A su eminencia reverendísima
el señor cardenal
STEPHEN FUMIO HAMAO
Presidente del Consejo pontificio
para la pastoral de los emigrantes e itinerantes
Señor cardenal:
La celebración de la Jornada mundial del turismo, programada para el próximo 27
de septiembre, ofrece al Sumo Pontífice Benedicto XVI la oportunidad de enviar
un cordial saludo a cuantos forman parte del vasto mundo del turismo, y poner de
manifiesto la solicitud pastoral de la Iglesia con respecto a ellos. Es
interesante el tema elegido por la Organización mundial del turismo para esa
Jornada: "Viajes y transportes: del mundo imaginario de Julio Verne a la
realidad del siglo XXI".
Julio Verne, hombre de letras, viajero y escritor de viva imaginación, supo
conjugar inteligentemente en sus escritos la fantasía y los conocimientos
científicos de su tiempo. Sus viajes, reales o imaginarios, constituyeron de
hecho una invitación a consultar el nuevo atlas geográfico, y un desafío a la
responsabilidad humana al afrontar los límites que ya no podían disimularse. A
finales del siglo XIX, en su increíble viaje, Verne superaba esos límites
impuestos por la cultura dominante y por una visión centrada totalmente en el
Occidente europeo.
También hoy existen obstáculos que es preciso superar si se quiere que la oferta
turística, fruto de viajes y transportes, se extienda a todos. Nuevas e inéditas
posibilidades de viajes con medios de transporte cada vez más modernos y veloces
pueden hacer del turismo una ocasión providencial para compartir los bienes de
la tierra y de la cultura. Un siglo después de la muerte de Julio Verne, gran
parte de su fantasía se ha hecho accesible y gran parte de su imaginación ha
tomado forma concreta. Se va realizando el sueño de un turismo sin fronteras,
que podría contribuir a crear un futuro mejor para la humanidad.
Pero es necesario tener siempre en cuenta las exigencias éticas relacionadas con
el turismo. Es importante que cuantos tienen responsabilidades en este ámbito
―políticos, legisladores, hombres de gobierno y de finanzas― se comprometan a
favorecer el encuentro pacífico entre las poblaciones, garantizando seguridad y
facilidad de comunicación. Los promotores, los organizadores y los que trabajan
en el sector turístico están llamados a realizar estructuras que lo hagan sano,
popular y económicamente sostenible, teniendo siempre bien claro que en toda
actividad, y por tanto también en el turismo, el fin primario debe ser siempre
el respeto de la persona humana, en el contexto de la búsqueda del bien común.
Quien viaja por turismo debe sentirse impulsado por el deseo de encontrarse con
los demás, respetándolos en su diversidad personal, cultural y religiosa; debe
estar dispuesto a abrirse al diálogo y a la comprensión, y con su comportamiento
comunicar sentimientos de respeto, de solidaridad y de paz.
Por otra parte, es muy importante el papel de las comunidades cristianas: al
acoger a los turistas, deben sentirse comprometidas a ofrecerles la posibilidad
de descubrir la riqueza de Cristo encarnada no sólo en monumentos y obras de
arte religioso, sino también en la vida diaria de una Iglesia viva. Por lo
demás, desde el comienzo del cristianismo, los viajes han permitido y facilitado
la difusión de la buena nueva en todo el mundo.
Deseando que la próxima Jornada mundial del turismo produzca los frutos
esperados, Su Santidad Benedicto XVI asegura un recuerdo en la oración y de buen
grado envía a todos la bendición apostólica.
Aprovecho la ocasión para confirmarme afectísimo en el Señor.
Vaticano, 16 de julio de 2005
Cardenal ANGELO SODANO
Secretario de Estado
*L'Osservatore Romano. Edición semanal en lengua española n°30 p.7.