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Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes 1° Encuentro Europeo de Directores Nacionales para la Pastoral de la Carretera Pasado,
presente y futuro del Apostolado de la Carretera
Doctor
D. Vicente Hernández García* A.
Pasado de la Pastoral de la Carretera
1.
El grave problema del tráfico por
carretera
Un
movimiento en libertad y responsabilidad
El
hombre está cada vez más socializado. La interrelación humana, debido a los
avances técnicos de nuestro mundo en progreso, es cada vez más frecuente. El
hombre debe ser consciente de que presta un servicio a los demás cuando va al
volante, porque debe saber lo que significa en la vida actual un camión o un
automóvil. Por
otra parte, también encuentra el hombre, en el uso de estos instrumentos, una
digna satisfacción al ver sometido a su voluntad, como fruto de su ingenio,
pericia y esfuerzo, esa gran fuerza y potencia. Es
entonces cuando surgen las exigencias de índole circunstancial, psicosomáticas
y comunitarias, que limitan su campo de acción. De ahí que podamos definir la
circulación como "un movimiento en libertad y en responsabilidad". Por
eso, como actividad humana libre, ella está sometida a unas leyes éticas o
morales, derivadas de la naturaleza misma del hombre en relación consigo mismo
y con los demás, aislada y socialmente considerados. Para un creyente estas
normas naturales tienen su complemento y perfeccionamiento en las normas
positivo - divinas en las que se encarna la voluntad de Dios. Estas
normas urgen a todo el que tiene relación con la carretera, como conductor, o
como vigilante de del tráfico, o como constructor y cuidador de las vías y de
los vehículos, o como peatón. Porque en la actividad del tráfico son muchas
las personas y los bienes que se ponen en juego y que estos principios protegen:
el conductor y su familia, los otros conductores y los viajeros, los peatones,
la sociedad y los seguros o los bienes materiales. Quizá
no venga mal recordar la gravedad y las consecuencias de los accidentes viales y
la serie de inconvenientes y perjuicios - muy difíciles de soportar - que
acarrean a nuestra sociedad, ya sean de tipo familiar o personal (heridos y
muertos), ya de tipo económico‑social (daños materiales, hospitales,
medicamentos, incapacidad física laboral etc.). Con razón se puede considerar
que los accidentes de tráfico constituyen hoy una epidemia para la sociedad
moderna. Las miles de personas que mueren o quedan inválidas anualmente en
nuestro entorno constituyen un problema dramático que afecta a toda la
sociedad. El
tráfico como acción humana de riesgo: el accidente.
El
tráfico vial, si no se tiene una elemental prudencia, respecto por los otros y
solidaridad, provocará gravísimos daños a las personas y a los bienes
materiales llegando a originar muchas muertes y daños irreparables. En
España (datos del año 2000) hubo 101.729 accidentes, y de ellos 4.372
mortales. Los heridos fueron 149.781 y 5.776 los muertos (de ellos 898 eran
peatones, 3,349 conductores y 1.529 pasajeros). En
Europa, en 1998, se han registrado 2.144.545 accidentes con 106.569 muertos: o
sea, 135 por millón de habitantes y 404 por millón de coches, a razón de 335
coches por 1000 habitantes. ¿Cuál
es la causa que origina tantos daños y perjuicios?
Ante
este nada halagüeño panorama, ¿quién es el culpable? Dicho de otra manera,
¿cuál es la causa de que un medio tan moderno como éste, que tantos bienes
ocasiona a la sociedad, le origine también tantos daños y perjuicios? Es
cierto que todo progreso tiene un riesgo, pero ¿tan caro hemos de pagar los
beneficios que recibimos de estos medios de locomoción que hemos de admitir,
fatal e irremediablemente, todas estas desgracias? Tres
son los tipos de factores, según
algunos, que determinan los accidentes viales: el técnico, el ecológico y el
humano. Yo distinguiría solamente dos: el factor humano (conductores, vehículos
y vías y el factor ambiental (ecológico). En
el estudio de los accidentes, no solo han de examinarse los factores
determinantes próximos (curva, hielo, derrape), sino también aquellos que
anteceden y han podido influir en el comportamiento de cada conductor: por qué aquella
curva o aquella velocidad o aquel desgaste de neumáticos, etc. El
accidente se desencadena a lo largo de una serie de factores interconexos, como
eslabones de una cadena. A veces las condiciones normales de la circulación
pueden estar modificadas por otros usuarios de las vías (peatones, vehículos
aparcados, animales, etc.), por las condiciones atmosféricas (nieve, hielo,
niebla, agua, etc.), por el estado del vehículo (fallo de frenos, desgaste de
neumáticos), o por el mal acondicionamiento de las vías (escasa o excesiva señalización,
baches, puntos negros, curvas o rasantes que debieron hace tiempo desaparecer,
sobre todo en carreteras estrechas, bandas poco visibles, etc.) Proyección
cristiana de la acción de conducir
Para
un cristiano, conducir debe ser una aplicación práctica de su cristianismo en
el uso del vehículo. Ello le ayudará a ser responsable, evitando daños a
personas y cosas, y al mismo tiempo, le ayudará a santificarse mediante el
ejercicio de las virtudes de la prudencia, de la solidaridad y de la caridad,
socorriendo, perdonando los fallos humanos de los otros, elevando a Dios la
mente, rezando y agradeciéndole la bella naturaleza, la facilidad del
desplazamiento para convivir y disfrutar de la familia. Conducir
bien es agradar a Dios, agradecerle,
imitarle y, como Jesús, pasar haciendo el bien a todos. 2.
