PONTIFICIA COMISIÓN PARA LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN SOCIAL
INSTRUCCIÓN PASTORAL COMMUNIO ET
PROGRESSIO SOBRE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN SOCIAL PREPARADA
POR MANDATO ESPECIAL DEL CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II
PROEMIO
1. La comunión y el progreso en la convivencia humana son los fines
principales de la comunicación social y de sus instrumentos: la prensa,
el cine, la radio y la televisión. Su creciente perfeccionamiento hace
que lleguen cada vez más fácilmente a todos los hombres; de día
en día influyen más en sus actitudes y en sus vidas, en las que
los medios técnicos están cada vez más introducidos.
2. La Iglesia los ve como "dones de Dios" (1), ya que, según
designio de la divina Providencia, unen fraternalmente a los hombres para que
colaboren así con Su voluntad salvadora.
Una comprensión más plena y un más profundo
conocimiento de la comunicación social y del papel de sus instrumentos
para el bien de la sociedad, son el objeto ya de algunos documentos del Concilio
Vaticano II, especialmente: la Constitución De Ecclesia in mundo(2),
el Decreto De Oecumenismo(3), la Declaración De Libertate
religiosa(4), el Decreto De Activitate missionali(5) y sobre todo el
Decreto dedicado por entero al tema de los Medios de Comunicación Social
(6). Este conocimiento más profundo de la materia, basado en el espíritu
y la doctrina del Concilio, enseñará a los cristianos a conducirse
adecuadamente en el uso de los Medios de Comunicación Social y los animará
a trabajar más intensamente en ellos.
3. Por último esta Instrucción Pastoral nacida del mandato del
mismo Concilio Vaticano II (7), desarrolla, en general, los principios
doctrinales y normas pastorales, sin entrar en aquellos puntos concretos que sólo
pueden ser determinados según las circunstancias de cada momento y lugar.
4. Corresponderá por tanto a los Obispos y sus Conferencias, y en las
Iglesias orientales a los Sínodos, utilizar gustosamente la ayuda de los
peritos y de los organismos diocesanos, nacionales e internacionales, para
llevar a efecto esta Instrucción en un esfuerzo conjunto, explicándola
más detenidamente y acomodándola a las circunstancias concretas de
los hombres y lugares que gobiernan, sin perder de vista la unidad de la Iglesia
entera.
Para ello las Conferencias Episcopales aprovecharán la ayuda que
sacerdotes, religiosos y laicos, cada uno según su función, puedan
aportar, ya que el recto uso de los medios de comunicación social recae
en todo el Pueblo de Dios.
5. Es de esperar que esta Instrucción encuentre la cálida
acogida de todos los que se ocupan de alguna manera de la comunicación
social y de cuantos, con buena, voluntad, desean el progreso de la familia
humana. Y así se conseguirá, que, por el diálogo y la
colaboración, los inmensos bienes que estos instrumentos prometen sean
realidad para todos los hombres.
PRIMERA PARTE
LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN SOCIAL DESDE UN PUNTO DE VISTA
CRISTIANO: PRINCIPIOS DOCTRINALES
6. Los instrumentos de comunicación social, aunque directamente se
dirijan al individuo, afectan y mueven (8) realmente a toda la sociedad, llevan
rápidamente el conocimiento de la vida del mundo de hoy a muchos hombres,
mostrando el estilo y mentalidad de nuestro tiempo. Por eso han de ser juzgados
como necesarios para las estrechas y cada vez más intensas relaciones y
tareas de nuestra sociedad. Y así, les afectan también los mismos
principios que regulan y rigen las relaciones humanas bajo un punto de vista
cristiano. Por un providencial designio, estos mismos inventos se ordenan a
revelar los interrogantes y esperanzas de la sociedad humana, a darles respuesta
y a que los hombres se unan más estrechamente. Este es el principio
fundamental del que se deduce la valoración cristiana de las
posibilidades de prosperidad humana que estos instrumentos aportan.
7. Dondequiera que el esfuerzo humano pretende mejorar las condiciones de la
vida terrestre, y especialmente siempre que se trata de los más modernos
prodigios de la ciencia humana y los grandes éxitos de la técnica,
la visión de los cristianos y su juicio sobre el mismo hombre, sobre las
relaciones humanas y sobre la historia entera ve en ellos una respuesta -muchas
veces inconsciente- al precepto divino de "poseer y dominar la tierra"
(9), a la vez que una participación al plan de Dios Creador y Conservador
de las cosas (10). Y en esta consideración y perspectiva se sitúan
los medios de comunicación social ya que son muy eficaces para la difusión
del conocimiento y, por lo tanto, para toda colaboración. Dios al crear
al hombre a su imagen, le dió participación en su mismo poder
creador para construir la ciudad terrena (11).
8. Por su propia naturaleza la comunicación social intenta crear en
los hombre un mayor sentido comunitario, aumentando el intercambio entre unos y
otros. Y así todo hombre unido fraternalmente a los demás
contribuye, como llevado de la mano de Dios (12), a realizar el plan divino en
la historia. Según la fe cristiana el acercamiento y la comunión
entre los hombres es el fin primero de toda comunicación que tiene su
origen y modelo supremo en el misterio de la eterna comunión divina del
Padre, del Hijo y del Espíritu Santo que existen en una misma vida
divina.
9. Los instrumentos de comunicación, pueden sin duda, ayudar mucho a
la unidad de los hombres; sin embargo, el error y la falta de buena voluntad
pueden producir el efecto contrario: menor entendimiento entre los hombres y
mayores disensiones, que engendran innumerables males. Con demasiada frecuencia
experimentamos cómo, a través de los instrumentos de comunicación,
se niegan o se adulteran los valores fundamentales de la vida humana. Una
mentalidad cristiana deduce de estas aberraciones la necesidad de que el hombre
se libere del pecado que entró en la historia humana con la caída
original (13).
10. Cuando el hombre por su propia culpa se aparta de su Creador, por el
desorden que sigue el pecado, cae en la discordia, después en el
enfrentamiento con sus hermanos y por último, en el rompimiento de toda
comunión (14). Pero el amor de Dios a los hombres no soporta ser
repudiado. El fue quien inició la comunicación con los hombres,
empezando así la historia de la salvación (15) y al llegar la
plenitud de los tiempos se comunicó Él mismo con ellos (16): "El
Verbo se hizo carne" (17).
Cuando, por su muerte y resurrección, Cristo, el Hijo encarnado, a la
vez Palabra y Imagen del Dios invisible (18), liberó a la raza humana,
compartió con todos la verdad y la vida de Dios mismo con una nueva y
mayor abundancia. El mismo como único mediador entre el Padre y los
hombres establece la paz, la comunión con Dios y restaura la fraterna unión
entre los hombres (19). Desde entonces el fundamento último y el primer
modelo de la comunicación entre los hombres lo encontramos en Dios que se
ha hecho Hombre y Hermano y que después mandó a los discípulos
que anunciaran la buena nueva a todos los hombres de toda edad y región
(20), proclamándola "a la luz" y "desde los tejados"
(21).
11. El mismo Cristo en su vida se presentó como el perfecto "Comunicador".
Por la "encarnación" se revistió de la semejanza de
aquellos que después iban a recibir su mensaje, proclamado tanto con
palabras como con su vida entera, con fuerza y constancia, desde dentro, es
decir, desde en medio de su pueblo. Sin embargo, se acomodaba a su forma y modo
de hablar y pensar ya que lo hacía desde su misma situación y
condición.
Por otra parte, la comunicación lleva consigo algo más que la
sola manifestación de ideas o expresión de sentimientos. Según
su más íntima naturaleza es una entrega de sí mismo por
amor; y la comunicación de Cristo es "espíritu y vida"
(22). En la institución de la Sagrada Eucaristía, Cristo nos dejó
la forma de comunión más perfecta que puede darse en este mundo, a
saber: la comunión entre Dios y el hombre y, mediante ella, la más
perfecta y estrecha unión entre los hombres mismos. Por último,
Cristo nos comunicó su Espíritu Vivificador que es el principio de
todo acercamiento y unidad (23).
Con la Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo y plenitud misteriosa de
Cristo glorificado, "El llena todas las cosas" (24) y así hace
que en la Iglesia, por la fuerza de la palabra y de los sacramentos, caminemos
hacia la esperanza de la unión definitiva, "cuando Dios será
todo en todos" (25).
12. "Entre los maravillosos inventos de la técnica" (26)
con los que se realiza la intercomunicación social de los hombres, el
cristiano encuentra aquellos instrumentos que, por providente designio de Dios,
han sido logrados para que prospere la mutua comunicación entre los
hombres mientras peregrinan en el mundo, pues establecen nuevas relaciones entre
ellos y, por así decirlo, crean un lenguaje nuevo que les permite
conocerse más exactamente y acercarse más fácilmente los
unos a los otros. Y cuanto más libremente se comprenden y más
cordialmente se vuelven hacia los demás, tanto más caminan hacia
la justicia y la paz, la benevolencia y la mutua ayuda, el amor y,
consiguientemente, hacia la comunión. Por lo cual los instrumentos de
comunicación, se cuentan justamente entre las más eficaces
posibilidades y riquezas que el hombre puede usar para confirmar esa caridad que
a la vez expresa y engendra comunión.
13. Por lo tanto, todos los hombres de buena voluntad son invitados a
trabajar coordinadamente para que los instrumentos de comunicación social
sean útiles para el descubrimiento y conquista de la verdad y para el
desarrollo y progreso humanos. Y aún más los cristianos quienes
por su fe saben que el mensaje del Evangelio, difundido por los medios de
comunicación, promueve la fraternidad humana bajo la paternidad de Dios.
La mutua comunión y la eficaz colaboración entre los hombres
descansan ante todo en su libre voluntad que se mueve por razones unas veces
nacidas de la propia mentalidad y otras, de la sociedad o de la técnica.
Así, el hecho de ser utilizados por la libertad humana, es lo que da a
los instrumentos de comunicación social su importancia y sentido últimos.
14. Por lo cual, como el hombre mismo es la norma en el uso de los Medios de
comunicación, los principios morales que a ellos se refieren, deben
apoyarse en la conveniente consideración de la dignidad del hombre,
llamado a formar parte de la familia de los hijos adoptivos de Dios. Por otro
lado, estos principios dimanan de la íntima naturaleza de la comunicación
social y de las peculiaridades de cada uno de estos instrumentos. Como se
concluye del Decreto Gaudium et spes: "Por la propia naturaleza de
la de la creación todas las cosas están dotadas de consistencia,
verdad y bondad propias y de las propias leyes y orden que el hombre debe
respetar..." (27).
15. Así, pues, cuantos quieran situar debidamente los medios de
comunicación dentro de la historia de la Creación y de la
Encarnación redentora, y asegurar por ello su misma honestidad, tendrán
que contemplar al hombre en su integridad y conocer perfectamente la naturaleza
de la comunicación social y de sus instrumentos.
Todos "los difusores" (esto es: los profesionales de los medios de
comunicación), cada uno según su propia conciencia, deben
esforzarse en conseguir la capacitación necesaria para el ejercicio de
tal profesión (28)28, y esto tanto más, cuanto mayor sea su
responsabilidad. Mayor obligación aún corresponde a quienes deben
iluminar y formar el juicio y criterio de otros, sobre todo, si se dirigen a
personas de escasa madurez y cultura. Esa necesidad y esa obligación
incluyen todo aquello que, de un modo u otro, puede enriquecer o empobrecer la
personalidad humana de los individuos o de los grupos sociales.
No debe, pues, omitirse esfuerzo alguno para que "los receptores"
(esto es: los que se benefician de lo que leen, oyen o ven) se capaciten para
interpretar exactamente cuanto les suministran estos instrumentos, y para
beneficiarse lo más posible y poder participar activamente en la vida
social; sólo así estos instrumentos conseguirán su plena
eficacia.
16. El conjunto de las obras llevadas a cabo por los Medios de comunicación,
en cada lugar, debe juzgarse y valorarse en la medida en que sirvan al bien común
(29)29, esto es: sus noticias, su arte y sus diversiones han de ser útiles
a la vida y progreso de la comunidad.
Estos instrumentos han de informar. Es decir han de dar cuenta de los
acontecimientos en su contexto, sin aislarlos de la realidad, de manera que
cuantos ven u oyen, comprendan a fondo los difíciles problemas de la
sociedad y puedan prestar así su atención y esfuerzo a su
perfeccionamiento. Por lo cual ha de mantenerse la debida proporción
entre las noticias, la enseñanza y el pasatiempo, y entre las diversiones
selectas y populares.
17. Es necesario que toda comunicación se ajuste a la ley primordial
de la sinceridad, de la honradez y de la verdad. No bastan, pues, la buena
intención y la recta voluntad, para que la comunicación resulte,
sin más, honesta. Es además necesario que la comunicación
difunda los hechos a partir de la verdad, esto es, que dé una imagen
verdadera de las cosas y que ella misma tenga su propia verdad intrínseca.
La estima y valor moral de una comunicación no nace sólo de su
contenido ni de su enseñanza teórica, sino también del
motivo que la determina, del modo y técnica de expresión y
persuasión, de las circunstancias y de la diversidad misma de los hombres
a los que se dirige (30).
18. La comprensión, el conocimiento mutuo y una colaboración más
eficaz de todos, que la comunicación social es capaz de promover de modo
admirable, son metas que concuerdan con los mismos fines del Pueblo de Dios, que
las confirma y perfecciona. "Pues la promoción de la unidad
concuerda con la misión íntima de la Iglesia" ya que ella es "en
Cristo como sacramento o señal e instrumento de la unión íntima
con Dios y de la unidad de todo el género humano" (31).
SEGUNDA PARTE
LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN SOCIAL FACTORES DEL PROGRESO HUMANO
CAPÍTULO I
ACTUACIÓN DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN SOCIAL EN LA
SOCIEDAD HUMANA
19. Los modernos adelantos de la comunicación humana, congregan, por
así decirlo, a los hombres de nuestro tiempo, en un estrecho círculo
de diálogo, que persigue la fraternidad y colaboración de todos. A
través de estos instrumentos se promueve y difunde el cotidiano diálogo
de los hombres entre sí, y así se da origen y curso por doquier al
diálogo público de la sociedad entera. La afluencia de noticias y
opiniones así difundidas, hace realmente que todos los hombres en todo lo
ancho de la tierra, participen de los asuntos y dificultades que afectan tanto a
cada uno como a toda la humanidad. Y con esta difusión se realizan las
condiciones necesarias para la mutua comprensión y benevolencia y, por lo
tanto, para el común progreso.
20. Los instrumentos de comunicación, aceleran la desaparición
de las barreras que los tiempos y las circunstancias locales habían
levantado entre unos hombres y otros y se nos presentan como artífices de
una cercanía más estrecha y de una unidad más firme. Por
ellos, cualquier rumor o noticia llega al instante al último rincón
del orbe y permite que los hombres sigan mucho más activamente la vida y
acontecimientos del mundo de hoy. También la transmisión de la
enseñanza en cualquier grado se beneficia de estos instrumentos, que son
maravillosamente útiles, tanto en la lucha contra el analfabetismo, como
para la instrucción básica o su perfeccionamiento. Son igualmente
válidos para la promoción y auténtica liberación de
los hombres, sobre todo en las zonas de lento desarrollo. Más, aún,
crean y defienden una mayor igualdad entre los hombres, al permitir que todos
los estamentos sociales sin distinción disfruten de los mismos bienes
morales y de las mismas diversiones. Finalmente, enriquecen el espíritu,
ya que por medio del sonido y de la imagen viva, hacen visibles y concretas las
cosas, y a la vez aproximan las regiones más apartadas o los tiempos más
remotos. Y en los países menos cultos -aún cuando sus formas
culturales y humanas deben ser apreciadas en mucho-, de hecho los ciudadanos
terminan por asimilar rápidamente las formas de vida más actuales
y modernas.
