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Pontifical Council for the Pastoral Care of Migrants and Itinerant People
People
on the Move
N° 105, December 2007
III Congreso Asiático de pastoral de las peregrinaciones y los
santuarios
Documento Final
I. El Acontecimiento
Peregrinaciones y Santuarios, lugares de
esperanza. Este fue el tema central del
III Congreso Asiático de pastoral de las peregrinaciones y los
santuarios, organizado por el Pontificio Consejo para la Pastoral de los
Emigrantes e Itinerantes, en colaboración con la Comisión Episcopal para
la Pastoral de la Movilidad Humana de la Conferencia Episcopal del Japón
y la Arquidiócesis de Nagasaki. Estaban presentes Obispos, Directores de
peregrinaciones y Rectores de Santuarios de los siguientes países:
Australia, Corea, Filipinas, India, Indonesia, Japón, Kazajstán, Taiwan,
Tailandia y Vietnam. Los tres días de trabajo, del 15 al 17 de octubre,
2007, se llevaron a cabo en Nagasaki (Japón), la ciudad que tiene un
santuario dedicado a los 26 Mártires crucificados por la fe en 1597.
En una época atormentada por divisiones,
violencias y calamidades naturales, las peregrinaciones y los santuarios
son lugares de la esperanza que nace del encuentro con Dios. Esa cita
sostiene a las comunidades, fortaleciéndolas en la fe, renovándolas en
su estilo de vida, gracias a la conversión, a la reconciliación y a la
oración, y las anima al testimonio del Evangelio, a la misión y a la
unidad, superando las divisiones. Concretamente, las peregrinaciones y
los santuarios son un faro que anuncia y testimonia el Evangelio,
prestando también atención al diálogo ecuménico, interreligioso e
intercultural. Para realizar mejor esa tarea, el Congreso se ha
presentado como un taller, en el que se puede participar de manera
activa y creativa, como un espacio de escucha, de profundización y de
diálogo para crecer en la esperanza.
La sesión de inauguración comenzó con los
saludos de bienvenida del Excmo. Nuncio Apostólico en el Japón, S.E.
Mons. Alberto Bottari de Castello; siguió el Vicepresidente de la
Conferencia Episcopal Japonesa, S.E. Mons. Leo Jun Ikenaga, quien hizo
notar que son siempre más numerosos los que tienen la posibilidad de
realizar peregrinaciones al exterior: ellos hacen una experiencia de
Dios, de los Santos y de la Iglesia local que visitan, recibiendo un
estímulo para su propia fe. Al mismo tiempo, los responsables de los
santuarios, en su acogida a los peregrinos crecen en la fe. Enseguida,
S.E. Mons. Marcellino Daiji Tani, Presidente de la Comisión para la
Pastoral de la Movilidad Humana y Obispo de Saitama, recordó las
palabras del Papa Juan Pablo II cuando visitó a Hiroshima en 1981 y
afirmó que “recordar el pasado es comprometerse para el futuro”. El
Japón, subrayó el Prelado, al haber vivido la experiencia única de
sufrimiento por las bombas atómicas, es el lugar ideal para orar por la
convivencia pacífica entre los pueblos. Después tomó la palabra el
Gobernador de la Prefectura de Nagasaki, el Señor Genjiro Kaneko, que
ilustró brevemente la historia y la cultura de la ciudad, en la que
floreció el cristianismo con la llegada, en 1550, del primer misionero,
San Francisco Javier. El Gobernador pidió, además, a los congresistas,
que apoyaran el llamamiento formulado por su Prefectura, en colaboración
con la Arquidiócesis de Nagasaki, para que se incluyan los ‘Lugares
Cristianos de Nagasaki’ en la lista de la UNESCO de los que son
Patrimonio Mundial de la Humanidad (World Heritage).
La introducción de los trabajos del Congreso
estuvo a cargo del Arzobispo Agostino Marchetto, Secretario del Consejo
Pontificio que había organizado el evento. Él recordó, ante todo, los
dos Encuentros anteriores, de Manila (2003) y Seúl (2005), y luego
desarrolló el tema de este último Congreso. Observó que los peregrinos
marchan hacia los santuarios animados por la esperanza, prerrogativa de
los seres humanos, que asombra también a Dios, según la visión de Péguy.
