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 Pontifical Council for the Pastoral Care of Migrants and Itinerant People

People on the Move

N° 97, April 2005

 

 

La Caridad de Cristo: 

los migrantes signo de los tiempos

y la solicitud de la Iglesia

 

 

Rev.mo P. Michael A. BLUME, SVD

Subsecretario del Pontificio Consejo

para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes

 

“Las migraciones internacionales son un importante elemento estructural de la realidad social, económica y política del mundo contemporáneo” (La caridad de Cristo hacia los emigrantes, 8). Estas migraciones, según el Concilio Vaticano II, entran en la definición de los signos de los tiempos, los cuales la Iglesia está llamada a "escrutar a fondo … e interpretarlos a la luz del Evangelio” (GS 4, cfr. GS 6).  

1. La nueva Instrucción

Como ayuda y guía para la interpretación de estos signos de los tiempos y para sacar de ellos conclusiones pastorales prácticas, nuestro Pontificio Consejo ha ofrecido a toda la Iglesia una nueva Instrucción, La caridad de Cristo hacia los emigrantes (= EMCC). El tema de esta conferencia, en la Agenda de este Simposio, corresponde de hecho al título de la Ia Parte de la Instrucción. En los treinta minutos disponibles, introduciré este documento intentando presentar algunas de sus “iluminaciones” en relación a las grandes preocupaciones pastorales de la movilidad humana en la región de los Andes.  

Permítanme primero decir una palabra sobre la historia y el carácter de la Instrucción. A través de los tiempos, el Pueblo de Dios ha interpretado, a la luz de la Palabra de Dios, las experiencias de migración. La Sagrada Escritura lo hace también, por ejemplo, en el libro del Éxodo, en el Evangelio con la imagen de la huída de la Sagrada Familia, e incluso en el acontecimiento de Pentecostés. Los últimos 150 años han sido particularmente dignos de mención, viendo como los Papas, el Concilio Vaticano II, los organismos de la Santa Sede, los fundadores de congregaciones religiosas, así como los movimientos de los fieles han prestado siempre creciente atención a este fenómeno[1]. Más recientemente, a nivel de la Iglesia universal, tenemos el documento, la EMCC

La decisión de sacar una nueva Instrucción hace relación a las discusiones en nuestro Pontificio Consejo al inicio de los años 90. Entonces se veía claro que la Instrucción del 1969, De Pastorali migratorum cura (cfr. EMCC 23), necesitaba ser actualizada en respuesta al cambiante fenómeno de la migración. Con todo, fue solo a finales del 2001 cuando la decisión fue tomada. El documento de trabajo fue presentado para amplias consultas que envolvieron a nuestro Pontificio Consejo (sus Oficiales y finalmente los Miembros y Consultores), incluyendo todos los otros Dicasterios de la Curia Romana, así como muchas Conferencias Episcopales y otros expertos en todo el mundo. “El día 1 de mayo del 2004, memoria de San José Obrero, el Santo Padre aprobó la presente Instrucción del Pontificio Consejo de la Pastoral para los Emigrantes e Itinerantes y autorizó su publicación”.[2]  

La Instrucción es pues fruto de una amplia consulta mundial. Bajo la dirección del Secretario de nuestro Pontificio Consejo, muchas personas han contribuido a ello, intentando cada uno escudriñar este signo de los tiempos a la luz de la Palabra de Dios, del Magisterio y de su experiencia personal. Dado que éste se convirtió en un documento para la Iglesia universal, no intenta resolver todas y cada una de las situaciones particulares. Con todo representa un análisis y una interpretación autorizada de este signo de los tiempos a la luz del Evangelio, del Magisterio y de la experiencia del pueblo peregrino de Dios, que continuará ponderando y discerniendo el fenómeno de la migración dentro de un futuro previsible. El reto consiste ahora en llevar la Instrucción a la práctica y desarrollar sus enseñanzas a través de las acciones y las decisiones concretas a nivel local. Lo que nuestro Pontificio Consejo desea y pide encarecidamente es la futura reflexión e implementación. En este sentido, han sido hechos muchos esfuerzos en el último año por parte de nuestro Presidente y del Secretario del Dicasterio a fin de presentar el documento a nivel continental y a niveles nacionales en algunos casos.