21. La consideración de tales posibilidades nos persuade a considerar
los instrumentos de comunicación social como elementos poderosísimos
del progreso humano, por lo que se han de superar con perseverancia las
dificultades que pueden traer consigo. Tanto los "difusores", como los
"receptores" deben sentirse interpelados por estas dificultades, y
esforzarse en dar respuesta a los problemas que plantean. Así, ¿cómo
garantizar que las noticias, que tan abundante y constantemente se difunden, y
muchas veces de manera confusa a causa de su misma celeridad, se valoren y se
disciernan con exactitud? Los instrumentos de comunicación social al
dirigirse por su misma naturaleza al mayor número posible de receptores,
y al optar por una neutralidad que no moleste a nadie, ¿cómo se
conseguirá entonces que el pueblo, en una sociedad "pluralista",
discierna con seguridad lo verdadero y lo falso, lo bueno y lo malo? ¿Cómo
podrá evitarse que, en el juego de la libre competencia, el deseo de
popularidad someta estos instrumentos o los empuje a despertar o exacerbar los
impulsos menos generosos y honestos del hombre? ¿Cómo se impedirá
que un uso excesivo de los mismos ahogue la conversación y el trato
personal en nuestra sociedad? ¿Cómo se utilizarán estos
medios sin que resulten dañadas las relaciones entre las personas,
especialmente cuando la información se transmite por medio de imágenes?
Y como muchas veces invitan al hombre a la evasión, ¿cómo
lograr que no lo aparten de las realidades de la vida actual? ¿Cómo
se evitará que los hombres caigan en la desidia, en la pereza?
Finalmente, ¿cómo hacer que una solicitación constante de los
sentidos no termine por imponerse al uso mismo de la razón?
22. El descenso de la moralidad que se percibe en muchos aspectos de la vida
actual preocupa profundamente a todos los hombres de buena voluntad; y los
signos de esta nueva situación se advierten fácilmente en todos
los medios de comunicación social. Es discutible, qué parte de
culpa se les pueda imputar en esta situación. Pues muchos piensan que los
Medios de Comunicación no son más que el reflejo de las costumbres
de la sociedad humana. Otros sostienen que refuerzan y propagan aún más
esas tendencias, y que al presentarlas como corrientes en la vida humana, hacen
poco a poco que se hagan usuales. No faltan, por fin, quienes quieran atribuir a
los medios de comunicación la mayor parte de la culpa.
Como quiera que sea, no puede negarse que la sociedad misma está
asediada por estos males y que para remediarlos y corregirlos, es necesaria la
intervención de los padres y educadores, de los pastores de almas y de
cuantos han de procurar el bien común. En este laudable intento les
corresponde no poco a los medios de comunicación, aunque no se puede
evitar que éstos no reflejen la misma vida y las costumbres públicas.
23. Para que se conozcan mejor y se comprendan con más seguridad los
beneficios que realmente ofrecen a la humanidad las comunicaciones sociales y
para que así, sobre todo, puedan superarse sus dificultades, conviene
sopesar profundamente los aspectos principales de la influencia de estos medios
en las relaciones humanas.
I. La opinión pública
24. Los instrumentos de comunicación son como un foro público
donde los hombres recíprocamente se hablan. En este diálogo, la
formulación y el choque de las diversas opiniones que se difunden,
afectan profundamente la vida misma de la sociedad, la enriquecen y hacen que
vaya madurando su progreso.
25. La "opinión pública", que es característica
y propiedad de la sociedad humana, nace del hecho de que cada uno, espontáneamente,
se esfuerza por mostrar a los demás sus propios sentimientos, opiniones y
afectos, de manera que acaban convirtiéndose en opiniones y costumbres
comunes.
Ya Pío XII presenta agudamente la opinión pública como "el
eco natural, la resonancia común, más o menos espontánea,
de los sucesos y de la situación actual en los espíritus y en los
juicios de los hombres" (32).
La libertad de expresar la propia opinión, es factor y elemento
necesario en la formación de la opinión pública. Y así
ocurre que las opiniones expresadas públicamente revelan a los demás
el estado de espíritu y el criterio de importantes grupos, en un
determinado contexto de lugar, tiempo y costumbres.
26. La libertad, por la que cada uno puede expresar sus sentimientos y
opiniones, es necesaria para la formación recta y exacta de la opinión
pública. Conviene pues, con el Concilio Vaticano II, defender la
necesidad de la libertad de expresión, tanto para los individuos como
para la colectividad, dentro de los límites de la honestidad y del bien
común (33). Y puesto que se exige la colaboración de todos para el
real progreso de la vida social, es necesaria también la libre
confrontación de opiniones para que, aceptadas unas y rechazadas o
perfeccionadas otras, y conciliadas y acomodadas las demás, terminen las
más sólidas y constantes por crear una norma común de acción.
27. De esto se concluye fácilmente, que la función de los
informadores es muy importante: pues tienen una gran influencia para formar las
opiniones y para reunirlas y difundirlas. Ya que permiten, además, que éstas
se comparen entre sí con criterio libre y lúcido.
28. Todos los ciudadanos son invitados a concurrir a la formación de
la opinión pública, incluso por medio de delegados que interpreten
sus puntos de vista (34). Los que profesionalmente, o por cualidades propias o
cualquier otro tipo de motivos, son estimados e influyen en la sociedad, juegan
un papel de gran peso en la creación de la opinión pública,
al expresar su propia opinión.
Por lo cual su responsabilidad es tanto mayor cuanto más capaces son
de arrastrar a otros con su ejemplo.
29. Sólo será lícita la propaganda o "campaña
publicitaria" cuando su finalidad y métodos sean dignos del hombre,
cuando intente servir a la verdad y aproveche al bien común, tanto
nacional como universal, sea de los individuos o de las colectividades.
30. En cambio, una forma de persuasión que obste al bien común,
que intente impedir la pública y libre opinión, que deforme la
verdad o infunda prejuicios en las mentes de los hombres, difundiendo verdades a
medias, o discriminándolas según un fin preestablecido, o pasando
por alto algunas verdades importantes, daña la legítima libertad
de información del pueblo y por ello no debe admitirse en forma alguna. Y
esto hay que subrayarlo tanto más, cuanto que el progreso de las ciencias
humanas y especialmente de la psicología y de los nuevos inventos en el
campo de la comunicación social, confiere un poder cada vez mayor a esta
suerte de propaganda.
31. Pero no toda opinión, por el hecho de estar muy difundida y de
afectar a un gran número de personas, ha de tenerse sin más por
opinión pública. Pues, pueden coexistir, en un mismo lugar y
simultáneamente, opiniones contradictorias, aunque una de ellas cuente
con el apoyo de muchos. Por el contrario, la opinión de la mayoría
no siempre es la mejor ni la más próxima a la verdad. Además
la opinión pública cambia con frecuencia, perdiendo unas veces,
ganando otras, su fuerza entre las masas. Por todo esto no deben adoptarse
demasiado rápidamente las opiniones que están en boca de todos. Es
más, puede haber razones obvias, que aconsejen oponerse directamente a
ellas.
32. No obstante, las opiniones que corren más abiertamente, dado que
manifiestan la mentalidad y deseos del pueblo, deben ser tomadas en atenta
consideración, sobre todo, por las autoridades tanto religiosas como
civiles.
II. El derecho a obtener y comunicar la información
33. Para que la opinión pública surja de la forma que le es
propia, es necesario que, en primer lugar, se conceda a todos los miembros de la
sociedad la posibilidad de acceso a las fuentes y a los canales de información,
así como la posibilidad de exponer libremente su pensamiento. La libertad
de opinión y el derecho a informarse y a informar, son inseparables. Juan
XXIII (35), Pablo VI (36), y el Concilio Vaticano II (37), han defendido clara y
manifiestamente este derecho a investigar la verdad, que se basa en una auténtica
necesidad del hombre mismo y de nuestra sociedad actual.
a) Acceso a las fuentes y medios de transmisión de las noticias
34. Es necesario que el hombre de nuestro tiempo conozca las cosas plena y
fielmente, adecuada y exactamente, primero para comprender el mundo, sujeto a
mutaciones, en el que se mueve, después para adaptarse a las cosas mismas
que con un constante cambio exigen cada día un criterio y juicio, para así
participar activa y eficazmente en su ambiente social, y por último para
hacerse presente en las distintas situaciones económicas y políticas,
sociales, humanas y religiosas de hoy. Al derecho que nace de estas necesidades
apuntadas, corresponde la obligación de adquirir información de
las cosas; pues este derecho no podrá ejercerse, si el hombre mismo no se
esfuerza por informarse. Por lo cual es necesario que tenga a su alcance ayudas
y medios variados entre los que pueda elegir libremente de acuerdo con sus
necesidades, tanto privadas como sociales. Sin la diversidad real de fuentes de
comunicación es ilusorio, queda anulado, el derecho de información.
35. La sociedad misma, en sus distintos planos, necesita esta información
para funcionar adecuadamente. Necesita igualmente, ciudadanos bien informados.
Así, este derecho a la información hoy se considera no sólo
un derecho individual, sino una verdadera exigencia del bien común.
36. A los que, por profesión, tienen que difundir la información,
les corresponde una importante y difícil tarea, frecuentemente expuesta a
conflictos. Con frecuencia se ven obstaculizados por aquellos a quienes interesa
oscurecer u ocultar la verdad. Esto ocurre especialmente a los corresponsales
que transmiten los acontecimientos desde el lugar mismo, para lo cual muchas
veces tienen que desplazarse hasta los últimos rincones del mundo (38). E
intentando ver "los acontecimientos tal como se desarrollan" (39),
muchas veces se ven obligados a exponer sus vidas a grandes peligros; tanto, que
muchos han muerto por cumplir su misión. Pues teniendo los hombres
derecho a conocer la situación y realidad, especialmente de los lugares
en que hay conflictos y guerras que interesan y angustien tanto a toda la
humanidad, se ha de proteger siempre y por todos los medios la integridad e
incolumidad de esos corresponsales. Por eso la Iglesia lamenta y condena
cualquier violencia que se les inflija, a ellos o a cualquier otro informador
que, para adquirir o enviar las noticias, reclame y exija el ejercicio de este
derecho humano.
37. Además de la dificultad que tiene el hombre de percibir y
manifestar la verdad íntegramente, ocurre también que los mismos
informadores, cuando tienen que comunicar alguna novedad, tienden a destacar
solamente aquellos aspectos más novedosos o de mayor interés.
Otra dificultad se deriva de que los informadores, de entre gran cantidad de
noticias, tienen que escoger las que juzgan de mayor importancia y de mayor
interés para la curiosidad del público. Con lo que sucede que el
conocimiento de un hecho resulta fraccionario y no siempre responde a la total
importancia del acontecimiento.
38. Además de esto, los informadores, como tienen que comunicar las
cosas íntegras, fácilmente comprensibles y rápidamente,
cada vez más, buscan los comentarios de los peritos en las distintas
materias, para que expliquen las causas y circunstancias de los acontecimientos
y expresen sus propios juicios. No obstante, los hombres fidedignos y
conscientes de su cargo, si son gobernantes o dirigentes, con razón
rehuyen el describir o comentar un acontecimiento sobre la marcha antes de haber
investigado toda la situación y contexto. Por lo cual, como los medios de
comunicación, por su misma naturaleza, exigen noticias y comentarios
repentinos, ocurre muchas veces que los periodistas más superficiales e
ineptos ganan la delantera, siendo además los que encuentran mayores
oportunidades de trabajo. Los auténticos profesionales deben cuidar de
que esto no ocurra. En cuanto sea posible, han de esforzarse en obtener las
noticias más recientes, de modo que sean ellos quienes se adelanten a dar
la información y la den más exacta.
39. Hay aún otra dificultad, y es que las noticias para conservar la
actualidad y conseguir la atención del público han de difundirse
con la máxima celeridad. Además, la competencia impone sus
exigencias comerciales. Y esta necesaria rapidez obstaculiza una verdadera
exactitud. Aún más, los informadores han de tener en cuenta el público,
sus gustos y culturas y qué es lo que, ante todo, desea conocer y
recibir. Aún en estas circunstancias tan difíciles, los
informadores deben esforzarse en ser fieles a la verdad al difundir las
noticias.
40. Además de estas dificultades que nacen de la misma naturaleza de
la información y de los medios de comunicación, se presentan otras
a los informadores: han de presentar las cosas a un público, en general
apresurado y distraído, de la manera que más atraiga su
curiosidad. Pero le está prohibido al informador impresionar al público
por medio de tal selección de temas, de tal dramatización de los
hechos que puede adulterar la misma noticia.
41. El público, al recibir noticias fragmentadas puede concebir una
noción deforme o inexacta de la totalidad. Se podrá de alguna
manera restablecer el equilibrio con una continua confrontación de
fuentes diversas que, eso sí, siempre habrá que discernir
cuidadosamente.
Por último, los "receptores", deben tener en cuenta y
comprender bien la situación de los profesionales de la información
y no exigirles una perfección absoluta que rebase las posibilidades
humanas. Lo que sí tienen, es el derecho y el deber de exigir que se
corrijan rápida y claramente las noticias falsas o deformadas, de señalar
las posibles omisiones y de protestar cuantas veces los medios de comunicación
social hayan deformado los hechos mismos al sacarlos de su contexto o al darles
mayor o menor importancia de la que tienen. Este derecho de los receptores de la
información puede garantizarse eficazmente por códigos creados por
los mismos informadores, o si no los hubiere, por las leyes nacionales o
internacionales.
42. Ciertamente el derecho de información tiene determinados límites,
siempre que su ejercicio choca con otros derechos, como son: el derecho a la
verdad que ampara la buena fama de los hombres y de toda sociedad; el derecho a
la vida privada, que defiende lo más íntimo de las familias y de
los individuos (40); el derecho al secreto, si lo exigen las necesidades o
circunstancias del cargo o el bien público.
Estando en juego el bien común, la información ha de ser
prudente y discreta.
43. La descripción cruda de temas crueles o violentos exige una gran
atención y cuidado exquisito. Sin duda, la violencia y la crueldad
manchan la vida humana como se comprueba en las más recientes
convulsiones. Podrían presentarse siempre que se haga de manera que los
receptores las rechacen. Aunque si estas escenas crueles se ponen ante los ojos
con excesiva frecuencia y con toda viveza, hay el peligro de deformar la visión
exacta de la vida humana y sus reales circunstancias, o de que incluso se
engendre -como muchos peritos piensan- una psicosis o ambiente que hagan de la
fuerza y de la violencia formas habituales de resolver los conflictos.
b) La libertad de comunicación
44. Este derecho a ser informado adecuadamente, se relaciona con la misma
libertad de comunicación. La vida social se apoya de hecho en el
intercambio y diálogo constantes de los individuos y de los grupos entre
sí. Esto es absolutamente necesario para la mutua comprensión y
cooperación. Al intervenir en este contacto, la voz de los instrumentos
de comunicación cobra una nueva dimensión, ya que así en la
vida y progreso de la sociedad toman parte muchas más personas.
