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Pontifical Council for the Pastoral Care of Migrants and Itinerant People
People
on the Move - N°
84, December 2000
Vida de mar y familia:
dos realidades en tensión
Dr. Ricardo Rodríguez-Martos
diácono, capitán de la marina mercante,
delegado diocesano del Apostolado del Mar en Barcelona
[English summary,
German summary]
I. Introducción:
En la vida de toda persona la familia ocupa un lugar preferencial. De hecho la
familia constituye el mundo propio por el cual se lucha e incluso se puede
llegar a dar la vida.
Este protagonismo de la
familia, esta convicción de trabajar y vivir por y para la familia es
especialmente acusada entre aquellas personas que profesionalmente se ven
alejadas del hogar, pues al no poder compartir el día a día, al pasar semanas
o meses separadas, desarrollan una conciencia especial de que todo lo hacen por
ella.
Por este
motivo, la familia adquiere un significado muy especial para el marino. Ya que
no la tiene cerca, ya que no puede disfrutar de su presencia física, la busca
con la mente, la saborea en las cartas que recibe y en las conversaciones que
mantiene con otros tripulantes.
Cuando el
marino desembarca, cuando está de vacaciones, intenta saciarse de la compañía
añorada, pero hay algo que le sigue perturbando: su relación familiar sigue
siendo distinta que el de otras familias. Cuando está embarcado, porque está
ausente. Cuando
está en casa, porque es algo transitorio, porque la situación tampoco es la
habitual para la familia, especialmente cuando la proporción entre vacaciones y
días de mar es baja.
Vamos a intentar analizar
los problemas que plantea, tanto al marino como a su familia, la circunstancia
de pasar largos meses del año en la mar.
II. La familia:
La familia es un grupo
social básico, es la célula primaria sobre la que se estructura toda una
sociedad. En su seno se desarrollan los lazos humanos más íntimos y se produce
la transmisión de los conocimientos, ideas, valores y actitudes, que constituirán
la columna vertebral sociocultural de sus miembros. En ella se encuentran
aquellos puntos de referencia que dan una primera clave de interpretación a los
hijos en su aprendizaje de la vida. Con el tiempo se podrá cuestionar unos y
reafirmar otros, pero en cualquier caso eso sólo podrán realizarlo partiendo
de un sistema inicial de valores. Para que esto sea posible es necesaria la
convivencia.
Como en todo grupo humano,
en la familia se desarrollan unos roles: padre, madre, hijo, hermano, abuelo…etc.
Estos roles no suponen simplemente unas funciones, sino también unas
expectativas recíprocas, que son base de funcionamiento y modelo educativo, y
que están inicialmente definidos dentro de cualquier sociedad. Cada familia,
como grupo social primario, establece una manera especial de ejercer esos roles.
Un hijo, observando cómo sus padres se distribuyen las distintas funciones y
responsabilidades, tenderá a imitarlos el día que forme su propia familia. Por
supuesto que si ha tenido malas experiencias podrán buscar unos esquemas
distintos, pero lo vivido de niño en su familia siempre quedará grabado en él.
Por otra
parte, lo que hemos aprendido no sólo nos ayuda a interpretar el mundo exterior,
sino que además nos sirve para identificarnos a nosotros mismos en el ejercicio
del rol que desempeñamos. Así, en la medida que ejerzamos el rol de padre o el
rol de ciudadano, según el esquema que nos han enseñado y que socialmente es
aceptado, nosotros nos reconoceremos a nosotros mismos como buenos padres o
buenos ciudadanos.
III. La familia del marino:
El mundo de la
mar está marcado por la tradición y los cambios en él suelen ser más lentos
que en tierra. Si antes decíamos que el marino se destaca por colocar a su
familia como razón prioritaria de su trabajo y de su vida, y que, dentro de las
circunstancias, lo que más desea es sentirse un padre y un marido normales, y
si recordamos la influencia que tienen sobre nosotros los patrones aprendidos
como hijos en el hogar del que procedemos, veremos que aún hoy, la mayor parte
de los marinos tenderán al esquema tradicional de familia, en donde el padre es
el que trae el pan y, aunque en la distancia, es el cabeza de familia. En ello
influirá, sin duda, que una buena parte de los marinos proceden de familias con
esquemas tradicionales, especialmente los procedentes de países del Tercer
Mundo.