 

2. EMCC y la experiencia de la Comunidad andina

En su discurso de introducción del primer día del Simposio, Su Eminencia el Cardenal Hamao mencionó el hecho de que nuestro Pontificio Consejo ha tenido el privilegio de encontrar varias conferencias de obispos de la región de los Andes en los últimos tres años. Ellos nos han aportado sus experiencias y nos han ayudado a analizar este signo de los tiempos. Al presentar la Instrucción, recordaremos algunas de las realidades que hemos oído por parte de estos dedicados Pastores y las comentaremos a la luz de la EMCC.

a. Pastoral de Acogida

Los Obispos de esta región hablan de la amplia y generosa acogida que se depara a los inmigrantes en búsqueda de una mejor forma de vivir, a los trabajadores estacionales, a los desplazados y refugiados, y a los que son objeto del tráfico de seres humanos. Dado que la acogida es fundamental en la pastoral de los migrantes, confiamos que la IIª parte de la EMCC, titulada “Los emigrantes y la pastoral de acogida”, podrá guiar y animar a individuos, parroquias y comunidades, a organizaciones de caridad, a congregaciones religiosas, a asociaciones católicas y movimientos eclesiales y a las diferentes estructuras de la pastoral social. Creemos que les confirmará en lo que Ustedes están ya llevando a la práctica y, al mismo tiempo, situará sus actividades en el contexto de otras realidades que afectan profundamente la calidad de nuestra acogida. Dado que este ministerio supone normalmente aceptar a personas de diferente cultura, a veces de lenguaje, de niveles sociales y educacionales, de piedad y de creencias religiosas diferentes – también en América Latina evidentemente –, la EMCC contiene secciones que merecen particular atención. Me refiero a aquellas que tienen que ver con la “inculturación” y el pluralismo cultural y religioso (EMCC 34-38), con una cultura de la acogida (EMCC 39-43), con la Liturgia y la religiosidad popular (EMCC 44-48), con una consideración especial hacia los inmigrantes católicos (EMCC 49-55). Esta cultura tiene también una dimensión ecuménica, porqué está abierta no sólo a los católicos sino también a los inmigrantes de otras Iglesias y comunidades eclesiales que no están en plena comunión con la Iglesia Católica (EMCC 56-58). Esto es verdad aunque algunos de nuestros hermanos no están abiertos todavía a este diálogo (es el caso de los miembros de las sectas). En fin, la Iglesia acoge también a los inmigrantes de otras religiones mediante el compromiso de la promoción humana y el testimonio de la caridad, el diálogo interreligioso y el anuncio respetuoso del Evangelio (EMCC 59-69). La calidad de la acogida, manifestada de muchas formas concretas, afecta profundamente la relación de los migrantes con su comunidad de acogida, con la Iglesia local en particular, con el desarrollo de su fe, al estar lejos de casa, y con el aporte que puedan hacer a la comunidad donde viven.

La acogida, sin embargo, no existe sin dificultades. A veces la capacidad de un área particular para recibir mucha gente, en especial a aquellas personas forzadas a emigrar, puede ser limitada. Pueden surgir problemas también entre migrantes y poblaciones receptoras e incluso entre los mismos grupos de inmigrantes. En este contexto recordamos la visión del Concilio Vaticano II por el cual “la pastoral específica se sitúa en el contexto del fenómeno migratorio que, al reunir a personas de distinta nacionalidad, etnia y religión, contribuye a hacer visible la auténtica fisonomía de la Iglesia (cfr. GS 92) … También a través de ellas, en efecto, se realizará, entre las gentes, el designio salvífico de Dios” (EMCC 38). Además, “el espíritu auténticamente cristiano de acogida dará el estilo y el valor para afrontar estos problemas y sugerirá las formas concretas de superarlos en la vida diaria de nuestras comunidades cristianas” (EMCC 40). ¡En la Iglesia nadie es extranjero!

b. La familia migrante

Nuestro Pontificio Consejo ha sentido también las angustiosas preocupaciones de esta región Andina sobre las innumerables familias migrantes. No es extraño, por ejemplo, que familias enteras se conviertan en refugiados y desplazados, que la unidad de la familia esté comprometida cuando un padre u otro de sus miembros significativos busca trabajo en otro lugar a fin de sostenerla, o que algunas familias sean engañadas al permitir a hijas adolescentes trabajar en ciudades alejadas donde serán esclavizadas en el mercado del sexo (ver también EMCC 5).

