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 Pontifical Council for the Pastoral Care of Migrants and Itinerant People

People on the Move

N° 101, August 2006

 

 

El Magisterio de la Iglesia 

y el Turismo

signo de los tiempos*

 

 

S.E. Mons. Agostino MARCHETTO 

Secretario del Consejo Pontificio para la Pastoral

de los Emigrantes e Itinerantes

 

La Gaudium et Spes 

Hace algún tiempo asistí a una conferencia del Cardenal Jean-Marie Lustiger, en la que él afirmaba que cada vez que leía la Constitución Gaudium et Spes del Concilio Ecuménico Vaticano II, se sorprendía, con agrado, al encontrarla llena de frescura y actualidad. Esto me confirmaba, la impresión que yo tenía y que halla un ulterior fundamento en las palabras del Cardenal José da Cruz Policarpo[1], para el cual, con una acertada síntesis, la visión de la Iglesia característica de ese documento está redactada en los siguientes términos: “[es] enviada al mundo para anunciar, para servir, para discernir y para revelar el sentido de la historia; para promover la dignidad de la persona humana, el carácter sagrado de la vida y la responsabilidad de la libertad. Es la afirmación de la primacía del anuncio de la esperanza respecto al juicio del mundo”. La Iglesia no se sale, pues, de la historia, como drama humano, y la compasión hacia todos se vuelve la actitud central eclesial frente al mundo. “La actualidad de la Gaudium et Spes - sigue el Cardenal - consiste en la perennidad de una visión de la misión de la Iglesia con una percepción realista del ‘drama humano’ en todo momento de la historia”[2]

Se ve, aquí, el carácter profético de la misión de la Iglesia, en el realismo de esta inmersión en la historia, en una profundización permanente de la fe. “El vigor de la Iglesia - afirma una vez más el Cardenal Patriarca de Lisboa - consiste en la calidad de su fe. En la profecía, la fe se nos presenta como luz - lumen fidei  -, capaz de revelar el sentido de los acontecimientos y de la historia, partiendo de los criterios de Dios, situándolos en la edificación del Reino. Y la Gaudium et Spes da a esta búsqueda de sentido una dimensión cristocéntrica. Sólo en Cristo [de hecho], en el misterio de su muerte y resurrección, podemos captar el sentido profundo del hombre y de su historia”[3]

Sigamos con las palabras del Cardenal: “Esta luz de la fe permite que la Iglesia haga una lectura de la realidad de la historia humana, situándola en la perspectiva del Reino de Dios”. El texto de la Constitución pastoral a la que nos referimos es muy claro al respecto. Para realizar esta tarea [su misión], “es deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de los tiempos e interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que, acomodándose a cada generación, pueda la Iglesia responder a los perennes interrogantes de la humanidad sobre el sentido de la vida presente y de la vida futura y sobre la mutua relación de ambas” (GS n. 4).

No se trata, por tanto, de una lectura sociológica de la realidad humana, sino profética, a la luz de la fe, como se afirma en el n. 11: “Movido por la fe, que le impulsa a creer que quien lo conduce es el Espíritu del Señor, que llena el universo, [el Pueblo de Dios] procura discernir en los acontecimientos, exigencias y deseos, de los cuales participa juntamente con sus contemporáneos, los signos verdaderos de la presencia o de los planes de Dios”.

Y en seguida el Cardenal Patriarca de Lisboa señala que esta es la expresión más significativa del carácter perenne de la Gaudium et Spes. El texto indica, en efecto, el orden de las realidades que se deben escrutar siempre en todo tiempo: los acontecimientos, las exigencias y los deseos que la Iglesia comparte con la humanidad. Se trata de realidades cambiantes, sometidas a dinamismos situados en el tiempo, mientras es permanente el deber de prestar una atención profética para interpretarlas, guiados por el lumen fidei, captando su significado y su modo de interpelarnos.  

Los signos de los tiempos 

Será bueno, pues, llegados a este punto, introducirnos en el Concilio Vaticano II para ir hasta las raíces de la expresión “signos de los tiempos”, objeto de la primera parte de esta intervención nuestra. Por lo demás, incluso considerándonos estudioso de ese Magno Sínodo[4], para facilitar también al futuro lector del texto, que ya no podrá remitirse a los más de 60 volúmenes de los “Acta Synodalia”, al cuidado del Revmo. Mons. Carbone, nos limitaremos a seguir la Synopsis realizada por Mons. Francisco Gil Hellín[5]. Esta sirve para coordinar la documentación conciliar sobre la mencionada Constitución, con el objeto de precisar - como dice el autor - con rapidez y eficacia, el verdadero sentido y el alcance del significado de cada una de las partes del dictamen conciliar.

