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Pontifical Council for the Pastoral Care of Migrants and Itinerant People
People
on the Move
N° 105, December 2007
V
Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe*
Extracto Del
Documento Final
Personas que viven en la calle
231. Hace más de cuarenta años, el Concilio
Vaticano II reconoció la acción del Espíritu Santo en el movimiento por
la unidad de los cristianos. Desde entonces, hemos recogido muchos
frutos. En este campo, necesitamos más agentes de diálogo y mejor
calificados. Es bueno hacer más conocidas las declaraciones que la
propia Iglesia Católica ha suscrito en el campo del ecumenismo desde el
Concilio. Los diálogos bilaterales y multilaterales han producido buenos
frutos. También es oportuno estudiar el
Directorio
ecuménico y sus indicaciones respecto a la
catequesis, la liturgia, la formación presbiteral y la pastoral. La
movilidad humana, característica del mundo de hoy, puede ser ocasión
propicia del diálogo ecuménico de la vida.
407. En las grandes urbes, es cada vez mayor
el número de las personas que viven en la calle. Requieren especial
cuidado, atención y trabajo promocional por parte de la Iglesia, de modo
tal que, mientras se les proporciona ayuda en lo necesario para la vida,
se los incluya en proyectos de participación y promoción en los que
ellos mismos sean sujetos de su reinserción social.
410. Es deber social del Estado crear una
política inclusiva de las personas de la calle. Nunca se aceptará como
solución a esta grave problemática social la violencia e incluso el
asesinato de los niños y jóvenes de la calle, como ha sucedido
lamentablemente en algunos países de nuestro continente.
413. Para lograr este objetivo, se hace
necesario reforzar el diálogo y la cooperación entre las Iglesias de
salida y de acogida, en orden a dar una atención humanitaria y pastoral
a los que se han movilizado, apoyándolos en su religiosidad y valorando
sus expresiones culturales en todo aquello que se refiera al Evangelio.
Es necesario, que en los Seminarios y Casas de formación, se tome
conciencia sobre la realidad de la movilidad humana, para darle una
respuesta pastoral. También se requiere promover la preparación de
laicos que, con sentido cristiano, profesionalismo y capacidad de
comprensión, puedan acompañar a quienes llegan, como también en los
lugares de salida a las familias que dejan. Creemos que “la realidad de
las migraciones no se ha de ver nunca sólo como un problema, sino
también y sobre todo, como un gran recurso para el camino de la
humanidad”.
439. Vemos con dolor la situación de pobreza,
de violencia intrafamiliar (sobre todo en familias irregulares o
desintegradas), de abuso sexual, por la que atraviesa un buen número de
nuestra niñez: los sectores de niñez trabajadora, niños de la calle,
niños portadores de HIV, huérfanos, niños soldados, y niños y niñas
engañados y expuestos a la pornografía y prostitución forzada, tanto
virtual como real. Sobre todo, la primera infancia (0 a 6 años) requiere
de una especial atención y cuidado. No se puede permanecer indiferente
ante el sufrimiento de tantos niños inocentes.
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