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MENSAJE A LOS PARTICIPANTES EN LA SEMANA SOCIAL
DE LOS CATÓLICOS DE GUATEMALA

 

A mons. Víctor Hugo MARTÍNEZ CONTRERAS
Arzobispo de Los Altos Quetzaltenango-Totonicapán
Presidente de la Conferencia episcopal de Guatemala

Señor arzobispo:

1. Al celebrarse la I Semana social de los católicos de Guatemala, dedicada a: «La Familia, fuente de la identidad, bien común y democracia», Su Santidad Juan Pablo II me ha encargado hacer llegar su cordial saludo a los organizadores y participantes, manifestando a la vez su complacencia por haber elegido un tema tan importante como objeto de estudio y reflexión.

Es también motivo de satisfacción saber que esta Semana es iniciativa de un grupo de laicos comprometidos, que han recibido el apoyo y el encargo del Episcopado de llevarla a cabo. Después de largos años de luchas internas fratricidas en Guatemala, se ha tomado conciencia de la urgente necesidad de reconstruir la sociedad sobre sólidos fundamentos, iluminados por la doctrina social y el magisterio de la Iglesia. En este sentido, ese encuentro es una ocasión propicia para analizar la problemática de la persona y del contexto social, económico y político en que vive. Se trata, además, de defender la dignidad y los derechos inalienables de la familia a la luz del Evangelio y de las enseñanzas de la Iglesia. Por esto el Papa alienta vivamente a los participantes a prestar tan importante servicio a la sociedad guatemalteca, encaminado a salvaguardar el carácter trascendente de la familia, promover la calidad de su vida y todos sus derechos en un clima de libertad, justicia social y solidaridad.

2. Gran parte de los males que sufre la sociedad tienen sus raíces en el hecho del débil, y a veces inexistente, núcleo familiar. No hay duda de que el elevado número de madres solteras y de familias desintegradas repercute en la problemática nacional. Ante ello es necesario que las normativas legales se inspiren en los principios de respeto y aprecio por la institución familiar, tutelando los derechos inalienables de la familia a la procreación, educación y orientación de los hijos. Tampoco se ha de olvidar que la familia es una institución anterior al Estado y, por tanto, las leyes deben reconocer su prioridad, evitando toda intromisión abusiva que pudiera limitar sus derechos y responsabilidades.

3. Es conocido que los guatemaltecos, sobre todo la mayoría indígena y campesina, tienen en alta estima la familia. En ellos la maternidad y filiación son consideradas como grandes valores que es necesario preservar frente a los peligros de desintegración. Sin embargo, la situación de familias en áreas marginadas es preocupante, pues un alto número de niños nacen en hogares sin ninguna estabilidad o, como suele decirse, en «familias incompletas». Muchas de ellas viven en condiciones de subdesarrollo material y cultural, que reclama urgentes medidas de recuperación. Todo esto crea una inseguridad ante el futuro y, sobre todo, impide de raíz que numerosos guatemaltecos puedan realizarse plenamente como personas.

Ante este panorama urge una solícita atención pastoral para subsanar la falta de educación en el amor y de preparación al matrimonio, así como de formación de los esposos para una paternidad responsable. Además, el considerable número de familias que no ha recibido el sacramento del matrimonio, pero que viven en cierta estabilidad, fidelidad y responsabilidad, exigen un especial acompañamiento pastoral.

4. Es consolador comprobar cómo, junto a familias disgregadas o destruidas, existen también familias que son verdaderas «iglesias domésticas», en cuyo seno se vive la fe y se educa a los hijos, dando buen ejemplo de amor entre sí y al prójimo. A este respecto, es de alabar la acción callada y constante de los movimientos cristianos en favor de la familia, que tratan de promover los valores y la espiritualidad del hogar. Así pues, los agentes de pastoral deben promover estructuras que hagan posible la vida en familia, facilitando ambientes formativos para los jóvenes, pues a los hijos no se les engendra del todo hasta que no se les convierte en personas maduras, en ciudadanos de una comunidad humana y miembros activos de la Iglesia pueblo de Dios.

5. Ya a las puertas del nuevo milenio cristiano es de esperar que los propios centros educativos, considerando su labor como un servicio, enseñen a los padres a cumplir con el deber irrenunciable de formar a sus hijos en la auténtica libertad. Ello será posible si les ayudan a descubrir en el rostro misericordioso de Dios Padre la ternura y el amor generoso que toda persona anhela en lo profundo de su ser y que favorece el desarrollo equilibrado de los niños y los jóvenes. De este modo podrán alcanzar una madurez y responsabilidad en la vida personal y familiar, aprendiendo a comprometerse en su papel de futuros ciudadanos, como base indispensable para una convivencia social estable y pacífica, que quiera considerarse verdaderamente democrática.

6. Finalmente, el Santo Padre espera vivamente que esta I Semana social de los católicos de Guatemala impulse a los laicos comprometidos, iluminados por la doctrina social de la Iglesia, a estar presentes en todos los ámbitos de la vida pública, buscando y proponiendo soluciones a los diversos problemas morales, sociales, políticos, económicos y culturales de los ciudadanos. A este respecto, los católicos, como los demás ciudadanos, tienen el deber y el derecho de contribuir al progreso de su nación a través del diálogo y la participación responsable, buscando primordialmente el bien común. De este modo se cumplirán los objetivos que se ha propuesto esta Semana social, entre ellos, educar las conciencias para la libertad y el servicio de las personas en el ámbito de la familia; promover, asimismo, todas las iniciativas que puedan ayudar a construir una nueva sociedad, en la que se respeten los derechos fundamentales de la persona y la justicia social, favoreciendo un profundo proceso de reconciliación nacional en todas las capas de la población.

Por esto, el Santo Padre eleva su plegaria a Jesucristo, Redentor del hombre, por intercesión de su Madre santísima, para que mantenga viva la esperanza de los participantes en esa Semana social y para que los mueva a trabajar asiduamente en favor de las familias de Guatemala. Con estos vivos deseos, les imparte con particular afecto la bendición apostólica. En esta circunstancia me es grato manifestarle, señor arzobispo, los sentimientos de mi consideración y estima en Cristo.

Vaticano, 19 de junio de 1999

Cardenal Angelo SODANO
Secretario de Estado de Su Santidad

 

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