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NOTITIAE


 

IL CENTRO CULTURALE JOHN PAUL II DI WASHINGTON

Hanno assistito in migliaia, il 22 marzo 2001, ad un evento che, sicuramente, darà un notevole contributo al futuro cammino della Chiesa negli Stati Uniti d’America: l’inaugurazione del John Paul II Cultural Center.

Dopo il saluto inaugurale del Vescovo di Winona, Bernard Joseph Harrington, del Comitato organizzatore, hanno parlato i cardinali Theodor McCarrick, Arcivescovo di Washington e Adam Joseph Maida, Arcivescovo di Detroit, i quali hanno ringraziato il Presidente Bush per la sua partecipazione all’evento e per l’incontro svoltosi alla Casa Bianca.

Il Cardinale Maida ha ricordato con passione l’attività apostolica di Giovanni Paolo II, che questo centro culturale cattolico vuole custodire e trasmettere alle generazioni di oggi e a quelle future. Infatti, il Santo Padre ha insistentemente voluto che fosse costruito nella capitale degli Stati Uniti questo museo, affiancato da un centro di ricerca.

Nel suo intervento, applauditissimo, il Presidente Bush ha ripercorso gli anni di Pontificato di Giovanni Paolo II e le sue visite nei vari continenti. Ha rilevato, quanto questo Papa, apostolo instancabile della riconciliazione tra i popoli e promotore della giustizia tra le nazioni, segni la storia del nostro tempo, quindi merita amore e riconoscenza da parte di tutti gli uomini per la sua opera quotidiana.

Il cardinale Edmund Casimir Szoka, Delegato del Santo Padre, dopo aver salutato i presenti, ha dato lettura del Messaggio Pontificio e ha consegnato al cardinale Maida il dono del Papa: un calice dorato per la cappella del Centro.

È stato il cardinale Bernard Francis Law, Arcivescovo di Boston, a concludere la cerimonia con una preghiera per il Santo Padre, per tutta la nazione americana e per la missione del nuovo Centro. Sono stati il cardinale Maida e il Presidente Bush a tagliare il nastro rosso alla presenza di un ristretto numero di invitati.

La giornata è stata aperta con la solenne concelebrazione Eucaristica presieduta dal cardinale Szoka, allietata dal coro dell’Università Cattolica d’America. Nella sua omelia, il cardinale Maida ha ricordato che gli obiettivi del Centro culturale e il Magistero di Giovanni Paolo II s’identificano.

Al di là della monumentale architettura, il John Paul II Cultural Center vuole offrire, a cattolici e non, un’occasione per riflettere sul ruolo unico della fede nella vita dell’individuo e della società. Si pensa che il Centro potrà richiamare circa 700.000 visitatori l’anno.

Il Centro desidera essere un luogo di fede, di cultura e di studio per il cammino futuro della Chiesa americana, come ha ricordato il Santo Padre nel suo Messaggio: “il nuovo Centro è stato progettato come mezzo per introdurre i suoi visitatori alla vita culturale e come luogo di studio e di riflessione su temi legati alla missione religiosa e umanitaria che la Chiesa è chiamata a portare avanti all’alba del Terzo Millennio”.

Cfr.: Radiogiornale, 23-3-2001, p. 8, L’Osservatore Romano, 24-3-2001, p. 8.

 

EXPOSICIONES EN ESPAÑA

El Papa escribió en Tertio Millennio Adveniente que “cada uno es invitado a hacer cuanto esté en su mano para que no se desaproveche el gran reto del Año 2000, al que está seguramente unida una particular gracia del Señor para la Iglesia y para la humanidad entera”. Entre las muchas iniciativas nacidas de la invitación pontificia, merecen sin duda un capítulo especial las exposiciones que diversas diócesis españolas han organizado a lo largo del año 2000. Se trata de una verdadera “sobreexposición” de arte sacro, que está permitiendo contemplar los tesoros de arte y de fe, habitualmente ocultos a las miradas indiscretas, celosamente custodiados por monasterios de clausura o humildes parroquias rurales.

Las edades del hombre, ha llegado a su VIII edición, con sede en Astorga. Se trata del último capítulo de la serie iniciada en 1987 con la primera exposición en Valladolid, que, a lo largo de estos años ha ido ofreciendo diversos itinerarios culturales organizados temáticamente, tomando como sede una de las diócesis castellano-leonesas. El modelo de Las Edades del Hombre ha sido, sin duda, fuente de inspiración para las restantes exposiciones que se han ido sucediendo y el modelo que, más o menos conscientemente, han copiado las demás diócesis.

El año 2000 se han inaugurado nada menos que cuatro interesantísimas muestras.

La diócesis de Santander ha preparado la exposición “2000 Anno Domini”, instalada en la evocadora ciudad de Santillana de Mar, y que presenta, a grandes rasgos, el devenir del acontecimiento cristiano en la provincia cántabra a través de los siglos, los esfuerzos de evangelización realizados por los misioneros y misioneras santanderinos, la aportación de las gentes de esta tierra al arte sacro (baste citar a Rodrigo Gil de Hontañón y a Juan de Herrera), y la integración del Evangelio en la vida del pueblo montañés, en sus fiestas, sus costumbres y su gastronomía. La muestra permanecerá abierta hasta el 31 de diciembre. Más de 60.000 personas la han visitado.

Aun en tierras del norte, llama la atención por su originalidad la muestra organizada por la arquidiócesis compostelana junto con el Ayuntamiento de la ciudad y diversas instituciones públicas y privadas. Lleva por título “Los rostros de Dios”. La ciudad de Santiago de Compostela, Capital Europea de la Cultura durante el año 2000, –un título que comparte con otras ocho ciudades europeas– quiso reflejar con ello el peculiar carácter de la Ciudad, meta de peregrinaciones procedentes del mundo entero. Mons. Barrio, arzobispo de Santiago, expresó el deseo de que la muestra “se entienda como una contribución elevada al diálogo interreligioso propugnado por el Concilio Vaticano II”. La muestra recoge represantaciones de la divinidad procedentes de los más variados ámbitos culturales: objetos religiosos procedentes de culturas ya extintas, y de las grandes tradiciones religiosas contemporáneas. Los espacios dedicados a las religiones del pasado se dividen entre espacios sagrados, símbolos sagrados, dioses con rostro humano (diosas, dioses supremos, dioses cercanos). Por su parte, las religiones del presente presentan una fundamental división tripartita en torno a las religiones abramíticas, (judaísmo, cristianismo, islam), sin olvidar las grandes religiones de Asia y las religiones tradicionales de Africa y Oceanía. La muestra permite conocer los intentos del hombre a lo largo de los siglos por conocer el rostro de Dios, de cuyo deseo se hace eco el salmo “busco tu rostro, Señor, no me escondas tu rostro” (Sal 27,8). La alternancia histórica entre la acentuación de la inmanencia o de la trascendencia de la divinidad, halla su plasmación gráfica en la s representaciones visibles de la divinidad y los cultos anicónicos respectivamente. Por encima de los pobres esbozos humanos, descuella, Jesucristo, imagen de Dios invisible, en quien están contenidos todos los tesoros de sabiduría y de ciencia.