Con tal objeto, las redacciones que fueron sometidas al juicio de los Padres Conciliares están publicadas en cuatro columnas de textos paralelos, incluso el definitivo. La primera columna corresponde a la redacción del esquema denominado “de Lovaina” y la segunda al esquema comúnmente llamado “de Ariccia” o schema receptum (que introduce en el texto los anteriores adnexa que tratan de temas de actualidad). La tercera columna presenta el textus recognitus, mientras la cuarta corresponde al texto definitivo textus denuo recognitus, es decir, la redacción anterior revisada según los modi propuestos por los Padres y examinados por una comisión mixta.

Así, el n. 4, ya mencionado, de la Gaudium et Spes sobre los “signos de los tiempos”, es introducido en el textus recognitus[6]y no cambiará en el texto definitivo, con una sola excepción, a saber, omni tempore se vuelve per omne tempus.

El n. 11, citado arriba, también sigue la misma dirección del n. 4, al encontrarse en el textus recognitus un procedimiento más amplio, pero ya con los elementos que luego quedarán en el textus denuo recognitus y en el definitivo[7], precisando los verdaderos signos y una presencia de Dios a la que se agrega el “designio de Dios” que se ha de discernir. Hay allí, pues, una simplificación y una aclaración necesaria por lo que se refiere a los signos, pero permanece el sujeto (el Pueblo de Dios, impulsado por la fe y guiado por el Espíritu del Señor), así como el necesario discernimiento en los acontecimientos, las exigencias y los anhelos de nuestro tiempo, y la participación en esos acontecimientos, junto con todos los hombres. 

Para una visión de conjunto de todo esto, remito al volumen de Annibale Zambarbieri[8], quizás la mejor obra, en general, que ha aparecido sobre el Concilio e igualmente al volumen de Giovanni Turbanti[9], con muchos “distinguo” y una evaluación crítica por mi parte. Me limito, en fin, a citar también, de Varios Autores, La Iglesia en el mundo de hoy[10].

Vale la pena, aquí, regresar al n. 4 de la Gaudium et Spes para aclarar “los rasgos fundamentales del mundo moderno”, “signos de los tiempos”, por tanto. “Se trata de las profundas y rápidas mutaciones que se extienden progresivamente a todo el universo. Provocadas por la inteligencia y la actividad creativa del hombre, se repercuten en él, en sus juicios individuales y colectivos, en su manera de pensar y actuar, tanto en relación con las cosas como con los hombres. Podemos, por tanto, hablar de una verdadera transformación social y cultural que se va a reflejar también en la vida religiosa. Y como sucede en toda crisis de crecimiento, esta transformación no deja de llevar consigo serias dificultades”[11]. Aquí el Concilio considera la desigualdad escandalosa entre las riquezas, entre las posibilidades y la potencia económica del género humano y el tormento del hambre, así como la miseria y el analfabetismo de enteras multitudes; entre el sentido tan fuerte de la libertad y las nuevas formas de esclavitud social y psíquica; entre la conciencia lúcida de la unidad y de la mutua interdependencia de los individuos, dentro de una necesaria solidaridad, y los graves contrastes políticos y sociales, económicos, raciales e ideológicos[12].

Podríamos quizás agregar otra parte del n. 5, siempre de la Gaudium et Spes, en la cual se revela que “la propia historia está sometida a un proceso tal de aceleración, que apenas es posible al hombre seguirla. El género humano corre una misma suerte y no se diversifica ya en varias historias dispersas”[13]. 

El turismo, un signo de los tiempos 

En el capítulo dedicado a la “Promoción del progreso de la cultura”, el Concilio así exhorta: “Empléense los descansos oportunamente para distracción del ánimo y para consolidar la salud del espíritu y del cuerpo, ya sea entregándose a actividades o a estudios libres, ya a viajes por otras regiones (turismo), con los que se afina el espíritu y los hombres se enriquecen con el mutuo conocimiento” (GS n. 61). También por esa mención explícita, pero considerando sobre todo lo que ya se ha dicho sobre los “signos de los tiempos” en general, ¿no les parece que el turismo podría ser uno de estos? Yo lo afirmaría, además, con las cifras de 2005, con más de 800 millones de turistas que atraviesan las fronteras nacionales.

