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  PEREGRINACIÓN DE ALGUNOS MIEMBROS DE LA SECRETARÍA DE ESTADO
A SANTIAGO DE COMPOSTELA

 

INVOCACIÓN DE MONSEÑOR LEORNARDO SANDRI
AL APÓSTOL SANTIAGO

Sábado 1 de mayo de 2004

 


Apóstol Santiago:
 

Desde Roma llegamos hoy hasta tu tumba como peregrinos un grupo de miembros de la Secretaría de Estado del Vaticano. Traemos las intenciones del Santo Padre y de todas aquellas personas que con nosotros trabajan en este organismo de la Santa Sede al servicio de la Iglesia universal. Agradecemos especialmente a esta Iglesia particular de Santiago de Compostela su acogida, junto con la posibilidad que nos ha brindado de poder participar en este Año Jubilar Compostelano, el primero del tercer milenio.

Sabemos que son muchos los peregrinos que cada día llegan hasta esta catedral para  venerar tus restos y pedir aquella fortaleza de fe que te impulsó a ti en el cumplimiento de la misión apostólica que el Señor Jesús te encomendó.

También nosotros venimos como "peregrinos por gracia" siguiendo las huellas de tantas personas anónimas y de santos, como san Francisco de Asís o el beato Juan XXIII, entre otros, que a lo largo de la historia recorrieron este mismo camino de conversión:  "un camino que tiene meta", y es Cristo.

Asimismo, el Santo Padre Juan Pablo II peregrinó en dos ocasiones hasta este Finisterrae europeo:  en el año 1982, con motivo de su primera visita a España, y en el año 1989 para participar en la inolvidable IV Jornada mundial de la juventud.

Peregrinar a Compostela es hacer memoria de los orígenes apostólicos de la fe en España, que tan fecundos frutos ha producido en la historia espiritual de este pueblo, contribuyendo a llevar la luz de Jesucristo, allende los mares, a otros continentes.

Apóstol Santiago, "Amigo del Señor":  venimos a tus pies para presentarte las súplicas de los que se encomiendan a nuestras oraciones y para manifestar nuestra propia convicción de que no creemos en el desaliento, en el desánimo, en el sin sentido de pensar que se puede construir un futuro viviendo al margen de Jesucristo el Hijo del Dios vivo.

No podemos menos de recordar aquí las palabras que el Santo Padre Juan Pablo II pronunció en esta catedral en el año 1982:  "Yo, obispo de Roma y Pastor de la Iglesia universal, desde Santiago te lanzo, vieja Europa, un grito de amor:  vuelve a encontrarte. Sé tu misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces. Revive aquellos valores auténticos que hicieron gloriosa y benéfica tu presencia entre los demás continentes. Reconstruye tu unidad espiritual en un clima de pleno respeto a las otras religiones y a las genuinas libertades. Tú puedes ser todavía faro de civilización y estímulo de progreso para el mundo. Los demás continentes te miran y esperan de ti la misma respuesta que Santiago dio a Cristo:  yo puedo".

En este momento decisivo que atraviesa el continente europeo, donde sus gobernantes buscan encauzar el futuro a través de una Carta Magna que recoja el sentir de todos sus ciudadanos no podemos dejar de recordar, una vez más, que Europa se edificó sobre la base común del cristianismo, que inspiró su construcción como un continente sólido, apuntalado sobre los auténticos valores del Evangelio. El Camino de Santiago unió los pueblos de Europa mediante la fe y el ferviente amor a Jesucristo, constructor auténtico y verdadero de esta unidad.

Vivimos momentos difíciles y cargados de incertidumbre, donde no pocas veces el horizonte de paz que todos deseamos parece desvanecerse. Sigue todavía viva en nuestro corazón la profunda conmoción por los atentados terroristas que el pasado 11 de marzo segaron la vida de tantas personas inocentes.

Señor Santiago: 

 Te pedimos que intercedas ante el Todopoderoso por la paz en el mundo y en este querido pueblo de España. Consuela a los que de una manera u otra sufren las consecuencias del deshumano flagelo del terrorismo, que niega la vida y hace difícil la existencia cotidiana. La Iglesia siempre está cerca de los que sufren. El camino de la Iglesia, como nos recuerda el Santo Padre, es el hombre (cf. Redemptor hominis, 14). Por eso los cristianos no podemos cejar nunca en nuestra defensa de la dignidad de la persona humana, que comienza por el respeto a la vida en todas sus etapas, quizás hoy más mancillada que nunca. La persona y su dignidad han de estar siempre en el centro de interés de cualquier proyecto y realización, destinados a hacer que la vida humana sea cada vez más humana.

 Te pedimos que intercedas para que no falten en tu Iglesia personas consagradas al servicio del Evangelio, pastores que lleven a todos los hombres el alimento de la palabra de Dios, los sacramentos y el consuelo de la gracia. Que no decaiga en España el ardor espiritual que, a lo largo de su historia, llevó a tantos hombres y mujeres a entregarse generosamente a Cristo para mayor gloria de Dios y bien de las almas.

 Te pedimos por los frutos espirituales de este Año Jubilar Compostelano, que está trayendo hasta tu tumba a miles de peregrinos. Con alegría constatamos cómo entre éstos muchos son jóvenes que buscan la verdad y que a través del Camino de Santiago tienen la ocasión de gozar de la experiencia del encuentro personal con Cristo, camino, verdad y vida. En agosto, miles de jóvenes europeos se darán cita en Compostela en la Peregrinación europea de jóvenes, sin duda una magnífica oportunidad en la renovación espiritual de quienes están llamados a ser "testigos de Cristo para una Europa de la esperanza".

 Te pedimos por Tierra Santa. Tú, que viniste a predicar el amor desde los santos lugares, intercede ante el Padre para que todos los hijos de Abraham redescubran la fraternidad y el perdón como camino indispensable para el diálogo y la comprensión.

 Y, finalmente, te pedimos de una forma especial por el Santo Padre en el ejercicio del ministerio, que le ha sido encomendado por Cristo, de edificar su Iglesia, y por sus colaboradores inmediatos en esta tarea.

Al regresar a Roma y retornar a nuestras ocupaciones habituales, nos encomendamos a Santa María del Camino, la Virgen Peregrina, y al Apóstol Santiago, a fin de que el Señor fortalezca nuestra fe, aliente nuestra esperanza y avive nuestra caridad.

 

 

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