Ciudad Rodrigo, que celebró el año 2000 el cincuentenario del restablecimiento de la sede episcopal, ha querido también organizar una muestra titulada “Jesucristo, imágenes del misterio” para conmemorar este acontecimiento y, sobre todo, el bimilenario del nacimiento de Cristo. En palabras de Mons. Julián López Martín, obispo civitatense, con esta iniciativa “la diócesis pretende anunciar a Jesucristo sirviéndose de un patrimonio artístico y cultural que es, para ella, expresión genuina de la fe católica y resultado de la convicción de que la iconografía cristiana puede seguir desempeñando actualmente su función mediadora y comunicativa del misterio”. A diferencia de la exposición santanderina, que buscó una ordenación temática, la diócesis salmantina ha preferido una disposición cronológica. La exposición se articula así en tres etapas: La preparación de la llegada de Cristo, con un capítulo muy especial dedicado a “la mujer nueva”. El cumplimiento, distribuido en torno a dos polos: el nacimiento y la Pascua. La realización plena, el tiempo de la Iglesia, dedicado a la Eucaristía.

En tierras andaluzas, dos diócesis han querido sumarse a esta iniciativa. Jaen, ha escogido como título de la exposición precisamente la reliquia custodiada en su bellísima catedral: “En tierras del Santo Rostro”, trazando así un vínculo ideal con la muestra compostelana. La diócesis invita a conocer a Jesucristo a través de los aspectos más significativos de su vida, con muestras procedentes de todos los lugares de la provincia. El icono del Santo Rostro es la primera imagen que encuentra el visitante. El recorrido se inicia con la pregunta formulada por Jesús a sus discípulos “¿Quién dice la gente que soy Yo?”, introducción a un diálogo personal entre el hombre y Dios. A partir de la pregunta, al espectador se le ofrece su imagen tal y como la han visto los hombres a lo largo del tiempo. La exposición se divide en diez salas, destacando en cada una de ellas un momento de la vida de Cristo: “Tanto amó Dios al mundo”, primera sala, sintetiza la Historia de Salvación, la iniciativa de Dios por acercarse al hombre. “La palabra se hizo carne”, está dedicada a la encarnación. “Pasó haciendo el bien”, “Se despojó de su rango”, se centran en la vida pública de Cristo y el misterio de su muerte salvadora. “Conmigo lo hicisteis”, sala novena, reúne obras pictóricas contemporáneas. La sala “Quien me ve a mi, ve al Padre” clausura el recorrido, cuyo intento no es sino el de dar a conocer a Jesucristo a través del arte: conociéndole a Él se llega al Padre.

La arquidiócesis de Granada, también celebra un doble Jubileo: el del nacimiento de Cristo y el V centenario del nacimiento de Carlos I de España, más conocido como Carlos V. Con tal motivo ha dedicado su exposición a Jesucristo y el emperador cristiano, que manifiesta la presencia de la figura de Cristo a través de la historia y del arte granadinos y al mismo tiempo la vinculación del Emperador Carlos con la ciudad de Granada, a través de los recuerdos de su estancia en ella y, sobre todo, del monumental conjunto catedralicio. La catedral de Granada, como justamente señalan los expositores, no es un simple edificio de culto más. El tempo más emblemático del renacimiento español es, al igual que El Escorial, expresión arquitectónica e iconográfica de un programa universalista vinculado a los sueños del Emperador. Los amantes del arte renacentista, pudieron darse un verdadero banquete de arquitectura e imaginería religiosa del XVI, contemplando las soberbias piezas de Juan de Mena, Alonso de Mena, Pablo de Rojas o Alonso Cano.

 