45. El hombre es un ser social; por ello, le es necesario manifestar sus
pensamientos y compararlos con los de los demás. Y esto es hoy más
necesario que nunca, cuando son los grupos o equipos más que cada hombre
aisladamente, quienes realizan las obras de investigación y los
descubrimientos. Por lo demás, cuantas veces los hombres, según su
natural inclinación, intercambian sus conocimientos o manifiestan sus
opiniones, están usando de un derecho que les es propio, y a la vez
ejerciendo una función social.
46. Las sociedades "pluralistas" que admiten la diversidad de
partidos comprenden perfectamente cuánto interesa poder difundir
libremente noticias y opiniones, para que así los ciudadanos participen
activamente en la vida social y así garantizan esa libertad con leyes
oportunas. La Declaración Universal de los Derechos del Hombre ha
proclamado esta libertad como un derecho primario, afirmando también implícitamente
la necesaria libertad de los medios de comunicación social.
47. En la práctica, esta libertad de comunicación, incluye la
libertad de los individuos y los grupos para investigar, para difundir a todas
partes las noticias y para utilizar libremente los medios de información.
Sin embargo, una libertad de comunicación que en su ejercicio no tenga en
cuenta las exigencias intrínsecas y los límites del derecho a la
información más serviría en realidad al difusor o
informador que al público.
III. Educación, cultura y ocio
48. En el vasto campo de la educación, se abren cada vez más
amplias e importantes funciones a los medios de comunicación social. En
muchos lugares los medios audiovisuales, las cintas sonoras y visuales
(cassettes) y los aparatos de radio y televisión han llegado a ser
instrumentos corrientes en la enseñanza, que hacen accesibles, a cada vez
mayor número de personas, el quehacer de los expertos en cualquier
materia. Por otra parte los instrumentos de comunicación social ayudan y
potencien los sistemas de enseñanza ya establecidos, a la vez que
permiten :que los adolescentes y los adultos puedan completar su instrucción.
Y donde los medios pedagógicos sean insuficientes, pueden servir para la
educación religiosa, y para remediar de muy distintas formas el
analfabetismo. Enseñan también la agricultura, la higiene, la
medicina y las normas de la promoción comunitaria.
En cuanto sea posible, esta utilización de los medios de comunicación
debe constituir un auténtico diálogo, de forma que, los discípulos
participando de su poder creador, no sólo se instruyan, sino que se
acostumbren a expresarse por estos mismos medios.
49. Los medios de comunicación, que de por sí constituyen ya
una clara expresión y parte notable de la cultura actual, permiten, de un
modo peculiar, poner al alcance de gran parte y aun de todos los hombres, las
obras artísticas y culturales más importantes. Y constituyen así
un auténtico progreso de la sociedad humana, tanto como la misma superación
y supresión de la desigualdad social y económica.
50. Estos medios son capaces de enriquecer notablemente la cultura de hoy. Y
los informadores deben ser conscientes del derecho de todos a participar en la
cultura y por ello han de usar decididamente los llamados "Medios de Masa"
para llegar a un número mayor de grupos y de personas. Estos medios
permiten también atender y servir a los distintos grupos y niveles de
cultura ya que con eficacia y amenidad presentan obras de todos los géneros
artísticos.
El público puede así usar fácilmente estos medios para
cultivar su mente y perfeccionar su espíritu, con tal de que añada
su propia reflexión, e intercambie su pensamiento y sus puntos de vista
con los demás.
51. Un ejemplo de la utilidad de los instrumentos de comunicación en
el campo de la cultura, lo encontramos en el folklore y el arte de muchas
regiones, en las que las narraciones, representaciones teatrales, canciones y
danzas encierran un tesoro secular de la cultura de un pueblo. Por su perfección
técnica, los instrumentos de comunicación pueden difundir
ampliamente esos bienes de la cultura nativa y conservarlos en grabaciones para
que así una y otra vez se disfrute de ellos y lleguen a lugares donde se
habían perdido. De esta forma, ayudan a imprimir en un pueblo el sentido
de su identidad cultural y a expresarlo, y también a deleitar y
enriquecer otras culturas y pueblos.
52. No puede olvidarse que muchas obras de notable valor -sobre todo en la música
y el teatro- se representaron primero como espectáculos de esparcimiento,
de donde se comprueba que estas diversiones pueden ser muy útiles a la
cultura (41). En nuestros días, por los medios de comunicación,
los más elevados géneros artísticos procuran, a un
creciente número de personas, una recreación -en el sentido más
pleno de la palabra- cada vez más necesaria en nuestra sociedad tan
complicada. El simple deleite tiene también su importancia, ya que libera
al pensamiento de las preocupaciones diarias y llena útilmente el tiempo
libre. Por eso la variedad de obras que estos medios nos ofrecen para llenar el
ocio es muy útil al hombre actual. Sin embargo los oyentes deben
moderarse para que el arte y belleza de las mismas obras que se exhiben o el afán
de saber no les lleve a abandonar las obligaciones ni pierdan inútilmente
el tiempo.
53. Los mismos medios de comunicación son un capítulo nuevo de
la cultura actual ya que afectan a la vez a masas humanas. Pueden enriquecer la
cultura y también despojarla de su belleza y dignidad, porque con
frecuencia se acomodan a la capacidad y comprensión del nivel cultural más
bajo de oyentes o lectores. Y como se dedica a estos medios dé comunicación
tanto espacio, puede el hombre perder el tiempo en un ejercicio mediocre de su
entendimiento y despreciar las cosas más elevadas y útiles. Una
continuada contemplación de obras un tanto superficiales, casi fatalmente
hará que se deteriore la delicadeza y profundidad de juicio de quienes
habían ya conseguido una cultura superior. Este peligro sólo se
evitará si el productor no solamente se preocupa por los valores
culturales, sino que añade a esa buena voluntad un amplio conocimiento
del arte de educar. Los instrumentos de comunicación pueden además,
alcanzar un altísimo grado de perfección artística, sin que
por ello resulten más difíciles o inaccesibles a la mayoría.
IV. Las artes
54. Los modernos sistemas de comunicación difunden al mundo entero
las formas artísticas antiguas, y a la vez crean nuevos géneros.
La red de comunicaciones cubre todo el mundo y multiplica las posibilidades de
relación entre los pueblos; además para muchas obras se requiere
la colaboración de autores de naciones diversas, siendo normal que los
autores y usuarios de estos medios busquen unos criterios de carácter
universal, válidos para todas las formas artísticas antiguas y
modernas, capaces además de incorporar y respetar el arte de todas las
naciones y culturas, y de las minorías dentro de cada cultura.
55. La importancia y valor de las obras de arte han de ser estimadas como
algo objetivo. La belleza eleva espontáneamente el espíritu de
quien la contempla. Cualquier obra artística puede reflejar y manifestar
la condición humana hasta su ultimo repliegue, puede descubrir, por medio
de los sentidos, las realidades espirituales y morales, puede dar al hombre un
mayor conocimiento de sí mismo, y lo que es más valioso, no sólo
en el plano literario y artístico, sino también en el de la moral
y la religión.
"Cuando vosotros, escritores y artistas sabéis sacar de las
vicisitudes humanas, por humildes y tristes que sean, un acento de bondad, súbitamente
un rayo de belleza inunda vuestra obra. No se os pide que os convirtáis
en moralistas, sino que tengáis fe en vuestro poder secreto: hacer
entrever el campo de luz que hay tras el misterio de la vida humana" (42).
56. Quien quiera comprender la mentalidad y carácter de una época,
tendrá que investigar, además de la historia y sus
acontecimientos, también las obras literarias y artísticas porque
ellas, con mayor profundidad y lucidez y con mayor exactitud que cualquier
descripción, muestran el genio, los ideales, los pensamientos y el estilo
de cada pueblo. Hasta cuando los artistas con su fantasía parecen escapar
de este mundo real, permiten un conocimiento profundo de la naturaleza y ser
humanos. Las mismas obras de imaginación, nacidas del talento del actor,
representando la vida y hechos de los hombres en un marco ficticio, a su modo
enseñan la verdad. Pues aunque no sean reales objetivamente, sin embargo
descubren la realidad de la vida en la medida en que éstas recojan
elementos de la vida humana (43). Más aún, estas obras nos
descubren las fuentes mismas del dinamismo del hombre, desentrañándolo
de tal manera que los espíritus clarividentes pueden en ellas adivinar
las líneas del progreso humano.
57. El Papa Pío XII enseña que la vida humana "no se podría
comprender, al menos en los grandes conflictos, si se cierran los ojos a los crímenes
y a los vicios que tantísimas veces los causaron (...). ¿Puede una
película ideal tomar como argumento tal tema? Los grandes poetas y
escritores de todos los tiempos y de todos los pueblos han abordado esta difícil
y cruda materia y lo seguirán haciendo en adelante. Siempre que el
conflicto con el mal, y aun su victoria pasajera, en relación con todo el
conjunto, sirve para la mayor comprensión de la vida, de su recta dirección,
del dominio de su propia conducta, del esclarecimiento y consolidación
del criterio y de la acción, entonces esa materia puede ser elegida y
tratada, como argumento parcial, en la entera acción del espectáculo.
Se aplica el mismo criterio que debe sobreentenderse en todo género artístico
similar" (44).
Se trata entonces de una obra útil para el progreso moral; pues el
valor artístico y la bondad moral, que ciertamente son distintos, no sólo
no se oponen sino que mutuamente se reclaman y refuerzan.
58. Una obra de arte crea dificultades en el orden moral cuando sus
espectadores, sea por su edad, por ignorancia o por defecto en su formación,
no pueden, debidamente o sólo muy difícilmente, discernir lo malo
y deshonesto. El artista contempla la vida humana entera en todos sus elementos,
buenos y malos; pero no ocurre lo mismo al conjunto de espectadores. Se requiere
pues prudencia y discreción siempre que una obra de arte llega a un público
heterogéneo, en el que hay hombres de categorías muy diversas, y
esto especialmente cuando el tema sea la lucha del hombre contra el mal.
V. La publicidad
59. La importancia de la publicidad en la sociedad de nuestro tiempo crece
de día en día y nadie escapa a su influencia. Es ciertamente muy útil
a la sociedad. Por ella el comprador conoce los bienes que puede necesitar y los
servicios que se ofrecen, y así también se promueve una más
amplia distribución de los productos. Con esto se ayuda al desarrollo de
la industria, que contribuye al bien general. Esto es laudable con tal que quede
siempre a salvo la libertad de elección por parte del comprador, y aunque
se utilicen las necesidades primarias excitando el deseo de unos bienes, la
publicidad debe tener en cuenta la verdad dentro de su estilo característico.
60. Pero si la publicidad presenta al público unos artículos
perjudiciales o totalmente inútiles, si se hacen promesas falsas en los
productos que se venden, si se fomentan las inclinaciones inferiores del hombre,
los difusores de tal publicidad causan un daño a la sociedad humana y
terminan por perder la confianza y autoridad. Se daña a la familia y a la
sociedad, cuando se crean falsas necesidades, cuando continuamente se les incita
a adquirir bienes de lujo cuya adquisición puede impedir que atiendan a
las necesidades realmente fundamentales. Por lo cual, los anunciantes deben
establecerse sus propios límites de manera que la publicidad no hiera la
dignidad humana ni dañe a la comunidad. Ante todo debe evitarse la
publicidad que sin recato explota los instintos sexuales buscando el lucro o,
que de tal manera afecta al subconsciente, que se pone en peligro la libertad
misma de los compradores.
61. Por el contrario, un uso prudente de la publicidad puede estimular a un
mayor progreso, de manera que el público se esfuerce en elevar el nivel
de las condiciones de su vida. Pero se sigue un grave daño si de tal
manera se alaban y aconsejan unos bienes, que unos grupos, principalmente los
que se esfuerzan en salir de la pobreza, buscando un digno nivel de vida, ponen
su progreso en satisfacer unas necesidades ficticias, les dedican una gran parte
de sus bienes y así posponen a ello el cubrir necesidades verdaderas y
conseguir un auténtico progreso.
62. La gran cantidad de dinero empleado en la publicidad amenaza, en sus
fundamentos mismos, a los instrumentos de comunicación, porque el estilo
mismo de estos anuncios, lleva consigo el peligro de que el público
juzgue que los medios de comunicación social no tienen más
objetivo que estimular las necesidades humanas para propagar el uso de cualquier
producto. También, la libertad misma de los medios de comunicación
puede peligrar por la presión de los medios económicos.
Como los medios de comunicación social están apoyados en una
economía, sólo podrán subsistir aquellos que consiguen
mayores ingresos de la, publicidad.
Se abre, así, camino a los monopolios y se pone en peligro el derecho
de recibir anuncios o de rechazarlos y el mismo diálogo social. En el uso
de los medios de comunicación social ha de garantizarse "el
pluralismo" y defenderse con leyes adecuadas contra el peligro que nace de
que las inversiones procedentes de la publicidad vayan a parar exclusivamente a
los medios más poderosos.
CAPÍTULO II
CONDICIONES APROPIADAS PARA UNA ACTUACIÓN EFICAZ
63. Para que los instrumentos de comunicación social sirvan realmente
a los hombres, se ha de reconocer en ellos, ante todo, la importancia del factor
humano que sobrepasa a la misma técnica maravillosa de la mecánica
y la electrónica. Las funciones que en la sociedad corresponden a estos
medios de comunicación no se ejercen de forma mecánica; tanto los
informadores como los usuarios han de estar suficientemente instruidos y
capacitados, de manera que pueden recibir todo el beneficio de estos medios.
Es pues necesario que todos sean conscientes de la peculiar tarea que les
corresponde y que tanto los individuos como los grupos, que participan en la
intercomunicación social, se preparen para ello. Las autoridades civiles,
los pastores de la Iglesia, y los educadores deben cumplir sus propias
funciones, de modo que se obtenga plenamente el bien de la sociedad que estos
medios nos permiten esperar.
I. Formación
64. Urge, ante todo, una formación que inculque profundamente los
principios que han de regir el uso de los medios de comunicación social;
principios que a todos afectan, pues los instrumentos de comunicación
social, enriquecen el entendimiento y el espíritu humanos, con tal que se
comprendan exactamente su naturaleza y uso; por el contrario, disminuyen la
libertad de los que sólo superficialmente captan su valor. Por ello, esta
formación debe incluir unos principios claros y concretos sobre la
peculiar naturaleza de cada uno de los instrumentos de comunicación
social, sobre su situación, uso y recta aplicación, teniendo
especialmente en cuenta al hombre y a la sociedad.
a) De los receptores
65. Los usuarios necesitan una instrucción básica, para poder
sacar de los medios de comunicación social el mayor provecho posible, no
sólo con miras personales, sino para poder ser capaces de participar en
el intercambio y diálogo social y en la colaboración de los
miembros de la comunidad y poder encontrar los más adecuados caminos para
realizar la justicia internacional, logrando la superación de las
estridentes diferencias entre los pueblos ricos y los subdesarrollados.
