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CONSEJO PONTIFICIO PARA EL
DIÁLOGO INTERRELIGIOSO
REUNIÓN DE ORACIÓN
EN ASÍS PARA PEDIR EL DON DE LA PAZ
El próximo día 24 de enero se reunirán los representantes de las religiones
del mundo en Asís. Acudirán por invitación del Santo Padre, para orar. Son
conscientes de las tensiones existentes en el escenario internacional. Hay
acontecimientos que turban. Existen preocupaciones. Las cosas podrían ir mejor.
Pero también podrían empeorar. La humanidad tiene necesidad de paz. San
Francisco de Asís atrae a las personas de muchas religiones porque fue hermano
de todos, porque los amó a todos, porque tuvo un corazón abierto a todos. Los
representantes de las diversas religiones acudirán en peregrinación a Asís
para pedir a Dios, en la oración, el don de la paz.
Armonía desde la pluralidad religiosa y cultural
La sociedad humana en el mundo está haciéndose cada vez más pluralista desde
el punto de vista cultural y religioso. La relativa facilidad de los medios
modernos de comunicación y transporte ha sido uno de los factores que ha
influido en ello. Así, se ha producido una creciente interdependencia de los
pueblos en ámbito económico, cultural, social y educativo.
Esta pluralidad es un hecho. La gente debe aprender a aceptarla. Deben proseguir
los esfuerzos positivos para promover un mejor entendimiento recíproco y una
mayor colaboración entre pueblos de diferentes culturas y religiones. Las
culturas y las religiones pueden enfrentarse, pero no deben enfrentarse
necesariamente. Se debe evitar ese enfrentamiento. Por eso, la humanidad debe
avanzar, evitando un enfrentamiento y fomentando la armonía y la colaboración.
Hay muchos desafíos y tareas que requieren la colaboración de las personas
procedentes de diferentes ambientes. Por ejemplo, una mayor justicia en la
sociedad, la reducción de la brecha entre ricos y pobres, la promoción de la
paz, la prevención de la guerra, el uso de los bienes terrenos y la conservación
del medio ambiente.
El Papa Juan Pablo II ha invitado a los representantes de las diferentes
religiones a Asís con esta convicción de la necesidad de colaboración. En
1991 ya había afirmado: "Estoy persuadido de que las religiones
tendrán hoy y mañana una función eminente para la conservación de la paz y
para la construcción de una sociedad digna del hombre" (Centesimus
annus, 60). Diez años después, repitió esa misma convicción en la
clausura del gran jubileo: "En la situación de un marcado pluralismo
cultural y religioso, tal como se va presentando en la sociedad del nuevo
milenio, este diálogo es también importante para proponer una
firme base de paz y alejar el espectro funesto de las guerras de religión
que han bañado de sangre tantos períodos en la historia de la
humanidad" (Novo millennio ineunte, 55).
La religión enseña el amor no la violencia
Toda religión digna de este nombre enseña el amor al prójimo. Es verdad que
la dimensión principal de la religión es vertical: atención a Dios, al
Creador, al que es preciso adorar, alabar y dar las gracias. Pero la dimensión
horizontal de la religión viene inmediatamente después: aceptar y
respetar a las demás personas.
El amor al prójimo, que el cristianismo profesa como la regla de oro de la
conducta moral ("Todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo
también vosotros a ellos: porque esta es la Ley y los profetas", Mt
7, 12), también forma parte del patrimonio doctrinal de otras grandes
religiones del mundo. Cito aquí las máximas de seis:
Hinduismo: "El deber supremo es no hacer a los demás lo que
te causa dolor cuando te lo hacen a ti" (Mahabharata 5, 15, 17).
Budismo: "No hieras a los demás, para que no te encuentres
herido tú también" (Udanavarga 5, 18).
Confucianismo: "La benevolencia máxima consiste en no hacer a
los demás lo que no quieras que te hagan a ti" (Analectas Rongo, 15, 23).
Judaísmo: "Lo que para ti es odioso, no lo hagas a tu prójimo.
En esto consiste toda la Ley; todo lo demás es un comentario" (Talmud,
Shabbat 31 a).
Islam: "Ninguno de vosotros es creyente si no ama a su hermano
como a sí mismo" (Las 42 tradiciones de An-Nawawi).
Religión tradicional africana: "Lo que das -o haces- a los
demás, eso te darán -o harán- a ti" (Proverbio ruandés).
