 |
Pontifical Council for the Pastoral Care of Migrants and Itinerant People
People
on the Move - N°
85, April 2001
Consultación Regional
La Migración en América
en el Umbral del Nuevo Milenio
a la Luz de "Ecclesia in America"
(Ciudad México, México,
17-20 Septiembre 2000)
La Consultación regional fue organizada conjuntamente
por el Pontificio Consejo para la Pastoral de los Migrantes e Itinerantes
y la Comisión Católica Internacional de Migración
(CCIM). Contó con la hospitalidad de la Comisión Episcopal
para la Pastoral de las Migraciones de la Conferencia Episcopal de Méjico,
cuya sede CEM fue puesta a disposición de los participantes. Estuvieron
presentes 41 participantes, entre los que se contaban el Comité
Ejecutivo de la CCIM, el Presidente y el sector de Migraciones del Pontificio
Consejo para la Pastoral de los Migrantes e Itinerantes, Delegados de
la CCIM y Directores Nacionales de la Pastoral de Migraciones de 15 países
de América.
En la primera parte del encuentro la reflexión
se centró en particular sobre los aspectos culturales de la migración
y estuvo dirigida por la CCIM. El Pontificio Consejo para la Pastoral
de los Migrantes e Itinerantes moderó la segunda parte, que estudió
los aspectos pastorales de la migración. Esta segunda parte se
enmarca en una serie de encuentros regionales (el primero fue el encuentro
dedicado a Asia y el Pacífico, celebrado en Kaohsiung, Taiwan,
en septiembre de 1999; el segundo se dedicó a África y tuvo
lugar en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, en marzo de 2000; el tercero
fue el encuentro regional de Europa, celebrado en Strasbourg, en septiembre
2000), que culminará en el encuentro general de Roma en octubre
del 2000.
El encuentro de Mexico City se había propuesto
como objetivo examinar las situaciones concretas, analizar las respuestas
efectivas, ya realizadas, en las Iglesias particulares en América;
estudiar el magisterio de la Iglesia, en su doble aspecto de Iglesia universal
e Iglesia local, y determinar las estructuras y colaboraciones necesarias
para que la pastoral para los emigrantes adquiera continuidad y eficacia
en el continente.
1. Ecclesia in America y migración
Durante los dos primeros días, bajo la moderación
de la CCIM, los participantes han estudiado el documento Post Sinodal
Ecclesia in América, presentado por el Arzobispo Alberto Suárez
Inda, que participó en el Sínodo. En las discusiones fue
mencionado repetidamente que el documento tiene que ser más conocido
y estudiado, empezando por los Obispos y agentes Pastorales de migración.
Ciertamente hay mucho material para que ellos puedan ser "defensores
vigilantes de los migrantes" mostrando su "amor preferencial"
para los migrantes. Los participantes se comprometieron a hacer un estudio
más profundo sobre este documento para ponerlo en acción.
Algunos de los comentarios fueron los siguientes:
El documento Ecclesia in América nos ayuda a conocer lo que
estamos haciendo como Iglesia y a aceptar nuestras limitaciones y falls
concernientes a la migración para corregirlas.
La Iglesia, conocida como una para todo el Continente, ejerce una
defensa de los derechos humanos y de modo especial para los migrantes
quienes son actores y sujetos de su amor preferencial.
Las palabras del documento tienen que ser asumidas por toda la Iglesia
(laicos, sacerdotes y obispos) y tienen que ser llevadas para la atención
de los altos niveles del gobierno. Migración tiene sus raíces
en la pobreza, las estructuras de injusticia social y conflictos armados
y todo esto tiene que ser iluminado por la Palabra de Dios que nos dice
que cada migrante es nuestro hermano y hermana que tiene derecho como
todos.
El documento Ecclesia in America indica que este trabajo de migración
tiene que ser puesto en práctica a nivel de Iglesia Particular
y Local y por ende ser conocido por todos. Aquí es donde el laico
bien preparado toma su papel.
El migrante es una persona que no solamente deja su tierra de origen
y envía dinero a su familia pero es también un miembro
de la Iglesia que lleva consigo su fe y su cultura y tiene que ser evangelizador
además de evangelizado.
Tenemos muchos ejemplos de esfuerzos individuales de laicos, religiosos,
sacerdotes y algunos obispos que asisten a los migrantes, pero se necesita
una acción más amplia e intensa que reconoce al migrante,
sea en su tierra nativa como en el país receptor o en el país
de tránsito como alguien necesita ser protegido y defendido.
No importa donde está él migrante, él es sujeto
de derechos aunque el esté en situación irregular.
Las instituciones Internacionales Católicas cuya finalidad
son los migrantes, como el Consejo Pontificio para los Migrantes y la
Comisión Católica Internacional de Migración, deben
buscar ayuda y cooperación de otras ONGs y de los gobiernos.
Estas instituciones Católicas Internacionales tienen que continuar
sus gestiones a los niveles internacionales y que su influencia y acción
sea sentida a nivel nacional, diocesano y parroquial.