Pero no hay que confundirse, limitándose a identificarla con las
necesidades materiales humanas que exigen respuestas inmediatas. En la
peregrinación se va al encuentro con Dios, fuente de toda esperanza. En
este camino hacia lo Absoluto, es importante la tarea de los agentes de
pastoral para sostener y guiar a los fieles, de manera que no falten la
oración y el debido recogimiento. Hablando, pues, de los santuarios,
Mons. Marchetto dijo que se pueden considerar como “estaciones
intermedias” en nuestro camino terreno, lugares donde se adquiere un
nuevo impulso y la fuerza para marchar en pos del Reino en plenitud,
prometido por Dios. En los santuarios todos los peregrinos, incluso los
agentes de pastoral que los acompañan, se ven llamados a acercarse al
Sacramento de la penitencia para reconciliarse con Dios y consigo mismos,
y abrirse a los demás en la caridad. En la peregrinación, por tanto, y
en el santuario, los fieles tienen que ver más allá de lo que estiman
correspondiente a sus necesidades materiales para comprender cuáles son
los verdaderos bienes a los que se debe aspirar. El primer bien es la
vida, material y espiritual, que es un don de Dios y en cuanto tal hay
que apreciarla y amarla. El que no ama la vida no puede tener caridad
con el prójimo y, por consiguiente, no puede hacer el bien. En momentos
de angustia y desesperación, es posible olvidar la importancia de este
don, pero la presencia del agente de pastoral, que remite a la fe y a la
esperanza, podrá dar la capacidad de tener paciencia y la humildad de
aceptar el misterio de Dios, confiando en Él también en la oscuridad. El
arzobispo Marchetto terminó su intervención con un llamamiento a los
participantes para que se organicen peregrinaciones también a los
santuarios de los países de Asia, con el objeto de ayudarse mutuamente y
ser solidarios entre los miembros de la familia de Cristo, aún escasa
numéricamente en este continente.
Se escucharon luego las sugerencias y las
reflexiones, en materia de peregrinaciones y santuarios, de S.E. Mons.
Orlando B. Quevedo, OMI, arzobispo de Cotabato (Filipinas), Secretario
general de la Federación de las Conferencias Episcopales de Asia (FABC),
quien centró su intervención en el hecho de que en un continente como el
asiático, donde la gente está dotada de un profundo sentido de lo
sagrado y de lo espiritual, habría qué preguntarse por qué son tan pocas
las peregrinaciones inter-asiáticas a los distintos santuarios. En
efecto, partiendo de su experiencia limitada a las Filipinas, ha notado
que muchas peregrinaciones se dirigen hacia los santuarios de Europa y
hacia Tierra Santa, organizadas por agencias de viaje en colaboración
con grupos religiosos. Sin embargo, esas peregrinaciones están muy lejos
de las posibilidades y de los sueños de las personas que disponen de
normales condiciones económicas; esto, debido a los costos del viaje,
que serían seguramente menores si se viajara a las naciones de Asia.
Mons. Quevedo hizo notar, además, que la visita de los musulmanes a los
santuarios del continente podría ser una ocasión de diálogo sobre temas
como la oración, las necesidades humanas y espirituales, la paz y la
armonía. Esa visita se podría considerar también como un signo de la
común peregrinación de la familia humana hacia el Reino de Dios en
plenitud, tema muy presente en el pensamiento de los Obispos de Asia.
Mons. John Murphy, Director en Australia de la
Oficina Católica para los Migrantes y Refugiados, habló de la
preparación de la 23ª Jornada Mundial de la Juventud, que se celebrará
en Sydney del 15 al 20 de julio, 2008. El tema será el siguiente:
“Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y
seréis mis testigos” (Hch 1,8). La Jornada Mundial de la
Juventud (JMJ) es el mayor encuentro internacional de jóvenes. Fue
convocada por el Papa Juan Pablo II por primera vez en 1986. Representa
una oportunidad para los jóvenes de todo el mundo, de los 16 a los 35
años de edad, de realizar una peregrinación de fe y, para la Iglesia, de
renovarse en el país de acogida. Los australianos se están preparando
con fervor a este encuentro de julio del año próximo. Se calcula la
presencia de medio millón de personas, procedentes de Australia y de los
demás continentes. Se prevé una entusiasmante semana de formación y de
celebraciones de la fe.
