|
Pontifical Council for the Pastoral Care of Migrants and Itinerant People
People
on the Move - N°
81, December 1999
Los aeropuertos puntos y lazos
de unión y de catolicidad
Doctor Alberto GarcÍaRuíz
Capellán del Aeropuerto, Madrid-Barajas
[English
summary, French
summary]
Sin los aeropuertos se frenaría la vida actual.
Si el Papa puede desplazarse “para realizar su misión papal, si puede dirigir
su palabra a tantas mujeres y hombres de toda edad y condición social, si con
su presencia puede suscitar esperanzas y proclamar a todas las personas de buena
voluntad los valores humanos y cristianos”, todo ello es posible gracias al
personal aeronáutico, dijo Juan Pablo II, el 27 de septiembre de este año
1999, al recibir a unas tripulaciones aereas.
Estas palabras del Santo Padre manifiestan la importancia que, en la hora actual,
tienen los aeropuertos para la misión universal del Sucesor de Pedro.
Y lo mismo podrían decir los hombres de ciencia, los economistas, los políticos,
los deportistas. Gracias a los aeropuertos los cauces de la ciencia se abren a
horizontes nuevos. Y la comunicación del mundo de la política hace posibles
sus encuentros y sus soluciones. Y la economía encuentra vías para el progreso
en todas las latitudes. Y son posibles las más variadas competiciones
deportivas... Y así se pude afirmar de toda actividad humana. Sin los
aeropuertos, la vida actual se frenaría en todas sus facetas y actividades.
En una ocasión me decía una madre emocionada, que regresaba tras la operación
de una hija : “Los médicos de Nueva York le han salvado la vida”. Y yo
pensé: Bueno, y también el servicio de los aeropuertos, que han hecho posible
el acceso rápido a esos tratamientos terapéuticos.
Los aeropuertos son hoy un punto clave en toda clase de relaciones nacionales,
internacionales e intercontinentales y esto explica el interés de la Iglesia
por ofrecer en ellos su servicio y su atención espiritual y sacramental. Así
sucede en los principales aeropuertos del mundo, donde se encuentran instaladas
capillas y nombrados capellanes. Puede afirmarse también que los aeropuertos
son los grandes cauces e instrumentos para llegar a esa unidad del género
humano predicada por Jesús.
Un trabajo pastoral en que prima la catolicidad
Lo primero que interesa resaltar es que, en el entorno de la capilla del
aeropuerto, no se encuentra una “comunidad” como se pretende alrededor de
una parroquia. Junto al servicio pastoral que se da a quienes trabajan en el
aeropuerto, se destaca principalmente la presencia de fieles de todas las
latitudes, que asisten a los actos religiosos de la capilla y permanecen allí
un tiempo breve, sin ofrecer la oportunidad de relaciones estables ni del capellán
con los fieles ni de los fieles entre si. Es un servicio a un mundo en
movimiento, a unos fieles que pasan.
Por eso, lo que se palpa en la pastoral del aeropuerto es la catoliciad y
universalidad de la Iglesia. Emociona ver a cristianos de todos los continentes,
de todos los colores y de todas las lenguas que rezan el mismo Credo, que adoran
juntos a Jesús en el sagrario, que profesan idéntica devoción a la Virgen. Y
se palpa la maravilla del esfuerzo misionero de la Iglesia que ha llegado, con
la misma fe, con el mismo amor y con idéntica esperanza, a los rincones más
apartados.
Al celebrar la santa Misa en la capilla de un aeropuerto se destaca la maravilla
de una Iglesia formada por hombres de todas las naciones. Y dentro de esa
diversidad, se advierte también un sentido de comunidad que traspasa los límites
de una parroquia y de una diócesis para ser la Iglesia “una”, que
confesamos en el Credo.
La maravilla de la fuerza misionera de la Iglesia
En los Hechos de los Apóstoles admiramos los viajes apostólicos de la primiera
hora cristiana. El mensaje de Cristo nacía con fuerza de universalid y los Apóstoles
utilizaron los medios más adecuados de entoces para cumplir el mandato de Jesús
de llevar el Evangelio a todas las gentes.
A veces, desde la vivencia de una tarea pastoral local, se puede perder de vista
la realidad maravillosa de que aquella fuerza de universalidad de la primera
hora sigue viva.