Desde luego, el Concilio, a mediados de los años 60, “ve” ya el tiempo libre en el campo de la cultura. Se sitúa y se capta con todo su valor estratégico y programático respecto a la finalidad del goce mismo del tiempo, en relación con la realización de la persona. Por lo que se refiere, en cambio, al aspecto eminentemente pastoral, no hay que olvidar el n. 18 de Christus Dominus.

En efecto, los Padres Conciliares se interesan especialmente por aquellos fieles que “por la condición de su vida, no pueden gozar suficientemente del cuidado pastoral, común y ordinario de los párrocos o carecen totalmente de él, como son la mayor parte de los emigrantes, los exiliados y prófugos, los navegantes por mar o aire, los nómadas y otros por el estilo. Promuévanse - ellos insisten - métodos espirituales adecuados para fomentar la vida espiritual de quienes por razón de vacaciones se trasladan temporalmente a otras regiones. Las Conferencias de los Obispos, señaladamente las nacionales, estudien diligentemente los más urgentes problemas que afectan a las personas susodichas y con instrumentos e instituciones adecuadas atiendan y fomenten su vida espiritual con voluntad concorde y unión de fuerzas, atendiendo ante todo a las normas que ha dictado o dictare la Sede Apostólica, convenientemente acomodadas a las circunstancias de tiempos, lugares y personas”[14]. 

Los documentos sucesivos 

En el Directorio “Peregrinans in Terra” (1969), publicado por la Congregación para el Clero, se dan ulteriores indicaciones con relación al turismo[15], se desarrollan conceptos particulares y juicios prácticos sobre los modos en que se realiza el fenómeno del tiempo libre y el turismo. Dichas reflexiones fueron luego reunidas en el documento “Iglesia y Movilidad Humana” (1978) y más recientemente en las “Orientaciones para la Pastoral del Turismo” (2001), publicados, el primero, por la entonces Pontificia Comisión para las Migraciones y el Turismo y, el segundo, por el actual Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes[16].

Será bueno, además, tener en cuenta, por analogía, nuestra última Instrucción Erga migrantes caritas Christi (La caridad de Cristo hacia los emigrantes), del 3 de mayo, 2004. En toda esa riqueza de ideas, es posible notar una profundización de orden teológico, una precisa colocación cultural, un ensanchamiento de los horizontes sobre los problemas ecológicos y sobre la globalización, evidente en el pensamiento de Juan Pablo II[17]. En efecto, el impacto del turismo en la vida del hombre contemporáneo, tanto en los estilos de vida como en las opciones económicas, ha llevado a la Iglesia a detener la reflexión en urgentes cuestiones que pesan en la conciencia y afligen a la sociedad humana.

Naturalmente, la específica solicitud eclesial con relación al turismo se destaca sobre todo en los “Mensajes” del Sumo Pontífice con ocasión de la “Jornada Mundial del Turismo”, establecida por la Organización Mundial correspondiente (OMT), el 27 de septiembre de cada año. Los Mensajes son presentados por nuestro Pontificio Consejo, con comentarios de su Presidente y de su Secretario[18]. Existe, además, todo un magisterio episcopal al respecto. 

Temas tratados por el Magisterio

Podemos terminar esta reflexión postconciliar con algunas referencias a categorías de valores propias de la Doctrina social de la Iglesia católica, que se refieren al turismo. De hecho, en los “documentos” posteriores al Concilio, la Santa Sede, a través de los Organismos competentes, sigue remitiéndose a dichos valores, esenciales para el turismo, poniendo de relieve los aspectos de promoción del hombre y de la sociedad, y hallando, igualmente, los aspectos negativos o que llevan una peligrosa ambigüedad, siempre según una visión pastoral.

