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Pontificio Consejo de la Pastoral para los Emigrantes e
Itinerantes
I Encuentro Internacional para la Pastoral de los Niños de
la Calle
Roma, 25-26 Octubre 2004
Comunicado Final
El acontecimiento
El Encuentro se ha desarrollado en la sede del Pontificio Consejo para la
Pastoral de los Migrantes e Itinerantes, en Roma. En él han participado,
además de los Superiores del Consejo y de sus dos Oficiales del sector, dos
Obispos y varios sacerdotes, religiosos/as y laicos, representantes de las
Conferencias Episcopales de 11 Naciones europeas, es decir, Austria, República
Checa, Estonia, Federación Rusa, Alemania, Irlanda, Italia, Polonia, Portugal,
España y Hungría, además de 7 Países de otros continentes, comprendiendo los
expertos, es decir, de Bolivia, Brasil, Congo R.D., Filipinas, India, México y
Perú. Estaban presentes también, junto con el Secretario General de Caritas
Internationalis, delegados de “Kindermissionswerk” (Alemania) y
representantes de la Congregación Salesiana, de las Hermanas del Buen Pastor y
de los Hermanos de las Escuelas Cristianas.
Los participantes recibieron un Mensaje de ánimo por parte del Santo
Padre, el cual, con un telegrama del Cardenal Angelo Sodano, Secretario de
Estado, ha enviado un saludo de augurio y ha formulado calurosos votos por el
buen éxito del Congreso. El texto recuerda la predilección del Divino Maestro
por los pequeños. “El Santo Padre desea que el encuentro contribuya a
formular concretas propuestas de eficaces intervenciones de acogida y de
asistencia a la juventud en riesgo, para los sin casa ni familia, y para la
tutela de los derechos y dignidad de cada muchacho y muchacha en dificultad”.
Para la confirmación de “tan necesaria acción social y religiosa”, Su
Santidad ha asegurado a todos los participantes una plegaria propiciadora para
cuantos se dedican a evangelizar el mundo juvenil y para aquellos que son
confiados a su cuidado.
El Presidente del Pontificio Consejo, S.E. el Cardenal Stephen Fumio
Hamao, ha introducido los trabajos, después de un caluroso saludo, con una
intervención sobre el tema: “Los niños también de la calle a la luz de
recientes enseñanzas de Juan Pablo II”. El ha puesto de relieve la
importancia del fenómeno en cuestión, que solicita la atención y la caridad
pastoral de la Iglesia Universal y de las Iglesias locales. En particular – ha
afirmado el Purpurado – “la calle se convierte en lugar de planificación de
una específica pastoral para los muchachos que viven en ella”.
El Arzobispo Agostino Marchetto, Secretario del Dicasterio, ha
presentado, por su lado, algunos criterios de valoración de este fenómeno en
una conferencia de título: "La Pastoral de acogida en favor de los niños
de la calle". El ha puesto de relieve un vasto e importante campo de
apostolado que requiere también nuevos objetos-sujetos pastorales. Se refería
con preocupación, sobre todo, a los muchachos y muchachas, de los cuales no son
pocos los que viven en las entrañas de las grandes y frías ciudades.
Las intervenciones sucesivas de los participantes a la reunión han
puesto en evidencia varios aspectos de la actual “realidad” de la calle. La
Iglesia la mira con simpatía e invita a acoger los valores espirituales y teológicos
subyacentes a un empeño pastoral que revela la benevolencia de Dios en relación
a los niños de la calle, conscientes, todos, de tragedias que están soterradas
bajo tal experiencia. De aquí, la especial preocupación por el dramático
creciente número de los niños de la calle y en la calle, de
donde deriva la urgente necesidad de una acción pastoral más allá de las
laudables iniciativas actuales de asistencia, y la dificultad de incluir tales
acciones en las estructuras eclesiales de hoy.
La relación del Prof. Mario Pollo, de título: “La Pastoral de los
niños de la calle” (visión de conjunto), ha ofrecido un cuadro general de la
situación, sacado de las respuestas al cuestionario, a su timpo enviado a todos
los participantes. De él resulta justamente una cierta carencia del aspecto más
específicamente pastoral de cuanto hasta ahora se ha hecho.
