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Pontifical Council for the Pastoral Care of Migrants and Itinerant People
People
on the Move
N°
102 (Suppl.), December 2006
Las mujeres de la calle hoy, un reto pastoral
Arzobispo Agostino MARCHETTO
Secretario del Consejo Pontificio para la Pastoral
de los Emigrantes e Itinerantes
Introducción: ¿Otro “signo de los tiempos”?
Comenzaré preguntándo, a mi mismo y a vosotros, si no nos encontramos, en este
campo, frente a un signo de los tiempos, que exige una lectura a la luz de la
Palabra de Dios y del Magisterio, de cara a un compromiso eclesial, pastoral.
Diría que sí, considerada la realidad, porque "Es deber permanente de la
Iglesia escrutar los signos de los tiempos e interpretarlos a la luz del
Evangelio, de tal modo que, en un mundo adaptado a cada generación, pueda
responder a los perennes interrogantes del hombre sobre el sentido de la vida
presente y futura y sobre su relación recíproca" (G.S. 4). Ello
vale para el gran fenómeno de la mobilidad humana, de las migraciones, que
nuestro Consejo Pontificio ha analizado en la Instrucción “Erga migrantes
caritas Christi”, (EMCC) para dar una respuesta pastoral.
Por lo demás, hoy restrinjimos nuestra atención y consideramos un aspecto de
tan vasto fenómeno y su respuesta, el apostolado de la calle, con atención a
sus “habitantes”, objeto-sujeto de la solicitud de nuestro Dicasterio,
juntamente con los migrantes, los refugiados, los estudiantes extranjeros, los nómadas,
los circenses, los turistas, los peregrinos, la gente del mar y de los cielos
(aeropuertos).
Del resto, el tema de este Congreso “per transennam” interesa a algunos de
tales sectores, y es la razón de la presencia entre vosotros de algunos
Oficiales de nuestro Dicasterio, y no solo de aquellos que se ocupan del sector
específico del apostolado de la calle.
Este Encuentro viene, con todo, después del Congreso internacional de pastoral
para los niños de la calle, del año pasado, y dice algo – me parece – de
nuestra preocupación por las “categorías” – si así podemos llamarlas
– de personas particularmente necesitadas de nuestra caridad auténtica, de
nuestro celo apostólico, en el ejercicio de la misión indispensable del Buen
Samaritano, y el primero fue Jesús Cristo, Señor nuestro y modelo de todo
pastor [a propósito, dentro de poco serán publicadas las “Actas” de tal
Congreso en el Suplemento del N. 98 de nuestra Revista “People on the
Move”]. Chiara Amirante, que participó en él, resume así, en poesía, el
espíritu que debe animar a cuantos se dedican al apostolado de la calle. Cito:
"Mi casa es el mundo, mi tierra es el cielo, mi patria el corazón de
cada hombre. Y cada persona que encuentro es mi tesoro, en la oscuridad de las
tinieblas, allí está mi luz, en el espacio de la humanidad sufriente que
grita, allí está mi corazón" (Chiara Amirante, 'Stazione Termini.
Storie di droga, aids, prostituzione', v. mi recensión en "People on
the Move", N. 90, del 2002, p. 263s.).
Pastoral de acogida
Comenzaré así, para definir el apostolado que estais cumpliendo, seguro de que
vosotros nos ayudareis a situarlo mejor en su concreta actuación.
Por los demás, el EMCC dedica toda su segunda parte a este tema, y no
hay extrañez de materia si pienso que concretamente muchas mujeres de la calle,
ahora presentes en el llamado Primer Mundo (que también tiene las suyas: y
nuestra mirada de Buen Samaritano quiere considerarlas todas), provienen del
Segundo, Tercero y Cuarto Mundo. Estos orígenes nos llevan a pensar no solo en
la realidad de la “calle”, sino también en la de una presencia de mujeres
migrantes, en el sentido amplio de la palabra, que llegan a Países que no son
los suyos, a causa del gravísimo problema, en expansión, del tráfico y del
contrabando de seres humanos. Sobre este punto, casi para diseñar el marco,
versará la intervención justamente de la Representante de la Comisión
Internacional Católica para las Migraciones. Somos conducidos de este modo a
situaciones desordenadas, de grande pobreza, difíciles de afrontar, dado que
están ligadas a una injusticia, diríamos estructural, en relación al disfrute
de los bienes de este mundo (v. EMCC, 1. 9). Están, por tanto, a la raiz
situaciones familiares y sociales particulares, y esto vale también para las
mujeres de la calle que deciden ser así, y que son “ciudadanas” del Primer
Mundo.
De hecho, por lo demás, el objetivo fotográfico de nuestra reflexión
será enfocado especialmente sobre Europa, dado que la mayoría de los
participantes a este Encuentro proviene de Países europeos, si bien nosotros
hemos querido una cualificada corona de hermanos y hermanas de otros
Continentes, para ayudar en la reflexión y hacer intercambio de experiencias.