En el aeropuerto se palpa cada día la realidad de vidas heroicas y enamoradas
que parten hacia los lugares más lejanos y arriesgados para contar las mismas
cosas que predicaban los Apóstoles. Continuamente pasan por el aeropuerto
sacerdotes, religiosos, religiosas, laicos....que marchan o regresan de los
lugares más distantes: personas que dejan su patria, su familia, su comodidad,
por comunicar a los demás su amor a Jesús. Y esto en los espacios más difíciles
y también más peligrosos.
Una religiosa, que regresaba de un país centroafricano, me contaba que habían
asesinado a todas las religiosas de varias comunidades de su congregación. Y éste
no es un caso único. Otras regresan a morir en su patria tras haber contraido
enfermedades incurables cuidando enfermos.
Algunos de estos misioneros tienen su punto de partida y de llegada en España o
en Roma. Pero hay otros muchos en tránsito y denotan el protagonismo misionero
de todas las naciones: religiosas mexicanas que van a Marruecos, otras de
Colombia que marchan a Filipinas o de Argentina que trabajan en Canadá…
Confieso que una de mis intenciones diarias en la Santa Misa es pedir por todos
los que abandonan su patria por el Evangelio y por sus familiares, que "también
tienen vocación y generosidad", suelo decir.
Un reflejo de la ingente labor social de la Iglesia
Otra realidad que se destaca en el aeropuerto es la inmensa labor de caridad y
de bien que desarrolla la Iglesia a través de sus hijos dispersos por todos los
países.
Recuerdo que, durante la reunión que celebramos los capellanes de aeropuertos
en Loreto, del 25 al 27 de abril de 1995, una asistente francesa, manifestó que
la Iglesia debía de pedir perdón por la pobreza que existe en el tercer mundo.
Mons. Sergio Sebastiani, entonces Secretario General del Jubileo 2000, que
desarrollaba una ponencia, y que había trabajado muchos años en Mozambique, le
contestó: “Usted y yo sí que debemos pedir perdón por lo que no hacemos,
pero no la Iglesia. Puedo asegurarle que en Mozambique está el cuarto o el
quinto mundo y hay muchísimas zonas a las que no llegan los organismos
internacionales ni las ongs. Allí sólo he encontrado sacerdotes, religiosos y
religiosas, que comparten la pobreza, el hambre y las enfermedades con los
nativos”.
Cuando se está en un aeropuerto internacional, se palpa la generosidad y
entrega de quienes, movidos por el Evangelio, parten hacia los lugares más
olvidados y en las condiciones más arriesgadas.
Que lleven un buen recuerdo
Son muchos los sacerdotes, religiosos y religiosas que suelen aprovechar su paso
por el aeropuerto para asistir a la Santa Misa. A las religiosas - también a
los sacerdotes que concelebran – les pregunto previamente por su orden o
congregación, por su trabajo y por los lugares donde lo desarrollan. Al
comenzar la Santa Misa informo de ello a los asistentes, oramos por ellos en las
preces y siempre invito a los fieles a pedir por su labor apostólica y por las
vocaciones. Pretendo que el último recuerdo de los misioneros antes de partir,
o la primera impresión a su llegada, sean agradables. Igual hacemos con los que
se encuentran de tránsito.
Un caso no muy importante pero sí frecuente, es el de religiosas a quiene hay
que "echar una mano": siempre suelen llevar exceso de peso en su
equipaje. Encuentran aquí tantas ropas, tantas medicinas, tantos libros y
objetos necesarios allá, que no saben cerrar las maletas. Por lo general, las
compañías aéreas suelen ser generosas en estos casos.
También llegan misioneros a trabajar en Europa
Llegan a España – al igual que a otras naciones europeas - sacerdotes,
religiosos y religiosas de otros países. Merecen nuestro respeto y
agradecimiento. Es admirable ver que en la Iglesia no existen nacionalismos
cerrados. Todos nos necesitamos y todos nos podemos ayudar.
Lo normal, por tanto, ha de ser que de Europa vayan a otros países y que de
otros países vengan a Europa. Tal vez algunos puedan pensar que hay cristianos,
vocaciones, religiosos, de primera y de segunda, según su nación de origen.
Hemos de tener la humildad de admitir que nos vengan a evangelizar desde otros
países. Y agradecérselo.
Lo que hay detrás de cada avión que despega
Es un tema que considero importante. Sempre digo que, detrás de cada avión que
despega, está el trabajo bien hecho de miles de personas. Y en ellas incluyo a
toda la gama de profesionales que operan en la puesta a punto del avión, en las
operaciones de viajeros, en el pilotaje y control, en la limpieza de la nave y
de los aeropuertos, en la seguridad, en la tramitación de pasajes y mercancías,
en la hostelería, etc. etc. Todos merecen un gran repeto por su trabajo bien
hecho.