El arzobispo de Nagasaki, S.E. Mons. Joseph
Mitsuaki Takami, PSS, después de dar la bienvenida a su sede a los
participantes, desarrolló una sabia relación sobre el tema ‘La
esperanza está en quien puede salvar’ (Eclo 34,13), que
constituyó una fuente de inspiración y reflexión para los presentes.
Comenzó afirmando que en todo país hay muchos lugares adonde las
personas se dirigen, poniendo su confianza en sueños, divagaciones y
presagios, pero la verdadera esperanza consiste, ante todo, en el ‘temor
de Dios’, acompañada por bendiciones de asistencia y protección divina.
Compartió, así, con los congresistas, ‘la esperanza según la Escritura’,
dividiéndola en cinco puntos específicos. En el primero, ‘la esperanza
mesiánica’, el Prelado recordó cómo había evolucionado la esperanza del
pueblo judío, comenzando por Abrahán y los Patriarcas, para llegar más
adelante al prototipo encarnado en el Rey David, desarrollado luego en
el ‘Siervo de Yahveh’ y en el ‘Hijo del Hombre’. Al mismo tiempo, se
pasó de una esperanza más bien colectiva a una insistencia en la
liberación individual. El segundo punto contemplaba la transformación de
la ‘esperanza judía’ en ‘esperanza cristiana’, que es ante todo la
continuación de esa misma esperanza que había profesado el pueblo judío.
La promesa hecha a Abrahán se realiza ahora completamente en Cristo. El
Arzobispo presentó enseguida un tercer punto, a saber: el ‘objeto de la
esperanza cristiana’, dirigida ahora hacia Cristo. San Pablo es el
teólogo por excelencia de la virtud de la esperanza cristiana y su
visión aclara todo el Evangelio, aunque también San Juan, en su primera
carta, trata de temas escatológicos cuando afirma: “Seremos semejantes a
él, porque lo veremos tal cual es” (1 Jn 3,2). Por consiguiente,
antes de subrayar lo que distingue las tres virtudes teologales - fe,
esperanza y caridad - y su relación mutua, Mons. Takami indicó el lugar
que ocupa la ‘esperanza cristiana en la vida cristiana’. Y recordó,
igualmente, que la esperanza desaparecerá el día en que todo será
revelado y que, mientras tanto, es preciso practicar la virtud de la
paciencia y vivir el tiempo presente dirigiendo la mirada hacia la
gloria futura. En fin, habló de ‘la esperanza de la peregrinación’, cuyo
prototipo es la peregrinación de los judíos al templo de Jerusalén, de
la que brotó la comprensión de la gran peregrinación escatológica a la
Jerusalén celestial. En su fidelidad a la historia, la Iglesia sigue sus
peregrinaciones a los varios santuarios para demostrar la comunión en la
fe y en la oración y, sobre todo, para recordar a su pueblo el gran
viaje de la esperanza, el que se hace en pos del Señor, Salvador del
universo. La esperanza, ante todo, es la que impulsa el alma cristiana a
‘correr para conquistar el premio’; el espíritu de determinación es el
que vive según Cristo y soporta las pruebas de la vida.
El Rvdo. P. Javier Gonzalez, OP, Decano del
Departamento de Derecho Canónico de las Facultades Eclesiásticas de la
Universidad de Santo Tomás en Manila (Filipinas), trató el tema: ‘Vuestra
fe y vuestra esperanza descansan en Dios’ (1 Pe 1,21), una
propuesta teológica de esperanza y de salvación. Hoy, cuando
observamos nuestro mundo caracterizado por divisiones, guerras,
violencias, injusticias y amenazado por una ‘cultura de la muerte’
destructiva, debemos poner nuestra esperanza y nuestra confianza en
Dios. De este modo, no esperamos simplemente en una mejoría o en
un cambio, en un futuro vago, incierto y vinculado a un resultado
anhelado, sino en algo que sucede ahora: nos alineamos, pues, con
los objetivos, los valores y la ética de Dios. Nos unimos a la comunidad
de Dios. En un nivel más profundo, ‘dejamos’ que Dios sea Dios, y
creemos y confiamos en que, en su Sabiduría infinita, resolverá nuestros
problemas.