66. Por lo cual, los usuarios necesitan una formación puesta al día
y adaptada, suficiente y accesible. Los más competentes deben ayudar a
esta formación continuada por medio de conferencias, círculos, "foros",
reuniones y cursos de renovación.
67. Nunca será demasiado pronto para inculcar en los jóvenes
el criterio y sentido artístico y la conciencia de la propia
responsabilidad moral en la selección de las publicaciones, películas
y emisiones de televisión, ya que los niños y adolescentes pueden
ser perjudicados más fácilmente, y por el contrario unos hábitos
más firmes y un dominio de sí mismos, conseguidos en esa edad, les
beneficiarán durante toda su vida. Los niños y los adolescentes
tienen admirables cualidades de generosidad, entrega, sencillez y sinceridad.
Estas cualidades, junto con el dominio de sí mismos, podrán
conservarlas sólo si desde el principio son cultivadas y preservadas. Así
los padres y formadores exhortarán y guiarán a los niños
para que ellos mismos escojan entre las diversas formas de comunicación
que se les ofrecen, aún reservándose convenientemente la última
palabra en esta elección. Y si alguna vez tienen que disentir de sus
hijos y oponerse a su opinión, a la hora de elegir entre estas formas de
comunicación, cuiden de explicarles con claridad las razones de esta
oposición; pues siempre se logra más, persuadiendo que
prohibiendo, especialmente cuando de educar se trata. Recuerden igualmente que
el entendimiento y la psicología del niño no son los de un adulto,
y así, una forma de comunicación que para un mayor carece de interés,
puede convenir a los niños y jóvenes.
Es preciso que muchos jóvenes lleguen a ser maestros y guías
de sus compañeros. Tener la misma edad les permite estar abiertos a
nuevas formas culturales y les da entrada al grupo del que son compañeros.
La experiencia demuestra la eficacia de este sistema.
68. Es muy útil que los padres y educadores sigan las emisiones, películas,
publicaciones que más atraen a los jóvenes, y de las cuales, después
podrán discutir con ellos y despertar y educar su sentido crítico.
Siempre que se presenten obras de arte ambiguas o desorientadoras, los
padres, oportunamente deben ayudar a sus hijos guiándoles para que
descubran en ellas la bondad humana, considerándolas en todo su conjunto
y analizando sus diversos aspectos.
69. Esta formación se ha de desarrollar en las mismas escuelas con un
método y sistema determinados, para que según sus distintos
niveles los alumnos lleguen gradualmente al conocimiento y aplicación de
los principios, a la lectura e interpretación de las obras modernas. En
los planes de estudio, debe tener un puesto esta enseñanza que será
después desarrollada en reuniones y ejercicios prácticos dirigidos
por expertos.
70. Es claro que ni padres ni formadores cumplirán adecuadamente esta
misión si ellos mismos no estiman los medios de comunicación.
Tanto más, cuanto que ellos quizás no se formaron rodeados de
estos instrumentos y por ello les será más difícil, que a
los jóvenes de hoy, entender su "lenguaje". Los padres se ven
angustiados ante el modo tan abierto cómo los medios de comunicación
abordan todas las cuestiones y dificultades en todos los campos, sea de la
sociedad civil, sea de la Iglesia. Y precisamente, porque les importa tanto que
sus hijos usen rectamente de estos medios, deben, con todo, confiar en ellos,
persuadidos de que sus hijos nacidos, crecidos y formados en una sociedad
distinta, están dispuestos para reaccionar contra las muchas y diversas
influencias que han de soportar.
b) De los informadores
71. Hay profesionales que, aun trabajando en los medios de comunicación
social, carecen de la suficiente preparación en este campo. Para
promocionarlos en su labor necesitan una capacitación adecuada. Por eso
es oportuno recordar que deben erigirse cátedras de comunicación
social en las Universidades, que den los correspondientes grados académicos.
Los informadores son los responsables principales de la comunicación;
antes han de dominar su teoría y su práctica.
72. Los informadores han de conocer no sólo su profesión, sino
la misma realidad humana. Y si los medios están al servicio del hombre,
los informadores deben empeñarse en ese servicio. Sólo quienes de
veras comprendan y amen auténticamente a los hombres podrán
mostrar ese deseo y espíritu de servicio. Además, tanto mayor
aliciente encontrarán los informadores en el ejercicio de su profesión
y tanto mayor bien aportarán a los hombres, cuanto más conscientes
sean de que al otro lado del medio de comunicación, que transmite su voz
o su rostro, viven hombres reales, hombres y mujeres de carne y hueso. Cuanto más
se esfuercen por conocerlos profundamente, por penetrar y calibrar su
pensamiento, tanto más acertadamente adaptarán su palabra a las
necesidades de sus receptores. Con ello, los instrumentos de comunicación
crearán una comprensión más profunda entre los hombres y
una más íntima comunicación de las voluntades.
II. Posibilidades y obligaciones
a) De los realizadores
73. Los realizadores son promotores y animadores del diálogo en la
sociedad humana. Ellos dirigen este intercambio que los instrumentos de
comunicación social constituyen en el mundo entero. Ellos pues tienen que
atender, de manera especial y más profunda, a los fines de la comunicación
social, que son: colaborar de todos los modos posibles al progreso humano y
llevar a los hombres a unas relaciones de verdadera comunión.
74. Por ello, al escoger los temas que van a presentar, los realizadores
cuidarán de que se tengan en cuentan las circunstancias del público
y se dé debido lugar a las opiniones de todos los grupos que gocen de
seriedad y peso. Para lograrlo, han de prever quiénes serán sus
oyentes o espectadores y obtener así una cooperación previa. De
esta manera podrán adaptarse a las necesidades de todo el público
y a sus posibilidades, habida cuenta de su edad, clase social, grado de cultura
e instrucción. Y sólo así, por medio de hombres
suficientemente instruidos y libres, conscientes de sus deberes, se establecerá
en la sociedad el continuo y gran diálogo que los mismos instrumentos de
comunicación social hacen posible.
75. Los informadores "atentos continuamente a la observación de
los hechos, como atisbando por una ventana abierta al mundo, han de escrutar los
acontecimientos, las opiniones y las corrientes del pensamiento humano"
(45)45. A ellos corresponde no sólo confirmar la verdad de los hechos,
sino además, destacando con sus comentarios lo más notable de
ellos, desentrañar su sentido e iluminar la conexión de unos con
otros. Así ayudarán a los usuarios a situar en el contexto total
de los acontecimientos, con recto orden de valoración, las noticias que
reciben indiscriminadamente; de este modo podrán juzgar y tomar
decisiones que afectan a la vida de la sociedad.
76. Los informadores no deben olvidar que necesariamente una cantidad
inmensa e indeterminada de personas será afectada por esos instrumentos
de comunicación social. Y sin traicionar ni al genio ni al arte, han de
pensar en el poder y en las obligaciones que comporta su profesión. Pues
su influencia puede contribuir de forma increíble al progreso y felicidad
humanos.
Su sentido de la equidad y su integridad ha de respetar las minorías.
Y si de hecho o por la misma legislación, algunos instrumentos de
comunicación disfrutan de monopolio, tanto más es necesario este
difícil equilibrio, cuanto que, de por sí, el monopolio tiende a
sustituir el diálogo por el monólogo.
77. Los realizadores que deshonran un arte y su obra dejándose llevar
exclusivamente del interés económico o del ansia de la
popularidad, tan efímera, no sólo sirven pésimamente a sus
clientes, sino que tarde o temprano ofenden la fama y estima de su profesión.
78. Para que la comunicación, de cualquier tipo que sea, procure
siempre el mayor bien y utilidad, y para que los mismos informadores se sientan
ayudados a perfeccionarse, los críticos tienen una función
irremplazable. Son, como censores domésticos, ya que ellos mismos son a
su vez informadores. Por su profesión de críticos podrán
también anticiparse a las censuras venidas desde fuera.
Es necesario que todos comprendan y estén convencidos de que el alma
de este arte son la integridad y la probidad. Y así, movidos siempre por
un sentido de la justicia y por el deseo de la verdad, los críticos darán
a conocer con un juicio verdadero y ecuánime, cuanto de laudable y recto,
y cuanto de viciado o erróneo haya en las realizaciones. Sólo así
serán de verdad útiles a los usuarios, ayudándoles a juzgar
con acierto las producciones que se les ofrecen. No puede menospreciarse la
importancia de su función, realmente creadora, especialmente, cuando la
agudeza de su sensibilidad y de su ciencia ahondan en las obras de arte y
descubren sentidos y riquezas ocultos quizá a sus mismos autores. Los críticos,
sin embargo, han de mostrarse de tal manera modestos que no atraigan hacia sí
la atención del público, apartándoles de las obras que
juzgan.
79. Las asociaciones de informadores, con su esfuerzo, constante
intercambio, y mutua ayuda, podrán remediar eficazmente las dificultades
inherentes a la profesión. Reunidos en organizaciones podrán,
partiendo de unos principios seguros y de la experiencia, redactar normas o códigos
que sirvan para orientar los proyectos y la tarea de todos los informadores, según
los postulados de toda la comunicación social. Estas normas o códigos
de actuación han de ser más bien positivas que negativas y no
deben solamente señalar lo que se ha de evitar, sino más bien
persuadir de lo que se ha de hacer para mejor servir a la humanidad.
80. Los medios de comunicación exigen inversiones importantes para
constituirse, para desarrollarse y seguir el ritmo de una sociedad en progreso.
Los directores y propietarios de estos medios acuden directa o indirectamente al
capital, público o privado. Este puede prestar un apoyo muy útil a
los medios de comunicación, siempre que se discierna a qué
proyectos se debe ayudar, buscando no exclusivamente el lucro, sino el auténtico
beneficio de la humanidad. Por lo demás, si el capital es consciente de
que los medios de comunicación, a la vez que una inversión
productiva son un servicio a la cultura humana y social, se abstendrá de
interferirse en la legítima libertad de los informadores, de los
realizadores y del público.
b) Los usuarios
81
81. El público tiene en este campo unas posibilidades -y por ello
también unas obligaciones- más graves de lo que generalmente se
cree. Un diálogo auténtico depende en gran parte de los mismos
receptores. Si ellos soportan el influjo de la información como oyentes
mudos, la comunicación se orientará en un sentido único,
sin respuesta, por más que los informadores intenten establecer diálogo.
82. Los receptores serán realmente parte activa, si interpretan
rectamente las noticias presentadas, juzgándolas y ponderándolas
según su fuente y contexto; si las escogen con prudencia y diligencia y
un espíritu crítico exigente; si en los casos necesarios completan
la información recibida con datos adquiridos de otras fuentes; si no
dudan de manifestar con franqueza su asentimiento, sus reservas o su abierta
desaprobación.
83. Podría objetarse que los hombres que forman este foro público,
pueden hacer muy poco aislados e individualmente. Pero no se olvide que
asociados y unidos tienen gran fuerza. Igual que los profesionales de la
comunicación, también los simples ciudadanos deben coordinarse en
asociaciones de usuarios, o prestar su colaboración a otras instituciones
que buscan fines semejantes aunque más amplios.
III. La colaboración
a) Entre los ciudadanos y las autoridades
84. Los instrumentos de comunicación afectan al progreso de la
sociedad entera; por ello, todos los ciudadanos y los legisladores están
obligados a ciertos deberes en este campo. A todos les conviene defender la
libertad y las condiciones indispensables para poder actuar con plena conciencia
de sus obligaciones, respetar la persona humana y garantizar el bien de la
propia nación y de toda la humanidad.
85. Así, la comunidad política exige ante todo que los
individuos y los grupos sean los artífices y los censores de sus
proyectos y asuman las responsabilidades de los mismos ya sea como informadores
ya como receptores. Es conveniente y aun necesario que los profesionales
establezcan asociaciones con este fin.
86. A este respecto, la función de los gobernantes debe ejercerse de
manera más positiva que negativa: su acción no ha de concebirse
como exclusivamente prohibitiva o represiva, aunque su intervención, a
veces, sea necesaria para corregir o enmendar. El Concilio Vaticano II, enseña
que la libertad humana mientras sea posible, ha de ser fomentada y protegida y sólo
puede ser restringida en cuanto lo exija el bien común (46); la censura,
por lo tanto, se reducirá sólo a los casos extremos. La misma
autoridad pública debe someterse al principio de subsidiariedad, tantas
veces expuesto por el Magisterio de la Iglesia; o sea: no hacer lo que cada
persona, o los grupos, pueden realizar y llevar a cabo también o mejor
que el mismo poder público.
87. Según este principio, conviene que se dicten leyes que protejan
la libertad de expresión, a la vez que el derecho a la información,
y garanticen ambos derechos, frente al poder o las presiones económicas.
Las leyes también deben asegurar y conceder a los ciudadanos la total
facultad de juzgar con detalle la administración de estos instrumentos,
sobre todo, cuando su monopolio está en manos del gobierno. Es indudable
que hoy el uso de estos medios exige la norma de unas leyes que protejan
eficazmente su variedad y multiplicidad frente a una excesiva abundancia
producida por la competencia económica, a la vez que defiendan la
dignidad humana de las personas y grupos y el nivel de la cultura, y permitan
finalmente unas condiciones en las que se ejerza la libertad religiosa en el uso
de estos medios.
88. Especialmente se recomienda a los profesionales y a los grupos del campo
de la comunicación que creen asociaciones fundadas en leyes que aborden y
promuevan todos los aspectos que les afectan. Convóquense a ellas
representantes de las distintas organizaciones y estamentos de la nación
o comunidad. Con ello se evitará, de una parte la interferencia de
cualquier autoridad civil o de la fuerza del poder económico, y de otra,
se establecerá una colaboración de todos los informadores, por la
que la actividad de los medios de comunicación social servirá
mejor al bien común. En algunos lugares acaso será necesario que
las mismas autoridades creen organismos de control, que por la misma ley deben
estar constituidos de forma que se atiendan las distintas opiniones y líneas
de pensamiento de toda la comunidad.
89. En cuanto les sea posible, las leyes defenderán a los jóvenes
de los daños tan graves y a veces tan duraderos, que ciertos programas
pueden causarles en su voluntad y en su criterio moral. Tratándose de niños
y adolescentes la legislación ha de prestar su colaboración a la
tarea educativa de la familia y de la escuela.
90. Igualmente, las leyes exhorten e insten a que se destinen fondos a las
obras que se refieren a los instrumentos de comunicación social y que
claramente beneficien al bien común, como son algunas agencias de
noticias, libros o publicaciones propiamente educativos, cine y emisiones
infantiles, de las que apenas se puede esperar ganancia. Otro tanto debe decirse
de los espectáculos cinematográficos de gran valor, de obras de
grandes escritores y de otros espectáculos que por estar destinados a
minorías especializadas difícilmente podrían realizarse.