Por este motivo, considero que no es justo cuando se descalifica a todo un
aeropuerto por dificultades motivadas por un sólo colectivo, por muy singular
que sea. Y, también, considero que es responsabilidad de cada trabajador de
aeropuerto y de sus servicios evitar que, por su causa, se descalifique a miles
de personas que están trabajando bien.
Los colaboradores del capellán
Durante un tránsito por el aeropuerto de Barajas, el Cardenal Giovanni Cheli,
Presidente Emérito del Consejo Pontificio de Migraciones y Turismo, me preguntó
si contaba con muchos colaboradores. A mi respuesta positiva añadí que mis
colaboradores eran todos los que cumplían bien con su deber. En esto me refería
especialmente a quienes están más relacionados con las personas y con la
seguridad.
Recuerdo que en una ocasión llegaron a la Sala V un grupo de niños de
Chernobil que venían a pasar unos meses en España. Se les ofreció comida,
pero uno de ellos no dejaba de llorar. Imposible entender lo que pedía. En unos
instantes vimos que dejaba de llorar: un guardia civil, que había desaparecido
un momento, estaba de rodillas dándole un yogour. No sé si en su ausencia para
comprar la comida dejó de cumplir alguna de sus normas, pero me dí cuenta de
que la gente que trabaja aquí tiene corazón.
La labor social en el aeropuerto
En la última reunión de capellanes europeos católicos, celebrada en Budapest,
pedí que se hiciera mención de las muchas personas que trabajan en el
aeropuerto y en las líneas aéreas y, por motivos cristianos y bajo su
iniciativa y responsabilidad, realizan labores sociales.
En concreto: azafatas que recogen medicinas para llevarlas a hospitales
africanos atendidos por religiosas, personal de tierra que aporta fondos para
sufragar orfelinatos, aviadores que han formado una asociación para transportar
enfermos pobres de cualquier país del tercer mundo a cualquier otro lugar del
globo donde puedan operarles, colectivos que se solidarizan con la necesidad o
el dolor de cualquiera de sus compañeros, disponibilidad general para atender
las dudas o necesidades de cualquier pasajero, etc.
El capellán admira y aplaude todo esto y considera al mismo tiempo que quienes
lo hacen no necesitan que el capellán intervenga, porque ellos lo hacen muy
bien. Son cristianos adultos y el capellán se limita a predicarles las virtudes
cristianas que mueven a obrar responsablemente.
Me agrada dejar a Jesús tan bien acompañado
"Me agrada dejar a Jesús tan bien acompañado", fueron las palabras
que dirigí en cierta ocasión a los pasajeros que se encontraban en la capilla
cuando me marchaba. Y su respuesta fue: "Los bien acompañados somos
nosotros!".
Pienso que esta contestación encaja perfectamente con los orígines cristianos
en que la Eucaristía se conservaba por si era necesaria para los enfermos y
para quienes no habían podido asistir al culto. La actitud de Jesús en la
Eucaristía es más "darse" que recibir nuestro culto, aunque debemos
hacerlo.
En el aeropuerto de Madrid-Barajas tenemos dos capillas, una en la Terminal 1 y
otra en la Terminal 2, y ambas con el Santísimo reservado en el sagrario. Y los
fieles lo notan, lo "utilizan", lo agradecen. En ambas capillas se
suele encontrar a caulquier hora del día a personas que rezan y acompañan a
Jesús. Y éste es un motivo para explicar esa presencia de Jesús. Pero pienso
que hay también una razón más profunda: es fundamental que esté el Señor
presente en una encrucijada tam amplia de personas a las que quiere y a las que
indudablemente proteje, aunque pasen de largo.
El servicio de la Eucarastía y de la Penitencia
Para la celebración de la Santa Misa es importante la fidelidad a un horario
fijo, pues hay muchas personas que, al planear sus vuelos, cuentan ya con la
posibilidad de asistir a ella. Cuento, por ejemplo, el caso de un señor que
llegaba de Ginebra y me dijo que, desde Buenos Aires, le habían pasado un Fax
informándole de que la Santa Misa en el aeropuerto de Madrid era a las 10 de la
mañana.
Nuetro horario de la Santa Misa es: en la capilla de la T.2. días laborables de
lunes a viernes, las 10 de la mañana; sábados y vísperas de festivos, 7 de la
tarde; domingos y festivos, 12 horas. En la capilla de la T.1, domingos y
festivos a las 11 horas.
