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VIAJE A CHILE DEL CARDENAL SECRETARIO DE ESTADO
(5 – 15 ABRIL 2010)
PALABRAS DE CARD. TARCISIO BERTONE
EN EL SANTUARIO DE SANTA TERESA DE LOS ANDES
Auco, Chile
Sábado 10 de abril de 2010
Venerados Hermanos en el Episcopado
y en el Sacerdocio,
Ilustres Autoridades,
Estimados religiosos y religiosas,
Queridos devotos y peregrinos:
Les saludo cordialmente en este lugar tan significativo para todos
Ustedes, para los chilenos y para tantos peregrinos y devotos del mundo entero.
Les transmito también el afecto y la cercanía del Santo Padre por este pueblo,
que tiene muy presente en su oración, especialmente en estos momentos difíciles
a causa de las consecuencias trágicas del gran terremoto sufrido hace unas
semanas. El Papa lleva en su corazón a este País y, al pasar frecuentemente ante
la estatua de Santa Teresa de los Andes, colocada en un muro exterior de la
Basílica de San Pedro, le complace contemplar el gran fruto de santidad nacido
en estas tierras.
Al llegar a este hermoso Santuario, coronado por la majestuosidad de la
cordillera de los Andes, se comprende por qué se le ha llamado la «capital
espiritual de Chile». En efecto, desde su fundación hasta nuestros días, han
sido incontables las familias, los niños, los jóvenes, los ancianos y personas
de toda condición que han peregrinado aquí desde los más diversos lugares del
País, para orar, atraídos por la santidad impresionante de Santa de Teresa de
los Andes.
Es también conmovedor el así llamado «camino de santidad entre Chacabuco
y los Andes», que recorren miles y miles de peregrinos, atravesando los cerros
desde la tierra que vio la alegre niñez de la entonces Juanita, hasta este lugar
santo, donde se venera su sepulcro. Es como rememorar el itinerario espiritual
de esta Santa, «nuestra Teresita de los Andes», como decía el Papa Juan Pablo
II, que se sintió particularmente agraciada por Dios y, no obstante su corta
edad, alcanzó una intimidad sin igual con Él.
Ante estos hechos, surge espontánea la pregunta: ¿Qué han visto en esta
figura los chilenos, que no dejan de visitar este Santuario? ¿Por qué atrae
tanto Santa Teresita y muchos jóvenes la sienten como propia? La respuesta la da
ella misma, con sus escritos y su propia vida: conoció el amor infinito del
Señor, y se entregó con toda su alma a Él. Se enamoró de tal manera de Jesús que
repetía: «Este loco de amor me ha vuelto loca». ¿Hay algo más atractivo y
conmovedor que amar al Amor mismo, de una manera que supera cualquier
experiencia meramente humana? El corazón limpio, que no se contenta con
banalidades o con cierta satisfacción momentánea, entiende esto muy bien. Y, tal
vez, lo entienden especialmente los jóvenes, con su búsqueda constante de lo
auténtico y de lo que realmente vale la pena en sus proyectos de vida.
Santa Teresita nos enseña que este tipo de amor no nos aleja de la vida
cotidiana, sino que la ilumina y engrandece. Cautivada por Jesús desde su niñez
y, movida por ese amor, vivió su vida con pasión, con la alegría y la
profundidad de una verdadera amiga y hermana del Señor. Amó a su familia,
especialmente a su padre. Amó la naturaleza, el deporte, y entendió que en la
vida diaria había que amar en todo a Jesús... Y lo amó en su Palabra, en el
silencio, en la Eucaristía, en el prójimo; lo amó con salud rebosante y también
en la enfermedad, y acrecentó este amor en la oración que, como decía la gran
Santa Teresa de Ávila, es a fin de cuentas un «trato de amistad». Así lo
demuestran los escritos de Teresita, llenos de sabiduría, belleza y humildad.
Queridos amigos, lo digo de manera sencilla: ¡Qué linda es vuestra
Teresita! ¡Qué privilegio tenerla como primera santa de la Patria! Y ¡qué
acertado llamarla de los Andes!, pues este inmenso cordón montañoso hace resonar
la belleza de su nombre, su vida y su santidad mucho más allá de Auco, mucho más
allá de Chile.
Naturalmente, Teresita es un privilegio especialmente para la comunidad
de Carmelitas Descalzas, que ha visto florecer en su seno esta joya de santidad
y cuenta con un preclaro ejemplo de total consagración a Dios, que vale más que
cualquier otra cosa. Lo es también para las Carmelitas Misioneras Teresianas,
que con su atención al Santuario ayudan a los peregrinos y devotos a descubrir
el tesoro de santidad que aquí se custodia. Y lo es, en fin, para los Padres
Carmelitas, testigos del raudal de gracia que el Señor ha querido dispensar en
este templo singular.
Pidamos a Santa Teresa de los Andes que interceda por su querido Chile,
especialmente en este año del bicentenario, y también en situaciones de
dificultad, como las actuales, que requieren la serenidad de espíritu y la
entereza que ella tuvo por su arraigo en la fe y en el amor a Cristo. Roguemos a
la Virgen del Carmen, a quien está dedicado este Santuario, que dé su maternal
consuelo y protección a quienes a Ella se acogen. Y, a quienes vienen en busca
de autenticidad y hondura, los guíe hacia su divino Hijo, Jesucristo, que es «el
Camino, la Verdad y la Vida» (Jn 14,6).
Muchas gracias.
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