Comencemos con

La promoción y defensa de los derechos de la persona humana

Se afirma, por Ej., así, que “Núcleo central de las afirmaciones eclesiales es la dignidad de la persona humana, sin posibilidad de discriminaciones. De aquí se desprenden los derechos esenciales, universales e irrenunciables”[19]. Quisiera recordar, a este respecto, una de las Recomendaciones formuladas por la Conferencia Internacional sobre el Apostolado del Mar y la Pastoral del Turismo, que se celebró en las Antillas (diciembre 1994): “Promover los valores humanos y cristianos en la formación de los profesionales del turismo y de los agentes de pastoral. Prestar cuidado a las condiciones de alojamiento y transporte de los trabajadores que viven lejos de su lugar de trabajo para evitar que se formen barrios de latas. Llamar la atención respecto a los problemas de salud, como, por ejemplo, el peligro del Sida. Reconocer, y hacer reconocer, la importancia de la cultura local”[20].

Sigamos luego con

Los derechos de la comunidad,

tal como se presentan desde el párrafo siguiente, para mencionar uno: “Es también importante subrayar que la defensa de los derechos y el estímulo a la observancia de los deberes no se limita únicamente a la persona considerada individualmente, sino que abraza todos los derechos y los deberes de las colectividades, de los grupos y de las minorías”[21]. El Magisterio indica, además,

Los valores del turismo

Cito: “La Iglesia, sin minimizar los aspectos menos positivos, reconoce en el turismo, considerado en sí mismo, ciertos valores que se prestan a ser desarrollados desde el punto de vista humano y espiritual. El turismo, de hecho, favorece la unidad de la comunidad humana, la solidaridad del hombre con el universo, la transformación y elevación del nivel social de vida”[22].

En particular, Juan Pablo II, en el Mensaje para la Jornada Mundial del Turismo de 2004, afirmaba: “Como ya he indicado en otras ocasiones, [dicho fenómeno] contribuye a incrementar la relación entre personas y pueblos, que, cuando es cordial, respetuosa y solidaria, es como una puerta abierta a la paz y la convivencia armoniosa. En efecto, muchas de las situaciones de violencia que sufre la humanidad en nuestros tiempos tienen su raíz en la incomprensión, e incluso en el rechazo de los valores y de la identidad de las culturas ajenas. Por eso podrían superarse tantas veces mediante un mejor conocimiento recíproco” (n. 1). 

El turismo, sin embargo, es ambivalente

Es obvio que “Como todo fenómeno humano, y quizás más que otros hechos sociales contemporáneos, el turismo es ambivalente. Muy frecuentemente, por desgracia, se concibe y se verifica sobre esquemas de vida desordenada y como medio de evasión de los deberes familiares, religiosos y sociales”[23].

Además, dos factores como “la inclusión del turismo en el proceso económico de globalización y su relación directa con las motivaciones de la conducta de las personas, ponen de relieve una naturaleza ambivalente del turismo, reconocida, de uno u otro modo, prácticamente desde sus principios. El bien y el mal, los valores positivos y los valores negativos, han acompañado el turismo, como toda otra obra humana, en el transcurso de su historia. Estos valores, verificados y analizados, han servido para proponer acciones correctoras y educativas, cuando ha sido necesario, y nuevos modelos más adecuados a las motivaciones de los turistas que, poco a poco, se han ido informando más y se han vuelto más exigentes y responsables”[24]. Pero existe también el llamado 

Turismo religioso

Este se realiza “con los medios típicos del turismo moderno, haciendo posible a un número mayor de personas el poder frecuentar santuarios o hacer visitas de oración a lugares estimados por la piedad cristiana. Frecuentemente los santuarios se encuentran en el centro de un fenómeno más vasto, formado por simples visitantes, a los cuales el lugar sagrado les ofrece de por sí un testimonio. Implícitamente, el turista acude al santuario, de la misma forma que el peregrino, si bien con diversos motivos”[25]. A este respecto, voy a recordar una serie de congresos nuestros[26], entre los cuales menciono los últimos, con los nombres de los lugares donde se celebraron: Beirut, Kevelaer y Seúl. Pasemos luego a la necesidad de que

El turismo sea sostenible

A este respecto se afirma: “La condición básica que se impone a la actividad turística es el principio de corresponsabilidad, por el que los operadores turísticos, las autoridades políticas y la comunidad local deben participar conjuntamente en su planificación y en la disposición de beneficios. El ejercicio de este principio debe ser adecuadamente regulado por las autoridades públicas en el marco de los principios internacionales que rigen la cooperación entre los países, y en el cumplimiento de su deber institucional de atender al desarrollo global del país ... Es importante, además, que el desarrollo económico de la actividad turística respete las condiciones e incluso limitaciones derivadas de la situación medioambiental”[27]. Otro punto crucial es