En todo caso, en Europa, es notable el número de mujeres de la calle
extraeuropeas.
1. Intento de análisis social
Llegados a este punto, sería necesario hacer un análisis social profundo del
“fenómeno” que nos interesa, digamos así. A tal fin, escucharemos al
Profesor Pollo quien tratará de sintetizar vuestras respuestas al cuestionario
enviado a todos a su tiempo. El retraso, en general, de vuestras respuestas, los
límites del número de contestaciones, etc., confio que no hayan impedido al
Profesor Pollo hacer el pequeño milagro, ya llevado a cabo por él en situación
similar, con motivo del Congreso Internacional para la pastoral de los niños de
la calle.
De todos modos, ¿podremos a estas alturas preguntarnos si existen situaciones
concretas que “creen”, por así decir, la situación de mujer de la calle?
La respuesta debería en efecto ayudarnos a comprender por qué una mujer acepta
vivir así. Es decir, contribuiría a encontrar aquel proceso, aquel proyecto de
liberación sobre el que hablará Don Oreste Benzi.
A propósito de algunos datos del problema, pongo de relieve la importancia de
conocer:
a) el origen, es decir los problemas económicos, familiares, sociales,
las migraciones, el tráfico y el contrabando de seres humanos, etc.;
b) la duración, notando que cuanto más larga, tanto más complicada será
la intervención pastoral;
c) la movilidad, dado que en efecto la trayectoria de itinerancia
nos consentirá ver mejor la realidad;
d) las estrategias de sobre vivencia, realizadas por las mujeres o por
los/las explotadores/as que las controlan;
e) la relación con las instituciones, católicas o no, que ayudan
o lo han hecho en el pasado, y
f) la marginación, que puede constituir un elemento pasajero, o ser un
modo permanente de vida, etc.
Por lo que se refiere a la situación familiar, el análisis podrá evidenciar
que la mujer de la calle, tal vez de joven, ha visto un día desaparecer su
hogar (deceso, divorcio, nuevo matrimonio, conflictos y tensiones internos), y
por tanto ella busca otro tipo de vida y de subsistencia en la calle. En este
punto se podría analizar el drama del tráfico y del contrabando de seres
humanos. Pero a mi me basta aquí hacer mención de ellos, pues sobre esto, en
general, tenéis experiencias a compartir, para indicar algunas líneas comunes
para una pastoral específica (debería ser especialmente el fruto de la mesa
redonda y de los talleres).
2. Propuestas de acogida
La pastoral mencionada más arriba se cristaliza en programas de acogida,
estructurados en conformidad con casos concretos, en un camino de esperanza. En
efecto, la mujer es un ser original, con valor y dignidad propios, que exigen un
cierto “protagonismo” personal por su parte. Ella es la única, si bien
ayudada, que puede responder a preguntas-clave como éstas: ¿por qué debo
abandonar la calle? ¿Por qué debo volver a casa o a mi País? ¿Por qué me
debo integrar en la sociedad, vivir en una familia?
Cierto que el pasado tiene un poder condicionante importante en relación a las
diferentes respuestas a dar a tales preguntas-clave de liberación y de redención.
Recuerdo, para variar un poco el discurso y pasar del decir a la problemática
de la realidad, la película titulada “Monster” estrenada hace dos años. La
protagonista era una joven, madre a los 13 años, más tarde prostituta y
asesina, y finalmente condenada a pena capital, que se encontraba durante diez años
en el corredor de la muerte en una cárcel de Florida. El Director del film,
Patty Jenkins, parece querer demostrar que la protagonista no es un
“monstruo”, sino la “víctima” de una infancia trágica, hecha de abusos
sexuales, sobre todo por parte de algún miembro de la familia, durante la cual
fue abandonada y se convirtió en niña-madre, y consecuentemente fue surgiendo
en ella una rebelión agresiva contra una sociedad que no le ha permitido
elegir, sobrevivir. Cuando, en concreto, la protagonista intenta rehacer su vida
dignamente, lejos de la calle, no lo consigue, por causa de una sociedad cínica
y farisea, lo que la lleva a un sentimiento visceral de venganza. Vosotros
ciertamente podríais, o podréis, contar otras historias semejantes que parecen
posiblemente un film, pero que son la realidad, por el contario, agria y
madrastra de la vida de tantas mujeres y hombres.
La prostitución pues no significa una elección (muchas veces no hay elección
sino violencia) fácil, ligera, placentera, sino que encubre normalmente un
dolor, una herida, un sufrimiento con el que hay que convivir,
para...sobrevivir. Para algunas personas la prostitución es la única vía de
“salida”, que impide por lo demás el poder “salir”, llevando consigo
violencia y cinismo, destrucción de sí y de los otros, y algunas veces incluso
la muerte. Pero en realidad, lo que busca una mujer de la calle, como todo
ser humano, es el ser amada y considerada por parte de alguien.
