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Pontifical Council for the Pastoral Care of Migrants and Itinerant People
People
on the Move
N° 104, August 2007
JORNADA DE RESPONSABILIDAD
EN EL TRAFICO 2007*
S.E. Mons. Carmelo
Echenagusía
Obispo Aux. de Bilbao
Promotor del Apostolado de la Carretera
Fiel a su cita anual en el primer domingo de julio,
la Pastoral de la Carretera quiere seguir aportando su contribución a la
solución de un problema permanente, cuya gravedad todo el mundo
reconoce: la seguridad vial.
Recientemente, a fines del pasado mes de abril, se
celebró el “Día de la Seguridad Vial”, destinado este año a los
conductores jóvenes, y promovido por la ONU, la Organización Mundial de
la Salud (OMS) y la Unión Europea (UE).
El Papa Benedicto XVI quiso sumarse a la campaña con
este mensaje breve y certero: “Por desgracia, todos los días,
especialmente los fines de semana, se producen en las carreteras
accidentes con numerosas vidas humanas trágicamente truncadas, y más de
la mitad son jóvenes. Durante los últimos años se ha hecho mucho para
prevenir estos trágicos sucesos, pero se puede y se debe hacer aún más
con la colaboración y el esfuerzo de todos. Es preciso combatir la
distracción y la superficialidad, que en un instante pueden arruinar el
futuro propio y el ajeno. La vida es valiosa y única: se debe respetar y
proteger siempre, también con un comportamiento correcto y prudente en
las carreteras”.
Este diagnóstico general del Santo Padre vale también
para nuestro país. Parece ser que felizmente, y gracias a las sucesivas
medidas adoptadas por la Administración del Estado, va bajando en España
el número de accidentes mortales en las vías públicas. Es un motivo de
alegría, claro está. Pero el aún elevado número de fallecidos -3.017 el
año 2006- y de heridos nos sigue exigiendo un continuo y denodado
esfuerzo de superación si queremos alcanzar ese objetivo marcado por la
UE para el año 2010: reducir a la mitad los accidentes de tráfico. Como
dice el Papa: “se puede y se debe hacer aún más con la colaboración y
el esfuerzo de todos”.
El Departamento de la Pastoral de la Carretera,
integrado en la Comisión Episcopal de Migraciones, quiere seguir
prestando esa colaboración; y teniendo en cuenta los mensajes de los
últimos años, ha considerado conveniente centrar en los niños su mensaje
de este año, con el lema “Responsables desde niños”.
No es un tema novedoso ni mucho menos. Desde hace
varias décadas la Pastoral de la Carretera ha fijado varias veces su
atención preferente en los niños y ha intentado recoger y divulgar esta
honda preocupación, tan humana y cristiana. Si toda persona es digna de
respeto y protección, ¡cuánto más un niño! Así lo reconoce también la
Declaración de los Derechos Humanos de la ONU al afirmar que “la
Humanidad debe al niño lo mejor que puede darle” y subrayar que el
niño tiene derecho “a una protección especial para su desarrollo
físico, mental y social” y “a formarse en un espíritu de
solidaridad, comprensión, amistad y justicia entre los pueblos” (nn. 2
y 7). Los discípulos de Jesús debemos imitar al Maestro en su cariño
para con los niños y en la defensa de éstos ante la incomprensión de los
adultos (cfr. Mt 19, 13-15).
1. Educar al niño
El niño tiene derecho a recibir una educación
integral, que comprenda también su responsabilidad en la vida
comunitaria y ciudadana. En esa educación debe entrar, desde los
primeros años y de forma progresiva, la educación vial, formando al niño
para la convivencia y dotándole del mejor sistema de autoprotección ante
los muchos y graves peligros que día tras día comporta el creciente
volumen del tráfico.
Educar al niño en esta materia es ayudarle a que vaya
creando en él lo que pudiéramos denominar “un sentido vial”, una
conciencia clara de que forma parte de una comunidad que se mueve como
peatón o con toda clase de vehículos: coches, camiones, motos,
bicicletas…, con muchas e innegables ventajas para la vida moderna, pero
también con graves riesgos para sus vidas o su integridad. Este “sentido
vial” es de primordial importancia dentro de la educación integral que
el niño debe recibir.
Con sentido de realismo, esta educación deberá
prevenir los peligros, pero sería pobre y unilateral si no ayudara al
niño a ir reconociendo y apreciando los aspectos positivos del complejo
mundo del tráfico: el sacrificio de los profesionales del volante, el
desvelo de los agentes de la circulación, la racionalidad de las normas,
los avances de una tecnología que nos brinda vehículos cada vez más
seguros y confortables, las múltiples ventajas que reportan a las
relaciones humanas, a la economía y al turismo, las satisfacciones de
una conducción prudente y de un tráfico bien regulado…
2. Los primeros educadores, los padres
Todo el conjunto de la sociedad ha de tomar parte en
esta educación, asumiendo el correcto comportamiento vial como un
componente fundamental de la socialización general del niño.
Pero nadie puede poner en duda que, como en otros
muchos aspectos, son los padres los primeros y mejores educadores
de sus hijos, modelando desde la más tierna infancia su carácter y
creando en ellos hábitos de reflexión y responsabilidad. También en este
aspecto de la educación es fundamental el ejemplo de los propios padres,
ya que los hijos pequeños se miran en ellos como en verdaderos espejos.
Como peatones y como conductores o viajeros, los padres irán educando a
sus niños con sus recomendaciones y observaciones, pero, sobre todo, con
su modo de comportarse. Porque nada arruina tanto la educación vial que
se trata de inculcar como la conducta incorrecta de los propios padres
en la calle o en la conducción de sus vehículos en presencia de sus
niños.