El "día internacional sin
accidentes"
Su
origen en Francia y la extensión a otros países
La
Sociedad y la Iglesia se dieron cuenta de que la curva de accidentes, por
desgracia, iba en ascenso y que el factor humano estaba presente en un elevadísimo
número de ellos: se habla del 90% en los que
es culpable el hombre. La
acción de conducir es buena en sí misma y persigue también un buen fin y
actualmente el coche es imprescindible para la época moderna. Pero ya hemos
visto que puede verse afectada por una serie de riesgos en los que entran en
juego vidas y bienes de personas, entre los que hay que contar al propio
conductor. Había
que intentar evitar esos fallos humanos. ¿Cómo?. Con una adecuada educación
vial que ayudase a evitar la velocidad inadecuada, la invasión del carril
izquierdo, adelantar sin visibilidad, las distracciones, el consumo de alcohol,
etc. Una educación vial que llevara a la construcción de una buena red de
carreteras, a la señalización que facilitara la circulación, y que promoviera
el dictar leyes sancionadoras disuasorias que movieran a actuar con prudencia,
evitando maniobras arriesgadas (o suicidas) que pudieran costarle al conductor o
a otros la vida. Para
ello surgió en París el año 1951, por iniciativa de la "La Prévention
Routière", la idea de celebrar el "Día Internacional sin
Accidentes". Objetivo
que se propone
La
Jornada intentaba llamar la atención de los conductores y usuarios de la
carretera sobre la gravedad del problema de la circulación, a fin de reducir,
un día al menos, el número de accidentes de tráfico. El
1960, la Conferencia Europea de Ministros de Transportes, acordó patrocinar el
"Día Internacional sin Accidentes", lo que significó la confirmación
oficial de una campaña que, hasta entonces, permanecía aislada. España
se adhirió inmediatamente a esta iniciativa. En 1961 se celebró por primera
vez el "Día Internacional sin Accidentes". Fue la Jefatura Central de
Tráfico la que programó y realizó esta campaña educativa, destinada
principalmente a todos los usuarios de las vías públicas de España. A través
de las Jefaturas Provinciales, en un día variable de mayo, se realiza una basta
campaña divulgatoria, orientada precisamente a despertar en todos la necesidad
de crear una "conciencia" de seguridad, una responsabilidad ante el
problema de la circulación en el que estamos todos incluidos: peatones y
conductores. 3.
La circulación vial,
preocupación de la Iglesia
Los
Papas Pío XII, Juan XXIII y Pablo VI
A
la Iglesia, en su Magisterio orientador sobre los problemas modernos, no le pasó
desapercibido éste de la circulación por carretera. Por
señalar algunos hitos de la doctrina pontificia, la primera referencia a este
problema, que yo he encontrado, es el Discurso de Pío XII
al Congreso Mundial de la "Federación Internacional de
Carreteras" (3 octubre 1955) en el que pronuncia aquella frase: "¿A dónde van tan
de prisa los hombres? Queremos creer que una opinión pública mejor educada hará
reinar sobre las carretera un clima de cortesía, de moderación y de prudencia
conforme a las mejores tradiciones de la civilización cristiana". Tiene
otros discursos: "A los Socios del automóvil Club de Roma" (29
octubre 1956); "Exhortación al personal del Registro Automovilístico
de Roma y del ACI" (3 marzo 1957); "Discurso
al Congreso Internacional de las carreteras de cemento" (19 octubre 1957);
"A los Párrocos y predicadores cuaresmeros de Roma" (19 febrero
1958), donde curiosamente trata tres puntos de predicación cuaresmal: la
santificación de
las fiestas, la lucha contra el suicidio y los accidentes de carretera. De
los diversos discursos de Juan XXIII (el Papa que más trató este tema), voy
citar dos, sin duda muy importantes: "A los conductores de cinemóviles"(9
agosto 1961 doloroso tener que comprobar que el drama del viaje termina con
demasiada frecuencia en tragedia de muerte y de lágrimas", y resalta
"el valor del Código de la Circulación y de todas las decisiones
adoptadas por las Autoridades responsables de la seguridad en los
desplazamientos". Dos
son los Discursos de Pablo VI: uno dirigido a los participantes en el "Diálogo
Internacional de Moral de la Carretera" (2 octubre 1965), en el que dice
que "la conciencia pública debe revelarse al considerar este problema como
uno de los más acuciantes de la era moderna"; el otro, dirigido a los
participantes en la "Asamblea General del Automóvil Club de
Italia"(30 noviembre 1972),tiene como tema: "Las precisas normas de la
Ley de Dios y de la conciencia moral": "Elevamos firmemente nuestra
voz para invitar y exhortar a todos los hombres de buena voluntad a fin de que
contribuyan a hacer que las costumbres cívicas y cristianas, inspiradas en los
valores del Evangelio, en la fraternidad, en la amabilidad, en el respeto mutuo,
en la ayuda recíproca, penetren más a fondo y, finalmente, se hagan visibles,
también en este sector, sometido, como cualquier otro de la vida humana, a las normas
concretas de la ley de Dios y de la conciencia moral". Pablo
VI y los camioneros
Significado
particular revistió la peregrinación a Roma de los Camioneros españoles, los
cuales fueron recibidos en audiencia especial por el Papa el 29
septiembre 1968. Al Mensaje que le entregaron, amplio y emotivo, contestó
el Pontífice con un bello discurso en el que se une a ellos, admira sus
virtudes y bendice a todos los conductores de España. El
Concilio Vaticano II habla del tráfico
En
el discurso a los participantes en la "Asamblea General del Automóvil Club
de Italia", Pablo VI hace referencia al Concilio, que advierte del grave