El hecho de poner nuestra fe y nuestra esperanza
en Dios nos permite hallar el significado, el coraje e incluso la
alegría para afrontar situaciones irreparables. Esto implica por lo
menos dos consecuencias inmediatas, es decir, una fe viva en el
‘Dios de la esperanza’ como origen y fundamento, y el auténtico goce de
una alegría y de una paz victoriosas, como fruto inmediato de esto. El
hecho de poner nuestra fe y nuestra esperanza en Dios nos hace mirar
hacia el mundo con optimismo teológico, tratar a la humanidad con
respeto y compasión, mantener pura nuestra fe y encender nuevamente la
esperanza en nosotros. Aplicando, pues, todo esto a la vida y al
ministerio de los Rectores de los santuarios, se presentan algunos
retos específicos, como el de predicar de manera creíble la Palabra
de Dios, estimular la vida litúrgica, promover la participación en la
comunidad eclesial, favorecer formas aprobadas de devoción popular,
realizar el diálogo ecuménico y ser profetas de la patria celestial.
El Rvdo. P. Leszek Niewdana, SVD, profesor en la
Universidad Católica Fu Jen en Taipei (Taiwan), afrontó el tema: ‘La
esperanza no engaña’, gracias a la Palabra de Dios, a la Liturgia
y a la Diakonía. Un enfoque
pastoral, espiritual y sociológico de la esperanza. Observó que en
los últimos veinticinco años, el neoliberalismo se ha vuelto una
ideología poderosa, adoptada por un número creciente de gobiernos. Se
funda en el modelo del libre mercado y en el concepto de competencia en
todos los campos. No obstante los resultados positivos, como la creación
de un bienestar sin antecedentes, la disminución de la pobreza, en
particular en Asia, el aumento de la libertad individual y la
utilización de la creatividad humana, el proyecto neoliberal ha tenido
también influencias negativas en la sociedad en general, por ejemplo,
con un estancamiento de los salarios bajos y medianos (y el consiguiente
empobrecimiento), una mayor diferencia entre los salarios, la
incertidumbre en materia de trabajo, la migración económica, etc. Esto
ha producido, en millones de individuos, una mayor inseguridad,
inestabilidad y un sentimiento de desarraigo o de marginación. El P.
Niewdana presentó los resultados positivos y negativos del modelo
neoliberal como fuentes potenciales para ‘dar fundamento’ a la esperanza,
o para reducirla a una única metáfora ultrasemplificada que, en fin de
cuentas, puede desilusionar en la búsqueda de significado y de valor en
la vida. Para los cristianos, la esperanza que no engaña es aquella que
se realiza en la propia, frenética, existencia histórica, pero que al
mismo tiempo se dirige constantemente hacia la felicidad de la vida
eterna. La esperanza cristiana, en cuanto tal, es una fuerza espiritual
arraigada en las expectativas últimas relativas a la existencia, que al
mismo tiempo constituye un apoyo para la condición presente. La Palabra
de Dios, la Liturgia y la Diakonía sostienen esta esperanza,
fortaleciendo el sentido de estabilidad, de arraigo y de pertenencia, y
tienen el potencial para formar una ‘espiral de esperanza’ en la que
mostrar preocupación por los demás puede servir de inspiración para la
vida de los demás y la propia.
Los participantes se reunieron dos veces en
grupos de estudio y sus reflexiones, así como las sugerencias que se
desprendieron de los trabajos, fueron las bases necesarias para elaborar
las conclusiones y recomendaciones de este documento final.
El tercero y último día comenzó con la lectura
del telegrama del Santo Padre, firmado por el Cardenal Tarcisio Bertone,
mediante el cual el Pontífice manifestaba su cercanía espiritual en la
oración. “La peregrinación - se afirmaba en él - ha sido una práctica de
fe desde los albores del cristianismo. Manifestando la auténtica
naturaleza de la Iglesia, los peregrinos dan testimonio de Jesucristo,
que es el camino, la verdad y la vida, y de este modo revelan a la
sociedad la esperanza que no engaña (cf. Rm 5,5). Los Santuarios
vinculados a grandes santos o a acontecimientos significativos de la
historia de la salvación son refugios acogedores de paz y de armonía que
permiten a todos acercarse profundamente a las fuentes de la serenidad,
de la verdad y del amor”. El Santo Padre, animando a todos, encomendó
los participantes a la intercesión de los Mártires de Asia y envió su
Bendición Apostólica.
