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COHERENCIA EUCARÍSTICA
DE LOS POLÍTICOS Y LEGISLADORES

Intervención durante la XI Asamblea General Ordinaria
del Sínodo de los Obispos

Ciudad del Vaticano, 7 de octubre de 2005

 

Se trata de un problema candente en no pocas naciones y parlamentos. Hoy los proyectos de ley y las elecciones realizadas o por realizarse ponen en grave peligro «la estupenda noticia», es decir el Evangelio de la Familia y de la Vida, que forman una unidad inescindible[1]. Está en juego el futuro del hombre y de la sociedad y, por muchos aspectos, la genuina posibilidad de una evangelización integral.

Existe, como se escucha frecuentemente, una argumentación espuria por una considerada libre elección política, que tendría la primacía sobre los principios evangélicos y también sobre la referencia a una recta razón. El positivismo jurídico sería una explicación suficiente. Son bastante conocidas las ambiguas posiciones de los legisladores sobre el divorcio, sobre las parejas de hecho[2], que, al menos constituirían una alternativa al matrimonio[3], aunque estas uniones sean simplemente unas «ficción jurídica», «dinero falso puesto en circulación»[4]. Peor todavía, cuando se trata de «parejas» del mismo sexo[5], cosa hasta ahora desconocida en la historia cultural de los pueblos y del derecho, aunque éstas no se presenten como «matrimonio»[6].

Ciertamente, todavía más destructivo es presentar esta ficción jurídica como «matrimonio» y pretender el derecho a la adopción de niños. Toda esta tendencia, que puede invadir tantas naciones, es claramente contraria al derecho divino, a los mandamientos de Dios y es la negación de la ley natural. El tejido social es herido en modo letal. Esto implica un influjo desastroso sobre los derechos y sobre la verdad referente al hombre, el cual ya no advierte más el carácter «trascendental» de su «existir como hombre» y se reduce a un instrumento y a un objeto[7] en los diversos atentados contra la vida, comenzando por el delito abominable del aborto[8].

¿Puede permitirse el acceso a la comunión eucarística a quienes niegan los principios y los valores cristianos?

La responsabilidad de los políticos y legisladores es grande. No puede separarse la así llamada opción personal de los deberes socio-políticos. No es un problema «privado»[9], es una necesaria aceptación del Evangelio, del Magisterio y de la recta razón.

Como para todos, también para los políticos y los legisladores, es válida la palabra de Dios: «Quien come el pan o bebe el cáliz del Señor indignamente (...), come y bebe su propia condena» (1 Cor 11, 27, 29).

En la Eucaristía está realmente presente el Señor de la Familia y de la Vida[10], del amor, de la alianza que une a los esposos. Dios es el Creador de la dignidad humana. La cuestión no se resuelve de modo coyuntural según la variedad de los comportamientos en los diferentes países, ya que la conciencia de los cristianos y la comunión eclesial resultarían ofuscadas y confusas. Todas esas cuestiones deben ser clarificadas e iluminadas por la Palabra de Dios a la luz del Magisterio de la Iglesia, en el splendor Veritatis.

Los políticos y los legisladores deben saber que, proponiendo y difundiendo los proyectos de leyes inicuos, tienen una grave responsabilidad[11] y deben poner remedio al mal hecho y difundido para poder acceder a la comunión con el Señor[12], que es Camino, Verdad y Vida (cfr. Jn, 14, 6).

Ciudad del Vaticano, intervención del Cardenal Alfonso López Trujillo en el Sínodo de la Eucaristía, 7 de octubre 2005

S. E. Alfonso Card. López Trujillo
Presidente del Pontificio Consejo para la Familia


[1] «El hombre no se puede separar de Dios, ni la política de la moral» (Juan Pablo II, Carta Apostólica, Motu Proprio dada Para la Proclamación de Santo Tomás Moro, Patrono de los Gobernantes y de los Políticos, n. 1. AAS 93 [2001], 76-80).

[2] Cfr. Pontificio Consejo para la Familia, Familia, matrimonio y «uniones de hecho». Librería Editrice Vaticana, 2000.

[3] «Sin embargo, la dignidad de esta institución no brilla en todas partes con el mismo esplendor, puesto que está oscurecida por la poligamia, la epidemia del divorcio, el llamado amor libre y otras deformaciones» (Concilio Vaticano II, Cost. Apost. Gaudium et Spes, n. 47.2).

[4] Nota del Comité Ejecutivo de la Conferencia Episcopal Española. A favor del verdadero matrimonio. N. 4b, Madrid, 15 de julio de 2004.

[5] «Los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados. Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso» (CCC, n. 2357). «Algunos concluyen que su tendencia es natural hasta tal punto de que debe ser considerada en ellos como justificativa de relaciones homosexuales en una sincera comunión de vida y amor, análoga al matrimonio..., los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados y en ningún caso pueden recibir aprobación». Congregación para la doctrina de la fe, Persona humana. Algunas cuestiones de ética sexual, [1975], n.8).

[6] «La sexualidad se despersonaliza e instrumentaliza: de signo, lugar y lenguaje del amor, es decir, del don de sí mismo y de la acogida del otro según toda la riqueza de la persona, pasa a ser cada vez más ocasión e instrumento de afirmación del propio yo y de satisfacción egoísta de los propios deseos e instintos» (Evangelium Vitae, [1995], n. 23).

[7] «Encerrado en el restringido horizonte de su materialidad, se reduce de este modo a ‘una cosa’, y ya no percibe el carácter trascendente de su ‘existir como hombre’... La vida llega a ser simplemente ‘una cosa’, que el hombre reivindica como su propiedad exclusiva, totalmente dominable y manipulable».

[8] «La responsabilidad implica también a los legisladores que han promovido y aprobado leyes que amparan el aborto». (EV, n. 59).

[9] El Santo Padre Benedicto XVI en la Homilía de octubre 2 de 2005 usa la palabra «hipocresía».

[10] «La familia es el santuario de la vida» (EV. N. 92).

[11] «La introducción de legislaciones injustas pone con frecuencia a los hombres moralmente rectos ante difíciles problemas de conciencia en materia de colaboración, debido a la obligatoria afirmación del propio derecho a no ser forzados a participar en acciones moralmente malas. A veces las opciones que se imponen son dolorosas y pueden exigir el sacrificio de posiciones profesionales consolidadas o la renuncia a perspectivas legítimas de avance en la carrera» (EV, n. 74). «Quienes se comprometen directamente en la acción legislativa tienen la ‘precisa obligación de oponerse’ a toda ley que atente contra la vida humana» (Congregación para la Doctrina de la Fe. Nota doctrina sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política, 24 de noviembre de 2002).

[12] «Quien tiene conciencia de estar en pecado grave debe recibir el sacramento de la Reconciliación antes de acercarse a comulgar» (CCC, 1385).

 

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