Es conocida como
la “Cruz del Año Santo”, la “Cruz del Jubileo”, la “Cruz de la
JMJ”, la “Cruz peregrina”; muchos la llaman la “Cruz de los
jóvenes”, porque ha sido entregada a los jóvenes para que la
llevasen por todo el mundo, a todos los lugares y en todo tiempo.
Ésta es su historia:
Era en 1984, Año
Santo de la Redención, cuando el Papa Juan Pablo II decidió que
tenía estar una cruz - como símbolo de la fe - cerca del altar
mayor de la Basílica de San Pedro, donde todos pudiesen verla.
Así fue instalada una gran cruz de madera, de una altura de 3,8
m, tal como él la deseaba.
Al final del Año
Santo, después de cerrar la Puerta Santa, el Papa entregó esa
misma cruz a la juventud del mundo, representada por los jóvenes
del Centro Internacional Juvenil San Lorenzo en Roma. Éstas
fueron sus palabras en aquella ocasión:
“Queridos jóvenes,
al clausurar el Año Santo os confío el signo de este Año Jubilar:
¡la Cruz de Cristo! Llevadla por el mundo como signo del amor
del Señor Jesús a la humanidad y anunciad a todos que sólo en
Cristo muerto y resucitado hay salvación y redención” (Roma, 22
de abril de 1984).
Los jóvenes
acogieron el deseo del Santo Padre. Se llevaron la cruz al
Centro San Lorenzo, que se convertiría en su morada habitual
durante los períodos en los que aquélla no estuviera
peregrinando por el mundo.
La Cruz del Año
Santo (así se denominaba en aquel entonces) hizo su primera
peregrinación en el mes de julio de 1984, trasladándose a
Munich, Alemania, para el Katholikentag (Jornada de los
Católicos). Al ser una simple cruz de madera, al principio la
gente no entendía que cosa tenía ésta de especial. Pero poco a
poco se dio cuenta que la Cruz estaba ahí en misión por deseo
del Santo Padre. En la celebración eucarística final en el
estadio de la ciudad, con 120.000 personas presentes, la Cruz
estaba cerca del altar, de tal modo que todos pudiesen verla.
Aquel año los
jóvenes se llevaron la Cruz a Lourdes, Paray-le-Monial y a otras
localidades de Francia, y después de nuevo a Alemania
(septiembre). Al escuchar esta noticia, el Papa dijo: “La tienen
que llevar también a Praga, al Cardenal Tomasek”. En aquella
época, Checoslovaquia estaba aún detrás de la cortina de hierro
y por eso la Cruz, llevada por los jóvenes, habría sido un
símbolo de la comunión con el Santo Padre. Por eso la Cruz
regresó a Alemania el 27 de diciembre.
En el mes de enero
de 1985, en respuesta a la petición del Santo Padre, un
grupo de jóvenes alemanes llevó la Cruz a Praga. El año 1985
había sido proclamado por la ONU Año Internacional de la
Juventud; el Domingo de Ramos participaron más de 300.000
jóvenes al encuentro con el Santo Padre en la Plaza de San
Pedro, y la Cruz estaba con ellos. Aquel año la Cruz fue llevada
a diversos países de Europa: Italia, Francia, Luxemburgo,
Irlanda, Escocia, Malta y Alemania; en cada uno de estos lugares
la Cruz llevada en peregrinación, fue protagonista del Vía
Crucis por las calles de las ciudades y participó en diversos
encuentros juveniles. En el mes de diciembre de 1985 el Papa
Juan Pablo II anunció que a partir del siguiente Domingo de
Ramos tendría lugar cada año una Jornada Mundial de la Juventud[1].
En el año 1986,
la Cruz estuvo presente en la celebración de la primera Jornada
Mundial de la Juventud en la diócesis de Roma, que se realizó en
la Basílica de San Juan en el Laterano el Domingo de Ramos. Para
la Cruz fue un año rico en peregrinaciones y encuentros en
Italia, Francia y Suiza.