El turismo y la globalización

De hecho, “por su apertura a las culturas, su capacidad de suscitar el diálogo y la convivencia entre ellas, el turismo podría ser presentado como el rostro ‘amable’ de la globalización. Una cierta globalización, sin embargo, conlleva graves consecuencias para los países y para la humanidad. Se ha agravado la distancia entre países ricos y países pobres, se ha introducido una nueva forma de esclavitud y dependencia frente a los países más débiles, se concede, en fin, una primacía al orden económico que atenta contra la dignidad de la persona”[28]. Además, “El turismo es, en efecto, un fenómeno que, más allá de proporcionar la satisfacción y la realización personal, se ha convertido en un factor importante en la conformación de la nueva relación entre los pueblos y los países, surgida, sobre todo, en el proceso de globalización. Lo es, evidentemente, por sus efectos económicos o por la homogeneización legislativa que impulsa. Mayor es, sin embargo, su importancia en las incidencias culturales, en el sentido más amplio del término. La pastoral del turismo deberá prestar una atención prioritaria a este tema, sobre el que, por lo demás, el Pontificio Consejo ha reflexionado también en la reciente Instrucción “Erga migrantes caritas Christi”. Como se afirma en dicho documento, «el paso de sociedades monoculturales a sociedades multiculturales puede revelarse como signo de una presencia viva de Dios en la historia y en la comunidad de los hombres, puesto que ofrece una oportunidad providencial para realizar el plan de Dios de una comunión universal» (n. 9)”[29]. En fin, es necesario detenernos en un aspecto importante para nosotros, a saber,

El turismo y el diálogo ecuménico, interreligioso e intercultural

De hecho, “La colaboración ecuménica va siendo uno de los rasgos distintivos de la pastoral del turismo. La ayuda mutua que se ha venido prestando entre las Iglesias y las Comunidades eclesiales ha dado frutos de madurez también en algunos ‘centros ecuménicos’ proyectados y administrados en forma conjunta. Teniendo presentes todas estas experiencias reseñadas, habrá que afrontar el desafío nuevo del diálogo interreligioso, que viene planteando el mismo turismo internacional con más intensidad. En este sentido, un primer papel importante, por su valor de símbolo y de preanuncio evangélico, corresponde al patrimonio de los bienes culturales de la Iglesia. Desde un contexto extensible a todo el ámbito del diálogo interreligioso, el Comunicado Final del Primer Encuentro sobre la Pastoral del Turismo en los Países del Medio Oriente y del Norte de Africa, afirmaba: «El patrimonio de una Iglesia local refleja su personalidad propia en el marco de la Iglesia Universal; es factor de identidad y comunión de las personas con su propia comunidad; es fuente de cultura y de espiritualidad; ejerce una fuerza de atracción tanto sobre los fieles de esta Iglesia, como sobre los demás en la medida en que revela un fondo común de civilización y está cargada de valores universales» (n. 16).

Ahora bien, a la comunidad local le corresponde un lugar importantísimo en este campo. La visita turística, en efecto, puede proporcionar al visitante una ocasión única para entrar en contacto con otras religiones, conocer su espiritualidad y apreciar sus valores. La comunidad local debería, entonces, servir de intérprete a este visitante abierto e interesado, proporcionarle una clave de lectura arraigada en la convivencia cultural e histórica con estas religiones. Además, a través de la cooperación de los diversos países en la pastoral del turismo, este testimonio de la comunidad local podría ser utilizado para una preparación al viaje, desarrollándolo en los países o en las Iglesias de origen”[30].

Con esta exposición a grandes líneas del “pensamiento” de la Iglesia - y hubiéramos podido agregar otros aspectos -, casi por flashes, podemos concluir que abre nuevos horizontes para la “humanización” del turismo y para su plena valoración respecto al desarrollo integral de la persona, no sólo bajo el perfil de su dimensión histórica, sino también de su destino eterno.

