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PALABRAS DE SALUDO DEL CARDENAL TARCISIO BERTONE,
SECRETARIO DE ESTADO,
AL INICIO DE LA AUDIENCIA DEL PAPA A LOS NUNCIOS
Sábado 17 de febrero de 2007
Santo Padre:
Tengo el honor de presentarle a los nuncios apostólicos de los diversos países
de América Latina, convocados para un encuentro de tres días de comunión,
reflexión y profundización. Hemos analizado con realismo las situaciones que
afligen a las naciones del continente: la violencia, el narcotráfico, las
desigualdades, el desempleo y la economía informal, el deterioro de la
educación, la falta de democracia representativa y el avance del proselitismo de
las sectas.
Sin embargo, ante este panorama, que parece deprimente, brillan los fuertes
ideales hacia los que caminan las comunidades católicas y la multitud de laicos
maduros, guiados por sus obispos, para realizar las tareas históricas que
corresponden a los ciudadanos en las actuales situaciones geo-políticas, y está
aumentando el número de seminaristas y de sacerdotes.
Por tanto, no faltan motivos de esperanza; pero el recurso mayor, junto con las
riquezas naturales y la belleza del ambiente, es la fuerte tradición católica de
los pueblos latinoamericanos.
La tradición católica es el patrimonio fundamental de estos pueblos, lo que más
los define; es un don providencial que les ha transmitido un tesoro incalculable
de verdad y de amor, la "perla preciosa" que es Jesucristo, Verbo de Dios hecho
carne para compartir la pasión de los hombres y abrirlos a un destino de
justicia y felicidad. Él es el único Liberador y Salvador que rompe las cadenas
opresoras del pecado, que revela la misericordia de Dios y, al mismo tiempo, la
excelsa dignidad de toda persona humana. Es "Dios con nosotros", presencia
capital y compañía sacramental a través de su Iglesia. Es la "piedra angular"
para la construcción humana de la persona y de la sociedad.
También los que no comparten nuestra fe saben bien que sin esta valiosa
tradición, presente en la historia y en la cultura de los pueblos
latinoamericanos, resultarían incomprensibles la conciencia de la dignidad, la
sabiduría de la vida, la pasión por la justicia y la esperanza contra toda
esperanza, que vibran en el corazón de su gente.
Pero es preciso subrayar que este patrimonio no se ha adquirido de una vez para
siempre. Está sometido a la erosión causada por las incoherencias, por el
cansancio y por la falta de fe de quienes lo han acogido con el bautismo y están
llamados a vivirlo y a proclamarlo. La Iglesia no puede detenerse en su continuo
proceso de conversión a su Señor y, por tanto, en su proceso de purificación y
renovación. El abandono de la Iglesia católica por parte de tantas personas que
van a buscar otras comunidades e instancias en las que esperan poder colmar su
búsqueda religiosa, plantea serios interrogantes sobre la calidad de la
evangelización, la educación en la fe y la edificación de sus comunidades.
La tradición católica también está asediada por los ídolos del poder, de la
riqueza y del placer efímero. Ciertas corrientes culturales —sostenidas por
fuertes poderes transnacionales y mediáticos— propagan de modo global modelos de
vida cada vez más lejanos y hostiles con respecto a la tradición cristiana. No
obstante estos graves desafíos, la fe católica, gracias a Dios, sigue muy
arraigada en los pueblos de América Latina. Más aún, se recrea, se renueva y se
comunica gracias a la generación siempre nueva de discípulos de Cristo, los
cuales, a causa de la desbordante gratitud y de la alegría que manifiestan,
comparten con los demás el don de su encuentro con Cristo, así como el bien, la
verdad y la belleza que tienen la gracia de poder vivir.
Santo Padre, esperamos ahora su palabra y su bendición.
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