91. La responsabilidad de los poderes públicos, en lo que se refiere
a los instrumentos de comunicación social, se extiende a todo el orbe;
por medio de asambleas internacionales se ha de procurar que en todos los países
se establezcan y perfeccionen los medios de comunicación social y por
encima de toda discriminación racial y de todo monopolio. Los satélites
de comunicación serán objeto de convenios internacionales. Y así
se podrá conceder a todos los pueblos un lugar digno y proporcionado en
este diálogo y coloquio del mundo entero.
b) Entre los pueblos
92. Entre las muchas formas de cooperación internacional, que la
naturaleza misma de los medios de comunicación exige, tiene especial
importancia la ayuda para crear y perfeccionar estos mismos medios en los
pueblos en vías de desarrollo. La falta o insuficiencia de medios de
comunicación social son signo de subdesarrollo de una sociedad; esta
falta es a la vez causa y efecto del desarrollo. Sin los medios modernos de
comunicación, ninguna nación puede proporcionarse la necesaria
información e instrucción; con lo cual se pone en peligro el
desarrollo económico, social y político.
93. "El progreso es el nuevo nombre de la paz" (47) ha proclamado
el Papa Pablo VI. Los países industrializados, al igual que en los demás
campos, también en el de los instrumentos de comunicación, deben
ayudar a los países atrasados para que preparen técnicos y
peritos, y proporcionarles la ayuda técnica necesaria. Pues a estos países
desarrollados les corresponde la obligación de promover no sólo el
bien propio, sino además la prosperidad y progreso de toda la humanidad.
Esa obligación es tanto más urgente cuanto más rápido
y admirable es el progreso técnico. Las naciones en desarrollo deben ser
ayudadas por las otras, de tal manera que dentro de sus propias fronteras se
establezcan instituciones para los medios de comunicación, y así
se evite que los que se preparan para estas profesiones tengan que hacerlo
fuera, con grave detrimento de su propio país, por el peligro de que los
cerebros más dotados se pierdan para su propia patria.
94. Con todo, esta ayuda debe respetar y conservar cuidadosamente las
tradiciones y costumbres de los pueblos y sus modalidades artísticas y
literarias, tan ricas en valores humanos. Esta colaboración cultural y
social no es una limosna, sino un intercambio de bienes para común
enriquecimiento.
95. En los países en vías de desarrollo, especialmente en
aquellos en los que el analfabetismo impide el desarrollo integral, los medios
audiovisuales pueden comunicar un conocimiento utilísimo al servicio de
la agricultura, la industria, el comercio, la higiene y salud públicas,
la instrucción de los individuos, la estabilidad de la familia y al
servicio de las relaciones y sentido social de esos pueblos. Como esta tarea difícilmente
puede ser lucrativa, habrá que acudir a la generosidad de los
particulares e instituciones privadas de las naciones más ricas y aun de
la ayuda de los organismos internacionales.
c) Entre los cristianos, los creyentes y los hombres de buena voluntad
96. Los medios de comunicación social no conseguirán su
finalidad de contribuir al progreso humano, si a la vez no se enfrentan a los
interrogantes y dificultades que acucian al hombre y si no aseguran la esperanza
de nuestro tiempo, favoreciendo una amplia comunión entre todos los
hombres que creen en un Dios viviente, y especialmente entre los que están
unidos por el Bautismo, como enseñan los Decretos sobre Ecumenismo y
sobre Religiones no cristianas del Concilio Vaticano II (48).
97. Los mismos cristianos, por otra parte, usando estos medios de comunicación,
sabrán comprender mejor la situación y naturaleza del mundo actual
que muchas veces vive apartado de Dios. Los autores teatrales y los periodistas,
dibujan de alguna manera esta alineación del hombre, afirmando con
talento e ingenio su libertad. Esta habilidad y fuerza creadora son motivo de
gratitud por parte de todos (49)49.
98. Los creyentes de todo el mundo inflamados por su fe, pueden ayudar
eficazmente a estos medios de comunicación no sólo para que el
progreso humano, social y moral sea constante, sino para que, con la ayuda de
Dios Providente y en unas condiciones más favorables, se prepare un diálogo
más elevado y universal que lleve a los hombres a expresar mejor, en su
propia vida, la fraternidad bajo el Dios eterno Padre de todos.
99. Esta colaboración, esta ayuda mutua, puede llevarse a cabo de
muchas maneras. Recordemos algunas, las más fáciles para todos:
organización en común de emisiones de radio y televisión,
servicios conjuntos de instrucción especialmente para los jóvenes
y sus padres, asambleas y coloquios entre el público y los representantes
mismos de los medios de comunicación, premios para las mejores obras,
intercambio de proyectos e investigación científica, todo ello,
ordenado a la eficaz utilización de los medios de comunicación,
especialmente en orden a la formación de sus técnicos y a la
igualdad de derechos de todos los pueblos.
100. Para irlo consiguiendo, hace falta un programa común de acción
y coordinación de medios y posibilidades. El Concilio Vaticano II ha
sugerido a este propósito una ocasión muy propicia: la Jornada
Mundial para las Comunicaciones Sociales. Todos los que creen en Dios son
invitados a celebrar con interés esta jornada de oración y
estudio, de forma que en ella se examinen los problemas más difíciles
y las perspectivas de la comunicación social, se reúnan
profesionales y representantes de los distintos medios de comunicación,
se encuentren nuevos caminos y recursos para suscitar obras y programas que así
ayuden al progreso de la humanidad. El pueblo de Dios, tanto los Pastores como
los fieles, únanse animosamente a los intentos y esfuerzos de todos los
hombres de buena voluntad para que los instrumentos de comunicación
social sirvan eficazmente a la justicia, la paz, la libertad y el progreso
humano.
TERCERA PARTE
ACCIÓN DE LOS CATÓLICOS EN TORNO A LOS MEDIOS DE
COMUNICACIÓN
101. El Concilio Vaticano II, exhorta e invita a los católicos a que,
guiados por la fe, consideren cuidadosa y atentamente las nuevas exigencias y
responsabilidades que les imponen los avances en la comunicación social.
Como ya hemos indicado brevemente en la primera parte, la misma Historia de la
Salvación atestigua el notable e importante papel de la comunicación
social en la obra de Dios Creador y Redentor, que los hombres deben continuar.
Por lo cual, la Iglesia al cumplir su obligación en este campo intenta
conjugar los principios de la fe y las leyes propias de la comunicación
social. Así cumple el divino mandato de la atención pastoral
universal en su doble vertiente del progreso de los hombres y la evangelización.
En la segunda parte de esta Instrucción, se ha explicado cómo los
medios de comunicación fomentan, ayudan y aprovechan al progreso humano.
En esta tercera parte, ¿qué añade la perspectiva
cristiana y católica? y especialmente, ¿qué lugar corresponde
a los medios de comunicación en la vida de los fieles católicos?
Se tratará acerca de ello brevemente.
CAPÍTULO I
SERVICIO DE LOS CATÓLICOS A LA COMUNICACIÓN SOCIAL
102. Los católicos deben persuadirse de que sirviendo a la comunicación
social con los medios más modernos sirven también al hombre, derivándose
así grandes beneficios para las almas en el orden espiritual. La Iglesia
confía que, a través de su colaboración espiritual quedarán
determinadas más claramente y observadas con más diligencia las
leyes fundamentales de la comunicación social, a la vez que se acentuará
con más plenitud y se respetará mejor la dignidad del hombre,
tanto del informador como del receptor. Espera finalmente que esta comunicación,
que acerca entre sí a los hombres, lleve realmente a una verdadera comunión.
103. Por lo cual, los profesionales de estos medios que, siendo católicos,
ejercen su oficio con perfección técnica, no sólo cumplen
con ello una tarea de primer orden, sino que además colaboran en la misión
que a los cristianos corresponde en el mundo.
Además de este importante testimonio que dan como artistas y
profesionales en los organismos o asociaciones no confesionales, mostrarán
el pensamiento católico sobre todas las cuestiones que acucian a la
sociedad humana.
Así también, los propios escritores y difusores de noticias
pueden cooperar, cuidando de no pasar por alto las noticias religiosas que
afectan a todo el pueblo, sino más bien iluminando las vertientes y
aspectos religiosos de todos los acontecimientos. Es evidente que la presencia
de estos católicos no busca una imposición o dominio sino una
eficaz colaboración que por su calidad se gane el ánimo de sus
colegas y compañeros.
104. Los informadores católicos tienen derecho a recibir de la
Iglesia la ayuda espiritual proporcionada a la importancia y dificultad de su
misión.
105. Consciente de la dignidad de esta profesión y de sus
dificultades, la Iglesia desea tratar y dialogar con los informadores -sea cual
sea su creencia religiosa-, sobre cuanto ella pueda aportar en la común
tarea de resolver las cuestiones propias de su profesión y de ayudar lo más
posible a los hombres.
106. Se invita a los obispos, sacerdotes, religiosos y seglares y a cuantos
de cualquier manera representan a la Iglesia, a que colaboren cada vez más
en las publicaciones y a que intervengan en las emisiones de radio, televisión
y en el cine. Esta acción, para la cual deben ser invitados y estimulados
constantemente, puede dar resultados sorprendentes. Pero la naturaleza misma de
los instrumentos de comunicación exige de cuantos los utilizan,
escribiendo, hablando, o actuando, que estén perfectamente capacitados.
Por eso, los organismos nacionales y las instituciones creadas para este fin,
han de cuidar que cuantos usen estos medios estén preparados a fondo y
oportunamente.
107. La Iglesia juzga como urgentemente necesario el proporcionar formación
cristiana a los mismos receptores. Con ello beneficia también a la misma
comunicación social. En efecto los receptores bien formados serán
capaces de tomar parte en el diálogo promovido por los medios de
comunicación y sabrán a la vez pedirles comunicaciones más
dignas y de más elevada calidad.
Las escuelas e instituciones católicas tienen que cumplir su
importante papel en este campo. En estos centros se ha de intentar no sólo
formar buenos lectores, oyentes y espectadores, sino además hombres
poseedores de ese "lenguaje total" que usan los medios de comunicación;
así pues los jóvenes se convertirán en auténticos
ciudadanos de la era de las comunicaciones sociales que parece iniciarse en este
tiempo.
108. Los temas y cuestiones referentes a la comunicación social han
de tener un lugar en la enseñanza teológica, especialmente en la
moral y la pastoral, siempre que se aborden cuestiones relacionadas con este
tema, y en sus líneas fundamentales; y también, en los libros de
catequética. Esto se realizará más adecuadamente, cuando
los teólogos mismos hubieren investigado más profunda y
detalladamente las cuestiones que se indican en la parte primera de esta
Instrucción.
109. Los padres, formadores, sacerdotes y asociaciones católicas no
deben dudar en orientar y dirigir a las profesiones de comunicación
social a cuantos jóvenes se sientan inclinados a ellas y dotados de las
necesarias cualidades. Para que esta preparación dé su fruto y
ayude a los mejores candidatos son necesarias ayudas económicas. En las
zonas en vías de desarrollo es necesario que se ayude a los obispos de
aquellas naciones y se les den medios para la adecuada formación de los
candidatos y para la práctica de la profesión en la región
misma.
110. Cada uno según su función, obispos, sacerdotes,
religiosos y religiosas, y también las organizaciones seglares han de
colaborar en la formación cristiana en este campo, y con una visión
social. Por ello, es necesario estén al corriente e informados de los
progresos recientes. Esto impone un contacto directo y cierta familiaridad con
los medios de comunicación social. Asimismo todos ellos, a una con los
profesionales, estudiarán los problemas de la comunicación social
y cambiarán entre sí experiencias y criterios.
111. Para que no estén completamente alejados de las realidades de la
vida y asuman sin preparación la tarea apostólica, los futuros
sacerdotes y los religiosos y religiosas, durante su formación en
seminarios y colegios, han de estudiar la influencia de estos medios de
comunicación sobre la sociedad humana y aprender su uso técnico.
Esta preparación es parte de su formación integral; ya que es una
condición imprescindible para ejercer un apostolado eficaz en una
comunidad humana cada día más afectada por estos medios (50). Por
ello es necesario que los sacerdotes, los religiosos y religiosas conozcan cómo
nacen las opiniones y criterios, y así puedan adaptarse a las
circunstancias del hombre actual, ya que la Palabra de Dios se proclama al
hombre de hoy y estos medios prestan un eficaz apoyo a esta proclamación.
Los alumnos que muestren una especial inclinación y capacidad en el uso
de estos medios deben ser preparados más específicamente.
112. Los juicios y críticas de transmisiones radiofónicas o de
televisión, de cine e información gráfica, pueden ser muy útiles
a la formación humana y cristiana a la vez que orientan el uso
conveniente de estos medios sobre todo dentro de la familia. Por ello, han de
estimarse en mucho las críticas verdaderamente autorizadas, que en
algunos sitios, por encargo de los obispos, emiten organismos especializados,
sobre la importancia, utilidad, honestidad y sentido cristiano de películas,
emisiones y publicaciones.
113. Las Universidades y demás centros católicos de enseñanza
deben crear y desarrollar una investigación científica sobre la
comunicación social. Deben realizarlo de manera que resuman cuanto se va
investigando en este campo, proporcionen instrumentos de investigación y
por último difundan los conocimientos conseguidos, en beneficio de la
formación cristiana. Para conseguir estos objetivos las Universidades
necesitan subvenciones y aportaciones económicas y han de trabajar
coordinadas con las demás instituciones.
CAPÍTULO II
LOS INSTRUMENTOS DE COMUNICACIÓN AL SERVICIO DE LOS CATÓLICOS
I. Opinión pública e intercomunicación en la
vida de la Iglesia
114. La Iglesia se afana para que crezca y se perfeccione el vínculo
comunitario entre sus fieles; comunicación y diálogo son pues muy
necesarios para los católicos. Además la Iglesia está
insertada en la misma sociedad humana y ha de vincularse a ella por el diálogo
y la comunicación. Esta tarea la realiza la Iglesia por la información
y la difusión de noticias, por la atención a la opinión pública
y por el coloquio con el mundo actual, mientras se esfuerza con colaborar en la
solución de los problemas humanos.
a) El diálogo en el seno de la Iglesia
115. Como la Iglesia es un Cuerpo vivo necesita de la opinión pública
para mantener el diálogo entre sus propios miembros.
Sólo así prosperará su pensamiento y actividad. "...Le
faltaría algo en su vida, si careciera de opinión pública.
Y sería por culpa de sus pastores y fieles" (51)
116. Es necesario, pues, que los católicos sean plenamente
conscientes de que poseen esa verdadera libertad de expresar su pensamiento, que
se basa en la caridad y en "el sentido de la fe". En ese sentido de fe
que es despertado y mantenido por el Espíritu de verdad, de tal manera
que el pueblo de Dios, guiado por el Sagrado Magisterio, y en fiel seguimiento
del mismo, adhiere indefectiblemente a la fe confiada en el principio a los
creyentes, penetra más plenamente en ella con juicio recto y la aplica más
plenamente a la vida (52); y en la caridad, a cuya luz, la misma libertad es
elevada a la categoría de comunión en la libertad de Cristo, quien
librándonos de las ataduras del pecado, nos hizo capaces de juzgar
libremente según su voluntad. Las autoridades correspondientes han de
cuidar pues de que el intercambio de las legítimas opiniones se realice
en la Iglesia con libertad de pensamiento y expresión. Por ello,
determine las normas y condiciones conducentes a este fin (53).
