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Pontifical Council for the Pastoral Care of Migrants and Itinerant People
People
on the Move
N° 96, December 2004
MENSAJE DE
SU SANTIDAD JUAN PABLO II
CON OCASIÓN
DE LA XXV JORNADA
MUNDIAL DEL
TURISMO
Deporte y turismo: dos fuerzas vitales para la comprensión mutua,
la cultura y el desarrollo de los Países
1. Con motivo de la próxima Jornada Mundial del Turismo, que se celebrará el
27 de septiembre, me es grato dirigirme a todos los que ejercen su labor en este
sector de la actividad humana, para ofrecer algunas reflexiones que destaquen
los aspectos positivos del turismo. Éste, como ya he indicado en otras
ocasiones, contribuye a incrementar la relación entre personas y pueblos, que,
cuando es cordial, respetuosa y solidaria, es como una puerta abierta a la paz y
la convivencia.
En efecto, muchas de las situaciones de violencia que sufre la humanidad en
nuestros tiempos tienen su raíz en la incomprensión, e incluso en el rechazo
de los valores y de la identidad de culturas diferentes. Por eso, estas
situaciones podrían superarse tantas veces mediante un mejor conocimiento recíproco.
En este contexto, pienso en los millones de emigrantes, que han de participar en
la sociedad que los acoge basándose sobre todo en el aprecio y reconocimiento
de la identidad de cada persona o grupo.
La Jornada Mundial del Turismo, por tanto, no sólo ofrece de nuevo la
oportunidad de afirmar la aportación positiva del turismo a la construcción de
un mundo más justo y pacífico, sino también de profundizar en las condiciones
concretas en que se gestiona y practica.
A este respecto, la Iglesia no puede dejar de reiterar una vez más el núcleo
de su visión del hombre y de la historia. En efecto, el principio supremo que
debe regir la convivencia humana es el respeto a la dignidad de cada uno, creado
a imagen de Dios y, por tanto, hermano de todos los demás.
Este principio debería guiar toda la actividad política y económica, como ha
sido puesto de relieve en la Doctrina Social de la Iglesia, e inspirar también
la convivencia cultural y religiosa.
2. Este año el tema de la Jornada es «Deporte y turismo: dos fuerzas
vitales para la comprensión mutua, la cultura y el desarrollo de los Países».
Deporte y turismo hacen referencia ante todo al tiempo libre, en el que se han
de fomentar actividades que ayuden al desarrollo físico y espiritual. Pero hay
numerosas situaciones en que turismo y deporte se entrelazan de manera específica
y se condicionan recíprocamente, como cuando el deporte se convierte
precisamente en el motivo determinante para desplazarse tanto dentro del propio
País, como por el extranjero.
En efecto, deporte y turismo están estrechamente unidos en los grandes
acontecimientos deportivos en los que participan los Países de una región o de
todo el mundo, como en los Juegos Olímpicos, que no han de renunciar a su alta
vocación de avivar ideales de convivencia, comprensión y amistad. Pero también
en muchos otros casos menos espectaculares, como en las actividades deportivas
de ámbito escolar o de las asociaciones del propio barrio o localidad. En otros
casos, practicar un determinado deporte es precisamente lo que motiva programar
un viaje o unas vacaciones. Es, pues, un fenómeno que atañe tanto a los
deportistas de élite, a sus equipos y seguidores, como a modestos clubes
sociales, así come también a muchas familias, jóvenes y niños y, en fin, a
cuantos hacen del ejercicio físico uno de los motivos importantes de su viaje.
Al tratarse de una actividad humana que implica a tantas personas, no es de
extrañar que, no obstante la nobleza de los objetivos proclamados, se produzcan
también en muchos casos abusos y desviaciones. No se puede ignorar, entre otros
fenómenos, el mercantilismo exacerbado, la competitividad agresiva, la
violencia contra las personas y las cosas, hasta llegar incluso a la degradación
del medio ambiente o la ofensa a la identidad cultural de quien acoge.
3. El Apóstol san Pablo proponía a los cristianos de Corinto la imagen del
atleta para ilustrar la vida cristiana, como ejemplo de esfuerzo y de constancia
(cf 1 Co 9,24-25). En efecto, la práctica correcta del deporte debe
estar acompañada por la templanza y la educación a la renuncia; con mucha
frecuencia requiere también un buen espíritu de equipo, actitudes de respecto,
aprecio de las cualidades de los demás, honestidad en el juego y humildad para
reconocer las propias limitaciones. El deporte, en fin, especialmente en sus
formas menos competitivas, invita a una celebración festiva y a la convivencia
amistosa.
También el cristiano puede encontrar en el deporte una ayuda para desarrollar
las virtudes cardinales – fortaleza, templanza, prudencia y justicia –
en la carrera por la corona “que no se marchita”, como escribe san Pablo.
4. Ciertamente, el turismo ha dado un poderoso impulso a la práctica del
deporte. Las facilidades que ofrece, e incluso las muchas actividades que
promueve o patrocina por iniciativa propia, han incrementado de hecho el número
de quienes aprecian el deporte y lo practican en su tiempo libre. De este modo,
se han multiplicado las ocasiones de encuentro entre pueblos y culturas diversas
en un clima de buen entendimiento y de armonía.
Por ello, sin dejar de prestar la debida atención a las desviaciones que
lamentablemente siguen produciéndose, deseo exhortar encarecidamente y con
renovada esperanza a promover «un deporte que tutele los débiles y no excluya
a nadie, libere a los jóvenes del riesgo de la apatía y de la indiferencia, y
suscite en ellos un sano espíritu de competición; un deporte que sea factor de
emancipación de los países más pobres y ayude a eliminar la intolerancia y a
construir un mundo más fraterno y solidario; un deporte que contribuya a hacer
que se ame la vida y que eduque al sacrificio, al respeto y a la
responsabilidad, llevando a una plena valorización de cada uno” (En el
Jubileo de los deportistas, 29-10-2000, n 3)
Con estas consideraciones, invito a los que están relacionados con el deporte
desde el propio campo del turismo, a los deportistas y a todos los que lo
practican en sus viajes, a proseguir sus esfuerzos para alcanzar estos nobles
objetivos, a la vez que invoco sobre cada uno de ellos abundantes bendiciones
divinas.
Vaticano, 30 de mayo de 2004, Solemnidad de Pentecostés
Joannes Paulus PP II
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