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MENSAJE DEL CARDENAL
TARCISIO BERTONE,
EN NOMBRE EL SANTO PADRE BENEDICTO XVI,
CON OCASIÓN DEL 30° ANIVERSARIO DE LA MEDIACIÓN
DEL PAPA JUAN PABLO II ENTRE ARGENTINA Y CHILE
Al Eminentísimo
Cardenal Jorge Mario Bergoglio, SJ
Arzobispo de Buenos Aires
Gran Canciller de la Pontificia Universidad Católica Argentina.
Señor Cardenal:
Con motivo de la Jornada dedicada "A 30 años de la Mediación de
su Santidad Juan Pablo II en el diferendo austral entre Argentina y Chile. Los
frutos de la paz (1978-2008)", organizada por la Pontificia Universidad Católica
de Argentina de Buenos Aires el próximo 16 octubre, el Santo Padre desea hacer
llegar un afectuoso saludo a los participantes en ese solemne acontecimiento.
Las celebraciones programadas quieren recordar la mediación
pontificia que contribuyó a resolver una controversia, que corría el riesgo de
convertirse en un conflicto, y reflexionar sobre los frutos de paz que de ella
han derivado hasta nuestros días.
El recuerdo de los acontecimientos de hace treinta años está
indisolublemente unido a la amada figura de Papa Juan Pablo II y a la destacada
obra de su Delegado especial, el Cardenal Antonio Samorè, ambos muy
comprometidos en la búsqueda de la paz y de la concordia entre los pueblos
argentino y chileno, unidos desde siglos por sólidos vínculos de fe y
solidariedad. Es obligado también mencionar al Card. Agostino Casaroli y a sus
colaboradores que, tras la muerte del llorado Card. Samorè, finalizaron los
trabajos de la mediación, hasta conseguir la firma de una declaración conjunta
de paz y de amistad, que tuvo lugar en el Vaticano el 23 de enero de 1984. Fue
un ejemplo admirable de construcción de la paz a través de la vía maestra y
siempre actual del diálogo, que tiene come finalidad no la supremacía de la
fuerza y del interés, sino la afirmación de una justicia ecuánime y solidaria,
fundamento seguro y estable de la convivencia entre los pueblos.
A treinta años del acontecimiento la mediación del Beagle
continúa siendo un ejemplo que se puede poner para llamar la atención de la
Comunidad internacional, ya que muestra, junto a la paciencia y a la
responsabilidad de las partes implicadas, cómo en todas las controversias el
diálogo no perjudica los derechos, sino que amplía el campo de las posibilidades
razonables para resolver las divergencias. Es necesario, por tanto, seguir
recurriendo a la diplomacia y a sus métodos de negociación, que toman su fuerza
del bagaje moral de los pueblos, dándoles confianza para garantizar la paz, la
seguridad y el bienestar. Las nuevas generaciones, teniendo presente las
lecciones de la historia, antigua y reciente, están llamadas a mirar al futuro
con ojos de esperanza y a comprometerse en la realización de la civilización del
amor, de la cual Juan Pablo II fue profeta, aunque no siempre fuera escuchado.
Mientras desea que la iniciativa contribuya a reforzar los
vínculos de paz y amistad entre los pueblos hermanos de la región, el Santo
Padre invoca sobre todos los participantes en esa Jornada abundantes gracias
divinas e imparte cordialmente a las queridas poblaciones argentina y chilena,
como signo de su paterna solicitud, la Bendición Apostólica.
En esta feliz circunstancia, uniéndome a los deseos del Santo
Padre, aprovecho la ocasión para reiterarle, Señor Cardenal, los sentimientos de
mi consideración y estima en Cristo.
Tarcisio Cardenal Bertone
Secretario de Estado de Su Santidad
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