Las relaciones fueron, pues, tres.
Mons. Peter Cañonero, Presidente de la
Asociación de Rectores de Santuarios y Directores de Peregrinaciones de
Filipinas (ASRP), habló de esa Asociación en embrión para toda Asia y
del futuro desarrollo que se espera. Recordó, en primer lugar, sus
comienzos, en el año 2003, con ocasión del Primer Encuentro Asiático en
Manila sobre el tema: El Santuario, lugar de acogida y de encuentro,
señalando el deseo del Papa Juan Pablo II de que se fortalezcan los
vínculos de colaboración entre las distintas Iglesias de Asia. Los
resultados positivos de ese encuentro, y del que le siguió en Seúl sobre
el tema: Peregrinaciones y Santuarios, dones de Dios-Amor en Asia,
hoy, llevaron a afrontar el importante interrogante sobre el futuro
de la Asociación. Mons. Cañonero recordó que cada santuario tiene un
carisma especial, para los distintos grupos de peregrinos que esperan
encontrar lo que buscan, y afirmó que, para adelantar, la Asociación
asiática tiene que hacer lo posible por preservar el carácter específico
de cada santuario y la espontaneidad que de él brota. Luego formuló
votos para que la Asociación sirva de guía para los santuarios que
buscan asistencia, y que no se establezcan reglas restrictivas. Y
terminó estimulando a los santuarios a que sean lugares de encuentro con
el Señor y a trabajar con los Ordinarios locales para que esto pueda
llegar a ser una realidad.
El P. Renzo de Luca, SJ, Rector del Santuario de
los 26 Mártires de Nagasaki, presentó algunas actualizaciones de su
último informe sobre la experiencia de la peregrinación a ese santuario
y a la colina de los Mártires. Ilustró la manera de proclamar el
Evangelio en dicho santuario, ante todo con las Santas Misas que se
celebran el domingo y los días de la semana. La preparación al
matrimonio es particularmente importante para la evangelización. En
efecto, con la autorización de la Conferencia Episcopal, se pueden
celebrar allí matrimonios entre no bautizados. Esto permite un largo
período de ‘catequesis’ pre y post matrimonial. El P. de Luca habló
luego del ministerio particular de la predicación y de la enseñanza a
todos los que llegan como peregrinos, muchos de ellos procedentes de
Corea. En fin, mencionó el diálogo ecuménico, haciendo especial hincapié
en la catequesis y en la cooperación con los Kakure Kirishitan,
los denominados Cristianos Ocultos que han elegido seguir la tradición y
la manera de orar de los tiempos de la persecución en el Japón. En la
segunda parte de su intervención, el Padre habló de los cambios
realizados en la ‘proclamación mixta’, con relación a las visitas de las
escuelas y las excursiones con guía, el diálogo interreligioso y los que
esperan una curación. La ‘proclamación indirecta’ ha experimentado
cambios en el número de los que llegan a la iglesia para hacer
investigaciones históricas y técnicas. Los intercambios culturales,
igualmente, han tenido un cierto desarrollo, aunque se ha dado más
importancia a las expectativas de los que buscan únicamente el exotismo
o el misterio. El orador continuó, indicando la necesidad de evitar
ambigüedades entre la investigación y la proclamación, lo que podría
originar equívocos. En fin, y esto es importante, terminó afirmando que
el mayor desafío para el santuario consiste en su intento por ejercer
una cierta influencia en la sociedad materialista.