117. Es amplísimo el campo al que puede extenderse el diálogo
interno de la Iglesia. Aunque las verdades de fe pertenecen a la esencia misma y
no pueden en modo alguno estar sujetas a la libre interpretación de cada
uno, sin embargo, la Iglesia avanza por los caminos de la historia humana; por
ello debe acomodarse a las circunstancias propias de cada momento y lugar,
aceptando las necesarias sugerencias, tanto para mostrar adecuadamente las
verdades de la fe a las diversas edades y culturas humanas como para adaptar
eficazmente su actividad a las condiciones y circunstancias cambiantes.
Los católicos, pues, aún debiendo estar todos atentos a seguir
el Magisterio, pueden y deben investigar libremente, para llegar a
interpretarlas más profundamente, las verdades reveladas a fin de que éstas
se expongan mejor a una sociedad múltiple y cambiante. Esta libertad de
expresión en la Iglesia, lejos de dañar su coherencia y unidad,
puede favorecer su concordia y coincidencia, por el libre intercambio de la
opinión pública. Pero para que este diálogo se establezca y
desarrolle activamente, es absolutamente necesario practicar constantemente la
caridad en la discusión y estar todos llenos de un decidido afán
de robustecer y conservar la concordia y la colaboración. Por ello se ha
de proceder con una auténtica voluntad de construir, no de destruir, a la
vez que con un ferviente amor a la Iglesia y con aquel afán de unidad que
Cristo puso como signo de la verdadera Iglesia y de sus verdaderos discípulos
(54).
118. Habrá pues que distinguir entre el campo de la investigación
científica, en el que los peritos han de gozar de la libertad necesaria
para su trabajo y para intercambiar con los otros el fruto de su investigación,
con libros o con artículos, y el campo de la instrucción de los
fieles en el cual sólo se puede exponer como doctrina de la Iglesia lo
que como tal se propone por el Magisterio auténtico, y las opiniones que
pueden presentarse ya como seguras.
Y dado que, por la misma naturaleza de los instrumentos de comunicación,
algunas veces se divulgan las nuevas opiniones de los teólogos
prematuramente, y frecuentemente fuera de su ambiente, los que escuchan tales
opiniones no deben confundirlas con la doctrina auténtica de la Iglesia,
y tendrán que juzgarlas con espíritu crítico. Deberán
además tener en cuenta que frecuentemente el sentido de esas afirmaciones
queda gravemente deformado por el mismo estilo informativo y el lenguaje popular
de los medios de comunicación.
119. De la misma manera que se reconoce como sumamente necesario el
desarrollo de la opinión pública en la Iglesia, así, a su
vez, cada fiel tiene el derecho a conocer cuanto le es necesario para poder
asumir un papel activo en la vida de la Iglesia. Esta exige que el fiel pueda
disponer de unos medios de comunicación no sólo variados y de
amplia tirada sino también católicos, si pareciere necesario,
siempre que éstos sean plenamente aptos para cumplir esa misión.
120. Un adecuado desarrollo de la vida y las funciones en la Iglesia exige
una habitual corriente de información entre las autoridades eclesiásticas
de todos los niveles, las organizaciones católicas y los fieles, en ambos
sentidos, y en todo el mundo. Para ello son necesarias distintas instituciones,
dotadas de los medios imprescindibles: agencias de noticias, consejos
pastorales, portavoces oficiales, salas de prensa...
121. Cuando el estudio de una cuestión en la Iglesia exija secreto,
deben observarse las normas generales que se siguen en la sociedad civil. Sin
embargo, las riquezas espirituales de las que la misma Iglesia es signo, piden
que las noticias que sobre sus programas y múltiple acción se
difunden sean del todo íntegras, verdaderas y claras. Por ello cuando las
autoridades religiosas no quieren o no pueden dar tales noticias, dan fácilmente
ocasión más a la difusión de rumores perniciosos que al
esclarecimiento de la verdad. Por lo tanto el secreto se ha de restringir y
limitar sólo a lo que exijan la fama y estima de las personas y los
derechos de los individuos o de los grupos.
b) El diálogo entre la Iglesia y el mundo
122. El diálogo de la Iglesia debe llegar no sólo a sus
fieles, sino a todo el mundo. La Iglesia ha de proclamar su doctrina y su moral,
en virtud del derecho concedido a todos los humanos del que ella participa y en
virtud de un claro mandato divino (55).
Además, como enseña el Concilio Vaticano I debe "leer los
signos de los tiempos" que son también un modo del hablar de Dios y
una manifestación providencial del desarrollo de la Historia de la
Salvación. La Iglesia, debe conocer pues cómo reaccionan los
hombres de hoy, católicos y no católicos ante los acontecimientos
y el pensamiento moderno. En la medida en que los medios de comunicación
social expresan y hacen patente esta respuesta, llevan a un mayor conocimiento
de la Iglesia.
123. Cuantos tienen en la Iglesia la sagrada potestad, deben por medio de
los instrumentos de comunicación social, anunciar plena y constantemente
la verdad, y esforzarse a la vez por que en ellos se refleje la verdadera imagen
de la Iglesia y de su vida. Y como estos instrumentos, muchas veces son la única
fuente y el único canal de noticias entre la Iglesia y el mundo, el
prescindir de ellos sería realmente enterrar los talentos recibidos de
Dios.
La Iglesia, que confía y espera que las agencias de noticias y los
mismos instrumentos de comunicación atiendan con frecuencia a las
cuestiones religiosas y las traten con el cuidado que a tales temas corresponde,
por su parte debe ofrecer y difundir noticias completas, seguras y verdaderas,
para que así estas instituciones puedan desarrollar bien su cometido.
124. Lo que antes se dijo (56) sobre el conocimiento y la difusión de
los acontecimientos de la Iglesia tiene aquí toda su fuerza. De donde se
sigue que también los responsables en la Iglesia deben sabiamente
anticiparse a esta dificultad y no permitir que otros les tomen la delantera con
sus iniciativas. Conviene pues que las decisiones y tomas de posición de
importancia sean conocidos previamente por algunos que, sometidos al secreto
hasta una fecha prefijada, puedan exponerlas e iluminarlas para el bien de la
Iglesia.
125. Así pues, los medios de comunicación social afectan a los
católicos de tres formas: ayudan a la Iglesia a manifestarse al mundo;
establecen el diálogo dentro de ella misma; y finalmente, la ponen al
tanto de la mente del hombre actual, al que tiene, por mandato de Dios, que
transmitir el mensaje de salvación, con un lenguaje que ellos puedan
entender, y a partir de los interrogantes que les preocupan y angustian.
II. Utilidad de los medios de comunicación para el anuncio
del evangelio
126. Cristo mandó a los Apóstoles y a sus sucesores que enseñaran
"a todas las gentes"(57), que fuesen "luz del mundo" (58),
que proclamaran el Evangelio, en todo tiempo y en todo lugar. Y de la misma
manera que Cristo, en su vida terrestre, presentó la forma y figura más
perfecta de "Comunicador", y al igual que los Apóstoles mismos
usaron los medios de comunicación que tenían a mano, así
también ahora debe llevarse a cabo la misión apostólica por
los más modernos medios e instrumentos. Por lo que no podría
considerarse fiel al mandato de Cristo quien desaprovechara las facilidades y
oportunidades que estos medios proporcionan para hacer llegar las verdades y
preceptos evangélicos a los más posibles. Por ello el Concilio
Vaticano II exhorta a los católicos "a que utilicen sin dilación
y con el máximo empeño los medios de comunicación social en
las distintas formas de apostolado" (59).
127. La necesidad de esta actitud es evidente si se recuerda que hoy el
hombre está rodeado y como sumergido en la abundancia de comunicaciones
sociales que constantemente forman su opinión y sus costumbres, tanto en
el aspecto religioso como en los demás campos.
128. Los más modernos inventos abren nuevos caminos y medios para que
el anuncio evangélico llegue a todos los hombres; permiten a los
cristianos intervenir, a pesar de las distancias, en las solemnes ceremonias de
la Iglesia y así la comunidad cristiana entera se siente más
estrechamente unida; por ellos, finalmente, todos son llamados a una más íntima
participación en la vida de la Iglesia. Ni que decir tiene, que la forma
de realizarse todo esto ha de estar dictada por la naturaleza misma del medio de
comunicación que se utiliza. Pues es distinto el lenguaje del púlpito
y el de los medios de comunicación. Y nunca se insistirá bastante
en que la dignidad de las obras religiosas no sea inferior a la de las obras
profanas.
129. Estos instrumentos, además, son muy útiles para hacer
llegar más fácilmente a todos la instrucción cristiana.
Deben poder contar pues con la ayuda de los peritos en educación
religiosa y en los distintos temas que se traten. Pueden utilizar también
todos los alicientes de la técnica, gracias a la cual se pueden presentar
atractivamente las cosas, según el arte más moderno. Pueden también
colaborar, según su propia naturaleza, a la renovación de toda la
educación religiosa y a los esfuerzos de los formadores habituales.
Y como, además, estos medios son el camino de difusión de
noticias que descubren la mentalidad y el espíritu del hombre de hoy,
pueden hacer que, al examinar los sucesos y acontecimientos diarios se ofrezca,
a la vez, ocasión favorable para guiar a los cristianos en la consideración
de los fundamentos de su propia fe, y en su aplicación a las actuaciones
de la vida concreta.
130. Los hombres de hoy están de tal manera acostumbrados al
agradable y hábil estilo que los medios de comunicación emplean
para expresarse y para persuadir, que difícilmente soportan, en los
mismos espectáculos públicos, otros inferiores, y menos aún
en las obras religiosas, sean actos litúrgicos, predicación o
exposición de la doctrina cristiana.
131. Para ganarse pues realmente la atención de los oyentes al
exponerles y explicarles las enseñanzas de la fe, conviene utilizar todo
lo posible los medios de comunicación, y acomodar a ellos el lenguaje y
estilo.
132. La Iglesia puede expresar su pensamiento y opinión tanto por los
medios de comunicación a los que en determinadas condiciones tiene
acceso, aunque no sean suyos propios, como por aquellos que directamente
administra y dirige. Según las distintas naciones y circunstancias son
diversas las condiciones que habrá que adoptar. La autoridad religiosa
debe orientar a sus colaboradores, después de consultar detenidamente a
los peritos de cada lugar y nación.
133. Esta colaboración y esfuerzo múltiple de los católicos
que intentan el progreso humano según las normas del Evangelio y que están
al servicio de estos providenciales medios de comunicación, exigen muy
fuertes inversiones económicas. Se ruega pues, a los católicos
que, conscientes de su papel y responsabilidad, hagan estas inversiones con
perseverante generosidad "... ya que resulta indecoroso que los hijos de la
Iglesia permitan, insensibles, que la Palabra de salvación quede impedida
y obstaculizada..." (60).
134. Al ponderar la creciente importancia de los medios de comunicación
social, tanto para la vida humana en su conjunto, como en especial para la vida
de la Iglesia, las Conferencias Episcopales deben conceder un lugar preminente
en el "Plan Pastoral" a este aspecto de la acción pastoral en
el campo de la comunicación y destinar el dinero suficiente para sus
organismos según un plan de colaboración de todos.
CAPÍTULO III
QUEHACER DE LOS CATÓLICOS EN CADA UNO DE LOS MEDIOS
135. Ya se ha tratado de las obligaciones de los informadores católicos,
obligaciones que brotan de su conciencia personal como algo común a todos
los informadores, pero que recibe mayor fuerza de la fe religiosa (61). Después
se han estudiado, en general y en conjunto, las obligaciones de los católicos,
en este campo (62). Resta, por último, que estudiemos los deberes de los
realizadores católicos en cada uno de los medios en particular, tanto
cuando trabajan en organizaciones propias como cuando lo hacen en las de otros
que les ofrecen sus medios para realizar una obra común.
I. La prensa
136. La prensa, por su naturaleza y propiedades, reclama la mayor
importancia y atención. Por su agilidad y variedad, por la riqueza de sus
temas, la prensa puede tratar los más pequeños detalles de los
hechos, ampliándolos e interpretándolos, a la vez que excita las
facultades de reflexión del lector y estimula su deseo de saber. Siendo
complemento necesario de los demás medios dirigidos a la vista y al oído,
puede admirablemente desarrollar el sentido crítico y formar el juicio de
los hombres. Por poder abordar tan variados temas y favorecer de un modo
decisivo el conocimiento de los hechos, es la prensa el instrumento primario del
intercambio social. Hoy las más sencillas páginas y folletos
impresos hacen posible llevar a todos los hombres documentos religiosos y artísticos
de todo género, informaciones sobre la técnica y la ciencia y
sobre todo lecturas destinadas principalmente para la diversión. Los
grabados y los relatos ilustrados son muy útiles incluso para explicar la
Sagrada Biblia y contar la vida de los santos. Todos estos recursos de la prensa
merecen nuestro interés y apoyo.
137. Las actividades periodísticas de los católicos, que
abarcan diarios, revistas y todo tipo de publicaciones periódicas, pueden
ser un medio eficacísimo por el que el mundo y la Iglesia se conozcan
mutuamente por un intercambio de ideas y por el mecanismo de la opinión pública.
Se procurará que la eficacia de las obras católicas ya existentes
no se debilite por una impremeditada multiplicación de nuevas obras.
138. La prensa católica debe interesarse en todo lo humano y en todo
género de noticias, comentarios y opiniones de cualquier aspecto de la
vida cotidiana, así como de todos los problemas e interrogantes que
angustien al hombre de hoy, pero bajo la luz de la visión cristiana de la
vida. A ella corresponde también perfilar y si fuera necesario enmendar
las noticias e informaciones que atañen a la religión y a la vida
de la Iglesia. Al mismo tiempo que es un espejo del mundo, lo iluminará
con su propia luz. Pero tendrá que llegar a contar con tales medios y
posibilidades que llegue a alcanzar un nivel profesional indiscutible.
139
139. Junto a esta dedicación periodística de los católicos
es necesario que haya agencias u oficinas de noticias dirigidas por católicos,
de modo que el diálogo dentro de la Iglesia, y entre la Iglesia y el
mundo, progrese eficazmente; será necesario así mismo que cuenten
con medios profesionales que permitan una información rápida y
actual, al mismo tiempo que fiel y completa, de la vida de la Iglesia. Estas
agencias deben realizar su tarea en una colaboración mutua extendida por
toda la tierra para que puedan ser reunidas y difundidas las noticias de todos
los lugares.
140. Con igual interés deben los fieles leer asiduamente, dentro de
sus posibilidades, las publicaciones católicas, siempre que sean dignas
de este nombre, no sólo para conocer las novedades de la Iglesia sino
para que a través de sus comentarios descubran el pensamiento cristiano.
Nada contradice esto a la libertad de leer ni a la legítima
diversidad de opinión de los demás escritores. Para que los
escritores católicos adquieran este prestigio y aceptación es
necesario que tengan una auténtica maestría y dignidad.
141. Los sucesos de cada día suscitan interrogantes que interesan
profundamente al pensamiento cristiano; los escritores católicos intentarán
darles una respuesta de acuerdo con el magisterio de la Iglesia. Por lo demás,
sacerdotes y laicos favorecerán la libre manifestación de las
opiniones y estimarán el pluralismo de publicaciones y opiniones no sólo
porque responde a la diversidad y utilidad de los lectores y a sus distintos
intereses, sino porque, además, crean y favorecen la opinión pública
en la Iglesia y en el mundo (63).