Se abre aquí
un interrogante para las generaciones que han vivido ya otros esquemas de
familia más flexibles y amoldables a las circunstancias, por motivos laborales
o por divorcios. Otro elemento a tener en cuenta, especialmente en la
marina mercante, es la incorporación de la mujer como profesional del mar. Si
ésta forma familia, puede ocurrir que mientras ella navega el marido sea el que
lleva la casa o también puede ocurrir que ambos naveguen y entonces el tema
hijos se presenta aún más difícil.
Todo esto
plantea grandes interrogantes. Con todo, aún en el mundo actual, estos casos no
parecen ser representativos, sino excepciones de las que pocas conclusiones se
pueden extraer. La mujer profesional del mar suele dejar la mar cuando decide
formar una familia.
Por tanto,
podemos todavía ceñirnos a patrones tradicionales, tal vez con algunos matices
de futuro, a la hora de estudiar la situación de la familia del marino.
La familia del
marino se caracteriza por la ausencia habitual del marido/padre. Esta ausencia
tiene como resultado inmediato un déficit de convivencia, cuyas consecuencias
podemos exponerlas así:
Ausencia del marido:
Tiene como
positivo, para ambas partes, el mantenimiento de una ilusión concentrada en
cada reencuentro. Se dice que el marino y su mujer viven así de luna de miel en
luna de miel. Sin embargo, cuando esta ilusión es alimentada en el pensamiento
durante largo tiempo, tiene el peligro de degenerar en una idealización. Por
otra parte, la separación supone una serie de experiencias individuales no
compartidas y a, veces puede hacer que en el reencuentro se puedan sentir en
cierta manera como desconocidos. Los problemas cotidianos del hogar y los hijos,
resueltos sobre la marcha por la esposa, podrán ser causa de tensiones dentro
del matrimonio al sentirse uno marginado y el otro censurado.
La persona que
pasa largas temporadas sola, puede tener problemas de reinserción a su regreso.
Como resultado de lo expuesto, tanto el marino como su mujer, desarrollarán una
sensación de ser distintos al común de los matrimonios.
Ausencia del padre:
Aquí también
destacará una ilusión recíproca en el reencuentro. El hijo, especialmente si
es pequeño, sentirá una admiración por su padre, reforzada por una necesidad
de compensación ante sus amigos, al ver que ellos tienen habitualmente a
su padre en casa y él o ella no. En esta admiración puede haber también una
dosis variable de idealización que puede contrastar con una falta de confianza
en el encuentro real. El padre marino deseará disfrutar de sus hijos y le
gustará también llevarlos aquí o allá, como cualquier otro padre y deseará
ganarse su confianza y cariño. Esto puede llevarlo a ser demasiado
condescendiente y a veces complicar el esfuerzo educativo de la madre.
Un hijo de un
oficial español, tuvo que hacer una redacción para el colegio sobre qué
noticia le gustaría más que le dieran. Sus compañeros escribían: “que no
haya más guerras”, “que no haya más hambre”…él se expresó así:
“que mi padre no vuelva a embarcar…”
Hay aquí dos
factores que pesan en cualquier caso: uno es la separación en sí misma y lo
que ella supone y el otro factor es el sentirse distinto de los demás. Esto
dependerá en gran parte del entorno. Así, una familia marinera en un pueblo
pesquero de Galicia no lo sentirá tanto como una que viva en Madrid.
Estrategias para intentar compaginar la vida de mar con la de familia
Evidentemente,
una familia en la que el marido/padre sea marino no puede funcionar exactamente
igual que otra familia en la que todos convivan de manera regular.
Un estudio
realizado por Craig H. Forsyth y Robert Gramling, pretendió analizar, mediante
una encuesta pasada a familias marineras, las estrategias utilizadas para suplir
la ausencia del marido/padre, concretando el problema en el ejercicio de la
autoridad familiar.
