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CARTA DEL SECRETARIO DE ESTADO CARD. CICOGNANI,
EN NOMBRE DE SU SANTIDAD JUAN XXIII,
AL XXV CONGRESO MUNDIAL DE «PAX ROMANA»

 

Señor Presidente:

«Pax Romana» va a celebrar su vigésimo quinto congreso mundial en Montevideo, para estudiar "la responsabilidad social de la universidad y del universitario". El Padre Santo, que alienta entusiasmado la exposición conjunta de iniciativas y esfuerzos de los intelectuales y de los estudiantes católicos sobre este importante tema, me ha encargado, en vísperas de vuestra reunión, de manifestaros su paternal interés por vuestros trabajos.

Vuestros congresos precedentes han puesto de relieve las tres tareas fundamentales de la universidad: formación profesional, búsqueda y difusión de la verdad, educación de la personalidad, con miras a formar una élite intelectual capaz de pensar y de resolver los problemas planteados a la profesión, a la ciencia y a la sociedad. ¿Quién no ve las consecuencias de esta influencia de la universidad en la vida de los pueblos y, por tanto, las responsabilidades que se derivan para los universitarios? Con acierto, pues, habéis orientado vuestras reflexiones hacia un examen profundo de éste problema tan actual.

En un mundo en plena transformación, la universidad, que forma las élites, tiene una gran responsabilidad, por razón de la influencia ejercida sobre aquellos que formarán mañana los cuadros de la nación. ¿Quién no siente la apremiante necesidad de que la universidad se abra a todos los espíritus con ansias de saber, en lugar de reservar sus enseñanzas a los privilegiados por su nacimiento y su fortuna? Y la acción de esta élite dependerá en gran manera, por lo menos para algunos, del espíritu en que han sido preparados para ocupar los puestos de la dirección de la sociedad. Es decir, que la universidad, abriéndose ampliamente al conjunto de los grupos sociales, y asegurando a los estudiantes una sana capacidad de juicio y de interpretación de la realidad, será una fuerza de transformación de la sociedad, capaz de influir profundamente sobre sus estructuras fundamentales.

A los deberes que le incumben de cara a los estudiantes, la universidad debe sumar los deberes para con los grupos sociales y con los Estados. En un mundo en que los medios técnicos toman un papel creciente, y peligran de atenuar el sentido de los valores humanos fundamentales, ella tendrá la preocupación de inculcar su respeto, y aportará su contribución indispensable en el armonioso desarrollo de la vida social.

Nadie duda que el examen filial y atento de la encíclica Mater et  Magistra, colocado con acierto en el programa del próximo congreso, ayudará a los participantes a tomar las orientaciones que la Iglesia y el mundo de hoy esperan de los intelectuales y de los universitarios católicos.

Confiando en esto, el Padre Santo pide para vuestros trabajos la abundancia de las gracias divinas, en prenda de las cuales os concede, lo mismo que a todos los congresistas de Montevideo, una paternal Bendición.

Gustoso de transmitiros estos apreciables alientos, formulo votos por el pleno éxito de vuestro Congreso, y os testimonio mis sentimientos de afecto en Nuestro Señor.

AMLETO JUAN CARD. CICOGNANI
Secretario de Estado

 

 

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