La integridad y unidad de la familia, así como su rol de "Iglesia doméstica”, es una de las mayores preocupaciones pastorales de este documento. El sufrimiento conectado con la migración afecta a más y más familias, mujeres y niños. Aquellos que ejercen el ministerio entre las familias migrantes encontrarán mucho ánimo en la Instrucción. A este respecto, se enfatiza la importancia de los fieles laicos en el “Ordenamiento jurídico-pastoral” de la EMCC, el cual afirma: “Los laicos, en el cumplimiento de sus tareas específicas, dedíquense a la realización concreta de lo que exige la verdad, la justicia y la caridad. Ellos deben, por tanto, acoger a los emigrantes como hermanos y hermanas y deben velar para que sus derechos, especialmente aquellos que conciernen la familia y su unidad, sean reconocidos y tutelados por las autoridades civiles” (Art. 2, § 1).

Es también de interés considerar el apoyo dado por la EMCC a la Convención Internacional sobre la protección de los derechos de todos los trabajadores migrantes y los miembros de sus familias “cuya ratificación fue vivamente recomendada por Juan Pablo II ... [y que] ofrece un compendio de derechos que permiten al inmigrante aportar dicha contribución; por consiguiente, lo que está previsto en la Convención merece la adhesión, especialmente de los estados que reciben mayores beneficios de la migración” (EMCC 6). Damos gracias a Dios de que muchos estados de la Comunidad andina hayan ratificado esta Convención. Lo que ahora se requiere es su implementación en los países que la han ratificada, al mismo tiempo que el esfuerzo para convencer a los países que se aprovechan del trabajo del migrante, de ratificarla, especialmente, por ejemplo, aquellos de la Unión Europea.

c. Cooperación entre las Diócesis y las Conferencias Episcopales

Es indispensable la cooperación, que es ya existente entre varias diócesis e incluso entre Conferencias Episcopales, para confrontar eficientemente los retos de la movilidad humana, que es una realidad sin fronteras. Un buen ejemplo de ello lo constituye este Simposio. Este tipo de colaboración por años ha ido adelante en esta región. Desde 1992, ha existido, por ejemplo, la Pastoral Fronteriza, que implica al menos ocho Diócesis en Colombia y Ecuador que intentan luchar con los problemas de los indocumentados, promover los derechos del hombre y robustecer la capacidad de las comunidades cristianas de la región en materia de derechos humanos de los migrantes.  

El énfasis de tal cooperación, así como la solidaridad en sus variados aspectos, constituyen una pastoral integral de comunión, “es decir, que nace de la Eclesiología de comunión y tiende a la espiritualidad de comunión” (EMCC 70). Lo que Ustedes están haciendo en estos momentos es llevar a la práctica la EMCC: “Es indispensable que se establezca entre las Iglesias emisoras y receptoras una intensa colaboración, que se origine, en primer lugar, de la información recíproca, sobre todo aquello que tiene un común interés pastoral. Sería impensable que no mantengan un diálogo y un intercambio sistemático, con encuentros periódicos, sobre los problemas que interesan a miles de emigrantes” (EMCC 70). Nuestro Pontificio Consejo alaba estas expresiones de comunión y desea animar su expansión.

d. Los derechos de los indocumentados, desplazados y refugiados

Los Obispos de esta región nos hablan también de su gran preocupación por la situación de los indocumentados, desplazados y refugiados. La dificultad en el obtener el reconocimiento de las peticiones de asilo, con el consiguiente peligro de convertirse estas personas en indocumentados, es ciertamente seria, por no mencionar la extremamente precaria situación de muchos desplazados. Los esfuerzos de la Iglesia, en base a sus organizaciones, de trabajar por los derechos de aquellos que han sido forzados a abandonar sus países, está plenamente en la línea de las enseñanzas del Concilio Vaticano II sobre el derecho a la emigración (cfr. GS 65 y Pacem in terris 25 en nota 17 de EMCC) y sobre la dignidad del emigrante (cfr. EMCC 21) y la centralidad de la persona y la defensa de los derechos del hombre y de la mujer emigrantes y la de sus hijos (cfr. EMCC 27 y 29).

