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CARTA DEL SECRETARIO DE ESTADO AMLETO CICOGNANI,
EN NOMBRE DEL PAPA JUAN XXIII,
AL CARDENAL PAUL EMILE LÉGER, ARZOBISPO DE MONTEAL,
CON OCASIÓN DE LAS JORNADAS DE CINE Y TELEVISIÓN

 

Eminentísimo señor:

El Soberano Pontífice ha acogido con satisfacción la noticia de las próximas Jornadas Internacionales de Montreal, tan oportunamente organizadas en común por la Oficina Católica Internacional de Cine (OCIC) y por la Asociación Católica Internacional de Radio y Televisión (UNDA), sobre el tema: "Los creadores de films y de emisiones de televisión".

Ha llegado a ser tal la importancia de las técnicas audiovisuales que, desde el comienzo de su Pontificado, Su Santidad recordó en la encíclica "Ad Petri Cathedram" las graves responsabilidades de todos los que tienen alguna autoridad o influencia en este campo. En primera línea figuran naturalmente los autores —o como se acostumbra a llamarles, los "creadores"— de películas y emisiones televisadas. Por esta razón viene a propósito el que las "Jornadas" de Montreal se hayan propuesto estudiar a la luz de la fe y a partir de la experiencia, las profundas exigencias de los realizadores de películas y de emisiones televisadas, y la contribución que la Iglesia puede y desea proporcionarles en la realización de su tarea.

Si es difícil medir exactamente la influencia que el cine y la televisión ejercerán en el futuro espiritual de la Humanidad, podemos estar seguros, en todo caso, que esta influencia no hará más que crecer y que la actividad de los artistas "creadores" está llamada a condicionar de hecho, en una gran medida, el bienestar espiritual y el desarrollo moral de las futuras generaciones. Ya es bastante decir sobre la grandeza de su misión y la gravedad de sus responsabilidades.

El autor de un film o de una emisión de televisión desde luego, no debe contentarse con recrear o fascinar al extenso público al que se dirige. Debe, según la expresión misma del Papa, considerarse como un educador de la sociedad (Cf. Motu Propio Boni Pastoris, 1959) y saber servirse de su arte para enriquecer, ilustrar y elevar a las almas.

De aquí se sigue para estos realizadores un deber preciso: el de perfeccionar su competencia artística y técnica en pro de una profunda cultura cristiana y de una intensa vida interior. Pío XII les exhortaba en un documento justamente célebre, dejándoles entrever al mismo tiempo los frutos de sus esfuerzos. "Si se acercan a las fuentes de la gracia, si asimilan la doctrina del Evangelio, si están instruidos en las enseñanzas de la Iglesia sobre la vida, verán abrirse ante ellos caminos nuevos y luminosos, notarán despertarse en ellos una inspiración nueva para inmortales obras maestras" (Miranda Prorsus).

La obtención de resultados tan deseables, sin duda alguna será facilitada si los autores católicos de films y de emisiones televisadas se preocupan de trabajar en amistosa colaboración con las oficinas católicas nacionales especializadas en este campo. Ellos se darán cuenta, al recurrir a la Iglesia para todo lo que se refiere al aspecto moral y al contenido religioso de sus producciones, que esta colaboración no irá jamás en detrimento de su talento, sino que les ayudará, al contrario, a usarlo de tal manera que sea, para sus almas y las de los demás, fuente de paz y de alegría, en lugar de ser ocasión de dudas y de remordimientos.

A este respecto, es de desear que el esfuerzo común de los organismos católicos haga nacer centros de formación adaptados a las necesidades de los tiempos y de los lugares, donde los artistas puedan encontrar, en las mejores condiciones, el apoyo espiritual y moral indispensable al ejercicio de su noble profesión.

Con esta confianza, Su Santidad invoca sobre todos los que tomarán parte en las Jornadas de estudio de Montreal, en primer lugar para V. Eminencia, para los Miembros de la Jerarquía, para las Autoridades Civiles y Organizadores de esta importante reunión, la abundancia de las gracias celestiales, en prenda de las cuales os concede de todo corazón su paternal Bendición Apostólica.

Dignaos recibir, Eminentísimo Señor, la expresión de los sentimientos de veneración, con los cuales beso vuestras manos y me siento gustoso de mostrarme el más humilde, devoto y obediente servidor en Nuestro Señor de V. Eminencia.

AMLETO CICOGNANI
Secretario de Estado

 

Copyright © Libreria Editrice Vaticana

 
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