El año 1987
fue el año de la II Jornada Mundial de la Juventud, que tuvo
lugar en Buenos Aires (Argentina), reuniendo por primera vez a
jóvenes de todo el mundo. Fue también la primera vez que la Cruz
entró en el continente americano, a donde fue llevada algunos
días antes de las celebraciones. El Santo Padre recordó a los
jóvenes los orígenes de aquella Cruz: “Preside hoy nuestro
encuentro la gran Cruz que inició todas la ceremonias del Año
Santo de la Redención, y que el Domingo de Pascua regalé a un
grupo de jóvenes ...” (11 de abril de 1987). Más tarde la Cruz
regresó a Europa para algunos encuentros juveniles en Alemania (Munich
en el mes de mayo, Stuttgart en septiembre), Francia y Grecia.
También fue al Sínodo de los Obispos que se realizó en Roma en
el mes de octubre.
En el año 1988,
después de la celebración de la III Jornada Mundial de la
Juventud de la diócesis de Roma en el Domingo de Ramos, la Cruz
fue llevada a Alemania y Francia, y después atravesó de nuevo el
Atlántico, esta vez para dirigirse a Steubenville en los Estados
Unidos.
En el año 1989
la Cruz circuló por las diócesis de los Países Bajos; en agosto
se dirigió a España, a Santiago de Compostela, para la IV
Jornada Mundial de la Juventud, que vio un nuevo Encuentro
Mundial de los jóvenes con el Papa. Allí estaba en medio de la
multitud, junto a los jóvenes de San Lorenzo, para darle la
bienvenida al Papa en la tarde de la Vigilia; la mañana
siguiente, para la Misa, fue puesta en un lugar más céntrico.
En el mes de
octubre, la Cruz visitó por primera vez el continente asiático,
dirigiéndose a Seúl (Corea) para el Congreso Eucarístico
Internacional.
En el año 1990,
la Cruz fue llevada a la V Jornada Mundial de la Juventud de la
diócesis de Roma, el Domingo de Ramos. Regresó dos veces al
continente americano: México y los Estados Unidos. Además visitó
Francia, Alemania e Italia.
En el mes de agosto
de 1991, con ocasión de la VI Jornada Mundial de la
Juventud, la Cruz fue con los jóvenes a Czestochowa (Polonia)
para participar al nuevo Encuentro Mundial con el Papa. Una vez
más el Papa atrajo la atención de los jóvenes sobre la Cruz: “En
medio a nosotros, que estamos en vigilia, se ha detenido la
Cruz. Habéis traído hasta aquí esta Cruz y la habéis erigido en
el centro de nuestra asamblea. [...] La Cruz, el signo del
inefable divino amor. Es el signo que revela que ‘Dios es amor’”
(cfr. 1Jn 4,8) (14 de agosto 1991). Seguidamente la Cruz
visitó Alemania y Suiza.
El Domingo de Ramos
de 1992, durante la celebración de la VII Jornada Mundial
de la Juventud de la diócesis de Roma, la Cruz fue confiada a
los jóvenes de Estados Unidos, donde tendría lugar el siguiente
Encuentro Mundial. En el momento del Ángelus dijo el Papa: “Que
la Cruz del Año Santo - ¡árbol de la vida! - que ahora pasará de
las manos de los jóvenes polacos a aquéllas de los jóvenes
llegados desde los Estados Unidos, acompañe vuestro camino de
preparación” (12 de abril 1992). Antes de iniciar su viaje por
las diócesis estadounidenses, la Cruz fue llevada a Australia,
donde los jóvenes también querían acogerla, aunque sólo fuera
por un breve período.
En el año 1993
la Cruz inició su viaje por los Estados Unidos, presidiendo
celebraciones, encuentros, convenios y peregrinaciones en todo
el país. Más tarde fue llevada al Encuentro Mundial de los
jóvenes con el Papa, que se realizó en Denver para la VIII
Jornada Mundial de la Juventud. El Santo Padre dijo a los
jóvenes allí reunidos: “Seguid la Cruz ‘peregrina’, andad en
busca de Dios, porque podéis encontrarlo también en el corazón
de una ciudad moderna” (12 de agosto 1993). La Cruz prosiguió su
viaje a través de los Estados Unidos hasta finales de aquel año.