Las Leyes de migración nacionales e internacionales no siempre
favorecen a los migrantes, al contrario, algunas de estas leyes son
las causas indirectas de miles de muertes además de muchísimos
sufrimientos.
Hay que reconocer que en mucha de nuestra gente latinoamericana existe
la cultura de emigrar, sin que las razones que mueven a ello sean necesariamente
económicas.
El tráfico humano es una plaga terrible (es más rentable
que el tráfico de droga), y tiene que ser combatido por todos
los agentes pastorales de migración, por las ONGs y por los gobiernos.
Las causas de este tráfico, especialmente de mujeres y niños
con fines sexuales son económicas y políticas. Tendría
que ser sancionada penalmente. La Iglesia está totalmente en
contra de esta esclavitud causada por las políticas migratorias,
injusticia social, pobreza y corrupción. A veces hay temor y
titubeo cómo afrontar este tráfico a nivel local e internacional
porque implica a veces peligros a la vida. Aquí es donde la Iglesia
tiene que ser abogada valiente y defensora de los migrantes.
El documento Ecclesia in America nos ha hecho redescubrir que tenemos
que trabajar como una Iglesia en América y colaborar con Conferencias
Episcopales e instituciones Católicas. Necesitamos la cooperación
mutua de otras instituciones nacionales e internacionales.
Se necesita más coordinación de la Iglesia de todo
el continente en la salida, tránsito y llegada del migrante.
La Iglesia tiene que ser abierta para todos y sensibilizar la gente
de los países receptores a los migrantes y tiene que ser una
voz profética en esta enseñanza de la pastoral migratoria.
El rol de la CCIM y e rol del SEPMOV fue bien explicado y son complementarios:
el primero más bien de naturaleza ejecutiva y económica
y el segundo consultiva y doctrinal. Se nota que hay una buena relación
de trabajo y de cooperación entre las dos instituciones.
Hubo alto consenso sobre el perdón de la deuda externa, amnistía
migratoria, la promoción y defensa de los derechos humanos, especialmente
de los migrantes y la ratificación de la Convención Internacional
sobre la Protección de Trabajadores Migratorios y sus Familias.
Mencionaron que en algunos de nuestros países de este Continente
hay racismo y xenofobia. Se mencionó también que hay muchos
migrantes irregulares que salen de sus países y desaparecen.
El migrante hacia los Estados Unidos normalmente es católico
y puede ser un gran evangelizador. Se mencionó que la Iglesia
en filipinas considera a sus migrantes como evangelizadores y los estimulan
para ser así.
Muchos participantes de América Latina enfatizaron la pobre
situación económica de sus oficinas y de cómo la
CCIM podía ayudarlos. Se sugiere que un presupuesto sea fijado
para América Latina de parte de los miembros del Consejo o el
Comité Ejecutivo de la CCIM.
2. Estructuras eclesiales para la pastoral de los
migrantes
Gran parte de la discusión de los dos últimos
días de la Consultación fue dedicado a varios puntos de
los documentos de la Iglesia especialmente al De Pastorali Migratorum
Cura.
Se concedió amplio espacio a la discusión
acerca de las responsabilidades de las Conferencias Episcopales, de los
Obispos Diocesanos, del Director Nacional y del Director Diocesano. Los
principales puntos mencionados son los siguientes:
muchas Conferencias Episcopales han incluido la pastoral migratoria
como una parte importante de su trabajo, pero algunas no han asumido
aún este reto;
cuando haga pública alguna declaración sobre el tema,
la Conferencia Episcopal debe recabar la opinión de la Comisión
Episcopal de Migración;
tanto la Conferencia Episcopal, como los Obispos de forma individual,
deben apoyar los misioneros para migrantes;
la responsabilidad de la pastoral de migrantes atañe en primer
lugar a la Iglesia local y al Obispo diocesano. Otras instancias no
pueden convertirse en sustitutos o en competencia. El Ordinario debe
ser sensible a los problemas de la migración y mostrarse cercano
de los migrantes. Reconozca en ellos un don de Dios;
el Director Nacional debe colaborar con el Presidente de la Comisión
Episcopal de Migración, y éste debe apoyar más
intensamente la labor del Director Nacional. El Pontificio Consejo respaldará
esta colaboración;
el Director Diocesano debe ser de dedicación exclusiva, de
lo contrario será imposible cumplir correctamente su misión.
3. Agentes pastorales
Se trató igualmente el papel importante de los
religiosos, religiosos, diáconos y laicos. Se subrayó el
valor del voluntariado. Se reconoció el trabajo pastoral loable
de congregaciones y sacerdotes. Al mismo tiempo se constató que
tiene que intensificarse la preparación y la formación de
laicos que ya se han demostrado muy efectivos en el trabajo para y con
los migrantes. Muchas parroquias han ayudado a los migrantes de muchas
maneras a través de los laicos.
Se recomendó que se de más espacio de
acción a los laicos y se les anime a dedicarse a la causa de la
migración, especialmente porque ellos son cada vez más conscientes
de su papel en la sociedad.
En cuanto a la formación de los agentes pastorales,
tanto sacerdotes como seglares, se constató que el conocimiento
de la lengua y de la cultura de los migrantes es necesario, pero no suficiente.