problema del tráfico: "Se trata, en efecto de un grave problema moral. El
Concilio Vaticano II ha reafirmado que quien se desentiende de las normas
establecidas para la conducción de vehículos, pone en peligro, con la propia
negligencia, la vida propia y la vida de los demás (Gaudium et Spes,
30), y ha exhortado a hacer que 'sea algo sagrado para todos incluir, entre los
deberes principales del hombre moderno, el observar las obligaciones sociales',
entre las cuales el Concilio recuerda expresamente 'las normas establecidas para
la conducción de vehículos' (Ibid.). Por nuestra parte, no hemos dejado de
recordar, por todos los medios a nuestra disposición , en determinadas
ocasiones, estos principios". En
efecto, el Concilio Vaticano II, en el Decreto sobre el ministerio pastoral de
los Obispos en la Iglesia Chistus Dominus (n. 18), pide que "tengan
una preocupación especial por los fieles que, por su condición de
vida, no pueden disfrutar convenientemente del cuidado pastoral ordinario
de los párrocos, o carecen totalmente de él, como sucede con muchísimos
emigrantes, navegantes, aviadores, etc.", y añade: "promuévanse métodos
pastorales convenientes para sostener la vida espiritual". Sin duda está
refiriéndose también a los usuarios de la carretera. La
Constitución Dogmática sobre la Iglesia en el mundo moderno (G.S. 30)
habló expresamente de la importancia de las normas de circulación: "No
pocos, con diversos subterfugios y fraudes, no tiene reparo en soslayar los
impuestos justos u otros deberes para con la sociedad. Algunos subestiman
ciertas normas de la vida social, por ejemplo, las referentes a la higiene o las
normas de circulación, sin preocuparse de que su descuido pone en peligro la
vida propia y la de los demás". Exhortaciones
Pastorales de obispos europeos sobre la Circulación vial
Las
enseñanzas de los Papas y el incremento de los accidentes viales, creó
en las diversas naciones, sobre todo europeas, un clima de responsabilidad. Se
publicaron diversas Exhortaciones Pastorales de los obispos, muy detalladas e
importantes, que sería imposible elencar en este trabajo. Los
obispos brasileños y los obispos franceses En
el 1974, la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil publicó una curiosa
Pastoral que titulaba "Aspectos Morais e Pastorais do Tránsito",
basada en un trabajo de F. Appendino sobre el término 'tráfico', que se
encuentra en el "Dizionario Enciclopédico di Teologia Morale",
(Ed. Pauline,
1973, pp.1077‑1089). En
1978 me encargaron hacer una actualización del mismo para España. La
Pastoral colectiva del Episcopado Belga El
15 de enero de 1966 se publica una "Pastoral colectiva del Episcopado
Belga", firmada por el cardenal Suenens y otros seis obispos, titulada
"La Moral de la Circulación en Carretera". Es el primer documento de
los obispos que aborda con amplitud y profundidad el problema de la moral y de
la responsabilidad en la carretera. Hablando de las alarmantes estadísticas de
los accidentes afirma: "Sin embargo, lo más inquietante continúa siendo
la carencia del sentido de responsabilidad de los usuarios de carretera. 4.
Creación del "Apostolado de la
Carretera" en España
Los
comienzos
Mons.
Fernando Ferris, delegado de la Comisión Episcopal para la Migraciones y
Director de la Comisión Católica para la Migraciones en España, lanzó la
idea de crear el Apostolado de la Carretera para la atención religiosa de todos
los automovilistas e profesionales del volante. En 1967, gracias al interés de
Mons. Ferris y a la conciencia creada sea por el Día Internacional sin
Accidentes, sea por la problemática producida por el tráfico, sea también a
causa del Magisterio Pontificio, la Conferencia Episcopal Española creó la
"Dirección Nacional del Apostolado de la Carretera", en el seno de la
Comisión Episcopal para las Migraciones, con objetivos y actividades concretas,
que se fueron haciendo realidad poco a poco. La Comisión Episcopal nombró un
Promotor Episcopal en la persona de S. E. Mons. Doroteo Fernández Fernández,
Obispo Coadjutor de Badajoz, y un Director Nacional, Don Alberto García Ruiz,
que se ocupaba, contemporáneamente, de la pastoral de los Gitanos, del Mar, del
Circo y de las Ferias. Se
ideó, pues, un "Día Nacional de la Oración por el Tráfico", a
celebrarse siempre el último domingo de Junio, en preparación a los meses de
verano en los que existe un mayor movimiento de vehículos y, en consecuencia,
un mayor riesgo de accidentes. La
preocupación por los camioneros
Quiero
hacer un paréntesis y mencionar la obra Don
José Medina Pintado, sacerdote de Madrid, que prestaba una especial atención a
los camioneros en el Puerto de Somosierra, donde era párroco. Se trataba de un
lugar de mucho tráfico y más bien peligroso por las condiciones atmosféricas
y por los frecuentes accidentes. Edificó una capilla y allí pasaba mucho de su
tiempo, interesándose por los problemas de aquella gente y conversando en el
pequeño bar donde se paraban las transeúntes. Don José continua todavía su
misión, para la que cree tener una especial vocación, como Delegado Diocesano
del Apostolado de la Carretera de Madrid y por su gran experiencia. Estatutos
del Apostolado de la Carretera
El
Documento constitutivo de la Dirección Nacional del Apostolado de la Carretera,
contiene los siguientes apartados:
Exhortación
Pastoral de los Obispos Españoles
El
21 de mayo de 1968, los Obispos miembros de la Comisión Episcopal de
Migraciones de la Conferencia Episcopal Española firmaban una "Exhortación
Pastoral sobre el Apostolado de la Carretera" titulada Espíritu
cristiano y Tráfico. Estaba dividida en los siguientes capítulos: 1.