Durante la Mesa Redonda, con participación de 6 expertos, se ha buscado
planificar "las grandes líneas de una pastoral específica”.
Al término de este Encuentro Internacional, tras intercambio de
noticias, opiniones y profundizaciones, se han puesto en acto, con
reconocimiento, interesantes iniciativas, ya echadas a andar, contando con la
diversidad de situaciones pastorales en los diferentes Países. Reafirmando el
intento de proseguir en el trabajo llevado a cabo en estos dos días, los
participantes han examinado “tácticas” y “estrategias” para el futuro,
metodologías y objetivos que se han resumido en este Documento final.
Conclusiones
1. Los niños de la calle constituyen, indudablemente, uno de
los retos más comprometidos e inquietantes de nuestro siglo para la sociedad
civil y política, y también para la Iglesia. Se está frente a un fenómeno
de insospechable amplitud, incluso para las instituciones públicas: un pueblo
de cerca de 100 millones de niños, según la estimación de "Amnesty
International" (150 millones en opinión de la Organización Internacional
del Trabajo); un fenómeno, por lo demás, en crecimiento casi en todas partes:
una verdadera y propia emergencia social, además de pastoral.
2. Se ha constatado que las instituciones públicas, aún cuando
manifiestan claro conocimiento de la gravedad del fenómeno, no se
movilizan adecuadamente para traducirlo en intervenciones eficaces de prevención
y de recuperación. En la sociedad civil, la actitud prevalente, a veces, es la
de la alarma social, porque se está aquí frente a una amenaza al orden público.
Nos preocupamos, pues, por la protección personal relativa al peligro
constituido por los niños de la calle, más que por la disposición a ayudar a
los mismos; difícil hacer emerger, pues, el sentido humanitario y
solidario sobre el problema, y todavía más ver el sentido cristiano del mismo.
3. Ha resultado claro, durante el Encuentro, que los niños de la
calle, en sentido estricto, se sienten privados de ligazón con su propio núcleo
familiar de origen, son los muchachos que han hecho de la calle su habitat,
constreñidos frecuentemente a dormir también en ella. Entre éstos, se ha
notado una amplia gama de situaciones. Dicho sumariamente, se da quien ha
sufrido la experiencia traumatizante de una familia que se ha dividido y de
quedarse solo, y quien ha sido echado fuera, o ha huido de casa, porque era
demasiado olvidado o maltratado. Están también aquellos que rechazan la casa o
son rechazados por ella, por estar comprometidos en caminos de desviación
(droga, alcohol, hurto y expedientes varios para sobrevivir), y cuantos son
inducidos con promesas, seducciones o violencia, de parte de adultos o de clanes
de mala vida, a estar en la calle, cosa que frecuentemente sucede a jóvenes
extranjeras, obligadas a prostituirse, o a menores extranjeros no acompañados,
constreñidos a la mendicidad. Estos experimentan la interferencia en su vida de
las fuerzas del orden y la cárcel. En los Países en vía de desarrollo, es
impresionante el número de muchachos que entran en esta categoría.
4. Diversa de la precedente categoría es aquella de los “niños
en la calle”, de aquellos que transcurren gran parte de su tiempo en la calle,
incluso no estando privados de “casa" y de una relación con la familia
originaria. Estos últimos prefieren vivir al día, con escasa o ninguna
responsabilidad por la formación y el futuro, en grupos poco recomendables,
fuera habitualmente de la familia, a pesar de que pueden todavía encontrar en
ella un rincón para dormir. Su número es preocupante, incluso en los Países
desarrollados.