Antes y después de la Misa se atiende al confesonario y a quienes desean hablar
con el capellán. Quizá interese resaltar que no faltan conversiones, porque el
Señor toca con su gracia en cualquier momento y, así como alcanzan una meta
geográfica tras un largo viaje, también su vida espiritual llega a un
encuentro con el Señor después de largos años de recorrido.
Se prestan otros servicios a personas y colectivos que trabajan en el aeropuerto
y a transeúntes. Siguiendo el consejo de un Prelado que se detuvo en Barajas,
pienso que una tarea importante del capellán es pedir por todos los que pasan
por el aeropuerto - lo que es pedir por todo el mundo - y manifestarle al Señor
el deseo de quererle con el corazón de cada uno de los que salen, llegan y
trabajan aquí.
En definitiva, puede afirmarse que las personas, que pasan por las capillas del
aeropuerto, son de todos los países del mundo, pero con una gran homogeneidad:
la Santa Misa, el sagrario, la imagen de la Virgen María, el Evangelio...
suscita en todos las mismas reacciones y es una maravilla comprobar lo cerca que
estamos unos de otros aunque vengan de muy lejos. Es mucho lo que nos une y se
palpa que la Iglesia es algo mucho más grande que lo que ofrece a veces nuestra
parcela apostólica.
La lengua litúrgica
Una de las cosas que se lamentan en las celebraciones litúrgicas en el
aeropuerto, y pienso que igualmente en las concentraciones multinacionales y
multilingües, hoy tan frecuentes, es el que los encargados de la reforma litúrgica
no hayan tenido en cuenta las disposición del Concilio Vaticano II sobre
"el uso de la lengua latina" (Costitución Sacrosantum Concilium, n°.36)
al menos en las oraciones como los Kiries - en este caso el griego -, Sanctus,
Pater noster, Agnus...., que facilitarían una participación más amplia de
fieles de distintos indiomas. Sería deseable tener más en cuenta las
necesidades de un mundo cada vez más internacionalizado.
Dos capillas católicas, una mezquita y un espacio ecuménico
En el aeropuerto de Brajas hay una capilla en la T.2, dedicada a la Virgen de
Loreto, Parona de la Aviación, y otra en la T.1, dedicada a la Virgen de
Guadalupe en atención a la gran vertiente Americana del pasaje. Pero en esto
"nos gana" el aeropuerto de Montreal que cuenta con tres capillas católicas
una en cada terminal- y las tres con Santísimo reservado.
En Barajas hay también una mezquita y una sala común para el resto de
confesiones y religiones. Esto contrasta con la práctica de los países
musulmanes en ninguno de los cuales ha sido posible construir una capilla.
En las dos capillas de Barajas está todo dispuesto para que los sacerdotes que
viajan puedan celebrar la Santa Misa. Y lo hacen continuamente obispos y presbíteros.
Para ello, acuden a Información y un empleado les abre la sacristía donde
encuentran todos los objetos litúrgicos y vestiduras sagradas. Con frecuencia
anuncian la llegada de grupos, acompañados de sacerdote o sin él, que desean
celebrar la Santa Misa, y se les facilitan los servicios.
Todos los pasajeros son imagen viva de Dios
En una de sus catequesis, Juan Pablo II explicaba la acción extraordinaria del
Espíritu Santo en la Encarnación de la Segunda Persona Trinitaria y explicó
que, también, aunque de forma totalmente diferente, el Espíritu Santo actúa
en el comienzo de toda vida humana. Este hecho invita a tener una visión
totalmente positiva y de aprecio hacia los miles de personas, sean de las
crencias que sean, o sin creencias, que circulan por el aeropuerto. Llevan también
siempre la "imagen y semejanza de Dios" que les hace merecedoras de
todos los respetos.
Esto ayuda a trabajar en estos espacios con el convencimiento de que ninguno de
esos miles de personas que están o pasan cada día a nuestro lado es
indiferente a Dios y no deben serlo a nosotros. Confieso que esta realidad me
estimula a contemlar a todo el mundo humano con una proximidad fundamental.
El Gran Jubileo del Año 2000....
El Gran Jubileo del Año 2000 pondrá en movimiento a un número extraordinario
de peregrinos, que tendrá especial incidencia en aeropuertos como el de
Madrid-Barajas donde el pasaje, procedente de América, de Europa y de la misma
España, es mayoritariamente católico.
Millones de peregrinos - en grupos o individuales - harán escala en Barajas,
camino de Roma y de Tierra Santa. El capellán y las capillas del aeropuerto están
preparados para prestarles cuantos servicios religiosos precisen, que
vaticinamos serán muy numerosos.