"Día Internacional sin accidentes", en el que se llamaba a un empeño
por evitar los accidentes y se hacía referencia al Vaticano II que
"insiste sobre la colaboración que los fieles cristianos deben
prestar" (G. S. 12). 2.
"El fenómeno del tráfico rodado", en que el tráfico viene definido
como "una de las formas más ineludibles de la convivencia humana". 3.
"Luces y sombras", en que se habla de los valores positivos que la
carretera y el tráfico aportan al desarrollo de la dimensión social del
hombre, en torno a los cuales, sin embargo, no se puede esconder la grave
concomitancia de sucesos que ensombrece nuestras carreteras. 4.
"Sentido de responsabilidad". El primer principio que debe orientar la
actuación de toda persona, respecto a las comunicaciones viales, es el
sentido de responsabilidad. Toda la moral del tráfico se fundamenta en el valor
cristiano de la persona humana. Y añaden: "Nuestra llamada de atención a
lagravedad
moral de estas transgresiones y circunstancias, que señalamos
como más próximas al pecado, quiere ser, sobre todo, una invitación a
la caridad cristiana". 5.
"Las normas de circulación". Es muy clara la voz de la Iglesia:
"Las Leyes civiles de la convivencia humana refuerzan la gran ley del
"no mataras", defienden como necesarias las sanciones impuestas por 1a
autoridad pública, mientras la sociedad no adquiera el grado de formación y
convivencia precisos. A la autoridad pública corresponde, dicen, la obligación
de cuidar del buen trazado y conservación de las vías y su adecuada señalización". 6.
"Espíritu de servicio", en el que se insiste sobre el hecho de que
solo la conciencia del propio deber y de los derechos del prójimo, así como la
práctica de las virtudes cristianas y sociales, pueden poner fin a este grave
problema". Piden, además, que se desarrolle en todos el espíritu de
servicio, atendiendo al prójimo en virtud de la justicia, cuando se ha sido
causante, aunque sea involuntario, de los daños. Y, junto a la atención al cuerpo, concluyen, no puede
olvidarse la prestación de los primeros auxilios espirituales, no menos
urgentes en muchos casos. 7."Virtudes
Sociales", es decir la caridad - que implica la comprensión, la
benevolencia y los buenos modales - y la prudencia. 8."La
formación vial". Ella ha de abarcar los aspectos morales del tráfico , el
conocimiento de sus leyes y la pericia en el manejo de los vehículos. También
los padres y maestros han de incluir debidamente, en el ámbito de sus tareas,
la educación vial de los niños, con demasiada frecuencia víctimas inocentes
de los accidentes. 9.
"Apostolado de la Carretera". A través de la Dirección Nacional del
Apostolado de la Carretera, se pretende dar una respuesta cristiana más amplia
a este fenómeno sociológico tan importante y vasto. La tarea encomendada a tal
Apostolado abarca en particular dos ámbitos: el ministerial, en orden a
facilitar los servicios sacerdotales en el uso de la carretera, y el apostólico,
con todos los usuarios de la carretera. Nuestra atención tiene presentes de
manera especial a los conductores de camiones, por el ejemplar alarde de sentido
de responsabilidad, de esfuerzo y de virtudes humanas con que van sembrando a
diario todos los caminos. Y esta labor pastoral abarca también a cuantos
prestan servicios en la carretera: hostelerías, gasolineras, servicios mecánicos,
etc. Vemos con alegría cómo también a nivel diocesano se va organizando este
Apostolado de la Carretera y cómo son muchos los sacerdotes y seglares que
comparten con nosotros la misma preocupación y el esfuerzo por poner a Cristo
en todos los caminos de lo hombres. Relevo
en la Dirección Nacional
Gracias
a estas orientaciones, el Apostolado de la Carretera incrementó sus
actividades. El Director, que se ocupaba, como vimos, también el
Apostolado de otros itinerantes, pidió a la Comisión Episcopal que nombrara a
alguien que se ocupara de este Apostolado a nivel nacional. En 1973, el entonces
Presidente de la Comisión de Migraciones, S. E. Mons. Rafael González
Moralejo, obispo de Huelva, me pidió hacerme cargo de este Apostolado Nacional. Actividades
más importantes del Apostolado de la Carretera
El
contacto personal a través de la revista
"Luz Verde" El
campo de este apostolado se presenta como uno de los condicionamientos que le
sitúan fuera de los moldes tradicionales de la acción pastoral. Queda lejos la
estructura de un pueblo que se levanta alrededor de la torre de la iglesia. Los