No podría terminar sin anunciarles que se está preparando un Encuentro Europeo de los Delegados nacionales para la pastoral del turismo, titulado El turismo, una realidad transversal: aspectos pastorales, que se celebrará en Roma, en los días 6-8 de noviembre, 2006. Su objetivo consiste en favorecer un intercambio de informaciones precisamente sobre el trabajo pastoral en dicho campo, en cada país, y conocer de manera especial las respuestas que se han dado a las Recomendaciones del último Congreso Mundial, celebrado en Bangkok en 2004. Ustedes podrían también examinarlas y procurar aplicar sus provechosas conclusiones a este Continente. ¡Gracias!

Riassunto 

Il Magistero della Chiesa e il Turismo, segno dei tempi 

L’intervento dell’arcivescovo Marchetto si apre con una riflessione sull’attualità della Costituzione pastorale Gaudium et spes, per la quale “è dovere permanente della Chiesa scrutare i segni dei tempi e interpretarli alla luce del Vangelo, così che, in un modo adatto a ciascuna generazione, possa rispondere ai perenni interrogativi degli uomini sul senso della vita presente e futura e sul loro reciproco rapporto ” (GS 4). Con base sul Concilio Vaticano II, Mons. Marchetto ha così analizzato le radici dell’espressione “segni dei tempi”, per mettere in rilievo le «caratteristiche più rilevanti del mondo contemporaneo». Fra queste il Concilio già “vede”, a metà degli anni ’60, il tempo libero nell’ambito della cultura. «Esso è così collocato e recepito in tutto il suo valore strategico e programmatico rispetto alla finalità della stessa fruizione del tempo, in rapporto cioè al compimento della persona». Per tutte queste caratteristiche – ha osservato Mons. Marchetto – il turismo può essere considerato un segno dei tempi, come confermano anche le cifre che vi si riferiscono. 

Per quanto riguarda invece l’aspetto eminentemente pastorale, egli ha ricordato il n. 18 di Christus Dominus e illustrato tutti i successivi documenti che, in ordine di tempo, hanno offerto ulteriori indicazioni in merito. «Varrà altresì considerare, per analogia, la Istruzione Erga migrantes caritas Christi (La carità di Cristo verso i migranti), del 3 maggio 2004. In tutto questo arricchimento di pensiero si può notare un approfondimento di ordine teologico, una più precisa collocazione culturale, un ampliamento degli orizzonti sui problemi ecologici e sulla globalizzazione, evidenti nel pensiero di Giovanni Paolo II. In effetti l’impatto del turismo nella vita dell’uomo contemporaneo, sia a livello di stili di vita che di scelte economiche, ha portato la Chiesa a collocare la riflessione su urgenti questioni che pesano sulla coscienza e affliggono la società umana». Nella sua conferenza Mons. Marchetto è passato quindi a enunciare le categorie di valori che si riferiscono al turismo, «evidenziandone gli aspetti di promozione dell’uomo e della società e individuandone altresì i risvolti negativi o di rischiosa ambiguità, sempre in visione pastorale». Il Segretario del PCPMI ha fatto riferimento, dunque, alla promozione e difesa dei diritti della persona umana e della comunità, ha citato i valori del turismo – un turismo che è anche ambivalente – il turismo religioso e insieme quello sostenibile, senza tralasciare la globalizzazione e, poi, il dialogo ecumenico, interreligioso e interculturale.

Mons. Marchetto ha concluso osservando che il ‘pensiero’ della Chiesa, da lui esposto quasi per flashes, «apre nuovi orizzonti all’ “umanizzazione” del turismo e alla sua piena valorizzazione in riferimento allo sviluppo integrale della persona, non solo sotto il profilo della sua storicità, ma anche del suo destino eterno».

Summary 

The Magisterium of the Church and Tourism, Sign of the Times 

Archbishop Marchetto’s lecture opens with a reflection regarding the relevance of the Pastoral Constitution Gaudium et spes, according to which “the Church has always had the duty of scrutinizing the signs of the times and of interpreting them in the light of the Gospel. Thus, in language intelligible to each generation, she can respond to the perennial questions which men ask about this present life and the life to come, and about the relationship of the one to the other” (GS 4). Based on Vatican II, Archbishop Marchetto analyzed the roots of the expression “signs of the times”, underlining the “most significant characteristics of contemporary world”. Already towards the middle of the 1960s, the Council had identified free time in the cultural sphere as one of these. “It is thus situated and perceived in all its strategic and programmatic value with respect to the aims of the use itself of time, i.e., in relation to the fulfillment of the person.” Because of all these characteristics – Archbishop Marchetto observed – tourism can be considered as a sign of the times, confirmed by the statistics related to it. 