Es importante estar a su lado, compartir sus sentimientos, aceptarlos
y acogerlos. Hay que ofrecerles la posibilidad de cultivar su propia identidad.
La formación de los sacerdotes para el apostolado
de los migrantes debe empezar en el seminario, con cursos acerca de la
migración y de la pastoral de migrantes.
4. Colaboración
Se discutieron ampliamente las diversas formas de colaboración.
Colaboración entre países emisores y países
receptores, por ejemplo a través de comisiones bilaterales.
Los Obispos de diócesis fronterizas deberían tener
reuniones y encuentros más frecuentes sobre acontecimientos migratorios
que afectan a sus diócesis.
Colaboración entre las parroquias territoriales y las personales
(étnicas), y/o missio cum cura animarum. Aunque si se consideró
importante la existencia de momentos de comunión entre todas
las comunidades étnicas, se sostuvo igualmente que deberían
ofrecerse las posibilidades de que las diferentes comunidades étnicas
puedan celebrar por separado según su propia cultura y sus tradiciones.
Reexaminar la relación entre el Pontificio Consejo y el SEPMOV,
pues no queda bien definida en los documentos de la Iglesia.
Estrechar las relaciones entre los Directores Nacionales, entre éstos
y el SEPMOV, y entre los Directores Nacionales y el Pontificio Consejo,
a través de informes anuales.
Establecer una red de acción (networking) entre la pastoral
hispana, estableciendo eventualmente oficinas regionales.
Se necesita más colaboración inter-institucional con
el ACNUR, las ONGs y otras instituciones internacionales, sin comprometer
la acción pastoral de la Iglesia.
Colaboración entre las Iglesias de América Latina y
las Iglesias de Europa. Dado la escasez de recursos de muchas Iglesias
americanas, se pidió si Europa podría compartir los recursos
financieros. Se subrayó la importancia de conocer los recursos
disponibles y de la forma cómo son usados.
5. Migrantes y Evangelización
Otro punto a discusión fue la relación
de la pastoral y la evangelización.
Las estructuras de la Iglesia son necesarias, pero el trabajo pastoral
para los migrantes no tiene que verse menoscabado. El migrante, sin
importar quien es o de donde viene, es el receptor primario del cuidado
de la Iglesia y debe ser conducido al encuentro con Cristo (tema de
Ecclesia in America).
Debe ofrecerse a los migrantes una mayor participación en
las actividades pastorales.
A menudo las comunidades no son receptivas frente a los migrantes.
Hay que introducir una "cultura de la bienvenida".
La integración debería ser espontánea.
La evangelización es el fin primario de la misión de
la Iglesia e incluye no solamente a los migrantes católicos,
sino también a los otros.
Muchos migrantes católicos necesitan re-evangelización,
mientras que los otros no cristiano tienen el derecho a ser bien recibidos
y a que se les de la posibilidad de encontrar a Cristo. Todos los migrantes
tienen que ser destinatarios del amor preferencial de la Iglesia.
Junto con la re-evangelización o evangelización de
los migrantes es la evangelización de toda la comunidad que debe
ser revaluada.
El migrante tiene que ser instrumento de evangelización y
hay que prepararlo en su país de origen. Muchas veces los agentes
de pastoral migratoria son muy tímidos en sembrar la Palabra,
aunque son muy buenos en acción social.
6. Factores relacionados con la migración
Actualmente se habla del derecho a la movilidad y del
derecho del migrante a migrar. Hay que insistir en la apertua de las naciones
para recibir a los migrantes. Nuestro trabajo debe estar dirigido a las
causas de la migración, a los derechos a tener las condiciones
básicas en su propio país y el derecho a no emigrar. Hay
que ver como utilizar o cambiar los documentos nacionales tales como las
Constituciones de los países. Hay que insistir en el equilibrio
entre los derechos y los deberes del migrante.
No podemos cerrar los ojos ante los abusos y los problemas
originados por la migración, como el tráfico de mujeres
y de niños, así como la migración irregular provocada
por leyes y políticas restrictivas. Es igualmente necesario dejar
claro que, aunque se solucionaran los problemas económicos que
motivan la migración, ésta se ha convertido en una cultura
y no va a detenerse. La Pastoral de migrantes debe tomar en consideración
todas estas circunstancias.
7. Día del Migrante
Hay que promover la Colecta Nacional anual en favor
de los migrantes y refugiados, por ejemplo con ocasión del Día
del Migrante.
No hubo consenso sobre la celebración anual del
Día del Migrante a nivel continental, aunque los países
de Centro América lo hacen ahora. Debería consensuarse la
celebración del Día del Migrante a nivel regional.
Todos los participantes comentaron durante estos días
y estuvieron de acuerdo en que se necesita urgentemente una actualización
del documento De Pastorali Migratorum Cura, y que debería, por
tanto, ser actualizado.
El último día de la reunión, todos
los participantes del Encuentro clausuraron las sesiones con una Misa
concelebrada por todos los obispos y sacerdotes en la Basílica
de Guadalupe poniendo los compromisos asumidos a los píes de María.
|