A CONFERENCE ON NEW AGE AND CHRISTIAN SPIRITUALITY

The Chesterton Institute, at Seton Hall University in New Jersey (U.S.A.), sponsored a conference at the University of Saint Thomas in Houston, entitled The Light Within. The New Age and Christian Spirituality. Issue 1 & 2 of Volume XXVI of The Chesterton Review (February/May 2000) includes several of the talks given. Some contributors had been exposed to New Age techniques, and so were able to speak out of personal experience. The whole approach of the conference was to offer “a sympathetic examination of what the movement has to offer followed by a critique that invites its adherents to move beyond its limitations into the fullness of Christianity”, as organiser Father Daniel Callam c.s.b. says in his introduction. “The challenge to the Church”, he wrote, “is fully to present its rich spirituality to enquirers who will be repelled if they encounter what seems to be a lifeless husk of conventional religiosity”. As John Coates wryly points out in his article “Chesterton and the Age of Aquarius”, given the eclecticism which is the hallmark of New Age, “a way to become wealthy quickly and legally would be to write a book which combined ancient civilisations, the Knights Templar, Glastonbury, Druids, Atlantis, the Ark of the Covenant, and the Holy Grail” (p. 30). He quotes a dictionary definition of New Age, which includes the following: “the end result will be the emergence of a new mind: consciousness will be all in all. New Age ‘teachings’ are characterised by an emphasis on monism, relativism, individual autonomy and the rejection of the Judaeo-Christian emphasis on sin as the ultimate cause of evil in the world. Instead New Age posits lack of knowledge and awareness as the root of humanity’s problems” (p. 31). He goes on to apply Chesterton’s writings, particularly The Blatchford Controversies and The Ballad of the White Horse, to “the ideological core of the New Age”, which he thinks would have been GKC’s natural target. The talk by Harold O.J. Brown is an imaginative journey from Helen of Troy via Saint Helena to Helena Blavatsky, in other words, from classical culture to Constantine’s mother, who symbolises the submission of the classical systems to Christ, and on to the foundress of Theosophy. “Helena Blavatsky sought to stand at the end of Christianity, of the Judaeo-Christian world view, and even of the rationalistic-scientific world that has arisen within its boundaries. She stood at the beginning of the New Age” (p. 55). His question: “Which Helena will we embrace?” He acknowledges the fascination of New Age, but reacts to it as Irenaeus did to Gnosticism. “The New Age, like Gnosticism, is fascinating and in its multiplicity makes the Gospel seem simple and almost arbitrary. But, unlike the Asian religions from which it borrows, the New Age overall makes few demands of its adepts, downplays asceticism, imposes little in the way of strict morality”. Brown reckons New Age really does bear out Chesterton’s celebrated maxim: “That a man does not believe in God… means that he will believe in anything”. Philip jenkins offers a brief, but extremely informative, digest of the first century of New Age, showing the links between so many movements and associations which people often perceive as totally unconnected to each other. He sees it as “a major and deeply rooted component of the North American religious tradition” (p. 59). Here are the movements and associations he mentions: Renaissance Hermetic and Neoplatonist thinkers, Mesmerism, Swedenborgianism, Spiritualism (in the forms of Christian Science and New Thought), Theosophy, The World Parliament of Religions (Chicago, 1893), Vedanta societies, Alfred Pike’s esoteric and gnostic interpretation of Freemasonry, the Masonic Society of the Golden Dawn (London), Katherine Tingley’s Theosophical University and Raja Yoga College (Point Loma in southern California), Alice Bailey’s Arcane School in New York, the Order of Christian Mystics by the eclectic Homer Curtiss, the “New Age Bible” published in the 1880s by John Ballou Newbrough, the Aquarian Ministry founded in 1918 at Santa Barbara and so on. He indicates clearly the fund of ancient lore, esoteric traditions and even Christian elements that were mixed up with Asian religious doctrines and practices in an ensemble that was complete by the 1930s. “Whether or not they are conscious of these roots, contemporary New Age practitioners are tapping into an old and genuinely impressive cultural heritage” (p. 72). Linda Woodhead divides religion into three strands: religions of life (including New Age), religions of humanity (like liberal Christianity) and religions of difference (including “evangelicalism and the Catholicism of the present magisterium” – p. 76). She tries to explore the apparent convergence between these three forms of religion, particularly the “turn to life”, the most amazing example of which she thinks is the teaching of Pope John Paul II, particularly in his insistence on the themes of life, humanity and the defence of democracy and human rights. At no time does she suggest, however, that there is any kind of fusion between these three religious categories. A fascinating study to which she makes reference is Patricia Wittberg’s “Deep Structure in Community Cultures: The Revival of Religious Orders in Roman Catholicism”, which was published in Sociology of Religion volume 58 (1997). Wittberg finds quite a profound streak of individualism, egalitarianism and creativity in places where they would have been hard to find some time ago. Generally, Woodhead succeeds in her attempt to show that there really is, in her terms, a “turn to life” in the Catholic Church. She gives a very honest description of her (Christian) view of New Age, and concludes that “Christians are currently faced by an almost overwhelming task, a daunting but also a unique opportunity. The task is that of re-imagining God and God’s Church in ways that remain fully open and attentive to Scripture and tradition but which also take seriously those factors which have led so many to turn to life. The outcome cannot yet be fully envisaged” (p. 92). Joyce Little provides a lively reaction to the monism of Matthew Fox and creation spirituality, versus the trinitarian theology exemplified, above all, in the responses from Cardinal Ratzinger and the writings of Cardinal Danneels and Pope John Paul II. Stratford Caldecott situates his talk on “The Transcendental Disunity of Religions” at a moment of cultural decline, which, he says, challenges us to be discerning. There have always been “attempts to assimilate Christianity to one or other model of world religions” (p. 117). At the moment, there is the United Religions, which could possibly include among its aims “a bland common-factor wisdom”, and not really the “uniqueness of each religion” mentioned in the UR Draft Charter. This is portrayed as a rather crude effort in assimilation, compared with the ideas of Charles Upton, who claims his is not an attempt to create a “world fusion spirituality” or a common doctrine, but “true ecumenism” which is “the outer expression of the ‘esoteric ecumenism’ of the Transcendent Unity of Religions”. The latter term is consciously borrowed from the works of the late Frithjof Schuon. He is not encouraging syncretism or papering over the cracks, but unity in a war where the enemy is an alliance between “scientism, magical materialism, idolatry of the psyche and postmodern nihilism” (p. 122). Upton’s point of departure is the metaphysics of the Traditionalists, who include Schuon, René Guénon, Ananda Coomaraswamy and Seyyed Hossein Nasr. This group influenced Eric Gill, Thomas Merton and T.S. Eliot, and contemporary writers such as Alan Watts and Ken Wilber. Their realism, in the strict philosophical sense, may well be a point of dialogue with Catholic tradition. The point of difference is the seriousness with which Christianity has always taken the physical Incarnation, the scandalous paradox that makes Jesus more than any prophet, more than any avatar. We are not divine by nature, but are introduced into divinity by grace. For Christians, relationship with the divine is not one of absorption, as is the case in New Age and Asian religions; it is one of love, which always essentially involves distinction. Traditionalists effectively deny this unique characteristic of Christianity, while claiming to respect religions in all their diversity. Caldecott compares the present state of Christianity to that of believers at the end of the Roman Empire; now, as then, it is the mystery religions which attract, and all around is “a Gnosticism that promises secret initiations without humility” (p. 129). Christianity cannot be assimilated because Christ cannot be assimilated; in Him “God has done something new and different. Yet at the same time, aesthetics, mythology, psychology, and metaphysics are not left behind. I believe it is a task of the new millennium to reintegrate these with Christianity” (p. 132). Philip Zaleski writes about Sophie; brought up as a Catholic, she has more recently “carved a spectacular zigzag through the spiritual marketplace, sampling meditation, chanting, crystal-gazing, yoga and just about all of the world’s great religions” (p.135f.). One good thing about the New Age “pudding” of ideas and practices is that it keeps the youngsters who fall under its influence vaguely within the orbit of spirituality and religion. One needs to recognise several things in New Age in order not to over-react: it is not monolithic; it is not a den of demons; nor is it a den of fools. Three main currents need to be taken very seriously, even if they reject being included in the broad term New Age. They are René Guénon’s tariqa or school of intellectual Sufism, Rudolf Steiner’s anthroposophy and “the Work”, devised by Georges Ivanovitch Gurdjieff. Zaleski concentrates on Gurdjieff, for the Work is very appealing. It is “physically, intellectually, and emotionally demanding, and dilettantes are strongly discouraged” (p. 140). It is a systematic awakening of people who are in a persistent catatonic state; it borrows metaphors from chemistry, biology and mechanics. Its main legacy in the Catholic world is the enneagram, an “occult symbol” introduced by Gurdjieff “as a post-modern tool for personality classification, a trendier, para-Catholic version of a horoscope” (p. 141). The Gurdjieff Work is a very serious and demanding formation technique. It demands a totally silent openness to the unfolding of the present moment (curiously like what Romano Guardini describes as the beginning of true liturgy). It takes holiness, hierarchy and hieratic art seriously, and Zaleski thinks contemporary Catholicism could learn a great deal from this. Indeed, the Church could learn from this seriousness to speak to the Gurdjieff Work and the New Age in a language they could understand and respect. Carmelite David Denny had first-hand experience of Buddhism when he was an undergraduate. He tells his own story in a moving way. He goes on: “Thich Nhat Hanh, the great contemporary Buddhist teacher, tells his students that, in order to grow spiritually, they must ‘go home’. He means this in three ways” (p. 151), which are to return within themselves, to go to their families if there is a need for reconciliation, and, if they have left another spiritual tradition, to return there “and learn that although the church or synagogue is full of sinners who may have harmed and driven believers away, the tradition is also full of wisdom and holy men and women” (loc. cit.). But Denny wonders what returning Catholics will find when they seek wisdom and holiness in an average parish. He keeps this image in mind, in order to explore what New Age people might want from the Church. In this light he examines four characteristic teachings of New Age: the unity of all life, the higher self, the power of the mind and health, and “spiritual technologies”. He suggests a Christian response in each case: earthy mysticism and “a strong Christian love for and commitment to the physical environment”, a vigorous re-presentation of Christian theology’s doctrine of the eternal significance of every person, a refusal to surrender too easily and weakly in the face of suffering, and expertise on traditional Christian forms of prayer and meditation. “Movements such as the New Age spring up because the mainline tradition has forgotten part of its heritage. In our case, we did not merely forget a part of our heritage; we forgot its heart, the mystical fire at the centre of the Church” (p. 157). Denny suggests that dialogue with sincere God-seekers reveals forgotten truths.