Este estudio
establece la siguiente clasificación:
- Autoridad conflictiva: La esposa ejerce la autoridad cuando el marido está
fuera, pero no hay acuerdo sobre quién ejerce la autoridad cuando el marido
regresa. Normalmente se producen discusiones, especialmente en lo que afecta a
la educación de los hijos.
- Autoridad
sustitutiva: La autoridad del marido/padre es ejercida por un pariente masculino
próximo (abuelo, cuñado, hermano…) mientras aquél está ausente
- Autoridad
contingente: No hay traspaso de autoridad, sino que ésta se ejerce por la
esposa en aquellos asuntos urgentes, reteniendo en todo momento el marido la
autoridad. De manera similar a la “autoridad conflictiva” esta estrategia es
motivo de disputas cuando la mujer, al hacer frente a problemas que no admiten
dilación y al ejercer la autoridad cotidiana, se enfrenta a posibles críticas
del marido, quien por otra parte se sentirá frustrado de ver que su autoridad
es más teórica que práctica.
- Autoridad
transferida: Se produce una clara distinción de roles: la mujer asume la
autoridad, especialmente en lo que se refiere a la educación cotidiana de los
hijos y el hombre es el que trae el sustento. Cuando el hombre está en casa,
respeta el rol de la mujer y no hay disputas sobre autoridad.
Para realizar
este estudio, los citados autores, tomaron una muestra de 141 familias de
marinos mercantes, durante un período de 7 años (1981 - 1987). De las
personas entrevistadas, 111 eran marinos mercantes, 29 eran esposas y 23 hijos
adultos. 89 eran oficiales o familiares de los mismos y 52 personal subalterno o
familiares de los mismos.
Un 44% se decantó por la solución c) ( sustitución del padre por otro
familiar masculino), un 23,4% entraba en conflicto cuando el marido volvía (caso
b). Según Forsyth y Gramling, la estrategia de la “autoridad transferida”,
también llamada “del huésped periódico” es la más viable. ¿Por qué?
La mayor parte
de las familias de marinos mercantes pertenecen a una clase obrera tradicional y
tienen ciertos valores y conceptos de los roles familiares. Cuando una de estas
familias se enfrenta a la ausencia del padre, la primera respuesta es la de
retener la estructura familiar tradicional a la hora de reemplazar la figura del
marido y padre. Al faltar un pariente cercano la familia comienza lo que parece
un paso inevitable a la familia no tradicional. En tal caso, la autoridad del
padre va decreciendo, mientras la de la madre aumenta. El padre aceptará ser
el huésped periódico antes que caer en lo que Mac Iver (1950) llama un estado
de anomia (carencia de significación social). Tanto el estado de
autoridad conflictiva, como la contingente suponen estados anómicos para
el marino mercante.
El marino,
como huésped periódico, no tendrá que librar una batalla con la mujer, ni
tendrá que ejercer un rol que no desea ante los hijos. Este esquema es el menos
ambiguo. La madre asume un rol de marcar la disciplina y hacer las gestiones necesarias.
El padre conserva una función muy importante: es el que trae el pan a casa.
Evidentemente,
esto sólo son patrones estándar y cada familia, a tenor de las circunstancias
utilizará la estrategia que le sea más viable y que probablemente será una
mezcla de las antes expuestas. Sin embargo, no es menos evidente que el problema
existe y como prueba de ello, reproducimos a continuación una serie de frases
extraídas de la realidad:
De una de las
entrevistas realizadas por Forsyth y Gramling, una esposa declaró:
Tengo problemas cada vez que viene a casa...no parecemos armonizar...desmonta
mi organización...los niños no escuchan...él actúa como si hubiera estado en
los últimos meses en casa...cuando se va, tardo aproximadamente una semana en
volver a organizarlo todo...
.....y otra esposa comentó: Cuando viene a casa, surgen problemas con todo
el mundo.