El Domingo de Ramos
de 1994, durante la celebración de la IX Jornada Mundial
de la Juventud de la diócesis de Roma en la Plaza de San Pedro,
una delegación de jóvenes de los Estados Unidos pasó la Cruz a
una delegación de jóvenes de las Filipinas; de hecho el Santo
Padre había dicho en Denver: “La Cruz del Año Santo nos
conducirá a un encuentro con el pueblo generoso y lleno de fe de
las Filipinas” (15 de agosto 1993). Así la Cruz partió hacia las
Filipinas donde emprendió una larga peregrinación por 79
diócesis del país, trasladándose en barco, llevada a cuestas por
los jóvenes o con cualquier otro medio de transporte disponible.
En el mes de enero
de 1995 se desarrolló un nuevo Encuentro Mundial de
jóvenes con el Papa, con ocasión de la X Jornada Mundial de la
Juventud. La Cruz fue llevada a la ciudad algunos días antes de
la celebración. Durante la vigilia del sábado por la tarde, el
Santo Padre se expresó de la siguiente manera: “La Cruz
peregrina pasa de un continente al otro y los jóvenes de todas
partes se reúnen para testimoniar juntos que Jesucristo es el
mismo para cada uno, y su mensaje es siempre el mismo. En él no
hay divisiones, ni rivalidades étnicas, ni discriminaciones
sociales. Todos son hermanos y hermanas en la única familia de
Dios” (14 de enero 1995). Después de la Jornada Mundial de la
Juventud la Cruz regresó a Italia, donde se dirigió a diversas
ciudades y santuarios.
La Cruz fue después
entregada por un grupo de jóvenes filipinos a un grupo de
jóvenes franceses el Domingo de Ramos de 1996, durante la
celebración de la XI Jornada Mundial de la Juventud de la
diócesis de Roma en la Plaza de San Pedro. Éstas fueron las
palabras del Papa: “Abrazar en este día la Cruz, pasarla de mano
en mano, constituye un gesto muy elocuente. Es como si
dijéramos: Señor, no queremos estar contigo sólo en el momento
del ‘Hosanna’; pero, con tu ayuda, queremos acompañarte en el
Vía Crucis como lo hizo María, Madre tuya y nuestra, y el
apóstolo San Juan” (31 de marzo 1996). Inmediatamente después
los jóvenes franceses se llevaron la Cruz a su país, donde hizo
su ingreso triunfal en la Catedral de Chartres, presenciando la
Misa vespertina del Domingo de Ramos. Así comenzó su nueva
peregrinación que la llevó a visitar 90 diócesis y Movimientos,
también en Alemania y en los Países Bajos. Esta vez en Alemania
se dirigió a Berlín, donde el Santo Padre tenía un encuentro con
los jóvenes del lugar; la Cruz se quedó toda la noche con los
jóvenes, recogidos en la oración.
En el año 1997
la Cruz continuó su peregrinación por Francia y los países
vecinos (Austria en enero, Bélgica en abril), llegando a París
en el mes de agosto para la XII Jornada de la Juventud, de nuevo
celebrada con un Encuentro Mundial de los jóvenes con el Papa. A
continuación retornó a Roma.