e. Agentes Pastorales

La IIIª parte de la Instrucción versa sobre personas como Ustedes, presentes en esta sala: obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos/as dedicados/as a los migrantes y refugiados. Los Obispos de esta región han expresado a menudo su agradecimiento por sus servicios. Son Ustedes los que día a día, con su presencia, su escucha y su opción preferencial por los pobres, portan el amor de Cristo al mundo, donde por lo demás se nota su carencia. Su ministerio es, resumiendo, una pastoral de comunión – como dijimos anteriormente –, que fluye de la eclesiología de comunión que subraya la EMCC. La asistencia espiritual que ofrecen “a los que están lejos de su patria es un compromiso efectivamente eclesial, una tarea pastoral que no se puede confiar únicamente a la generosidad individual ... sino que ha de ser apoyada por las Iglesias locales, incluso materialmente” (EMCC 70). Es también clara la importancia de sus roles y ministerios, por el hecho de que los tres primeros capítulos del “Ordenamiento jurídico-pastoral” de la EMCC (Arts. 2-15) se refieren a dichos roles y ministerios. Dado que el ministerio entre los migrantes debe interesar a toda la Iglesia, se ve necesaria una formación para este fin, particularmente en los seminarios y en las comunidades religiosas (EMCC 71 y “Ordenamiento” Art. 18, 3).

f. Día / Jornada /Semana del Migrante y del Refugiado

Los Obispos y los agentes pastorales de esta región manifiestan un profundo aprecio hacia esta importante institución pastoral que constituye “una ocasión de un compromiso cada vez más intenso” (EMCC 72). Respetando las tradiciones promulgadas por las Conferencias Episcopales, permítanme amablemente mencionar algunos aspectos que la EMCC propone. En primer lugar, la Instrucción pide “una atención diligente hacia el tema específico que presenta cada año el Sumo Pastor en un Mensaje especial”. Esto da una cierta unidad a la celebración del día a través del mundo, mientras no excluye naturalmente las preocupaciones locales particulares. En secundo lugar, nuestro Consejo Pontificio “propone que dicha Jornada se celebre universalmente en una única fecha fija, con el fin de ayudar a vivir todos juntos, ante Dios, – también en el mismo espacio temporal –, un día de oración, acción y sacrificio en favor de la causa del emigrante y del refugiado”.[3] El actual día mundial, recientemente aprobado por el Santo Padre, por medio de los buenos oficios del Cardenal Secretario de Estado y comunicado a las Conferencias Episcopales, es “el Domingo después de la Epifanía … cuando ésta última se traslada al domingo [siguiente], y el segundo domingo después de la Epifanía cuando ésta se celebra el 6 de enero”.[4] 

3. Conclusión

Esta conferencia ha sido una muy breve introducción a un documento que necesita no solo ser leído, sino también ser estudiado, meditado y puesto en práctica. Cuando lo estudien, individualmente o en grupo, yo estoy seguro de que encontrarán lo que la Iglesia en la Comunidad andina está ya viviendo, en cierta manera, y actuando según el espíritu de la EMCC. Esperamos que esta Instrucción los animará en su ministerio y también los enriquecerá con la experiencia de la Iglesia universal.

La noción de pastoral en la EMCC no está limitada a aspectos particulares de la vida de la Iglesia, sino que se apoya sobre la visión del Concilio Vaticano II (cfr. EMCC 21-23), así como a los posteriores desarrollos, tales como la teología de la nueva evangelización y el nuevo Código de Derecho Canónico (cf EMCC 24-26), dado que se aplican a este mundo de los migrantes y refugiados. En este sentido, confiamos que la EMCC constituirá una guía para un diálogo positivo con los grandes problemas de la pastoral social, tal como ha sido desarrollada en los pasados cuarenta años en esta región. 