Pretende
autorizar a los niños cosas que se apartan de las reglas que tengo establecidas
y discute conmigo sobre ello. Es bueno tenerlo en casa, pero después de un par
de días de discusiones, simplemente estorba. Su marcha tiene un doble filo. De
una parte lo extraño y de otra, las discusiones se acaban.
Un capitán de
cincuenta y tantos años decía: Suerte tiene el marino al que los hijos le
salen estudiosos, porque de lo contrario está apañado: si al llegar a casa
intenta ponerlos en línea, dirán:"este pesado podría volverse al barco"
y si no quiere amargarse la estancia y hace la vista gorda, dirán: "esto
es jauja" y no se enmendarán.
Un marino
entrevistado por Forsyth y Gramling decía: Mi mujer hace una
gran labor con los niños. Yo no quiero meterme en su sistema de educar...A
veces me siento ajeno a todo...Sólo intervengo cuando alguien me lo pide
En el año
1.984, en la encuesta realizada por el Apostolado del Mar de España se
abordó también el tema de la familia del marino y, al margen de las respuestas
concretas, en el puerto de Vigo, se recogieron las siguientes frases
pronunciadas por esposas e hijos de marinos:
"La presencia del marido en casa, en sus cortas permanencias, da lugar a
una vida agitada, al querer vivir intensamente el poco tiempo para estar juntos..."
"A veces el marido acaba convirtiéndose en una cuenta corriente en
el banco".
"Es difícil la convivencia cuando se prolonga su estancia"
"La cosas importantes se las consulto a mi padre, pero las de cada día
las hablo con mi madre...es la costumbre."
"Cuando mi padre riñe, se olvida al momento; en cambio mi madre pone
castigos que hay que cumplir."
Tanto en la relación con la mujer como con los hijos, el evitar conflictos de
autoridad, delegando ampliamente en la madre, favorece la convivencia, aunque
eso no quita que se pueda producir un distanciamiento.
IV La comunicación con la familia
La comunicación
es un elemento básico para mantener la integración con la familia. A pesar de
la distancia, hay marinos que van participando de todas las decisiones
importantes que se toman en su familia y hay marinos que prefieren delegar
plenamente en la esposa y van siendo ajenos a muchos eventos de los que podrían
haber participado a distancia.
La comunicación
representa estar informado de las experiencias y vivencias de los que están
ausentes. Cuantas más noticias tenga el marino, mejor podrá seguir la evolución
de su familia. Cuantas más noticias tenga la familia, más capaz será de
entender al que navega
La comunicación
representa también el mantenimiento de un pensamiento recíproco. Al
comunicarse hay algo que se comparte y eso crea lo que podríamos llamar una
cierta convivencia en la distancia.
En cualquier
caso, el marino piensa mucho en la familia, sobre todo el casado.
Las cartas
para el marino son algo sagrado. Joseba Beobide, director nacional del
Apostolado del Mar de España y capellán del puerto de Pasajes, declaraba: El
correo en Terranova es un asunto tan sensible, que a veces los tripulantes se
han negado a trabajar, porque el Patrón no quería desviarse 20 o 30 millas
para recoger el correo. (En los pesqueros, el correo lo lanza el barco que viene
de tierra a la mar con una boya y los otros pesqueros, la cazan)...En cierta
ocasión llevábamos cerca de un mes en la mar, vino el correo, que nos pasó
otro barco y hubo un marinero que no recibió ninguna carta, el único. Me
acuerdo que aquel hombre estaba afectado, como si le hubieran pegado un golpe en
la cabeza. Para animarle, yo le decía: "Hombre, espera que no sabemos si
ha quedado una carta en el otro barco" y el contestaba: "cuando llegue
a tierra el voy a decir esto y aquello a mi mujer". Afortunadamente su
carta había sido equivocadamente recogida por un compañero, que se la entregó
enseguida. Todavía estoy viendo la cara de aquél hombre al ver que era como
los demás... Cuando se recibe el correo los tripulantes se retiran al camarote
y desaparecen como los conejos, dentro de su madriguera.
