion
de revenir sur les destructions du patrimoine afghan perpétrées par les
talibans et de se mobiliser pour les actions à venir. Cette exposition de
photographies et d’objets d’art, organisée en coopération avec le Musée
Guimet et la Fédération nationale des associations UNESCO du Japon, s’est
doublée d’un colloque.
L’exposition
a présenté notamment des photographies d’Andrea Bruno et Kiyoshi Tanioka,
des dessins du peintre japonais Ikuo Hirayama, des photographies historiques
ou postérieures à la destruction, ainsi que des objets d’art de la
collection du Musée Guimet. Dans le même temps, la bâche portant l’image
du grand Bouddha – exposée jusque-là sur la Place du Centre Georges
Pompidou – a été réinstallée sur une façade de l’UNESCO. Des outils
éducatifs élaborés pour les populations afghanes, un film documentaire sur
Bamiyan et des images haute définition ont également été proposées au
public. L’exposition a été inaugurée le 5 juin à 13h, Salle Miró.
Le
colloque portant sur le même thème s’est réuni le 5 juin, Pierre Lafrance, envoyé spécial du Directeur général de l’UNESCO en
Afghanistan, Jean-François Jarrige, spécialiste de l’archéologie du
sous-continent indo-pakistanais et Directeur du Musée Guimet, le peintre Ikuo
Hirayama, Président de la Commission nationale japonaise pour l’UNESCO et
Ambassadeur de bonne volonté de l’Organisation, l’architecte italien
Andrea Bruno.
Au-delà
du crime contre la culture commis en Afghanistan, l’exposition et le
colloque entendaient montrer ce qui est fait actuellement par l’UNESCO pour
le patrimoine et le peuple afghan. Ce fut aussi l’occasion de s’interroger
sur les actions à venir. Le Directeur général, Koïchiro Matsuura, a ainsi
annoncé au Conseil exécutif, le 28 mai, qu’une réunion de spécialistes
et de docteurs de la loi islamique se tiendrait bientôt au Qatar sous l’égide
de l’Organisation de la Conférence islamique (OCI) et en consultation avec
l’Organisation islamique pour l’éducation, les sciences et la culture
(ISESCO) et l’Organisation arabe pour l’éducation, la culture et la
science (ALECSO).
L’UNESCO
entend également lutter contre le trafic d’objets du patrimoine afghan, en
mettant en place un mécanisme destiné à aider des organisations non
gouvernementales reconnues, en liaison avec des pays comme la Suisse, le Japon
et la France, à récupérer des biens volés, à les mettre à l’abri et à
garantir leur restitution à l’Afghanistan lorsque leur sauvegarde sera
assurée dans ce pays. L’Organisation souhaite aussi engager la réflexion
sur le type de sanctions qui pourraient être envisagées contre les auteurs
de crimes volontaires contre les biens culturels. Ce problème fera l’objet
d’un point important de l’ordre du jour du Bureau du Comité du patrimoine
mondial, qui se réunira le mois prochain.
Cf :
Centre Catholique International pour l’UNESCO, 9, rue Cler, F-75007 PARIS.
LA REVISTA BROTÉRIA
Y EL DIÁLOGO FE-CULTURA
Brotéria,
la revista de los jesuitas portugueses, ha iniciado el tercer milenio añadiendo
un nuevo subtítulo: Cristianismo e
cultura. Esta magnífica publicación, casi centenaria –comenzó en
1902– suele ofrecer artículos de altísima calidad, que el lector de lengua
española tiene el privilegio de leer sin apenas dificultad. Añádase a ello
una excelente presentación editorial, moderna, legible, que hace de la
lectura un verdadero placer. Platón decía que la belleza es el privilegio de
los ojos, y en el caso de publicaciones escritas, una imagen atractiva y un
diseño agradable constituyen una ayuda notable para la divulgación del
pensamiento.
