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Pontificio Consejo de la
Pastoral para los Emigrantes e Itinerantes
VII Congreso Internacional
para la Pastoral
de los Circenses y Lunaparkistas
Roma, Italia, 12-16 Diciembre 2004
Documento Final
I. El acontecimiento
El Séptimo Congreso Internacional para la Pastoral de los circenses,
lunaparkistas, trabajadores del espectáculo popular y participantes en las
carreras automovilistas americanas, promovido por el Pontificio Consejo para la
Pastoral de los Migrantes e Itinerantes, se ha llevado a cabo en Roma, del 12 al
16 Diciembre 2004. El tema del Congreso ha sido: “Acoger a los Circenses y
Feriantes - De la diversidad a la convivencia de las diferencias”. La
primera parte del tema fue elegida unánimemente por parte de los Directores
Nacionales de esta específica pastoral, reunidos en Roma el 12 y 13 Diciembre
2003, a quienes les ha parecido particularmente relevante, considerada la actual
situación del mundo del circo y de las ferias. La segunda parte, en cambio, está
sacada del Mensaje de Juan Pablo II para la Jornada Mundial del Migrante y del
Refugiado del 2004. Por otro lado, ”acogida” es una de las palabras claves
de la reciente Instrucción Erga Migrantes Caritas Christi (II parte, nn.
34-69) del Pontificio Consejo para la Pastoral de los Migrantes e Itinerantes.
Cerca de noventa participantes – Promotores Episcopales, Capellanes,
Religiosos/as y Laicos – entre los cuales algunos artistas del circo y agentes
del espectáculo itinerante, provenientes de casi todos los países europeos, así
como de los Estados Unidos de América, de Chile y de México, han tomado parte
en las cuatro jornadas de reflexión y diálogo sobre la convivencia de las
diferencias en el tema de la acogida, en una atmósfera de fraternidad y
apertura.
Los trabajos del Congreso han comenzado con el saludo de su Eminencia el
Cardenal Stephen Fumio Hamao, Presidente del Dicasterio de la Curia Romana que
tiene el mandato específico en el contexto de la movilidad humana., también de la
pastoral de la gente del circo, del lunapark, del espectáculo popular. A
continuación, el Arzobispo Agostino Marchetto, Secretario del mismo Dicasterio,
ha presentado el tema del Congreso y el programa, subrayando la importancia del
diálogo, palabra clave y actitud básica cristiana, que subyace, en sus varios
aspectos, en los recientes documentos del Pontificio Consejo (en concreto, necesidad
de diálogo, pastoral dialogante, diálogo y misión, formación al diálogo,
escuela que educa al diálogo, diálogo con la población autóctona, diálogo
contra prejuicio, racismo y xenofobia, diálogo con vistas a la integración (no
asimilación), diálogo con perspectiva de inculturación, diálogo que implica
reciprocidad, diálogo de la vida, diálogo y nueva evangelización, diálogo,
liturgia, oración y lugares de culto, diálogo y matrimonio, diálogo que lleva
a la comunión en la diversidad y diálogo y disciplina eclesiástica).
Los congresistas han sido saludados, después, por los Representantes del Forum
de las Organizaciones Cristianas para la Pastoral de los Circenses y
Lunaparkistas, de la Unión de los Feriantes Europeos y del representante del
Arzobispo de Canterbury (Comunión Anglicana) ante la Santa Sede.
Ha seguido la exposición bíblica sobre el tema “La sacralidad de la acogida
en la Sagrada Escritura”, de Mons. Bruno Maggioni, pasándose después a
examinar “La acogida de los circenses y feriantes por parte de las comunidades
católicas” en concreto, realizada por Mons. Lino Belotti.
El segundo día de trabajo, el Rev. P. Dominique Joly, OFM, ha esbozado la
situación de los jóvenes del circo y del lunapark, como protagonistas del
encuentro entre fe y cultura, mientras que el Rev. Dr. Sergio Ferrero Varela ha
presentado la familia de los circenses y de los feriantes como comunidad que
transmite valores humanos y cristianos.
Durante la tarde del 13 y 14, se han llevado a cabo dos Mesas Redondas,
participando, en la primera, los Directores Nacionales del sector con discusión
sobre la hospitalidad que las Iglesias particulares deben ofrecer a los
circenses, feriantes, a los trabajadores del espectáculo popular y a los
participantes en las carreras automovilistas americanas; en la segunda Mesa
Redonda, han tomado parte algunos jóvenes circenses y feriantes, que han
comunicado su experiencia de vida y las expectativas respecto a las
comunidades católicas.