Escribir
cartas, quiere decir, concentrarse en las personas a las que uno quiere y
hacerles participar a distancia de lo que uno vive. Normalmente el marino va
escribiendo cartas durante la navegación, y ése es un rato en el que conversa
con la mujer, con los hijos, mientras mira esas fotos que tiene en la mesita de
noche, o en la pared. Esos ratos, pensando en el hogar, son momentos de vivir la
propia intimidad, de hacer un poco presente la familia en el camarote.
El teléfono:Hoy día, hablar por teléfono es mucho más asequible que hace unos años. En
realidad se puede llamar desde cualquier puerto y, aunque sea un poco caro, una
o dos veces al mes se puede hacer. A nivel europeo son cada vez más los marinos
que llevan su propio teléfono móvil, pero todavía queda un poco lejos para
los marinos de Asia, África o Sudamérica.
En los centros
de asistencia al marino como Stella Maris y otros similares, el servicio
de teléfono es uno de los más solicitados. Éste es un medio vivo de
comunicarse y representa la alegría de oír la voz de una persona querida y
poder dialogar directamente y enterarse de lo que está sucediendo en ese mismo
instante. Sin embargo, normalmente las conversaciones telefónicas a larga
distancia están muy condicionadas por su costo y, a sabiendas de que no se
pueden explicar demasiadas cosas, se suelen repetir varias veces las mismas
frases: “estoy bien, os quiero mucho, pienso mucho en vosotros, escribidme”.
En realidad, la comunicación es mucho más extensa y profunda a través de una
carta, en donde se pueden explicar muchas más cosas, con mayor riqueza de
detalles y matices.
El correo
electrónico:esta medio de comunicación cobrará una importancia decisiva en un futuro próximo.
Es cierto que en la actualidad son muy pocos los marinos que a bordo tienen
acceso al correo electrónico y que aunque lo tengan, a muchos no les será fácil
utilizarlo. Tampoco muchas familias dispondrán de él. Sin embargo, es algo que
va a ir entrando, con lo que se debe contar y que en pocos años será de lo más
común.
Este medio tiene las ventajas del precio (vale lo que una llamada local), la
inmediatez (la recepción casi es instantánea) y el contenido (se pueden
escribir páginas enteras e incluso enviar fotografías).
V. La reincorporación a la vida familiar; el regreso al hogar
La situación
del marino embarcado, soportando cabeceos y balanceos, ruidos y vibraciones,
yendo de aquí para allá, a dónde le mandan y a dónde el no elige, en
compañía de unas personas con las que le unen en su mayor parte, unos lazos
puramente profesionales, es una situación vivida con la sensación de un
desarraigo de lo que considera su mundo, es decir, su pueblo, su familia, sus
amigos.
El marino,
como ya se ha dicho, salvo el caso del joven que sale a navegar por ansias de
aventura, ejerce su profesión para sacar adelante a su familia. Aunque haya
salido a la mar por vocación, la dureza de la vida que le toca llevar hace
que no tarde en asumirlo como un sacrificio. El marino vive, pues, pensando en
tierra, en su casa, en los suyos. Y llega un día en que regresa.
La reacción
que sufrirá el marino, como la que sufrirá su familia, vendrá directamente
influenciada por el tiempo que haya durado la separación. No es lo mismo volver
a casa después de 15 días, después de 3 meses o después de 1 año. Cuánto más
largo haya sido el período de separación y cuánto menor haya sido la
comunicación durante este tiempo, más sorprendente puede ser el regreso.
Durante su
estancia a bordo, el marino se ha pasado pensando en su familia y en el regreso,
idealizando en muchas ocasiones. Cuando se encuentra en casa y con la familia,
aunque rebose de contento, pasados los primeros días se sentirá fácilmente
desplazado. La esposa de un pescador de altura, que pasa períodos de 5 y 6
meses fuera de casa, comentaba: "Una gran parte de los marinos, cuando
están de vacaciones, pasan largos ratos fuera de casa, en el bar, con los
amigos, como si no aguantaran mucho tiempo dentro de casa".