El
nuevo subtítulo de la revista reemplaza otros usados anteriormente, en los
que nunca ha faltado la palabra cultura: “revista de cultura contemporânea”,
“cultura e informação”, “revista de cultura”. Dado que el nombre de
una revista tiene siempre algo de programático, de tarjeta de presentación,
la introducción del cambio da pie al director, P. Herminio Rico SJ, para
escribir, a modo de justificación, una interesante reflexión acerca de la
cultura, de la relación entre la Iglesia y la cultura, y por ende, de la misión
que una revista ha de desempeñar en este campo. Por el interés que tienen,
que va más allá del panorama portugués, estas consideraciones pueden
resultar útiles para otros agentes de pastoral en el campo de la cultura.
El
director comienza justificando negativamente la elección del subtítulo: la
inclusión del término “cristianismo” no significa un endurecimiento de
posiciones confesionales, sino únicamente una clarificación de la posición
desde la que la revista intenta dialogar. La claridad en el diálogo, decía
Pablo VI en la Ecclesiam Suam, es condición imprescindible para éste.
Como dice el P. Rico, la revista quiere ser “no una revista de cultura cristiana,
sino una revista cristiana de cultura”. Esta distinción es
importante para el autor, ya que por debajo de estas definiciones subyacen
posiciones diversas respecto a la relación entre la fe y la cultura, como más
adelante se verá. La revista pretende ofrecer una visión cristiana del mundo
y de la persona.
La
presentación continúa señalando las diversas acepciones de la palabra
cultura, y que, siguiendo un uso hoy establecido, podemos sintéticamente
reducir a dos: la cultura en sentido intelectual, y la cultura en sentido
socio-antropológico, como fenómeno de masas. Respecto a la cultura entendida
en el primer sentido, la revista concibe su misión como una contribución a
divulgarla, percibirla y gozarla, incluso en sus expresiones aparentemente
hostiles al cristianismo, detrás de las cuales se esconde siempre algún
germen de verdad y de belleza.
A
propósito de la relación entre la Iglesia y la cultura en el sentido que
hemos denominado socio-antropológico, se recuerda que ésta constituye una vía
para que el cristianismo pueda enraizarse en la vida de un pueblo. Los modos
de relación entre el cristianismo y una cultura determinada, han ido variando
a lo largo de los siglos, con acentos y formas diversas. Aquí, el
editorialista, recordando que existen diversos modos de concebir esta relación,
expone la posición de la revista dialécticamente, frente a otros modelos. El
modelo teológico de la relación con las realidades del mundo que inspiró el
Concilio Vaticano II es el del diálogo y la mediación. A este modelo se
opone el que llama de la afirmación y la presencia. En cierto sentido, se
recoge aquí una polémica vieja entre el modelo de la mediación cultural y
el de la presencia cultural. Según el primero, la Iglesia no debería afirmar
su situación proponiendo su propia cultura, sino que, a partir de una teología
centrada en la Encarnación, a la que nada humano es ajeno, el cristiano
descubre en toda manifestación cultural gérmenes de verdad y sabe escuchar
los deseos profundos de cada cultura para mostrar la respuesta que el
Evangelio ofrece. En cambio el modelo de presencia, parte de una concepción
de la revelación que viene de lo alto, a cuya luz toda cultura humana aparece
necesariamente deficiente. La solución suia crear una cultura cristiana a
partir de los datos de las enseñanzas reveladas, en oposición a las demás
propuestas culturales.
Naturalmente,
toda simplificación es mala, y también en este caso, la alternativa mediación
o presencia no hace justicia a la complejidad de los términos del debate. Ahí
está toda la cuestión acerca de la existencia o no de una cultura católica,
y de la posibilidad u oportunidad de hacer gravitar en torno a ella la
propuesta cultural de la Iglesia. Es un debate antiguo, de hondas raíces, que
puede retrotraerse hasta las polémicas de los años treinta acerca de la
filosofía cristiana, agudizadas sobre todo en el inmediato post-concilio.