El P. Xavier Packiasami, Rector del
Santuario-Basílica de Nuestra Señora de la Salud de Vailankanni (India),
describió la historia y el trabajo pastoral que se realiza en este lugar
de peregrinación. Según la tradición, la Virgen se apareció a dos chicos
no católicos en el siglo XVI y en el siglo XVII, realizando milagros y
curaciones. El Santuario, llamado ‘el Lourdes del Oriente’, fue elevado
a Basílica menor en 1962 por el Papa Juan XXIII. En 2002, el Pontificio
Consejo para la Pastoral de la Salud celebró allí la décima Jornada
Mundial del Enfermo. En su mensaje, el Papa Juan Pablo II recordó que
“este santuario dedicado a la Madre de Dios es verdaderamente un punto
de encuentro para los miembros de las distintas religiones y un ejemplo
excepcional de armonía e intercambio interreligiosos”. Esto hace de él
algo único. La India es una tierra multicultural,
multilingüística y
multirreligiosa, y el
santuario se ha convertido en una ‘casa de amor’ que atrae a las
personas, más allá de la casta, del credo y de la nacionalidad. Se
celebran en él continuamente Santas Misas y actos de devoción, debido a
la afluencia incesante de visitantes que llegan a implorar la
intercesión de la Virgen. Las innumerables curaciones que han tenido
lugar hacen de él un santuario realmente sólido. Hay también allí un
centro de ejercicios espirituales, uno de encuentros, una casa para
ancianos y una para huérfanos.
Las Liturgias del Congreso se desarrollaron con
una buena participación de los fieles de la ciudad. La primera, en la
Catedral Urakami, fue presidida por S.E. Mons. Agostino Marchetto; la
segunda, en el Santuario de los 26 Mártires, por S.E. Mons. Mitsuaki
Takami, PSS, y la tercera, en la iglesia de Oura, por S.E. Mons. Joshua
Mar Ignathios, de la India. Estas tres iglesias forman todas parte de
los ‘Lugares Cristianos de Nagasaki’, que se desea entren a formar parte
del patrimonio mundial de la humanidad. Para apoyar esa petición,
presentada conjuntamente por la Prefectura y la Arquidiócesis de
Nagasaki, los participantes en el Congreso firmaron una carta dirigida
al Director del World Heritage Centre de la UNESCO.
Al terminar los trabajos, los participantes
aprobaron las siguientes conclusiones y recomendaciones.
II. Conclusiones
1) Muchos de los que llegan a Nagasaki quedan
impresionados por las imágenes de la destrucción provocada por la bomba
atómica. La nueva Catedral de Urakami y el bienestar económico de la
ciudad son, en cambio, signos de la esperanza de un pueblo que ha hecho
posible la reconstrucción.
2) Aplicando esto a la realidad actual,
constatamos que nuestros Santuarios son visitados por muchas personas
que sufren espiritualmente, en busca de compasión, comprensión y
curación. Una de las primeras fuerzas de la curación es su esperanza en
Dios, en la Iglesia y en la humanidad. Los responsables de la Pastoral
de las Peregrinaciones y de los Santuarios han recibido de Dios la
misión de ayudar a estas personas a conocerle a Él, verdadero y único
Salvador.
3) La peregrinación, que se practica en la mayor
parte de las religiones del mundo y que ya existía antes de la
revelación bíblica, es un viaje realizado por creyentes para orar en un
lugar consagrado por una manifestación divina o por las obras de una
gran figura religiosa. Es una búsqueda de Dios y un encuentro con Él en
el contexto de la liturgia.
4) El Evangelio nos dice que Jesús, desde su
infancia, solía ir a Jerusalén en peregrinación con motivo de las
fiestas. Él mismo declaró que su muerte y resurrección iban a
transformar su cuerpo glorificado en nuevo templo, en verdadero centro
de culto para sus discípulos (Jn 2,19-21; 4,21-23). Desde ese
momento, el nuevo pueblo de Dios - la Iglesia - realiza la verdadera
peregrinación escatológica (2Cor 5,6-10; Hb 13,14), que es
también el nuevo éxodo (Hch 3,15; 5,31; 1Cor 5,7; Hb
9,11-12); su meta es la patria celestial (Hb 11,16), en la que
“el Señor Dios todopoderoso y el Cordero son su templo” (Ap
21,22). De todos modos, la Iglesia, que vive en la historia, está en
continua peregrinación hacia los distintos santuarios para expresar su
comunión en la fe y en la oración y, sobre todo, para recordarnos que se
halla en camino hacia el Señor, Salvador del mundo y bajo su guía. Por
esto el cristiano pone su esperanza en Él, que no engaña nunca, sino
redime para siempre.
5) La esperanza que acompaña toda nuestra vida
es el alma de nuestra determinación para vivir según la enseñanza de
Cristo y afrontar todas las pruebas. La certeza llega de la promesa de
Dios y de la cruz que redime, y lleva la garantía de la resurrección de
Cristo, nuestro “primer fruto” (1Cor 15,12-33). El amor, junto
con la fe, suscita y anima esta esperanza.