Han resultado particularmente conmovedores los testimonios de las personas que
viven en el circo y en el lunapark, así como la de un piloto de carreras
automovilistas americanas y la de una pareja que lleva el nombre de “magos sin
fronteras”.
No han faltado, durante el Congreso, momentos de diversión a la altura de los
circenses y de los feriantes. Los Congresistas han sido recibidos además por
los Misioneros del Sagrado Corazón en su iglesia de Piazza Navona, donde se ha
respirado un clima ya navideño, y por los empresarios del espectáculo allí
situados en este período.
El Congreso se concluyó con la Audiencia del Santo Padre, durante la cual, El
dirigió a los allí reunidos palabras de acogida y de ánimo. Dos famosos acróbatas,
en esta ocasión, divirtieron por unos minutos al Papa y a los presentes
con sus espectaculares exhibiciones “mano a mano”.
II. Conclusiones
Están resumidas aquí siguiendo los cuatro sub-temas principales del Congreso.
Acogida de los circenses y lunaparkistas por parte de las comunidades eclesiales
En la Sagrada Escritura, la acogida y la hospitalidad son una característica
esencial del hombre de fe: acoger al prójimo es acoger al Señor. “Abraham
levantó sus ojos y vio que había tres hombres de pie ante él. En cuanto les
vio, corrió a su encuentro desde la puerta de la tienda. Se postró en tierra y
dijo: Señor mío, si he hallado gracia a tus ojos, no pases, te ruego, de largo
junto a tu siervo (Gen 18, 2-3). La misma “sacralidad de la acogida” es
evidenciada en el Nuevo Testamento: “Quien os acoge a vosotros, me acoge a mi,
y quien me acoge a mi, acoge al que me ha enviado” (Mt 10,40) – dice el Señor.
En el Evangelio de Lucas (10, 42), la acogida aparece no solo como un
“servicio”, sino también como atención a la persona a quien se da
hospitalidad, y es esta forma de acogida la que Jesús mismo, predicador
itinerante, pide para sí.
En San Pablo, finalmente, en la carta a los Romanos, cap. 15, el deber de la
acogida es presentado, en sus trazos más importantes, adjetivándola de
diversos modos. Ella debe ser pues cristiana y profunda, que parta del
corazón (“Dios... os conceda tener los unos para con los otros los mismos
sentimientos, a ejemplo de Cristo”: v. 5), generosa y gratuita, no
interesada y posesiva (“Cristo de hecho no buscó complacerse a si
mismo... se ha hecho servidor”: v. 3 y 8), benéfica y edificante
(“Cada uno de vosotros busque complacer al prójimo en el bien, para
edificarlo”: v. 2), atenta con los más débiles (“Nosotros, que
somos los fuertes, tenemos el deber de sostener la enfermedad de los débiles,
sin complacernos a nosotros mismos”: v. 1). Se puede resumir todo ello en la
siguiente invitación: “Acogeos, pues, unos a otros como Cristo os acogió,
para gloria de Dios” (Rm 15, 17).
La Instrucción del Pontificio Consejo para la Pastoral de los Migrantes e
Itinerantes Erga Migrantes Caritas Christi, en el n. 39, habla de
verdadera y propia “cultura de la acogida”, de la que los cristianos deben
ser los promotores: una cultura de acogida, es decir, que sepa apreciar los
valores auténticamente humanos de los otros, por encima de todas las
dificultades que comporta la convivencia con quien es diverso de nosotros (cfr. Pastores
Gregis de Juan Pablo II, n. 65).
En el Magisterio pontificio aparece también:
a) El derecho de los fieles a la libre integración eclesial y aquel de la
conservación de la propia identidad, incluso en la expresión de la fe, con
progresiva integración en las estructuras territoriales de la Iglesia local;
b) el respeto a cada individuo y la prohibición de discriminaciones que humillan
la dignidad de la persona humana;
c) la apertura al migrante y al itinerante y la invitación a participar en la vida
de la Iglesia.
Los jóvenes del circo y del lunapark, protagonistas de un encuentro entre fe y
cultura
Incluso en la diversidad de procedencia, de confesión y de religión, así como
de nivel social, se puede decir de estos jóvenes que su cultura sea la de su
ambiente, es decir, la de las familias del espectáculo que han heredado una
larga tradición, de gente itinerante y sedentaria. Los ambientes de feriantes y
circenses han favorecido siempre una mezcla de estas diversas culturas que, al
final, constituyen la coloración propia del mundo del espectáculo itinerante.