5. Numerosas son las causas en la base de este fenómeno social de
dimensiones siempre más alarmantes. Entre las principales se han indicado las
siguientes:
- la creciente disgregación de las familias, situaciones de tensión entre
los padres, comportamientos agresivos, violentos y tal vez perversos en relación
a los hijos;
- la emigración, con cuanto comporta de desarraigo del contexto habitual de
vida y consiguiente desorientación;
- las condiciones de pobreza y de miseria que mortifican la dignidad y privan
de lo indispensable para la vida;
- la invasión de la toxicodependencia y del alcoholismo;
- la prostitución y la industria del sexo, que continúa reuniendo un número
impresionante de victimas, inducidas a menudo, con alucinante violencia, a la más
feroz de las esclavitudes;
- las guerras y los desórdenes sociales, que destruyen también para los
menores la normalidad de la vida;
- el difundirse, sobre todo en Europa, de una “cultura
toxicodependiente y de la trasgresión”;
- la falta de valores de referencia, la soledad y un sentido siempre más
profundo de vacío existencial, que caracterizan el mundo juvenil en general.
6. Cuanto más se presenta alarmante la entidad del problema y
carente de presencia efectiva de los poderes públicos, tanto más se reconoce
apreciable y precioso, en la materia, la intervención del privado social y del
voluntariado. El asociacionismo, de ámbito eclesial y de inspiración
cristiana, resulta activo y eficiente, pero absolutamente inadecuado frente a la
amplitud de las necesidades y, por lo demás, está desenganchado de una
pastoral orgánica específica. Se ha observado así que las Diócesis y las
Conferencias Episcopales no asumen suficientemente este problema, sea por cuanto
mira a la prevención sea a la recuperación de los muchachos. Existen con todo
realizaciones positivas, que se convierten en ánimo y estímulo para quien
piense que el terreno es demasiado ingrato para invertir mayores energías.
7. En el curso del Encuentro se ha constatado que, en la mayoría de
los casos, las actividades están planificadas y llevadas adelante por agentes
profundamente motivados y profesionalmente bien preparados, en relación bien a
los responsables de tales iniciativas, bien a los cuerpos de voluntarios.
8. En la variedad de planificaciones, parece que se puede
encontrar una substancial concordancia de objetivos, es decir:
- recuperar el niño de la calle hacia una normalidad de vida, que
comporte su reinserción en la sociedad, pero sobre todo en un ambiente de
familia, posiblemente en su familia de origen o en otra, o, si no es posible, en
estructuras comunitarias, pero siempre de tipo familiar;
- hacer regresar el muchacho a la confianza en sí mismo, a la
autoestima, al sentido de su dignidad y consiguiente responsabilidad personal;
- hacer nacer en él el auténtico deseo de reprender un curriculum
escolástico y de prepararse profesionalmente a una inserción laboral en la
sociedad, de manera que pueda desarrollar, con sus propias fuerzas, y no en
dependencia de otro, dignos y gratificantes proyectos de vida.
9. Han resultado diferentes y muy variadas, por otro lado, las
tipologías de intervención en favor de los niños de la calle, tales como:
- el así llamado compromiso en la calle, que prevé el contacto con los
muchachos en los lugares de reunión, a fin de establecer una relación empática
y de confianza que consienta, a los muchachos en dificultad y en desviación,
una apertura al educador;
- los centros diurnos orientados a la promoción de condiciones
esenciales, a fin de que los muchachos puedan vivir con dignidad;
- las iniciativas de ayuda para la satisfacción de las necesidades
primarias: comida, guardarropa, asistencia socio-sanitaria;
- las estructuras educativas y formativas: guarderías, escuelas, cursos de
formación profesional;
- los centros de acogida residencial, donde se recibe también instrucción y
formación, pero sobre todo donde se incentiva el acompañamiento humano con la
ayuda de las disciplinas psico-pedagógicas; en ciertos casos, se realiza
incluso un acompañamiento espiritual, basado en el Evangelio, sobre un camino
responsable de reconstrucción interior y de sanación del corazón;
- la actividad orientada a la reinserción del muchacho en el núcleo
originario de pertenencia o en nuevas comunidades de adopción;
- la actividad de más amplia dimensión que llegue a la sociedad civil y
eclesial, no simplemente para informar, sino para sensibilizar y comprometer,
sobre todo en la obra de prevención del fenómeno y de apoyo a los muchachos
restituidos a su ambiente natural;
- los cursos de formación y de puesta al día para los agentes y
voluntarios, a fin de garantizar en todos una seria profesionalidad.