El desarrollo que la Iglesia promociona en el mundo de la migración es de hecho integral, respetuoso y promotor de todas las auténticas dimensiones humanas del individuo y de la comunidad, puesto que estamos convencidos de que el misterio del hombre se revela solo enteramente en el misterio de Cristo. En este contexto pues, la Iglesia está llamada a dar su específica e indispensable contribución, portando a este mundo lo que es su propia identidad, esto es comunidad de los discípulos de Cristo y experta en humanidad, en concreto la caridad de Cristo. Los foros intergubernamentales sobre migración están dominados generalmente por consideraciones políticas y económicas, que constituyen los elementos de su específica competencia. Lo que la Iglesia aporta a estas discusiones y lo que práctica es el amor de Cristo, sin el cual, como todos sabemos muy bien, las principales preocupaciones son las económicas mientras las preocupaciones humanas, las de aquellos que básicamente producen la ganancia, incluyendo las dimensiones espirituales, culturales y sociales, son fácilmente apartadas. Nuestras preocupaciones pastorales, los programas y las acciones son los caminos para asegurar que el amor de Cristo sea reconocido y promovido en el mundo de la movilidad humana. Muchas Gracias.

The love of Christ: Migrants, Sign of the Times, and the Concern of the Church

Summary

This talk presented the Instruction, Erga migrantes caritas Christi (=EMCC), to representatives of the bishops’ conferences and pastoral workers of Bolivia, Colombia, Ecuador, Peru, Spain and Venezuela present at the Simposio Andino-Hispanico (Quito, 16 Feb. 2005). These countries experience important and often dramatic movements of people, in which the local Churches concerned have long been present. EMCC invites them to scrutinize their experience of migration as a sign of the times and offers a pastoral and theological guide for that purpose. The Instruction is introduced in reference to several important experiences in the Andes Region: the pastoral approach of welcome, concerns for the migrant family, cooperation among dioceses and episcopal conferences, the rights of displaced people and undocumented migrants, the role of pastoral agents, and the celebration of the annual Day of Migrants and Refugees. In each case, relevant sections of EMCC confirm pastoral practices of the region and at the same time situate them within the broader perspective of the universal Church. The talk concludes with a reflection on the identity of pastoral service among migrants, emphasizing its holistic nature and the religious and human values it promotes, which are often forgotten in economic and political discussions on migration.

 

Die Liebe Christi: Migranten, Zeichen der Zeit und Sorge der Kirche.

Zusammenfassung

Diese Rede stellte die Instruktion, Erga migrantes caritas Christi (=EMCC) den Vertretern der Bischofskonferenzen und der pastoralen Mitarbeiter von Bolivien, Kolumbien, Äquator, Peru, Spanien und Venezuela vor, die an dem anden-hispanischen Symposium (Quito, 16. Februar 2005) teilgenommen haben. Diese Ländern erleben oft bedeutende und manchmal dramatische Bewegungen von Menschen, in denen die Ortskirchen seit langem präsent ist. EMCC lädt sie ein, diese ihre Erfahrung der Migration als ein Zeichen der Zeit zu sehen und dafür einen pastoralen und theologischen Weg anzubieten. Die Instruktion ist eingeleitet unter Bezugnahme auf verschiedene bedeutende Erfahrungen in der Andenregion: die pastorale Annäherung durch das Willkommen heißen, die Sorge für die Migrantenfamilien und die Migranten ohne Papiere, die Rolle der pastoralen Mitarbeiter, und die Feier des jährlichen Tages der Migranten und Flüchtlinge. In jedem Fall bestätigen bedeutende Abschnitte der EMCC pastorale Praktiken der Region, und fügt sie gleichzeitig ein in die allgemeinen Perspektiven der Universalkirche. Die Ansprache endet mit einer Reflexion über die Identität des pastoralen Dienstes unter den Migranten, indem sie die ganzheitliche Natur und die religiösen und menschlichen Werte hervorhebt, die durch sie gefördert werden, was oft in den wirtschaftlichen und politischen Diskussionen vergessen wird.  



*Conferencia pronunciada en ocasión del Simposio Andino-Hispano,  Quito, 16 de Febrero del 2005
[1]Cfr. EMCC, 14-33 para una síntesis de los momentos más importantes de esta historia.
[2]EMCC, penúltimo párrafo.
[3]EMCC, núm. 72, que añade: “Podrá asumir gran relevancia, además de dicha Jornada, un encuentro anual del obispo/eparca, posiblemente en la catedral, con los distintos grupos étnicos presentes en la diócesis/eparquía. En algunos lugares, donde ya se celebra, ese acontecimiento es llamado ‘fiesta de los pueblos’”.
[4]Carta del 27 de octubre, 2004 (Prot. N. 919/2004/M).

 

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