Evidentemente, la “modernidad” marca también a los jóvenes artesanos del
circo y del lunapark, y no siempre en sentido positivo. Tal vez, si no
frecuentemente, a través de un testigo de confianza, ellos encuentran con todo
en la fe una ayuda y una luz preciosa.
Las relaciones ciertamente son paradójicas. Es decir, están contrasignadas por
el individualismo reinante hoy en día, dado que cada uno se cree ser
“libre” respecto a los otros y a veces se defienden los propios intereses
incluso en contra de los demás. La relación es, al mismo tiempo, - en los
ambientes mencionados – profundamente comunitaria, desde el momento en que
cada cual participa en los sufrimientos y alegrías de los demás. Se han
considerado las siguientes características como propias de los jóvenes de este
sector:
El ser itinerante. Los jóvenes del circo y del lunapark, en el caso que acepten la dimensión
itinerante de su vida, están en plena sintonía con la llamada de Dios y con el
mensaje evangélico, porque Dios acompaña a su pueblo in itinere.
La fiesta: Nos da una participación de aquella del cielo. Es importante para los jóvenes
feriantes crear un espíritu de fiesta mediante la animación artística y sobre
todo percibir la dimensión profética de su profesión-vocación.
La alegría. El clown viene tomado a broma, a risa, casi a imagen de Cristo que es
escarnecido, humillado. El representa la humanidad caída... La risa es vista
aquí, por otro lado, también como resurrección del cotidiano, que ayuda a
aceptar nuestros límites y nuestras imperfecciones; hemos de tener la capacidad
de reírnos de nosotros mismos.
La belleza. Entre las cualidades de este mundo que nos invitan a levantar la mirada, está
la belleza. Vive en las infinitas maravillas de la naturaleza... El hombre es
consciente de recibir toda esta belleza, incluso si, a través de su acción,
participa en su manifestación, pero no la descubre y admira plenamente sino
cuando reconoce su fuente, la belleza transcendente de Dios.
La superación de sí mismo. Los artistas de circo – acróbatas, trapecistas, adiestrado-res, etc.
– quieren llegar siempre más lejos, desean superar los propios límites.
Responden así al deseo de ir más lejos, más allá, puesto por Dios en el
corazón del hombre.
La gratuidad. Se manifiesta en el don de lo mejor de sí mismos al servicio de la alegría de
los demás, a través del duro trabajo personal, y también una cierta soledad y
sufrimiento. Tal gratuidad no exime de la aplicación de la justicia social en
relación a los circenses y feriantes, en cuanto trabajadores.
La vida de
comunidad. En el circo y en el lunapark se vive siempre uno cercano al otro.
La calidad de vida en sociedad no está ciertamente reservada a los cristianos
solamente, sino que por ellos aquella encuentra su raíz en Dios, es participación
de la vida divina en Cristo.
3. La familia
- El ser humano ha buscado siempre en la casa una protección, un espacio para
vivir y echar raíces, un hogar... En el circo y en el lunapark en cambio, es la
familia, el conjunto de las relaciones familiares el punto de referencia, el
centro de identidad, lugar de partencia y de amor. La caravana es el hogar y la
familia es uno de los valores humanos más preciosos en el circo y en el
lunapark, sin mitologizarla, pues la crisis de la familia hoy se manifiesta por
dondequiera (se ha hablado incluso de un valor ambivalente de la familia). Además
aquella tradicional, patriarcal, se está transformando en familia nuclear.
Cuando muere el “paterfamilias”, los hijos se dividen fácilmente y se
reparten incluso la actividad, dispersando fuerza y tradiciones.
- La familia cristiana en este ambiente se presenta como lugar privilegiado del
primer anuncio del Evangelio, es testimonio de fe viva. Son los padres y los
abuelos quienes transmiten los valores humanos y la fe y quienes ayudan en
la preparación a los sacramentos. Es pues importante que las familias se
encuentren entre sí.
- La itinerancia, el estar y vivir en continuo viaje, ayudan a entender mejor la
historia de la salvación como camino de Dios al encuentro del hombre, de la
familia humana, y a mirar a Jesús itinerante, portador de alegría, de amor,
maestro, amigo y hermano, que nos busca y nos fascina, pero sobre todo que nos
salva.