10. En cuanto al método, estas son las cosas fundamentales
aparecidas en el curso del Encuentro:
- trabajo en equipo entre todos los agentes;
- compromiso paralelo de apoyo a los padres, si se les puede contactar y son
recuperables para la colaboración;
- reinserción en la escuela y en la formación profesional;
- construcción y ampliación de redes de amistad, incluso fuera de las
estructuras de acogida;
- gran importancia a las actividades lúdicas y deportivas y a cuanto
estimule al muchacho a sumir roles activos y creativos de responsabilidad.
11. El compromiso con los niños dela calle, ciertamente no resulta fácil,
tal vez, por el contrario, parece frustrante y sin perspectivas, y en tal
situación, puede aparecer la tentación de ceder las armas y retirarse. Es el
momento de recurrir a las motivaciones de fondo que han empujado a dedicarse a
esta obra benemérita. Para el creyente, se trata, en primer lugar, de
motivaciones de fe. Está claro, de todos modos, que es útil fijar la atención
en quien hace una experiencia decididamente positiva, y esto ha resultado claro
durante el Encuentro, en quien sostiene justamente que el trabajo produce
resultados satisfactorios para muchos, tal vez en la mayoría de los casos.
Prudencia exige todavía la necesidad de esperar la confirmación en el tiempo,
verificando, por ejemplo después de cinco años, el “resultado” de la
recuperación y de la normalización del sujeto. Podría, de hecho, verificarse
una recaída, un retorno a la calle; podría realizarse también lo contrario
para quien, refractario en un primer momento a la obra de los educadores, se
abre más tarde al camino de recuperación de los valores que le habían sido
propuestos.
12. Ha sido, con todo, general la constatación de la urgencia de
intervención: el nombre de la infancia es “hoy”, mañana será demasiado
tarde. Además, la recuperación en tierna edad es relativamente fácil, no es
lo mismo cuando se inicia la adolescencia.
13. Desgraciadamente, la Convención de la ONU sobre los derechos del
niño del 1989, si bien se ha formalmente aprobado en tantos Países, es todavía
demasiado desatendida en la aplicación.
Recomendaciones
1. Resulta evidente que es necesaria una mayor toma de conciencia de la
gravedad del fenómeno y un mayor y más sistemático empeño para afrontarlo, y
esto vale también para el ámbito eclesial, donde las intervenciones de carácter
humanitario, en favor de os niños de la calle, deberían acompañase con la
primera obligación de la evangelización. Ha sido auspiciado pues por todos la
organización de una pastoral específica para estos muchachos, formulando
nuevas estrategias y modos de ponerlos en contacto con la fuerza liberadora y
curativa del Evangelio.
2. Desafortunadamente, como resulta también de la encuesta en vistas
al Encuentro, a este respecto solo una minoría de las iniciativas, incluso en
ámbito eclesial, va más allá de las intervenciones socio-asistenciales y
psico-pedagógicas, las cuales no asumen, al menos en un primer momento, tampoco
una clara calificación pastoral de primera o nueva evangelización, en el
intento de recuperar y revalorizar la dimensión religiosa del muchacho.
3. Se constata pues una doble vía y modalidad de intervención, la que
apunta directamente a la propuesta religiosa y específicamente evangélica,
para recuperar al muchacho, una vez entrado en esta área de fe, también a los
valores humanos y a la liberación de los condicionamientos y de las situaciones
que lo han llevado a la calle; o bien se apunta a la recuperación humana del
muchacho, hasta restituirle el equilibrio y normalidad y la plena identidad
humana. Se acompaña esta paciente obra con propuestas y referencias religiosas,
en la medida en que esto sea compatible con la condición misma del muchacho, y
del País donde él se encuentra. Tales propuestas – se ha estimado - no deben
estar en contradicción entre ellas. Unas y otras pueden constituir
itinerarios posibles; la elección depende de la situación personal del
muchacho, del ambiente en que se encuentra y sobre todo de la personalidad de
los educadores.