Las publicaciones católicas que son consideradas portavoces de las
actividades y organizaciones de la Iglesia, de acuerdo con las normas
profesionales, deben transmitir claramente el pensamiento de la institución
de quien son portavoces. Sin embargo se reservarán algunas páginas
en las que se dé la posibilidad de expresarse con libertad, de modo que
se vea que el grupo que dirige la publicación no se define en cuestiones
aún discutidas.
II. El cine
142. El cine, por derecho propio, ocupa un lugar y está enraizado en
la vida de los hombres y tiene gran influencia en su educación, vida
afectiva, descanso y conocimiento de la realidad. Los autores encuentran en él
una manera actual y adecuada de expresar una visión del mundo. Las nuevas
técnicas de expresión, que atraen cada vez más a los
espectadores, y la facilidad de disponer de aparatos de bajo costo, hacen prever
una difusión cada vez más frecuente y más extendida de los
filmes. Así se logrará un mayor conocimiento de todo lo
concerniente al cine.
143. En lo que respecta a la pastoral, los progresos del cine deben ser
cuidadosamente atendidos ya que, gracias a la colaboración de los pueblos
en este campo, se ofrece una valiosa oportunidad para el apostolado. Los filmes
se realizan más rápida y fácilmente que antes, se adaptan a
las diversas necesidades y circunstancias humanas y, por último, se
proyectan no sólo en grandes salas sino también en las pequeñas
e incluso en los hogares.
144. Muchos filmes muestran su fuerza de persuasión al tratar temas
que favorecen el progreso del hombre y elevan su espíritu. Realmente esta
clase de filmes son obras estimables que todos han de recomendar y elogiar. Por
tanto, los centros católicos cinematográficos ayudarán y
sostendrán a los que realizan filmes valiosos y procurarán su
difusión. Se ha de tener presente que muchos de los filmes universalmente
reconocidos como auténticas obras de arte han abordado temas directamente
religiosos, lo que sin duda prueba que el cine es un medio muy apto para tratar
estos temas con dignidad. Se recomienda vivamente la organización de
espectáculos de este tipo.
145. Las organizaciones católicas especializadas en cine, deben
unificar sus proyectos y colaborar con los otros organismos de medios de
comunicación para la elaboración, difusión y empleo de
espectáculos con valores religiosos. Para llevar esto a cabo, aplicarán
diestramente a la transmisión de la doctrina religiosa los múltiples
descubrimientos de menor precio como son discos, cintas magnetofónicas y
películas, aparatos de proyecciones fijas o móviles y también
aparatos de grabación y reproducción.
146. En las regiones con mayoría de analfabetos las películas
pueden facilitar, además de una primera instrucción, una
catequesis. Las imágenes impresionan y mueven con gran fuerza al hombre
sin instrucción, pues por ellas comprende más fácilmente la
realidad y las ideas. El esfuerzo y trabajo por elevar la dignidad humana y
cristiana no pueden mirar con indiferencia estos valiosísimos medios de
ayuda. Pero evidentemente, es necesario para esto que las películas
tengan en cuenta la capacidad y estilo de cada pueblo.
147. Como los dedicados al cine están rodeados de las dificultades
propias de su profesión, todos los católicos y especialmente las
organizaciones católicas especializadas deben entablar gustosamente diálogo
con ellos. Este contacto, enseñará con claridad que este arte debe
ser tenido como una profesión honrosa e importante, reconociendo todos
que es sumamente útil al hombre.
III. La radio y la televisión
148. La radio y la televisión han traído a los hombres nuevas
posibilidades de mutua comunicación y un nuevo estilo de vida. Cada día
sus retransmisiones llegan a más lugares y superan viejas fronteras de
pueblos y culturas. Las emisiones penetran en los hogares y los que las dirigen
captan simultáneamente la atención y el pensamiento de
innumerables personas. Los rápidos progresos técnicos, y
especialmente el uso de los satélites artificiales y la posibilidad de
grabar y repetir las emisiones ya difundidas, han liberado a estos medios de
comunicación de límites de lugar y tiempo. Y todo hace esperar que
en el futuro habrá medios aún más asombrosos y poderosos.
La radio y la televisión dan a los oyentes y espectadores la posibilidad
de disfrutar de un descanso, a la vez que adquieren cultura y un cierto
conocimiento de la vida del mundo entero. La televisión en concreto pone
ante nuestros ojos cosas, personas y acontecimientos como si estuvieran
realmente ante nosotros. Nuevas formas artísticas nacen de estos medios
de comunicación, especialmente la televisión y la radio, que
pueden cambiar muy profundamente al hombre.
149. Los aspectos religiosos de la vida humana han de tener un lugar
proporcionado en las transmisiones de cada día.
150. Las diversas emisiones directamente religiosas, compatibles con la
naturaleza propia de la radio y de la televisión, fomentan nuevos
contactos entre los fieles y enriquecen de forma maravillosa su vida de piedad y
su religiosidad. Tienen además gran eficacia para mover a la santificación
mediante el trabajo abnegado en la Iglesia y en el mundo. Pueden aprovechar
especialmente a quienes, por su edad o enfermedad, se ven impedidos de una
participación directa en la vida de la Iglesia. Establecen también
un contacto con muchos que, aunque separados de la Iglesia, buscan
inconscientemente ayuda espiritual. Finalmente, llevan el mensaje evangélico
a regiones donde todavía la Iglesia no ejerce su influjo. Conviene pues
que la Iglesia se esfuerce en que estas emisiones sean cada día más
numerosas y perfectas.
151. Entre las emisiones religiosas más apropiadas y deseables están
las de la santa misa y otras ceremonias litúrgicas. Es necesario que se
preparen con el mayor cuidado, tanto en el aspecto litúrgico como técnico.
Hay que tener en cuenta la diversidad de espectadores y, si la emisión va
a tener audiencia en otras naciones, también las costumbres y creencias
religiosas de las mismas. La frecuencia y duración de estas emisiones se
debe adaptar a los deseos de los espectadores.
152. Las homilías y charlas religiosas deben acomodarse a la
naturaleza de cada uno de los instrumentos de comunicación que se
utilicen. Los que vayan a realizar este ministerio han de ser escogidos con toda
prudencia y cuidado y sólo cuando posean la formación y práctica
debidas.
153. Las retransmisiones religiosas y las informaciones, noticias,
entrevistas radiofónicas o televisadas, son muy útiles para la
formación y el diálogo. Aquí se puede aplicar lo dicho
anteriormente sobre la colaboración de los católicos en la prensa.
Las normas universales, sobre la fiel y objetiva expresión de las
diversas opiniones, habrá que ponerlas en práctica especialmente
cuando estos medios de comunicación, en una determinada región,
estén sometidos a un verdadero monopolio.
154. El público ve, en los directores y responsables de estos
programas religiosos, sean laicos o eclesiásticos, a verdaderos enviados
e intérpretes de la Iglesia. Por ello, los que intervienen en estas
transmisiones deben tener pleno conocimiento de esta dificultad y riesgo de
confusión para procurar evitarla por todos los medios. Sean conscientes
de la importancia de su misión al exponer su pensamiento, en sus formas
de expresión y en su modo de proceder. Conviene que consulten a las
correspondientes autoridades eclesiásticas cuantas veces sea oportuno.
155. Los oyentes y espectadores de las emisiones religiosas han de
esforzarse en mejorarlas expresando su juicio sobre las mismas.
156. Para conseguir una eficaz acción de la Iglesia desde la radio y
la televisión, tanto en lo que se refiere a las emisiones en general,
como a las de índole religiosa, es necesario la colaboración y
mutuo respeto entre los católicos encargados de esta misión y los
técnicos responsables de la difusión radiofónica o
televisiva.
157. En las naciones en que la Iglesia no tiene acceso a los medios de
comunicación, la audición de emisiones religiosas por radio es el único
medio que tienen los cristianos de enterarse de la vida de toda la Iglesia y
escuchar la Palabra de Dios. Esta lamentable situación crea a los
Pastores y fieles de las naciones vecinas la grave obligación de
solidarizarse eficazmente con ellos, como corresponde a su condición de
cristianos, y ayudar a los hermanos en Cristo realizando emisiones de radio o
televisión con temas religiosos adecuados a su necesidad.
IV. El teatro
158. El teatro, una de las más antiguas y poderosas formas de
comunicación humana, tiene hoy un gran público, tanto de
asistentes a las representaciones como de oyentes en la radio o de
telespectadores. No pocas obras teatrales son también filmadas.
159. Las obras teatrales utilizando procedimientos tomados de los otros
medios de comunicación, han abierto nuevas posibilidades a la escena,
hasta el punto de que pueden calificarse de "multi-media". Aunque
nacidas del teatro tradicional, tienen algo propio. Sobre todo, logran una
coordinación de las múltiples posibilidades de cada uno de los
distintos medios de comunicación.
160. Con frecuencia el teatro actual entra en el terreno de las ideas, del
pensamiento, y se convierte en una especie de laboratorio del que salen nuevas y
audaces opiniones sobre el hombre actual y su situación en el mundo. La
fuerza de estas ideas y opiniones arrastra a masas cada vez mayores y se
extiende a los demás medios de comunicación social.
161. La Iglesia sigue con efecto y atención el arte teatral, que en
sus orígenes trataba casi exclusivamente temas religiosos. Conviene que
también hoy los cristianos lo acojan con el mismo interés que
antes, y que de él se beneficien lo más posible. Los escritores
teatrales deben ser ayudados y exhortados para que saquen a la escena la problemática
religiosa del hombre de hoy. Muchas veces esto será el comienzo de una
difusión mayor a través de los demás medios de comunicación.
CAPÍTULO IV
INSTITUCIONES, PERSONAS Y ORGANIZACIÓN
162. Debido al lugar que los medios de comunicación social tienen en
la vida y progreso humanos, a los resultados que pueden obtenerse y a los
problemas que plantean a la conciencia de los católicos, es necesario que
estos medios se utilicen con gran interés para bien y provecho de la
tarea pastoral, que los especialistas más destacados les dediquen su
mejor conocimiento y capacidad, que se les tenga en cuenta en la planificación
pastoral, que se les dote de los necesarios recursos, derechos y ayudas y, por último,
que distintas asociaciones especializadas se dediquen a ellos.
163. Todos los fieles deben intentar, con su oración y con la ayuda
individual y colectiva, que la obra de la Iglesia en nuestros días
encuentre el apoyo de los más modernos medios de comunicación, tan
útiles para difundir el Evangelio, para iluminar las conciencias y para
fomentar una colaboración que beneficie al progreso ordenando
cristianamente la realidad temporal.
164. Conviene, que en los organismos e iniciativas relacionados con la
comunicación social, se integren, con fines netamente pastorales,
dirigentes y realizadores convenientemente capacitados. Esta tarea formativa,
tanto de laicos como de eclesiásticos, es una de las principales
obligaciones de quienes dirigen la actuación de la Iglesia en este campo.
165. El estudio atento de todo el campo de la comunicación social, la
prudente ordenación de todo el esfuerzo pastoral, la sabia ordenación
de estos medios dentro de toda la actuación apostólica, pertenece,
naturalmente, al cuidado y vigilancia de los pastores que deben, eso sí,
acudir al consejo y sugerencias de los expertos en cada una de las modalidades.
Según las normas del Decreto "Inter Mirifica", este
deber compete: a cada obispo en su diócesis (64); en el ámbito
nacional, a una Comisión Episcopal especial o a un obispo especialmente
delegado (65); y en toda la Iglesia, a la Comisión Pontificia para las
Comunicaciones Sociales (66).
166. Las múltiples obras y asociaciones que realizan su apostolado
con los medios de comunicación social, necesitan desarrollarse y
colaborar estrechamente entre sí (67). La autoridad eclesiástica
ha de invitar, con interés e insistencia, a los católicos y a sus
asociaciones a que brinden iniciativas, reservándose la dirección
de las obras que por su naturaleza corresponden al sacerdocio ministerial y de
aquellos que, según las circunstancias y lugares, reclaman una intervención
de la acción jerárquica para el bien mismo de los fieles.
167. Las autoridades eclesiásticas competentes, de las que se trata
en el n. 165, colaborarán y ayudarán para que cada año, en
todo el mundo, se celebre una Jornada de la Comunicación Social, en la
cual se honrará también a los que trabajan en tales medios (68).
Además, presentarán periódicamente a las Conferencias
Episcopales los presupuestos económicos para sostener este apostolado.
168. Corresponde a los obispos el apostolado en el campo de la comunicación,
con la ayuda de sacerdotes y laicos. Donde sea posible ha de constituirse una
oficina diocesana, o al menos interdiocesana, entre cuyas principales tareas
estará la coordinación pastoral de ese apostolado en la diócesis
y en las parroquias; otra misión suya será preparar en la diócesis
la ya citada Jornada de las Comunicaciones Sociales.
169. En cada nación ha de haber un organismo nacional para todos los
medios de comunicación social, con los departamentos correspondientes, o
diversos organismos para cada uno de ellos (cine, prensa, televisión) que
deberán colaborar estrechamente. En todo caso habrá una dirección
única (69).
170. Será misión de los organismos nacionales y diocesanos
estimular, promover y coordinar los planes y la actividad de los católicos
en el campo de la comunicación. De manera especial cuidarán que clérigos
y laicos sean instruidos por medio de clases, conferencias, lecturas, congresos
y también, a través de orientaciones de expertos de dichos
organismos a fin de ayudar a los fieles a un juicio prudente sobre obras y
emisiones. Orientarán también la adecuada preparación de
emisiones u obras que toquen materia religiosa.
171. Los organismos nacionales y diocesanos, estrechamente relacionados
entre sí, recabarán la ayuda de los profesionales de la comunicación
y de sus asociaciones, y les facilitarán los documentos, orientaciones y
ayudas que necesiten. En cada nación celebrarán la Jornada Mundial
de las Comunicaciones Sociales y organizarán la colecta que el Decreto
del Concilio aconseja se haga en esta Jornada (70)70.
172. Las Comisiones Episcopales nacionales de Medios de Comunicación,
o los obispos delegados, dirigirán en su ámbito las oficinas
nacionales y dictarán normas generales para la ordenación del
esfuerzo apostólico en este campo. Estarán en contacto con las
Comisiones Episcopales de las demás naciones y ayudarán a la
Comisión Pontificia de Medios de Comunicación Social, cuya misión
se expone en el Decreto citado (71) y en la carta apostólica "In
Fructibus Multis" (72).
173. En los continentes o regiones en las que hay una Conferencia Episcopal
internacional, ha de haber también una Oficina de Comunicación del
mismo ámbito, bajo la autoridad de uno o varios obispos, encargados de
este campo.
174. Cada uno de los obispos, cada Conferencia o Asamblea Episcopal y la
misma Sede Apostólica, tendrán un portavoz o informador fijo que
oficialmente comunique las noticias y que resuma los documentos de la Iglesia
para su difusión, de manera que comentados, se facilite con mayor
seguridad la comprensión del público. Estos portavoces, con
rapidez y veracidad, darán a conocer las novedades de la vida y actividad
de la Iglesia, en cuanto se lo permita su función. Es muy aconsejable que
también las diócesis y las organizaciones católicas
importantes tengan sus portavoces fijos, con una misión semejante. Todos
estos colaboradores, como todos los demás que de alguna manera
personifican la vida pública de la Iglesia, han de observar
cuidadosamente cuanto exige el arte de las relaciones públicas; conocer
las diversas opiniones del público al que se dirigen y mantener una
provechosa relación guiada por la mutua comprensión y confianza.
