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Pontifical Council for the Pastoral Care of Migrants and Itinerant People
People
on the Move
N° 106, April 2008
Entrevista de la Radio
Vaticana al
Arzobispo
Agostino Marchetto EN LA OCASIÓN DE LA 94ª
Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado*
1) El domingo 13 de enero la Iglesia
celebrará la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado: ¿cuál es su
naturaleza y su contenido?
Dicha celebración, de hecho, se repite cada año
desde que fue instituida por el Papa Benedicto XV, cuyo inicio de
pontificado, en 1914, coincidió con el estallido de la Primera Guerra
Mundial. Sin embargo, por aquel entonces el ámbito de los destinatarios
era más restringido. Las calamidades de este conflicto desmesurado (la
matanza inútil) llevan consigo, entre otras plagas, la
emigración de poblaciones enteras. El Papa, que recibió sucesivamente el
apelativo de “el Papa de la paz”, como respuesta, se prodigó en asistir
a las víctimas, nombró en Italia a un Obispo que asistiera a los
prófugos y quiso que se celebrara una “Jornada” del emigrante. Por
tanto, la del próximo 13 de enero, será la 94 Jornada, “mutatis mutandis”.
El Santo Padre Benedicto XVI hizo público su Mensaje para tal ocasión el
pasado 28 de noviembre, dedicando especial atención a los “jóvenes
migrantes”. Dicho mensaje fue presentado en la Sala de Prensa de la
Santa Sede por los Superiores de este Consejo Pontificio, y cada uno de
los cuales ilustró un sector de interés del Mensaje: migrantes
económicos, refugiados y estudiantes extranjeros.
2) ¿Cuáles son los puntos clave del Mensaje?
El Santo Padre invita a reflexionar, en
concreto, sobre los jóvenes migrantes, a partir de la constatación de
que “el proceso de globalización del mundo
lleva consigo una necesidad de movilidad que impulsa también a muchos
jóvenes a emigrar y a vivir lejos de sus familias y de sus propios
países. Como consecuencia de esto, la
juventud dotada de los mejores recursos intelectuales abandona a menudo
los países de origen, mientras en los países que reciben a los migrantes
rigen normas que dificultan su efectiva integración”. De ello, el
Papa deduce que “con razón, las instituciones
públicas, las organizaciones humanitarias y también la Iglesia católica
dedican muchos de sus recursos para atender a estas personas en
dificultad”.
Los jóvenes migrantes son
particularmente sensibles – dice el Santo
Padre – a la problemática constituida por la
denominada “dificultad de la doble pertenencia”. Entre ellos,
señala Benedicto XVI, las jóvenes son “más
fácilmente víctimas de la explotación, de chantajes morales e incluso de
toda clase de abusos”, mientras que los adolescentes y los
menores no acompañados con frecuencia
“terminan en la calle, abandonados a sí
mismos y víctimas de explotadores sin escrúpulos”.
A continuación, se brinda particular atención a
los jóvenes refugiados y a los estudiantes internacionales. En lo que
concierne a los primeros, por limitarme a la muy importante cuestión
educativa, el Santo Padre afirma que “habrá
que preparar programas adecuados,
tanto en el ámbito escolar como en el del trabajo,
con el objeto de garantizarles una
preparación, proporcionándoles las bases necesarias para una correcta
integración en el nuevo mundo social, cultural y profesional”.
Para los estudiantes internacionales, el Papa desea que puedan “abrirse
al dinamismo de la dimensión intercultural, enriqueciéndose al estar en
contacto con otros estudiantes de culturas y religiones distintas. Para
los jóvenes cristianos, esta experiencia de estudio y de formación puede
ser un campo útil para madurar su fe, estimulada a abrirse a ese
universalismo que es elemento constitutivo de la Iglesia católica”.
3) ¿Cómo afrontar, a tal propósito, los
dramas de los jovencísimos migrantes?
Ciertamente, éstos se hayan indefensos por
partida triple, porque son menores, extranjeros y muchas veces están
solos. Estas tres expresiones de vulnerabilidad tienen que ayudarnos a
crear una nueva sensibilidad, para “contemplar” una infancia que a lo
mejor se encuentra en nuestras calles y de la que no se habla lo
suficiente. Para ella, es urgente preparar adecuados programas de
acogida y de integración, también con la predisposición de un sistema de
protección de menores extranjeros no acompañados. En Italia, por ejemplo,
los menores no acompañados son 6.572. La mayoría de ellos proceden de
Marruecos, de Albania y de Palestina.
El Santo Padre, en dicho contexto, ha dado una
“sacudida” – disculpe la expresión – a la conciencia internacional,
planteando interrogantes fundamentales, sobre todo para los niños en los
campos de refugiados, por esto: “¿Cómo no
pensar que esos pequeños seres han llegado al mundo con las mismas,
legítimas esperanzas de felicidad que los otros?
Y, al mismo tiempo, ¿cómo no recordar que la
infancia y la adolescencia son fases de fundamental importancia para el
desarrollo del hombre y de la mujer, y requieren estabilidad, serenidad
y seguridad?”.
4) ¿Cuál es el deseo para la celebración
católica de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado?
La Jornada es una oportunidad para reconocer la
aportación que millones de migrantes, en su mayoría jóvenes, dan al
desarrollo, en sus varias formas, y por lo tanto al bienestar, sobre
todo económico, en muchos Países del mundo. Asimismo, es un llamamiento
a terminar con todas las formas de abuso y violencia cumplidas contra
ellos y sus familias – y pienso especialmente en los jóvenes y en los
niños –. Un empeño concreto podría ser la ratificación
de la Convención de la ONU
sobre la protección de los derechos de todos los trabajadores
migratorios y de sus familias,
expresamente mencionada en el Mensaje Pontificio del pasado año.
Por su parte, la acreditada voz de Benedicto XVI,
en continuidad con el predecesor de quien lleva el nombre, Benedicto XV,
recuerda que los migrantes, los refugiados y los estudiantes
internacionales son a menudo víctimas de un mundo injusto. De hecho, aún
hoy día, sobre todo el hambre y situaciones de vida inhumanas, empujan
especialmente a los jóvenes a correr graves riesgos en la búsqueda de
una vida mejor en el extranjero. La comunidad internacional no puede
ignorar, a este respecto, sus responsabilidades, y está llamada a
proveer a una correcta integración de los migrantes en los Países de
llegada y a tutelar su dignidad.
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