En el año 1998,
durante la celebración de la XIII Jornada Mundial de la Juventud
de la diócesis de Roma en la plaza de San Pedro, una delegación
de jóvenes franceses entregó la Cruz a una delegación de jóvenes
italianos: el próximo Encuentro Mundial tendría lugar en Roma
durante el Grande Jubileo. En su homilía del Domingo de Ramos,
Juan Pablo II dijo: “Queridos jóvenes, es a vosotros a quienes
se vuelve a proponer el mensaje de la Cruz. Es a vosotros, que
seréis los adultos del tercer milenio, a quienes se ha confiado
esta Cruz que en breves momentos será entregada de un grupo de
jóvenes franceses a una representación de la juventud de Roma y
de Italia. De Roma a Buenos Aires; de Buenos Aires a Santiago de
Compostela; de Santiago de Compostela a Czestochowa; de Jasna
Góra a Denver; de Denver a Manila; de Manila a París, ha
peregrinado esta Cruz de un país a otro, de un continente a
otro. Vuestra elección, queridos jóvenes es clara: descubrir en
la Cruz de Cristo el sentido de vuestra existencia y la fuente
de vuestro espíritu misionero” (5 de abril 1998). Después de la
celebración, la Cruz comenzó a viajar por todo el territorio
italiano.
En el año 1999,
continuando su peregrinación por Italia, la Cruz se detuvo en
Torino para el Domingo de Ramos (14 de marzo) y participó en un
encuentro de jóvenes en conexión televisiva con la Plaza de San
Pedro para el Ángelus del Santo Padre. En el mes de mayo se
encontraba en Ancona cuando el Papa fue a visitar la ciudad. La
primera etapa propiamente jubilar fue la celebración que se tuvo
en torno a la Cruz el 14 de septiembre en Roma, en la basílica
de la Santa Cruz de Jerusalén.
En el año 2000
la Cruz prosiguió su peregrinación jubilar por Italia: en la
última etapa fue llevada a cuestas de Mantua a Roma por un grupo
de 200 jóvenes, que luego entregaron a los delegados del Foro
Internacional de Jóvenes con las siguientes palabras: “Durante
el camino nos hemos enamorado profundamente de esta Cruz ...
pero somos de verdad felices de dárosla, porque esta Cruz no es
nuestra, es la Cruz de todos y para todos. Más bien, entendemos
que este gesto es para nosotros el último acto de nuestra
peregrinación, pero también el inicio de una nueva vida, en la
que la Cruz no es más un trozo de madera, sino una Cruz que
todos los días debemos llevar con nosotros” (12 de agosto 2000).
Entonces la Cruz fue llevada a la Plaza de San Pedro para la
apertura de la XV Jornada Mundial de la Juventud, celebrada con
uno de los mayores encuentros jamás visto: entre el 15 y 20 de
agosto 2000, la Cruz fue protagonista de un imponente Vía Crucis
que a través el Foro Romano llegó hasta el Coliseo, fue testigo
de infinidad de jóvenes acercarse al sacramento de la
reconciliación en el Circo Máximo, y más de dos millones de
personas participaron en la Mesa final celebrada por el Santo
Padre en Tor Vergata.
En el año 2001,
de nuevo en la Plaza de San Pedro para la celebración de la XVI
Jornada Mundial de la Juventud de la diócesis de Roma, la Cruz
fue entregada por una delegación de jóvenes italianos a una
delegación de jóvenes del Canadá, donde se celebraría el
sucesivo Encuentro Mundial. Cruzando de nuevo el Atlántico, la
Cruz comenzó su larga peregrinación por el inmenso territorio
canadiense: viajando en aviones privados o de línea, llevada en
trineos, transportada en grúas, tractores, barcos de vela y de
pesca, fue a visitar parroquias, cárceles de jóvenes, escuelas,
universidades, monumentos nacionales, centros comerciales,
calles del centro, parques y barrios nocturnos.
En el año 2002,
la Cruz continuó su viaje por el Canadá, interrumpido por tres
días en el mes de febrero, al ser llevada al Ground Zero, Nueva
York, como signo de esperanza para el pueblo de los Estados
Unidos, poco después de la tragedia del 11 de septiembre. A
continuación, la Cruz regresó al Canadá. El 28 de abril un grupo
de jóvenes de Ontario y del Quebec (llamados ‘portageurs’)
partió con la Cruz desde la Catedral María Regina Mundi de
Montreal, para llevarla a pie hasta Toronto, en una
peregrinación que duraría 43 días: dondequiera que se detuviese
durante este viaje, la Cruz atraía a muchísima gente, que venía
a tocarla y a abrazarla, rezando fervorosamente. En Toronto, la
Cruz se quedó con los jóvenes para toda la XVII Jornada Mundial
de la Juventud, la cual estuvo en el centro de todas las
celebraciones principales. Éstas son las palabras del Papa
durante la Ceremonia de acogida en Toronto: “¡Es caminando con
Cristo donde se puede conquistar la verdadera alegría!