En
cualquier caso, la revista apuesta decididamente “por el diálogo como método,
sin renunciar, con todo, a la capacidad de denuncia profética. Quiere
promover una visión optimista de los movimientos de la historia, sin ser
ingenua o superficial. … Por eso, sin ser condescendiente, no cree en el
antagonismo cultural como camino constructivo, antes opta por un esforzado
discernimiento de crear puentes, traducir lenguajes, procurar puntos de
contacto y apertura para el encuentro, de donde pueda nacer la posibilidad de
conversión. Su objetivo último es la contribución para una transformación
profunda de las estructuras injustas y opresoras que marginan a tantas
personas. Este cambio no puede prescindir de la conversión de las
mentalidades, de una nueva percepción de los valores y de la mudanza de
muchos hábitos de vida. Y esto sólo se puede hacer a través de la
cultura”.
Respecto
a la situación concreta en Portugal, la revista reconoce que hay una impronta
cristiana en la identidad cultural portuguesa que nadie puede negar. Esta
carga de valores cristianos aún presente en gran medida en la sociedad
portuguesa, sin embargo, no da derecho a ningún privilegio especial. Lo único
que pide la Iglesia en Portugal es poder entrar en el diálogo público sin
ser discriminada en virtud de una presunta neutralidad que al final se revela
no neutral sino positivamente hostil. Este diálogo con la sociedad moderna,
la revista lo entiende como un intento de “hacer creíble el mensaje y la
actitud cristianas a los ojos de la cultura”, sin apelar a derechos históricos,
o a una superioridad moral.
EVIL IN CULTURE
The
Summer 2000 edition of The Hedgehog
Review is a collection of essays on evil. The editorial introduction
points out the high profile of the question of evil in philosophy and in
films. In the former case, the language used about evil can remain
inaccessible, whereas the accessibility of film treatments of evil is marred
by the lack of seriousness that necessarily goes hand in hand with theatrical
portrayals of evil. The language in this review is closer to philosophical
language, but that bears witness to the care with which the term should be
used. The essays attempt to avoid the fundamentalism that too readily labels
one’s enemies as “evil” and the “relativism that refrains from making
any moral judgements whatsoever, either out of fear of offending someone or
out of a bland tolerance towards everything”. Neither really faces evil, but
these essays “call for an engaged and thoughtful response to the horrors of
our world” (p.
6). Charles Mathewes tries to
narrow down what sort of concept the concept of evil ought to be. Thomas Cushman
uses the terrible example of Bosnia to insist that sociology can no longer
continue to be anaesthetised or protected from facing the reality of evil. In
his discussion of the various ways postmodern literature has transformed evil
(and made it almost synonymous with suffering), David Morris
is able to situate the work of Emmanuel Lévinas
and Gustavo Gutiérrez in the
context of an inter-human ethical imperative, far from the classical myths of
the origin of evil. Richard Kearney
picks up the obdurate fact of protest against unjust suffering: why
me? He thinks Kant was right to make evil a matter of contingency rather
than necessity, because in this he “brought us face to face with the
responsibility of action” (p. 74). Curiously, this article is relevant to
current discussions on immigration, and brings together the very different
ideas of Kant and Derrida (among others) on how to cope with strangers in our
midst. Besides the other articles, there is also a valuable bibliography on
evil, which is an excellent resource.
Source:
The Hedgehog Review. Critical
Reflections on Contemporary Culture¸ Vol. 2, No. 2, Summer 2000. University
of Virginia, Charlottesville, VA (U.S.A.).
CONSEIL
DE L’EUROPE
Rapport de la Commission de la culture, de la science et de l’éducation
A
la suite de son rapport sur les cultures minoritaires ouraliennes en danger en
Russie et de la Résolution 1171 (1998), l’Assemblée se préoccupe de la
situation de la culture de la minorité csángó, qui se perpétue en
Roumanie depuis des siècles.
