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MENSAJE DEL CARD. SECRETARIO DE ESTADO
EN NOMBRE DE SU SANTIDAD JUAN XXIII
A LA 49 SESIÓN DE LAS SEMANAS SOCIALES DE FRANCIA

 

Señor presidente:

Las Semanas Sociales de Francia van a dedicar su próxima sesión a un problema de gran actualidad: "La Europa de las personas y de los pueblos". Han escogido con acierto para este encuentro la villa de Estrasburgo, punto de atracción internacional a la par que hogar de intercambios espirituales, culturales, políticos y económicos, que la hacen una encrucijada privilegiada de Europa.

Me es grato manifestaros la satisfacción del Padre Santo al ver que las Semanas Sociales —en un aprendizaje «tan útil y apreciable»— como ya se complacía en reconocer el Papa Pío XI de venerada memoria (Quadragesimo anno, A. A. S. XXIII, 1931, página 183), abordan este tema tan importante a la luz de los principios cristianos.

Europa, a pesar de las dificultades y controversias engendradas por los legítimos debates sobre las instituciones que se han de promover y las estructuras que se han de edificar, es una realidad que se construye cada día. Como decía ya Pío XII: «¡Por qué dudar todavía? El fin es claro. Las necesidades de los pueblos están a la vista de todos. A quien exija por delante la garantía del éxito se le puede responder que se trata ciertamente de un riesgo, pero necesario; de un riesgo, pero adaptado a las posibilidades del presente; de un riesgo razonable» (Radiomensaje de Navidad, 1953).

Se ha corrido el riesgo, y esta audacia ha tenido su recompensa. La Comunidad Europea del Carbón y del Acero cuenta ya con una gran experiencia positiva. No solamente ha sustituido a las antiguas rivalidades destructivas por una amistad fecunda entre vecinos legítimamente orgullosos de su pasado, sino que ha realizado en un territorio que desborda las fronteras nacionales, toda una promoción social que da trabajo a los parados, iguala los niveles de vida, facilita el esfuerzo económico y contribuye a la paz. A su lado y con su mismo espíritu ha podido surgir una Comunidad Económica Europea, ampliamente abierta a nuevos miembros, de suerte que Europa se encuentra  ahora comenzando a edificar un nuevo edifico, se trata de su estructuración política, problema que atañe evidentemente, ante todo, a los responsables de la ciudad temporal, pero que interesa también a los cristianos y a la Iglesia.

Pues, es un deber de justicia para los primeros contribuir a verdadera solución, pudiendo tener consecuencias no indiferentes para la expansión de la fe. Corresponde a la Iglesia, que por su naturaleza y su misión se encuentra por encima de todos los problemas y responsabilidades de orden temporal, aportar aquí como en otras ocasiones los principios morales que iluminan la acción de los hombres responsables y guían los trabajos para encontrar instituciones competentes. También, con buen acuerdo, las Semanas Sociales han estimado que ha llegado el momento de pensar en los fines a seguir, en las actitudes que hay que tomar y en los medios que deben emplear las diversas comunidades, y en las responsabilidades que deben asumir las personas en la edificación de Europa.

¿Qué fin hay que conseguir? ¿La unión europea que se va a construir puede poseer un bien común propio, como lo tiene cada pueblo? Un bien común que no se trata del bien particular defendido por un grupo o una categoría social, sino que se define por su relación con el último fin de las personas miembros de la comunidad, de todas y de cada una. Sin duda alguna este bien común europeo existe; es preciso afianzarlo y esforzarse en promover su realización. Uno y universal por definición, no podría favorecer a una nación o a un grupo social con detrimento de los demás. Lleva consigo elementos económicos: una prosperidad que ha de desarrollarse armoniosamente; elementos sociales: un equilibrio que hay que mantener y restaurar entre las diversas categorías de ciudadanos; finalmente, elementos políticos: un orden jurídico que hay que establecer, promulgar y defender.