Esta mutua confianza y cortesía sólo se pueden garantizar y
mantener cuando los hombres se respetan y se someten a la verdad.
175. Además de este cargo de portavoz oficial, es preciso que se
asegure un intercambio de noticias e informaciones que presenten a todos la
verdadera imagen de la Iglesia y que se recojan las reacciones, opiniones y
deseos del público, a fin de informar a las propias autoridades eclesiásticas.
Esto exige unas relaciones corteses y amistosas entre la Iglesia y las personas
de diversas tendencias, con sus asociaciones y grupos. De igual forma puede
establecerse un intercambio permanente en que cada uno aporte y reciba (73).
176. Para que tenga lugar un auténtico diálogo, dentro y fuera
de la Iglesia, de manera fecunda y fácil sobre los nuevos acontecimientos
desde su perspectiva religiosa, se hacen imprescindibles los comentarios públicos
u "oficiales" que oportunamente -es decir, cuanto antes- lleguen al público
de forma segura y adecuada (utilizando los medios oportunos: comunicados, telex,
fotografías), aclarando los hechos según lo exijan los
acontecimientos y las noticias.
177. Los institutos religiosos estarán atentos a las múltiples
e importantes obligaciones de la Iglesia en el campo de la comunicación
social; examinarán cómo pueden colaborar en este campo y qué
tareas pueden desempeñar, de acuerdo siempre con sus constituciones. Los
Institutos fundados para trabajar de pleno en la comunicación social
deben colaborar estrechamente y estar en íntima relación con los
organismos diocesanos, regionales, nacionales y continentales, y conjuntamente
elaborarán y realizarán los planes pastorales y las orientaciones
referentes a la comunicación.
178. Los organismos nacionales (74) y los organismos generales de los
institutos religiosos colaborarán con las asociaciones católicas
de la prensa (UCIP), del cine (OCIC), de la radio y televisión (UNDA), de
acuerdo con los estatutos de las mismas aprobados por la Sede Apostólica.
(75)
179. Estas asociaciones católicas dedicadas a la comunicación
social -teniendo en cuenta su especialización y según lo que
prevean sus estatutos- desarrollarán su misión de manera que
ayuden a los grupos de profesionales católicos de cada país. El
objetivo de esta ayuda es fomentar la investigación y el progreso de los
medios de comunicación; desarrollar el sentido de la mutua relación
y colaboración entre las naciones; buscar la eficaz colaboración
de los católicos por medio de los instrumentos de comunicación
social; coordinar entre sí y apoyar las diversas empresas
internacionales; crear nuevas organizaciones mundiales -las que parezcan más
útiles para las naciones en vías de desarrollo-; y estimular las
iniciativas. Se ocuparán igualmente de facilitar la producción y
distribución de filmes, de transmisiones de radio y de televisión,
de material audiovisual y de publicaciones útiles para el progreso de la
comunicación humana y para la misma vida del pueblo de Dios. Se invita
finalmente a estas organizaciones internacionales a que, con su estudio e
investigación, cooperen a resolver las dificultades comunes a todos.
180. Las Conferencias Episcopales, con la eficaz ayuda de los organismos
nacionales y las asociaciones católicas de profesionales, proporcionarán
a las asociaciones los medios económicos necesarios para que realicen sus
objetivos.
CONCLUSIÓN
181. Surge aquí el difícil interrogante de si estamos en el
umbral y comienzo de una era totalmente nueva en las comunicaciones sociales, y
asimismo de si se trata de unas comunicaciones que influyen no tanto
cuantitativa como cualitativamente. Cada vez es más difícil
responder a esta cuestión. Lo que sí es cierto es que el progreso
de la ciencia hace prever -dados los avances técnicos de los satélites
artificiales- que las noticias llegarán dentro de poco y simultáneamente
a todo el mundo, tanto visual como acústicamente. Además, estos
programas podrán registrarse y reproducirse, cada vez que alguien lo
desee, con fines culturales o recreativos. Todo ello puede ser ocasión de
un diálogo más intenso entre los hombres. Dichas emisiones podrán,
según el objeto y uso que se haga de ellas, contribuir a afianzar los vínculos
de fraternidad humana, a desarrollar la civilización y a cimentar la paz.
182. Cada día, y con rapidez, crece la conciencia de la
responsabilidad del pueblo de Dios en el uso de los medios de comunicación
social para que éstos presten una fecunda y eficaz colaboración al
progreso de la humanidad entera, al desarrollo del Tercer Mundo, a la fraterna
comunión entre los pueblos y también al anuncio del Evangelio de
Salvación, a fin de que, hasta el último rincón del orbe
llegue el testimonio de Cristo Redentor.
183. Esta Instrucción Pastoral se limita a dar algunas orientaciones
generales dado que la diversidad de circunstancias en este campo de la
comunicación social no permite entrar en pormenores. El concepto
cristiano de la vida incluye unos principios inmutables, basados en la
manifestación del amor que es la "buena nueva" del Evangelio, y
en la dignidad del hombre mismo, llamado a la adopción de hijo de Dios.
Es evidente que la práctica, la aplicación concreta de los
principios y las fórmulas pastorales han de acomodarse a las
circunstancias y condiciones de cada lugar y momento, según la situación
de la técnica, de la sociedad y de la civilización, de acuerdo con
el carácter cambiante propio de los medios de comunicación y
teniendo en cuenta los futuros cambios que irán produciéndose en
el campo de la comunicación social.
184. Queda mucho aún por investigar hasta alcanzar un pleno
conocimiento de los medios de comunicación, a fin de que estén
realmente al servicio del hombre, favorezcan la formación de todo orden,
especialmente la escolar, y contribuyan al desarrollo integral de la persona
humana. Han de estudiarse más profundamente los efectos de la comunicación
social y el influjo que ejercen en las distintas formas de cultura y en las
diversas mentalidades. Para comprender exactamente cómo los medios de
comunicación social cumplen su objetivo y conocer profundamente su
naturaleza y posibilidades, así como su influencia en la cultura, hay que
partir de investigaciones estrictamente científicas que hay que promover
más que nunca. Las universidades, tanto antiguas como modernas, encontrarán
aquí un inmenso campo de temas hoy importantísimos que justamente
rivalizarán en dignidad con las disciplinas tradicionales. La Iglesia
desea asegurar a cuantos investigan en este campo, que aceptará
gustosamente los resultados y conclusiones de sus estudios para ponerlos al
servicio, en cuanto de ella depende, del bien de todos los hombres.
185. Para lo cual parece necesario, en primer lugar, que se reconozca todo
lo que puede hacer la Iglesia en este campo; después, que en todo el
mundo se vayan poniendo oportunamente en práctica las normas que ésta
ha ido dando; y por ultimo, que los católicos se incorporen a las
iniciativas que respondan a la creciente importancia de estos medios de
comunicación.
186. La Iglesia, deseando que no se retrase más esta Instrucción
Pastoral, movida por una necesidad cada día más urgente, se dirige
y convoca a los profesionales de la comunicación social y exhorta a todos
los hombres para que hagan que estos medios sean realmente útiles a la
humanidad y a la gloria de Dios; a la vez, presta su propio esfuerzo en todo
cuanto se relaciona con este campo de la comunicación.
La Comisión Pontificia para las Comunicaciones Sociales, según
disposiciones del Concilio Vaticano II, después de reunir peritos de todo
el mundo, ha preparado esta Instrucción, más con la intención
de inaugurar una nueva etapa que de dar por terminada la anterior.
187. El pueblo de Dios, que camina a través del tiempo construyendo
la historia, como protagonista a la vez que destinatario de la comunicación,
fijos en el mañana los ojos confiados y atentos, vislumbra lo que a manos
llenas le promete la era espacial recién nacida.
El Sumo Pontífice Pablo VI ha aprobado esta Instrucción
Pastoral sobre los Medios de Comunicación Social en todas y cada una de
sus partes y, confirmándola con su autoridad, ha mandado sea promulgada y
observada por todos aquellos a quienes concierne, sin que obste ninguna otra
disposición contraria.
Roma, 18 de mayo de 1971, V Jornada Mundial de las Comunicaciones
Sociales.
Martín J. O'Connor Arzobispo Titular de Laodicea en
Siria Presidente
Agustín Ferrari-Toniolo Obispo Titular de Taracena de
Bizancio Propresidente
Andrés M. Deskur Secretario
NOTAS
1. Cf. Pío XII: Carta Enc. Miranda Prorsus, ASS, XLIV
(1957), p. 765.
2. Gaudium et Spes, AAS, LVIII (1966), pp. 1025- 1120.
3. Unitatis Redintegratio, AAS, LVII (1965), pp. 90- 112.
4. Dignitatis Humanae, AAS, LVIII (1966), pp. 929- 946.
5. Ad Gentes, AAS, LVIII (1966), pp. 947- 990.
6. Inter Mirifica, AAS, LVI (1964), pp. 145- 157.
7. Inter Mirifica, 23.
8. Inter Mirifica, 1.
9. Gn. 1, 26-28; Cf, Gn 9, 2-3; Sab 9, 2-3 y Gaudium
et Spes, 34.
10. Cf. Gaudium et Spes, 34.
11. Cf. Gaudium et Spes, 57.
12. Cf. Gaudium et Spes, 36; Juan XXIII: Pacem in Terris,
AAS, LV (1963) p. 257 et passim.
13. Cf. Rom 5, 12- 14.
14. Cf. Gn 4, 1- 16; 11, 1-9.
15. Cf. Gn 3, 15; 9, 1-17; 12, 1-3.
16. Cf. Hb 1, 1-2.
17. Jn 1-14.
18. Col 1, 15; 2 Cor. 4, 4.
19. Cf. Ad Gentes, 3.
20. Mt 28, 19.
21. Mt 10, 27; Lc 12, 3.
22. Jn 6, 63.
23. Cf. Lumen Gentium, AAS, LVII (1965), n. 9, p. 14.
24. Ef 1, 23; 4, 10.
25. 1 Cor 15, 28.
26. Inter Mirifica, 1.
27. Gaudium et Spes, 36.
28. Cf. Gaudium et Spes, 43.
29. La Encíclica Mater et Magistra define el bien común
con estas palabras: "El conjunto de aquellas condiciones de la vida social
en las que los hombres puedan más plena y fácilmente conseguir su
propia perfección". AAS, LIII (1961), p. 417. Cf. también
Pacem in Terris, AAS, LV (1963), pp. 272-274; Dignitatis Humanae,
6; Gaudium et Spes, 26 y 74.
30. Cf. Inter Mirifica, 4.
31. Gaudium et Spes, 42; Lumen Gentium, 1.
32. Alocución a los periodistas católicos, día 17 de
febrero de 1950, AAS, XLII (1950), p. 251; Cf. también Gaudium
et Spes, 59, Pacem in Terris, AAS, LV (1963), p. 283.
33. Gaudium et Spes, 59.
34. Cf. Inter Mirifica, 8.
35. Cf. Pacem in Terris, AAS, LV (1963), p. 260.
36. Cf. Alocución del día 17 de abril de 1964 al "Séminaire
des Nations Unies sur la liberté de l'information", AAS, LVI
(1964), p. 387 y ss.
37. Cf. Inter Mirifica, 5, 12.
38. Pío XII en discurso a los periodistas americanos, 21 de julio de
1945, L'Osservatore Romano, 22-VII-1945.
39. También, 27 de abril de 1946. L'Osservatore Romano,
28-IV-1946.
40. "Que en cuanto al modo sea la información honesta y
conveniente, es decir, debe respetar escrupulosamente las leyes morales y los
legítimos derechos y dignidad del hombre, tanto en la obtención de
las noticias como en su difusión", Inter Mirifica, 5.
41. Cf. Miranda Prorsus, AAS, XLIX (1957), p. 765.
42. Pablo VI: Discurso a representantes de teatro, cine, radio y TV y demás
medios de Comunicación Social, 6 de mayo de 1967, AAS, LIX
(1967), p. 509.
43. Pío XII: Discurso a representantes de cine italianos. Día
21 de junio de 1955. AAS, XLVII (1955), p. 509.
44. Pío XII: Discurso a representantes de cine reunidos en el
Congreso Internacional de Roma, día 28 de octubre de 1955, AAS,
XLVII (1955), pp. 822- 823.
45. Pablo VI: Discurso al Comité directivo de la Unión Católica
de Periodistas Italianos (UCSI). L'Osservatore Romano, 24 de enero de
1969.
46. Cf. Dignitatis Humanae, 7.
47. Pablo Vl: Carta al Excmo. Sr. U Thant, Secretario General de las
Naciones Unidas. AAS, LVIII (1966), p. 480. Cf. también Discurso
a los Delegados que intervinieron en el Congreso de Milán. AAS,
LVIII (1966), p. 589.
48. Cf. Unitatis Redintegratio, AAS, LVII (1965), pp. 90-
112. Cf. también: Nostra Aetate, AAS, LVIII (1966), pp.
740- 744.
49. Así, el comunicado del Congreso Ecuménico de Iglesias de
Upsala, 1968, p. 381.
50. Cf. Sagrada Congregación para la enseñanza católica
"Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis", AAS,
LXII (1970), pp. 321- 384. Idem, principalmente párrafo 4 y número
68.
51. Pío XII: Discurso a los participantes al Congreso Internacional
de periodistas católicos, celebrado en Roma, Día 17 de febrero de
1950 AAS, XLVII (1950), p. 256.
52. Cf. Lumen Gentium, 12.
53. Cf. "Reflexions et suggestions concernant le dialogue oecuménique".L'Osservatore
Romano, 21- 22 de setiembre de 1970.
54. Cf. Jn 17, 21.
55. Cf. Mt 28, 19.
56. Cf. párrafo 38.
57. Mt 28, 19.
58. Mt 5, 14.
59. Inter Mirifica, 13.
60. Inter Mirifica, 17.
61. Cf. párrafos 102- 113.
62. Cf. párrafos 126-134.
63. Cf. 105 párrafos anteriores 114-121 donde se habla del diálogo
en la Iglesia. Cf. también la Encíclica de Pablo VI Ecclesiam
Suam y las orientaciones de los principios para un diálogo ecuménico,
principalmente nn. IV, 4, b y IV, 5 del documento "Réflexions et
suggestions concernant le dialogue oecumenique". L'Osservatore Romano,
21/22-IX-1970.
64. Cf. Inter Mirifica, 20.
65. Cf. Inter Mirifica, 21.
66. Cf. Inter Mirifica, 19.
67. Cf. Apostolicam Actuositatem, nn. 19 y 21.
68. Inter Mirifica, 18.
69. Cf. Inter Mirifica, 21.
70. Cf. Inter Mirifica, 18.
71. Cf. Inter Mirifica, 19.
72. Cf. In Fructibus Multis, AAS, LVI (1964), pp. 289- 292.
73. Cf. párrafos anteriores 138-141.
74. Cf. párrafo 169.
75. Cf. Inter Mirifica, 22.
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