La
situation des Csangos a été étudiée par les organisations internationales,
comme l’ONU et, surtout, le Conseil de l’Europe. Les représentants de la
Commission de Culture et de l’Education de l’Assemblée Parlementaire du
Conseil de l’Europe, se sont rendus plusieurs fois en Roumanie.
Les
Csangos (ceangăi en roumain) forment un groupe non homogène de
catholiques. Ce groupe ethnique a traversé les siècles depuis le Moyen Âge
et subsiste en Moldavie, dans la partie orientale des Carpates de la Roumanie.
Les Csangos parlent une forme archaïque de hongrois et se distinguent par des
traditions anciennes, et une culture et un art populaires très riches,
d’une valeur exceptionnelle pour l’Europe.
Pendant
des siècles, l’identité des Csangos a reposé sur la religion catholique
de rite romain et sur leur propre langue parlée dans le cercle familial et
dans la communauté villageoise, ce qui peut expliquer, parallèlement à leur
mode de vie archaïque et à leur vision du monde, les liens très forts
qu’ils entretiennent avec la religion catholique et la survivance de leur
dialecte.
Les
personnes qui parlent encore le csángó ou le considèrent comme leur langue
maternelle représentent une part de plus en plus faible de la population.
Bien que ce chiffre ne soit pas accepté par tout le monde, on estime que sur
260.000 Csangos - estimation haute -, seuls 60.000 à 70.000 environ parlent la
langue csángó. Cette
culture est aujourd’hui menacée d’extinction. Une aide de l’Europe est
nécessaire pour sauver cette culture.
Les
Csangos ne formulent aucune revendication politique, mais veulent simplement
être reconnus comme une culture distincte. Ils demandent qu’on les aide à
sauvegarder cette culture, et avant tout que leurs enfants puissent apprendre
la langue csángó et que les offices religieux soient célébrés dans leur
langue maternelle.
Il
faudrait voir dans la diversité des cultures et des langues une ressource précieuse
qui enrichit notre patrimoine européen et renforce l’identité de chaque
nation et de chaque individu. Une aide européenne, et notamment celle du
Conseil de l’Europe, se justifie pour sauver toute culture et s’avère nécessaire
dans le cas des Csangos. L’objectif principal de toutes les démarches doit
être la préservation et le développement de l’identité culturelle,
linguistique, religieuse de cette communauté et il est nécessaire
d’aborder ce problème en dehors de toute connotation politique.
Cfr :
Rapport de la Commission
de la culture, de la science et de l’éducation sur
La culture de la minorité csango en Roumanie, Doc. 9078, 4 mai 2001.
SANT’AGOSTINO:
MODELLO DI DIALOGO FRA CULTURE
Si
è tenuto dal 1° al 7 aprile, ad Algeri, il Convegno internazionale su
Agostino d’Ippona, intitolato: Africanità e universalità di S. Agostino
e promosso, sotto l’egida del Presidente dell’Algeria Abdelaziz
Bouteflika, dall’Arcivescovo di Algeri, Henri Teissier, dall’Alto
Consiglio Islamico Algerino, dall’Università di Friburgo e dall’Istituto
Patristico Augustinianum di Roma.
Un
convegno su Sant’Agostino, figlio di coloni romani della Numidia, nato a
Tagaste nel 354 e morto ad Ippona nel 430, riveste una molteplicità di
significati e ripropone il legame dell’Algeria attuale con il suo passato,
ricco di storia e di cultura. L’opera ricca, profonda e di grande attualità
di Sant’Agostino può costituire uno dei ponti per stabilire, nella diversità,
la concordia tra le società umane nel mondo odierno contrassegnato dalle
sfide del dialogo fra le culture e civiltà. Lo ha voluto sottolineare nel suo
discorso il Presidente Bouteflika, affermando che, malgrado la frattura
culturale esistente ed alimentata da una parte dalla diffidenza e dall’altra
da alcuni movimenti islamici estremisti violenti, il dialogo franco e leale
tra l’Occidente e il mondo islamico non solo è necessario, ma anche
possibile.