4. A continuación, fue presentado el cuadro de referencia de quien hace
hincapié directamente sobre la propuesta religiosa, que permanece fundamental,
porque el problema que es común al pueblo de la calle, no es tanto la miseria,
la toxicodependencia, el alcoholismo, la desviación, la violencia, la
criminalidad, el Sida, la prostitución, cuanto más bien el terrible mal de la 'muerte
del alma' ("el salario del pecado es la muerte": Rm.6,23). Se trata
aquí demasiado frecuentemente de criaturas que, si bien en plena juventud, están 'muertas
por dentro'.
a) Es pues necesario acoger la urgente invitación a una nueva evangelización,
que desde hace años repite el Santo Padre. Solo el encuentro con Cristo
Resucitado puede volver a dar la alegría de la resurrección a quien está en
la muerte. Solo el encuentro con Aquel que ha venido a vendar las heridas de los
corazones despedazados puede operar una profunda curación de las devastantes
heridas de los corazones traumatizados y empedernidos por las muchas
frustraciones y violencias sufridas.
b) Es fundamental pasar de la pastoral de espera a la pastoral del encuentro,
actuando con imaginación, creatividad y valor, a fin de encontrar los muchachos
en sus nuevos lugares de reunión, en las calles, en las plazas, así como
en los locales frecuentados por ellos, en las discotecas y en las zonas más
“calientes” de nuestras metrópolis. Es necesario ir a su encuentro con
amor, a fin de llevarles el gozoso anuncio y testimoniar con la propia
experiencia de vida que Cristo es Camino, Verdad y Vida.
c) Es indispensable dar testimonio de la luz de Jesucristo que ilumina y abre
nuevas vías a quien se siente atenazado por las tinieblas. Es urgente, pues,
despertar en la comunidad cristiana la propia vocación al servicio y a la misión,
en un creciente y sentido conocimiento del poder salvífico de la fe y de los
sacramentos. Demasiados muchachos continúan, de hecho, muriendo en las calles
delante de la indiferencia de la mayoría: no acoger con gran empeño la
afligida invitación del Santo Padre a la nueva evangelización es un verdadero
y propio pecado de omisión, porque no se socorre a los hermanos
‘moribundos’. Es pues importante contemplar, en los proyectos de pastoral,
las más variadas intervenciones que lleven el primer anuncio a los
‘alejados’, que den la posibilidad a los niños de la calle de sentirse
acompañados, estableciendo una nueva relación con sí mismos, con los otros,
con Dios, con la comunidad de pertenencia o de adopción y de descubrir que
existe alguien que los ama.
d) Se auspicia pues:
- La creación de comunidades y grupos (parroquiales o no) donde los jóvenes
tengan la posibilidad de conocer y vivir el Evangelio con radicalidad,
experimentando en primera persona su poder sanador.
- La institución, en las parroquias y en las varias realidades
eclesiales, de escuelas de oración, que den un nuevo impulso a la dimensión
contemplativa, y en consecuencia misionera, de los diferentes grupos.
- La formación de equipos de evangelización capaces de testimoniar con
entusiasmo la maravillosa Noticia que Cristo ha venido a anunciarnos y también
de muchachos ‘misioneros’ que lleven el abrazo de Cristo Resucitado a sus
coetáneos y a los ‘nuevos pobres’ de nuestro siglo.
- La formación, además, en las varias Diócesis, de jóvenes más y más
preparados profesionalmente que sepan hacer confluir sus talentos artístico y
musicales en la creación de nuevos espectáculos capaces de incidir
significativamente sobre la prevención y reunir, con mensajes evangélicos,
millares de jóvenes.
- La creación de centros de formación a la evangelización de la calle; la
constitución de lugares alternativos de reunión juvenil que ofrezcan
propuestas densas de valor y significado y de centros de escucha y de
iniciativas de prevención y de evangelización en las escuelas.
- El compromiso de utilizar los mass media como preciosos instrumentos para
“gritar sobre los techos” el Evangelio.
