Me siento complacido en tomar parte en esta septuagésima sesión del
Consejo Ejecutivo de la Organización Mundial del Turismo.
El desarrollo de la actividad turística requiere, hoy día, una mayor
claridad institucional y programática, necesaria para articular políticas de
largo alcance con las infraestructuras de base adecuadas. Se constata, en
efecto, el deseo de los particulares por un mayor incremento de la calidad de
los servicios y de las estructuras de acogida.
A este respecto, resulta impensable que la globalización contemple el solo
aspecto económico y no vaya acompañada de una mundialización de la
solidariedad. Y precisamente bajo este aspecto, es deseable la transformación
de la Organización Mundial del turismo en Institución Especializada de la ONU.
A raíz de la crisis de los sistemas políticos de la democracia liberal, con
sus elementos típicos históricamente representados por las leyes, la tradición
y las instituciones, se está pasando – en el campo político – a la
consolidación de combinaciones nuevas, en las que parecen desempeñar un papel
determinante la riqueza y los medios de comunicación. Son éstos los factores
que influyen en la mentalidad contemporánea y se reflejan en el complejo mundo
del turismo.
En estas circunstancias, el fenómeno turístico no ocupa nunca el lugar
prioritario en las opciones expresadas por los ciudadanos, pero se hace objeto
de planificación política, tras la resolución de otras problemáticas
institucionales consideradas prioritarias.
Esas incertidumbres estructurales y la formación de nuevos mecanismos de
poder influyen negativamente en la industria turística.
La deseada capacidad de planificación a largo plazo, podría dar estabilidad
a un sector que se resiente, más que ningún otro, de los acontecimientos
excepcionales y trágicos de relieve internacional. El último, dramático
ejemplo, lo tenemos en la SARS, la "pulmonía atípica" que,
ocasionando un bloqueo casi total de los flujos de viajeros en el ámbito
internacional, ha causado la actual crisis, no sólo en el mercado turístico
asiático.
La programación de políticas específicas y finalizadas, unidas a una
constante atención a la "calidad" y a la "excelencia" en el
turismo, son los instrumentos que van a dotar de continuidad un desarrollo armónico
del sector. En este sentido, resulta evidente la exigencia de un siempre mayor
crecimiento profesional de los operadores y de los dirigentes turísticos. Las
instancias educativas, presentes en el turismo, deberían representar siempre más
un ámbito esencial y fundamental de todo el programa operativo mencionado. A
ello deberá unirse la necesaria voluntad política resuelta a alcanzar estos
objetivos. Se podrían definir, así, las bases sobre que construir un turismo
capaz de representar un apoyo económico y cultural, con amplias miras de
libertad y de paz para cada una de las naciones. En el turismo, por tanto, se
hace evidente aquella verdad fundamental, que debería orientar toda la
actividad económica, y que Juan Pablo II ha sintetizado con claridad, al decir:
el turismo es un servicio precioso a la paz.
Gracias por su atención.