destinatarios de este Apostolado de la Carretera son personas cuyo escenario de
vida es todo el país. Ellos pasan a nuestro lado a gran velocidad. A primera
vista pueden parecer inasequibles, pero, una vez metidos en su terreno, se
descubre que es posible llegar a ellos. En
primer lugar, el contacto personal. Aprovechando sus momentos de parada en
restaurantes y gasolineras, o bien viajando con ellos. El sacerdote, llamado
"Padre Gasolina", recorrió muchos kilómetros acompañando a
camioneros en sus desplazamiento por la península y por el extranjero. Se dice
que ha dado más de quinientos "seminarios" a otros tantos camioneros,
pasando de un camión al otro, y ayudándoles, con un lenguaje simple y realístico,
a descubrir el sentido cristiano de la vida. Después son ellos quienes buscan
el contacto. La soledad de la cabina y el alejamiento de la familia hace
apreciar al conductor la compañía
del sacerdote amigo y desinteresado. Ese
contacto se prolonga luego a través de la revista "Luz Verde", que es
como la carta de un amigo que les llega mensualmente y en la que ellos mismos
escriben sus inquietudes y sus ilusiones. Como
complemento de todo esto existía el Club de "Conductores Amigos". Al
interesado se le entregaba un adhesivo, una insignia y un certificado que
atestaba el compromiso de cumplir las leyes de tráfico, de no conducir en
situaciones de riesgo, de prestar ayuda y de tener algún contacto con Dios
durante el viaje. La
creación de Delegados Diocesanos Esta
fue una de las primeras gestiones que se hicieron: informar a todos los Obispos
de lo que era este apostolado y pedirles nos pusieran en contacto con sacerdotes
interesados. Yo me enteré justamente por
este medio. Mi obispo mantenía que yo era la persona más indicada para esta
pastoral, dado que había publicado un libro sobre los camioneros y me
interesaba de todos los aspectos ético-morales de la sociedad. Actualmente,
tienen Delegado Diocesano 45 diócesis y en las diez restantes se encarga de
esta actividad el Vicario General. Para orientar a los sacerdotes en este específico
apostolado se tenía cada año un "Cursillo de Socorrismo y Pastoral de
la Carretera", en el se estudiaba la teoría y práctica del Socorrismo en
carretera, la Sociología del tráfico y temas pastorales y morales relacionados
con la carretera. Jornadas
Nacionales Se
tienen cada año "Jornadas Nacionales" sobre temas morales,
pastorales, bíblicos y teológicos relacionados con la carretera. La Biblia, de
hecho, contempla con frecuencia un pueblo en movimiento, que encuentra a Dios en
el camino y destaca a cada paso las virtudes del que viaja: confianza en la
providencia, desapego de las cosas, hospitalidad, etc. Los diversos argumentos
examinados se refieren a las obligaciones morales de los conductores, la dimensión
cristiana de los profesionales de la carretera, el tráfico como instrumento de
unión entre los hombres, la carretera como medio para la realización del bien
y camino, por qué no, de santificación. .La
Jornada de Oración por el Tráfico y la Campaña de Navidad El
último domingo de junio de 1969, un año después de la exhortación Pastoral
de los Obispos, titulada "Espíritu cristiano y Tráfico", se celebró
por primera vez la "Jornada Nacional de Oración por el Tráfico",
para reclamar la atención de los conductores sobre la responsabilidad durante
el período estivo de mayor movimiento. Es desde entonces que viene publicada
una exhortación pastoral anual, firmada por el Promotor Episcopal. Cada año
la campaña se propone un objetivo diferente, a fin de que la sociedad
consiga tomar conciencia del problema del tráfico. Quisiera
hacer aquí dos observaciones relativas al nombre y a la fecha de dicha Jornada.
En un determinado momento, de frente al cambio político acontecido hace algunos
años en España, nos pareció oportuno modificar el nombre de la campaña, llamándola
"Día de la Responsabilidad en el Tráfico". También
la fecha se cambió. Actualmente coincide con el primer domingo de Junio,
confundiéndose, a mi juicio, con la fiesta de san Cristóbal, patrono de los
conductores, que se celebra el día 10. Creo que esa celebración debe tener
otra entidad litúrgica y un mensaje que cada año es distinto. La
Campaña de Navidad era muy bien acogida por el ambiente hogareño y piadoso, y
los temas eran siempre alusivos al misterio navideño. Desde el año pasado,
empero, la Conferencia Episcopal ha decidido suprimirla, en el cuadro de revisión
de las diversas campañas. 5.