Mas la esencia de este bien común es más profunda. El elemento constitutivo de un pueblo, más allá de sus características de raza, lengua, cultura, tradición y religión, que lo determinan, se encuentra en su "deseo de vivir en colectividad", que se manifiesta en formas comunes de pensar, de sentir y de vivir. ¿No sucede esto en Europa, cuyos componentes económicos, sociales y políticos encuentran su fuerza unificadora en lo que es preciso llamar con razón espíritu europeo, fundado en los frutos de los valores espirituales comunes?

Existe en efecto un patrimonio europeo humanista y universalista, cuyos elementos se encuentran en cada cultura nacional y cuya realización ha de conseguir una paz y una fraternidad mayores. Se cuenta con el humanismo griego, con su sentido del equilibrio, de la medida y de la belleza; el espíritu jurídico romano que da a cada uno su puesto y sus derechos en una comunidad política sólidamente estructurada. Pero sobre todo, lo que ha modelado el alma europea desde hace casi dos milenios, es el cristianismo, que ha trazado los rasgos de la persona humana; libertad, autonomía y responsabilidad. Este personalismo, que atañe a la vocación de cada ser e insiste en la complementariedad del cuerpo social, es la clave del patrimonio europeo y hace comprender todos sus elementos: riqueza intelectual y moral, cultural y artística y hasta el progreso técnico y científico.

La Europa que se construye será, pues, como lo propone la Semana Social de Estrasburgo, una "Europa de personas y de pueblos", realidad viva y original que se elabora con las aportaciones nacionales.

Porque cada una de las comunidades históricas que componen Europa es rica en tradiciones dentro de las cuales se ha desarrollado la actividad política de los hombres. Y los Estados tienen como función propia garantizar el patrimonio que comprende la riqueza de cada nación y el capital de energías personales y sociales que representa cada patria. Es la base misma de un conjunto europeo, cuyos miembros tendrán que definir poco a poco las instituciones comunes que, salvaguardando siempre el bien de cada comunidad, puedan promover el bien común europeo.

La instauración de Europa, lejos de ser patrimonio exclusivo de los Gobiernos, será también la obra de los pueblos. Cada uno tiene su parte, abriéndose a ideas más grandes y contribuyendo a formar una opinión política atenta al interior de los diversos grupos naturales. Entre estas comunidades humanas, es necesario subrayar de una manera especial la importancia de las corporaciones intermediarias y de la familia.

Pertenece a las corporaciones intermediarias de cada nación anudar entre ellas, en sus campos respectivos, los lazos que hagan efectiva su solidaridad. Deben contar también con la posibilidad de hacerse escuchar en las cuestiones de interés general, como lo permiten ya los procedimientos consultivos de diversas instituciones europeas. Esto se refiere tanto a los organismos sindicales como a las demás asociaciones de orden económico y cultural, a las que es necesario reconocer su esfera de iniciativa y de acción. Si la tarea de los poderes públicos es ayudar, coordinar y también estimular, las corporaciones intermediarias tienen un papel irremplazable que hay que asegurar porque constituyen la estructura fundamental de las relaciones entre los pueblos.

En cuanto a las familias es evidente que forman el centro vital de la Europa de las personas y de los pueblos, y que no podrían ser sacrificadas en la organización de los países europeos. Los economistas se preocuparán, en primer lugar, de asegurar a los trabajadores la garantía del empleo y de un justo salario, de una asistencia social suficiente, de viviendas adaptadas y de condiciones de vida que permitan a todos responder como conviene a su responsabilidad de jefes de familia. Será preciso tomar las medidas necesarias para ayudar a las familias a conservar su estabilidad en medio de los movimientos de población cada vez más importantes. El Padre Santo lo recordaba recientemente con energía, a propósito de los problemas de la emigración: «La familia es para el emigrante un refugio intangible, donde él rehace sus fuerzas, se encuentra a sí mismo y adquiere energías para un nuevo esfuerzo. Ella es también, como todos pueden comprender, la mejor ocasión para insertarse en la comunidad humana» (Alocución. al Consejo Superior de la Emigración, 20 de octubre de 1961). Este papel primordial e irremplazable de la familia no puede ser ignorado por aquellos que trabajan en la construcción de Europa.