Se ha dicho acertadamente que los padres, así como
enseñan a sus pequeños a andar, deben enseñarles también a circular. Con
cariño y dulzura, sí, pero con firmeza. Es una exigencia urgente de la
conducta ciudadana en la sociedad actual.
3. Otros educadores
Como en otros aspectos de la vida, la labor educativa
de los padres debe ser complementada por el centro escolar, en sus
diversos niveles, uniendo información y auténtica formación, y
cumpliendo con fidelidad la normativa establecida a este respeto por la
legislación vigente. Cuanto hemos dicho de los padres sobre el “sentido
vial” que hay que suscitar en el niño, vale también para la escuela. El
tráfico ha de ser propuesto como una de las más importantes formas
modernas de convivencia, con todo lo que ello exige de propio dominio y
auto limitación, de cortesía, de servicio a los demás y de ayuda mutua.
También la comunidad eclesial puede y debe
cooperar en esta tarea educativa, de modo especial a través de los
centros escolares de titularidad religiosa y de la catequesis,
fomentando sobre bases cristianas los valores de la convivencia cívica.
4. La educación del niño como peatón
Todos los educadores – padres, abuelos, hermanos
mayores, responsables de centros escolares …– han de tener en
consideración este aspecto, uniendo advertencias y consejos a protección
cuidadosa y a ejemplos de comportamiento prudente y correcto.
Como usuario de la vía pública, el niño debe ser
formado en el conocimiento y respeto de las señales de tráfico (pasos de
peatones, semáforos, salidas de garaje, zonas reservadas…). Se le
enseñará a no jugar en lugares de peligro, a caminar por la acera lejos
del bordillo, a prestar especial atención al cruzar la calle, a llevar
señales reflectantes en su indumentaria cuando camine de noche, a
prestar su ayuda, en lo posible, a personas ancianas o discapacitadas y
a niños más pequeños que él.
El niño es, de suyo, espontáneo y vivaz, irreflexivo
e inquieto, amante del juego y poco previsor de los peligros,
imprevisible en sus movimientos. Por todo ello, juntamente con los
ancianos y discapacitados, el niño tiene derecho a ser especialmente
protegido, ayudado y defendido. Hasta que adquiera progresivamente el
suficiente desarrollo físico, intelectual y moral, los adultos debemos
protegerlo con sumo cuidado, también en todo lo referente a la
circulación. Todo conductor prudente deberá conocer y tener en cuenta
esta sicología tan especial y así extremar las precauciones cuando se
encuentre ante la presencia de los niños o circule en lugares
frecuentados por éstos. La previsión y la prudencia son particularmente
necesarias en estas circunstancias para no tener que lamentar daños
irreparables.
5. La educación del niño como viajero o pasajero
En la actualidad la gran mayoría de los niños nace y
se cría en familias que disponen de uno o de varios vehículos. De ahí
que estos futuros conductores gusten y padezcan, desde los primeros días
de su existencia, las condiciones de viajero, primero en el coche
familiar; muy pronto, a menudo, en los autobuses del transporte escolar.
También en este campo el respeto debido a la dignidad
del niño obliga a padres y demás responsables a protegerlo de todos los
riesgos previsibles y a garantizarle un viaje seguro y confortable. Para
ello es necesario tomar medidas eficaces para evitar que, en caso de
accidente o de frenazo brusco, los niños puedan ser despedidos fuera del
vehículo o sufrir choques violentos; nunca se les permitirá viajar en
los asientos delanteros - ni siquiera en el regazo o los brazos de sus
madres o personas mayores - habrá de asegurarse el cierre de las puertas
traseras y de sus ventanas; se utilizarán los cinturones de seguridad o
asientos-sillas homologados y bien acoplados; se les enseñará a apearse
cuando el vehículo esté parado y a hacerlo por la puerta de la derecha…
A medida que el niño vaya madurando en su capacidad
de reflexión, este conjunto de medidas protectoras contribuirá a su
formación, porque le ayudarán a comprender la complejidad del tráfico y
los muchos valores que en él se ponen en juego.
Otro medio que también puede ser grato y eficaz para
la formación de los futuros conductores es el manejo de los pequeños
vehículos que se suelen regalar a los niños desde sus primeros años.
Triciclos, bicicletas, cochecitos y, si es posible, el acceso a los
parques infantiles de tráfico, pueden ayudar a los pequeños a ir
conociendo las señales de tráfico y a adquirir los hábitos y reflejos
que les van a ser necesarios cuando se conviertan en auténticos
conductores el día de mañana.
* * *
He aquí, en breve síntesis, la aportación que la
Pastoral de la Carretera en España quiere ofrecer, un año más, a la
meritoria labor que la Administración pública y otros muchos estamentos
de la sociedad vienen realizando en favor de una circulación más segura.
Este sencillo mensaje irá acompañado de la reflexión
y oración de las comunidades cristianas, y, de modo particular, de la
Eucaristía que se celebrará el primer domingo de julio en el santuario
de Nuestra Señora de los Pueyos, en Alcañiz (Teruel), diócesis de
Zaragoza, y que será retransmitida por TVE. Se procurará asimismo hacer
la debida propaganda de la Jornada, mediante carteles y presencias en
los diversos medios de comunicación social y con la actividad constante
de no pocas delegaciones diocesanas.
Que Dios nuestro Padre, por la intercesión de Santa
María del Camino y de los santos protectores de los viandantes, bendiga
y proteja a cuantos circulan por nuestras carreteras y calles - en
especial, a los profesionales del volante - y a cuantos velan por un
tráfico más ágil y seguro.
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