Relaciones con la entonces Pontifica Comisión para los Migrantes
Relaciones
con la Comisión Pontificia
Antes
de entrar en lo que es el PRESENTE del Apostolado de la Carretera en España,
quisiera hacer una breve referencia a las relaciones mantenidas con la
Pontificia Comisión para los Migrantes. El año 1970 el cardenal Confalonieri,
Prefecto de la Congregación para los Obispos y Presidente de la Comisión, nos
felicitaba "por el continuo incremento de esta beneficiosa actividad apostólica
ya desarrollada y organizada por esa Dirección Nacional. En
1971, S. E. Mons. Emanuele Clarizio, Pro-Presidente de la Comisión, AFIRMABA
QUE LA "Jornada de Oración por el Tráfico" había entrado en la
conciencia de los fieles, portando
aquellos frutos de madurez espiritual indispensables para que la
"carretera" no sea un instrumento de destrucción del cuerpo y del espíritu
de los viajeros, sino más bien de encuentro de todos los hombres en camino
hacia metras más altas. Una colaboración importante en la revista PEOPLE ON THE MOVEEn
el número 23 de tal revista (diciembre 1978), ha aparecido un artículo mío
sobre el Apostolado de la Carretera en España y sobre sus actividades. El texto
me había sido pedido por la Pontificia Comisión. B.
Presente del Apostolado de la Carretera
No
voy a ser muy extenso al examinar el Apostolado o la Pastoral de la Carretera en
España, ya que se ha venido realizando, en sus líneas generales, según el
proyecto inicial. Con todo, haré las necesarias observaciones y las sugerencias
oportunas. La
"Jornada de Responsabilidad en el Tráfico" tiene especial relevancia
dentro de este Apostolado, hasta constituir la actividad más importante. Se
prepara con gran interés. Después de hacer una revisión de la Campaña
anterior, se estudia el mensaje, que se quiere transmitir y se elige el slogan
y el cartel , que serán enviados a los Delegados de las diferentes diócesis,
acompañando diverso material: la Exhortación Pastoral del obispo Promotor,
informaciones sobre tráfico, informaciones litúrgicas que puedan servir para
la Eucaristía y para los diversos medios de difusión (prensa, radio, etc.). Cada
año se celebra, en un lugar diferente, la "Misa de la Carretera",
transmitida por Tv. Tiene una gran audiencia, por la originalidad del lugar
elegido, la presencia de vehículos y el ambiente singular que la circunda.
Jornada
Nacional de Delegados Diocesanos
Todos
los años se tienen algunas Jornada Nacionales en las que participan los
Delegados Diocesanos. Son presididas por el obispo Promotor, que en la
actualidad es S. E. Mons. Carmelo Echenagusía Uribe, con la presencia del
Director Nacional, P.Segisfredo Oñate Marroquín. En
el curso de estas Jornadas, la última de las cuales ha tenido lugar le 21-23
octubre 2002, se estudia el informe del Delegado Nacional y las actividades
desarrolladas en las diversas diócesis, procediendo después a una evaluación.
Revista
"Luz Verde" y "Campaña de Navidad"
Fue
una pena que se dejara de publicar la Revista "Luz
Verde", de ámbito nacional, y muy apreciada, sobre todo por los
conductores profesionales. Quizá no se supo estimar su necesidad y eficacia por
parte de algunos sectores de la Iglesia y de dentro de la misma Comisión
Episcopal. En
cuanto a la supresión de la Campaña de Navidad por la Conferencia Episcopal,
en 2001, esperemos que la Dirección Nacional siga promoviéndola, en cuanto
esta Campaña era muy bien acogida y muy necesaria para la problemática específica de este tiempo de fiestas: las
condiciones atmosféricas, la conducción nocturna, el abuso de alcohol, etc. En
cuanto a la Educación Vial,
en colaboración con la Dirección General de Tráfico (DDT) y la Comisión
Episcopal de Enseñanza, se confeccionaron dos unidades didácticas y catequéticas,
difundiéndolas en todas las diócesis, con el fin de promover la educación
vial, a partir de la escuela y de la catequesis. Directorio
Diocesano
Desde
tiempo atrás, habíamos advertido la necesidad de un "Directorio del
Apostolado de la Carretera", como aquellos ya existentes en otros sectores
de la pastoral eclesial. Después de varios intentos, en el año 2000, fue
presentado un pre-proyecto que se convirtió, después, en un esquema de
"Directorio", que actualmente está en estudio. Algunas
diócesis han publicado ya un directorio diocesano. En el citado de Las Palmas,
más bien conciso, pero en el que se afronta aspectos fundamentales, el Obispo,
S.E. Mons. Echaren, afirma: "La Misión del Apostolado de la
Carretera", tanto en su vertiente humana, como en la de la moral
y apostólica, debe consistir en gran medida, en la continua y seria
llamada de atención y denuncia de esas graves y dramáticas consecuencias de la
irresponsabilidad de muchos, sin olvidar que también los que participan del tráfico
viario deben ser evangelizados en ese ámbito de la actividad humana,
promoviendo valores evangélicos, como el mandato de amar y respetar la vida en
su integridad y deberes en la carretera que se relacionan con la paz, la
justicia, la solidaridad". En
la reunión de los Delegados Diocesanos de octubre 2002,se han formulado dos
sugerencias. "El Directorio debería incluir los aspectos positivos del tráfico,
los valores, las obligaciones morales, la denuncia de situaciones laborales
injustas, los servicios religiosos ofrecidos, una reflexión teológico-moral-pastoral,
la formación de apóstoles laicos, el ecumenismo, la educación cívica y vial,
los accidentes y sus consecuencias, la implicación ecológica, el respeto a la
naturaleza, la polución, las leyes de tráfico, la obligatoriedad moral del Código
en los casos de más riesgo y peligro, las sanciones, la presencia de posibles símbolos
cristianos, etc. Capillas
y servicios religiosos en carretera
En
España hay bastantes capillas en carretera dedicadas a San Cristóbal, patrono
de los conductores. Una, construida en la carretera Madrid‑Valencia, tenía
el nombre de "Gasolinera Espiritual", y se invitaba a los que pasaban
a dar un golpe de claxon, como signo de agradecimiento, de oración, de saludo.