Source: The Chesterton Review, Vol. XXVI, No. 1 & 2, February/May 2000. The G.K. Chesterton Institute, Seton Hall University, South Orange, New Jersey U.S.A.

 

ITALIA: RUOLO IMPORTANTE DEI CENTRI CULTURALI CATTOLICI

“I Centri Culturali sono chiamati a prendere coscienza dei nodi da sciogliere, ad essere fulcro pensante di aggregazione e a fungere da lievito nelle nostre società, contribuendo a gettare le basi per una convivenza solidale” – ha detto il cardinale Carlo Maria Martini, intervenendo al convegno dei Centri Culturali dell’arcidiocesi di Milano, il 20 maggio, coinciso con l’inaugurazione ufficiale del rinnovato Centro Angelicum.

“Non è indulgendo alla tentazione di un cristianesimo facile – ha concluso il Cardinale – ridotto a qualche forma di religione civile, che i Centri Culturali espleteranno la loro missione, ma testimoniando l’identità cristiana nella sua esigente integralità e comunicandola con argomentazioni persuasive”.

Il presidente dell’Angelicum, Maria Pia Garavaglia, ha parlato di una pressante richiesta di confronto a cui il Centro intende “offrire occasioni di libertà intellettuale, in una sede dove storicamente il pluralismo ha posto le sue radici”. “Un orto – ha affermato il regista Ermanno Olmi – in cui deve tornare a soffiare la brezza del pensiero e al quale vogliamo partecipare come artefici, apprezzando i «sapori» e le differenti qualità di frutti che il campo della cultura sa creare, quando questa non è «surgelata»”.

Cfr.: SIR, 25-5-2001, p. 6.

 

COLLOQUE ET SALON DU LIVRE SUR LES IDENTITÉS AUTOCHTONES

Un colloque international, intitulé « Identités autochtones : Paroles, écrits et nouvelles technologies », et un Salon du livre « Identités et cultures autochtones » se sont tenus à l’UNESCO du 15 au 18 mai 2001. Organisés par l’UNESCO conjointement avec le CNRS, ces deux événements s’inscrivent dans le cadre de la Décennie internationale des populations autochtones du monde (1995-2004) et de l’Année des Nations Unies pour le dialogue entre les civilisations (2001).

Le colloque, qui a réuni des universitaires, experts, auteurs et éditeurs, autochtones et non autochtones, a porté sur la sauvegarde, la transmission et les mutations des cultures autochtones. Il a conduit à la présentation de recommandations permettant d’esquisser des lignes d’action pour le développement culturel de ces communautés et a abordé aussi les perspectives qui leur sont offertes par les nouvelles technologies.

Les deux premières journées ont porté sur le dit et l’écrit. Des séances ont été consacrées aux supports de la mémoire autochtones, avec notamment des anthropologues aborigènes et sami, à la protection de la culture et de la mémoire autochtones, avec des écrivains maya, tchouktche et aymara, un spécialiste de littérature touareg et un architecte maori, à la transmission des cultures autochtones, avec un écrivain kuna, une historienne apache jicarilla, un artiste inuit, ainsi qu’aux cultures autochtones face à la mondialisation, séance incluant une table ronde sur la coopération pour la protection de l’identité culturelle, l’action des réseaux autochtones et non autochtones.

La deuxième partie, 17 et 18 mai, a été consacrée au thème « Nouvelles technologies, anthro-pologie et savoirs autochtones ». Elle a examiné notamment l’impact de ces nouvelles technologies - multimédia, internet - sur la recherche et l’enseignement en anthropologie, la muséologie et les nouveaux protocoles relatifs à la réappropriation de la culture matérielle et intellectuelle par les populations autochtones. Une table ronde sur le thème « Transmission des savoirs traditionnels et questions éthiques » s’est inscrite dans ce cadre. Des auteurs de CD-Rom, de sites internet de musée ou autochtones figuraient parmi les intervenants.

Le Salon du livre a mis en évidence l’évolution de la représentation de ces cultures et la force des nouvelles voix autochtones s’exprimant à travers la recherche, l’essai, le roman ou la poésie. Les œuvres présentées ont couvert un large éventail de publications, du livre d’art au roman.

Cf : Centre Catholique International pour l’UNESCO, 9, rue Cler, F-75007 PARIS.

 

REACCIONES AL JUBILEO DE LOS CIENTÍFICOS

La revista Vita Pastorale, editada en Italia por la Sociedad San Pablo, publicó, en el segundo número del año en curso, un extenso reportaje sobre el Jubileo a modo de balance, que incluía también diversas visiones Jubileo desde fuera de la Iglesia. Así, junto a la voz de un protestante, de un ortodoxo, y de un judío, Piergiorgio Odifreddi, un no creyente, ha escrito su personal visión del Jubileo, con el título “La curiosità insoddisfatta dello scienziato”. Odifreddi se declara a sí mismo laico, –en el sentido con se usa esta palabra en Italia, es decir opuesto a cristiano–, interesado en la relación entre la ciencia y la fe, a la que ha dedicado un libro (Il Vangelo secondo la scienza, 1999). El artículo, bastante crítico, rozando en algunos puntos la falta de respeto, señala dos momentos del Año Santo que, en su opinión, sintetizan todo lo que éste ha representado: el Jubileo de los científicos (25 mayo) y el de los jóvenes (20 agosto).