Cfr: L’Osservatore
Romano, 26/27-3-2001, Radiogiornale 2-4-2001, p. 6-7.
EL MES EN LA UNESCO
El
mes en la UNESCO es
el boletín trimestral, publicado en francés, inglés y español, editado por
el Centro Católico Internacional para la UNESCO (CCIC), una especie de
“embajada” de las organizaciones internacionales católicas ante el
organismo de las Naciones Unidas. El director de la publicación, Jean
Larnaud, fue director del CCIC, y miembro del Consejo Internacional del
Consejo Pontificio de la Cultura. Cuenta con la ayuda de Pierre Kemmer como
redactor jefe, y de Gilles Delliance, Director actual del CCIC. Se trata de un
instrumento de trabajo valiosísimo, no sólo para conocer la actividad del
CCIC, sino también para seguir de cerca las actividades de la UNESCO, y más
en general, para estar al día en lo referente a las principales cuestiones en
política cultural. Un vistazo al índice de la revista permite percibir la
amplitud de los temas tratados: educación, ciencias naturales, ciencias
sociales, cultura y patrimonio... Completan la revista una sección dedicada a
la cultura de la paz en todo el mundo; una riquísima información acerca de
la actividad cultural en el mundo católico, de la Santa Sede y las
organizaciones católicas, y finalmente señalaciones de lectura.
Además
de la cantidad de información que ofrece, la revista presenta en cada número
un dossier dedicado a un tema específico. Este año, no podía ser otro que
el Diálogo entre las civilizaciones, dado que las Naciones Unidas así han
declarado el año 2001, y al cual el Santo Padre ha dedicado el mensaje para
la Jornada Mundial de la Paz. Se trata de un texto breve, que ofrece
directrices claras y precisas para orientarse en este campo. La revista Culturas
y fe también se ha ocupado de la cuestión en diversas ocasiones, (véase
nº 3/2000). El mes en la UNESCO nos
ofrece un editorial del Redactor Jefe, P. Kemner, además de otros ensayos que
permiten hacerse una idea más completa de la puesta en juego. Doudou Diène,
Director de la División de Proyectos interculturales de la UNESCO define el
diálogo entre las civilizaciones “un desafío para el sistema de las
Naciones Unidas y para la UNESCO”. Al exponer la iniciativa de la UNESCO en
este campo, recuerda que el diálogo entre las culturas es una respuesta a los
peligros de una mundialización hegemónica. Para que este diálogo sea
fecundo y duradero, continua Dienne, el diálogo tiene que integrar tres
dimensiones fundamentales: estética, ética y espiritualidad. De ahí que el
diálogo interreligioso sea una dimensión fundamental del diálogo entre
civilizaciones y culturas, cuyo objetivo es el de lograr, en el ámbito de la
ética y de la espiritualidad, un reconocimiento de los valores considerados
patrimonio espiritual común de la humanidad. En definitiva, la propuesta del
diálogo entre las culturas, se basa, en último término, en el hecho de que
toda cultura es un conjunto vivo, en constante evolución, en cuyo interior
yace un dinamismo oculto que la lleva a autosuperarse. En esto, las
reflexiones del Sr. Dienne, muestran una sorprendente cercanía a cuanto
propone Juan Pablo II en Fides et Ratio.
LA
CULTURE
DANS LE DISPOSITIF PASTORAL DIOCÉSAIN
A
l’occasion d’une rencontre organisée par trois mouvements apostoliques
– Action Catholique des Milieux Indépendants ; Entrepreneurs et
Dirigeants Chrétiens ; Mouvement des Cadres Chrétiens – le samedi 28
avril à Angers, l’Évêque du diocése , Mgr Jean-Louis Bruguès, a
souligné l’importance que revêt la culture. Dans le dispositif pastoral du diocèse,
il entend promouvoir une prise en charge du monde de la culture.
|