Es decir, que la realización progresiva de la unidad europea impone el dejar anulados los aislacionismos y los nacionalismos rígidos. Solamente a este precio se constituirá una verdadera comunidad, expresión auténtica de una solidaridad personal, no encerrada en un círculo de intereses egoístas, sino abiertas a los intereses universales y superiores de la humanidad. un doble movimiento animará, pues, a esta construcción siguiendo lo enseñado con precisión por Su Santidad Juan XXIII en la encíclica Mater et Magistra. La comunidad europea tendrá que remediar progresivamente las desigualdades de desarrollo de sus regiones geográficas y de sus sectores de actividad, tanto agrícolas como industriales, sin olvidar a los otros continentes, cuyo armonioso crecimiento deberá favorecer.

Solamente la unión de los espíritus y de los corazones, en una misma fe y un mismo amor, podrá realizar esta comunidad supranacional, ante todo europea, pero con una vocación mundial. También en esta obra eminentemente pacífica, los católicos deben encontrarse en primera fila. Sin duda, serán llamados a tomar parte activa en instituciones en que Dios no esté explícitamente reconocido como el Autor y el Legislador del universo. Se encontrarán «muchas veces con hombres que no tendrán la misma concepción de la vida. Que entonces procuren con gran cuidado ser consecuentes consigo mismos y no admitir ningún compromiso que dañe la integridad de la religión y de la moral. Pero también que examinen las posiciones de los demás con benevolencia y equidad, que no miren únicamente por sus intereses y que colaboren en toda obra buena en sí misma o que pueda conducir al bien» (Mater et Magistra).

Llevarán siempre en su ánimo la declaración tan actual del Papa Pío XII, que dirigiéndose al Consejo de Europa, el 13 de junio de 1957, subrayaba los estrechos lazos entre el mensaje cristiano y Europa: «Si es verdad —decía Pío XII— que el mensaje cristiano fue para ella como el fermento encerrado en la masa que la trabaja y la hace subir, no es menos verdad que este mismo mensaje sigue siendo, hoy como ayer, su valor más precioso; él es capaz de guardar en su integridad y vigor, con la idea y el ejercicio de las libertades fundamentales de la persona humana, la función de la sociedad familiar y nacional, y garantizar, en una comunidad supranacional, el respeto a las diferencias culturales, el espíritu de conciliación y colaboración con la aceptación de los sacrificios que él lleva consigo y la entrega que exige» (Al Consejo de Europa, 13 de junio de 1957).

A este precio la construcción europea será un éxito, asegurado por el concurso de todas las buenas voluntades. La semana social de Estrasburgo, bajo vuestra distinguida presidencia y con las enseñanzas de maestros expertos, contribuirá por su parte a orientar los espíritus hacia la edificación de una gran comunidad de hombres libres, que garantice a los suyos y extienda a través del mundo la prosperidad y la paz, dentro de una íntegra fidelidad a las más altas exigencias de la persona.. Seréis dirigidos en vuestros trabajos por Su Eminencia Monseñor Juan Julián Weber, arzobispo-obispo de Estrasburgo, y por su distinguido coadjutor Monseñor Arturo Elchinger. No podréis encontrar mejores guías ni dirección más segura. El Padre Santo invoca para sus Excelencias, para usted, sus colaboradores y todos los participantes en estas reuniones europeas, la abundancia de las gracias divinas, en prenda de las cuales os envía gustoso una grande y paternal Bendición Apostólica.

Complacido en transmitiros estos apreciables aliento comunico mis mejores votos por el pleno éxito de vuestros trabajos y os manifiesto mis sentimientos de afecto en Nuestro Señor.

 

 

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