Se pretende orientar a cada peregrino en el sentido de que entrar en la capilla
es ser tocado por la gracia de Dios y presentar el Gran Jubileo como un mensaje
de esperanza.
La capellanía se ha puesto en contacto con los responsables de Año Jubilar en
distintas naciones para informarles de los serivicos religiosos que pueden
encontrar a su paso por Barajas, especialmente en los vuelos intercontinentales
que cubren un alto procentaje en esta aeropuerto. También se han ofrecido los
mismos servicios a las organizaciones diocesanas y a las agencias de viajes que
preparan grupos de peregrinos.
El punto más doloroso del aeropuerto
Todos los aeropuertos son escenario de esos momentos de dolor que suponen las
despedidas que se abren a largos tiempos de separación. Padres, esposos, hijos,
amigos.... de los que cuesta despedirse. Como contraposición están las alegrías
de los encuentros trs el regreso de lugares lejanos. Ambas situacioes se viven
con intensa emoción.
Pero los momentos más emotivos de la vida en el aeropuerto, por desgracia en
todos los aeropuertos internacionales, es la presencia de los "no
admitidos". Se trata de seres humanos que, tras un viaje, a veces de huida,
y siempre en busca de una vida más digna, llegan al aeropuerto y se encuentran
con dificultades para entrar en el país.
Las razones de su no admisión son muy complejas, pero las situaciones no pueden
ser más dolorosas. Aunque se les trate con atención, el tener que regresar a
su país de origen, después de un viaje en el que a veces han invertido todos
sus bienes, es una verdadera tragedia.
Recuerdo que un jefe de policía del aeropuerto les explicaba a sus
subordinados: "Debéis tratarles con mucha consideración, no son
delincuentes, sino personas que han invertido su vida en esta empresa y merecen
un gran respeto".
Y se esfuerzan por dar la solución más favorable a cada persona, aunque, en
definitiva, la última palabra la tienen otros organismos, incluso
internacionales, como el Shenguen.
Ante estas situaciones, aparte de unas leyes menos restrictivas a la inmigración,
también habría que acabar con las verdaderas mafias que, en los países de
origen, se dedican a la explotación de las personas que desean salir de sus
dificultades o de su miseria.
Llevar a otros espacios la amistad con Jesús
Cada día, cuando en el prefacio de la Misa hablo al Señor de darle gracias
"siempre y en todo lugar", me dan ganas de interrumpir la oración y
dirigirme a los asistentes para dicirles que quienes estamos aquí podemos
hacerlo "siempre", pero ellos, también en otros "lugares".
Que lo hagan, que el Señor sepa que, en cualquier sitio donde estén ellos,
cuenta con una amigo.
Tengo la seguridad de que muchísimos de los que vuelan llevan a otros espacios
su amistad con Jesús.
Summary
The author comments on different aspects of pastoral work of a chaplain at the
airport. He draws insights from his own experiences at the airport of
Madrid-Barajas.
He highlights the fact that pastoral work at the airport has a strong missionary
dimension, because it is the point of departure and arrival of missionaries.
Hence it re-enforces the commitment of the missionaries, that by their example,
they extend an invitation to all those who travel, so that they in turn can feel
motivated to give a missionary witness.
The chapel, the celebration of the Eucharist and the availability of the
chaplain, create a welcoming ambient that many travellers seek, moreover they
hope for and look forward to such an ambient when they plan their journeys.
The celebration of the Great Jubilee is a moment in which the welcoming
atmosphere and the pastoral attention at the airports acquires a great
significance.
Résumé
Partant de sa propre expérience vécue à l'aéroport de Madrid-Barajas,
l'auteur décrit certains aspects du ministère pastoral d'un aumônier de
l'aviation civile.
Il souligne comment le ministère pastoral dans l'aéroport peut acquérir une
forte dimensions missionnaire, car il est le point de départ et le point
d'arrivée des missionnaires.
En mettant en relief l'engagement de ces missionnaires on peut adresser à tout
ceux qui voyagent une invitation qui pourra les pousser à un témoignage
missionnaire.
La chapelle, la célébration de l'Eucharistie et la disponibilité de l'aumônier
créent une ambiance accueillante que beaucoup de voyageurs recherchent, qu'ils
apprécient et qu'ils incluent dans leur programme à l'escale.
La célébration du Grand Jubilé est un temps où l'accueil et le ministère
pastoral prendront, dans les aéroports, une plus grande importance encore.
|