4. Situación del circo y del lunapark en relación a la sociedad y a
la Iglesia
- Vivimos en un mundo que está
cambiando rápidamente. El modo de pensar, la vida social y religiosa, la política,
sufren sobre todo el influjo de la economía, de los nuevos medios de comunicación,
siempre más y más globalizados, de la tecnología y del bienestar al alcance
de la mano de muchos, a pesar de estar todavía en un mar de miseria mundial.
- Pues bien, el modo de vida
itinerante presenta de por sí a los circenses y lunaparkistas en una sociedad
sedentaria como grupos “diferentes”, en cierto modo marginales. No se
reconoce de hecho su trabajo, en general, como expresión cultural e incluso no
se considera el que sea necesario para el sostenimiento económico. Tanto los
circenses como los feriantes encuentran, por consiguiente, numerosas
dificultades, no solo por la dureza de su vida en movilidad, sino también por
los obstáculos que diferentes administraciones públicas les ponen delante.
- La diferencia de escolarización,
un ritmo de vida más natural, la estructura social y familiar, la
multietnicidad y, en el fondo, una gran tolerancia, suponen un obstáculo a los
circenses y lunaparkistas para comprender algunos aspectos de la vida social
contemporánea (burocracia, previsión, política, sindicato, etc.).
- Dentro de esta realidad, la
atención a los hijos, su educación y el poder seguir su evolución y progreso
escolástico, representan las mayores dificultades familiares en una sociedad
pluralista y con acrecentados medios culturales y de intercambio. En esta
perspectiva, los circos tienen, por lo demás, resuelto bastante bien, en
algunos países, la cuestión de la escolarización, por cuanto en general
disponen de enseñantes pertenecientes a la escuela pública o privada que
imparten lecciones durante sus desplazamientos, permitiendo a los niños
completar el curso escolástico.
- Entre las varias experiencias
emergentes, ha resultado interesante el proyecto de formación cultural para
enseñantes y agentes de apoyo para la inserción en las escuelas obligatorias
de los niños y muchachos del espectáculo itinerante, en colaboración con las
administraciones públicas locales, con la realidad eclesial y con la misma
gente itinerante.
- La urbanización constriñe,
con todo, a poner siempre en periferia las estructuras que soportan el espectáculo
itinerante, en lugares no adecuados, a veces en verdaderos y propios basureros.
Los prejuicios, además, de los unos hacia los otros, en reciprocidad, agudizan
a su vez el fenómeno de la marginalidad.
- Además, las
grandes dificultades económicas en la sociedad contemporánea repercuten, en
general negativamente, sobre el trabajo de los circenses y lunaparkistas
(orientado a la diversión), en cuanto no es considerado como necesidad
primaria.
- Mientras la
estructura parroquial territorial ayuda a la población cristiana sedentaria a
reconocerse en una comunidad en donde celebrar la fe y profundizar los
contenidos, para la gente del lunapark y sobretodo para la del circo, es prácticamente
imposible “sentir” la pertenencia a una parroquia local o a una comunidad
eclesial tradicional.
- De todos modos, valores como
la familia, la esencialidad y la sobriedad, la amistad, el apego al trabajo, una
cierta religiosidad popular de fondo, han quedado intactos por largo tiempo, si
bien asistimos a su debilitamiento. En todo caso, el mundo de los
“itinerantes” tiene su propio don que aportar a la sociedad y a la Iglesia,
es decir, el sentido de la Providencia y de la solidaridad.
- En fin, dado que la
dimensión ecuménica es elemento constitutivo hoy en día del ser mismo de la
Iglesia, el circo y el lunapark han sido felizmente definidos como un “laboratorio
de frontera para un camino cristiano de fraternidad universal, en el ecumenismo
y en el encuentro con las otras religiones”.
III. Propuestas pastorales
1. Durante el
Congreso se ha auspiciado hacer hincapié pastoralmente sobre la unidad del
lugar de trabajo y de residencia para la familia circense y lunaparkista:
- para
mantener una tal unidad en la continuidad generacional (abuelos, hijos, nietos);
- para considerar la familia
como una pequeña Iglesia donde los padres puedan asumir más y más el papel de
evangelizadores;
- para
cultivar el sentido cristiano de la realidad en la vecindad, evitando
desagradables competitividades, envidias, celos, divisiones, y promoviendo
una auténtica solidaridad y oración común.