Del Jubileo de los científicos señala, en primer lugar, la falta de noticias y repercusión en los medios. En su opinión el desinterés de los medios por un acontecimiento como el Jubileo del Mundo de la Ciencia, se debe a la difusa impresión –no dice de quién– de que hoy día en Italia no puede existir una relación intelectual creíble entre la ciencia y el catolicismo. Y tal relación no podrá existir mientras tenga que basarse sobre “la decepcionante cerrazón de la Fides et Ratio y continúe a depender de penosos portavoces de dudoso crédito como Antonino Zichichi”. Para Odifreddi, el verdadero obstáculo para establecer una relación intelectual creíble entre la Iglesia católica y la ciencia, no deriva de factores coyunturales, como la presunta cerrazón mental de Juan Pablo II, sino de la naturaleza misma del catolicismo. “Una fe basada en revelaciones y dogmas, –escribe– de cualquier naturaleza que sean, mal se presta, en efecto, al connubio con una ciencia fundada sobre la observación y el razonamiento”. De aquí, mediante una pirueta lógica cercana al sofisma que mezcla dudosas estadísticas con presuntos criterios metafísicos, el autor concluye que son más adecuadas para establecer una relación con la ciencia las religiones que educan, no a la aceptación acrítica de un Magisterio, sino a la lectura crítica de un texto, lo cual explica que la mayoría de los científicos creyentes sean protestantes o judíos.

Es difícil saber de dónde ha obtenido los datos estadísticos acerca de la confesión de los científicos creyentes. Lo mismo que es difícil saber de dónde proceden las afirmaciones gratuitas que aparecen en el resto del artículo a propósito, por ejemplo, del coste del aparcamiento del Janículo, o de los preservativos que según él, habrían quedado sembrados en la explanada del encuentro del Papa con los jóvenes al día siguiente.

Este tipo de afirmaciones sin datos contrastados, le han merecido la dura réplica de algunos lectores en el número siguiente de la revista (Vita pastorale 3/2001). En particular, el P. Einaudi, quien siguió las obras de construcción del aparcamiento, desmiente categóricamente a Odifreddi: no se han gastado 3.000 millardos de liras (aproximadamente 1.500 millones de €), sino sólo 100 millardos (50 millones €, aprox.), una cifra 30 veces inferior. Y comenta sarcástico: “Si todo lo que Odifreddi escribe se basa sobre una investigación científica precisa y documentada como lo que dice a propósito del aparcamiento, su artículo no vale ni el papel en que está escrito. Afirmaciones semejantes hechas por uno que se declara científico le hacen venir escalofríos a uno”. Con razón, porque Odifreddi no estuvo ni en el Jubileo de los Científicos, ni menos en el de los jóvenes. Pero nosotros sí, y pudimos ser testigos de la excepcionalidad tanto de uno como de otro. Y respecto a los “desechos” dejados por los jóvenes en Tor Vergata, que, según Odifreddi, serían la expresión visible de su rechazo a la caduca moral sexual propuesta por Juan Pablo II, además de lo que vimos personalmente cuantos pasamos allí la noche inolvidable del 20 de agosto, tenemos el singular testimonio de los empleados del servicio municipal de recogida de basuras, encargados de la limpieza del área. Uno de ellos afirmó, en el Noticiero de mayor audiencia de la televisión italiana, que, a pesar de las toneladas de basura recogidas (principalmente botellas de plástico), y de los millones de liras encontrados en monedas caídas por el suelo, sorprendentemente no habían encontrado ni preservativos ni jeringuillas.

El artículo de Odifreddi se resiente en esto de los viejos tópicos anticlericales del cientifismo del siglo pasado, según los cuales es incompatible el ser católico con el ser científico. Una prueba palmaria de esta incompatibilidad sería la ausencia, entre los científicos más destacados, de católicos, y más en general, de creyentes. Este hecho, en último término, habría que reconducirlo al caso Galileo, responsable de haber alejado la actividad científica de los países católicos, donde era considerada peligrosa e incluso reprimida, a las zonas protestantes, donde el libre pensamiento habría permitido una rápida floración científica. Esta burda generalización simplista goza de tal arraigo que quien intente desafiarla aportando datos fehacientes, será inmediatamente tachado de manipulador de la historia. Odifreddi, al oponer una religión basada en la revelación y el dogma a la ciencia, basada en la observación y el razonamiento, en realidad excluye a priori que pueda haber una revelación racional y que el dogma pueda ser razonable. Olvida también que la ciencia misma necesita sus dogmas para progresar, es decir, preconcepciones que nadie demuestra, sino que se aceptan sencillamente. Nadie comienza a investigar desde cero, ni puede verificar experimentalmente todo lo que los demás miembros de la comunidad científica dicen haber demostrado. La personalidad del investigador, el lugar donde se han realizado las investigaciones y el medio en que se han hecho públicas, son criterios suficientes para aceptar por buenos ciertos resultados y nos dispensan de repetir un experimento. La ciencia, como en general, todo conocimiento humano, necesita también de una fe natural para progresar. Una ciencia basada pura y exclusivamente en la observación empírica, opuesta a una revelación acogida críticamente, es simplemente, un mito falso.

El mérito del artículo de Odifreddi consiste en haber llamado la atención sobre el Jubileo de los científicos, justamente considerado por Odifreddi uno de los hitos del Año Santo. En un año marcado por concentraciones masivas de peregrinos, las modestas proporciones del Jubileo de los científicos hicieron que pasara desapercibido a los ojos de la prensa. Los fenómenos históricos, sin embargo, se miden con una escala diferente, hecha de años o de decenios. En este sentido, el Jubileo de los científicos, ha constituido un hito en las relaciones entre la Iglesia y la ciencia, punto de llegada y de partida, cuyos resultados podrán apreciarse y valorarse sólo con el tiempo.

 

THE CATHOLIC CHURCH ON THE WORLDWIDE WEB

Cine & Media is published by OCIC, the Catholic Organisation for Cinema and Audiovisual (l’Organisation Catholique Internationale du Cinéma et de l’Audiovisuel), based in Brussels with an office in the San Calisto complex in Rome. Issue 4 of the year 2000 mentions a meeting held early in July 2000 at Kaunas, in Lithuania, where Catholic webmasters from many Eastern European countries met colleagues from the United States of America, Canada and Belgium. They concluded that “internet gave new opportunities to build Christian communities, to reach those outside the Church and, for those countries whose language is not one of those used most commonly, to link expatriates with their home and culture”. They also stressed that text still dominates the medium far too much. Other Catholic webmasters may wish to join, and can do so via electronic mail at kaunas@hcbc.hu.

The main article in this issue describes the overwhelming phenomenon of the expansion of Internet pages and sites (there were already 5 million sites by February 2000). This has made it difficult, but essential, to find and develop efficient ways of ploughing through such a morass of data and information. The principal users are universities, commercial companies, astute individuals, cultural and religious organisations and, more recently, government and local administrative bodies. All sorts of things are possible with this amazing new medium. But there are those who feel left out, like the older generations, who will never be “at home” with computers in the way their children and grandchildren already are. But this is a minor inconvenience compared with the exclusion experienced by people who live in rural areas in less developed nations; “this disparity is certainly linked to economic conditions, but also to infrastructures and to political and social instability”. There are also Internet zones that will fade rapidly, so it is far from a situation of equal access.

For those not used to using the Internet, the writer of the article describes his own search for Catholic films. The problem of language surfaces immediately, inasmuch as he is surprised that “cinema” appears less often than “films”; this is, no doubt, because “cinema” is used in English to denote buildings, rather than the art or the industry. However, apart from that, it is a useful example of how effective the best “search engines” are. The end of the article concentrates on the presence of Catholic organisations, and a very small sample list of these is offered, chiefly from countries represented at the Kaunas meeting.