Se celebraba también la Misa allí. Desgraciadamente, al desviarse la
carretera, perdió su actualidad. Por
otra parte, hay en el País bastantes Asociaciones, cofradías y hermandades que
honran a san Cristóbal, y que se aprovechan para insistir en el problema del tráfico
y crear un sentido de responsabilidad, difundiendo la doctrina cristiana en
relación con este problema. Como
conclusión de esta segunda parte, afirmaría que el Apostolado de la Carretera
en España tiene un gran campo de actividad que se ha seguido cultivando con
ilusión y con esfuerzo. Un Delegado Diocesano escribió : "Es necesario ir
demostrando que nos hemos planteado, con seriedad, aprobar la asignatura
pendiente", que aún tenemos con nuestra sociedad. Se condena con valentía
el aborto, nos proclamamos los auténticos defensores de la vida, se defiende
con fuerza la enseñanza religiosa, pero nos acusan de que no hay el mismo énfasis
y fuerza ante los muertos y heridos de nuestras carreteras". Actualmente,
con el nuevo obispo Promotor, con el Director Nacional, y con el equipo de
colaboradores, esperamos incrementar nuestras actividades en favor de una
circulación vial más segura, que sea cauce de unión entre los hombres y de
santificación, mediante el ejercicio de las virtudes, y así evitar le terrible
plaga de los accidentes, que tanto daño causan a las personas y a los bienes
materiales. C.
Futuro del Apostolado de la
Carretera
Elementos
de reflexión
Entre
los imperativos que nos exige la trayectoria de la sociedad actual, con los
modernos avances de la ciencia y de la técnica, la Iglesia tiene el deber de
ofrecer la luz revelada que ilumine la senda del hombre de hoy, también en la
carretera, aparte de otras razones de espiritualidad cristiana, como veremos,
por el gran riesgo que lleva consigo el manejar en vehículo. Pablo
VI decía a los participantes en el "Diálogo Internacional sobre la Moral
de la Carretera" (2 octubre 1965): "Demasiada sangre se vierte cada día
en una lucha absurda con la velocidad y el tiempo; y mientras los organismos
internacionales se dedican generosamente a sanar las dolorosas rivalidades ,
mientras se lleva a cabo un maravilloso progreso en la conquista de1 espacio,
mientras se buscan los medios adecuados para sanar las plagas del hambre, de
la ignorancia y de la enfermedad, es doloroso pensar que en todo el mundo
innumerables vidas humanas continúan siendo sacrificadas cada año por esta
inadmisible suerte. La conciencia pública debe revelarse y considerar el
problema como uno de los más arduos, que suscitan la pasión y el interés de
todo el mundo". Quisiera
ahora presentarles algunos datos escalofriantes que indican los daños que los
conductores provocan a la vida humana. En el siglo XX, en el mundo, murieron 35
millones de personas (250.000 en España) en accidente de tráfico y 1.500
millones resultaron heridas (15 millones en España). Desde 1970, han muerto en
las carreteras europeas mas de 1.640.000 personas. Más de 1.200.000 personas
mueren al año en el mundo. En la Unión Europea se registra cada año 40.000
muertos y 1.700.000 heridos en las carreteras. De seguir la tendencia actual, en
el año 2020 morirán el doble. Y no hablo de las consecuencias: inválidos,
parapléjicos, familias rotas, etc. Esta
sería, a mi juicio, la primera conclusión, con vistas a hacer una previsión
del futuro del Apostolado de la Carretera: convencernos nosotros mismos y crear
conciencia de este gravísimo problema de la sociedad actual, es decir de los
accidentes. Escuchamos semanalmente el número de muertos y heridos en la
carretera, y es como "un frío dato estadístico", como ha dicho
alguien. En
diciembre 2001, S. E. Mons. Echaren, Obispo de Canarias, ha escrito: "no
todos somos conscientes de la grave responsabilidad en la carretera y no
pensamos en el hecho que cuanto más se acreciente el poder del hombre, mayor ha
de ser la responsabilidad individual y colectiva" (G.S. 34). Moralización
del uso de la carretera
Como
remedio a todo esto, Pablo VI propone "moralizar el uso de la
carretera", es decir, "aplicar los principios teológicos , éticos,
jurídicos y tecnológicos, que se fundan en el respeto debido a la vida humana,
a la persona humana, como se inculca desde las primeras páginas de la Sagrada
Escritura" (ibid.). Esto
quiere decir que hay que crear un clima de responsabilidad y de respeto a los
demás, de exigencia en el cumplimiento de las leyes de tráfico, que
salvaguardan la vida propia y la de los demás. La
Comisión Episcopal Española, en la Exhortación de la que hemos hablado,
afirma: "El Concilio condena la conducta egoísta de quienes subestiman
determinadas normas de la vida social... sin darse cuenta de que con tal
descuido ponen en peligro su propia vida y la de los demás"(G.S.