2. Dado que en la realidad heterogenea
del circo y del lunapark, además del espectáculo popular y del mundo de las
carreras automovilistas americanas, es frecuente la presencia de personas de
otra etnia, convendrá promover:
- la acogida cristiana de quien es “diverso”, integrándolo a título
pleno en una red de solidaridad abierta a la evangelización respetuosa del
otro, sobre todo a través del testimonio de la caridad;
- un diálogo ecuménico e interreligioso.
3. Será oportuno tomar conciencia de
la movilidad humana en sentido cristiano para:
- cultivar el misterio de la
presencia de Dios en cada persona y en cada lugar;
- acoger, sin prejuicios, nuevos compañeros de camino;
- relanzar la imagen de la
Iglesia, como pueblo de Dios en camino, con los residentes en la ciudad;
- cultivar el sentido de la Providencia.
4. Dado que los circenses, los
lunaparkistas y los artistas de la calle, trabajan para favorecer la diversión
y el reposo de la población, y por ello son creadores de poesía, de sueños y
de tiempo de diversión, convendrá:
- cultivar el sentido gozoso de la creatividad, con un estilo simple, sobrio,
honesto, generoso;
- favorecer la relación humana con el público, aprovechando toda ocasión de
defender la alegría y la paz;
- privilegiar a
los más débiles: niños, ancianos, desabilitados...;
- sentirse colaboradores de
Dios en el séptimo día, a fin de ayudar a los otros a tener un poco de
distensión;
- buscar y encontrar un
tiempo para el reposo, también para uno mismo, con que honrar el día del Señor.
5. Teniendo en
cuenta que el lugar de detenimiento debería constituir una ocasión de contacto
vital con la Iglesia territorial,
- se pide la presencia de un
sacerdote o al menos de agentes pastorales que visiten las “caravanas” y
contacten, en fases horarias diversas, las varias categorías de personas. Por
parte de la misma comunidad parroquial debería existir un contacto humano, una
actitud de escucha, de apertura;
- se auspicia el uso de
subsidios específicos para que las mamás mismas enseñen con conciencia el
catecismo a sus hijos;
- se considera importante el uso
de los medios de comunicación para hacer conocer los valores del espectáculo
itinerante y para ponerse en contacto con quienes forman parte del mismo;
- está bien favorecer, en la
pastoral, el compromiso en equipos regionales o de zona y constituir un núcleo
de agentes pastorales ligado a la relativa comisión pastoral de la
movilidad humana;
- convendrá
también favorecer el intercambio de experiencias e informaciones entre los
agentes pastorales y apoyar una pastoral unitaria, si bien en el respeto a las
legítimas diversidades;
- es, en fin, importante pensar y
llevar a la práctica una conveniente formación de los agentes pastorales
(sacerdotes, diáconos, religiosos/as y laicos), interesando también a los
seminaristas y a los religiosos en formación.
6. Se invita también a la gente
del circo y del lunapark a promover una política de autosostenimiento:
- sea comprometiendo hombres y
mujeres en las asociaciones de esta categoría:
- sea buscando voces que, a
nivel nacional, trabajan por la promoción de esta realidad, no solo para que
esta categoría no desaparezca, sino también para asegurar a la misma una
calidad de vida que respete la dignidad humana.
IV. Recomendaciones
1) Las Iglesias particulares, las parroquias, deben convertirse en “casas
abiertas para todos”, “parroquias misioneras” al servicio de la fe de las
personas, incluidas aquellas de paso, circenses, lunaparkistas y trabajadores
del espectáculo popular.
2) Estos, de hecho, aunque viven con el pesar de una continua partida, son, a todos
los efectos, miembros de la comunidad cristiana durante el breve tiempo de
permanencia en el lugar. Esta debe, pues, asumir hacia ellos aquellas actitudes
y relaciones vitales que son requeridas por Jesús a su Iglesia, superando
tentaciones e insidias contrarias al Evangelio.
3) Sería deseable, pues, que las Iglesias locales llevaran a cabo una obra de
promoción, así como un justo discernimiento en relación a este sector de la
pastoral de la movilidad humana, mediante una cultura de la acogida en su propio
territorio. Se debería pensar, por lo demás, en la creación de un ministerio
específico, teniendo en cuenta también el diaconado y los “ministerios
laicales” en la línea de la misión.
Roma, 16 Diciembre 2004
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