Source: Cine & Media 4/2000, OCIC, Rue du Saphir 15, BRUSSELS, Belgium.

 

UNGHERIA: TEOLOGIA E DIALOGO CULTURALE

Non è facile per la Chiesa d’Ungheria (i cattolici sono il 63% della popolazione) uscire dal tunnel del periodo comunista. Il ritardo culturale rispetto alla Chiesa universale è un dato di fatto: nel periodo comunista era comprensibile una certa “strategia difensiva”, ma questa ha condotto inevitabilmente la Chiesa a perdere il contatto con la società, con la cultura.

Altrettanto vero è che la Chiesa in Ungheria gode di un maggior prestigio rispetto alle altre istituzioni. La sua eco, pur ritenuta positiva è, comunque, scarsa soprattutto a motivo del disinteresse e incapacità dei mass media di presentarla correttamente. Il campo culturale è ritenuto fondamentale per l’azione della Chiesa.

Il Vescovo ausiliare di Székesfehérvár, Mons. Péter Erdő, diagnostica, oggi, dopo il periodo comunista, un vuoto morale e culturale che minaccia la società alla base: “Siamo di fronte alla sfida della secolarizzazione … la nostra è una crisi culturale”. In questo clima di vuoto culturale, indica come compiti più urgenti e necessari “riprendere un dialogo con le scienze e con la cultura in genere, interrotto da 50 anni”.

Cfr.: Il regno, n. 875, 15-2-2001, p. 82-86.

 

EXPOSITION A L’UNESCO SUR LE PATRIMOINE AFGHAN

L’UNESCO a proposé, du 5 au 29 juin à son siège, une exposition intitulée « Patrimoine de l’humanité – au-delà de la destruction », occasion de revenir sur les destructions du patrimoine afghan perpétrées par les talibans et de se mobiliser pour les actions à venir. Cette exposition de photographies et d’objets d’art, organisée en coopération avec le Musée Guimet et la Fédération nationale des associations UNESCO du Japon, s’est doublée d’un colloque.

L’exposition a présenté notamment des photographies d’Andrea Bruno et Kiyoshi Tanioka, des dessins du peintre japonais Ikuo Hirayama, des photographies historiques ou postérieures à la destruction, ainsi que des objets d’art de la collection du Musée Guimet. Dans le même temps, la bâche portant l’image du grand Bouddha – exposée jusque-là sur la Place du Centre Georges Pompidou – a été réinstallée sur une façade de l’UNESCO. Des outils éducatifs élaborés pour les populations afghanes, un film documentaire sur Bamiyan et des images haute définition ont également été proposées au public. L’exposition a été inaugurée le 5 juin à 13h, Salle Miró.

Le colloque portant sur le même thème s’est réuni le 5 juin, Pierre Lafrance, envoyé spécial du Directeur général de l’UNESCO en Afghanistan, Jean-François Jarrige, spécialiste de l’archéologie du sous-continent indo-pakistanais et Directeur du Musée Guimet, le peintre Ikuo Hirayama, Président de la Commission nationale japonaise pour l’UNESCO et Ambassadeur de bonne volonté de l’Organisation, l’architecte italien Andrea Bruno.

Au-delà du crime contre la culture commis en Afghanistan, l’exposition et le colloque entendaient montrer ce qui est fait actuellement par l’UNESCO pour le patrimoine et le peuple afghan. Ce fut aussi l’occasion de s’interroger sur les actions à venir. Le Directeur général, Koïchiro Matsuura, a ainsi annoncé au Conseil exécutif, le 28 mai, qu’une réunion de spécialistes et de docteurs de la loi islamique se tiendrait bientôt au Qatar sous l’égide de l’Organisation de la Conférence islamique (OCI) et en consultation avec l’Organisation islamique pour l’éducation, les sciences et la culture (ISESCO) et l’Organisation arabe pour l’éducation, la culture et la science (ALECSO).

L’UNESCO entend également lutter contre le trafic d’objets du patrimoine afghan, en mettant en place un mécanisme destiné à aider des organisations non gouvernementales reconnues, en liaison avec des pays comme la Suisse, le Japon et la France, à récupérer des biens volés, à les mettre à l’abri et à garantir leur restitution à l’Afghanistan lorsque leur sauvegarde sera assurée dans ce pays. L’Organisation souhaite aussi engager la réflexion sur le type de sanctions qui pourraient être envisagées contre les auteurs de crimes volontaires contre les biens culturels. Ce problème fera l’objet d’un point important de l’ordre du jour du Bureau du Comité du patrimoine mondial, qui se réunira le mois prochain.

Cf : Centre Catholique International pour l’UNESCO, 9, rue Cler, F-75007 PARIS.

 

LA REVISTA BROTÉRIA Y EL DIÁLOGO FE-CULTURA

Brotéria, la revista de los jesuitas portugueses, ha iniciado el tercer milenio añadiendo un nuevo subtítulo: Cristianismo e cultura. Esta magnífica publicación, casi centenaria –comenzó en 1902– suele ofrecer artículos de altísima calidad, que el lector de lengua española tiene el privilegio de leer sin apenas dificultad. Añádase a ello una excelente presentación editorial, moderna, legible, que hace de la lectura un verdadero placer. Platón decía que la belleza es el privilegio de los ojos, y en el caso de publicaciones escritas, una imagen atractiva y un diseño agradable constituyen una ayuda notable para la divulgación del pensamiento.

El nuevo subtítulo de la revista reemplaza otros usados anteriormente, en los que nunca ha faltado la palabra cultura: “revista de cultura contemporânea”, “cultura e informação”, “revista de cultura”. Dado que el nombre de una revista tiene siempre algo de programático, de tarjeta de presentación, la introducción del cambio da pie al director, P. Herminio Rico SJ, para escribir, a modo de justificación, una interesante reflexión acerca de la cultura, de la relación entre la Iglesia y la cultura, y por ende, de la misión que una revista ha de desempeñar en este campo. Por el interés que tienen, que va más allá del panorama portugués, estas consideraciones pueden resultar útiles para otros agentes de pastoral en el campo de la cultura.

El director comienza justificando negativamente la elección del subtítulo: la inclusión del término “cristianismo” no significa un endurecimiento de posiciones confesionales, sino únicamente una clarificación de la posición desde la que la revista intenta dialogar. La claridad en el diálogo, decía Pablo VI en la Ecclesiam Suam, es condición imprescindible para éste. Como dice el P. Rico, la revista quiere ser “no una revista de cultura cristiana, sino una revista cristiana de cultura”. Esta distinción es importante para el autor, ya que por debajo de estas definiciones subyacen posiciones diversas respecto a la relación entre la fe y la cultura, como más adelante se verá. La revista pretende ofrecer una visión cristiana del mundo y de la persona.