30). El Apostolado de la Carretera tiene que formar la conciencia de los conductores para poder convivir y, además, para que sea cauce de unión entre los hombres y no cause daños y muerte. El
sentido cristiano del tráfico
Para
el cristiano, la carretera debe ser un medio para encontrar a Dios y
relacionarse Él. Es ocasión magnífica para el ejercicio de las virtudes
cristianas. Se consideran propias del conductor, la cortesía, las buenas formas
y la prudencia, que le ayude a superar los imprevistos. Dicen en realidad los
Obispos españoles que "no se puede contar solo con la propia vigilancia y
habilidad para evitar los accidentes; debe contar también con un justo margen
de seguridad, si se quiere evitar personas imprudentes o dificultades
imprevistas". Pero,
sobre todo, la caridad, que lleva consigo necesariamente la comprensión y la
benevolencia, para ayudar al prójimo que se encuentre en alguna necesidad,
sobre todo si está accidentado, observando las normas elementales de socorrismo
para no hacerle más daño del que tiene. La
misión del Apostolado de la Carretera es la de formar la conciencia de los
ciudadanos en este y en otros aspectos. Espiritualidad
del Apostolado de la Carretera
Esta
Pastoral debe hacer ver a los conductores la posibilidad y la necesidad de
encontrarse con Dios en el ejercicio de su profesión. Esta específica misión
tiene muchas vertientes: elevar una plegaria a Dios o a la Virgen, una oración,
al comienzo y durante el viaje, al distinguir una iglesia, al contemplar un
bello paisaje, al encontrar un amigo después de muchos años. Hay una preciosa
oración de Juan XXIII con la que inician el viaje muchos conductores. Naturalmente,
se puede ver a Dios en los demás, ayudándoles y no solamente en momentos de
peligro. La carretera nos presenta muchas ocasiones de prestar a los demás
pequeños servicios materiales, humanos y espirituales, que, por un elemental
sentido de solidaridad cristiana, no debemos negar a nadie, ya que "el amor
no hay que buscarlo solo en las cosas grandes, sino y principalmente en las
circunstancias ordinarias de la vida" (G. S. 38). Creo
que es urgente despertar la conciencia del conductor, pidiéndole que tenga un
verdadero sentido de responsabilidad. Pero no solo en un sentido negativo, pues
esto no produce normalmente convicciones profundas. Y las sanciones - necesarias
por otra parte - no son suficientes para arrancar disciplina personal y espíritu
de solidaridad, menos todavía convicciones religiosas. Ni siquiera es
suficiente darle a conocer los valores humanos y éticos, que debe cumplir
cuando va al volante, lo mismo que en cualquier otra relación, social. Es
necesario que, como creyente, descubra los valores cristianos de sus horas o días
de volante, porque esta acción de conducir ha de ser elevada, sobrenaturalizándola,
como todo otro quehacer diario, dentro de esa vida total que debe ser la
configuración con Cristo, hasta la perfección, identificando su actuar con el
de Cristo. Cuando
la fe no dirige las acciones del hombre, éste se deja llevar de sus impulsos
naturales y viene el atropello de la ley de Dios y de la vida del hombre, en
este caso el accidente. En
una intervención durante las Jornadas Nacionales que se tuvieron el año 2000,
bajo el tema "Reino, Cristianismo y Trafico" , el profesor de Teología
del Seminario de Burgos afirmaba: "Resulta así que la raíz última de los
males que acompañan al tráfico no es otra que cerrarse a Dios y a su gracia,
el olvido de Dios. Si ésta se recuperara, toda aquella gruesa negatividad
terminaría. Si los hombres dieran más entrada en su vida y en su ser a la
gracia, al Reino, ¡qué rostro tan distinto mostraría el trafico!". Raíces
bíblicas para una Teología del Tráfico
Sería
interesante y actual buscar en la Biblia ideas para una "Teología del Tráfico". Camino
es una palabra bíblica. Camino, peregrinación, nomadismo, esa fue la
trayectoria del Pueblo de Dios en la antigüedad. Con una gran propiedad se
puede aplicar la palabra y el significado de camino a la carretera.
Porque es paso, ida, no estancia; en la carretera no se vive, se pasa, y los kilómetros
corren como los años. El Pueblo de Dios caminó por el desierto con muchos
problemas y contratiempos; pero el Señor estaba con él y le protegía, como lo
hace con el "caminante" en automóvil de hoy. La
actitud del automovilista debe ser la de aquel pasaje de la
palabra de Cristo: "Fui peregrino y me hospedasteis", como la
del Buen Samaritano y tantas otras
que leemos en el Evangelio. También
Jesús es camino, verdad y vida. El hace el camino con nosotros:
pensemos en Emaús. Debemos conducir con Jesús por el camino, que
siempre acompaña y protege. El
Directorio del Apostolado de la Carretera
Para
terminar, me gustaría que se diera mas importancia a esta acción de la
Iglesia, que, como hemos visto, necesita un empujón por parte de todos y, sobre
todo, por parte de quienes más pueden hacer e influir para que se tenga en
cuenta aquello que creo que es, "uno de
los más acuciantes problemas prácticos de la vida moderna", por
usar la expresión de Pablo VI. * Delegado de Pastoral de la Carretera de Plasencia; Ex Director Nacional de Pastoral de la Carretera de la C.E.E. |