Precisamente por esta razón Él os ha repetido también hoy un
mensaje de alegría: ‘Bienaventurados...’. Acogiendo ahora su
Cruz gloriosa, aquella Cruz que junto a los jóvenes ha recorrido
las calles del mundo, dejad que resuene en el fondo de vuestro
corazón esta palabra consoladora y comprometedora:
‘Bienaventurados...’ (25 de julio 2002).
Después del
Encuentro Mundial de Toronto, la Cruz regresó a Europa, donde se
trasladó a la República Checa hasta el final del año.
Entre el 21 de marzo
y el 5 de abril de 2003 la Cruz estuvo en Irlanda,
regresando a tiempo para el Domingo de Ramos, día en que los
jóvenes canadienses se la han entregado a los jóvenes de
Alemania, sede del próximo Encuentro Mundial. Al final de la
Misa de Ramos, Juan Pablo II quiso regalar a los jóvenes una
copia del icono de María Salus Populi Romani: “A la
delegación que ha venido de Alemania le entrego hoy también el
icono de María. De ahora en adelante, juntamente con la Cruz,
este icono acompañará las Jornadas Mundiales de la Juventud.
Será signo de la presencia materna de María junto a los jóvenes,
llamados, como el apóstol san Juan, a acogerla en su vida.”
(Angelus,
XVIII Jornada Mundial de la Juventud, 13 de abril de 2003). Esta
copia del icono, cuya versión original es custodiada en la
basílica de María la Mayor en Roma, tuvo una figura destacada
durante las celebraciones de la JMJ 2000 en Tor Vergata. Junto a
la Cruz, está peregrinando ahora por diversos países europeos
antes de llegar a Alemania para la XX Jornada Mundial de la
Juventud, que tendrá lugar en Colonia en 2005.
* * * * *
Muchos son los
testimonios de personas a las que les ha tocado profundamente el
encuentro con la Cruz: en los últimos años, estos testimonios
han sido aún más numerosos, o quizás han tenido una mayor
difusión a través del Internet. Éstos se pueden encontrar en el
Centro Internacional Juvenil San Lorenzo, morada habitual de la
Cruz, pero también en las revistas y publicaciones dedicadas a
las JMJ. Algunos se preguntan, cómo dos piezas de madera pueden
tener tal efecto sobre la vida de una persona; sin embargo,
dondequiera que vaya la Cruz, la gente pide que ésta pueda
regresar. En esta Cruz se ve la presencia del amor de Dios. A
través de esta Cruz, muchos jóvenes llegan a comprender mejor la
Resurrección y algunos encuentran el valor de tomar decisiones
respecto a su vida. Uno de los “portageurs” canadienses dijo:
“Esta Cruz ha tenido un efecto increíble en todas las naciones
que ha visitado. Pero durante la ceremonia en la que recibimos
la Cruz de parte de los italianos me he dado cuenta con una
claridad particular: ellos estaban extremamente conmovidos,
lloraban porque les costaba separarse de ella. Nosotros, a
nuestra vez, llorábamos de felicidad, porque sabíamos que íbamos
a recibir un símbolo potente que dejaría una marca en nuestro
país”.
Consejo
Pontificio para los Laicos, julio 2003
[1] Las
Jornadas Mundiales de la Juventud se celebrarían cada
año a nivel diocesano. A partir del año 1987, con una
periodicidad de más o menos 2 años, se celebrarían en el
marco de las celebraciones también los Encuentros
Mundiales de los jóvenes con el Papa en diversos países
del mundo.