IV CONFERENCIA MUNDIAL SOBRE LA MUJER
DECLARACIÓN SOBRE EL DOCUMENTO FINAL Y PRESENTACIÓN DE LAS RESERVAS DE LA
SANTA SEDE*
Pekín, 15 de septiembre de 1995
Señora presidenta:
«Mirando este gran proceso de liberación de la mujer», se
constata que ha sido un camino difícil, alguna vez «no exento de errores», pero
que ha conducido a un futuro mejor para las mujeres. Estas palabras son de Juan
Pablo II, que añade: «¡Es necesario continuar en este camino!». La delegación de
la Santa Sede une su voz a la del Papa: ¡Es necesario continuar en este gran
camino!
El viaje de las mujeres se ha caracterizado por falsos comienzos
y decepciones, así como por logros luminosos. Ha habido épocas, como la
revolución industrial, en que antiguas formas de opresión fueron sustituidas por
otras nuevas, y épocas en que triunfaron la inteligencia y el bien.
Los documentos que tenemos ante nosotros reflejan esa historia
compleja y accidentada de la búsqueda de las mujeres. Están llenos de promesas,
pero a menudo son insuficientes por lo que respecta a un compromiso concreto, y,
en ciertos aspectos, cabría preguntarse si sus resultados a largo plazo
contribuirán realmente al bien de las mujeres.
La delegación de la Santa Sede ha trabajado intensamente, de
modo constructivo y con espíritu de buena voluntad, para lograr que los
documentos reflejaran mejor los intereses de las mujeres. Ciertamente, el núcleo
fundamental de estos documentos está en las secciones sobre las necesidades de
las mujeres en situación de pobreza, sobre las estrategias para el desarrollo,
la alfabetización y la educación, el fin de la violencia contra las mujeres, la
cultura de la paz y el acceso al empleo, la tierra, el capital y la tecnología.
Mi delegación se complace en destacar la estrecha correspondencia entre estos
puntos y la doctrina social católica.
Sin embargo, mi delegación incumpliría su deber hacia las
mujeres, si no indicara también algunas áreas críticas en las que es mayor su
desacuerdo con el texto.
Mi delegación lamenta tener que hacer notar el individualismo
exagerado del texto, en el que se ha restado importancia a disposiciones
fundamentales de la Declaración universal de los derechos humanos como, por
ejemplo, la obligación de proporcionar «especial cuidado y asistencia» a la
maternidad. Esta selectividad representa, así, un paso más en la colonización
del amplio y rico lenguaje de los derechos universales, mediante un dialecto
empobrecido de derechos libertarios. ¡Seguramente este encuentro internacional
habría podido hacer por las mujeres y las jóvenes algo más que dejarlas solas
con sus propios derechos!
Seguramente debemos hacer por las jóvenes de las naciones pobres
algo más que hablar de facilitarles el acceso a la educación y a los servicios
sanitarios y sociales, mientras se evita cuidadosamente cualquier compromiso
concreto para dedicar a esa finalidad recursos nuevos y complementarios.
Desde luego, podemos hacer algo más que afrontar las necesidades
sanitarias de las jóvenes y las mujeres prestando una atención desproporcionada
a la salud sexual y reproductiva. Además, el lenguaje ambiguo sobre el control
indiscriminado de la sexualidad y la fertilidad podría dar a entender que
incluye la aprobación social del aborto y la homosexualidad.
Un documento que respete la dignidad de las mujeres debería
abordar la salud de la mujer considerada en su totalidad. Un documento que
respete la inteligencia de las mujeres debería prestar a la alfabetización, por
lo menos, tanta atención como a la fertilidad.
Por último, señora presidenta, dado que mi delegación alberga la
esperanza de que, más allá de estos documentos, en cierto modo contradictorios
entre sí, prevalezca en definitiva el bien de las mujeres, desea adherirse al
consenso únicamente sobre los aspectos antes mencionados de los Documentos que
la Santa Sede considera positivos y al servicio del bienestar real de las
mujeres.
Por desgracia, la adhesión de la Santa Sede al consenso sólo
puede ser parcial, puesto que hay numerosos puntos del Documento que son
incompatibles con lo que la Santa Sede y otros países creen favorable para el
verdadero progreso de las mujeres. Estos puntos quedan indicados en las reservas
que mi delegación ha añadido a esta declaración.
Mi delegación confía en que las mujeres mismas superen las
limitaciones de estos documentos y tomen lo mejor de ellos. Juan Pablo II lo
dijo muy bien: «El camino que tenemos por delante será largo y arduo; sin
embargo, debemos tener la valentía de seguir ese camino, y la valentía de
seguirlo hasta el final».
Solicito que el texto de esta declaración y las reservas
formalmente indicadas más abajo, así como la declaración de interpretación del
término «género», se incluyan en el informe de la Conferencia.
Señora Mary Ann Glendon Jefe de la Delegación de
la Santa Sede
*L'Osservatore Romano. Edición semanal en lengua española
n.38 p.2.
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