La presentación continúa señalando las diversas acepciones de la palabra cultura, y que, siguiendo un uso hoy establecido, podemos sintéticamente reducir a dos: la cultura en sentido intelectual, y la cultura en sentido socio-antropológico, como fenómeno de masas. Respecto a la cultura entendida en el primer sentido, la revista concibe su misión como una contribución a divulgarla, percibirla y gozarla, incluso en sus expresiones aparentemente hostiles al cristianismo, detrás de las cuales se esconde siempre algún germen de verdad y de belleza.

A propósito de la relación entre la Iglesia y la cultura en el sentido que hemos denominado socio-antropológico, se recuerda que ésta constituye una vía para que el cristianismo pueda enraizarse en la vida de un pueblo. Los modos de relación entre el cristianismo y una cultura determinada, han ido variando a lo largo de los siglos, con acentos y formas diversas. Aquí, el editorialista, recordando que existen diversos modos de concebir esta relación, expone la posición de la revista dialécticamente, frente a otros modelos. El modelo teológico de la relación con las realidades del mundo que inspiró el Concilio Vaticano II es el del diálogo y la mediación. A este modelo se opone el que llama de la afirmación y la presencia. En cierto sentido, se recoge aquí una polémica vieja entre el modelo de la mediación cultural y el de la presencia cultural. Según el primero, la Iglesia no debería afirmar su situación proponiendo su propia cultura, sino que, a partir de una teología centrada en la Encarnación, a la que nada humano es ajeno, el cristiano descubre en toda manifestación cultural gérmenes de verdad y sabe escuchar los deseos profundos de cada cultura para mostrar la respuesta que el Evangelio ofrece. En cambio el modelo de presencia, parte de una concepción de la revelación que viene de lo alto, a cuya luz toda cultura humana aparece necesariamente deficiente. La solución suia crear una cultura cristiana a partir de los datos de las enseñanzas reveladas, en oposición a las demás propuestas culturales.

Naturalmente, toda simplificación es mala, y también en este caso, la alternativa mediación o presencia no hace justicia a la complejidad de los términos del debate. Ahí está toda la cuestión acerca de la existencia o no de una cultura católica, y de la posibilidad u oportunidad de hacer gravitar en torno a ella la propuesta cultural de la Iglesia. Es un debate antiguo, de hondas raíces, que puede retrotraerse hasta las polémicas de los años treinta acerca de la filosofía cristiana, agudizadas sobre todo en el inmediato post-concilio.

En cualquier caso, la revista apuesta decididamente “por el diálogo como método, sin renunciar, con todo, a la capacidad de denuncia profética. Quiere promover una visión optimista de los movimientos de la historia, sin ser ingenua o superficial. … Por eso, sin ser condescendiente, no cree en el antagonismo cultural como camino constructivo, antes opta por un esforzado discernimiento de crear puentes, traducir lenguajes, procurar puntos de contacto y apertura para el encuentro, de donde pueda nacer la posibilidad de conversión. Su objetivo último es la contribución para una transformación profunda de las estructuras injustas y opresoras que marginan a tantas personas. Este cambio no puede prescindir de la conversión de las mentalidades, de una nueva percepción de los valores y de la mudanza de muchos hábitos de vida. Y esto sólo se puede hacer a través de la cultura”.

Respecto a la situación concreta en Portugal, la revista reconoce que hay una impronta cristiana en la identidad cultural portuguesa que nadie puede negar. Esta carga de valores cristianos aún presente en gran medida en la sociedad portuguesa, sin embargo, no da derecho a ningún privilegio especial. Lo único que pide la Iglesia en Portugal es poder entrar en el diálogo público sin ser discriminada en virtud de una presunta neutralidad que al final se revela no neutral sino positivamente hostil. Este diálogo con la sociedad moderna, la revista lo entiende como un intento de “hacer creíble el mensaje y la actitud cristianas a los ojos de la cultura”, sin apelar a derechos históricos, o a una superioridad moral.

 

EVIL IN CULTURE

The Summer 2000 edition of The Hedgehog Review is a collection of essays on evil. The editorial introduction points out the high profile of the question of evil in philosophy and in films. In the former case, the language used about evil can remain inaccessible, whereas the accessibility of film treatments of evil is marred by the lack of seriousness that necessarily goes hand in hand with theatrical portrayals of evil. The language in this review is closer to philosophical language, but that bears witness to the care with which the term should be used. The essays attempt to avoid the fundamentalism that too readily labels one’s enemies as “evil” and the “relativism that refrains from making any moral judgements whatsoever, either out of fear of offending someone or out of a bland tolerance towards everything”. Neither really faces evil, but these essays “call for an engaged and thoughtful response to the horrors of our world” (p. 6). Charles Mathewes tries to narrow down what sort of concept the concept of evil ought to be. Thomas Cushman uses the terrible example of Bosnia to insist that sociology can no longer continue to be anaesthetised or protected from facing the reality of evil. In his discussion of the various ways postmodern literature has transformed evil (and made it almost synonymous with suffering), David Morris is able to situate the work of Emmanuel Lévinas and Gustavo Gutiérrez in the context of an inter-human ethical imperative, far from the classical myths of the origin of evil. Richard Kearney picks up the obdurate fact of protest against unjust suffering: why me? He thinks Kant was right to make evil a matter of contingency rather than necessity, because in this he “brought us face to face with the responsibility of action” (p. 74). Curiously, this article is relevant to current discussions on immigration, and brings together the very different ideas of Kant and Derrida (among others) on how to cope with strangers in our midst. Besides the other articles, there is also a valuable bibliography on evil, which is an excellent resource.

Source: The Hedgehog Review. Critical Reflections on Contemporary Culture¸ Vol. 2, No. 2, Summer 2000. University of Virginia, Charlottesville, VA (U.S.A.).

 

CONSEIL DE L’EUROPE
Rapport de la Commission de la culture, de la science et de l’éducation

A la suite de son rapport sur les cultures minoritaires ouraliennes en danger en Russie et de la Résolution 1171 (1998), l’Assemblée se préoccupe de la situation de la culture de la minorité csángó, qui se perpétue en Roumanie depuis des siècles.

La situation des Csangos a été étudiée par les organisations internationales, comme l’ONU et, surtout, le Conseil de l’Europe. Les représentants de la Commission de Culture et de l’Education de l’Assemblée Parlementaire du Conseil de l’Europe, se sont rendus plusieurs fois en Roumanie.

Les Csangos (ceangăi en roumain) forment un groupe non homogène de catholiques. Ce groupe ethnique a traversé les siècles depuis le Moyen Âge et subsiste en Moldavie, dans la partie orientale des Carpates de la Roumanie. Les Csangos parlent une forme archaïque de hongrois et se distinguent par des traditions anciennes, et une culture et un art populaires très riches, d’une valeur exceptionnelle pour l’Europe.

