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  LLAMADA A LOS RELIGIOSOS Y RELIGIOSAS 
DE VIDA CONTEMPLATIVA



Cada año desde 1967, la Iglesia celebra, el domingo anterior a la fiesta de Pentecostés, la " Jornada Mundial para las Comunicaciones Sociales ". El tema que el Santo Padre ha querido que esta vez presidiera la celebración, que tendrá lugar el 3 de junio, es: "Los Medios de Comunicación Social al servicio de la afirmación y promoción de los valores espirituales".

Todos somos conscientes de que estos instrumentos -Prensa, Radio, Televisión, Cine, Discos y otros apenas salidos de manos de los técnicos-ejercen una profunda influencia en el mundo en que vivimos. Atraviesan todas las barreras geográficas y aceleran y contribuyen a realizar la fraternidad y la comprensión entre los hombres. La Iglesia reconoce sus posibilidades y riquezas para realizar la justicia y la paz, la benevolencia y la ayuda mutua, el amor y, consiguientemente, la comunión (Communio et progressio, 12). Constituyen, ciertamente, instrumentos providenciales para el desarrollo personal del hombre y de las relaciones con sus semejantes, según el plan de Dios.

El Papa Pablo VI, en su discurso del pasado 24 de Enero a la Asociación de la Prensa Extranjera en Roma, manifestó su preocupación por lo que afecta hoy al hombre, sus derechos, la familia, la cultura, los problemas económicos y sociales, la construcción de la comunidad internacional. Todo ello en un contexto en que la comunicación social era la protagonista. Y añadía que todos los cristianos tienen un servicio que realizar con todos los demás hombres, informado por la realización del reino de los cielos.

Refiriéndose directamente a los responsables de los Medios de Comunicación Social, el Papa dijo que de su rectitud y responsabilidad depende que la humanidad no se vea ensombrecida, sino iluminada y estimulada por la visión que adquiera a través de unos instrumentos que reflejen un amor incorruptible a la verdad, una búsqueda laboriosa, rectitud, humildad, aptitud para el diálogo. Los profesionales de la comunicación social tienen la responsabilidad de una formación que por ser plenamente humana sea portadora de los auténticos valores espirituales.

Nunca se insistirá lo suficiente en que los Medios de Comunicación son sólo instrumentos sin alma propia. Precisamente por lo poderosos y eficaces que son, deben ponerse al servicio de los valores espirituales, de lo contrario sembrarán error y confusión. Usados con mala voluntad provocarán la destrucción de la opinión pública.

Prensa diaria y otras publicaciones, como también los Medios audiovisuales, están llenos de ejemplos que niegan o conculcan valores fundamentales. Muchas veces, por desgracia, están controlados por individuos o grupos indignos de esta gran responsabilidad, movidos por afán de lucro o por intereses que supeditan el hombre y la verdad a la ambición o al poder, reclamando a éste a través de las tendencias que debiera combatir para alcanzar su madurez humana y cristiana.

Esta realidad frecuente es particularmente dolorosa cuando afecta a quienes han oido la llamada de la Iglesia y cuya conciencia es atropellada en sus convicciones más profundas. O cuando la persona es influida sutilmente con un lenguaje simbólico dirigido al subconsciente, con desprecio de la libertad.

La Iglesia tiene la vocación de proponer los criterios orientadores y valorar las realizaciones servidas con estos instrumentos. Incluso ha de contar con aquellos Medios propios indispensables que le permitan difundir la palabra de Dios en todo el mundo y en todos los ambientes, según el mandato evangélico. Puede también, por otra parte, llamar a la conciencia de los profesionales -particularmente los que desarrollan su actividad en Medios neutros-y suscitar un movimiento de formación del público a fin de que sepa discernir con mentalidad cristiana lo auténtico de lo falso.

Pero no todos los problemas se resuelven con esta educación básica. Se requiere despertar la conciencia de todos los cristianos y hombres de buena voluntad para conseguir mejorar el contenido de los Medios de difusión. Esto significa manifestar aprobación y felicitación ante programas y publicaciones de valor y el desacuerdo y enérgica protesta contra los que ofenden la verdad y el bien.

El problema, en muchos casos, escapa a la acción concreta de la Iglesia en un orden externo. Pero con los medios sobrenaturales, como son el Santo Sacrificio de la Misa, la oración, el sacrificio personal, podemos pedir a Dios luz para mentes, rectitud para la voluntad, de manera que los efectos negativos queden reprimidos y ordenados y estimulados los buenos según el plan de Dios. Sólo con estos medios el Pueblo de Dios podrá captar la acción de la gracia que ilumina y fortalece.

La Jornada Mundial para las Comunicaciones Sociales es una invitación al estudio y una toma de conciencia colectiva, pero sobre todo es un toque de oración, que es la comunicación por excelencia, dirigido a todos los hombres de buena voluntad y especialmente a aquellos que han recibido una llamada personal de Dios que los compromete en este menester fundamental para la vida de la Iglesia.

Debemos admitir -como dijo el Papa en la audiencia general del pasado 14 de febrero- que el mundo actual " no busca ordinariamente la oración, no la saborea, a menudo no la quiere ". Se da una " pereza sicológica " que es el resultado de la sobreabundancia de cosas materiales, contaminadas demasiadas veces de sensualidad y de licencia y de las que con tanta facilidad los Medios de Comunicación Social dan testimonio.

El Papa expresó su gran preocupación por los problemas del hombre moderno y por los influjos que recibe de dichos Medios. Los religiosos y religiosas que, fieles a su profesión de vida integralmente contemplativa, abandonan del todo el mundo por Cristo, deben unir a la contemplación el amor apostólico que se esfuerza en asociarse a la obra de la Redención y de la instauración del Reino de Dios en las relaciones humanas (Perfectae caritatis, 5 y 7). Por tanto, la Comunicación Social no debe quedar aJena a su preocupación.

De ahí que quienes desarrollan su tarea evangelizadora en este importante campo, no puedan por menos que hacer una llamada que comprometa a las comunidades religiosas contemplativas en unas metas comunes de apostolado, ofreciendo un objeto sobradamente digno de la dedicación v empeño en el sacrificio y la plegaria.

Recurrimos a los contemplativos los cuales, aún sin hacer gran uso de los Medios de Comunicación Social, han consagrado toda su vida a la afirmación, a través de su particular testimonio, de los valores del espíritu, que constituyen el centro de la vida y de los cuales, incluso nuestros cristianos de hoy, están expuestos al grave riesgo de quedar privados.

Esta Comisión Pontificia desea, en resumen, obtener este insustituible apoyo en la plegaria e inmolación, a fin de que los Medios presenten cada vez mejor los auténticos valores cristianos de la vida. En realidad la clausura no separa a los que hacen profesión de vida contemplativa del mundo y de la Iglesia sino que, en Cristo, los inserta en la realidad humana de modo más profundo y eficaz. Por este motivo su fiel observancia goza de una particular fecundidad apostólica en la avanzada de la Iglesia. Puede por tanto tenerse la esperanza de que este diálogo fecundo ayudará a obtener de Dios la gracia de hacer extensivo a todos los hombres el verdadero conocimiento y uso de una Comunicación realizada en el ámbito de los valores del espíritu.

Ciudad del Vaticano - Pascua 1973



 EDWARD L. HESTON, C.S.C.
Arzobispo tit. de Numida
Presidente
Andrés M. Deskur
Secretario

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