Por otra
parte, habría que distinguir entre el desembarco por vacaciones y el regreso
definitivo para reincorporarse establemente a la vida de la familia. Después
entraremos en matizaciones, vamos ahora a hablar genéricamente de lo que
representa "el regreso al hogar".
El marino, durante el tiempo que ha estado fuera, ha pensado en el hogar, tal y
cómo lo dejó.
Cuando se va acercando al hogar, va imaginando lo que va a encontrar, la reacción
de las personas, el olor de la casa, el ruido de las calles que le son
familiares, cada rincón que en el recuerdo le ha acompañado. Sin embargo, se
encontrará con que muchas cosas o muchas personas no son exactamente lo mismo
que eran y aún más, al intentar reconocerse a sí mismo en lo que era su
ambiente, notará que él también ha cambiado.
El hogar significa una cosa para el que nunca lo ha abandonado, otra para quien
habita lejos de él, y otra para el que retorna.
La persona que
vive regularmente en su hogar, se ha habituado a una serie de sensaciones, de
las que no se da ni cuenta. Es normal ver cada día a la esposa, es normal
conversar con los hijos, es normal desayunar cada día un café con tostadas, es
normal ver pasar un determinado autobús por delante de casa, etc. La vida de
hogar supone una pauta de vida, un conjunto de costumbres, hábitos, tradiciones,
horarios, etc. Todo esto se refleja en una manera de hacer las cosas, en un modo
de relacionarse con los demás, en una manera de plantearse la vida, de hacer
frente a los problemas y de proyectar el futuro. El modo de vida en el hogar
marca los actos de sus miembros.
Dentro de la
relación que se produce dentro del hogar, hay una conciencia no sólo de "yo"
o de "tú", sino de "nosotros", que marca la
pertenencia al mismo grupo. Las personas que conviven habitualmente, aunque esa
convivencia se vea diariamente interrumpida por los quehaceres que cada uno
tiene, cuando se reencuentran no ha llegado a interrumpirse el sentido de
convivencia y restablecen la relación con toda normalidad.
La persona que
deja el hogar, ha salido de ese microcosmos y deja de participar de todos
aquellos detalles y momentos que forman la vida cotidiana y que hace que los
miembros de la familia se sientan como tales. Al marchar, la persona lleva
consigo un "nosotros", una relación, que es lo que ha sido
hasta el día de emprender viaje. A partir de ese momento, sin embargo, dejará
de compartir las vivencias de su familia, del lugar en que habitan, de lo que ha
dicho un vecino, de lo que ha ocurrido en el pueblo de al lado, de una alegría
o un disgusto que ha tenido alguien de la familia, de los amigos. Las personas
no son ya copartícipes de un diálogo, de una relación tú a tú. Su imagen ya
no va acompañada de mil gestos o expresiones. A partir de ese momento sustituirá
a esas personas por recuerdos, recuerdos que, como en una fotografía, quedan
como anclados en un instante del tiempo.
Al mismo
tiempo, esta persona que abandona el hogar, va experimentando una serie de
vivencias, de las que el resto de "los suyos" no participa. El
marino pasa a formar parte de un grupo humano llamado tripulación, cuya vida
está marcada por una rutina y unas costumbres. Cuando regresa a casa, se da
cuenta de que cuando quiere explicar lo que ha vivido, hay como un cierto
cortocircuito y tiene la sensación que muchas de las cosas que explica o
quisiera explicar, no son comprendidas. Por otra parte sufrirá un cambio de
horarios: en la mar se come a las 11 y se cena a las 6; si hacía una guardia de
4 a 8, se acostaba a las 22 o 23 y se levantaba a las 3.45, etc.
Si es un
marino con cargo de mando, supongamos un capitán, nos encontramos con que a
bordo es el que manda y al que, poco más o menos, todo el mundo sirve. Un capitán
italiano me contaba que una de las cosas que más le chocaba cuando estaba de
vacaciones en casa, era ir a alguna oficina pública y hacer cola. Él que
estaba acostumbrado a que en el barco, con una llamada, le traían al camarote
lo que necesitaba y que, si era en tierra, el consignatario ponía un taxi a su
disposición para ir aquí o allá...