- La constitución de nuevas comunidades y grupos de acogida que acompañen a
los muchachos en un nuevo y comprometido camino de sanación interior, basada en
el Evangelio, con aquel amor que Cristo nos ha enseñado, un amor que no se
contenta con hacer la caridad, sino que se hace cargo del grito, de la angustia,
de las heridas, de la muerte de los pequeños y de los pobres, un Amor pronto a
dar la vida por los propios amigos.
5. Durante el Encuentro se ha constatado que también el educador, que
no parte de la explícita y fuerte propuesta religiosa, puede vivir, - y es real
para muchos – una actitud interior inspirada en la fe, bien entendida – y la
deseamos inspiradora para todos - bajo una triple imagen evangélica.
a) Ante todo aquella de Jesús frente a la adúltera: el Maestro es
respetuoso y lleno de afecto, no juzga, no condena la persona sino que la anima,
con su propia actitud, a cambiar de vida.
b) La segunda imagen, la del Buen Pastor que va a la búsqueda de la oveja
descarriada (tanto más si se trata de un pequeño cordero), que anima a no
esperar y mucho menos pretender que sea oveja la quien retome el camino del
redil. Estas, pues, resultan ser las etapas obligadas y deseadas, para una
pastoral de los niños de la calle:
- observar, escuchar, comprender desde dentro este mundo que es tan
misterioso (el Buen Pastor conoce sus ovejas);
- tomar la iniciativa del encuentro, caminar por la calle, de modo que el
muchacho perciba que quien lo procura se encuentra a su propio gusto incluso allí
donde él ha decidido estar o está constreñido a hacerlo (el Pastor deja el
redil y camina);
- tejer con él una relación espontánea, calurosa de afecto y de interés,
de amistad auténtica, que no es necesario proclamar con muchas palabras, pues
se transparenta en cada gesto (el Pastor se la lleva sobre los hombros y hace
una fiesta con los amigos).
c) La tercera imagen es la de los discípulos de Emaús: ellos abrieron
finalmente los ojos frente a Cristo Resucitado y frente a la perspectiva de
la resurrección, después de haber hecho un cierto camino, durante el cual no
son sus ojos sino su corazón el que sintió el calor para abrirse a la Novedad
evangélica.
6. Es evidente que con esta actitud interior, el segundo recorrido
educativo, referido en el N. 3, tiene mucho en común con el primero, y
sobre todo tiene un único objetivo final. Comparten, pues, el objetivo y el método,
particularmente en estos rasgos fundamentales que se proponen:
a) Suscitar confianza y autoestima; de modo que el muchacho comprenda y
experimente que él es importante para el educador y el educador es importante
para él: es el punto de partida para hacer con convicción y decisión los
primeros pasos hacia otro estilo de vida. Es necesario acompañarlo en el
descubrimiento del Amor de Dios a través de la experiencia concreta de sentirse
acogido, aceptado incondicionalmente y amado personalmente por lo que él es.
Esta relación de tú a tú debe ser continuada, incluso después que el
muchacho ha pasado al cuidado de otros educadores o ha dejado la estructura de
acogida.
b) Dar espacio al muchacho mediante un papel activo en la comunidad, suscitar
su sentido de responsabilidad y de libertad, de modo que se sienta en comunidad
como en su casa. Esto comporta que en “casa” continúe predominando el
calor, la espontaneidad, la cercanía amigable, más que el orden, la disciplina
o la norma escrita.
c) Cultivar la relación personal con cada muchacho. En cuanto sean útiles
metodologías y reglas generales, cada muchacho es un caso único, es un mundo
original, tiene su propia historia. Tantos, por lo demás, han mostrado
inteligencia y energía en sobrevivir a situaciones muy difíciles, se han
revelado hábiles, creativos, espabilados. Se deberá, pues, continuar buscando
estos recursos más o menos manifiestos de su personalidad para orientarlos a
“cambiar de camino”, para hacerlos ser ellos mismos sujeto y no objeto
de la pastoral de su recuperación. Los programas pedagógico-educativos tienen
la importante función de llevar al muchacho a descubrir y valorizar su propio
potencial positivo, a hacer fructificar sus talentos y a desarrollar lo más
posible sus propias capacidades.