6) Los Santuarios son lugares de la presencia de
Dios: el misterio del Santuario nos recuerda no sólo nuestro origen en
el Señor, sino también que el amor de Dios por nosotros es eterno. Él
está con nosotros en este momento específico de la historia, con todas
las contradicciones y sufrimientos del presente. Los Santuarios, por
tanto, recuerdan la presencia viva de Dios entre nosotros y para
nosotros; son lugares en los que su fidelidad nos llega y nos transforma.
En ellos, el Espíritu obra de manera especial a través de los signos de
la nueva alianza que los Santuarios poseen y facilitan.
7) El significado esencial de los Santuarios en
la vida de la Iglesia, traducido propiamente en términos pastorales,
está resumido en el canon 1234, el último de los cinco que el Código de
Derecho Canónico dedica a los “Santuarios”. En el § 1 del canon se
afirma: “En los santuarios se debe proporcionar abundantemente a los
fieles los medios de salvación”, y enumera los principales: “predicando
con diligencia la palabra de Dios y fomentando con esmero la vida
litúrgica principalmente mediante la celebración de la Eucaristía y de
la penitencia, y practicando también otras formas aprobadas de piedad
popular”. Nosotros, los participantes, aceptamos plenamente el espíritu
y la letra de este canon. Dicho texto, en efecto, interpretado en el
contexto de nuestra reflexión sobre la fe y la esperanza puestas en Dios,
anticipa a los Rectores de los Santuarios importantes desafíos que
deberían llegar a ser algunas de las prioridades o preocupaciones
principales en el ejercicio de su ministerio pastoral. Desafíos,
preocupación ecuménica y otros ministerios, que brotan del significado
profético de los Santuarios, representan caminos privilegiados para
volver a despertar la esperanza en el mundo.
8) Los participantes afirmaron que el
ecumenismo, en una amplia acepción del término, es la meta final del
viaje de la humanidad, una meta que no se puede alcanzar sin el diálogo.
La visión de la Iglesia católica en Asia es, precisamente, la de la
Iglesia-En-Diálogo, como afirma la Federación de las Conferencias
Episcopales de Asia (FABC): “Nos comprometemos a llevar el mensaje de
Jesús a todas las naciones del Continente. Nuestra aportación consiste
en el testimonio de nuestra fe y en facilitar un diálogo de fe y de vida,
de Evangelio y cultura, de Iglesia y sociedad”. Es un movimiento hacia
el diálogo con otras religiones, culturas y civilizaciones, tan
necesario hoy en muchas partes del mundo.
9) Las Peregrinaciones y los Santuarios son
oportunidades y lugares privilegiados de paz y reconciliación, si bien
no en plenitud de comunión, donde se reúnen no sólo fieles católicos,
sino también creyentes de otras religiones. Utilizando las palabras
recientes del Santo Padre Benedicto XVI, se espera que sean “lugares de
encuentro para la unidad, dentro del respeto de las legítimas
diversidades”.
10) Reafirmamos, en fin, que las peregrinaciones
pueden ser ocasiones para conocerse mejor, para dar impulso a los
lugares de culto y hacer crecer la comunión y la solidaridad entre las
comunidades que forman la única Iglesia. Este apoyo entre los miembros
de la familia de Cristo en Asia ha de ser un servicio, en todas partes,
a la causa de la evangelización y de la promoción humana.
III. Recomendaciones
1) Los Santuarios deberían ser lugares de
oración y de total renovación, con la posibilidad de ofrecer
constantemente la oportunidad de acercarse al Sacramento de la
Reconciliación, para acompañar espiritualmente a una auténtica
conversión y reconciliación, y para una sanación psicológica y
espiritual. Deberían incluir, además, programas de renovación familiar,
en particular de reconciliación entre los miembros de la familia, y
celebraciones significativas de la Eucaristía con la predicación de la
Palabra de Dios que inspire y dé un nuevo vigor.
2) La catequesis para los peregrinos cristianos
debería ser kerygmática y capaz de llevar a las personas a Dios,
nuestro Padre. Habría que impartirla especialmente a pequeños grupos de
familias, jóvenes, niños y migrantes. Se podrían prever formas de
presentación de la fe cristiana también para los visitantes no
cristianos.