En consecuencia, podemos ahora preguntarnos: ¿Dónde comienza y dónde acaba la
responsabilidad colectiva e individual en estos casos? De todos modos, nosotros
sabemos que tenemos una responsabilidad pastoral hacia quien hace comercio del
propio cuerpo, que debemos traducir – como decíamos – en acogida,
recuperando la dignidad de la persona, a través de nuestras beneméritas
instituciones y de la familia.
¿Y qué tipo de acogida será el nuestro? Vosotros también nos
lo podreis decir y confirmar, a fin de que la mujer no tenga más
“necesidad” de “vivir” de la calle. Ciertamente, será necesario pensar
en una ayuda económica, educativa, formativa, en vista de una recuperación
social, donde se sienta estimada y amada como persona.
¿Y cuál será el objetivo? Hemos de intentar re-situar a la mujer de la calle en su propio grupo social,
invitándola a vivir una cierta autonomía, bajo perspectivas reales de inserción
social, sin olvidarnos de la comunidad cristiana y de todo lo que ella significa
de evangelización y promoción humana. Solo así podrá llegar a superar el
victimismo o la venganza autodestructiva. La liberación debe incluir pues la
reintegración, en sus elementos individuales y comunitarios, y en la propuesta
renovada de valores éticos, cristianos, con método progresivo. Tratase en
general de un proceso lento y que debe ser controlado, en relación con el grupo
de referencia, en el camino de salvación, cancelando barreras de rechazo y
ayudando a la persona a convencerse que nosotros la “aceptamos”.
3. La misión de la Iglesia
La simple realización de este nuestro Encuentro, unido a vuestro compromiso
concreto y generoso, y de tantos otros, con las relativas instituciones,
congregaciones y asociaciones, es un signo claro del interés eclesial por las
mujeres de la calle. Y además una demostración del deseo de poner en común,
en modo interactivo, nuestras reflexiones y experiencias para situarlas a la
base de una cooperación y de una coordinación pastoral mayores en el campo de
la marginación y de la explotación de la mujer, especialmente la sexual, en
vista no solo de la realización de la solidaridad (cfr. EMCC, 9 y
39-43), sino también de una pastoral específica, de comunión, dialogante y
misionera. A este respecto, os aseguro que nosotros, del Consejo Pontificio, nos
ponemos ahora, durante estos días, a vuestra escucha.
El Papa Juan Pablo II afirmó: “Somos herederos desgraciadamente de una
historia de enormes condicionamientos que, en todo tiempo y en toda
latitud, han hecho difícil el camino de la mujer, desconocida en su
dignidad, desfigurada en sus prerrogativas, relegada a menudo y reducidas en fin
a la esclavitud. Ello le ha impedido ser plenamente ella misma y ha
provocado un empobrecimiento de la entera humanidad en sus auténticas riquezas
espirituales” (Carta a las mujeres, 1995, N. 3). Junto con el llorado
Pontífice, cito también un documento episcopal que atestigua lo siguiente:
“Como cristianos y pastores de la Iglesia, nos comprometemos a defender la
dignidad de la mujer y de la feminidad según cuanto está contenido en la
Sagrada Escritura y en el Magisterium de la Iglesia. Invitamos a nuestros
hermanos cristianos y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, en patria
y en el extranjero, a unirse a nosotros en esta empresa. Poner fin rápidamente
al tráfico de mujeres nigerianas será un modo significativo de hacerlo”
(Conferencia Episcopal de los Obispos Católicos de Nigeria, Carta Pastoral, Restablecer
la dignidad de la mujer nigeriana, Febrero 2002).
Para concluir, recuerdo, con las palabras de la carta de convocación a este
Encuentro, nuestro compromiso para estos días, es decir, conocer más en
profundidad la situación dramática de las mujeres de la calle, buscar
soluciones para mejorarla, yendo posiblemente a sus raíces, delineando, por
otro lado, algunas orientaciones de pastoral específica al respecto.
Nos conforte el recuerdo de las famosas palabras de Juan Pablo II: “¡No tengáis
miedo”!, retomadas ahora por su sucesor Benedicto XVI, a lo que se añade el
ánimo a vencer el mal con el bien.
A pesar de las dificultades, trataremos de conseguir, como Iglesia Universal,
expresada en la solicitud pontificia participada por nuestro Consejo Pontificio,
y como miembros de Iglesias locales, y de instituciones, congregaciones
religiosas y asociaciones o movimientos, de dar mayor visibilidad al “fenómeno”
en que estamos interesados, en vista de una renovada solidaridad, empeñando
fuerzas pastorales específicas, sin olvidar naturalmente la necesaria ligazón
con la cura pastoral ordinaria, territorial.
Este es el reto y nuestro compromiso de pastores, de religiosos/as y de
creyentes en Cristo, que ama con preferencia a los pobres, a los abandonados, a
los afligidos y explotados.
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