Llegamos así
a la conclusión de que el regreso no es fácil; requiere una cierta preparación
psicológica, paciencia y mutua comprensión. En realidad, y salvo excepciones
que siempre pueden darse, a medida que va pasando el tiempo y, sobre todo, si
los períodos de separación son largos y los de convivencia cortos, se va
produciendo un distanciamiento de las personas.
Cuando el
marino se jubila tendrá dificultades para adaptarse a lo que es la vida normal
de tierra. "Muchos marinos, pasado un cierto período de años en la mar,
temen el día en que no puedan volver ya a su mundo familiar de la mar”.
A los
elementos considerados, como la falta de convivencia cotidiana, el haber vivido
durante períodos de tiempo largos situaciones distintas, etc., que justifican
la dificultad que muchas veces tiene el marino para reintegrarse en su familia,
hay otros factores que también hay que considerar como los años de
profesión marinera, la duración de las campañas, la frecuencia y duración de
las vacaciones, el tipo de viajes, el nivel de comunicación mantenido y, por
supuesto, el carácter de las personas y el entorno familiar.
Life at sea and family: two realities in tension
Summary
If there is
something important in the life of a seafarer, it is the family. The
seafarer is clearly aware that he lives and works for them, passes time on board
thinking about them. For his part, the wife and children live dependent on
him and await his return. However, when they finally are reunited, problems
sometimes arise. These depend directly on many factors, such as the
character of people, the kind of voyages, the duration of cruises, the frequency
and length of vacations and, presumably, the level of communication maintained.
First of all,
we find a family that is far from the prototype that this institution has in our
society, and it can be a cause of problems, not only for the fact that living
together is lacking (a basic element in the concept of family), but also for the
possible difficulties of people getting used to one another again once they have
been reunited.
The return of
the seafarer to his home produces various problems. On the one hand it
involves a satisfaction that all hope for and much illusion. On the other,
separation, lack of participation in daily living makes the seafarer often feels
displaced from his home.
The Family
life of the searfarer thus goes through a tension between the desires to be
united and the sometimes difficult reality of a living together of the kind he
is not used to.
Das Leben auf See und die Familie: die Spannungen zwischen zwei Realitäten
Zusammenfassung
Wenn es etwas Wichtiges im Leben der Seeleute gibt, denn ist es die Familie. Für
den Seemann ist es klar, daß er für sie lebt und arbeitet, und seine Gedanken
an Bord gehen immer wieder zur Familie. Er ist überzeugt, daß seine Frau und
seine Kinder abhängig von ihm leben, auf seine Rückkehr wartend. Sind sie
jedoch wieder vereint, treten oftmals Probleme auf. Das hängt von vielen
Faktoren ab, vom Charakter der Personen, die Art des Unterwegsseins, die Dauer
der Schiffahrt, die Häufigkeit und Länge der Ferien und gewiß auch, wie die
Verbindung aufrecht erhalten wurde.
Wir haben es hier mit einer Familie zu tun, die weit entfernt von dem Modell
ist, das diese Institution in unserer Gesellschaft hat. Das kann zu Problemen führen,
und nicht nur, weil das Zusammenleben fehlt (ein grundlegendes Element in der
Konzeption der Familie), sondern auch wegen der möglichen Schwierigkeiten, sich
wieder aneinander zu gewöhnen, wenn man zusammen ist.
So treten mit der Heimkehr des Seemanns in seine Familie verschiedene Probleme
auf. Auf der einen Seite ist da die Freude, die alle ersehnten, und große
Illusionen. Auf der anderen Seite fühlt der Seemann sich fast nicht mehr
vollkommen eingeschlossen aufgrund der langen Trennung und der Unmöglichkeit
am täglichen Leben der Familie teilzunehmen.
Das Familienleben des Seemann ist deshalb gekennzeichnet durch die Spannung
zwischen dem Wunsch, bei der Familie zu sein und der manchmal schwierigen
Wirklichkeit des Zusammenlebens, an das er nicht mehr gewöhnt ist.
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