3) Habría que proporcionar una atención pastoral
especial a los peregrinos para que profundicen la fe y la conciencia del
Misterio de Dios, de lo Divino, con una lectura, fundada en la fe,
de la historia del Santuario, instrucciones, homilías, presentaciones
mediáticas, etc.
4) Las peregrinaciones y los Santuarios deberían
ser lugares de solidaridad, accesibles a la gente común, con una
particular atención hacia los pobres, proporcionando servicios sociales
y estructuras donde los peregrinos puedan descansar y reconfortarse. La
caridad se puede expresar también con la acogida, la escucha y la
comprensión de los peregrinos.
5) Las peregrinaciones y los Santuarios han de
ser ocasiones y lugares de justicia, paz y salvaguardia de la Creación.
Deberían ser espacios donde se denuncia la violencia, la injusticia, la
cultura de la muerte y la destrucción, tanto de la humanidad como del
medio ambiente. Deberían, además, dar oportunidades para impartir una
catequesis adecuada contra la discriminación y el empleo inútil de la
fuerza.
6) Las peregrinaciones y los Santuarios han de
ser ocasiones y lugares de autopurificación y transformación, más que
centros de “comercialización espiritual”. Los peregrinos deben ser
animados a que purifiquen su fe y resistan a la tentación humana de
“utilizar” las peregrinaciones y los Santuarios sólo para pedir a Dios
“pequeños favores”. En el santuario es esencial buscar, ante todo, la
“Gracia” del Señor, y no tanto gracias con “g” minúscula, o favores.
7) La atención pastoral debería lograr que el
ambiente religioso y de oración en los Santuarios no pase a un segundo
plano respecto a las preocupaciones materiales y comerciales. Es preciso
hacer hincapié en las peregrinaciones como viajes espirituales, más que
como excursiones turísticas.
8) Habría que prestar especial atención para
evitar la influencia del Pentecostalismo
cuando éste es una ‘religión de exaltación emotiva’ y orienta a las
personas a formas no estructuradas de religiosidad.
9) Los Rectores de los Santuarios han de ser
responsables y transparentes en la utilización de las ofertas recibidas
para proyectos de caridad, programas y causas dignas, según las
intenciones de aquellos que las han dado y las disposiciones de la
autoridad eclesiástica.
10) Habría que crear Asociaciones nacionales de
peregrinaciones y santuarios, siguiendo el modelo de la experiencia
realizada en las Filipinas, que procuren formar parte de una madura
Asociación Asiática de Peregrinaciones y Santuarios. Existe ya un
vínculo particular entre los Santuarios dedicados a los Mártires,
presentes en varios países. Además, habría que establecer un network
con la lista de los santuarios asiáticos y de los lugares de
peregrinación más importantes.
11) Con una especial atención a la importancia
del diálogo ecuménico e interreligioso, y conscientes de las
complejidades de las correspondientes cuestiones, los Directores de las
Peregrinaciones y los Rectores de los Santuarios deberían promover
encuentros y discusiones a nivel ecuménico e interreligioso. Igualmente,
la pastoral debería cuidar de la formación, por lo que se refiere a la
fe, y fomentar armoniosas relaciones interreligiosas en el contexto
asiático, según las orientaciones de la Iglesia al respecto.
12) Los Directores de las Peregrinaciones y los
Rectores de los Santuarios han de animar a la participación en la XXIII
Jornada Mundial de la Juventud (Sydney, 15-20 de julio, 2008), porque se
establece un ambiente que permite descubrir la importancia de la fe en
la vida de los jóvenes. Si la participación física fuera difícil, habría
que rezar, de todos modos, por el éxito espiritual del encuentro y para
que los jóvenes continúen siguiendo a Jesucristo después de ese
acontecimiento.
En estos días de comunión, reflexión y oración,
los participantes sintieron la presencia y la ayuda de los Mártires de
Nagasaki. Ellos ofrecieron la vida para que todos puedan creer en el
amor del Padre, en la misión salvífica del Hijo y en la guía infalible
del Espíritu Santo. Que la Virgen, los Mártires y los Santos de este
continente sigan iluminando siempre el camino de la Iglesia en Asia.
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