Regarding the mainly pastoral aspect, instead, he called to mind no. 18 of Christus Dominus and illustrated all the subsequent documents which chronologically offered further indications in this regard. “By analogy, it will be worth considering the Instruction Erga migrantes caritas Christi (The love of Christ towards migrants), issued on 3rd May 2004. In all this rich development of thought, one can observe a deeper analysis from the theological point of view, a more precise cultural collocation, a broadening of horizons encompassing ecological questions and globalization, which are all evident in the thought of John Paul II. In fact, the impact of tourism on the life of contemporary man, both in terms of lifestyle and in economic choices, has led the Church to reflect on urgent questions that weigh heavily on consciences and afflict human society.” Then the Archbishop mentioned the categories of values that refer to tourism, “stressing the aspects of human and social promotion, and also identifying the negative aspects or those that are dangerously ambiguous, again from the pastoral point of view.” The Secretary of the PCPCMI later referred to the promotion and defense of the rights of the human person and the community, citing the values of tourism – a tourism which is also ambivalent – tourism that is religious and at the same time sustainable, without leaving aside globalization and, also, ecumenical, inter-religious and intercultural dialogue. 

Archbishop Marchetto concluded with the observation that the ‘thought’ of the Church, that he discussed almost in flashes, “opens new horizons towards the ‘humanization’ of tourism and its valuing fully the integral development of the human person, not only from the point of view of his being historical, but also of his eternal destiny.” 



*Conferencia pronunciada con ocasión del Primer Encuentro Continental de Pastoral del Turismo Bogotá, Colombia, 2 – 4 de junio, 2006.
[1]Card. José da Cruz Policarpo, La dynamique du Concile Vatican II.Gaudium et Spes en acte. Du ressourcément de l’Eglise à la rencontre des nouvelles questions des hommes, in Culture, incroyance et foi (études réunis par B. Ardura et J.-D. Durand en hommage au Card. P. Poupard), Ed. Studium, Roma 2004, p. 455.
[2] Ibidem, p. 456.
[3] Ibidem.
[4] Cfr.Agostino Marchetto, Il Concilio Vaticano II. Contrappunto per la sua storia. Libreria Editrice Vaticana, Città del Vaticano 2005.
[5] Francisco Gil Hellín, Concilii Vaticani II Synopsis. Constitutio Pastoralis de Ecclesia in Mundo huius temporis Gaudium et Spes, Libreria Ed. Vaticana, Città del Vaticano 2003.
[6] Ibidem, p. 29.
[7] Ibidem, pp. 72 y 73.
[8] Annibale Zambarbieri, I Concili del Vaticano, Ed. S. Paolo, Cinisello Balsamo 1995, pp. 304-308 y pp. 334-342 y también el último pequeño capítulo titulado Un Concilio tra i segni della ‘modernità’ e della parola di Dio, pp. 343-351.
[9]Giovanni Turbanti, Un Concilio per il mondo moderno. La redazione della costituzione pastorale Gaudium et Spes del Vaticano II, Il Mulino, Bologna 2000.
[10] Aa. Vv., La Chiesa nel mondo di oggi, Vallecchi Ed., Firenze 1966, pp. 147, 254, 256, 287, 603, 147ss.; 160; 191 y 607.
[11] Cfr. la evolución del texto in Gil Hellín, op. cit., pp. 30 y 31.
[12] Cfr. ibidem, pp. 32 y 33.
[13] Cfr. ibidem, pp. 38-41.
[14] Esta cita es del Decreto conciliar sobre el oficio pastoral de los Obispos en la Iglesia Christus Dominus n. 18, con referencia, en nota, a las normas que ya se han dado y a aquellas “que se han de dar”.
[15] Cfr. Nicolò Costa, Le radici cristiane dei Codici etici del turismo e la regolazione del turismo religioso, in Per un turismo autenticamente umano (alcuidadode V. Negri Zamagni, M. Mussoni, G. Benzi), ed. Fara, Rimini 2001, pp. 120-141.
[16]Para una valoración general del pensamiento de la Iglesia sobre la movilidad humana, es posible consultar la amplia y exhaustiva documentación recogida por la Fundación Migrantes de la Conferencia Episcopal Italiana, in Enchiridion della Chiesa per le migrazioni.Documenti magisteriali ed ecumenici sulla pastorale della mobilità umana (1887-2000), ed. EDB, Bologna 2001.
[17]Cfr. Agostino Marchetto, en un capítulo de La sollecitudine della Chiesa verso i Migranti, Quaderni Universitari, Libreria Ed. Vaticana , Città del Vaticano 2005, pp. 41-47.

