 |
MENSAJE DEL CARDENAL ANGELO SODANO AL V CONSEJO INTERNACIONAL DE LA CIJOC
El Escorial (Madrid), 10-26
de octubre de 2000
Señora
Presidenta:
1.
Me complace transmitir el cordial saludo de Su Santidad Juan Pablo II a todos
los "jocistas" reunidos en El Escorial (Madrid), para participar
en el V Consejo Internacional de la CIJOC, como representantes de esta
organización en los diversos países y continentes.
Vosotros
seguís la gran tradición "jocista", que hunde sus raíces en
aquella intuición apostólica del P. Joseph Cardjin, el cual se propuso
ayudar a los jóvenes trabajadores a ser testigos de la esperanza cristiana
en su propio ambiente laboral. En las primeras décadas del siglo XX, este
celoso sacerdote belga supo percibir con clarividencia la situación de la
juventud trabajadora, sometida no sólo a condiciones muy penosas en las
fábricas, sino también expuesta a poderosos influjos que la hacía sentirse
alejada de la vida de la Iglesia. Lo movió sobre todo su conciencia
misionera por el destino de aquellos jóvenes trabajadores para los cuales
fundó la JOC. La difusión de este movimiento especializado de la Acción
Católica fue tal que pronto, desde casi sus orígenes francobelgas, se
transformó en una corriente viva que tuvo como protagonistas a jóvenes
trabajadores de muy diversos países, forjadora de militantes cristianos en el
mundo del trabajo y enriquecedora de la misión de la Iglesia en el ámbito
urbanoindustrial. En ese camino nunca faltó a la JOC el apoyo y el aliento
de la Santa Sede. El P. Joseph Cardjin fue designado experto en el Concilio
Vaticano II por el Papa Juan XXIII, recientemente beatificado, y más tarde
nombrado Cardenal en 1964 por el Papa Pablo VI.
2.
Hoy esta tradición jocista sigue viva, gracias también a la Coordinación
Internacional de la Juventud Obrera Cristiana. Después de la larga crisis
de los años setenta, la CIJOC ha ofrecido a los jóvenes trabajadores de
todo el mundo un movimiento fiel a las orientaciones de su fundador y a
la Iglesia. A este respecto, el Santo Padre desea manifestar también su
reconocimiento a los Asistentes eclesiásticos que prestan su valiosa
ayuda para que se realice el objetivo esencial de la CIJOC: que los jóvenes
trabajadores sean apóstoles y evangelizadores de los demás jóvenes. Además,
se ha de constatar con satisfacción que, desde 1986, fecha en que la Santa
Sede reconoció esa Coordinación Internacional, ha aumentado la confianza
en la CIJOC, que mediante su labor formativa ayuda a los jóvenes trabajadores
a descubrir y desarrollar su responsabilidad de ciudadanos y de cristianos
en su ambiente laboral y en la vida eclesial.
3.
El desafío que asume actualmente la CIJOC es muy grande. Hay vastos sectores
de jóvenes que, en los más diversos ambientes del mundo del trabajo sometido
hoy a acelerados y complejos procesos de transformación, necesitan una
renovada presencia del anuncio cristiano. Son jóvenes que a menudo tienen
escasa formación escolar y profesional, lo que acrecienta las dramáticas
situaciones de exclusión y desempleo; o bien que afrontan trabajos de
gran precariedad y que, a veces, se ven incluso sometidos a formas de
explotación. Son jóvenes que muchas veces no encuentran acogida y ayuda
en las Organizaciones sindicales tradicionales. Jóvenes atrapados en
periferias
urbanas degradadas, tentados por la violencia y las redes de delincuencia. Jóvenes
a menudo víctimas de ambientes muy descristianizados, pero que, no obstante todo ello, buscan un
sentido a la vida y abrigan anhelos de
verdad y felicidad, de justicia y dignificación de las personas. Por eso
necesitan tanto un testimonio cercano y un acompañamiento que sepa
proponerles un ideal atrayente y les ayude a afrontar con seriedad su
propio deber en la sociedad. Por esto el Papa les alienta encarecidamente
a fomentar esa compañía solidaria de "jocistas", para una
mayor formación de los jóvenes trabajadores a todos los niveles, que les
permita encontrar a Cristo como la primera e inagotable respuesta a todos
sus anhelos. De este modo cada joven será capaz de comportarse como un
verdadero militante en su lugar de trabajo, como laico llamado a entregar la
propia vida por la causa del Evangelio.
4.
El Santo Padre confía en que este Consejo Internacional, celebrado en el año
del Gran Jubileo, sea una ocasión propicia para renovar, en la CIJOC, los
compromisos y orientaciones fundamentales. Así pues, de todos los movimientos
afiliados y de sus militantes se espera que pongan su confianza en Dios
para obtener la gracia de la conversión y abrirse así a una vida nueva,
animada por la caridad, origen de la auténtica solidaridad. Que Cristo
sea para cada uno de los "jocistas" la Puerta Santa, que guíe
serenamente vuestros pasos. El encuentro con Jesucristo ayudará a vivir y
participar plenamente en la comunión de su Iglesia, por medio de la Palabra
de vida y de la acción salvífica de los Sacramentos. Esa fiel adhesión
eclesial de la CIJOC será siempre un fundamento seguro y, a la vez, un
impulso constante para dar testimonio de Cristo a los jóvenes trabajadores de
todo el mundo. Son tantos los ambientes que necesitan esa renovación y la
difusión de la experiencia jocista, que encuentra en la CIJOC su cauce
adecuado.
5.
En esta circunstancia, el Santo Padre pide al Señor que este V Consejo
Internacional ayude a todos sus miembros a trabajar incansablemente en favor
de la juventud obrera, lo cual redundará en bien de toda la sociedad. Con
esta viva esperanza, imparte con afecto a todos los presentes la Bendición
Apostólica.
Aprovecho
esta ocasión para manifestarle los sentimientos de mi consideración y
estima en Cristo.
Vaticano,
2 de octubre de 2000
Cardenal Angelo Sodano Secretario de Estado de Su Santidad
|