Pendant des siècles, l’identité des Csangos a reposé sur la religion catholique de rite romain et sur leur propre langue parlée dans le cercle familial et dans la communauté villageoise, ce qui peut expliquer, parallèlement à leur mode de vie archaïque et à leur vision du monde, les liens très forts qu’ils entretiennent avec la religion catholique et la survivance de leur dialecte.

Les personnes qui parlent encore le csángó ou le considèrent comme leur langue maternelle représentent une part de plus en plus faible de la population. Bien que ce chiffre ne soit pas accepté par tout le monde, on estime que sur 260.000 Csangos - estimation haute -, seuls 60.000 à 70.000 environ parlent la langue csángó. Cette culture est aujourd’hui menacée d’extinction. Une aide de l’Europe est nécessaire pour sauver cette culture.

Les Csangos ne formulent aucune revendication politique, mais veulent simplement être reconnus comme une culture distincte. Ils demandent qu’on les aide à sauvegarder cette culture, et avant tout que leurs enfants puissent apprendre la langue csángó et que les offices religieux soient célébrés dans leur langue maternelle.

Il faudrait voir dans la diversité des cultures et des langues une ressource précieuse qui enrichit notre patrimoine européen et renforce l’identité de chaque nation et de chaque individu. Une aide européenne, et notamment celle du Conseil de l’Europe, se justifie pour sauver toute culture et s’avère nécessaire dans le cas des Csangos. L’objectif principal de toutes les démarches doit être la préservation et le développement de l’identité culturelle, linguistique, religieuse de cette communauté et il est nécessaire d’aborder ce problème en dehors de toute connotation politique.

Cfr : Rapport de la Commission de la culture, de la science et de l’éducation sur La culture de la minorité csango en Roumanie, Doc. 9078, 4 mai 2001.

 

SANT’AGOSTINO: MODELLO DI DIALOGO FRA CULTURE

Si è tenuto dal 1° al 7 aprile, ad Algeri, il Convegno internazionale su Agostino d’Ippona, intitolato: Africanità e universalità di S. Agostino e promosso, sotto l’egida del Presidente dell’Algeria Abdelaziz Bouteflika, dall’Arcivescovo di Algeri, Henri Teissier, dall’Alto Consiglio Islamico Algerino, dall’Università di Friburgo e dall’Istituto Patristico Augustinianum di Roma.

Un convegno su Sant’Agostino, figlio di coloni romani della Numidia, nato a Tagaste nel 354 e morto ad Ippona nel 430, riveste una molteplicità di significati e ripropone il legame dell’Algeria attuale con il suo passato, ricco di storia e di cultura. L’opera ricca, profonda e di grande attualità di Sant’Agostino può costituire uno dei ponti per stabilire, nella diversità, la concordia tra le società umane nel mondo odierno contrassegnato dalle sfide del dialogo fra le culture e civiltà. Lo ha voluto sottolineare nel suo discorso il Presidente Bouteflika, affermando che, malgrado la frattura culturale esistente ed alimentata da una parte dalla diffidenza e dall’altra da alcuni movimenti islamici estremisti violenti, il dialogo franco e leale tra l’Occidente e il mondo islamico non solo è necessario, ma anche possibile.

Cfr: L’Osservatore Romano, 26/27-3-2001, Radiogiornale 2-4-2001, p. 6-7.

 

EL MES EN LA UNESCO

El mes en la UNESCO es el boletín trimestral, publicado en francés, inglés y español, editado por el Centro Católico Internacional para la UNESCO (CCIC), una especie de “embajada” de las organizaciones internacionales católicas ante el organismo de las Naciones Unidas. El director de la publicación, Jean Larnaud, fue director del CCIC, y miembro del Consejo Internacional del Consejo Pontificio de la Cultura. Cuenta con la ayuda de Pierre Kemmer como redactor jefe, y de Gilles Delliance, Director actual del CCIC. Se trata de un instrumento de trabajo valiosísimo, no sólo para conocer la actividad del CCIC, sino también para seguir de cerca las actividades de la UNESCO, y más en general, para estar al día en lo referente a las principales cuestiones en política cultural. Un vistazo al índice de la revista permite percibir la amplitud de los temas tratados: educación, ciencias naturales, ciencias sociales, cultura y patrimonio... Completan la revista una sección dedicada a la cultura de la paz en todo el mundo; una riquísima información acerca de la actividad cultural en el mundo católico, de la Santa Sede y las organizaciones católicas, y finalmente señalaciones de lectura.

Además de la cantidad de información que ofrece, la revista presenta en cada número un dossier dedicado a un tema específico. Este año, no podía ser otro que el Diálogo entre las civilizaciones, dado que las Naciones Unidas así han declarado el año 2001, y al cual el Santo Padre ha dedicado el mensaje para la Jornada Mundial de la Paz. Se trata de un texto breve, que ofrece directrices claras y precisas para orientarse en este campo. La revista Culturas y fe también se ha ocupado de la cuestión en diversas ocasiones, (véase nº 3/2000). El mes en la UNESCO nos ofrece un editorial del Redactor Jefe, P. Kemner, además de otros ensayos que permiten hacerse una idea más completa de la puesta en juego. Doudou Diène, Director de la División de Proyectos interculturales de la UNESCO define el diálogo entre las civilizaciones “un desafío para el sistema de las Naciones Unidas y para la UNESCO”. Al exponer la iniciativa de la UNESCO en este campo, recuerda que el diálogo entre las culturas es una respuesta a los peligros de una mundialización hegemónica. Para que este diálogo sea fecundo y duradero, continua Dienne, el diálogo tiene que integrar tres dimensiones fundamentales: estética, ética y espiritualidad. De ahí que el diálogo interreligioso sea una dimensión fundamental del diálogo entre civilizaciones y culturas, cuyo objetivo es el de lograr, en el ámbito de la ética y de la espiritualidad, un reconocimiento de los valores considerados patrimonio espiritual común de la humanidad. En definitiva, la propuesta del diálogo entre las culturas, se basa, en último término, en el hecho de que toda cultura es un conjunto vivo, en constante evolución, en cuyo interior yace un dinamismo oculto que la lleva a autosuperarse. En esto, las reflexiones del Sr. Dienne, muestran una sorprendente cercanía a cuanto propone Juan Pablo II en Fides et Ratio.

 

LA CULTURE DANS LE DISPOSITIF PASTORAL DIOCÉSAIN

A l’occasion d’une rencontre organisée par trois mouvements apostoliques – Action Catholique des Milieux Indépendants ; Entrepreneurs et Dirigeants Chrétiens ; Mouvement des Cadres Chrétiens – le samedi 28 avril à Angers, l’Évêque du diocése , Mgr Jean-Louis Bruguès, a souligné  l’importance que revêt la culture. Dans le dispositif pastoral du diocèse, il entend promouvoir une prise en charge du monde de la culture.


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