[18]Cfr. [Revista] People on the Move N. 90, pp. 25-32; N. 94, pp. 55-59; N. 96, pp. 213-217; N. 99, pp. 39-48. Véase también pág. web: www.vatican.va/ roman_curia/pontifical_councils/migrants/s_index_tourism/rc_

pc_migrants_sectiontourists_sp.htm

[19]Pontificia Comisión para la Pastoral de las migraciones y del turismo, Carta circular a las Conferencias Episcopales Iglesia y Movilidad Humana (4.5.1978), Ciudad del Vaticano 1978, n. 17, [Revista] On the Move, VIII (1978), N. 20, pp. 19-20.

[20]Consejo Episcopal Latinoamericano, CELAM, Actas de la Conferencia Internacional sobre el Apostolado del Mar y la Pastoral del Turismo, Nassau, Bahamas, (9-12.12.1994), n. 4, p. 179, Colección Documentos CELAM 139. 
[21]Ibidem,n. 18, p. 20.
[22] Pontificia Comisión para la Pastoral de las migraciones y del turismo, Reflexiones e instrucciones sobre los distintos fenómenos, que siguen a la Carta circular a las Conferencias Episcopales Iglesia y Movilidad Humana (4.5.1978), Ciudad del Vaticano 1978, en particular bajo el título Pastoral del turismo, n. 2, ibidem, p. 165.
[23] Ibidem, n. 5, p. 167.
[24] Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes, Ecoturismo, chiave dello sviluppo sostenibile (Ecoturismo, clave del desarrollo sostenible), intervención en la Bolsa Internacional del Turismo (BIT), Milán (17.02.2003).
[25]Pontificia Comisión para la Pastoral de las Migraciones y del Turismo, Reflexiones e Instrucciones sobre los distintos fenómenos, que siguen a la Carta circular a las Conferencias Episcopales Iglesia y Movilidad Humana (4.5.1978), Ciudad del Vaticano, 1978, en particular bajo el título Pastoral del Turismo, n. 18, [Revista] On the Move, VIII (1978), p. 173.

[26] Primer Encuentro sobre la Pastoral del Turismo y de las Peregrinaciones en los Países del Medio Oriente y del Norte de Africa, Beirut, Líbano (5-7.03.2003); IV Congreso Europeo sobre Peregrinaciones y Santuarios, “Ecumenismo de la Santidad”. La Peregrinación a principios del Tercer Milenio, Kevelaer, Alemania (20-23.09.2004) en [Revista] People on the Move XXXVII (2005), Supl. 97; II Congreso Asiático de Pastoral de las Peregrinaciones y los Santuarios, Peregrinaciones y Santuarios, dones del Dios-amor en Asia, hoy, Seúl, Corea (21-23.11.2005). Véase también pág. web: www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/migrants/s_

index_tourism/rc_pc_migrants_sectiontourists_sp.htm

[27] Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes, Orientaciones para la Pastoral del Turismo (29.06.2001), n. 12. Cfr. También Agostino Marchetto, Intervención en la Bolsa Internacional del Turismo (BIT), Milán (20.02.2006).

[28]Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes, Orientaciones para la Pastoral del Turismo (29.06.2001), n. 13.
[29]Agostino Marchetto, Il turismo al servizio dell’incontro fra i popoli. Visione pastorale, VI Congreso Mundial de Pastoral del Turismo, Bangkok, Tailandia (5-8.07.2004), [Revista] People on the Move XXXVI (2004), Supl. 96, pp. 28-29. Véase también pág. web: www.vatican.va/roman_curia/ pontifical_ councils/ migrants/s_index_tourism/rc_pc_migrants_sectiontourists_sp.htm
[30] Ibidem, pp. 30-31.

 

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