d) Tener como objetivo (y no es un espejismo utópico) que el muchacho
haga propio e interiorice en profundidad el proyecto educativo, a tal punto que
se convierta, después de algunos años, en ayuda y estímulo para otros niños
de la calle para hacer el mismo recorrido; así se pone al lado de su educador,
resultando él mismo un educador, sujeto de esta pastoral específica.
e) Reconocer, en el compromiso en favor de los niños de la calle, un camino
privilegiado de servicio al Señor y de encuentro con El: "Cada vez que habéis
hecho estas cosas a uno de estos vuestros hermanos más pequeños, me lo habéis
hecho a mi" (Mt 25, 40).
7. Resulta evidente decir que el mejor de los recursos empleados en
este campo debe estar orientado a preparar profesional y espiritualmente a los
Agentes pastorales, que deben mostrar una gran madurez humana, ser capaces de
renunciar al éxito inmediato y de confiar que el fruto de su empeño podrá
revelarse bien inmediatamente, bien después de momentos en que parecía que
todo iba a acabar en nada. Deben, por lo demás, tener gran capacidad de
actuar en sintonía y en colaboración con los otros educadores.
8. Prever un trabajo con la familia de origen (cuando sea posible), que
incida positivamente sobre las dinámicas familiares no sanas y que esté
orientado al apoyo, a la reconstrucción del tejido familiar y al gradual
acompañamiento y reinserción del muchacho en el núcleo de pertenencia.
9. Debe continuarse un trabajo de conjunto, no solo dentro de
las propias estructuras, sino también con cuantos estén comprometidos, en el
territorio, en el mismo trabajo o estén interesados en ello.
Debe pues ser buscada y acogida la colaboración con otras fuerzas, no de
matriz eclesial pero de auténtica sensibilidad humana y con los entes públicos,
incluso cuando no se puede o no se pretende, por propia elección, contar con el
financiamiento público.
10. Con todo, se debe poner mucha atención, para que las
intervenciones de suplencia del asociacionismo y del voluntariado no creen, en
quien debería intervenir, la mentalidad y el pretexto para la
irresponsabilidad. Incluso de parte de la Iglesia, cuando es necesario, a la
función de propuesta y de estímulo, debe ir unida la de la crítica
constructiva y de la denuncia profética de las situaciones injustas e
inhumanas.
11. Se deberá, por lo demás, poner en red cuanto ya existe sobre
el territorio, para un intercambio de la buena praxis y también para un
eventual apoyo por parte de quien tiene ya una larga experiencia, en relación a
cuantos están todavía en los comienzos.
12. Los niños de la calle vienen a ser una “fotografía” de la
sociedad en que viven, que no los ha ayudado, por el contrario, en algún modo,
los ha provocado y empujado a la deriva. Los agentes pastorales deben ayudar a
la sociedad a darse cuenta de esta su responsabilidad, y alimentar en ella un
cierto sentido de sana inquietud con relación a estos muchachos. La misma
atención debe tener la Iglesia local y en particular la comunidad cristiana.
13. Será de gran utilidad para esta movilización en favor de los niños
de la calle, la creación, en las Conferencias Episcopales y en las mismas Diócesis
que estén mayormente interesadas en el problema, de una específica oficina (o
de una sección particular en una oficina ya existente), aquella por ejemplo de
la pastoral de la movilidad humana, en contacto con la juvenil o la familiar.
Es, por los demás, deseable que se inserten, en los proyectos pastorales
generales, propuestas orgánicas, incisivas y progresivas, que pongan una atención
particular en la "pastoral de la calle", para la cual los agentes
específicos deben abrir las comunidades a un crecimiento de sensibilidad e
implicación, para buscar respuestas significativas a la urgente problemática
de los niños de la calle.
14. Se auspicia que el Pontificio Consejo para Pastoral de los
Migrantes e Itinerantes convoque periódicamente encuentros, parecidos a éste
apenas concluido, al menos a nivel continental.
Roma, 25-26 Octubre 2004
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