Dios es Dios de amor y no de odio; es Dios de vida y no de muerte; es Dios de
paz y no de guerra. "El nombre del único Dios tiene que ser cada vez más,
como ya es de por sí, un nombre de paz y un imperativo de paz", dice Juan
Pablo II (Novo millennio ineunte, 55). Los que provocan
conflictos, odio, violencia y terrorismo deben saber que en la medida en que lo
hacen no son buenos miembros de ninguna religión. La violencia en nombre de
Dios o de la religión es una contradicción, como dijo también el Santo
Padre durante la VI Asamblea general de la Conferencia mundial sobre la
religión y la paz, el 3 de noviembre de 1994 (cf. L'Osservatore Romano,
edición en lengua española, 11 de noviembre de 1994, p. 4). El encuentro de Asís
del próximo día 24 de enero dice "no" a las guerras de religión y a
todos los actos violentos o terroristas, especialmente cuando se perpetran en
nombre de la religión. Al mismo tiempo, personas de muchas religiones defienden
implícitamente el respeto al derecho humano fundamental a la libertad
religiosa, para que cesen todas las persecuciones y discriminaciones contra las
personas a causa de su religión.
El camino de la paz
La senda de Asís es también un camino de paz. Es mejor para la humanidad que
los seguidores de las diferentes religiones estén convencidos de que deben
caminar juntos por la senda que lleva a la paz.
Este camino implica aceptar la realidad de la interdependencia de los pueblos,
cuando se acoge libremente y se vive con generosidad. Entonces se engendra la
virtud moral de la solidaridad. Las personas aprenden a aceptarse mutuamente, no
como enemigos o adversarios, sino como compañeros del viaje de la vida.
La solidaridad exige prestar atención a las situaciones de injusticia, opresión
o represión. Exige también un compromiso realista en favor del desarrollo de
los pueblos. "El desarrollo -dijo el Papa Pablo VI- es el nuevo nombre de
la paz" (Populorum progressio, 76-80). Si las personas tienen
hambre, si carecen de vivienda, si son ignorantes, si se ven privadas de
asistencia sanitaria, y si no se respetan sus derechos políticos, estamos lejos
de la senda de la paz.
El cristianismo transmite un mensaje universal
El mensaje de amor y sacrificio que Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre,
trajo al mundo es significativo para todos los pueblos, lenguas, culturas y
religiones. Cristo eligió nacer en Palestina, en Asia menor, en Asia
occidental, o en Oriente Próximo, como dirían algunos hoy en Occidente. Pero
la religión que fundó es para todas las naciones. Vino para "reunir en
uno a los hijos de Dios que estaban dispersos" (Jn 11, 52).
San Pablo, uno de los primeros misioneros, difundió inmediatamente el
cristianismo en Europa (cf. Hch 16, 9-10). Siguiendo el
desarrollo de la historia, el cristianismo asumió algunos elementos de la
cultura grecorromana. Muchos misioneros, hasta el siglo pasado, procedían de
Europa.
Pero la situación está cambiando. El cristianismo llegó a América hace
quinientos años. En África, el norte fue cristiano ya desde los primeros
siglos; al sur del continente, desde el Sahara, ha progresado mucho la fe
cristiana durante los últimos 150 años.
En 1659, la Congregación para la evangelización de los pueblos, al enviar
misioneros a Asia (Lejano Oriente), les dio instrucciones muy claras de respetar
las culturas de los nuevos pueblos que aceptaran el Evangelio y de cambiar sólo
lo que fuera incompatible con el Evangelio (cf. Collectanea de la Sagrada
Congregación de Propaganda Fide 1, n. 135, p. 42).
La Iglesia, especialmente en nuestros tiempos, subraya la necesidad y la
urgencia de la inculturación. Aunque en esta cuestión no todos los misioneros
alcanzan la altura del padre Matteo Ricci, y aun reconociendo que algunos
misioneros han cometido auténticos errores, es muy clara la doctrina de la
Iglesia.
Por consiguiente, no es correcto identificar el cristianismo con Occidente, o
achacar al cristianismo los elementos negativos de la cultura occidental, como
el liberalismo, la permisividad y la tendencia secularista a vivir como si Dios
no existiera.
Oración humilde
Las personas religiosas aprecian la necesidad humana de Dios. La oración brota
del corazón humano hacia Dios, el Creador, porque la criatura humana acepta su
dependencia total de Dios.
Cuando se ha dicho y hecho todo lo posible, la paz sigue siendo don de Dios.
Aunque la humanidad tiene necesidad de los gobiernos, de la Organización de las
Naciones Unidas y de las diversas asociaciones nacionales e internacionales para
la paz, toda la humanidad recibe el don de la paz sobre todo de Dios como fruto
de la oración humilde. Y cuando la oración va acompañada del ayuno y de la
solidaridad con los pobres se convierte en una petición más eficaz ante Dios.
El aprecio de esta dimensión espiritual en la búsqueda de la paz ayuda a
explicar por qué la invitación del Santo Padre a los representantes de las
religiones del mundo a acudir a Asís en 1986 para orar y ayunar por la paz fue
acogida con gran entusiasmo. Nuestra oración y nuestra esperanza es que la
invitación a Asís para el próximo día 24 de enero reciba esa misma acogida
cordial y que los creyentes del mundo encuentren el modo de unirse
espiritualmente con ocasión de este acontecimiento.
Cardenal Francis ARINZE
Presidente
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