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VIAJE A CHILE DEL CARDENAL SECRETARIO DE ESTADO
(5 – 15 ABRIL 2010)
BENDICIÓN DE LA CAPILLA VIRGEN DE LA PAZ
HOMILÍA DEL CARD.
TARCISIO BERTONE
Libertad, viernes 9 de abril de 2010
Señor Arzobispo,
Señor Nuncio Apostólico,
Hermanos Sacerdotes,
Dignísimas Autoridades,
Queridos amigos de las poblaciones de Libertad y Gaete,
Hermanos todos en el Señor
Este encuentro me llena de íntima satisfacción y me hace evocar mis visitas
pastorales, cuando era Arzobispo de Vercelli y Génova, y me hacía presente en
medio de las comunidades parroquiales como testigo de Cristo y mensajero de la
buena noticia de su redención.
Con el salmo que la liturgia de la misa nos propone hoy, la Iglesia no se cansa
de repetir: “La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra
angular” (Sal 117,22). La piedra a la que se refiere el salmista, dice
San Pablo, es Cristo (cf. 1 Co 10,4). Y añade: “Nadie puede poner otro
cimiento fuera del ya puesto, que es Jesucristo” (1 Co 3,11).
En efecto, por su victoria sobre la muerte, el Padre hizo de su Hijo Jesús la
base sólida del nuevo Pueblo de Dios, que es la Iglesia. Por Cristo crucificado,
muerto, sepultado y resucitado al tercer día, nosotros nos integramos en la
nueva construcción, para ser morada de Dios, por el Espíritu (cf. Ef
2,19-22).
De esta magnífica realidad eclesial es símbolo cada templo visible, como éste en
el que nos encontramos y que ahora bendecimos. A esta alegría se suma la de
inaugurar el centro comunitario “San Damián de Molokai”.
Estas piedras materiales, estas estructuras visibles, son signos luminosos que
animan a todos a edificar continuamente la vida personal, familiar y social
sobre Cristo, el único que puede salvar (cf. Hch 4,11-12). En esta
hermosa tarea no les faltará el auxilio del Señor.
Sé que esta capilla y el centro que inauguramos son fruto de innumerables
esfuerzos. Estas obras han ido creciendo con la solidaridad y fraternidad de
muchos, y mi deseo es que también Ustedes sigan creciendo en la fe, en la
esperanza y en la caridad, en el seguimiento de Cristo, nuestro maestro,
imitándolo en todo momento y pasando por el mundo, como Él, haciendo el bien y
consolando a los afligidos (cf. Hch 10,38).
A cuantos hoy se gozan ante estas hermosas realidades eclesiales, quisiera
transmitirles la cercanía y la paterna solidaridad de Su Santidad Benedicto XVI,
que lleva en su corazón este lugar y a todos sus habitantes, en particular a
cuantos han sufrido el reciente terremoto y sus graves consecuencias. Llegue a
todos el afecto del Papa, que reza por Ustedes, así como por los fallecidos y
heridos a causa de tan terrible catástrofe.
Pido a Dios que recompense a todos los que con su valiosa colaboración han hecho
posible estas espléndidas obras. La divina Providencia ha permitido que la
inauguración del centro social “San Damián de Molokai” y la bendición de esta
capilla “Virgen de la Paz” adquieran una nueva dimensión, como si fueran una
exhortación a tener una fe rica en amor, que les lleve a trabajar, con la unidad
y el sacrificio de todos, en la reconstrucción de todo lo que ha sido destruido.
Para esto, permanezcan siempre unidos a la Virgen Santísima, la humilde esclava
del Señor, como hemos proclamado en el evangelio (cf. Lc 1,46-55). Ella,
que llevó en sus purísimas entrañas al Salvador del mundo, intercederá por
Ustedes para que también lo lleven en su corazón y den un testimonio constante
de su mensaje de salvación.
Que María, Reina de la Paz, a la que miramos como modelo de entrega al Señor
Jesús, los sostenga con su protección maternal tras las huellas de su Hijo
resucitado, el Salvador que el Padre ha enviado al mundo. Y que san Damián de
Molokai, ejemplo vivo de amor a Dios y a los hermanos, interceda siempre por
Ustedes y les alcance del Señor copiosas bendiciones.
Amén.
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